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¿Te casarías conmigo? — capítulo 5

No podía creer que lo tuviera en sus manos. De verdad que no daba crédito a como Damián había firmado aquel pedazo de pergamino sin siquiera dudar. No le había dicho ni una vez más que la amaba, no dijo que la extrañaría, ni siquiera preguntó si la volvería a ver o si la reconocería de nuevo. Simplemente le había hecho una pregunta, muy injusta, antes de firmar:

"¿No puedes dejar de ser bruja, verdad?"—había dicho él, sosteniendo una pluma muggle. Y su respuesta había sido obvia:

"No, no lo puedo dejar, no es como el ballet"—fue su contestación, aunque solo la había llenado más de rencor.

"Jamás te pedí que dejaras el ballet y menos ahora te pediré que te quedes" —fue el cruel comentario que se ganó antes de que su aún esposo firmara el pergamino y prácticamente la echara del apartamento donde habían vivido.

Esas fueron las últimas palabras, sin despedidas, sin un beso por los viejos tiempos, sin nada más que indiferencia y resentimiento. La verdad es que la situación era ridículamente decepcionante e injusta, su historia de amor no debería de haber terminado así. El hombre al que había amado tanto, por el que había dejado todo no le debería de haber pagado así, actuando como si jamás se hubieran amado. Lo peor del caso es que posiblemente en unas horas, así sería, no recordaría ni siquiera su nombre.

Parecía ser una pesadilla, pero para su desgracia era tan real como el día que había abandonado el apartamento por primera vez, solo que ahora si llevaba todas sus cosas y, sobre todo, llevaba ese pedazo de pergamino que era lo equivalente al divorcio que él le había pedido. Aunque estaba en sus manos entregar o no ese papel, sabía que no podía hacer nada al respecto, simplemente no había nada que hacer. Algo se había roto y quizás era el simple hecho de saber que él no la quería tanto como ella pensaba, de hecho, quizás jamás la había querido de verdad.

Si, posiblemente las cosas no habían funcionado por eso. Su supuesto amor siempre había sido muy apasionado y acelerado. De hecho no llevaban mucho de conocerse cuando decidieron casarse. Además se llevaban siete años de diferencia y era obvio que él era un lobo feroz con experiencia, mientras ella era una ingenua bruja que se creía una princesa.

La verdad, lo mejor era que todo terminara de una vez, porque al final de cuentas, aquello no había sido amor. Aunque no negaría que le dolía como los mil demonios, pero se repetía mentalmente que solo era una mala racha, que todo pasaría pronto. Solo le quedaba continuar y darle tiempo al tiempo para que los recuerdos se borraran. Ella sobreviviría sin él, ya lo había hecho antes. Había sobrevivido sin su familia y sin nadie, sabía que lo podía hacer de nuevo, aunque quizás ya no hubiera una Madame Bouvier para apoyarla, por lo menos en esta ocasión tenía trabajo en el ministerio y eso ya era ganancia.

Suspiró y apretó el pergamino, guardado en esa carpeta verde, contra su pecho. Era hora de hacerlo, no debía de perder más tiempo. En cuanto entregara ese documento, tendría todo el tiempo del mundo para olvidar a Damián, aún cuando él la olvidara a ella en cuestión de segundos. El tiempo era cosa curiosa, pero al final de cuentas, el tiempo era el único factor para determinar si todo estaría bien. Y ella sabía que todo estaría bien o al menos de eso se quería convencer.

Con paso firme, entró al Ministerio de Magia, dirigiéndose a la Oficina de Enlace con Muggles...

O-O-O

Cerró los ojos con fuerza, como esperando recibir un golpe o algo, aunque ese golpe nunca llegó. Pasaron unos segundos y en vista de que ese golpe de verdad no llegaría, el rubio de finas facciones abrió sus ojos y se topó de nuevo con Pansy. La chica mantenía su mano en alto, temblorosa, pero lista para cachetear al hombre frente a ella, aunque aparentemente no tenía la fuerza para hacerlo. La pelinegra se había quedado inmóvil y si no fueran por las gruesas lagrimas que brotaban de sus ojos, Draco hubiera jurado que su esposa había sido petrificada.

El silencio se hizo presente por varios segundos, donde ella parecía seguir en trance y Draco solo la observaba, expectante a que reaccionara.

—¿No piensas decir nada? —terminó preguntando Draco, ante la carencia emocional de su esposa.

—¿Que quieres que diga? —preguntó ella, en un susurro y bajando el brazo, finalmente.— Hace no más de dos horas me has dicho que no me amas y me acabas de pedir el divorcio —dijo con tono reflexivo.— Dime, Draco... ¿Qué quieres que diga? —volvió a repetir en voz baja, con los ojos clavos en el suelo.

—No lo sé —admitió el heredero Malfoy.— Quizás que no quieres aceptar lo que digo, que no te quieres divorciar o que estás de acuerdo o algo...

—¿A caso es una prueba? —lo interrumpió la pelinegra, sin poner mucho cuidado a lo que él decía. Pansy parecía estar perdida en su mundo, desconectada de la realidad. Una realidad donde su esposo, el hombre que ella adoraba, parecía tener prisa por deshacerse de ella.

—¿Una prueba? —repitió Draco con ingenuidad, intentando descifrar lo que cruzaba por la mente de la chica.

—Si —contestó Pansy.— Algo así como que tengo que decir que no, para demostrarte que jamás te dejaría, que siempre lucharé por ti... o si tengo que decir que sí, para demostrarte que mi amor es puro y honesto, dejándote ir si así eres feliz... —comenzó a decir, más para si misma que para su esposo.

—Pansy... Pan... Pansy... —le llamó varias veces el rubio, para llamar la atención de ella, pues la chica seguía como ausente.— Esta no es ninguna prueba —declaró, cuando la pelinegra volteó a verlo y dejó de argumentar.— Esto es simplemente lo que es, una petición de divorcio.

—Entonces dime por qué —pidió, con la voz algo quebrada.— ¿Por qué, Draco? ¡Yo te amo! ¡Te adoro y siempre te lo he demostrado!

—Lo sé —concedió el rubio, tomando de los hombros a su esposa, para tranquilizarla.— Pero tú misma lo acabas de decir, el problema es que yo no te amo, Pansy. Eres, has sido y siempre serás una gran amiga, una chica linda y muy leal, mi princesa de Slytherin —dijo, intentando sonar serio y comprensivo a la vez.— Y por favor, perdoname por haberte ofendido en la oficina y perdoname aún más por esto, pero la verdad, no podemos seguir así, no podemos... —añadió, sintiendo como su corazón parecía haberse transformado en un dragón que arañaba su pecho por dentro.

—No es justo —sollozó la pelinegra, abrazándose con fuerza a su esposo, negándose a perderle.

Él no quería flaquear, pero no podía negar que algo dentro de él se rompía al verla así. Pese a todo le tenía mucho aprecio a la chica, pero no podía y no debía dejarse convencer de nuevo. No era algo improvisado lo que estaba haciendo, le había tomando mucho tiempo caer en cuenta de que sea farsa no podía seguir, porque él no la amaba, por más cariño que le tuviera, ahí no había amor. Además le había prometido a su padre, durante el funeral de su madre, que él sería feliz, que aprovecharía la vida y libertad que ellos le habían dado y lo haría. No importaba si sonaba egoísta, buscaría y encontraría su felicidad a toda costa.

—Nadie dijo que la vida era justa, Pansy —dijo el rubio sin ningún tacto y, contra todo pronostico, recibió la bofetada que había esperado desde el principio.

—¡Te lo he dado todo! —reprochó la pelinegra.— ¿Que he hecho mal para que me quieres dejar? —exigió saber, vuelta un mar de lagrimas.

—Nada —le respondió él, sin soltarla, a pesar del golpe que acaba de recibir.— Te quiero mucho y aprecio infinitamente lo que has hecho por mí, pero entiende que sencillamente no te amo como tú quieres... como tú te lo mereces —reiteró el rubio.— No me imagino un futuro contigo, no me imagino teniendo hijos...

—¿Es por eso? —le interrumpió ella, con un pequeño brillo de esperanza en sus ojos.— ¿Es por lo de tener hijos? Draco, si no quieres hijos, yo... yo entiendo... —balbuceó la chica, demostrándole una vez más al rubio que no le importaba otra cosa además de darle gusto y eso lo hizo sentir mal. ¿Como romperle el corazón a una chica que estaría dispuesta a dar la vida y su felicidad por él?

—No, Pansy —dijo, lo más serio y firme que pudo.— No es eso y no eres tú, porque tú eres maravillosa, simplemente que no eres para mí —sentencio.— Y necesito que lo entiendas, porque no te quiero lastimar. Solo entiende que tú y yo nunca hemos quedado como pareja, como amigos claro que si, pero no como pareja...

—Está bien —lo cortó Pansy.— Firmaré —concedió ella con cierta resignación en sus palabras.— No te voy a obligar a estar conmigo... —añadió de forma lastimera.—... siempre pensé que estabas conmigo porque me amabas, aunque nunca lo decías y tampoco lo demostrabas mucho, siempre pensé que era porque no te gustaba mostrar tus sentimientos, pero ya me has dejado claro que no es así —declaró, sin poder retener las lagrimas.

—Perdoname —fue lo único que atinó a decir Draco, no la quería lastimar más.

—¿Qué te voy a perdonar? —bufó la pelinegra, tomando el pergamino que su esposo había puesto en la mesa, dentro de una carpeta purpura.— ¿Cómo lo conseguiste tan pronto? —interrogó.

—Ahí trabajo —respondió.— No es tan difícil conseguir unos papeles de divorcio como parece —admitió él.

—Cierto, los grandes siempre nos decían que el matrimonio era como un juramente inquebrantable, pero todos sabemos que solo es un pedazo de pergamino firmado que realmente no significa nada si no hay amor —sentenció Pansy, tomando una pluma y mojandola en tinta.

—¿Estás segura? —dijo él, casi sin querer y es que no daba del todo crédito a como ella parecía tomar las cosas con esa calma.

—¿A caso tú estás dudando? —preguntó ella, mirándole con cierto anhelo, como esperando a que él le dijera que todo era una broma, pero Draco solo negó con la cabeza y ella sonrió con amargura.— Entonces no hay más que decir —sentenció y con un diestro movimiento de muñeca puso su florida firma en el pergamino.— Eres libre, Draco... supongo que iré a hacer las maletas...

—No —la interrumpió él.— Pansy, yo no te voy a echar de aquí, solo así.

—No quiero de tú lástima o caridad, suficiente tengo con saber que no me quieres... que nunca me has querido —sollozó y el rubio la abrazó con fuerza.

—No seas terca ni tonta. Entiende que no te puedo echar a la calle así porque si, sin nada, no después de todos estos años que llevamos juntos —le dijo Draco, con firmeza, estrechándola entre sus brazos para calmarla.— Tú siempre has estado ahí para mí y pienses lo que pienses, no soy tan desgraciado para sacarte a patadas.

—¿Entonces qué? ¿Seguiremos viviendo aquí como si nada hubiera pasado? —cuestionó con un hilo de voz.

—No, Pan. Yo me iré a pasar unos días con Blaise y tú te puedes quedar aquí hasta que encuentres un lugar que te guste para vivir —ofreció él.

—¿Qué? —exclamó la pelinegra, algo exaltada y alejándose de su aún esposo.— ¿Me piensas dejar sola en esta mansión enorme donde todo me recuerda a ti? ¡Esta es la mansión de los Malfoy! ¿Por qué tendría que quedarme aquí cuando ya no soy una?

—Vale, vale, lo siento —se disculpó Draco, intentando ser lo más paciente y comprensivo posible. Sabía que él era el malo de ese cuento y lo último que quería era hacerle más daño a la chica, a esa chica que siempre había estado por y para él.— Entonces le digo a Blaise que se venga acá y que te preste su apartamento.

—¿Podrías dejar a Zabini fuera de esto? —bufó la pelinegra algo exasperada.— Si no los conociera bien, diría que están enamorados, ¡siempre pegados, peor que gemelos! Les tengo noticias, no nacieron juntos y esta bronca es solo entre tú y yo... o mejor dicho, solo es mía —terminó, despeinándose un poco, con cierta desesperación.

—Bien, no meteré a nadie más en esto, entonces, por lo menos quedate hoy aquí, en lo que piensas a donde quieres ir o que quieres hacer —indicó Draco.

—Está bien —concedió, saliendo de la sala sin siquiera mirarlo. Por alguna razón sentía que todo le daba vueltas, como si estuviera en alguna otra parte y aquello que estaba viviendo era como una pesadilla, como algo que lo observaba desde otro punto distante pero que no le ocurría a ella.

Él ya no dijo nada, solo la miró alejarse y observó el pergamino que acaba de firmar. Había sido más fácil de lo que había previsto, pero también se sentía diferente a lo que había pensando que sería. No se explicaba por qué no se sentía feliz, orgulloso o realizado, por el contrario, sentía que había cometido un error.

Suspiró y salió de la mansión, de regreso al ministerio, decidido a tramitar los papeles de una vez...

O-O-O

Leía varios periódicos muggles que su jefe le había pedido que revisara. Había noticias sobre unas cosas llamadas OVNIs y el departamento quería saber si era algo relacionado con la magia y si eso ponía en riesgo el estatus del secreto. Su jefe aseguraba que no, pero siendo ella su asistente, él quería una segunda opinión y la había puesto a leer. No es que le molestara, no, para nada, al contrario, se alegraba de que él le tuviera confianza.

Ya había pasado casi un mes desde aquella tarde cuando le había ayudado a divorciarse y hasta donde sabía él había tomado una decisión muy parecida en su vida. Quizás por eso se habían acercado un poco y de una forma un tanto inexplicable él la había puesto como algo más que su asistente, algo así como su mano derecha.

—Buenas tardes, necesito hablar con el señor Malfoy —dijo una voz femenina, frente al escritorio que ocupaba la castaña.

—Un segundo, por favor —pidió Astoria, sin siquiera levantar la vista, pues leía con cierta emoción el periódico muggle. Golpeó de forma distraída con su varita una bocina y habló de nuevo.— Señor Malfoy, lo buscan.

—¿Quien? —preguntó la voz del rubio que salía de la bocina.

—Daphne Greengrass —contestó la mujer frente a Astoria, con un deje de molestia ante la falta de atención. Sin embargo, en ese instante los ojos verdes de la chica voltearon a verla con asombro. La castaña soltó su varita casi sin querer, cortando la comunicación con Draco.

—¿Daphne? —preguntó ingenua y mirando con horror a su hermana.

—¿Astoria? —chilló la rubia, abriendo los ojos con sorpresa y retrocediendo un poco al notar con quien había estado hablando.

La castaña se quedó helada, parecía ridículo el no sentirse preparada para enfrentar a su hermana a pesar de que sabía que en cualquier momento se podía topar con ella. Incluso se podía decir que había tenido hasta suerte de no haberse topado con ella durante casi un mes o con Zabini o con Nott.

—Astoria, la comunicación se cortó, manda a arreglar eso —dijo de repente el rubio, saliendo de su oficina.— Pasa, Daphne —pidió Draco, pero entonces se topó con la forma en la que se veían las chicas. No entendía lo que pasaba ahí, pero, por esos miradas, no parecía ser nada bueno y cuando la rubia lo miró con ojos asesinos, comprobó que nada estaba bien ahí.

—¿Cómo demonios tienes aquí trabajando a mi hermana sin decirme? —bramó Daphne.

—¿Qué? —el rubio miró a Astoria, como quien no entiende lo que pasa y es que la verdad no entendía.

—Daphne, él no sabía —intervino la castaña, poniéndose de pie y saliendo de detrás de su escritorio para encarar a su hermana.

—¿Cómo no va a saber? ¡Mi hermana, Draco! ¡Astoria Greengrass! —gritó la rubia.

—Por eso me parecía conocido el nombre —meditó el rubio, mirando con cierto reproche a Astoria. La chica sonrió con nerviosismo, pues no sabía que hacer o decir, pero ya daba por seguro que perdería el trabajo.

—¿Parecido el nombre? ¿Parecido el nombre? —reprochó Daphne, algo exaltada.— ¿A cuantas Greengrass conoces, Malfoy? —gruñó la rubia.

—Tu hermana no se presentó con ese apellido, Daphne y si sigues gritando le hablaré a Nott —amenazó con seriedad.

—Bien, pero no entiendo como no la pudiste reconocer —espetó, respirando con pesadez para calmarse, parecía como si acaba de correr un maratón.

—Daphne, la última vez que vi a tu hermana ella tenía catorce y no se veía así como ahora —dijo el rubio con obviedad, mirando a la susodicha, recorriendola de arriba a abajo con la mirada. De verdad que la última vez que había visto a esa mocosa no era más que una niña delgada con cabellera alborotada y el rostro lleno de granitos.

—¿Y bueno, ahora qué? —preguntó Astoria, mirando a los dos rubios. Su hermana le miró con reproche. Si alguna vez pensó que se llegaría a reconciliar con su familia, fue por ingenua, porque se notaba a leguas el coraje que aún le tenían. Por el contrario, Draco solo enarcó una ceja.

—¿Qué de qué? —dijo Draco con un tono divertido.— Pues a trabajar, mujer, que necesito tu opinión de una vez —le pidió.

—¿Qué? —chilló Daphne.— ¿No la vas a echar de aquí? —preguntó indignada, mirando a su hermana como si ella tuviera la culpa de algo.

—¿Por qué tendría que echarla? —contestó Draco con seriedad.— Ella no me mintió, solamente se presentó con el apellido de su esposo y creo que omitió decir cual era su apellido de soltera, pero como la vida privada de mis empleados no me incumbe, me da igual.

—¡Pero ella se largó! ¡Se fue hace mucho! ¡Nos abandonó! —comenzó a decir Daphne, gritándole a su hermana.— ¡Por tu culpa mamá se enfermó! ¡Se murió de tristeza! ¿Y donde estabas tú? ¡Cumpliendo tus idioteces muggles, sin importar lo que le pasara a nuestra familia! —le recriminó directamente a Astoria.

—¿Qué mamá qué? —preguntó en un hilo de voz, quedándose conmocionada por la noticia.

—Mamá murió por tu culpa —dijo fríamente Daphne, mirando con todo su odio a su hermana, pateando el suelo de mala manera y dejando el lugar.

Astoria se quedó ahí, helada y con ganas de morirse. Tanto tiempo de no saber de su familia y resultaba que su madre se había muerto y jamás le habían dicho nada. No se había tomado la molestia de avisarle, de decirle algo.

—Astoria —le llamó Draco, sin saber que decir o que hacer. Por el rostro de la chica rodaban amargas lagrimas y él se había quedado sin palabras.

—Ella no se murió por mi culpa, ¿verdad? —murmuró Astoria con un hilo de voz, llevándose las manos al pecho, pues sentía una enorme presión. ¿Como era posible que su mamá estuviera muerta? ¡Su mamá!

—Solo sé que le dio un paro cardíaco —respondió Draco, acercándose a la castaña y sacando un pañuelo blanco de su saco para limpiar las lagrimas de la chica.— Pero no creo que fuera por tu culpa —añadió para ver si la tranquilizaba.

—Claro que no —sollozó ella.— Ella no quería que yo me fuera y yo me fui... Si me hubiera quedado —murmuró.

—Disculpa que sea tan brusco —dijo el rubio, tomando de la barbilla la castaña, para que lo mirara.— Pero no creo que hubiera existido alguna diferencia si te hubieras quedado, ella estaba en San Mungo, por algo llamado soplo al corazón y me costa que Nott hizo lo imposible para que la mamá de ustedes estuviera bien, pero era algo que no se podía evitar.

—Quiero verla —pidió Astoria.— Quiero ver a mi mamá... —volvió a repetir, con un sollozo.

—Ya sabes como son nuestras familias, debe de estar en el mausoleo de los Greengrass —le informó Draco y ella solo se estremeció.

—¿Puedo ir? —preguntó la castaña, con ojos suplicantes. El rubio solo asistió con la cabeza, era más que obvio que no le negaría aquello, él sabía lo que se sentía perder a su madre, no hace mucho había enterrado a la suya. Un escalofrío lo recorrió al recordar aquello y casi por instinto, quizás para tranquilizarla a ella o tranquilizarse a él mismo, la abrazó con fuerza.

—Vamos —le dijo en voz baja el rubio.— Y ahorita saliendo del ministerio compramos flores —añadió, separándose de ella y apresurándose a entrar a su despacho para tomar su capa y cosas.

—¿Qué? —preguntó Astoria, ingenua, asomándose al despacho de su jefe y viendo como este revolvía algunos papeles.— ¿Piensa ir conmigo? —cuestionó y él la volteó a ver, enarcando una ceja.

—Numero uno, deja de hablarme de 'usted', Greengrass —le dijo con cierto tono divertido y ya luego se puso más serio, mientras se ponía la capa.— Y numero dos, claro que no te dejaré ir sola, solo mira como te ha tratado Daphne. Quizás Daphne ya no vive ahí, porque vive con Nott, pero tu padre si debe de seguir ahí y sabes que conozco a tu familia y también sé el carácter que tiene Raymond.

Astoria lo miró sin decir nada y luego bajó la mirada. Era verdad que su padre tenía un carácter horrible, uno que quizás habían heredado ella y Daphne. Él había sido el que la había echado de la casa por sus gustos de cosas muggles y ella con su orgullo le había tomado la palabra y se había marchado, aún cuando su madre no quería. Seguro que su padre la veía llegar, al igual que Daphne la culparía por la muerte de su mamá.

—Gracias —alcanzó a susurrar, antes de que el rubio la tomara de la mano y saliera con ella del ministerio...

O-O-O

Estaban de pie frente a la puerta de la mansión Greengrass, ella con un ramo de lirios blancos en las manos y él fue quien tocó a la puerta, donde un elfo domestico apareció.

—Ama Astoria —chilló el viejo elfo encorvado, mientras sus ojos grandes y amarillos se llenaban de lagrimas.

—¿Kripzo? ¿Quién llamó a la puerta? —preguntó el señor Greengrass y sus pasos se escucharon cerca de la puerta. Astoria tembló y casi sin querer retrocedió, pero antes de escapar, sintió la mano de Draco en su hombro, brindándole un apoyo silencio.

Si era honesta, no entendía porque el Malfoy la apoyaba así, cuando ella le había mentido y apenas y se conocían, pero sin duda alguna le agradecía con el alma que fuera así, porque sin él, seguramente no estaría parada ahí.

—Buenas tardes, Raymond —saludó el rubio, cuando el hombre apartó con su bastón al elfo que estaba en la puerta y se colocó ahí. Era un hombre alto, más alto que Draco y algo robusto, tenía el cabello rubio y largo, aunque no tanto como lo solía usar Lucius, además de que llevaba una barba de candado que le daba cierto toque de superioridad. Sus ojos eran los mismos ojos que tenía Astoria, pero más fríos.

—Buenas tardes, Draco —contestó él, algo sorprendido al ver al Malfoy ahí, pero enseguida sus ojos se desviaron a la mujer que acompañaba al rubio y su semblante cambió.— ¿Tú que haces aquí? —bramó.— Te dije muy bien hace tres años que si te ibas no volvieras jamás, largo de mi casa, traidora de la sangre —le dijo fríamente. Astoria se mordió el labio inferior, evitando llorar, había mala idea ir ahí.

—Raymond, es tu hija —intervino Draco, pero al parecer no consiguió más de que el señor Greengrass lo mirara mal a él también.

—Mira Draco, sabes que te tengo aprecio y he sido amigo de tu padre por muchos años, pero si algo no le permito a nadie es que se meta con mis decisiones —le dijo claramente.— Esta... esta... —masculló mirando a su hija de arriba a abajo,— esta señorita tiene prohibida la entrada a esta casa.

—¡Quiero ver a mamá! —chilló Astoria, finalmente, sin poder aguantar más las lagrimas y todo lo que sentía. No podía creer todo ese odio que parecían guardarle su padre y su hermana.

—Tu madre está muerta, tú la mataste cuando te fuiste de aquí —le espetó su padre.

—¡No! ¡Yo no la maté! —gritó Astoria, apretujando las flores en sus manos.

—Suficiente —volvió a interferir Draco.— Astoria no tuvo la culpa de lo que pasó, ustedes y Daphne lo saben...

—Draco, solo te diré una vez más: no te metas donde no te llaman, porque se me olvidará la amistad que he tenido con tu padre —amenazó el hombre rubio, para finalmente cerrar la puerta de un portazo.

—¡Quiero ver a mamá! —volvió a gritar Astoria, tirando las flores y comenzado a golpear la puerta.— ¡Yo no la maté! ¡Yo no hice nada más que seguir mis sueños! ¡Ustedes fueron los que me echaron! ¡Es su culpa! ¡Su culpa! ¡A ella la hubieran podido curar los médicos muggles! ¡Lo saben! ¡Lo sabían! ¡No fue mi culpa!

—Astoria —llamó Draco, abrazándola por la espalda, para calmarla.— Astoria, no hay más que hacer —le murmuró.— Vayámonos de aquí, ya luego con más calma podrás hablar con tu padre y con Daphne.

—No es justo —sollozó ella, golpeando la puerta con todas sus fuerzas.

—Ya, tranquila... —Draco suspiró y la abrazó con más fuerza, para luego desaparecer y aparecer El Caldero Chorreante.

Ella estaba abrazada con fuerza a él, pegada a su pecho y llorando con amargura, la verdad es que poco le había importado la sensación de desaparecer, nada podía ser peor que el dolor que sentía en esos momentos.

—Señor Malfoy —saludó Tom, el dependiente del lugar, mirando al recién llegado.

—Sirve dos Whisky de fuego y dobles —pidió el rubio con algo de pesadez, acariciando la espalda de la chica de forma consoladora, dejándola llorar. La mañana de trabajo que pronosticaba ser tranquila y aburrida, había tomado un rumbo que no se había llegado a imaginar y aunque seguramente mañana se daría golpes contra la pared por haber dejado el trabajo botado, lo que restaba la tarde prefería tomar unos tragos y pasarla con... con la mini-Greengrass.

Aunque era solo por solidaridad y porque había cosas que quería saber, pero solo porque era su empleada, ¿verdad?

—Aquí están los tragos, señor —declaró el hombre, dejando los dos vasos de cristal sobre la barra.

El rubio asistió con la cabeza y le hizo una seña al hombre para que se alejara. Astoria pareció notar todo el movimiento y algo avergonzada se separó de Draco, limpiándose el rostro con las manos.

—Lo siento —dijo la chica, sin atreverse a mirar a Draco.

—Descuida —respondió él, tomando asiente y tomando el trago.— La verdad, nos hacía falta tomarnos un descanso, ¿no crees? —comentó, sonriendo de medio lado y ofreciéndole el otro trago a la castaña.— Cuando murió mi mamá apenas y me tomé unos días, luego me divorcié y bueno, fue igual. Tú lo sabes, porque estás igual que yo, así, tomemos un trago y ya mañana le damos la cara a los del ministerio —declaró. Astoria sonrió un poco y aceptó el trago.— Por la vida loca que tenemos —dijo, levantando el vaso de Whisky.

—Por la vida estúpida que tenemos —corrigió ella, chocando su vaso contra el de él y dándole un trago a su bebida. El rubio también tomó un trago y sonrió.

Bien valía pasar la tarde así, aunque quizás mañana se arrepentirían, pero aquellos ya solo eran detalles posteriores. Por el momento nada perdían compartiendo penas y valla que tenían algunas penas en común. Sobre todo esa pena de sentir que no habían amado jamás y que las únicas personas que se habían querido estaban muertas.

Bien, aquí está por fin el quinto capitulo y aunque siento que no dijo mucho, pues notarán que ya pasaron varias cosas de una sola.

Siento que voy muy rápido, pero tampoco me quiero alargas, pues dos capítulos más y se acaba :3

**En fin, espero que les gustara aunque sea un poco y no duden en decir lo que opinan, piensan o les gustaría,**ya saben que todo es tomado en cuenta ^^

¡Un beso enorme para todos y mil gracias por leerme! :3

Les comparto Links de las portadas que hice para la cubierta, pero siendo que las reglas dicen que solo tres fotos, mejor se las dejo aquí... 

(Tom Felton como Draco Malfoy y Angelique Boyer como Astoria Greengrass)

orquideamelinda.deviantart.com/art/Capitulo-cinco-Como-si-nunca-hubieramos-amado-302222404