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Historia 102767 — capítulo 18
Un lastimero chillido salió de la boca de Bellatrix Lestrange cuando su marido regresó a la guarida en la que llevaban viviendo por más de dos décadas y media, y le comunicó una desagradable noticia.
-Narcisa se ha ido, Bella.
Bellatrix cayó al suelo, y Rodolphus se apresuró a levantarla. Todas las personas que vivían en aquel aguantadero (excepto dos) miraron inexpresivamente a la mujer más poderosa de los Mortífagos ser incorporada del suelo por su marido. Pero inmediatamente se deshizo de él y salió corriendo del salón.
-¿La mataste, Rodolphus? -preguntó Rabastan Lestrange.
-Por supuesto que no, es la hermana de mi esposa. -le espetó el aludido.
-Tú te casaste con Bellatrix por su condición de sangre pura, lo mismo que ella. Ninguno siente amor por el otro, ni siquiera cariño o aprecio.
-Eso no importa. Narcisa murió por culpa de Bella, según lo que he podido averiguar.
-¿Qué quieres decir? -preguntó Rabastan, sorprendido.
-Bella fue a verla a la Mansión Malfoy; seguramente hablaron o discutieron, y una vez que Bella se fue, Narcisa entró en paro cardíaco. Imagino que producto del shock que le causó saber que su hermana mayor siga con vida. Intenté reanimarla pero no hubo manera.
-Rodolphus, tú fuiste quien trajo de nuevo a la vida al Señor Tenebroso, a Bellatrix, y a todos los Mortífagos fallecidos. Puedes volver a traer a Narcisa y complacer a tu esposa.
-Bella nunca querría que su hermana quedara contaminada con la magia que nosotros practicamos, Rabastan. Yo no soy como el Señor Tenebroso, tengo sentimientos, ¿sabes?
Rodolphus se dio vuelta para ir a buscar a su esposa y tuvo frente a sí a uno de los Mortífagos. Era el único que cubría constantemente su rostro con una máscara, y en pocas ocasiones se quitaba la capucha.
-Mi señor, hay una noticia que tengo que darle. -anunció Rodolphus.
El desconocido guardó silencio, esperando.
-Narcisa Malfoy. Está muerta.
Los brillantes ojos del encapuchado lanzaron un bonito destello, y éste asintió con la cabeza. Era tan inexpresivo… Algo que sólo en aquel caso le sorprendía.
-¿Qué le sucedió?
-Paro cardíaco, mi señor.
-¿Sabes cuándo le dan sepultura?
-Lo averiguaré ni bien pueda, mi señor. -le dijo Rodolphus.
El enmascarado se hizo a un lado y el anciano Mortífago salió de la habitación. El resto de los Mortífagos sentados en la mesa lo miraron, pero no le dijeron nada.
Cuando había entrado a esa organización lo hizo convencido de que se volvería igual que el Señor de las Tinieblas: solitario, sin necesidad de tener amigos o una persona a quien amar… En su adolescencia se había acostado con muchas muchachas, y el sexo era algo de lo que nunca se había podido abstener. Sin embargo nunca sentía lo más parecido que se pudiera al aprecio por ninguna de las mujeres con las que había tenido relaciones en su adultez.
Pero ahora no le parecía correcto no sentir tristeza, dolor, o algunaemoción por la muerte que le acababan de anunciar. Y aún así no salía una sola lágrima de sus ojos, los rostros de su familia y sus amigos no acudían a su mente.
Ser Mortífago era algo verdaderamente duro, sobre todo cuando eres tan cercano a lord Voldemort.