← Never Coming Home. · de
Never Coming Home. — capítulo 9
Fue como si una gran roca golpeara contra mí. A medida que corríamos, mi mente se iba despejando, aún cuando sólo podía sentir fluir una sensación tibia por todo mi cuerpo, al cual identifiqué como efecto de la ansiedad, tal vez del entusiasmo, no lo sé.
Llevábamos casi una hora corriendo cuando se detuvieron en un terreno baldío en medio del bosque. Nos costó llegar hasta allí, y no lo digo porque cruzamos ríos, ciudades, árboles y más árboles, sino porque Eric buscaba un lugar completamente vacío: lejos de humanos, de animales, de lo que fuera que entorpeciera sus planes.
Supuse por el tipo de vegetación que habíamos viajado mucho más lejos de lo que pensaba, quizá estuviéramos en Suiza, en Francia o Austria, pero si de algo estaba segura era que ya no pisábamos territorio italiano.
-¿Ya? -pregunté hastiada.
Debía parar o iba a escupir literalmente la adrenalina por la boca. Si mi corazón todavía latiera, estaría desbocado, a punto de salirse de mi pecho, pero cómo ya no late, la ponzoña ocupaba su lugar y era ésta la que parecía querer brotar de los poros de mi piel y salir como loca, errante.
-Ya. -respondió Eric de espaldas.
-Deja de jadear como animal.
Alex me observaba con ira, eso de respirar es una mala costumbre, lo sé.
-¿Y qué vamos a hacer? -dije para cambiar el tema.
-¿Entrenar? -comentó de forma sarcástica.
Eric tampoco estaba de humor para mis "delirios humanos".
-¿Entrenar? -repetí y ellos asintieron- ¿y para qué demonios necesito ser "entrenada"?, ¿no me digan que me enseñarán cómo chupar sangre sin chorrearme?
Solté una risita maléfica, por un instante me pareció haberla escuchado antes, como si la estuviera copiando de alguien, sin embargo, abandoné rápidamente la idea cuando me vi acorralada por los brazos de Alex que intentaba estrujarme.
Me deslicé a través del arco formado por sus brazos igual como un pescado resbaloso, salté unos metros sobre el suelo, segura de que de esa forma no lograría atraparme, pero Eric tenía demasiada experiencia en ese tipo de jugadas y me siguió en el aire. Lo esquivé de la misma forma que lo hice anteriormente con Felix, exceptuando que con él contaba con una ventaja: mi don, el mismo que ahora se negaba a ayudarme.
-Eres una novata, ¿no lo recuerdas? -oí la voz de Eric tan cerca que pude sentir su aliento a través de mi cabello- No deberías desafiarnos. -agregó sujetando mis brazos contra su cuerpo, obligándome a caer de frente sobre la tierra húmeda.
Podría haber adquirido fuerza, equilibrio, y velocidad, pero el cuerpo seguía doliéndome como los mil demonios cuando sucedían este tipo de cosas.
-Lección número uno: nunca molestes a tus superiores. -Eric habló con arrogancia, se creía todo un dios el malnacido.
-Vale… -utilicé el tono más neutro que pude bajo la prisión de la bota sucia de Eric sobre mi cabeza- ustedes los vampiros son muy sensibles.
Él tiró con más fuerza de mis brazos inmovilizados en una llave, pensé que los iba a arrancar, pero los soltó en cuanto visualizó mi semblante arrugado y se dirigió a Alex extendiendo su brazo para llamarla. Ambos se dedicaron una mirada tediosamente larga, llena de la cursilería propia en las parejas empalagosas.
-Lección número dos. -dije una vez en pie, salpicando ponzoña de la boca- No me subestimes, o no respondo.
Era una amenaza, lo sé. No lo habría dicho sino hubiera comprobado que la profunda rabia estaba haciendo aflorar la tela invisible en mis manos. Los muy bastardos terminaron de arruinar la única chaqueta que traía limpia, además de haberme dejado la cara llena de barro cuando Eric aplicó sus conocimientos de lucha en mí.
-Mira, novata. -fue Alex quien habló encolerizada- Habíamos pensado en mostrarte cómo luchar, pero supongo que tendrá que ser por el método más tradicional, ¿no?
-Ensayo y error. -complementó él de manera fría, diabólica.
-Por qué enfrascarse en teorías, cuando puedes ir directo al grano.
Maldición. -fue lo único que pude pesar con bastante lucidez antes de ser atacada por mis "instructores", y vaya instructores que resultaron ser, a la primera intentan matar a su alumna.
Alex corrió hacia mi espalda, Eric venía de frente, listo para apresarme entre sus brazos demoledores, pero no les iba a permitir otra humillación, di un paso para impulsarme hacia los aires y aterrizar sobre la copa de un pino cercano. Eric subió en seguida, cómo si todo el tiempo hubiera estado dirigiéndose hacia el árbol; estiró su mano certera y sostuvo el costado de mi chaqueta. Oí el sonido de los hilos romperse, los pies de Alex rebotar contra una rama: había trepado tan rápido que apenas me dio tiempo de lanzar a Eric sobre ella aprovechando que tenía su muñeca cerca y la comprimí hasta que su rostro arrugado se deformó otro poco por el dolor.
Una vez separada de esos dos, me arrojé con la certeza de que caería en dos pies, pero el aterrizaje fue brusco y tambalee en el último momento, lo suficiente como para darle tiempo a Eric de derribarme desde las piernas. Él se abrazó a mi rodillas igual que un niño, rodamos unos metros hasta que Alex me tomó del cuello y elevó mi cuerpo unos centímetros del suelo.
-Y bien, novata. ¿Dónde está tú aplomo, ahora?
Perdí el control.
Alex sintió cómo la ponzoña penetraba en su mano, recordó las pocas cicatrices que su cuerpo llevaba: tres, tan sólo tres mordidas durante sus más de doscientos años, y soltó inmediatamente a la neófita que le dejó la cuarta marca en su piel de porcelana.
Eric no tuvo que escuchar el grito de su amada para saber que Borgny se había liberado con una sorprendente velocidad, simplemente se fue hecho un demonio tras la espalda de la chica posicionándose en el último minuto en frente y luego intentó agarrarle el hombro izquierdo para tumbarla, sin embargo, ella se contorneó como pez antes de arrodillarse tratando de derribarlo desde las piernas. Eric saltó, miró con pavor cómo Alex corría hacia Borgny y en un descuido -después de fallar el golpe a la cabeza- la chica le extrajo el brazo de un tirón. Alex gruñó apretando la mandíbula para ahogar un grito desgarrador, Eric quien sorprendido por la habilidad con que la neófita manejaba la situación, no fue capaz de encontrar otra forma menos peligrosa que arrancarle el mismo miembro a Borgny y hacer que se detuviera finalmente. La situación se estaba saliendo de control; sabía que ella debía ser temperamental, impulsiva, hasta imprudente, pero había demostrado tal control e inteligencia, que él, confiado en que mantendría la conducta en línea todo el tiempo, la dejó jugar un poco más, no obstante nunca hubiera contado con que se volvería loca y comenzaría a atacarlos en serio. Es una novata,-se dio ánimos- es una novata, y como tal puedo derrotarla.
Se dejó de rodeos, Alex estaba de pie, pero apenas conteniendo el brazo perdido en su lugar: jamás le habían removido nada, ¿cómo se supone que debía actuar?
Eric cayó suavemente sobre el terreno húmedo, dio un par de zancadas y le arrebató de cuajo el brazo derecho tal como ella lo había hecho con Alex. Borgny no gritó, sino que maldijo su suerte y su arrogancia; ¿por qué había tenido que abrir la bocota?, qué ingenua había sido al creer que podría extender el líquido invisible, apenas logró abarcar las manos y muñecas, pero por más que ella lo pedía -desde un rincón de su mente donde no estaba la bestia que luchaba en su lugar-, la capa no se extendía, permanecía inmóvil, paralizada sobre su piel.
Su mente se nubló un poco más con el dolor. No se resistió a las sacudidas de Eric quien la movía de un lado a otro para que reaccionara.
-¡Vamos novata, respóndeme!, ¡que me respondas! -sintió la bofetada, al igual que Alex, jamás había experimentado el dolor de perder un brazo.
Abrió los párpados comprimidos contra sus globos oculares, se alejó de Eric con un paso de bailarina, y tocó el contorno del hombro perdido; era áspero, irregular, lleno de picos en su interior, parecía vidrio molido.
-¡Ya déjala! -habló de pronto Alex- Aro se enfadará si…
La mujer de cabello platinado frenó en seco: Borgny estaba de rodillas, bañada en tierra, la ropa arañada, y el semblante trastocado. Le dio lástima. Al principio era una lástima agresiva; la pobre estúpida se lo tenía bien merecido por creerse superior, aunque esa posición desprotegida, ajena a la realidad, era la misma que una vez tuvo cuando la transformaron, incluso cuando de esos recuerdos sólo quedaban unas manchas difusas en su memoria inmortal.
-¿Qué te pasa Alex?, ¡acaba de arrancarte el brazo!
Eric estaba furioso, más que cuando inició la batalla, le irritaba su perfecto control, sus movimientos escurridizos, sus ojos rojos carmesí que lo miraban con frialdad, ella era una maldita principiante que poseía más valor para sus maestros que él mismo, ¡que él mismo!
-Aprendió la lección… -susurró- algo me dice que somos buenos enseñando. -sonrió, pero su vaga felicidad no era sarcástica o presumida, ella realmente pensaba que Borgny vencida y doblegada como estaba había "aprendido": primero, a no meterse con los más "grandes", segundo, a utilizar una ofensiva y defensiva exitosa, y tercero, a comprender lo peligroso que resultan este tipo de encuentro si no sabes desenvolverte bien. Por ahora era un simple brazo, después podía ser su cabeza.
Ninguno de sus instructores sabía con seguridad lo que le sucedía, y no era que se sintiera humillada o cansada, no, naturalmente ella se había pasmado con el descubrimiento del miembro faltante, y siendo los vampiros tan fáciles de absorber en detalles, ella se distraía de sobremanera palpando el agujero donde estuvo su hombro, así que la sumisión de Borgny se debía nada más ni menos a las musarañas.
Se puso de pie lentamente, a la velocidad humana recogió el brazo veinte metros más allá, observó las figuras de los vampiros mayores y con toda calma preguntó:
-¿Me quedaré sin brazo para siempre?
Ellos se rieron de buena gana, la inocente pregunta obtuvo su cometido: saciar las tensiones y suavizarlas. Alex olvidó que tenía un brazo colgando, y Eric no pudo recordar porqué se sentía tan ofuscado; resultaba imposible enojarse con una novata como Borgny… bueno, al menos resultaba imposible permanecer tanto tiempo bajo presión con Borgny.
-No. -contestó Alex todavía entre carcajadas.
La chica frunció el seño: le estaban tomando el pelo, ¿cierto?
-Volvamos a la base. -dijo Eric colocando un brazo sobre Alex, dejando a ésta acurrucarse sobre su pecho.
-¿A ese cuchitril? -inquirió recordando la casita abandonada junto al estanque.
-Ya verás qué enorme cuchitril es. -agregó Alex divertida con las cejas fruncidas de su alumna.
Emprendieron el regreso con una sensación extraña, habían luchado con tanto sentimiento, con tanto odio contra el otro, que era curioso como todo se compuso y las ganas de asesinarse mermaron drásticamente hasta producirse la paz.
-Peleas bien. -dijo Borgny cuando hubo terminado de pegar su brazo tal como le había dicho Eric- Lamento, eso. -señaló la reciente cicatriz del hombro de Alex: en una sola noche ella creó dos nuevas heridas en su piel, más de lo que nunca nadie pudo.
-¿Y eso? -preguntó con gracia- ¿qué mosco te picó?
-No lo sé. -respondió con la verdad; francamente ni ella sabía por qué había sentido la urgencia de decírselo.
Eric entró a la sala de estar con una remeza de libros en las manos, según él eran las nuevas ediciones de la historia universal, echó una mirada a ambas cicatrices y concluyó el trabajo arrojando unas vendas sobre el regazo de las mujeres.
-No podremos practicar hasta que sus brazos estén como nuevos. -sonrió ante la cara disgustada de su "discípula"- Será mejor que usen esas. -indicó las vendas.
-¿Cómo es que estuvimos a punto de matarnos? -musitó Alex, en realidad era sólo un pensamiento al aire.
-Jamás había sido tan impulsiva.-soltó Borgny, manteniendo la vista fijas en la yema de sus dedos, pero siempre atenta a las reacciones de sus compañeros- Supongo que fui yo la causante de todo el problema.
-No. La culpa es nuestra, por dejarnos llevar. -Eric parecía hablar en serio. Se puso tenso al imaginar lo que diría su maestro cuando lo tocase, ¿haría que Jane lo mirara con esos ojos endemoniados otra vez? Mejor le valía comportarse con la novata, y armarse de paciencia porque ninguno parece tenerla.
-Yo Alex, -dijo alzando la mano- prometo solemnemente no enfrentarme a muerte nunca más con Borgny, mi aprendiz.
-¿Aprendiz? -repitió la aludida arrugando la frente- Alex, estás loca.
-Promételo. -añadió ella ignorando el comentario anterior.
-Lo prometo. -contestó luego de comprobar que ella no bromeaba, y que de todas formas aunque quisiese negarse debía tener una oportunidad de derrotar a los Vulturis,y para eso debía aprender de sus "profesores".
-¿Eric? -Alex miró en su dirección, éste abandonó los libros sobre la mesa de vidrio, y tomó asiento frente a ella.
-Si digo que sí, ¿me dejarás leer mis libros? -Alex asintió con una sonrisa pícara- Vaya… bien, no hay problema.
Dicho esto se retiró a su cuarto a pasar el resto del día leyendo sobre los antiguos romanos, le interesaba particularmente esa época, porque él había nacido con las glorias del Imperio.
Sé que me tardé un poquito, y puede que vuelva a demorarme unos cuantos días más... ¡la inspiración se me desvanece!, estoy haciendo todo lo posible para que vuelva a mí :D así que nos vemos... ¡Saludos!