← Historia 102767 · de
Historia 102767 — capítulo 21
Rose vio a aquel hombre de cabello rubio oscuro que se quitaba los lentes de sol y los guardaba tranquilamente en su bolsillo. Era alto, de físico marcado, de impresionantes ojos verdes, y su hermoso rostro ya no era el de un adolescente, sino el de un hombre mucho mayor.
Scorpius Malfoy observó a su padre, a su madre y a sus hermanas derramar lágrimas, sin poder creer lo que estaban viendo. Quienes solían ser sus amigos y los padres de éstos tenían una expresión totalmente anonadada en el rostro. También había una preciosa niña en cuyo rostro aparecía una extraña expresión, como si no entendiera qué estaba pasando. Ni siquiera le prestaban atención a la impresionada anciana que sacó su varita.
-¡Potter! -bramó Bellatrix apuntándolo. -Avada…!
-¡Bella! -gritó Scorpius apuntándola a ella.
La mujer, furiosa, guardó su varita.
-¡Respeta a mis abuelos! -exclamó Scorpius hundiendo la punta de su varita en la mejilla de su tía abuela.
-Sí, mi señor.
-Ya puedes irte. -le espetó Scorpius. -Y que no me vaya a enterar que abriste la boca.
Asintiendo ciega de rabia, y girando sobre sí misma, la Mortífaga se esfumó. Astoria, Sharon y Katherine querían acercarse al hombre que las miraba de aquella manera tan extraña… Fríamente pero queriendo sonreír. Pero no podían, porque en aquel tiempo sin verse no sabían cómo podía llegar a reaccionar, ni si era un hombre peligroso.
-Verlos a todos me hace reparar en que en verdad han pasado muchísimos años. -les dijo Malfoy con calma.
-Scorpius… -susurró Astoria. -Te vi dentro del ataúd. ¡Estabas muerto, tu corazón no latía! ¡Y el último maleficio que usó la varita de Ted fue el asesino!
-Yo no morí, mamá. -le dijo Scorpius con calma. -Ni siquiera dividí mi alma, soy una persona normal y mortal. Es todo lo que puedo decirte.
-¿Entonces por qué demonios sigues con los Mortífagos? -bramó Draco. -¿Por qué fingiste tu muerte por casi 12 años?
Scorpius lo miró fríamente.
-Si yo cumplo con todo lo que me ordenan… ustedes nunca serán tocados por ellos. Y créanme que desde que asesinaron al abuelo Lucius, tienen muchas ganas de acabar con el resto de la Familia Malfoy.
Scorpius vio que la niña se escondía detrás de James, y lo miraba. Y a continuación miró a Rose… Rose Weasley, la chica que lo había vuelto loco durante el fin de su infancia y toda su adolescencia. Se había vuelto una preciosa mujer, idéntica a la niña que no le quitaba la vista de encima.
-Tengo que llevarte detenido, Scorpius. -le dijo Harry con pesar, mientras él y Ron sacaban sus varitas.
-Papá. -dijeron Albus y Hugo al mismo tiempo, a sus respectivos progenitores.
-¿Detenido? -repitió Scorpius con una sonrisa burlona. -Tú estás vivo porque así lo decidí yo. -le espetó, y la hermosa sonrisa se borró de su agraciado rostro.
-¿Qué quieres decir?
-Maté a Andromeda y a Ted para no matarte a ti. A cambio, me deshice de mis familiares traidores a la sangre, y como estaba siendo buscado se me ordenó fingir mi muerte…
Ted no dejaba de atacar a Scorpius, y éste tampoco dejaba de acometer contra Lupin, hasta que uno de los hechizos de Malfoy lo cortó en la mano, que sin quererlo soltó su varita. Scorpius lo apuntó bruscamente y el hombre salió volando. Andromeda, como estaba detrás de él, amortiguó la caída de su nieto.
Éste, atontado, miró a su primo, que de una patada apartó su varita fuera de su alcance.
-¿Por qué haces esto? -preguntó Andromeda, escandalizada.
*-Para defender a las personas que amo. Para limpiar un poco mi árbol genealógico. Y porque comparto los objetivos del Señor de las Tinieblas.*Avada Kedavra!
El maleficio asesino dio de lleno en el abdomen de la tía abuela del frío chico, cuya espalda chocó contra la pared.
*-*Avada Kedavra!
Un destello de luz verde provocado por un rayo salido de la varita de Scorpius iluminó la habitación. Un segundo después algo se apagó en los ojos de Lupin, que se volvieron vidriosos.
Sin mirar los cadáveres, Scorpius sacudió su varita y la de Ted, a unos metros de distancia, saltó a su mano. Sin soltarla, le dio la espalda a los cuerpos y agitó de nuevo su varita. Un hombre inexpresivo y encapuchado apareció de repente detrás de Scorpius, vestido de igual manera. Éste sacó de uno de los bolsillos de su túnica un frasco con una poción que parecía contener barro. El chico se arrancó un único pelo rubio, destapó el frasco y lo introdujo. Cuando la poción multijugos cambió de color, el cadáver controlado por Malfoy lo bebió, y segundos después adoptó su misma apariencia.
-Avada Kedavra! -exclamó Scorpius usando la varita de Ted.
El maleficio asesino hizo caer al cadáver al suelo. Con una sacudida de la varita de Scorpius, dejó de ser un Inferius. Malfoy dejó la varita de Ted junto a su cuerpo, levantó la protección que sólo alguien con la Marca Tenebrosa grabada a fuego en su antebrazo izquierdo podía atravesar, sacó de su bolsillo una varita idéntica a la suya (aunque con distinto núcleo), la dejó cerca del cadáver que hacía un momento controlaba, y sonriendo con espantosa frialdad giró sobre sí mismo, esfumándose.
Como había ocurrido con Bartemius Crouch Jr. y su madre, ésta murió con la apariencia de su hijo y nadie se enteró de su verdadera identidad después de su deceso porque los efectos de la poción multijugos se paralizaron, dejándola con ese aspecto para siempre. Después de que los dementores la enterraron, no hubo peligro alguno porque el cuerpo se redujo a huesos y luego a polvo…