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Historia 102767 — capítulo 24
Cuando Scorpius llegó al Cementerio Malfoy, vio cómo esta familia, junto con los Potter y los Weasley, estaban a punto de marcharse.
-¡Debemos irnos de aquí, ahora mismo! -gritó, mientras tiraba la máscara de Mortífago al suelo y la prendía fuego con una sacudida de su varita.
-¿Qué sucede? -preguntó Harry, alarmado.
-Deserté de los Mortífagos. -les contó el apuesto hombre, mientras todos se apiñaban alrededor de él. -Me batí con el Señor Tenebroso, asesiné a Bellatrix, invoqué el Fuego Maldito cuando llovían maleficios asesinos en mi dirección y escapé por muy poco de otro maleficio asesino del Señor de las Tinieblas.
Y después de relatar rápidamente todo aquello, antes de que pudieran decirle algo, y cuando se aseguró de que todos estaban tocando una parte de su cuerpo, giró sobre sí mismo y desaparecieron de allí.
•
Hogsmeade estaba totalmente oscuro. Las luces de la calle principal estaban prendidas, pero no había nadie afuera. Los locales estaban todos sin luz. Sólo se veía una débil iluminación al final de la calle, donde se encontraba la taberna Cabeza de Puerco.
-Vamos allí. -propuso Scorpius. -El único que podría entender todo esto no es otro que el hermano de Dumbledore.
Por lo que se dirigieron hacia la taberna, y entraron apresuradamente en ella.
-¡Aberforth! -llamó Harry en voz alta.
Allí había más personas, hablando en voz baja y con botellas en mano. Detrás de la barra, un anciano de cabello y barba largos y blancos, miró sorprendido a los recién llegados.
-Asunto confidencial, Ab. -le dijo Hermione, haciéndole una disimulada seña con la cabeza señalando a los clientes.
Aberforth Dumbledore asintió con la cabeza y empezó a aplaudir con fuerza. Molestos, los clientes terminaron sus tragos, se pusieron de pie poniéndose las capuchas y se retiraron de la taberna. El camarero cerró la puerta, mientras todos iban ubicándose.
-¿Qué es lo que…?
El anciano se quedó duro al ver a Scorpius, y al resto de los Malfoy.
-¿¡Qué demonios…!?
El camarero sacó su varita asombrosamente rápido, pero Harry logró decir:
-¡Espera! ¡Tenemos que explicarte!
-¿De qué demonios me estás hablando, Potter? -bramó Dumbledore. -¡Es un Mortífago, hijo de un ex-Mortífago, nieto de un ex-Mortífago, a quien se lo creía muerto! ¡La última vez que lo vi salió de Honeydukes encapuchado y enmascarado…!
-¡Cálmate! -le pidió Ron en voz alta.
Nadie habló. Rose, Albus, Lily, Hugo y Megan miraban a Scorpius, cuya mirada era fría e inexpresiva.
-Yo compartía los objetivos de los Mortífagos. -le dijo Scorpius con indiferencia. -Pero no me uní a ellos por ese motivo, sino porque como una vez vinieron para llevarse a mi abuelo Lucius, sabía que un día vendrían por mi padre, y que si podían se llevarían al resto de mi familia, porque de una forma u otra estaban relacionados con él, a quien consideran un traidor.
Aberforth guardó silencio. Tomó aire, dispuesto a no interrumpir al apuesto rubio.
-Se me pidió matar a Harry Potter a los dieciséis años. El mismo día que me viste salir de Honeydukes. Pero yo no podía hacerle eso al hombre que se había comportado tan bien conmigo, y mucho menos a sus hijos, que eran mis mejores amigos, y al resto de su familia…
Scorpius no tenía ganas de volver a contar la misma historia, y menos delante de su hermosa hija, que era acariciada por su preciosa madre. Ambas miraban al rubio.
-Por eso a cambio asesiné a mi tía abuela y a mi primo. Para "limpiar" mi árbol genealógico. Y se me ordenó fingir mi muerte. En todos estos años no he controlado, torturado ni asesinado a una sola persona; me dediqué a dominar a fondo la magia negra y a vivir mi vida sin mis seres queridos. Aunque todo era por ellos, para asegurarme que estarían a salvo.
-Cientos de personas estuvieron en peligro muchísimos años antes de que tú nacieras, Malfoy, y no se unían a los Mortífagos para preservar la seguridad de los suyos. -le espetó Aberforth.
Scorpius no le contestó ya que no tenía argumentos para defenderse contra aquel duro comentario.
-Cada uno hace lo que puede, Dumbledore. Yo busqué la mayor garantía de seguridad, en parte sabiendo que lo que estaba haciendo no era correcto.
Aberforth lo miró como si fuera a replicar, pero Ron interrumpió:
-Déjalo que continúe, Ab.
-Después de doce años me he reencontrado con todos ellos en el Cementerio Malfoy, ya que estaban enterrando a mi abuela Narcisa. Conocí a mi hija Megan, sin saber que ella existía hasta el día de hoy. Potter y Weasley iban a llevarme detenido, pero después de que les conté esta misma historia y con un poco de ayuda de Albus, cambiaron de opinión.
Aberforth miró al segundo hijo de Harry, que no dejaba de mirar a quien había sido su mejor amigo.
-Deserté de los Mortífagos hace 10 minutos, y estoy totalmente al servicio de los aurores y de la comunidad mágica. Es obvio que tendré que ir a juicio por los asesinatos que cometí, para explicar por qué sigo con vida…
-Y por muy noble que te creas o que te puedan creer todos ellos, te darán cadena perpetua. -soltó el anciano.
-Como sabrás, Dumbledore, Severus Snape fue un Mortífago que reveló información confidencial que contribuyó a la desaparición temporal del Señor de las Tinieblas y a que Harry Potter tuviera que criarse con muggles debido a que quedó huérfano. Y sin embargo, después de demostrar un profundo arrepentimiento de sus acciones, Snape fue absuelto por la Junta de la Ley Mágica ayudado por tu propio hermano, y volvió a la sociedad trabajando para él.
Aberforth seguía mirando encolerizado al hombre rubio. Recordó aquella vez que lo había visto enmascarado; aún así conocía su agraciado semblante, pero ahora era mucho mayor.
-Es inútil que me cuentes esto último, Malfoy. -le espetó, enojado. -Ya lo sé todo.
-El Señor de las Tinieblas está vivo, Dumbledore. -le dijo Scorpius de un tirón.
Aberforth se agarró de la barra para no caerse. La rodeó y se acercó a las tres familias, sin dar crédito a lo que había escuchado.
-¿El Innombrable vivo? ¿Qué disparate es éste?
-Existe una magia muy pero muy oscura, oculta en el seno familiar de los Lestrange. Sirve para traer a los muertos desde el otro mundo utilizando cadáveres. Cuando los Mortífagos lograron escapar de Azkaban, lo primero que hizo Rodolphus Lestrange fue traer de la muerte al Señor de las Tinieblas, a su esposa Bellatrix, y al resto de los Mortífagos que cayeron.
Aberforth miró totalmente incrédulo y desconfiado a Harry… Después a Ron… A Hermione… Y a Ginny. Pasó rápidamente la vista por Draco y Astoria… Por las atractivas gemelas… E hizo caso omiso del resto de los presentes.
-Hoy fuimos con Bellatrix a ver la tumba de mi abuela, y ocurrió el reencuentro. Bellatrix intentó matar a Potter, y yo se lo impedí. Desapareció. Cuando regresé a la guarida donde habitan hace 26 años, el Señor de las Tinieblas me preguntó si yo me había relacionado con una mestiza, ya que Bella le contó que en el Cementerio había una niña que portaba mis mismos ojos. Cuando me dio a entender que dispondrían de su vida, me negué… Y aquí estoy.
Aberforth todavía no podía creer lo que estaba sucediendo, las cosas que tenía que oír con la edad que tenía…
-El Señor de las Tinieblas entiende muchas cosas que antes no. Es más fuerte que nunca. Lo único que pude hacer es volver a asesinar a Bellatrix… Y una vez que una persona es revivida mediante la Nigromancia y vuelve a perder la vida, no puede regresar nuevamente bajo ningún tipo de circunstancia.
-¿Y qué es lo que piensan hacer ahora? -preguntó Abertorth mirando a todos los adultos.
-Pienso entregarme y declarar todo lo que te he dicho, más toda la información que he recaudado. Pediré a cambio inmunidad absoluta, acudiendo una vez más al caso de Severus Snape, y sin duda…
-¿Qué? -preguntaron esta vez Harry y Ron.
-Se declarará la Tercera Guerra. -sentenció Scorpius.