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Entre Llamas — capítulo 3
Luego de tres días Hermione fue dada de alta. Con casi diez kilos menos, un pelo larguísimo y con sus brazos amoratados producto de tanto suero y con un sinfín de recomendaciones, por fin se iba a casa con su madre.
Ese día se lucía un vestido amarillo que su madre había comprado para esta especial ocasión. Se veía extremadamente hermosa, considerando todo el tiempo que había pasado hospitalizada. Se miró al espejo y, a pesar de estar tan delgada, aquel vestido acentuaba su cintura, pudiendo así mostrar unas caderas un tanto pronunciadas. Acompañado de este vestido estaban unos zapatos de tacón alto, en tono perla, con los cuales había crecido unos centímetros más.
Michael ingresó a su habitación. Desde que hubo recobrado la conciencia, él había estado a su lado gran parte del día. Hermione hubiera preferido a otro médico. Él era tan arrogante, contestaba las preguntas directamente y sin consideración, pero su rostro era agradable, sus ojos grises la tenían hipnotizada. Se parecía tanto a…
-¿Estás lista Hermione? - Vestía su delantal blanco y una identificación que decía: Dr. M. Thompson M. - Médico Cirujano - Psiquiatra.
-¿Trabajas mucho tiempo acá?
-No. Desde hace sólo un par de años… Bien, ¿Lista?
-¿Qué significa la "Eme" de tu apellido?
-Creo que debes preocuparte de otros temas, que de las letras del apellido de tu doctor. Adelante.- Le dijo a una enfermera que traía una silla de ruedas.- Asiento.
-Puedo caminar.- Respondió casi ofendida.
-Reglas del hospital, entras en camilla, sales en silla de ruedas.
-Pe…- Michael ya la había sentado en la silla y le había cubierto las piernas.-Pero… no es…
-Vamos, que salgo contigo.- Le entregó el bolso de mano a Hermione, mientras que su madre ya había ingresado y tomado una pequeña maleta con algunas cosas personales de su hija.
Caminaron por el pasillo y varias enfermeras la saludaron muy contentas. Algunas se detuvierony la besaron en la mejilla. Otras le regalaron flores y un señor que era el auxiliar del piso, le había obsequiado una cajita de chocolates. Se notaba que llevaba mucho tiempo allí.
Al entrar en el ascensor vio un ramo inmenso de flores y una inscripción que decía: "-Ahora hay que dar inicio de la búsqueda de tu hija… en donde estarás sola. Con afecto, M.T.M".- Hermione leyó la pequeña tarjeta y miró de inmediato a su doctor, pero él no bajó su mirada, presionó los botones del ascensor y este comenzó a descender.
-¿Tú escribiste esta nota?
-Sí.- Respondió.
-¿Por qué…?
-¿Por qué? Porque me imagino que es hora de comenzar a buscar Aniie ¿no?
-¿Quién eres? ¿Por qué tu rostro me es tan familiar?
-Es un tema que luego conversaremos. Mañana debes ir a mi consulta… la dirección está a la vuelta de la tarjeta.- Hermione miró y en efecto allí había una dirección.
-Prefiero hablarlo ahora.
-Ahora no tengo tiempo. Mañana. Bien, llegamos.- Bajaron al primer piso y avanzaron hasta la salida.- Señora Granger… Hermione… que tengan buen día. ¡Ah1 Señora Granger, debe ser estricta con los ansiolíticos… en la hora que corresponde y en la cantidad recetada. Ni más, ni menos (por ahora). Hermione, que tengas buen día. Mañana a las 19:00 horas.- Y con su paso elegante se retiró y ella por fin se pudo poner de pie. ¡Por dios, qué mareo! Razón tenía ese arrogante en ordenarle utilizar la silla de ruedas.
-¿Estás mejor ya? - Hermione asintió.
-Bien dame, diez segundos y traigo el auto para que te subas.
Por fin respiraba el aire del exterior. Sentía que sus piernas no la iban a sostener por mucho rato, lo bueno fue que su madre no se había demorado nada en ir al estacionamiento cercano y traer el vehículo hasta la entrada. Hermione se sentó en el asiento delantero mientras Jane metía el bolso en el maletero del vehículo.
-Mamá, ¿Qué sabes del doctor que me trata?
-No mucho, sólo que estos dos años ha estado de cabecera… junto con el resto, pero él ha sido el que te ha tratado… además… creo que aparte de ser cirujano, psiquiatra es un neurólogo… dicen que de los mejores de la ciudad.
-Guauu… y es joven para tener tantas especializaciones.
-Su cara hija… ¿no te da la impresión de que…?
-Mamá...
-Aniie se parecía a él…
-Pero él no es padre, si eso es lo que estás pensando.- Y parece que eso era lo que Jane estaba pensando porque en ella se dibujó una sonrisa de decepción.
-Ah... bueno…
-Pero hay algo en él… ¡Bueno! Mañana lo veré, creo que hay algo más que un simple interés profesional… si bien no soy bruja… mi intuición femenina no me falla….Pero por hoy, sólo quiero tomar un poco de sol… y respirar aire puro.
En Hogsmeade, pueblo cercano al colegio de Magia y Hechicería, se encuentra el bar llamado "Las Tres Escobas". Era verano y hacía calor, una pequeña de unos siete años estaba apoyada en una de las paredes de madera de la taberna mirando cómo algunas brujas iban camino al río cercano que se hallaba inmerso dentro de un hermoso bosque.
Ella se encontraba vestida de blanco, un vestido hermoso que Mamá Rosmerta le había comprado en el Callejón Diagon. Su cabello rubio con ondas y largo lucía desordenado. Siempre lucía así. Estaba apoyada en la pared y miraba el cielo. Sus ojos grises y tristes buscaban algo interesante en qué entretenerse. Sabía que vivía en un mundo de brujos, sabía que ella pertenecía allí, porque Mamá Rosmerta le había dicho que ella también era una bruja.
Sin embargo, Aniie no se sentía del todo feliz, de repente aparecía un rostro y una voz en sus sueños, una voz dulce que la llamaba "-Tesorito bello… mi Aniie bella"- Sabía que ese rostro, que ya no recordaba con exactitud, era su madre. Su madre que había muerto en el incendio… ese incendio que ella recordaba por tramos… su mente había intentado bloquear esa pesadilla, pero aún así, recordaba con claridad el haber corrido por las escaleras de ese edificio y haber caído… luego ver que una mujer la recoge y despierta ahí, en donde hacía tantos días y tantos meseshabía llegado.
Mamá Rosmerta era buena con ella, la quería mucho, la cuidaba, le enseñaba hechizos (que no podía practicar) iba a la escuela de brujos que había en el pueblo, pero no era feliz. Primero porque ella se llamaba Aniie, sólo eso Aniie, ni apellido, ni madre, ni padre, ni hermanos. Era la "recogida de Rosmerta", como muchos en el pueblo y en el colegio se referían a ella. Ella lo sabía y le dolía. Pero trataba de disimular ese dolor. Mamá Rosmerta le había enseñado a defenderse y había aprendido, de algún lado debió haber heredado los puñetazos que a un par de compañeros les había dado el honor deprobar. Pero eso no era suficiente. Sabía que existía algo más en su vida. En más de una oportunidad había escuchado a Mamá Rosmerta hablar con otros brujos que le aconsejaban que debiera ir un lugar llamado El Ministerio y avisar que la tenía a ella, pero Rosmerta se había negado. Decía que ella, Aniie, era la hija que nunca tuvo.
En realidad, ella se sentía bien viviendo en ese pueblo y rodeada de tantas brujas y magos. Le habían dicho que ella, al cumplir once años podría ir al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, pero sus compañeros de curso siempre le quitaban sus ilusiones al decirle: "Si no tienes apellido, no puedes ir a ninguna parte". En más de una oportunidad ella fantaseó con que su padre era de una familia muy adinerada y que su madre había sido una heroína de guerra. Muchos rieron y ella había terminado llorando. Desde ahí, había preferido retraerse y guardar silencio. Ese silencio que Mamá Rosmerta también había adquirido. Ya que cada vez que ella le preguntaba por sus padres ella no respondía. Le decía que ella la había rescatado del incendio y que allí habían muerto sus padres,pero ¿por qué ellaestaba segura que existía algo más?
-Aniie, ¿qué haces aquí? Te he estado buscando por toda la casa… te he llamado y no me has contestado.- Rosmerta era una mujer de unos 50 años, pero se veía mucho menor, era bella, de cabello rubio y siempre lucía maquillada.
-Pensaba….Mamá Rosmerta… ¿puedo ir al lago?- Rosmerta miró hacia el bosque y vio que varias personas iban para allá. Era un día maravilloso para disfrutar de la naturaleza, pero temía exponer a su pequeña. Si bien no sabía quién era el padre, advertía claramente quién era la madre. Muy bruja sería, pero luego que había encontrado a Aniie se había dedicado a leer periódicos muggles y ahí se enteró de lo ocurrido y de quién era hija la niña. Pues bien, si su madre estaba en coma y quien sabe por cuánto tiempo… ella la tendría, ella le había salvado la vida. Y no se expondría a que alguien la reconociera.- ¿Y Mamá Rosmerta? ¿Puedo ir?
-Hoy no pequeña. Mañana iremos las dos.
-Pero ¿y si mañana no está abrigadito como hoy?
-Iremos cuando esté abrigado. Ya, no se hable más. Ven, acompáñame,que debo darle de comer a las gallinas. Hay que traer el trigo.
-Sí, mamá.- Triste acompañó a Rosmerta.
Luego de haber dado de comer a las gallinas, Rosmerta se fue a revisar una entrega de cerveza de mantequilla que había ordenado para su bar y ella se quedó en el patio en compañía de un labrador blanco, llamado Marcus. Estaba aburrida y se sentía que estaba encerrada. No lo pensó dos veces y salió. Total, lo más que se llevaría sería una reprimenda por parte de Rosmerta o un castigo, pero ella nunca castigaba. Le llamaba a atención y luego le daba leche con miel. Siempre hacía lo mismo. Le daba la impresión que cuando la retaba más le dolía a Rosmerta que a ella.
Cogió un chaleco blando delgado (para el regreso) y salió con su perro, por la puerta de atrás de la casa y se encaminó al bosque cercano. Sabía cómo llegar al lago, porque en más de una oportunidad había ido allí, algunas veces con Rosmerta y otras con un par de compañeras de colegio.
Ese bosque era de ensueño. Con árboles viejos y tan grandes que se perdían de vista. El suelo estaba lleno de hojas secas y de troncos. El olor era exquisito… eucaliptus, madera cortada, humedad… ¡amaba ese lugar! Camino unos diez minutos, y luego volvió a ver el mismo paisaje de hacía un rato… había dado vueltas en círculos, ya no sabía por dónde había venido.
-Tranquila Aniie… a ver, piensa… Marcus… ven…- Mientras se cruzaba de brazos y pensaba por dónde había venido y trataba de reconocer el paisaje, escuchó unos pasos. A los segundos vio a un niño, como de la edad de ella, con el cabelloblanco perlado y peinado hacia atrás que venía caminando firme y erguido, seguido muy de cerca por un elfo.
Al llegar, la miró extrañado…su vista subió y bajó en su ropa. Aniie cayó en la cuenta de su vestido, al ser blanco, y ella al haber caminado tanto y sentado en varias partes y, con el roce de las ramas, estaba sucio y en algunos tramos ser había roto.
-No tengo dinero. En todo caso, este no es el mejor lugar para mendigar.- Era una voz en donde las palabras sonaban como arrastradas.
-¿Y quién te ha pedido dinero?- Lo que menos tenía Aniie era ser sumisa, menos dejarse humillar. Si el chico que recién llegaba era altanero, ella era doble.- Estoy así porque me he estropeado la ropa… estoy perdida.
-¿Ah, sí…? ¿perdida? ¿Acá?
-Vengo muy pocas veces… quería ir al rio, pero he perdido mucho tiempo y ya en casa me deben estar buscando.
-¿Y dónde vives?
-En Hogsmeade.
-Ah… es un pueblucho… de acá cerca…
-¿Con que molestando a una niña? ¿No te basta con molestar a tus elfos?- Un chico también de unos siete años de cabello negro, acompañado de un colorín habían llegado hasta allí. Los dos lucían caras simpáticas.
-No. Él no me ha molestado.- Respondió con toda la fineza de una dama de ciudad. Los tres se quedaron admirados. Al parecer la ropa no lo decía todo.
-Hola. Mi nombre es Albus…- Dijo el de cabello oscuro.
-Y soy Ron, Ronald Weasley, hijo.- Dijo pasando la mano. Aniie, como una dama de sociedad también le pasó su mano…
-¿Y tú eres?- Preguntó al rubio que estaba delante de un asustadizo elfo.
-Me llamo Scorpius Malfoy Greengrass.
-Mucho gusto. Yo soy Aniee…. Y no pongan esa cara… soy Aniee a secas.
-¿No tienes padres "Aniee a secas"?- Preguntó Scorpius.
-No. Han muerto.- Dijo muy seria.- Ahora, si me disculpan, ¿me pueden indicar por dónde irme a Hogsmeade?- Albus sonrió. Esa chica le caía bien.
-Nosotros vamos para allá, debemos ir a la casa de la tía abuela de Ronald para usar la red flu e irnos a La Madriguera…- Aniie los miró, a pesar de no haber entendido lo último, asimiló que la acompañarían.
Scorpius quería seguir hablando con ellos, pero su padre le había prohibido cualquier contacto tanto con Albus Potter, así como con algún Weasley (que eran muchos), pero nada le había dicho de aquellas personas que no tenían apellido.
-¿Vendrás al bosque mañana?- Le atrevió a preguntarle a Aniie.
-No sé… hoy me escapé.
-¿Dónde vives?- Se apresuró a preguntar.
-¡Uyy qué intrusos los hurones albinos!- Dijo Ronald. Albus rió por lo bajo.
-En Las Tres Escobas.- Le respondió.