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Historia 106736 — capítulo 29
Al final, después de aquella reunión y de haber corrido la voz por las distintas casas, Hermione tenía en el pergamino más de sesenta nombres. Eran muchísimos, lo que les iba a dificultar bastante la tarea de dar esquinazo al NED. Pensando en cómo solucionar aquello, decidió buscar a Malfoy para ver si a él se le ocurría alguna idea. Buscó por todo el colegio pero no encontró ni rastro del chico. Preocupada, decidió ir en busca de Zabini. Seguro que él, o alguna de las serpientes, sabían del paradero del príncipe de Slytherin. Los encontró en el lago, haciendo los ejercicios de transformaciones.
-Zabini, ¿Has visto a Malfoy?
-No soy su niñera, Granger -Blaise no levantó la mirada del pergamino- Lo ví por última vez en el desayuno. Pero no tengo ni la más remota idea de qué está haciendo.
-Pues si ves a ese rubio oxigenado, le dices que me busque. -Hermione se sentía molesta ante la indiferencia de las serpientes. Ahora eran aliados. ¿No se merecía un poquito de respeto?
-Tranquila, Granger -Theo guardó sus cosas en la mochila y se levantó- Te ayudaré a buscar a ese cabezahueca. Se supone que tendría que estar cuidando de tí.
-¿Y vosotros?
-Nuestros.... "protegidos" -hubo cierto recochineo en la palabra por parte del chico-están todos en nuestra sala común, haciendo sus deberes.
-¿Por eso estabais fuera?
-Demasiados leoncitos juntos para nuestro gusto -Theo sonreía de medio lado. Hermione rezongó.
-Serpientes elitistas....
-Te he oído, Granger -Theo no parecía muy molesto- Pero no somos elitistas. Sólo nos gusta demasiado la soledad. Las serpientes somos.... solitarios por naturaleza. Sólo interactuamos entre nosotros si hay algún interés común... o si nos conocemos de toda la vida.
-¿Malfoy....?
-Blaise, Pansy, Draco y yo nos conocemos desde que llevabamos pañales. Y como todos somos hijos únicos....
-Hicisteis piña al entrar aquí -Hermione no dejaba de asombrarse ante lo complicados que eran los Slytherin.
-En comparación con vosotros, los leones somos cavernícolas.
-Eso no te lo discuto -Theo soltó una carcajada, contagiando a la chica. Hermione se dio cuenta de que estaban ante la pared de las serpientes.- Si ya lo has buscado por todo el colegio, solo puede estar en un sitio.
-Su cuarto -Hermione se golpeó mentalmente ante su estupidez- Lo más obvio.
-Tranquila. Es normal no encontrarlo por ningun lado. Creo que, a parte de los Fundadores, Draco es el único que se conoce todos los rincones, pasadizos, aulas, habitaciones secretas y demás cosas del castillo.
-Pasa mucho tiempo solo, ¿verdad? -Hermione no pudo evitar un deje de tristeza en su voz. Theo hizo como que no se dió cuenta.
-Está acostumbrado. Sus padres....
-Les conozco. -Hermione se dio cuenta de la duda del chico- Tal y como son en verdad. Comí con ellos hace unos días. Son.... bastante peculiares y muy diferentes a cómo creía.
-¿A que sí? -la mirada de Theo se iluminó- Cissy es como mi madre. He pasado más tiempo en su casa que en la mía. Cosa que agradezco. Por mi padre, ya sabes.
-¿Y tu madre?
-Murió cuando tenía tres años -Theo lo dijo sin pena alguna- No recuerdo nada de ella. Me criaron los elfos de la mansión y luego la madre de Draco.
-Ah.
-Bueno, aquí te dejo -Theo señaló la puerta del dormitorio de Draco.- Como en tu casa.
Hermione entró en la habitación sin llamar. La estancia estaba completamente vacía. Caminó directa a la jaula de Miniherms. La huroncita dormía hecha una bola. No despertó al animalito. Como no había señales de Draco, decidió curiosear un poquito, sobre todo para hacer tiempo. Un brillo plateado llamó su atención. Salía del cuarto de baño. Abrió con cuidado la puerta (no tenía ganas de encontrarse con el hurón oxigenado completamente desnudo) y se encontró con un precioso pensadero de obsidiana. Había un recuerdo flotando en su interior. Se asomó con cuidado y entró en dicho recuerdo.
"Cuando todo dejó de darle vueltas, se encontraba en medio de un pueblo claramente muggle. Era de noche y bastante tarde, por lo vacías que estaban las calles. El silencio era atronador. Varias figuras vestidas de negro y con máscaras plateadas se habían posicionado a lo largo de la calle, una por puerta y casa. Hermione se vio arrastrada por una de las figuras, que supuso Draco, pues de él debía ser el recuerdo. El chico (debía tener dieciseis años, pues no era tan alto como en el presente y tenía su antigua varita) esperó pacientemente la señal que daría inicio al ataque. Se le veía completamente tranquilo. Por las sensaciones que pudo percibir la chica, incluso parecía impaciente. A su lado se materializó otra figura, femenina, por sus formas.
-Querido sobrinito, ¿nervioso?
-Para nada, Bellatrix. Impaciente. ¿A qué espera tu queridísimo marido para dar inicio al ataque? Esto comienza a ser aburrido.
-No seas tan impaciente, cariño. En cuanto estén todos en posición, empezaremos. Ya sabes cuáles son las órdenes.
-Todos los muggles, muertos, sin excepción. -Draco asintió con la cabeza. Hermione habría pagado oro por poder ver su cara. De repente, unas chispas rojas iluminaron el cielo. El ataque comenzó.
El silencio quedó roto rápidamente por los gritos de los sorprendidos y aún adormilados muggles. A través de las ventanas pudo ver el brillo de las imperdonables. Pocos brillos verdes, muchos rojos.... Disfrutaban torturando a sus víctimas. "
-¿Te gusta lo que estás viendo, Granter? -Hermione se giró. El Draco del presente la contemplaba en silencio, los ojos inexpresivos.
-Lo.... lo siento.... yo.... vámonos.
-No, ahora vas a ver todo, tal y como sucedio. Para eso estás aquí, ¿verdad? Tus amiguitos del Ministerios celebrarán una fiesta en tu honor después de ésto.
"Se vió arrastrada al interior de la vivienda, pues el Draco del recuerdo había entrado en ella. El chico examinaba todo con curiosidad. Era la primera vez que estaba en una casa muggle, se le notaba por sus gestos y sus expresiones casi inaudibles. Luego subió al piso de arriba. A los dormitorios. Entró en la primera puerta, a su derecha. Era el cuarto de una niña pequeña. La niña estaba completamente aterrorizada. Un rayo verde salió de la varita del chico. La niña cayó sobre la cama como una marioneta rota. Luego entró en el dormitorio principal. En la cama de matrimonio se acurrucaba una mujer de unos cuarenta años, abrazada a un bebé de un añito. El marido permanecía de pie, frente a la puerta, el rostro sereno. El rayo verde lo alcanzó de lleno en el pecho. La mujer, demasiado sorprendida para gritar, hizo una simple pregunta:
-¿Por qué?
-Porque de elegir entre la vida de unos desconocidos y la vida de mi familia, lo siento, pero mi familia está por encima -la voz de Draco estaba cargada de pena.
-Lo entiendo. -Aquellas dos palabras le golpearon con la fuerza de una bofetada.
-Desmaius -el rayo impactó sobre el bebé. La mujer se asustó. Gruesas lágrimas caían por su rostro- Escóndase en el armario. Nunca registran las casas. -La mujer hizo lo que le pedía y cuando estaba escondida entre la ropa, Draco repitió el hechizo- Desmaius. Evanesco.
El hechizo desilusionador hizo invisibles a la mujer y el bebé. Cuando estaba a punto de salir de la casa, Bellatrix, ya sin máscara, apareció a su lado.
-¿Qué tal, sobrinito?
-Dos. Un adulto y una niña. -Su rostro, ahora también sin máscara, estaba completamente inexpresivo.
-Bien. Tenemos que irnos -apuntó al cielo con su varita y gritó- Mosmordre."
Un fuerte tirón la sacó del recuerdo. Draco permanecía a su lado, evaluándola en silencio, viendo cómo gruesas lágrimas caían por su rostro.
-¿No piensas decir nada?
-Mentiste. Mentiste en el juicio -Hermione lo enfrentó.- ¡Eres un maldito asesino!
-Todos en esa guerra fuimos asesinos, Granger.
-¡MATASTE A UNA NIÑA, CABRONAZO! -lo golpeó con fuerza en el pecho. Él no se defendió- ¿Por qué no mataste a la mujer y al bebé?
-Por el recuerdo de Antares -Draco se alejó unos pasos de ella, dejando libre la salida del baño. Con un movimiento de varita embotelló el recuerdo y se lo tendió a la chica- Aquí tienes, la prueba que tanto necesitábais para mandarme a Azkaban y condenarme al beso.
-¿Te estás entregando? -Hermione había dejado de llorar por la impresión.
-No, sólo te estoy dando la oportunidad de completar tu misión -La voz de Draco estaba cargada de resentimiento- He de reconocer que el numeríto que Potter, Weasley y tú habeis montado es impresionante.... Hacernos creer que ese soplagaitas se había vuelto un psicótico narcisista con ansias de poder y venganza.... Caímos como principiantes.
-Espera, espera... ¿Crees que lo que está haciendo Harry es un numerito de teatro? -Hermione soltó una seca carcajada- No, Malfoy. No tengo ni puta idea de por qué se comporta así. Ni el Ministerio ni nadie lo sabe.
-Explicate, Granger -Draco la miraba con odio. Con verdadero odio, como hacía años que no la miraba. La chica reprimió las ganas de llorar.Por alguna extraña razón, aquella mirada la dolía.
-Os pedimos ayuda porque en verdad estamos aterrorizados. No sabemos qué puede hacer Harry en su afán de venganza. Y no, el Ministerio no me ha mandado a camelarte para condenarte a muerte y quedarse con todo lo tuyo. Esto -Señaló el pensadero- Lo he encontrado por error. Y me arrepiento de haberme acercado.
-¿Me temes?
-Sólo me siento descolocada. Creía que no tenías ni idea de quién era Antares.
-Lo sé desde que tengo cinco años. Encontré el pensadero de mi padre y vi el recuerdo de su muerte. Él se tortura con eso todos los años, cuando se acerca su cumpleaños. -Los ojos de Draco se velaron por la tristeza.- Ahí empezó mi tortura y la del mi familia. Por eso no maté a aquella mujer, ni al bebé. Puede que le destrozase la vida al matar a su marido y su otra hija, pero al menos no está sola. Y sigue viva.
-¿Cómo que sigue?
-Vive en Dublín. Todos los años, en el aniversario del ataque, hago una visita. Ellas no lo saben, pero desde ese día cuidé y cuido de que no les pase nada ni les falte de nada.
-¿Por qué?
-Aún quedan mortífagos, Granger. Huyeron de Inglaterra, se ocultaron en el mundo muggle. Y, en contra de lo que el Ministerio y esa caterva de inútiles que trabajan allí, los mortífagos sí llevan un registro de sus ataques, de sus víctimas. ¿Cuánto crees que durarían ellas dos si les diese por comprobar los listados y el número real de víctimas?
-Nada -Hermione se acercó un poco a él, y Draco retrocedió- ¿A cuántos más salvaste?
-A ninguno más, hasta séptimo. Ahí me planté.
-¿Remordimientos?
-Aburrimiento -la expresión de él fue de pura maldad. Había visto la cara de ella, su expresión de comprensión y dulzura y se sintió asustado por lo que pudiera pasar. Mejor ahuyentarla ahora que podía- Lo hice por cambiar un poco.
-Ya -Hermione decidió dejar la cosa así. Cogió la mano del chico y depositó en ella el vial con el recuerdo- Guarda esto en tu mente, Malfoy. Ahí está a salvo. Y no temas. Yo no voy a delatarte. Aunque quieras aparentar ser un monstruo, sé que no lo eres, no por gusto, al menos.
-Vete, Hermione. -Ella se estremeció al oir su nombre- Vete y procura no acercarte a mí más de lo imprescindible.
-¿Por qué?
-Porque no debes confiar nunca en mí, Granger. No soy bueno.