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Historia 106736 — capítulo 18
Hermione volaba por los pasillos de Hogwarts. Apenas le quedaban cinco minutos para la hora en la que el rubio slytherin había quedado con ella. Atropelló a varios alumnos de primero cuando llegaba al hall y se disculpó a gritos. Una vez fuera, corrió con todas sus fuerzas. La madera del puente temblaba a su paso. Cuando pudo divisar la gran reja de la entrada, una figura vestida de negro ya estaba allí. Se paró casi sin aire a su lado.-Llegas tres minutos tarde, Granger.-No todos podemos ser tan endiabladamente puntuales, Malfoy -Hermione cogió una gran bocanada de aire para normalizar su respiración- ¿Cómo vamos a ir?-Aparición conjunta -La agarró de la mano. La chica se soltó.-Sé donde está tu casa, Malfoy.-Sólo puedes entrar en los terrenos acompañada de un Malfoy, Granger. Pero si quieres morir hoy... yo no voy a detenerte.-¿Sabías que eres un aprovechado?-¿Yo? Pero si soy un santo -Draco sonrió de medio lado. Agarró de nuevo la mano de la leona y se concentró en su hogar. Hermione sintió el tirón en el ombligo que se producía al aparecerse. Cerró los ojos con fuerza para no marearse.-Ya puedes abrirlos, Granger. Hemos llegado. Tenía miedo de hacerlo. No guardaba muy buenos recuerdos de aquel lugar. Con sólo rememorar el aspecto del gran comedor donde fue torturada, le entraban sudores fríos.-Las cosas han cambiado, Granger. La mansión ahora es distinta.-Pero los recuerdos no, Malfoy -Hermione se obligó a abrir los ojos. El jardín lucía en todo su esplendor, lleno de rosales en flor.- Esto está precioso.-A mi madre le encantan las rosas. Ahora que no puede cuidarlas, lo hace mi padre -Hermione soltó una risita al imaginar al estirado señor Malfoy de jardinero. Draco pilló por dónde iban sus pensamientos- Si, no le pega mucho a mi padre lo de la jardinería, pero qué se la va a hacer. Si este jardín se marchitase, mi madre se moriría de pena.-Eso demuestra cuanto quiere tu padre a tu madre.-Aún se me hace raro verlo demostrando algún sentimiento que no sea odio o ira -Draco había empezado a caminar hacia la entrada de la mansión, donde les esperaba el mayor de los Malfoy. Lucius lucía un poco mejor que al finalizar la guerra. Tenía unas cuantas arrugas alrededor de los ojos (aquellos ojos mortalmente fríos, como los de su hijo), el pelo largo recogido en la nuca y vestido completamente de negro. "Cómo les gusta el negro a esta familia" pensó Hermione. Draco se rió por lo bajo.-No me leas la mente, hurón desteñido.-No pienses tan alto -Draco dejó de sonreir- Ten mucho cuidado con lo que piensas. Mi padre también es un buen lector de mentes.-Y me lo dices ahora....-Buenos días, señorita Granger -Lucius hizo una pequeña inclinación de cabeza a modo de saludo.- Draco, tu madre se alegrará de verte.-¿Cómo ha amanecido hoy?-Mejor. Al saber que venías ha mejorado un poco -Lucius se hizo a un lado y Draco le cedió el paso a Hermione, que entró en la casa algo azorada ante tanta muestra de caballerosidad- Si quieres, mientras vas a ver a tu madre, yo le cuento a la señorita Granger lo que sucede.-Bien, padre. Granger... estás en tu casa. Draco desapareció por las escaleras. Hermione se quedó embobada viéndole caminar. Aquellos andares casi felinos, esa manera de moverse tan segura y aristocrática....-Si sigue mirando así a mi hijo lo va a desgastar -Lucius sonreía de medio lado. "Ahora veo de dónde lo ha sacado el hurón", pensó Hermione. Padre e hijo se parecían mucho más de lo que creía la gente- Venga conmigo. Esperaremos a Draco en la biblioteca.-¿Biblioteca? -Hermione sintió como si una descarga eléctrica cruzase todo su cuerpo.- Será impresionante.-Mi hijo ya me comentó que usted ama los libros -Lucius la guió por una serie de pasillos enormes hasta una puerta negra con serpientes talladas. La abrió y la cedió de nuevo el paso- Espero que la encuentre de su agrado. Hermione entró casi con miedo. Ante ella se abría una sala casi tan grande como el Gran Comedor de Hogwarts, con estanterías del suelo al techo. La Biblioteca estaba dividida en tres alturas, todas ellas comunicadas con la parte inferior mediante escaleras de madera. -Si el paraíso existe, está en este lugar -murmuró la chica, con los ojos brillantes por la emoción.-Me alegro de que le guste -Lucius señaló una mesa con cuatro sillas- Si es tan amable... Hermione tomó asiento y Lucius hizo lo mismo. El hombre la miraba fijamente. Por su mente pasaron ideas tan disparejas como que ella, a pesar de ser una inmunda sangre sucia, mostraba la suficiente inteligencia como para saber apreciar el valor de aquella sala. Aún le costaba no pensar en los nacidos de muggles como sangre sucia o impuros. La muchacha debió notarlo en su rostro, porque hizo un gesto de incomodidad.-Perdone si de vez en cuando hago algún comentario que pueda resultar molesto para usted, señorita Granger, pero como comprenderá, soy nuevo en esto de.... la igualdad entre sangres.-No pasa nada -Hermione reprimió una sonrisa. Era sumamente divertido ver a aquel hombre que la había aterrorizado durante casi seis años, intentando ser amable con ella.- Mal... Draco me sigue tratando igual. -¿QUE? -Lucius cambió su expresión afable por una de total ira. Hermione se apresuró a explicarse.-No tiene de que preocuparse. Hace tiempo que su manera de hablar dejó de ser molesta para mí. Me acostumbré a verlo como parte de su personalidad y si ahora se comportara de otra manera.... no sé si me gustaría.-¿Está tratando de decirme que no le importa que mi hijo la insulte? -el rostro de Lucius era todo un poema.-Es Draco... Además, yo no me quedo atrás a la hora de contestarle -Hermione se estaba poniendo nerviosa. Su relación con Draco era muy dificil de explicar. Decidió mostrárselo todo al ex-mortífago- Lea mi mente y lo entenderá. Lucius se adentró en la mente de la chica y observó los recuerdos que ella le mostraba de manera voluntaria. Después de diez largos minutos, se retiró. Una sonrisa torcida adornó su cara.-Entiendo. Pero esto no quiere decir que apruebe lo que hace mi hijo.-No se enfade con él. A los dos nos gusta. Es... una manera de mantener nuestro ingenio activo.-Ambos son muy parecidos. -Lucius hizo aparecer unas tazas de humeante té- Creo que ya sabrá por qué está aquí.-Sí. Su esposa está enferma y la magia ya no puede curarla.-No tienen ni idea de lo que le pasa -Lucius cerró momentaneamente los ojos- Desde... la caída del Señor Tenebroso su estado ha empeorado. Sé a ciencia cierta que se trata de alguna maldición de... Él. Pero no se puede curar con magia. Sin embargo.... la medicina muggle tiene una posible cura para ella... esta maldición actúa como una enfermedad que, por desgracia, se da muy a menudo en su mundo. Enfermedad que allí si tiene tratamiento.-Entiendo. Ahora mismo no hace falta que me cuente qué es lo que le pasa exactamente. -Se lo agradezco, señorita Granger -Lucius dio un sorbo de su té.- Cissy es cabezota como ella sola. Ni mi hijo ni yo hemos podido convencerla. Si... mis creencias de sangre son fuertes, las de ella son.... épicas.-Está bien tener caracter.-Si. Pero tener tanto en su situación no es nada bueno. Si no deja que la curen y muere.... Yo no sé si podré soportar otra pérdida.-Antares -susurró Hermione.-Veo que la joven Parkinson ha hablado con usted. -Hermione asintió- Le ruego que no diga absolutamente nada de mi hija. Draco no sabe que tuvo una hermana. Aún anda lidiando con las consecuencias de haberse unido a las filas mortífagas como para ahora cargarle con algo así.-Mis labios están sellados, señor Malfoy.-Llámeme Lucius.-Entonces deje de tratarme de usted y llámeme Hermione.... Lucius -sonrió con toda la dulzura de la que era capaz. El hombre no pudo evitar devolverle la sonrisa. Aquella chica era única.Está bien... Hermione. Creo que ya va siendo hora de que conozcas a mi esposa.-Será todo un placer.