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Saldando Deudas — capítulo 5

Disclaimer : La gran mayoría de los personajes pertenecen a J.K. Rowling ni cabe duda. Si fueran míos ni Remus Lupin, Severus Snape, Albus Dumbledore, ni absolutamente nadie excepto Tom R. hubiese muerto, Hermione acabaría con Draco y el personaje de Ronald seria más interesante…

Luego de tantas criticas a Rowling quiero decirle que la amo y gracias por haberme cambiado LITERALMENTE la vida

Capitulo 5

—Puedo asegurarte que es muy humana

Aún sentía su suave risa burlona cuando se abrió la puerta principal y entraron

Ella no se había dado cuenta de que Draco le había cogido de la mano, conduciéndola a la sala. Sentía sus dedos firmes y, de forma inconsciente, los apretó, como si se estuviera ahogando y tratara de aferrarse a un salvavidas

—Han llegado tarde — dijo Narcisa

—Tonterías, mamá —contestó con afecto—. Hemos llegado justo a tiempo.

La señora Malfoy era de alta estatura y vestía toda de negro. Llevaba gafas y no hizo el menor esfuerzo por intentar ocultar la penetrante mirada con que observaba a Hermione. ¡La hacía sentirse como un bicho raro!

— ¿No vas a presentármela?

—Por supuesto, ya la conoces —sonrió Draco de buen humor—.

—Así que... tú eres la famosa Granger—comenzó a decir la mujer, desviando toda su atención hacia la joven—. ¿Granger, qué?

—Hermione —contestó ella, enfrentándose a su penetrante mirada.

—Pareces mas joven

—Tengo veintidós años, igual que su hijo

—Y vas a casarte con él

—Eso es lo que dice —contestó con tranquilidad, notando el suave brillo divertido de los ojos de Draco.

— ¡Ah, así que te lo dijo él!

—No he podido opinar sobre el asunto.

—Hmm, tienes carácter. Eso me gusta.

—Ella es mi madre —las presentó Draco, con sarcástica formalidad

—Creo que ya es hora de que Hermione nos conozca a todos, ¿no te parece? Preguntó un hombre, un poco más joven que Draco, avanzando hacia ellos y sonriendo—. Soy Georgiou, el primo de Draco, pero me llaman Geor ¿Qué deseas tomar, Hermione? Imagino que querrás beber algo.

—A ella le encanta el vino blanco —intervino Draco, reprimiendo las ganas de golpearlo, ¿que hacia él allí?—. ¿Un poco de Riesling, querida? « ¿Querida?», repitió en silencio, sorprendida.

—Preferiría un vermouth con limón —contestó en voz alta. Geor miró a primo y exclamó:

—Por lo que veo, sabe tomar decisiones.

—Así parece —reconoció Draco, dirigiéndole una divertida mirada.

—Tu padrastro era de origen griego —comentó la señora Malfoy—. ¿Hablas el idioma?

Hermione hizo un movimiento afirmativo con la cabeza, deteniéndose un instante para dar las gracias a George, al aceptar el vaso que le entregaba.

—Nosotros también. ¿Hablas otros idiomas?

—Claro, hablo Frances, portugués y latín

— ¿Hablas Ruso?

— No, es un idioma muy complicado

— ¿Deseas aprenderlo?

Oh, diablos, ¿cómo podía contestar a esa pregunta? Si decía que no, los ofendería y sin embargo…

—Estoy seguro de que si quiere hacerlo, Draco se encargará de darle lecciones —dijo Geor en tono burlón y ella le ofreció una mirada de agradecimiento.

—Y bien... ¿cuándo será la boda? —preguntó su madre.

—Pronto —contestó Draco—. En esta semana. Quizá el viernes, si logro arreglarlo todo.

« ¿Tan pronto?», pensó Hermione, sobresaltada.

—No me extraña —intervino Geor, arrastrando las palabras—. ¡Si ella fuera mía, desearía hacerla mi mujer antes de que alguien tratara de robármela!

Era obvio que el primo de Malfoy no estaba al tanto (Pensó Hermione)

—La cena está lista.

Hermione miró al elfo domestico que había entrado en el salón sin hacer ruido y, en silencio, le agradeció una interrupción tan oportuna, aunque después, no estuvo tan segura de que su intervención hubiera valido la pena, ya que continuaron hablando sobre el mismo tema durante la cena.

Comió poco y echó la culpa de su falta de apetito a la presencia intimidante de Malfoy, aunque, la verdad, eso no era justo. Había estado muy atento con ella y, en ocasiones, incluso había sentido un poco de aturdimiento por la cálida intimidad con que la trataba.

Le resultaba cada vez más difícil enfrentarse a su mirada y permanecer indiferente cuando sus largos dedos la acariciaban el brazo. Su proximidad era inquietante y le irritaba descubrir que él se daba cuenta del efecto que le causaba.

Al fin terminó la cena y, con gran alivio, Hermione se levantó de la mesa, reuniéndose con los demás en el salón para tomar cerveza de mantequilla

Unos momentos más tarde, Draco se sentó en el brazo del sillón en que estaba sentada y la rodeó los hombros. Todo su cuerpo pareció revivir ante ese contacto.

— ¿No les molestaría que nos retiráramos?

Hermione oyó distraída esas palabras y se sintió aliviada al comprender que había terminado la velada. Estaba cansada, y quería quedarse a solas para pensar. Había sido un día agitado y necesitaba soledad para meditar sobre lo ocurrido.

—Pareces cansada.

Levantó los ojos y vio sobre ella la mirada preocupada de la señora Malfoy.

—Debo reconocer que lo estoy —contestó en voz baja—. Draco y yo hemos estado fuera casi todo el día.

—Entonces, será mejor que se marchen —sugirió la señora Malfoy—. ¿Nos veremos antes de la boda?

—Por supuesto, madre —contestó Draco por ella

Hermione llegó a la conclusión de que era encantadora y sintió un extraño afecto por ella. Se ocultaba detrás de su severo aspecto, sin embargo, era adorable. Eso le dio el valor necesario para besarla en la mejilla al despedirse y estaba segura de que el brillo de sus ojos claros era el reflejo de una gran emoción.

— No ha sido tan malo ¿No?

Hermione observó al hombre que caminaba a su lado, pero en la penumbra de la noche no pudo ver la expresión de su rostro

—Tienes una familia muy agradable, no sabia que tenias un primo —tuvo que reconocer. A pesar de lo mucho que despreciaba a Malfoy, no podía sentir lo mismo por su madre

—formarás parte de ella muy pronto Granger.

—Sí —el tono de su voz hizo que él se volviera a mirarla.

— ¿Aún no te agrada la idea? — Bufo él

— ¿Qué esperabas?

—Mañana haré todos los arreglos necesarios —continuó Draco, como si no hubiera dicho nada—. Sophie vendrá para ayudarte a hacer las compras y Spiros los acompañará.

—Una carcelera y su ayudante —dijo, sin pensarlo y notó inmediatamente una expresión de disgusto en Draco.

—Ten cuidado, Hermione —le previno con suavidad—. Deseo que el cambio sea lo menos doloroso para ti, pero si insistes en reaccionar de esa forma, debo advertirte que la lección de esta mañana es nada, comparada con lo que puedo hacer si me provocas.

—La tiranía es algo pasado de moda; en la actualidad están en boga el feminismo, la igualdad y los derechos del individuo.

— ¿Así que me consideras un tirano?

Ya habían llegado a su casa de Australia y en la entrada, ella se volvió para enfrentarse a él.

— ¿Qué más puedo pensar, cuando insistes en realizar un matrimonio tan absurdo?

— ¡Ah! Quieres amor, sentir que te elevas en el aire, ¿o no? Granger, desde hace tiempo, he aprendido que una buena cuenta en Gringotts es todo lo que se necesita para comprar eso que las mujeres llaman amor.

Draco habló sin pretender ocultar la ironía de sus palabras y ella contestó sin pensarlo.

— ¡Entonces, no has hablado con las mujeres adecuadas! — Le molestó su risa cínica.

—Por lo que recuerdo de ellas, no hablábamos mucho.

—Nunca he imaginado que lo hicieras —contestó Hermione con innegable sarcasmo y abrió la puerta, con el único deseo de escapar de Draco Malfoy y todo lo que él representaba. Cuando subía por la escalera, oyó que le deseaba buenas noches y, de forma inconsciente, subió las escaleras aún más aprisa, desesperada por huir.

A pesar de que había calefacción, se estremeció, acosada por la imagen de un mortifago, la cual tenía el rostro del hombre que la atormentaba.

…

Sophie se sentía incómoda al encontrarse con Hermione, en la mañana siguiente. Por insistencia de Draco, Spiros las llevó en el coche a la ciudad, dejándolas frente al enorme centro comercial Centrepoint en Sidney Muggle

— ¿Tomamos café primero? —Sugirió Hermione con frialdad—. Estoy indecisa en cuanto a las compras y tú, siendo la cómplice de Draco, tal vez sepas mejor que yo lo que necesito comprar.

—Estás enfadada -—comentó Sophie. .

— ¿Tú no lo estarías?

—En el último piso hay una excelente cafetería ¿La buscamos para charlar allí?

Diez minutos más tarde estaban sentadas en una de las mesas de la cafetería con sendos cafés. Sophie sacó un cigarrillo y un encendedor e inhaló el humo con agrado, casi como si el tabaco le diera valor y después se enfrentó a la mirada de Hermione con total franqueza.

—Me llamó Draco por teléfono esta mañana —comenzó a decir sin preámbulos.

— ¿No me digas?

—Hermione...

—Imagino que te habrá hablado sobre nuestra conversación.

—Me comentó que habías recibido muy mal la noticia —contestó con tranquilidad y Hermione no pudo contenerse.

— ¡Por Dios! ¿Qué esperabas de mí? ¿O qué había imaginado él? ¿Cómo puedes esperar que me someta?

Los ojos de Hermione brillaban de ira y su voz tenía un tono de odio tan profundo, que Sophie se estremeció por la violencia de esa emoción.

—Si deseas conservar el respeto de ti misma...

— ¿Respetarme? ¿Cómo puedo hacerlo? Oh, reconozco que no tengo alternativa —comentó Hermione con amargura—. Ustedes se aseguraron de ello. Incluso les facilité el camino al elegir una carrera en la que no puedo trabajar hasta haberla terminado. Sin un título y sin experiencia, es imposible encontrar empleo en ese campo.

—Si Draco fuera un viejo libertino, estaría de acuerdo contigo—respondió Sophie—. Pero es un buen partido, tiene una elevada posición social y deberías estarle agradecida de que te haya ofrecido casarte con él. Moralmente no estaba obligado a hacerlo. — ¿Cómo lograría que comprendiera sus sentimientos?

—Me siento manipulada... forzada, por no utilizar una palabra más fuerte —contestó Hermione con violencia—. ¡Esto no es justo!

— ¡Muchas mujeres se mostrarían felices ante la idea de convertirse en esposas de Draco Malfoy!

— ¡Pero yo no soy una de ellas!

—Es que, en este momento, no estás pensando con claridad —insistió Sophie.

—Lo que quieres decir es que debo ser realista. ¡Quizá aún no estoy preparada para aceptar la realidad!

—Cualquiera pensaría que tu padre se las arregló para trabajar por nada, acumulando enormes deudas sólo por el placer de hacerlo. — Había una infinita tristeza en la mirada de Sophie. — Las dos sabemos que eso no es cierto. Él te quería, y no sólo porque eras la hija de su mujer. No había nada que él no hiciera por ti o que no te diera, si estaba a su alcance.

Hermione no pudo decir una palabra, sintiendo que se le ponía un nudo en la garganta.

— ¿No lo comprendes? —insistió Sophie, con afecto.

—Me resulta muy difícil aceptar un matrimonio sin amor —comenzó a decir Hermione con voz temblorosa—. ¡Y por favor, no quiero oír sermones sobre las ventajas de un marido rico!

—Quizá el error está en la forma en que hemos sido educadas—repuso Sophie—. Nos enseñaron que el amor es un don que Dios sólo concede a unos pocos afortunados. Por lo tanto, lo mejor para una mujer es elegir a un hombre que pueda hacer frente, adecuadamente, a las necesidades de la vida. Después del matrimonio, el tiempo se encarga de crear un vínculo afectivo.

—Eso parece tan frío, tan desapasionado...

—Eres joven y estás acostumbrada a soñar, pero la realidad es la comida que te ponen sobre la mesa y el dinero que usas para pagar las cuentas.

—El matrimonio debe ser algo más que eso. — Su mente rechazaba el cuadro tan triste que le presentaba Sophie.

—La compañía, el afecto, el respeto... todas esas cualidades son ingredientes esenciales —insistió Sophie.

— ¿Así que no ves nada malo en esta situación?

—Veo muchas cosas buenas.

Hermione dejó escapar un suspiro, sintiendo que no había mucho más que pudiera decir o hacer para convencer a Sophie de lo contrario.

—En ese caso, vamos a aumentar mis enormes deudas y a gastar una buena parte del dinero de Draco. Imagino que te habrá indicado lo que debo comprar.

—Algo apropiado para la boda y, además, me hizo varias indicaciones.

—Tales como... —sintió que la dominaba la ira.

—Vestidos de noche. No tienes muchos, ¿no es cierto?

—Y, claro, debo estar bien vestida, mejor aún... magníficamente ataviada —contestó ella con ironía, haciendo que Sophie frunciera el ceño.

—No subestimes a Draco, Hermione —le previno—. No es un hombre con el que puedas jugar o irritarle sin sufrir las consecuencias.

Hermione sabía que eso era cierto, aunque no podía aceptarlo con tanta frialdad. Había sido educada para creer en sus derechos como persona, para contribuir con algo a la sociedad, expresando sus opiniones y discutiendo aquellas que no compartía.

— ¿Ya has acabado de tomarte el café? —le preguntó la joven.

—Sí, ¿quieres otro?

—No, vámonos.

Cuando llegó el mediodía, ya tenían un surtido de bolsas llenas de ropa, zapatos, prendas íntimas y muchos otros artículos, la mayoría de ellos, muy caros. Hermione no sintió ningún remordimiento al pagar con la tarjeta de crédito del rubio.

— ¿Qué hacemos ahora? —Preguntó Hermione—. ¿Vamos a .comer?

—Draco sugirió que nos reuniéramos con él. Tiene sus oficinas en uno de los edificios del centro de la ciudad.

— ¿En dónde?

Había comido poco para desayunar y comenzaba a sentirse hambrienta.

—No está lejos de aquí —la tranquilizó Sophie—. Creo que es en la otra calle. Sí, allí está, en aquel edificio alto, en el piso diecisiete.

—Bien, podemos dejar los paquetes allí. No me atrae la idea de llevarlos encima toda la tarde.

El vestíbulo del edificio era amplio y las paredes estaban cubiertas de grandes planchas de mármol gris.

Hermione y Sophie cogieron el ascensor y permanecieron en silencio mientras subían. La joven no sabía con qué se iba a encontrar, y se asombró al darse cuenta de que la compañía de Malfoy ocupaba todo el piso. Se acercaron a una elegante joven que se encontraba ante un moderno escritorio de la sala de recepción.

— ¿Señorita Granger? —su sonrisa era perfecta, eficiente, pero amistosa—. El señor Malfoy las está esperando. Por favor, síganme. ¿Desean que les guarde los paquetes?

Hermione también le sonrió.

— ¿No le importaría? Mal…, Draco los puede llevar a casa después—dijo.

La oficina de Draco se encontraba al final de un ancho pasillo y la secretaria desapareció, con discreción, tan pronto como anunció su llegada.

Hermione tuvo que reconocer que, con su traje gris parecía exactamente lo que era: un hombre de éxito.

—Veo que habéis comprado bastantes cosas. — Hermione le observó mientras él se acercaba y le quitó de las manos el resto de los paquetes. Al cogerlos, rozó con sus dedos los de ella y se sintió turbada al descubrir que su contacto la hacía vibrar. ¡Su cercanía pareció cortarle el aliento y se alejó a una prudente distancia.

—¿Quieres beber algo Sophie? ¿Y tú, Hermione? —Preguntó Draco—. ¿O preferís esperar a la hora de la comida?

—Yo no —rechazó con firmeza, mirando a Sophie.

—Yo tampoco, gracias

Él guardó los paquetes en un armario y después se dirigió al escritorio; oprimió un botón y habló por el intercomunicador.

—Voy a salir durante unas horas, Rebeca, anota las llamadas y dile a Thwaite que regresaré después de las tres. Después miró interrogante a las dos mujeres

Cruzó la habitación y abrió la puerta. Su expresión, aunque cortés, era enigmática.

¿Qué esperaba?, pensó Hermione, molesta. ¿Que le besara al llegar? ¿Una demostración de afecto por su inminente matrimonio?

Una vez en la calle, les sugirió:

—Creo que es mejor que vayamos andando. El restaurante al que iremos está en la calle siguiente.

¡Comida! Hermione no se había dado cuenta del voraz apetito que tenía hasta ese momento. Mientras seguían al atento camarero que les conducía a su mesa, sintió que su estómago empezaba a protestar.

—¿Quieres vino blanco, Hermione?

¿Se atrevería? Mejor no, pues aún le faltaban muchas horas para terminar de hacer sus compras. —Prefiero zumo de frutas —le dijo—. De naranja, si es posible.

—¿Quieres conservar la mente despejada? Había una ligera burla en su pregunta y ella sonrió con fingida dulzura.

—Me dolería gastar tu dinero sin necesidad si estoy demasiado aturdida para tomar las decisiones correctas.

—¿Necesitas mi ayuda?

— Estoy segura de que te resultaría muy aburrido perder el tiempo eligiendo cosméticos —replicó con tono seco.

—Touché Quizá sea mejor que prestemos atención al menú.

Al fin Hermione no pudo resistir la tentación de pedir camarones bañados con una aromática salsa y una excelente ensalada. Como de costumbre, rechazó el postre y pidió café solo.

—La ceremonia se celebrará el viernes por la tarde, a las cinco —manifestó Draco, sin hacer caso de la sorprendida exclamación de Hermione.

—Ya hemos comprado casi todo —intervino Sophie—. Terminaremos en los próximos días.

—Ahora, lo único que hace falta es llevarme a la iglesia a tiempo —replicó Hermione, con un descaro poco habitual en ella.

—Al registro civil.

Por supuesto, sería un pecado hacer que bendijeran sus juramentos en la casa de Dios. De repente, deseó que todo terminara. No solo por la ceremonia, sino por el hecho de que ni Harry, ni la familia Weasley, ni uno de sus amigos sabia lo que estaba sucediendo… temía, mas bien, estaba segura de que se iban a enfadar por siempre

De pronto, se estremeció por los pensamientos que cruzaron por su mente.

—¿Tienes frío?

Hermione se obligó a enfrentarse a su mirada dura e implacable.

—Un fantasma acaba de aparecer ante mis ojos.

—¿Josh?

¡Oh, era tan observador!

—Quizá estaba tratando de prevenirme.

—Vamos, Hermione —le regañó Sophie—. ¡Te estás convirtiendo en una chica muy morbosa! — La joven la miró desafiante. Tratando de serenarse

—Discúlpame, pero no comparto tu opinión. — Draco se inclinó en su silla y sacó los cigarrillos y el encendedor; después de encender uno, se quedó mirándola con frialdad.

—Regresa a la oficina cuando termines las compras. Te llevaré a casa.

—¿Y Sophie?

—La acompañaremos a coger un taxi —contestó imperturbable

—¿Y después?

—Tengo pensado pasar una noche tranquila en casa.

—¿En serio? A mí me apetece salir —dijo con terquedad—. Al cine, al teatro, a cualquier parte.

Sonrió ante la idea que le vino a la mente, seguro que Malfoy nunca había ido a esos lugares muggle

—Me encanta bailar. ¿Podrías llevarme? ¿O no te gustan los centros nocturnos?

—Por lo general, no —respondió Draco, clavando su mirada sombría en los ojos de Hermione—. Sin embargo, no me opongo a ir a un lugar así.

—¡Cielos, Hermione! —La amonestó Sophie—. No estoy acostumbrada a verte actuar de forma tan poco razonable.

— Hasta ahora, casi no he tenido vida social y, ya que no seguiré dedicándome a los estudios, me gustaría vivir un poco. Es decir, si crees que puedes mantener mi ritmo.

Vio un ligero brillo divertido en sus ojos.

—Aún no soy un anciano.

— Pareces, tus amigos pensarán que te ha dado por pervertir a las niñas.

—¡Hermione! No tienes derecho a decirle eso. Debes disculparte, ahora mismo.

—¿Debo hacerlo?

No tenía sentido actuar de esa forma, pero no pudo dejar de decirle a Sophie:

—Draco parece mayor, creo que con esa actitud podría llegar a ser mi padre.

—¡No sé qué te ocurre!

—¿No lo sabes, Sophie? —preguntó—. Eres una mujer muy atractiva y, sin embargo nunca has querido casarte. Yo no tengo ni siquiera la oportunidad de escoger al hombre que yo quiera. Todo me lo han dado hecho y se supone que debo quedarme aquí, sentada, comportándome como una niña buena y educada e intercambiar frases agradables, incluso mostrar entusiasmo por lo que me espera.

Sus ojos comenzaron a brillar con una emoción poco disimulada.

—Bien, déjame decirte que me dan ganas de coger ese helado que estás tomando y tirártelo a la cara. Y a ti también —dijo volviéndose a Draco.

Por un instante, le pareció ver una sonrisa divertida en los labios de Draco, pero desapareció rápidamente.

—No te lo aconsejaría —le advirtió él, hablando con lentitud.

—No, imagino que no.

—Estás provocando una escena —protestó Sophie, escandalizada.

—¡Y eso no estaría bien!, ¿verdad? —replicó Hermione.

—Reserva esa ira para cuando estemos solos —observó Draco

—¿Para que me puedas dar otra lección? —El desprecio alteró sus delicados rasgos—

. Oh, perdóname, no debemos permitir que Sophie se escandalice.

—Supongo que Sophie aprobará cualquier método que utilice para domar a una esposa tan rebelde.

—Oh, vámonos de aquí —murmuró Hermione molesta.

—Aún no. Sophie no ha terminado el postre y el camarero nos traerá el café.

No tuvo más remedio que permanecer sentada y en perfecto silencio, porque si abría la boca, diría muchas cosas que después podría lamentar. Pasó otra media hora antes de que salieran y, casi en el mismo instante en que Draco se separó de ellas, Sophie comenzó a reprenderla.

—Será mejor que no lo hagas —agregó Hermione con violencia—. Si quieres, considéralo un arranque infantil y olvídalo, por favor. No podría soportar oír lo que pretendes decirme. — Era obvio que Sophie no sabía qué responder.

—¡Siempre te has comportado tan bien! —balbuceó. Hermione la miró con ironía.

—Nunca he sentido la necesidad de comportarme mal.

—¿Te das cuenta de lo afortunada que eres? — Suspiró hondo para dominarse.

—Oh, sí. Draco se ha encargado de demostrármelo. Escucha, vamos a comprar los cosméticos en Davis Jones, ¿quieres? Es decir, si podemos encontrar esa tienda.

—Está en la siguiente calle —contestó Sophie, indiferente. Hermione apresuró el paso, obligando a Sophie a andar más deprisa.

—El semáforo... si corremos, podremos cruzar ahora.

—¿Por qué tanta prisa? —protestó Sophie, casi sin aliento.

—Necesito un vestido. Un centro nocturno se merece algo especial.

—Pero ya tienes tres —le recordó Sophie—. Hermione, debo prevenirte de que no hagas enfadar a Draco.

—Sólo estoy satisfaciendo su vanidad —le aclaró dirigiéndole una amplia sonrisa—. A los hombres mayores les encanta hacerse acompañar de chicas jóvenes. La idea es llamar la atención.

¡El vestido que tenía en mente haría eso, y mucho más!

—Estás tramando algo, puedo adivinarlo.

—Entonces, eres muy astuta—respondió Hermione con tranquilidad—. No he pensado en nada.

Le llevó dos horas encontrar lo que deseaba y nada de lo que dijo Sophie la hizo desistir. El destino, por desgracia, la había obligado a aceptar ese indeseado matrimonio, pero nada la haría aceptarlo con resignación. Draco Malfoy quizá tuviera las mejores cartas en la mano, pero pretendía hacérselo pagar muy caro.

Por este motivo, eran más de las cinco cuando las dos cogieron el ascensor y oprimieron el botón del piso diecisiete. Cada una llevaba una gran cantidad de paquetes.

—-Has gastado mucho dinero.

Hermione miró a Sophie y se encogió de hombros.

—Malfoy no me ha puesto límite.

—No trates de vengarte —le previno Sophie, frunciendo el ceño.

—¿Cómo se te ocurre pensar algo así? —preguntó Hermione mientras salía del ascensor.

La recepcionista las condujo a la oficina de la secretaria de Draco y Rebecca las saludó levantándose.

—El señor Malfoy está ocupado con un cliente, pero si me acompañan, las llevaré a su gabinete privado donde se reunirá con ustedes tan pronto como esté libre.

Situado al extremo del pasillo y junto a la oficina de Draco, desde el gabinete se observaba el magnífico panorama de los edificios de la ciudad y el puerto.

—¿Puedo ofrecerles algo de beber?

Rebecca cruzó hasta el bar y se detuvo, dispuesta a atender sus peticiones.

—Me encantaría un martini, gracias—contestó Sophie.

Hermione pidió un brandy.

Pasaron quince minutos antes de que se abriera la puerta que conducía a la oficina de Draco. Su presencia tuvo un efecto tan intenso en Hermione, que apuró lo que le quedaba en la copa.

—¿Quieres otro? —preguntó él irónico, acercándose.

—Por favor —murmuró, entregándole el vaso.

—¿Y tú, Sophie?

—Con uno es bastante.

Si Draco se había dado cuenta del ligero tono de censura en su voz, no lo demostró mientras volvía a llenar la copa de Hermione y se servía también él otra.

—Te llevaremos a casa, Sophie —le dijo veinte minutos más tarde, mientras bajaban en el ascensor al aparcamiento del sótano—. Es difícil conseguir un taxi a esta hora.

—No tendré problemas —protestó ella.

—De ninguna manera.

Draco colocó los paquetes en el portaequipajes del coche, mientras Hermione se sentaba en el asiento trasero. Ya habían pasado las peores horas de tráfico, pero el centro de la ciudad aún estaba abarrotado de coches y tardaron media hora en llegar a la casa de la hermana de Sophie, y casi el mismo tiempo en regresar a Point Piper.

—Spiros se hará cargo de los paquetes —le dijo Draco mientras bajaban del coche y Hermione le miró con frialdad.

—Si estás insinuando que me he excedido en las compras, ¿por qué no lo dices?

—Mi querida Granger, eres una joven muy atractiva, ¿por qué debo quejarme porque hayas decidido acentuar tu belleza natural?

De la forma en que lo había dicho, parecía que ella lo había hecho para complacerle, cuando la verdad era todo lo contrario. ¡Maldición! La victoria que buscaba se había convertido en derrota.

—Tengo reservada una mesa para las siete y media. ¿Tienes suficiente tiempo con treinta minutos para ducharte y cambiarte? ¿O prefieres que llame para decir que tardaremos un poco más en llegar?

—Estaré lista.

Y lo estuvo, justo a la hora exacta. Quizá había sido mejor que tuviera tiempo de sobra para pensar pues, de lo contrario, es probable que hubiera perdido el valor. Cuando se miró en el espejo, hizo una mueca irónica al observar su vestido. De color dorado y se ajustaba a su cuerpo, era una prenda que pocas mujeres podían usar con dignidad. ¡En realidad, dignidad era la única palabra que no utilizaría para describirlo! En un escenario, sería un gran éxito; en un centro nocturno como el que con seguridad habría elegido Draco, atraería todas las miradas.

Ahora lo llevaba tapado con un abrigo; la revelación la haría más tarde, cuando Draco ya no pudiera hacer nada.

Hermione observó que el decorado del centro nocturno era elegante y sobrio y sólo necesitó mirarlo superficialmente para darse cuenta de que los clientes formaban parte de la alta sociedad de la ciudad. La mesa a la que les condujeron estaba bien situada a una distancia prudente del ruido ensordecedor que provenía de la pista de baile.

—¿Quiere quitarse el abrigo?

Por un momento, Hermione se sintió dominada por el pánico y, después de un breve instante de vacilación, se lo entregó al camarero que esperaba, antes de sentarse. Casi le dio miedo mirar a Draco, pero cuando sus ojos se encontraron, la comentó:

—Ese es un vestido diseñado con el fin de atraer físicamente a un hombre —comentó, sarcástico.

A Hermione le costó bastante trabajo sonreír, pero logró hacerlo.—Pensaba que te gustaría.

—No hay aquí un solo muggle que no me envidie —le dijo con frialdad, mientras revisaba la carta de los vinos—. ¿Quieres que escoja yo el vino o prefieres alguno en particular?

El logró demostrarle que su comportamiento había sido muy infantil.

—¡Oh!, elígelo tú. — La miró con ironía,

—Te arriesgas demasiado.

—No lo creo. Tienes muy buen gusto.

—Hermione Granger me esta haciendo un halago?

—Deja de jugar conmigo, Draco—respondió mirándole fijamente.

—Lo mismo digo yo —contestó él, con gran sarcasmo.

¿Por qué había pensado que podría derrotarle? ¡Debía estar loca para intentar algo así! Con una temblorosa mano, alzó la copa y probó el contenido.

¿De qué iban a hablar? No podía hacerle la pregunta que la preocupaba, casi hasta obsesionarla, con cada hora que la acercaba a su próximo matrimonio. Al observarle ahora, era difícil imaginar que pudiera poseer algún sentimiento noble. Posesión... eso era, precisamente, lo que Hermione representaba. Su posesión, para hacer con ella lo que quisiera. De repente, se estremeció,

—¿Tienes frío?

Ella se volvió para mirarle y se sobresaltó al ver la burla de sus ojos. ¿Había leído sus pensamientos? —No, pero me gustaría bailar.

—De acuerdo.

Draco se levantó, retiró la silla y condujo a Hermione a la pista de baile.

Bailando, la cogió con firmeza en sus brazos, se movía con asombrosa elegancia. Ajustaba sus pasos a los de ella con una perfección que convirtió el baile en un placer. Por otra parte, ella no quiso pensar en los motivos que hacían que su cuerpo respondiera al de él. Le estaba ocurriendo algo. El pulso le latía acelerado, respiraba con dificultad y cada centímetro de su piel parecía vibrar excitando sus sentidos.

La cena que les sirvieron era excelente y era casi la medianoche cuando Draco le manifestó su deseo de marcharse.

—¿Tan pronto? —Preguntó Hermione con una atractiva sonrisa—. ¿Temes que me convierta en la Cenicienta?

—¿ En quien? Tengo una cita mañana temprano y después dos reuniones más —respondió, ayudándola a ponerse el abrigo.

—Ah, sí... los engranajes de la maquinaria de los grandes negocios. Imagino que necesitas dormir bastante para poder hacerles frente.

—Ten cuidado —le previno él en voz baja.

—¿Siempre llevas a casa tan temprano a tus... amigas?

—Eso depende.

—¿De qué?

—Depende de si paso el resto de la noche con ellas —añadió con suavidad, mientras sus ojos observaban cómo ella se ruborizaba.

Hermione no hizo ningún comentario mientras le acompañaba hasta el coche y, una vez que se sentó, contempló cómo ponía en marcha el motor y conducía de regreso a casa.

Tan pronto como se detuvieron dentro del garaje, ella abrió la puerta y esperó a Draco.

Cuando llegaron al pie de la escalera, Hermione se detuvo un momento.—Gracias por llevarme a cenar.

El tono de su voz fue muy formal y pudo ver un brillo burlón en sus ojos.

—Muy bien, agradécemelo.

—Acabo de hacerlo.

¿Por qué estaba tan nerviosa? ¿Por qué se quedaba allí, de pie, esperando que la besara?

ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO! :D NO SE QUEJEN JAJAJA ESTE CAP SI ES BASTANTE MAS LARGO, CREO QUE ALREDEDOR DE 4 VECES MAS QUE EL ANTERIOR. UN BESO Y ESPERO QUE ESTEN BIEN