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Amado Enemigo — capítulo 4

Capítulo 4

Bella POV.

El objeto viajo y a mitad del camino ya me había arrepentido de lanzarle semejante cosa, mi mano había tomado de su mesa un reconocimiento de cristal, seguramente era uno de los que se había ganado por mejor estudiante o por la mejor interpretación del piano. El reconocimiento viajo a tal velocidad que no le dio tiempo a Edward de quitarse y con un golpe sordo cayo al suelo y el sonido del cristal rompiéndose me hizo temerme lo peor.

Corrí hacia donde se encontraba tirado pero al acercarme por todos lados estaban regados cristales y una horrible cortada, que se veía bastante profunda estaba en la mayor parte de su frente, la sangre salía a borbotones y sus ojos estaban cerrados, la respiración se me fue en ese instante al ver a Edward inconciente.

No me importo que los cristales pudieran lastimarme y rápidamente me arrodille a su lado.

—Edward—lo llame, pero seguía sin moverse. —Edward por favor—le rogué mientras movía su hombro para que despertara—Edward por favor abre los ojos—en ese momento una gota de agua cayo en su frente diluyendo un poco la sangre que salía, me erguí rápidamente y me constante que había sido una de mis lagrimas, había empezado a llorar sin darme cuenta.

Los sollozos de mi garganta se hicieron más intensos por que seguí llamándolo y seguía sin abrir los ojos. Corrí al baño y regrese en tiempo record con una toalla, alcohol y algodón. Quite un cristal que seguía en su frente y en seguida puse la toalla, puse alcohol en el algodón y lo acerque a su nariz para que lo oliera.

En seguida empezó a hacer gestos y lentamente abrió los ojos, un suspiro de alivio salió de mis labios al volver a ver aquellos ojos verdes—Dios, me asustaste mucho— le dije, el solo me miro por segundos para después hacer un gesto de dolor, se llevó una mano a su frente.

— ¿Qué diablos? —dijo mientras se quitaba la toalla de la frente y miraba la cantidad de sangre que contenía — ¡¿Acaso querías matarme? —me dedico una mirada de odio.

—Lo siento Edward —aun no controlaba los sollozos y con aquel reclamo de Edward no pude contener las lágrimas que salían de mi ojos—no era mi intención…—mire hacia otro lado para que no me viera en ese estado.

Voltee rápidamente al escuchar que se quejaba, estaba intentando levantarse, apoye una mano en su nuca y lo ayude a levantarse y a acostarse en la cama.

—Voy a llamar a un doctor—le dije una vez que se acostó, pero apenas me iba dar la vuelta cuando tomo mi mano y me detuvo en el acto.

—No es para tanto—me dijo dedicándome una intensa mirada—ya estoy bien, solo quédate aquí conmigo. —Solo pude asentir y mis lágrimas comenzaron a cesar.

—Solo deja que voy por el botiquín, para curarte bien.

—Está bien—dijo soltando mi mano—solo no tardes mucho.

Salí corriendo de su habitación hacia el baño, ahí tome todo lo que necesitaba para curarlo. Salí corriendo del baño y me tope con Alice que solo me miro raro, yo solo le dedique una mirada, abrí la puerta del cuarto de Edward, entre y la volví a cerrar, esta vez le puse seguro. Edward me miraba con una expresión de curiosidad mientras me acercaba a él y me sentaba a su lado en la cama.

— ¿Te duele mucho? —le pregunte mientras empapaba el algodón con el agua oxigenada.

—Ya no tanto—me dijo— ¿que ese líquido? ¿No es alcohol verdad? —me dijo con una cara de asustado. Me reí de su expresión.

—Es solo agua—le dije con una enorme sonrisa—no te va a doler—le dije mientras colocaba el algodón tratando de limpiar, después de que el algodón lo toco, relajo su expresión al percatarse que no le ardía.

Cuando vi que estaba totalmente limpia me percate que no estaba tan profunda como lo había supuesto en un principio. Tome un nuevo algodón, pero estaba vez lo empape de alcohol, Edward se tenso en el acto.

—Cre… creo que es suficiente con lo que has hecho—me dijo en una sonrisa—no es necesario que continúes—me reí de él.

—OH vamos Edward, solo es alcohol—le dije con una sonrisa burlona—no te comportes como un niño

—No me estoy comportando como un niño—dijo claramente enojado—solo…solo ten cuidado— me dijo suspirando audiblemente, cerro los ojos y aproveche ese momento para poner el algodón en su herida. Rápidamente abrió los ojos y echo la cabeza mas para atrás sumiéndola en la almohada — ¡Te dije que tuvieras cuidado!—me reclamo.

—Si te estuvieras quieto lo tendría—le dije ya un poco enojada. Volví a colocar el algodón esta vez con más cuidado, Edward solo hizo un gesto de dolor—ya vez como no era para tanto, pero te quejas como un niño de 5 años.

—Si fueras menos brusca y te comportaras con más delicadeza seria otra cosa— ese comentario hizo que me enojara y presione más el algodón contra la herida—¡AUCH! ¡Bella! —me grito.

—Deberías agradecer que te estoy curando—le dije con un tono más alto de voz de lo normal, ya estaba enojada—y no estarte quejando como un niño pequeño.

— ¿Por qué tendría que agradecértelo? Tu fuiste la loca que quería matarme—me dijo—Es lo mínimo que deberías hacer por mi —No supe que responder a su comentario, él tenía razón, esta vez me había pasado, no debí arrojarle esa cosa.

—Es tu culpa—le dije mientras colocaba nuevamente el algodón y esta vez con mucho cuidado de no lastimarlo.

— ¿Por qué rayos iba ser mi culpa?

—Por hacerme enojar—le dije mientras ponía la gasa sobre la herida.

—Solo trataba de demostrarte un punto—me dijo mientras me dedicaba una enorme sonrisa, le coloque unas cintas para sostuvieran la gasa, pero presione mas de lo necesario, solo hizo un gesto de dolor pero no me dijo nada.

—Pues no demostraste nada—le dije ya enojada—ya te dije que no soy tuya.

—Eres mi prometida, eso te hace mía—me dijo con una sonrisa de arrogancia.

—Entonces eso también te hace mío—su sonrisa se hizo más grande de lo posible.

—Eso es lo que quieres ¿no es verdad? Por eso te enojas tanto con Jessica y Tanya, solo me quieres para ti.

—Yo no dije semejante estupidez—le grite, pero podía sentir como la sangre se me subía a la cara—solo lo dije porque tú lo dijiste primero—iba a levantarme de la cama pero Edward fue más rápido me sujeto por la cintura y se movió de tal manera que me dejo acostada en su cama y él sobre mí.

—Admítelo—me dijo mientras su rostro se acercaba peligrosamente al mío—Estas celosa de ellas.

—Cla…claro que no—le dije mientras desviaba la mirada hacia otro lado evitando su mirada que me estaba poniendo nerviosa—porque tendría que estar celosa, puedes hacer lo que se te pegue la gana, no me importa—le dije mientras ponía mis manos en su pecho, por un momento pensé en acariciarlo, pero hice todo lo contrario e intente alejarlo de mí, su cercanía me estaba poniendo bastante nerviosa. —Tu eres el celoso—le dedique una sonrisa traviesa—no dejas que Jacob se me acerque y apuesto a que te encanta tenerme así de cerca— rápidamente se quitó y se sentó en la orilla de la cama.

— ¿Por qué tendría que gustarme? —me dijo mientras yo me paraba completamente de la cama—No eres nada bonita, ni femenina, pareces una tabla.

—Pues tu tampoco te quedas atrás—le grite ya enojada—te crees el muy galán, pero la verdad es mas lo que dices que lo que eres.

—Y que—me grito—seguro que el que te gusta es Jacob

—Y eso a ti que te importa—le grite—no es tu asunto, así que déjame en paz.

—Claro que es mi asunto—me grito—eres mi prometida

—Pero no por gusto—le grite mientras trataba de abrir la puerta, Edward me tomo por los hombros, me voltio hacia él y me recargo en la puerta.

—Admítelo—me dijo mientras sujetaba mi cintura y acercaba su cuerpo al mío hasta dejarme presa entre su cuerpo y la puerta—Yo se que me quieres, si no por que llorabas hace rato por una pequeña cortada—agache mi cabeza, ya que su mirada intensa no me dejaba pensar.

—Solo me preocupe—le dije—tampoco te emociones tanto—quise que mi voz saliera mas fuerte y un poco amenazante, pero salio demasiado quedito para mi gusto y un poco melosa.

—La gente se preocupa por las personas que quieren—me dijo mientras su mano derecha tomaba mi barbilla y me hacia voltear hacia el, se veía increíblemente guapo, su cabello despeinado, esa intensa mirada verde que me dedicaba, y aquel parche en su frente solo le daba un poco de ternura a su aspecto—dime la verdad Bella—me dijo mientras acercaba sus labios a los míos— ¿me quieres aunque sea un poco? —me dijo mientras rozaba deliciosamente mis labios con los suyos, podía sentir como un escalofrío recorría toda mi espalda por su acercamiento, su dulce aliento me embriagaba haciendo que mi mente se nublara.

—Yo…yo no podría enamorarme de alguien tan…—mi voz salía casi en un susurro, mientras me perdía en su intensa mirada verde—tan egoísta, engreído, machista e insensible como tu—le dije en un susurro mientras mis labios rozaban deliciosamente contra los de él, mis manos se apoyaron en su pecho y sin que lo ordenara tomaron vida propia moviéndose hasta llegar a sus hombros y recorrer sus brazos en una caricia. Cerró súbitamente los ojos y apretó su agarre a mi cintura juntándome más a su cuerpo.

—ba…basta Bella—tartamudeo mientras sacaba todo el aire de sus pulmones—me estas volviendo loco—sonreí ante lo que podía provocar en Edward y volví a subir mis manos por sus hombros y esta vez enrede mis manos a su cuello e hice lo inimaginable me atreví a morder un poco su labio inferior.

— ¿Qué es lo que te vuelve loco? —le pregunte inocentemente — ¿esto? —le dije mientras besaba su labios— ¿o esto? —le dije mientras mi labios se aproximaban a su cuello y dejaba besos húmedos ahí.

Edward sujeto mi nuca y dirigió mi boca hacia la suya, me beso como nunca lo había hecho nunca, eran un besos demandantes, cargados de pasión, yo solo atine a enredar mis dedos en su suave cabellera y acerque mas mi cuerpo al suyo necesitando de repente de su calor.

—Todo—me dijo entre besos—todo me vuelve loco de ti. —me dijo mientras me besaba como si en eso se le fuera la vida, yo le correspondí con la misma necesidad, y con esa misma necesidad comencé a frotar mi cuerpo contra él, lo necesitaba y lo necesitaba demasiado. —Bella—mi nombre salio de sus labios entre jadeos.

Sentí que todo me daba vueltas, estaba totalmente perdida entre sus labios y su cuerpo, sus manos dejaron mi cintura para empezar a vagar por todo mi cuerpo, cuando sus manos fueron a dar a uno de mis pechos un gemido se escapó de mis labios amortiguándose en los labios de él, pareció como si eso fuere más incentivo, ya que sus besos volvieron a cobrar fuerza, sus mano rápidamente fueron a mi trasero levantándome, yo enrede mis piernas en su cintura y recargo mi espalda en la puerta y sin esperármelo comenzó a moverse presionando su pelvis contra mi intimidad, ahí lo sentí, sentí como su miembro presionaba mi intimidad desatando un enorme calor y acumulándose en mi bajo vientre

—Edward—su nombre salió de mis labios en un especie de súplica, mientras sus movimientos se aceleraban, ahora la ropa me parecía tan estorbosa entre él y yo. —Edward, te necesito—le dije entre gemidos, él se separó un poco de mí, me dedico una mirada intensa y camino sin ninguna dificultad hacia su cama, ahí me dejo acostada y se colocó entre mis piernas.

Yo inmediatamente lleve mis manos a su pecho y sin pedirle permiso empecé a quitarle su playera, el al ver mi intensiones se la quitó y acerco su boca a mi cuello y comenzó a dejar besos húmedos por toda la extensión de mi cuello, mi respiración se había vuelto irregular, mientras su movimientos pélvicos hacían que una desesperación se empezara acumular en mí, tenía que quitarle los pantalones rápido, mi manos acariciaban los músculos de su espalda, hasta llegar más abajo y colocarlas en su firme trasero presionándolo más contra mí. Un gruñido sensual salió de sus labios ante mis actos. Dejo de besar mi cuello para besar más abajo, con su mano derecha bajo mi blusa lo más que pudo para besar el nacimiento de mis pechos con tal desesperación, succionaba hasta que dolió, pero era un dolor verdaderamente delicioso. Subió mi blusa hasta que estuvo a su vista mis pechos y sin ningún pudor bajo el brassier hasta dejarlos libres y sin preguntarme llevo uno a su boca, un sonoro gemido dejo mi boca. No sé cuánto estuvo haciendo eso, pero llego un momento que sin pensarlo mi pelvis subía para poder lograr algún roce contra él, ya todo me estorbaba, su ropa, la mía. Sus manos tomaron mi cadera para sujetarla y su boca fue a dar a mi abdomen haciendo un camino de besos hacia más abajo, mi respiración se hacía más irregular y el calor de mi bajo vientre se hacía más intenso, comenzó a desabrochar el botón de mi pantalón y bajo el cierre, dejo un beso húmedo en la orilla de mi pantaleta, sentía que enloquecía en ese instante, lo necesitaba de sobremanera.

Un golpe hizo que Edward se irguiera y yo con él.

—Ábranme chicos—la voz de mi padre se escuchó al otro lado de la puerta, salte de la cama a una velocidad que seguramente en otra ocasión me hubiera hecho caer, pero esta vez caí equilibradamente, acomode mi brassier, baje mi blusa y cerré mis pantalones, Edward salió de la cama se puso de su playera y se dispuso a abrir la puerta.

— ¡¿Qué fue lo que te paso chico? —fue lo primero que pregunto mi padre al ver a Edward.

—Nada, ¿Por qué? —pregunto Edward confuso.

—Por el enorme parche que tienes en la frente—esta vez la que hablo fue Alice que se encontraba atrás de mi padre.

—ah! esto—dijo Edward tocándose su frente, se quedó pensando como si estuviera pensando en que decir.

—Fui yo—dije llamando la atención de mi padre. Inmediatamente el me miro con cara de decepción.

—¿Estas bien muchacho? —mi padre le pregunto a Edward. —perdona a mi hija, ya la conoces a veces suele ser un poco…agresiva—dijo mi padre, y me dieron unas tremendas ganas de golpearlo. ¿Agresiva yo?

—Sí, no se preocupe señor, ya me estoy acostumbrando—dijo Edward esbozando una sonrisa que claramente decía que se le hacía divertida esta situación.

Esa fue la gota que derramo el vaso.

—¡¿De qué demonios están hablando? —le grite—Edward me hizo enojar, yo solo le di su merecido.

—¡Querías matarme! —grito Edward mirándome a los ojos.

—Pues es una lástima que no lo haya logrado—le grite—así ya no estarías cerca de mí.

—Hace un rato no te molestaba mi cercanía—me dijo mientras una sonrisa de arrogancia se dibujaba en su cara, de repente toda la sangre se me fue a la cara al recordar lo que hace apenas unos minutos estábamos haciendo.

—Eres un pervertido—la voz me salió un poco temblorosa ya que la imagen de Edward sin playera vino a mi mente.

—¿De qué están hablando chicos? —Edward y yo volteamos a ver a mi padre, ya me había olvidado de su presencia.

—na…nada—dijo Edward algo nervioso.

—Que ya no lo soporto—dije—lo quiero lo más lejos de mí.

—Pues no parece—dijo Edward—sigues en mi cuarto.

—Eres insoportable—le dije mientras salía de ahí claramente enojada empujando a mi papa y a Alice a mi paso.

Prácticamente corrí hacia mi cuarto.

Una vez ahí trate de contener la respiración, aun sentía ese cosquilleo entre mis piernas y mi repentino enojo era de frustración.

Por qué rayos se le ocurrió a mi padre interrumpir en un momento así.

Si mi padre no hubiera interrumpido no sabía que hubiera pasado, en ese momento no pensaba en alejarlo de mí, el solo pensamiento de cómo se sentiría tener a Edward dentro de mi hizo que un enorme nudo se acumulara entre mis piernas, haciéndome suspirar de frustración, ahora me daba cuenta que lo deseaba, lo deseaba demasiado.

uuuu...que opinan? ya esta naciendo la atraccion entre ellos?...

Besos. Nos estamos leyendo. ¿Me dejan un comentario?