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Saldando Deudas — capítulo 6

Disclaimers: Todas las cosas re reconocen, tanto escenarios como personajes pertenecen a J. K. Rowling, Si fueran míos ni Remus Lupin, Severus Snape, Albus Dumbledore, ni absolutamente nadie excepto Tom R. hubiese muerto, Hermione acabaría con Draco y el personaje de Ronald seria más interesante…

Luego de tantas criticas a Rowling quiero decirle que la amo y gracias por haberme cambiado LITERALMENTE la vida

—Muy bien, agradécemelo.

—Acabo de hacerlo.

¿Por qué estaba tan nerviosa? ¿Por qué se quedaba allí, de pie, esperando que la besara?

Capitulo 6:

—Buenas noches — dijo Hermione por fin.

—Oh, no, mi reacia prometida. De ninguna manera —extendió las manos y la sujetó por los hombros.

—Ya es tarde —balbuceó ella, indefensa ante la odiosa fuerza de su atractivo y aquella cautivadora sonrisa.

—Hace poco me insinuaste que aún era temprano.

—Quisiera acostarme —replico Hermione, desesperada.

—Yo también —respondió Draco y ella replicó de inmediato:

—En mi cama, sola, Malfoy

—El vestido que llevas puesto es muy atrevido. Lo elegiste para despertar tentaciones. La mayoría de los hombres te exigirían que cumplieras lo que pareces prometer.

Ella tragó saliva, nerviosa. —Dentro de unos días, tendrás el derecho de exigírmelo —sostuvo su mirada con frialdad—. ¿Es qué no puedes esperar hasta entonces?

— ¿Vas a insistir en que lo haga?

Sintió cómo se le aceleraba el pulso y tuvo que hacer un gran esfuerzo para permanecer tranquila.

—Dudo mucho que pudiera detenerte, pero si, voy a insistir

— ¿Y me odiarás menos si lo hago dentro de dos noches? — dijo refiriéndose a la boda

—Tal vez no —dijo con un ademán desafiante—. ¡No creas que caeré en tus brazos como un dócil cordero!

—Más bien, lo harás como una fiera acorralada, ¿no es cierto?

¡Así que lo estaba divirtiendo! Sin pensarlo, trató de darle una bofetada, pero él la sujetó, apretándola con tanta fuerza, que la hizo estremecerse. Durante unos segundos, Hermione pensó que la golpearía, pero después él le cogió la otra mano y sujetándoselas juntas en la espalda, la obligó a acercarse hasta que sus cuerpos se fundieron. No pudo hacer nada para evitar que apresara su boca. No pudo permanecer por mucho tiempo con los dientes apretados y al fin, dejó escapar un gemido ahogado y suplicante, mientras Draco la besaba con seductora pasión.

Si lo había hecho como un castigo, había tenido éxito. Cuando la soltó, se sintió mareada.

—Recuerda esto —le dijo él con tono amenazante—. Si me golpeas, yo también lo haré.

Se le nublaron los ojos por las lágrimas y, sin decir una sola palabra, dio la vuelta y subió rapidamente por la escalera hasta su habitación. La puerta no tenía cerradura que pudiera impedir su entrada y se apoyó en ella, respirando con fuerza. Permaneció mucho tiempo allí, antes de irse a la cama. Sólo disminuyó su temor cuando ya casi amanecía, y al fin pudo quedarse dormida.

Dos días después…

La oficina del oficial del registro civil muggle, no tenía personalidad alguna y la voz del hombre, al pronunciar las palabras acostumbradas, estaban desprovistas de emoción.

Hermione se preguntó cuántas veces al día repetiría esas mismas frases. Tal vez las había memorizado y, lo más seguro, era que debía estar aburrido con un trabajo tan tedioso. El anillo de oro que Draco deslizó en su dedo, era ancho, y le pareció que se parecía a un grillete en miniatura.

Sólo estaban presentes los primos, la madre de Draco y Sophie. Reunidos en un salón dispuesto para recibir hasta cincuenta personas, los siete testigos parecían náufragos en una isla desierta. A pesar de lo informal del acto, Draco y Sophie habían insistido en que Hermione se vistiera adecuadamente para la ocasión, y ella, resignada, eligió un tradicional vestido de seda y encajes color crema, de sencillo diseño.

Él estaba cautivador, no había una palabra más adecuada para describirle. Desde los zapatos hasta el traje de corte impecable, tenía todas las características de un exitoso hombre de negocios, brindando una imagen de dinámica masculinidad y por supuesto de ex - tendencia hacia al lado oscuro.

En el restaurante Double Bay les hicieron muchas fotografías hasta el extremo de que Hermione empezó a sentirse mareada por los destellos de las luces. Había muchos invitados a los que fue presentada, uno por uno, por lo que, al terminar, la sonrisa cortés que logró dibujar en sus labios, se había convertido en una máscara. La comida fue deliciosa, cada plato era un exquisito complemento del que le había precedido y, mientras tanto, el champán fluía sin cesar.

No había duda de que era una alegre ocasión, un homenaje al matrimonio del hijo prodigo de la familia Malfoy.

Ellos constituían el centro de atención y Draco aparentó ser un atento esposo en todo momento. Nunca se alejó de su lado y si Hermione no hubiera sabido la verdad, se habría sentido cautivada por su sonrisa, por el frecuente contacto de una mano en su cintura. Pero sólo ella conocía, además de Sophie, el siniestro motivo que ocultaba en ese diabólico matrimonio.

Pasaron las horas, hasta que llegó el momento de partir. Hermione estaba cada vez más nerviosa, a pesar del esfuerzo que hacía por no demostrarlo y no soportaba saber que Draco se daba cuenta de su agitación. El cinismo que veía en sus ojos, era una burla a su deseo de huir, asegurándole, en silencio, que no podría hacerlo. Esa noche la poseería completamente, con su consentimiento o sin él.

Pocos minutos después Draco ponía en marcha el coche, conduciendo en silencio hasta llegar a la carretera que llevaba a Point**Piper.

Aumentaba la tensión de Hermione, manifestándose como un dolor que comenzaba en el vientre y se extendía por todo el cuerpo. Hubo un momento en que pensó si sería preferible saltar del coche en movimiento, a sufrir las consecuencias de lo que le esperaba.

Después, recuperó la calma y se dijo que esas tonterías sólo servirían para demorar lo inevitable. Lo mejor era acabar con eso de una vez. No era la primera mujer que se encontraba en una situación semejante y sin duda, no sería la última.

Pronto llegaron a la casa y dejaron el coche dentro del garaje.

Al bajar del coche, cayó sobre el rostro de ella una gran cantidad de confeti y se pasó una mano por el pelo para tratar de quitarse los pequeños trozos de papel de colores.

—No te muevas —le ordenó Draco, inclinándose para quitarle los que le quedaban.

Su cercanía la dejó sin aliento y se quedó inmóvil, en silencio, mientras él se quitaba la chaqueta para eliminar los residuos de arroz que tenía en ella. Luego se la echó sobre el hombro, abrió la puerta y se apartó para dejarla entrar.

Hermione sintió la necesidad de decir algo y dijo lo primero que le vino a la mente.

—Bueno, ahora pretenderás lograr lo que deseas. —Draco la contempló, en silencio, durante varios segundos y después respondió con tono suave.

—Sí, aunque no estoy de acuerdo con la violación, hay un arma más eficaz que se llama persuasión.

—Me imagino que piensas que nunca falla en ti.

—Si eres sensata lo aceptarás así; luchar sólo empeorará la situación.

—¿En dónde quieres hacerlo? ¿En mi cama, o en la tuya?

—Usaremos el dormitorio principal, que está al final del pasillo. Esta tarde Serafina ha cambiado toda tu ropa a esa habitación.

—¿Entro andando o me cogerás en brazos, como es la tradición?

—¿Qué prefieres? —preguntó con ironía.

—Lo que yo preferiría es salir de esta casa, pero eso es imposible, ¿no es cierto?

Draco se inclinó hacia adelante y le sujetó la barbilla con una mano.

—Ya lo sabes.

Los ojos de Hermione lanzaron destellos de furia.

—Entonces, acabemos de una vez con esta farsa.

—¡Cuánto entusiasmo! —Se burló Draco—. ¿Tienes miedo de disfrutarlo?

—¡Nunca!

—¿Debo tomarlo como un reto?

Por un momento, se quedó sin saber qué contestarle.

—¡Te odio!

—Imagino que eso no es nada, comparado con lo que me llamarás antes de que termine la noche.

Se dijo que era una tonta y que si hubiera apelado a sus sentimientos más nobles, quizá la habría tratado con cierta ternura. Ahora ya era muy tarde. Casi como si leyera sus pensamientos, la cogió en brazos y se dirigió hacia la escalera.

—¡Bájame!

—Luego. Ya casi hemos llegado.

Abrió la puerta con una mano y una vez que entraron, la cerró con el pie.

¡Maldito! Ni siquiera se le había agitado la respiración. Pero no era de extrañar, pues en cada paso que daba, se adivinaba su extraordinaria condición física. En el momento en que la bajó, intentó escapar, pero el rubio la sujetó con fuerza por los hombros.

—Para —le advirtió con dureza—. Si no, te trataré como a la niña que eres.

—¡Te denunciaré por atacarme! —amenazó ella, furiosa.

—No me provoques.

—Me estoy esforzando para no hacerlo.

—Al contrario, tu comportamiento me resulta muy excitante, nadie nunca me había desafiado en estas situaciones —murmuró, mientras la atraía hacia su cuerpo.

Le bajó la cremallera del vestido, dejándolo caer sobre la alfombra; se quedó sólo con la ropa interior y se sintió desnuda bajo su mirada. Los ojos de Draco se clavaron en los suyos con una intensidad casi hipnótica, al tiempo que se quitaba el chaleco y después la corbata y la camisa.

Cuando comenzó .a desabrocharse el cinturón de los pantalones, ella sin pensarlo, le clavo las uñas en los brazos y se sintió satisfecha cuando le oyó ahogar un gemido de dolor.

Sin embargo, no obtuvo el resultado que esperaba, ya que él la cogió del pelo y la hizo inclinar la cabeza hacia atrás. Se quejó cuando sintió su boca en un pecho, besando su piel con tanta violencia, que el dolor pareció recorrerle todo el cuerpo.

Él soltó su cabello y, sujetándole las manos, le quitó el sujetador, el resto de su ropa interior y los zapatos con la misma facilidad. Entonces, lentamente, el se desnudó por completo.

—No te sorprendas tanto —le dijo con terrible cinismo, mientras la atraía por completo.

Hermione comprendió que era una locura seguir luchando, pero lo último que haría sería rendirse. Despacio, posó la cabeza sobre su pecho, volviendo el rostro de modo que los labios rozaran su rizado vello y, actuando con gran cautela, volvió a morderle con fuerza. Él lanzó una maldición y ella sintió mucha alegría por un instante, pero entonces, Draco la derribó sobre la cama, sin consideración alguna, atrapándola con su cuerpo al ver que trataba de levantarse.

—Oh, no, pequeña gata salvaje. ¡Una pelea limpia es una cosa, pero la violencia física es otra!

—¿Y cómo llamas a lo que tú me has hecho? —gritó Hermione.

—Tú me has mordido primero.

—Quizá me quede una cicatriz el resto de mi vida —protestó indignada.

—Tuve mucho cuidado de no usar los dientes, aunque no hayas hecho tú lo mismo.

Observó el lugar donde le había mordido y se estremeció al ver la gran señal que le había hecho con los dientes.

—Te odio por lo que me estás haciendo —replicó, con los ojos llenos de lágrimas.

—Entonces, ódiame —le espetó con frialdad—. La emoción no tendrá nada que ver con la concepción de nuestro hijo.

—¡Deja de torturarme!

—¿Tomar lo que se me ofrece de mala gana y no dar nada a cambio?

—¡Vete al infierno! —exclamó Hermione, temblorosa.

—Quizá, si te hago ir allí una vez, eso te enseñará que el placer es preferible al dolor.

—¡Ya me has hecho bastante daño!

—Entonces, deja de comportarte como una estupida hufflepuff

—¿Qué se supone que debo hacer? ¿Acostarme aquí e imaginar que el amante de mis sueños está tomando mi cuerpo?

—La realidad pronto te hará olvidar los sueños —le dijo Draco cuando tomó su boca de forma brutal y posesiva.

Comenzó a luchar, desesperada, encontrando en el temor una fuerza hasta ahora desconocida para ella. Logró liberar una mano y le golpeó en la espalda, en los hombros y en donde pudo. Al darse cuenta de que eso no le afectaba, usó las uñas y le arañó un costado.

—Pequeña gata salvaje —gruñó.

El rubio le atrapó los muslos con sus piernas, lo cual le impidió a Hermione hacer el menor movimiento.

—Te odio, te odio, ¿me oyes?

—Entonces, te daré motivo para odiarme.

Despacio, de forma deliberada, comenzó a acariciar los contornos de su cuerpo hasta que ella, gimiendo, le suplicó que se detuviera. Nada de lo que decía le hizo detenerse y su boca descendió hasta un seno para acariciarlo, pasando después al otro.

Cuando Hermione pensó que ya no podría soportar más, lanzó un gemido de angustia por la sensual intimidad de las caricias que le prodigaba Draco y empezó a suplicarle que la dejara.

Su cuerpo ardía mientras la recorrían unas sensaciones que le impedían pensar, perdida en un mundo de sensualidad que no tenía fin.

Su boca cubrió la de ella, ahogando el grito que intentó lanzar al sentir que la poseía, haciéndole experimentar una mezcla de dolor y placer.

Pasó mucho tiempo antes de que volviera a ser consciente de lo que la rodeaba, y el lento regreso a la normalidad, provocó una amplia gama de emociones, todas desagradables. Lo peor de todo era que estaba llena de resentimiento porque la había despertado a su propia sensualidad.

Con amargura, pensó que Draco se había asegurado de ello, conteniendo su placer sexual para despertar el de ella y nunca podría perdonarle ese violento y cruel ataque.

—Te odio.

—Pobre Granger —se burló, mientras su boca buscaba un punto sensible de su cuello.

Las manos que la habían sujetado con fuerza unos minutos antes, se aflojaron de pronto.

—¿Ya has terminado? —preguntó ella con frialdad.

—Por ahora sí.

¿Con qué frecuencia pensaba hacerla víctima de esa violencia física? ¡Si pretendía hacerlo todas las noches, dudaba que pudiera soportarlo!

Hermione se levantó y fue al baño. Abrió los grifos de la bañera y vertió un poco de perfume, sumergiéndose después en el tibio líquido. Se sintió tan tranquila y relajada, que cedió a la tentación de cerrar los ojos.

—¡pequeña tonta!

Esas duras palabras la obligaron a despertar, al mismo tiempo que unas manos fuertes la sujetaban, haciéndola salir del agua.

—¿Qué demonios tratabas de hacer? —preguntó Draco con dureza, mientras cogía una toalla y la envolvía en ella.

—Nopretendía ahogarme —replicó, temblorosa, mordiéndose los labios por la fuerza con que la estaba secando—. ¿Tienes que ser tan brusco?

—Me gustaría golpearte, sabes.

—Por favor, no Malfoy —sin poder contenerse, comenzó a temblar e hizo un esfuerzo por contener las lágrimas que pugnaban por brotar de sus ojos, pero no lloraría, era una Gryffindor

Su brusquedad la hizo ruborizarse aún más cuando él lequitó la toalla y la dejó caer al suelo. Ella trató de taparse el pecho con los brazos defendiéndose de su descarada mirada.

Con lentitud, Draco le cogió las manos, obligándola a separar los brazos.

Reuniendo toda la agilidad que pudo, Hermione levantó la cabeza y le miró.

—¿Satisfecho? ¿O piensas abusar de mí de nuevo? —Por un instante, pensó que la iba a castigar y trató de controlar el temblor de todo su cuerpo.

—Ve a acostarte —la dijo con sequedad. Todos sus instintos le gritaban que debería obedecerle, pero no quería rendirse todavía. Además, deseaba terminar de arreglarse.

—Lo haré cuando esté lista. ¿Quieres hacerme el favor de salir de aquí? ¿O es que no voy a gozar de mi intimidad en ningún momento? —le dijo lanzándole una fría mirada.

Draco no contestó y se dispuso a darse una ducha. Hermione sacó las cosas que necesitaba y terminó de arreglarse.

Una vez en el dormitorio, se coloco ropa interior y comenzó a buscar su camisón, abriendo y cerrando cajones. ¡En dónde demonios lo habría puesto Serafina!

—¿Buscas algo?

—Mi camisón —contestó, cortante.

Hermione al mirar hacia el espejo, vio su sonrisa burlona reflejada allí.

—¡Quizá estés acostumbrado a dormir desnudo, pero yo no!

Haciendo un esfuerzo por no llorar, abrió los dos cajones que le quedaban por mirar y al fin lo encontró y se lo puso, consciente de que él estaba observando todo lo que hacía.

—Ya es un poco tarde para tanto pudor ¿no te parece?

Comprendió que tendría que andar hasta la enorme cama y deslizarse bajo las sábanas. Le pareció que hacer eso era aceptar su presencia y vaciló. Al mirarle y ver la expresión en sus ojos, espetó:

—¡No me mires así!

—¿Cómo quieres que te mire? —preguntó dirigiéndole una sonrisa burlona—. Eres muy hermosa.

—No me siento hermosa —contestó sin darse cuenta en lo que decía, cautivada, le observó acercarse a ella, lentamente.

Draco le sujetó la barbilla y la hizo levantar la cara.

—¿Cómo te sientes, Hermione?

—¿Necesita tu orgullo que te lo diga? ¿Se supone que debo estremecerme y decirte que has estado maravilloso?

Se encontraba tan furiosa, que su comportamiento casi rayaba en histeria.

—Te odio ¿me comprendes? Nunca me he sentido tan desgraciada, tan humillada, tan...

Se detuvo, sin encontrar las palabras adecuadas y él añadió con tranquilidad:

—¿Poseída? ¿Qué es lo que esperabas? ¿Un tierno cortejo después de luchar como una gata salvaje?

—¡Tu comportamiento ha sido el de un... animal!

—¿De verdad? —Su voz adquirió un tono acerado—. Pues debes sentirte dichosa de que haya logrado controlar mi temperamento.

La verdad que había en sus palabras, era algo que se negaba a reconocer y, de repente, se sintió muy cansada.

—Quiero dormir.

Sin decirle una palabra, Draco la cogió rodeo por la cintura y la acompaño hasta la cama. Sintió una extraña ternura en su gesto, cuando la cubrió con la sábana, luego él rodeo la cama para acostarse a su lado.

Apagó la luz y cuando ella se dio cuenta, por su respiración pausada, de que estaba profundamente dormido, se permitió llorar. Dejó fluir las lágrimas por sus mejillas, empapando la almohada, hasta que se quedó dormida, presa del agotamiento.

Horas más tarde, se movió, intranquila, aún adormecida, hasta que recordó dónde estaba y abrió los ojos con dificultad.

La habitación estaba iluminada por la suave luz del amanecer, que apenas se filtraba a través de las cortinas.

Al intentar moverse, se dio cuenta de que la detenía algo y vio el brazo que descansaba sobre su cintura. Volviéndose lentamente, encontró la mirada de su marido.

—Vaya, al fin te has despertado, siempre creí que eras muy madrugadora

Quizá, inconscientemente, había buscado el calor de su cuerpo durante la noche o Draco la había acercado hacia sí. Pero tenía muy clara una cosa: no podía permanecer allí.

—¿Qué hora es?

—Las siete. ¿Por qué estás tan ansiosa por levantarte?

Draco se incorporó y se apoyó sobre un codo y, alzando una mano, le acarició el pelo. Después, le recorrió la cara con los dedos, luego los deslizó por el cuello hasta apartar el delicado encaje de su camisón de seda para acariciarla.

—¡No! —protestó, antes que la besara.

—Quítate este maldito camisón —gruñó él. Al ver el movimiento negativo que hacía con la cabeza añadió, sonriendo sarcástico:

—Noquisiera tener que arrancártelo.

—Tú me lo has pagado Malfoy —

Sin decir una palabra, rasgó el camisón de arriba abajo.

—¡Eres tan despreciable! — Hermione se cubrió el pecho con las manos, aunque no era necesario, llevaba puesta ropa interior… pero él se las retiró y se quedó observándola.

Con calma, fue estudiando las magulladuras que tenía e inclinando la cabeza, besó cada una de ellas.

Su boca fue descendiendo cada vez más, rozando la sedosa piel, mientras acariciaba con provocativa sensualidad las marcas que él mismo le había hecho.

Hermione lanzó una exclamación de furia cuando él intentó hacerle algo que ella consideró depravado y comenzó a luchar, maldiciéndose por haber aceptado sus caricias.

—¡No lo hagas! —exclamó, comenzando a gemir, suplicándole que se detuviera.

Por un instante pensó que no le haría caso, hasta que después, con lentitud, él alzó la cabeza y la miró con frialdad.

—¿Por qué te niegas a aceptar un grado infinito de placer sensual?

—¿No querrás decir mejor de degradación lujuriosa con un deje de violación?

—Sólo una inocente protestaría con tanta vehemencia —le dijo, con ojos brillantes de irónica diversión.

—¿Con qué frecuencia tendré que soportar este... —le resultaba imposible encontrar la palabra— este abuso? Él frunció el ceño y apretó los labios con fuerza.

—Ten cuidado con lo que dices, ahora eres mi esposa —le previno.

—¿De qué otra forma lo llamarías? —le retó.

Draco observó su expresión furiosa durante varios segundos y después, buscó con su boca uno de sus pechos, acariciándolo con la lengua. Hermione sintió que su cuerpo se ponía rígido y, entonces, le cogió del pelo, intentando apartarle. Le golpeó en los hombros, con los puños cerrados y al no tener éxito, volvió a tirarle del pelo con fuerza.

—¡Basta... por favor! —susurró con angustia, sollozando hasta que la besó enmudeciéndola.

Después, él movió su cuerpo para aprisionarla, obligándola a separar los muslos y, aunque ella luchó, logró su objetivo.

En esta ocasión, sus labios la fueron excitando lentamente, tomándose su tiempo, saboreando la cálida boca, explorando.

Poco a poco fue cediendo su resistencia y, sin que él se lo pidiera, rodeó con sus brazos el cuello de Draco y pronto sintió todo el cuerpo envuelto en un calor que hacía que la sangre le corriera por las venas como si fuera lava candente.

Despacio, Hermione se movió con infinita ternura, hasta quedar envuelta en su posesión, alcanzando un éxtasis sensual tan intenso, que gritó su nombre una y otra vez.

Después, se quedó acostada, inerte, sin poder hablar. En las sensuales caricias de Draco, había perdido el pudor y esa realidad la embargaba de amarga vergüenza. ¿Cómo era posible odiar y despreciar a alguien y, al mismo tiempo, reaccionar así a sus caricias? Eso no tenía sentido.

—Levántate —le dijo Draco con suavidad—. Tenemos una hora para ducharnos, desayunar y coger el avión muggle

— Ni que existiera un avión mágico, ¿A dónde vamos? —preguntó, sorprendida.

—A la Costa Dorada de Queensland. Está a menos de una hora y, en esta época del año, el calor debe ser agradable.

—¿Por qué? —insistió.

Él frunció el ceño y se endureció la expresión de su rostro.

—Podríamos quedarnos aquí.

Ante la alternativa que le sugería, Hermione salió con rapidez de la cama y al oírle reír, se sintió tan furiosa que cogió la almohada y se la tiró.

Él la atrapó con facilidad y después se levantó, dirigiéndose hacia ella, riendo.

—¿Entonces, quieres jugar?

Hermione corrió hacia el cuarto de baño, tratando de refugiarse. Respirando agitada, cerró la puerta y se apoyó en ella temerosa de que en cualquier momento, la abriera él de un empujón.

Pero no lo hizo y después de unos minutos de intranquilidad, se metió bajo la ducha y se sintió aliviada por el momento.Hermione tuvo que hacer un esfuerzo para no mostrar su sorpresa cuando Draco la condujo hacia un lujoso avión particular que estaba en una pista, lejos de la terminal principal de pasajeros.

Era un símbolo de riqueza; ningún hombre podía lograr tanto éxito sin tener una gran agudeza comercial. Era millonario en todos los mundos existentes sin duda

Draco Malfoy tenía todo eso, además de otras cualidades personales, pensó cansada mientras el avión se elevaba.

Bueno, no lo tenía todo. Tenía una mujer y deseaba un hijo. Era una consecuencia lógica que, con el tiempo, se convertiría en realidad, a menos que ella tuviera el cuidado de evitarlo, tomando algún anticonceptivo, o realizando algún conjuro… claro, si Draco le devolvía la varita.

Pero ¿con qué fin? Si llegaba a tener un hijo y éste era varón, quizá Draco fuera más magnánimo e incluso la dejara en libertad.

—Estás muy callada —exclamó Draco, interrumpiendo sus pensamientos.

—No soy una persona muy comunicativa.

—Ah, sí, eres Granger, la chica consagrada a sus estudios, con poco tiempo para la vida social, como siempre.

—Oh, estoy segura de que conoces los más insignificantes detalles sobre mí —contestó con frialdad—. No dudo de que Sophie te habrá mantenido bien informado.

—¿Te molesta eso?

—Me resulta insoportable. —Seguramente tendrás un historial en el que aparecen las veces que he visitado al medico, una relación de mis logros académicos, con quién he salido y todo eso. ¿No tengo secretos para ti?

—No dejes que eso te preocupe Granger

—¡Pero me molesta! —replicó con violencia.

Draco la sorprendió, inclinándose para darle un beso.

—Olvídate de eso.

Después, ella permaneció en silencio y no volvió a hablar durante el viaje.

En la terminal del aeropuerto de Coolangatha estaba esperándoles un coche alquilado con chofer claro.

La Costa Dorada parecía un paraíso tropical, con aguas azules y transparentes que rompían sus olas en las hermosas playas. El apartamento de ellos estaba situado en el último piso de un lujoso edificio, frente al mar. Disfrutaban de una hermosa vista. Era grande, con tres dormitorios, dos baños, un espacioso salón, comedor independiente y una moderna cocina y una pequeña habitación de servicio. Los muebles eran de madera y el efecto general de la decoración era de sobria elegancia.

—Es precioso —murmuró Hermione con sinceridad.

—Mi madre casi no lo utiliza —le informó Draco.

—¿Y, mientras tanto, permanece vacío? —preguntó ella sorprendida.

Había una gran ironía en la sonrisa de Draco.

—No siempre resulta sencillo conseguir buenos inquilinos a corto plazo.

—¿Cuánto tiempo nos quedaremos?

—Dos días, tengo que regresar a Sydney para una cita el lunes por la tarde y aquí no hay comunicación con el mundo mágico

—El engranaje de la maquinaria de los grandes negocios —comentó ella con sarcasmo.

—Sí, me roban mucho tiempo.

—Quisiera que te robaran más.

—Cuanto menos nos veamos mejor

—Mi única esperanza es quedarme embarazada lo antes posible para que me dejes tranquila.

Él la cogió de la barbilla, obligándola a volver la cabeza.

—Las pruebas de laboratorio demostraron que eres una joven saludable y fértil. No tenemos que esperar mucho tiempo.

Por un instante, se negó a creer lo que oía y, de repente, recordó una serie de extraños acontecimientos. Cuando visitó al ginecólogo a principios del año, Sophie insistió en que consultara a un especialista, en vez de a su médico habitual.

—ay no!—susurró Hermione, furiosa—. ¿Ya lo estabas planeando desde entonces?

Su mirada era dura y cruel.

—Sólo ha sido cuestión de tiempo.

—Así que, con sangre fría, te aseguraste de todo bien, antes de dar un paso en falso.

Le costaba trabajo hablar por la furia que la consumía.

—Ya había gastado una generosa cantidad de dinero y sólo trataba de asegurarme de que recibiría algo a cambio.

—¡Eres un ser despreciable!

Hermione le habló con claridad y la mirada que le dirigió estaba cargada de odio.

—¿Crees que soy tan tonto como para no haber comprobado todos los detalles? —le preguntó Draco, cortante.

—Merecerías que hubiera tomado las medidas necesarias para evitar la concepción.

—Dudo mucho que tengas esa oportunidad —contestó con voz desdeñosa—. Estos próximos días son especialmente... importantes ¿los llamamos así?

Hermione le miró con los ojos muy abiertos y, por un instante, casi no pudo respirar por la sorpresa. Pero de pronto, sin poder dominarse y sin pensarlo, le dio una bofetada.

Deseo correr y esconderse, pero sabía que sería inútil tratar de ocultarse de él.

—Conocías todos los hechos antes de nuestro matrimonio —le recordó Draco con peligrosa tranquilidad—. ¿Por qué muestras tanta furia ahora?

Quiso gritar, dominada por una rabia impotente, que era porque todo eso era demasiado: ¡él mismo, esa farsa de matrimonio, todo! Su actitud era retadora, pero mezclada al mismo tiempo con una terrible sensación de temor. Él estaba lo suficientemente enfadado como para desquitarse y no tenía la menor duda en cuanto a la forma en que lo haría.

Después de un largo silencio; le ordenó:

—Ve a cambiarte.

Le miró con los ojos muy abiertos, interrogante.

—Vamos a salir el resto del día —sonrió con ironía—. A menos que prefieras quedarte aquí.

Estaba bien claro lo que quería insinuarle y no fue necesario que se lo dijera dos veces.

El día, apesar de todo, fue muy agradable; Draco le mostró los atractivos turísticos y después de una exquisita comida en un pintoresco restaurante desde el que se contemplaba el puerto, cogieron un barco para recorrer el río Nerang y sus canales.

Aún les quedó tiempo para pasear por el centro de la ciudad, antes de regresar al apartamento. Al llegar, Hermione le expresó su deseo de nadar en la piscina cubierta, que se encontraba en la planta baja.

Se cambió con rapidez, se puso encima del bikini una bata corta, cogió una toalla y salió al salón.

—Creo que iré contigo —murmuró Draco, mientras sus ojos recorrían las torneadas piernas de Hermione.

—¿Qué podría ocurrirme?

—Eres mi mujer —le dijo con toda calma—. Como tal, debo protegerte.

—¿Protegerme de qué? —Inquirió con incredulidad—. ¿De algunos lindos vecinos que estén nadando en la piscina? — Él sonrió, sin alegría.

—Soy un hombre influyente y, debido a mis intereses, resulto muy atractivo para la prensa magica y la muggle claro —comentó sosteniendo la mirada de ella de forma implacable—. Las fotografías de nuestra boda han salido en el Profeta.

—¡¿Qué? Ay no, ni Harry, ni Ron… Ron! Su familia— Hermione comenzó a sentirse muy mal— ¿ Por que no me avisaste?

— Yo no lo sabía, Granger solo quiero decirte que hay algunos oportunistas a quienes les encanta irritarme.

—Creo que estás equivocado. Estamos en Australia, en todo caso Inglaterra, no en Estados Unidos.

—Nos encontramos en un mundo de creciente violencia, incluso aquí.

—¿Y debido a mi nueva situación, dentro del clan de los Malfoy, puedo ser víctima de un atentado? —preguntó Hermione sin poder creerlo.

—No básicamente, pero imagina el gusto que le daría a la prensa hacerte fotografías mientras te diviertes en la piscina con unos jóvenes desconocidos, sin que yo esté presente. Sobre todo, cuando nos encontramos de luna de miel.

—No soy la clase de mujer que se divierte con desconocidos, como sugieres.

—Quizá no te des cuenta de lo que sucede hasta que sea muy tarde —comentó él con cinismo.

Hermione suspiró hondo y después le dirigió una mirada de disgusto.

—No me siento inclinada a serte fiel incondicionalmente. — La miró con ironía y diversión.

—Espera a que me cambie.

Ya no fue lo mismo para ella; la media hora que había esperado pasar a solas estuvo dominada por la presencia de Draco. El simple hecho de que estuviera allí, la molestaba, a pesar de lo que él le había advertido.

Había otros vecinos en la piscina y no vio por ninguna parte ninguna cámara.

Cenaron en un elegante restaurante y después asistieron a un espectáculo en un centro nocturno cercano. Hermione tuvo especial cuidado con su aspecto, eligiendo un traje pantalón, de corte elegante y confeccionado en seda negra.

Todo ello, junto con los zapatos negros de tacón y una cadena deoro que rodeaba su cuello, a juego con una pulsera hizo qué llamara la atención más de lo que hubiera deseado.

Paseaban en silencio, de regreso al edificio de apartamentos y, una vez en el ascensor, Hermione mantuvo la mirada fija en las puertas, deseando que se abrieran antes de que él se diera cuenta de la extraña sensación que la recorría. Incluso respiraba agitada.

Una vez que entraron en el apartamento, se dirigió hacia los grandes ventanales del salón y se quedó allí, contemplando la vista. El río parecía una cinta de plata bajo el cielo cubierto de estrellas.

Draco no se había molestado en encender la luz y de pronto, se dio cuenta de que estaba parado detrás de ella.

—¡Todo parece tan tranquilo!

Había una extraña nota melancólica en la voz de Hermione y sintió su aliento cálido en la sien, cuando él la atrajo hacia su cuerpo. La rodeó con sus brazos, luego, una de sus manos descendió hasta el vientre de Hermione, mientras la otra alcanzaba la cálida suavidad de una de sus piernas

Experimentó una deliciosa sensación de placer cuando su boca rozó la curva delicada del cuello, utilizando la lengua como un instrumento sensual que se movió con lentitud, excitándola, hasta alcanzar la nuca.

Los dedos de Draco recorrieron su vientre, despertando una multitud de sensaciones en el interior de ella y tuvo que contener el aliento cuando él volvió a acariciarla

Su mente le exigía que le pidiera detenerse, pero su cuerpo la traicionaba, convirtiéndose en el anhelante receptor de aquel suplicio, el cual se llenaba de vida ante ese contacto.

Cerró los ojos y trató de terminar el conflicto de sus contradictorias emociones, hasta que, lanzando un suspiro, se dejó dominar por los sentidos, disfrutando sus caricias y despertando un ardiente y feroz apetito que pedía ser satisfecho.

La ropa que les cubría dejó de ser una barrera y apenas se dio cuenta de que la cogía en brazos y la besaba.

Dominada por el deseo, ya nada le importaba, por lo que la necesidad de complacerle del mismo modo que él lo estaba haciendo, rompió todas las barreras de sus inhibiciones.

Primero, le acarició con timidez, pero poco a poco se fue mostrando atrevida bajo su dirección, provocando una mutua excitación tan exquisita que fue ella muy pronto quien suplicaba y complacía todos sus deseos, y hacía que cada parte de su febril cuerpo clamara porque la poseyera.

Hicieron el amor de una forma tan apasionada que lograron alcanzar alturas insospechadas de placer. Pero unida a este apasionamiento, había una increíble belleza, la alegría de dos espíritus en perfecta armonía.

Después Hermione se quedo dormida, e incluso, cuando Draco logro dormirse la tenía abrazada en un gesto posesivo.

Despertó al sentir el contacto de los labios que la recorrían y abrió los ojos para encontrarse con la mirada apasionada de su marido a pocos centímetros de ella.

—Buenos días —dijo él con suavidad.

Al verle, sesonrojó y le temblaron los labios, sin poder ocultar lo indefensa que se sentía ante él. El saber que era el mismo Malfoy del colegio, que todo estaba regido por contrato la hacia sentir furiosa pero al mismo tiempo no lograba comprender el cambio de actitud en él… Hermione sabía que si hubiese querido, Draco podría haber sido mucho más violento e insensible

—No tienes por qué ponerte así —le dijo él con voz dura.

Le dolía el cuerpo y a pesar de que estaba acostada en la cama, era consciente del esfuerzo físico realizado por sus demandas excesivas.

—Hermione...

Por un instante pensó que iba a obligarla a mirarle y no podía atreverse a desnudar su alma ante él.

Se movió hacia el borde de la cama, pensando que en cualquier momento la detendría, pero, por fortuna, la permitió escapar.

El baño la calmó y, después de secarse y maquillarse, regresó al dormitorio y descubrió que Draco también se había bañado y estaba terminando de vestirse.

Cruzó la habitación, cogió ropa interior limpia, un vestido y se arregló en pocos minutos.

—¿Desayunamos aquí o quieres salir?

Hermione dejó de cepillarse el pelo y respondió con voz algo tímida muy poco común en ella:

—¿Podemos salir?

Fueron a un pequeño café francés, especializado en desayunos continentales y lo tomaron fuera, en una de las mesas cubiertas con sombrillas de colores.

Hermione decidió visitar Sea World y el Parque Andalucía, ya que lo primero implicaba encontrarse rodeados por una multitud de turistas y prefería estar a solas con él.

Después de un día agradable y tranquilo, regresaron al apartamento para cambiarse de ropa e irse a cenar a un restaurante cercano.

Hermione permitió durante la cena que Draco llenara varias veces su copa con un excelente vino blanco, lo que la hizo sentirse un poco mareada y la ayudó a calmar, el dolor que recorría su cuerpo, invadiendo las profundidades del corazón.

—Vayámonos.

Hermione observó a Draco y no pudo evitar que en sus ojos se reflejara una ligera inquietud. Él la cogió del brazo y salieron del restaurante, de vuelta al apartamento.

Una vez allí, ella se dirigió hacia el dormitorio, demasiado débil para encontrar una excusa para demorar lo inevitable. Oyó que Draco cerraba la puerta del apartamento y después apagaba las luces, dejando encendida sólo la pequeña lámpara que había junto a la cama.

Hermione se quedó de pie mirando las sábanas, muy cansada para comenzar a desnudarse.

La mano que sintió sobre su hombro le hizo experimentar una rara sensación y no protestó cuando la obligó a volverse para que le mirara.

—Estoy cansada. — dijo rapidamente

—Y asustada —le dijo él en voz baja, haciéndola levantar la cabeza.

Con lentitud, él le bajó la cremallera del vestido y se lo quitó.

—No, por favor, hoy no —le pidió con voz temblorosa.

—¿No, qué?—preguntó él riendo suavemente. A pesar de que lo intentaba, no podía hablar hasta que al fin lo logro.

—No acostarme con tigo, creo que no podré soportarlo.

—Entonces, dame un beso y te acostaré.

¿Podría confiar en él? Claro que no, pero ¿tenía importancia? Estaba cansada y no tenía ni la fuerza ni el deseo de oponérsele.

Despacio, irguió la cabeza y rozó sus labios con los de Draco. En ese instante, él volvió a besarla con suavidad e infinita ternura.

Dos lágrimas descendieron por las mejillas de Hermione y Draco dejó escapar una maldición, antes de hacerlas desaparecer con sus dedos.

Ella cerró los ojos y sintió que la cogía en brazos y la echaba en cama. La cubrió con las sábanas y ella hundió el rostro en la almohada sin darse cuenta de que Draco se había acercado a la ventana. Permaneció allí, contemplando la oscuridad, mucho rato y ella quedó dormida.

Su regreso a Sydney provocó un inesperado interés y Hermione observó, extrañada, que al llegar al aeropuerto, les hacían fotografías y los periodistas les acosaban haciéndoles preguntas sin cesar. ¿ Como nunca supo que la familia Malfoy era ligeramente conocida por la prensa muggle? — Se pregunto Hermione— Al no ser que sucediese solo en Australia…

—¿Cuál será su postura esta tarde, señor Malfoy?

—Eso se sabrá en la junta.

—Pero ya tendrá un punto de vista definido ¿no es cierto?—insistió un periodista.

—No es conveniente que lo diga ahora —contestó Draco con voz tranquila, mientras cogía a Hermione del brazo y se dirigían a la salida.

—Sólo llevan casados unos días. ¿Ha interrumpido su luna de miel? ¿Qué piensa su mujer sobre este último acontecimiento?

—Saben que me niego a discutir mi vida privada con la prensa -respondió Draco cortante.

Entonces el periodista se volvió a Hermione.

—Señora Malfoy, ¿con qué palabras podría usted describir a su marido?

¡Oh, Dios!, su instinto le advertía que, si fallaba, quedaría hecha trizas.

—Abrumador —le respondió, dirigiéndole una sonrisa encantadora.

Espero que les haya gusatdo, no tengo mucho tiempo y perdon por actualizar tarde.

Un beso a todas y gracias por las 1045 lecturas