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Historia 102767 — capítulo 3
Pasarían muchos años hasta que Scorpius Malfoy lograra entender que su abuelo no se había dormido y que no se había ido de viaje a algún lugar en el planeta tierra, sino que no estaba en este mundo y que el viaje que había hecho era sólo de ida.
Los Mortífagos enviaron el cadáver de Lucius metido dentro de una bolsa negra el mismo día que fue asesinado. Fue velado y enterrado en el Cementerio Malfoy, bastante lejos de la Mansión. Después de eso, no habían dado señales de vida en casi diez años, pero eso Scorpius no lo sabía porque sus padres no hablaban nunca de aquel tema. El rubio sospechaba que incluso sus hermanas gemelas podían llegar a tener algo de información, pero ellas seguían tratándolo como si fuera un bebé (algo que no le desagradaba) y si sabían algo jamás se lo dirían.
Recordó aquella pequeña aventura en la que había visto por última vez a su abuelo, intentando vislumbrar algún rasgo del hombre que se había agachado junto a él para que dijeran juntos las palabras "Avada Kedavra". Sabía ahora que su abuelo había sido asesinado, y que sus padres, su abuela y todos los adultos a los que les había preguntado sabían más de lo que aparentaban. Quizás en el colegio al que se dirigía averiguara algo: acababa de despedirse de sus padres y estaba acomodando su equipaje en el portaequipajes de uno de los compartimientos del Expreso de Hogwarts.
No muy lejos del compartimiento donde Scorpius acomodaba sus pertenencias, dos niños negaban la oferta de sus primas de quedarse con ellas.
-Tenemos cosas de qué hablar. -se excusó Rose Weasley.
-Privadas. -agregó Albus Potter.
Molly, Lucy, Roxanne y Dominique Weasley se encogieron de hombros al mismo tiempo, como si se hubieran puesto de acuerdo, y cerraron la puerta de su compartimiento. Más allá escucharon las voces de los hermanos mayores de Albus y Roxanne, James y Fred, respectivamente. Albus decidió pasar rápidamente para evitar que su hermano lo molestara, y caminó decidido sin prestar atención a los gritos de James cuando pasó junto a la puerta abierta de su compartimiento. Casi llegaron al final del tren y no había un solo compartimiento vacío; la mayoría iban llenos.
-Ahí hay un… -empezó Rose.
Se calló bruscamente y se ruborizó. Albus volteó y miró a su hermosa prima. Acto seguido, espió dentro del compartimiento que Rose había señalado y vio a un niño rubio cómodamente repantigado en uno de los asientos, leyendo un enorme libro.
-Es el hijo de los Malfoy. -susurró Rose mirando atontada al chico. -Papá me dijo que lo evitara y que lo superara en el colegio, pero antes de que pudiera verlo mejor, volteó y… no vi su cara.
-Rose, tío Ron es un hombre muy prejuicioso. -le espetó Albus a su prima. -Nosotros mismos debemos verificar si este chico es como nos han contado tu papá.
-Pero, Al… -empezó Rose sin despegar la vista del hermoso niño.
-Me harté de buscar, y no quiero estar con James, ni tampoco con las chicas, porque siempre hablan de asuntos que no me interesan…
-¿Y sobre lo que íbamos a hablar nosotros?
-Tendremos tiempo en Hogwarts. -dijo Albus, y se acercó a la puerta del compartimiento.
Scorpius levantó la vista sorprendido al ver que dos niños entraban en su compartimiento. El chico era bastante agraciado, alto, de revoltoso cabello negro y ojos color verde oscuro. La chica era hermosa, de baja estatura, de lacio cabello castaño claro y ojos color miel.
Ellos lo observaron a él: por la longitud de sus piernas y su torso notaron que era alto, aunque no tanto como Albus. Su cabello era rubio platinado, y sus ojos color verde grisáceo. La expresión en su rostro era de arrogancia. Rose se ruborizó al ver sus preciosos ojos, y desvió la mirada.
-¿Podemos quedarnos aquí contigo? -le preguntó Albus.
Scorpius asintió y volvió a su lectura. Intentando no recordar las cosas de la familia de ese chico que le había contado su tío Ron, Albus ayudó a Rose con su equipaje y después de que éstos estuvieron en su lugar, Potter se acercó al rubio.
-Soy Albus Potter.
Scorpius volvió a levantar la mirada y vio al chico extendiendo su mano. El rubio apoyó el libro en su regazo y apretó su mano.
-Soy Scorpius Malfoy, es un placer. -se presentó riendo.
La mirada fría que les había dirigido de un principio desapareció, y a Rose le agradó un poco más. Scorpius corrió el libro a un costado del asiento sin cerrarlo y se puso de pie. Se acercó a Rose y ésta notó cómo sus pálidas mejillas adoptaban un bonito color rojo.
-Puedes decirme Scor.
-Rose Weasley. -se presentó la niña colorada como un tomate.
Dudaron por una milésima de segundo, y se dieron un beso en la mejilla. A ambos les gustó, y cada uno se dio cuenta que al otro le había agradado porque sonrieron al mismo tiempo. Scorpius volvió a donde estaba sentado, Albus se sentó frente a él, y Rose junto a su primo.
-¿Qué lees? -le preguntó Rose.
-Historia de Hogwarts. -contestó el apuesto chico arrastrando las palabras con arrogancia, sin despegar la vista del libro. -Es la versión nueva, con los acontecimientos de los últimos años…
Siguieron hablando de todos los temas que se le vinieron a la cabeza, sin dormirse en ningún momento del largo viaje porque los tres sabían cosas que los otros dos no, haciéndolo en verdad interesante.
Por alguna razón, no tocaron el tema de las casas, y horas más tarde, después de que el hombre que se presentó como Profesor Longbottom lo llamara, de que todos los murmullos se convirtieran en un sepulcral e incómodo silencio, de sentarse en un taburete frente a todo el colegio y de escuchar al Sombrero Seleccionador enviarlo a Slytherin ni bien rozó su cabeza, pensó que le hubiera gustado poder elegir su casa para poder ir con sus dos primeros amigos, ya que sabía que éstos no serían elegidos allí ni de casualidad. Y no se equivocó: tanto Albus Potter como Rose Weasley fueron enviados a Gryffindor a los pocos segundos de ponerse el Sombrero Seleccionador. Ambos lo miraron, sentado en la mesa de Slytherin rodeado de niñas mayores que él. Pero Scorpius no prestaba atención a eso: les devolvió a ambos la misma mirada de tristeza que ellos portaban porque no estarían todo el tiempo juntos como tenían ganas de estarlo desde el primer momento en que pensaron "me agrada".
•••
No fue tan malo como Albus Potter, Rose Weasley y Scorpius Malfoy pensaban. Los alumnos de Gryffindor y Slytherin compartían todas las clases, y el trío era inseparable. Desde la primera clase de Primer Año demostraron ser extremadamente inteligentes. Rose era probablemente la que más se destacaba en clase, ya que Albus y Scorpius se distraían mucho hablando en voz baja. Sin embargo, a los profesores les gustaba lo curioso que era Malfoy, y la sed de conocimiento que tenía.
A pesar de llevarse muy bien con Rose y considerarla su mejor amiga, Scorpius tenía problemas con ella muchas veces porque siempre quería ser el mejor en todo; era en verdad muy competitivo, un digno Slytherin. Aquella actitud, sumada a su arrogancia que cada día aumentaba más, molestaba mucho a la hermosa chica, pero nunca hacían otra cosa que discutir. Albus, en cambio, sólo se preocupaba por hacer su tarea lo mejor posible, evitaba hacer demasiadas preguntas y siempre lograba que Rose y Scorpius hicieran las paces.
Cuando llegaron las vacaciones de Navidad y sus padres decidieron ir a recogerlos en vez de que tomaran el Expreso de Hogwarts, se encontraron con la noticia de que sus hijos eran amigos. Parecía increíble, pero Draco no tuvo ningún tipo de problema, ni tampoco Harry. Sólo Ron parecía resistirse al hecho de que en casi 4 meses, su hija consideraba mejor amigo al hijo del hombre que había odiado durante toda su adolescencia. Sin embargo, tanto su hermana Ginny como su esposa Hermione lograron persuadirlo de que la Familia Malfoy había cambiado (pues no habían buscado a los desaparecidos Mortífagos), y no tenía ahora objeciones para que Scorpius pasara las vacaciones de Navidad, Pascua y verano en su casa, o que su hija y su sobrino lo hicieran en la Mansión Malfoy.
Por estricta orden de sus padres, Scorpius nunca se arremangaba y siempre cuidaba que sus compañeros de cuarto no lo vieran sacarse la camisa antes de acostarse a dormir, para que no vieran la Marca Tenebrosa que llevaba grabada a fuego hacía casi 12 años. Sabía que asustaría a cualquier persona que viera su tatuaje, y muchas veces que lo habían molestado con el oscuro pasado de los Malfoy se había tentado de arremangarse y mostrarles aquel cráneo negro para intimidarlos.
La materia favorita del ahora adolescente era Defensa contra las Artes Oscuras. Durante los primeros tres años se habían dedicado a ver las criaturas tenebrosas, como los Boggarts, los Kappa, los hombres lobo, etc. Su profesor, Ernie McMillan, les dijo que a partir de Cuarto Año empezarían con los hechizos y encantamientos para contrarrestar las fuerzas oscuras. Scorpius ansiaba desde pequeño llegar al cuarto año de su educación sólo para aprender todos esos conjuros, que eran bastante complejos. Pero Scorpius siempre se destacaba: era incluso mejor que Rose, y en esos pequeños torneos que el profesor armaba siempre quedaba primero, nuncahabía perdido.
A los chicos les daba mucha rabia ser desarmados o aturdidos por el apuesto rubio sin que él sufriera un solo daño en cada duelo en el que participaba. Esto lo hacía muy admirado por las chicas, lo cual sumado a su arrogante carácter, y a ser miembro de la casa Slytherin lo convertían prácticamente en un blanco humano. Sin embargo, por muchas horas que pasaran practicando para batirse a duelo, jamás llegaban a derrotarlo. Se creía que había superado incluso a su profesor de Encantamientos, Filius Flitwick cuando tenía 20 años, ya que éste había sido campeón de duelos.
El siguiente año sería el de las Matrículas de Honor en Brujería, y Scorpius no sabía qué era lo que quería ser una vez que finalizara sus estudios en Hogwarts. Estaba la carrera de auror, pero ésta no lo atraía demasiado. No desde que el profesor McMillan les habló de las Artes Oscuras, y de lo poderosas que eran, de lo difícil que era contrarrestarlas y de lo aún más difícil que era llevarlas a cabo. Scorpius amaba los retos, y si ya era considerado a los 14 años más poderoso que su profesor de Encantamientos a los 20, sabía que con las Artes Oscuras nadie sería capaz de superarlo. La noche antes de que finalizara Cuarto Año, se coló en la Sección Prohibida de la biblioteca bajo un encantamiento desilusionador, y quedó atrapado por la magia negra, aún más que Tom Riddle, Lucius Malfoy, Severus Snape e incluso su padre cuando éstos asistían al colegio. Había muchas cosas que no sabía y que pondría en práctica ni bien se le presentara una oportunidad. Se había propuesto una meta: convertirse en el nuevo mago más poderoso del mundo. Sabía que superaría algún día a Albus Dumbledore y a lord Voldemort, ya fallecidos.
O eso era lo que él creía, al menos de uno de ellos.