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Entre Llamas — capítulo 4
Los dos niños acompañaron a Aniie a Las Tres Escobas. Ya corría un poco de brisa a pesar de ser verano, el bosque cercano enviada unas pequeñas bocanadas de aire frío hacia Hogsmeade.
Al llegar a la puerta, la pequeña vio que Rosmerta la esperaba con ambos brazos en la cintura y con cara de muy pocos amigos.
-¡Aniie! ¿Dónde diablos te habías metido? ¡Me tenías muy preocupada! Le dije al señor White que averiguara con sus hijas si te habías ido al río, y han dicho que no…¡Pero mira cómo vienes! - En ese momento fijó su mirada en los acompañantes de Aniie. Un colorín y un cabello negro. Nada agradable ni de buenos augurios.
-Buenas tardes, Madame Rosmerta, soy …
-Ron Weasley… y tú debes ser Harry Potter ¿no?
-Harry Potter es mi padre, yo soy Albus Potter.- Dijo el niño que sonreía en forma agradable.
Rosmerta sintió que se le secaba la boca. No podía correr riesgos. Su niña no podía andar luciéndose por ahí, peor si hacía amistades con estos dos.
-¡Señorita, estarás castigada hasta que sea el nuevo campeonato mundial de Quiddich…! ¡Adentro! Y ustedes ¿no están muy lejos de sus casas?
-Ah… estamos de vacaciones… y hemos venido a...
-Ya. Está bien. Gracias por traer a Aniie.- Y la niña que no había tenido oportunidad de decir algo, sólo se limitó a sonreírles a sus dos nuevos amigos. Pero Rosmerta estaba muy enfadada, que no se dio cuenta de que había utilizado más fuerza de lo común y empujó a la niña a la casa y esta había chocado con la puerta. Los ojos de Aniie estaban llorosos. Sintió mucha vergüenza que la maltrataran delante de sus amigos… más si era la primera vez que alguien la trataba de esa manera.
-Mamá…-Dijo sollozando.
-¡Adentro! ¡Directo a la ducha…! ¡Pareces una puerca! - Miró a los niños y entró en su casa. Le dolía en el alma haber tratado así a Aniie, pero esa sería la fórmula para evitar que esos dos la rondaran. Muy niños serían, pero sus padres eran unos héroes en el mundo mágico… y podían investigar la procedencia de Aniie. Si estos dos veían que le habían traído problemas, era posible que evitaran otro contacto con su "hija". Les cerró la puerta en la cara a ambos niños.
-¿Crees que irá a ser muy cruel con Aniie?- Ron tenía un nudo en la garganta. En su familia eran muy numerosos, pero jamás nadie maltrataba a un niño o a una niña. Además Aniie era pequeña… y se veía frágil... ¿qué podría hacer para defenderse?
-¿Será nueva por acá? Venimos siempre y es primera vez que la vemos.- Dijo Albus mirando hacia las ventanas por si lograba distinguir a la niña en alguna de ellas.
-A lo mejor la tienen encerrada.
-Sí… a lo mejor es la doncella que hablaba tu tía Fleur… esa doncella que es vigilada por un dragón…
-¡El dragón es la vieja de su mamá!- Dijo Ron con todo de desagrado.
-Ven. Vamos a la chimenea de tu tía… nuestros papás han deestar preocupados.
-Pobre Aniie...
-Mañana vengamos… yo tengo una idea.- Dijo pensando en cierto implemento que le sacaría del baúl de los recuerdos de su padre.
-Mmm ¿Nos vamos a meter en problemas?
-Sí…
-Eso me gusta.
Eran cerca de las 19:00 horas y Hermione había ido en un taxi hasta la dirección entregada por Michael, su psiquiatra. Tal dirección quedaba en Kesington Palace Garden, uno de los barrios más elegantes de Inglaterra y por qué no decirlo, de toda Europa. Pensó que se había equivocado, pero al cotejar nuevamente la dirección entregada, se dio cuenta de que estaba en lo correcto.
El taxi la dejó frente a una mansión, que parecía un palacete. Era una construcción de tres pisos con ladrillo antiquísimo, tenía tres corridas de ventanas, ocho en cada piso y arriba no alcanzaba a distinguir bien, pero la casa era coronada con otro piso entero de vidrio y de ventanas más pequeñas.
Para ingresar había que caminar un sendero de piedras de unos cincuenta metros, adornado por un pasto que estaba seco. No había árboles. Sin embargo, la casa tenía por la orilla pequeñas plantas en maceteros y muchas enredaderas que trepaban por los muros de la mansión. Al fondo distinguió una cochera grande y un vehículo rojo, tipo sedan último modelo. Avanzóy llegó hasta la puerta de entrada, debía subir unos seis escalones antes de tocar el timbre. Sin embargo, antes de tocar, una persona le abrió la puerta.
-¿Señora Granger?- Era un hombre vestido de frac negro quien la recibía. Debía tener a lo menos unos sesenta años, era alto, delgado y calvo.
-Soy yo.
-Adelante.- Hizo una pequeña reverencia y ella ingresó a la casa.
Adentro era como haber retrocedido en el tiempo. Las paredes estaban hechas en arte victoriano. Muebles tallados en madera fina. Ventanales vestidos de gruesas cirtinas de tela gruesa amarilla, pero brillante; un piso que reflejaba todo a su alrededor. Sofás grandes en tono amarillo y café. Una chimenea con un cuadro gigante en su parte superior, en donde se exhibía un hombre de unos cincuenta años, de cabello blanco y con una sonrisa casi torcida. Parecía ser el dueño de la estancia, ya que toda la ornamentación de ese gran salón se orientaba a él. Era como si todo lo circundante le rindiera un homenaje.
-Espere unos minutos, le aviso al amo Michael que usted ha llegado. Tome asiento.
Hermione avanzó hasta los sofás y se hundió en la alfombra que allí había. Blanca como la nieve. Todo era tan pulcro y hermoso que no se iba a sentar si podía mirar esa casa tan hermosamente alhajada y lo que más le había llamado la atención, esa pared del lado derecho, llena de fotos y cuadros antiguos. Miró varios… ¿uno se movió? No, imposible, eso pasaba en el mundo mágico. No en el de los muggles. Y ese era un mundo muggle hasta donde ella sabía. Siguió mirando las fotos, eran fotos extrañas: en blanco y negro muchas y otras en tono sepia. Pero en ninguna estaba Michael.
-Siento haberte hecho esperar.- Era su doctor que llegaba. Pero se veía tan distinto a como lo había visto el día anterior: lucía ropa de calle en colores claros, pantalón beige y camisa blanca, con una corbata delgada en color crema. -"¿Hasta en su casa es tan formal?".- Se preguntó Hermione, que ese día lucía un pantalón rojo fuerte con una blusa de encajes blancos. El rojo resaltaba en medio de todos los tonos claros de la casa.
-Buenas tardes, Doctor… ¿Atiende sus consultas acá?- Dijo mirando a su alrededor. Esa casa tenía de todo, menos la imagen de una consulta.
-En realidad sólo atiendo en el hospital… esto de tener tantas especialidades me impide hacer consultas particulares...
-Pero… entonces ¿Por qué no me citó en el hospital?
-Porque tú estás bien. No hay trauma… no hay secuelas… estás bien. Despertaste de un coma larguísimo y ahora te enfrentas a un mundo nuevo para ti...
-Y también al hecho de que no tengo a mi hija conmigo.
-De eso se trata… Ven, toma asiento. Le pedí a Albert que nos traiga unos jugos y te… hay té verde… blanco… negro…
-Un té negro… gracias.
El hombre le sirvió con toda parsimonia una taza de té y un jugo de toronja a su amo. Luego se retiró.
-Cuando fue el incendio…- Hermione lo miró con impaciencia y dejó su tasa en la mesita.- Yo estaba allí…
-¿En el incendio?
-Sí. En ese tiempo, yo no trabajaba en el Hospital en donde te atendí… trabajaba en Irlanda… y estaba de paso por acá… pero no sé… por cosas del destino ese día domingo yo estaba justo frente al edificio que colapsó y que se llevó con él vuestro departamento… ese día tú me llamaste… y me dijiste que nuestra hija estaba allí… luego corriste y te cayó la cornisa.- Hermione meneaba negativamente su cabeza… eso no era cierto… él jamás…
-Me dijiste que ayudara a salvar a nuestra hija que estaba en el edificio.- Hermioneintentó recordar y sí, efectivamente vino a la mente ese día… pero ese día ella había visto a Draco Malfoy, el padre de Aniie, no a Michael…
-No. Tú no eras.
-Era yo. Me confundiste. Ven.- Le estiró la mano mientras se ponía de pie. Y la guió hasta el cuadro pintado que estaba sobre la chimenea.- Mira, lee allí abajo.- Y le apuntó un nombre escrito en una placa brillante amarilla de metal que parecía oro.
-Abraxas Mal…. ¿¡Malfoy!?
-¿Querías saber qué significaba la "eme" en mi nombre? Pues bien, mi nombre es Michael Thompson Malfoy.
-¿Qué? Pero… entonces… tú…
-Yo estaba ese día del estallido… tú me dijiste que era nuestra hija… pero como yo no tengo hijos, supuse que me habías confundido con él.- Y apuntó una de las fotografías que estaban en la pared. Justo a la que a ella le había parecido que se movía.- Mi primo hermano Draco Malfoy.- En aquella foto había un niño de unos once años mostrando una escoba, vestido con la ropa de Slytherin.
Hermione quería sentarse sentía que se iba a desmayar. El médico notó el cambio de color en su rostro y se apresuró a acomodarla en un sofá.
-Ese día, tú me llamaste por mi apellido.- Recordó Hermione.
-Sí, porque te reconocí de inmediato…
-¡No! ¡Eso es imposible, nunca nos habíamos visto antes!
-Te vi una vez antes… lo suficiente para no olvidarte jamás. Fue el día del matrimonio de miprimo. Tú llegaste a su casa y…
"Hermione había salido aquel día decidida a hablar con Draco. Si bien hacía días que no se veían, ella debía contarle lo que estaba ocurriendo. Aquel día en la mañana se había vuelto a sentir mal, tan mal como las dos últimas semanas. Así que sin dudarlo había ido al hospital muggle más cercano, sólo para confirmar el diagnóstico que ella ya suponía. Efectivamente, estaba embaraza. Por un lado, estaba contentísima por la noticia y orgullosa de llevar a un bebé en su vientre, pero por otro estaba muy nerviosa, porque sabía que a Draco no le iba a gustar. Ya le había dicho en alguna oportunidad que la paternidad no era una prioridad en su vida, y mientras más la retrasara, mejor.
La relación de ellos siempre había sido tortuosa y complicada pero llena de pasión. Habían iniciado una relación clandestina luego del término de la guerra. Sin embargo, él siempre había sido un mujeriego y nunca le fue fiel. Pero ella había cedido a sus encantos y el día de la graduación, al terminar el séptimo año, había terminando siendo suya. Había sido sólo una noche. Lo suficiente para llevar ahora su recuerdo toda la vida. De eso ya había transcurrido un mes y medio, tiempo exacto de su embarazo. Debía contarle…. Debía decirle que esperaba a su hijo. Pero debía ser cautelosa. La familia Malfoy la odiaba. Si bien ella era una heroína en el mundo mágico, aún habían magos y brujas que la odiaban por haber sido una de las precursoras de la caída del mago más temible de todos los tiempos: Lord Voldemort. Y una de esas familias era la familia de Draco.
Aquel día, no quería avergonzar a Draco delante de su familia, así que se las arregló para enviarle una lechuza y decirle que lo esperaba en la puerta de la mansión. Cuando llegó allí, vio que algo ocurría en aquel lugar, al parecer un gran evento, porque había mucha gente que entraba y salía. Y ella vestida con jeans y con una blusa de encajes y su pelo, como siempre, alborotado. Pero con toda la prestancia y dignidad de una princesa, igual se paró en la entrada a la espera de Draco. Que llegó unos cuantos minutos más tarde.
-¿Qué haces acá?- Le había gritado desde un par de metros. Estaba elegantísimo con un smoking negro, peinado y su aroma que envolvía aún el espacio abierto. Parecía que estaba una fiesta muy elegante.
-Necesitaba hablar contigo, Draco. Es importante.- Debía decirle antes que las palabras se le perdieran con el nerviosismo.
-No tengo tiempo, Granger.- Otra vez la dureza de sus palabras afloraban.
-Draco... lo que pasa es que hoy…
-Granger. Hoy es mi… Hoy me caso. Dentro de unos minutos será mi matrimonio.- A Hermione se le caía el mundo. ¡¿Cómo era posible que se casara?! ¡Ella lo amaba! ¡Ella esperaba un hijo de él!.
-Me caso con Astoria. Es un matrimonio que ha estado arreglado desde antes que naciéramos…
-Pero …
-No te lo había dicho… consideré que lo nuestro no iba para ningún lado… además… mírate Granger… mírate quién eres… Ya no hay guerra, bien… Pero sigues siendo la sangre sucia de siempre… y yo debo cumplir con mi palabra… además Astoria espera un hijo mío.- Justo en ese momento ingresaba una limousine negra a la casa. Un joven de características parecidas a las de Draco había bajado el vidrio y había visto a una muchacha que lloraba desconsolada, mientras Draco giraba sobre sus pies y avanzaba hasta la mansión.
Aquella muchacha se limpió las lágrimas y desapareció".
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