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Historia 102767 — capítulo 23
Scorpius apareció en el aguantadero donde llevaba viviendo 12 años. Cubriendo su rostro una vez más con la máscara de Mortífago de su padre, caminó rápidamente por el pasillo hasta llegar al salón donde estaban el resto de sus compañeros.
Todos se quedaron en silencio cuando lo vieron llegar. Lord Voldemort lo contempló con frialdad. Bellatrix estaba junto a él, ya más calmada.
-¿Por qué tardaste tanto, Malfoy? -le preguntó Rodolphus.
-Tuve una pequeña charla con mi familia. -le espetó Scorpius. -Y recuerda que ya no soy un niño, sino un adulto; lo que haya hecho no es asunto tuyo.
-Sigues siendo el bebé de los Mortífagos.
Todos se rieron excepto Voldemort y Scorpius. Nagini, instalada en los hombros del Señor de las Tinieblas, silbó furiosa por el alboroto.
-Responde la pregunta, Scorpius. -le ordenó Voldemort secamente. -A mí sí que me debes explicaciones.
-Me reencontré con mis seres queridos, mi señor. -le explicó Scorpius mirándolo a los ojos con calma. -De quienes me he alejado durante más de una década para servirlo a usted eternamente. -agregó fríamente.
-¿Qué les dijiste? ¿Les revelaste que… estoy vivo?
-Por supuesto que no, mi señor. -mintió Scorpius totalmente despreocupado, ya que dominaba la Oclumancia a la perfección.
-Dime por qué le impediste a Bella que matara a Harry Potter. -le pidió Voldemort con desprecio.
-Por la misma razón por la que me negué a hacerlo yo mismo cuando tenía 15 o 16 años, mi señor. Sumado al hecho de que estábamos en el cementerio donde están enterrados mis abuelos. Bella fue una irrespetuosa, y tuve muchos deseos de matarla allí mismo, pero no lo hice por respeto.
Bellatrix lo miró con desprecio al mismo tiempo que se estremecía involuntariamente. Voldemort lo miró a los ojos, y Scorpius le devolvía la mirada sin una pizca de nervios. El Señor Tenebroso asintió con la cabeza, creyéndole.
-Había una niña en el cementerio. -siguió Voldemort. -Según Bella tenía tus ojos.
Scorpius guardó silencio, sorprendido.
-Pero era idéntica a la hija del mejor amigo de Potter, quien destruyó uno de mis Horrocruxes. ¿Podrías explicarme eso?
Disimuladamente, Malfoy se llevó una mano a su bolsillo. Pero seguía sin decir nada.
-Explícame cómo es eso de que has tenido relaciones con una mestiza, cuando aseguraste sentir desprecio por las personas con una gota de sangre muggle en sus venas. Explícamelo, porque en estos años te has acostado con mujeres de sangre pura únicamente. O eso es lo que dices.
-Yo no siento aprecio por esa niña, sea o no mi hija, mi señor. Es todo lo que puedo decirle.
-Si no sientes aprecio por ella, podemos disponer de su vida, ¿cierto? -le dijo Voldemort con una espantosa sonrisa en su rostro de serpiente.
-Estoy aquí con usted siéndole leal a cambio de que no se le haga daño a mis seres queridos. -le dijo Scorpius sujetando con fuerza su varita, y sin dejar de notar que una de las manos de Voldemort desaparecía de la mesa.
-Acabas de decir que no sientes aprecio por la niña, Scorpius. -le dijo Voldemort sin dejar de sonreír.
Y en ese momento, decenas de varitas apuntaban al corazón de Malfoy al tiempo que todos los Mortífagos a la vez se ponían de pie. Voldemort era el único que estaba sentado, y su rostro era apuntado por Scorpius.
-No siento para nada que todo tenga que terminarse así, Tom. -le dijo Scorpius sin hacer caso al resto de las varitas que lo apuntaban. -Me pone feliz que en casi 13 años de servicio como Mortífago sólo haya asesinado a dos personas. Y estoy a sólo pasos de superarte.
Voldemort rió.
-¿Superar al mago más poderoso del mundo vivo? -se burló. -¿Superar a la muerte personificada?
-Soy joven y entiendo las cosas mucho mejor que tú, Tom. Domino la magia negra de una manera que ni siquiera tú…
-Avada Kedavra!-bramó Voldemort.
El maleficio asesino gritado a viva voz por el Señor Tenebroso chocó con el que salía de la varita de espino del sonriente Scorpius, que invocó el mismo maleficio de manera no verbal. Voldemort se sorprendió al ver que no podía hacer retroceder al Mortífago más joven, su predilecto hasta hacía unos minutos, el hombre al que le había enseñado todo lo que sabía, en quien verdaderamente había llegado a confiar en aquellos 13 años. Sabía que era poderoso; imaginaba que estaba al nivel de Bellatrix pero se equivocaba totalmente: igualaba su poder mágico.
-¡Igual que Lucius y Draco! -bramó Bellatrix, fuera de sí. -¡Sucios y asquerosos traidores!
Scorpius la miró enloquecido, y partió ambos maleficios. Su varita se dirigió ahora a la cara de Bellatrix, y gritó:
-Avada Kedavra!
El chorro de luz verde se dirigió hacia la anciana bruja, que rió e hizo salir el mismo maleficio de su propia varita. Fue todo demasiado rápido; ni siquiera Voldemort reaccionaba: Bella intentó partir los maleficios que chocaron, pensando que su grado de poder mágico era superior al de su sobrino nieto. Pero se equivocó: la varita saltó de su mano y el maleficio asesino de Scorpius le dio justo encima del corazón. Igual que la primera vez que había fallecido, la sonrisa burlona de Bellatrix Lestrange se quedó estática, pero en vez de caer su cuerpo comenzó a convertirse en cenizas delante de todos. Voldemort dio un chillido al mismo tiempo que decenas de maleficios asesinos se dirigían hacia Scorpius.
-Fiendfyre!-chilló éste.
Una tremenda llamarada salió de la varita de Malfoy, y comenzó a tomar formas: primero surgió un dragón, después una serpiente y por último una quimera. Los Mortífagos gritaban el dificilísimo contramaleficio del Fuego Demoníaco, y las bestias malditas se retorcían pero no se desvanecían. Scorpius salió corriendo en dirección a la salida de la guarida, y Voldemort esquivó las bestias y lo siguió corriendo.
Scorpius lanzaba maleficios asesinos por encima de su hombro sin siquiera mirar hacia atrás, pero Voldemort los hacía chocar con los que él mismo lanzaba de su vieja varita de tejo.
-Impedimenta! Incarcerous!
Todos los intentos de Voldemort por detener a Scorpius eran bloqueados fácilmente por éste, que reía mientras sobrepasaba el límite de las protecciones de aquel aguantadero.
-¡La próxima vez que nos veamos será en la Tercera Guerra, Tom! -gritó Scorpius, viendo cómo un maleficio asesino se dirigía hacia él.
Pero antes de que lo alcanzara, se desvaneció.