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Entre Llamas — capítulo 6
Draco Malfoy, un hombre de pocas palabras, solitario y apartado del mundo, se encontraba en la biblioteca de su Mansión. A pesar de tener esposa e hijo, su vida no había sido fácil. Primero fue obligado, por su padre, a ser un mortífago y luego a aceptar la repulsa pública cuando Voldemort fue destruido. Después, para redimir la honra de su familia, se vio obligado a contraer matrimonio con Astoria Greengrass, quien ya estaba embarazada cuando se casaron. En ese entonces él estaba enamorado de Hermione Granger, la impura que había osado entrar en su corazón, y a quien tanto daño le causó con su matrimonio. Tal fue ese daño que desde el día en que el le confesó que se casaba con otra, nunca más la vio. A veces, creía imaginarla caminando por el callejón Diagon o le parecía verla parada en alguna esquina de Hogsmeade, pero en realidad era sólo su imaginación.Hermione había dejado el mundo mágico y renunciado a todo por su culpa.
Incluso en una oportunidad se acercó a Harry Potter, quien trabajaba en el Ministerio de Magia, a preguntarle si sabía algo de ella. Pero como era de esperar la respuesta de Potter fue negativa, claro sin antes intentar indagar el porqué él se preocupaba por ella, si tanto daño les causó durante los años de estudio. Lo que nunca supo Harry Potter fue que entre Draco y Hermione, durante el séptimo curso, había surgido una pasión inimaginada, en silencio, a escondidas de todos. Lo malo fue cuando el curso terminó y él se vio en la cruda realidad: Dar respuesta a un matrimonio arreglado con anterioridad. Si Astoria no hubiera estado embarazada, poco y nada le hubiese importado el famoso acuerdo. Pero ella llevaba un hijo en su vientre, fruto de las locas andadas que tuvo en el último año. Porque, a pesar de estar con Hermione, no se podía quitar el titulo de mujeriego que tenía en la frente, mas tampoco podía cambiar su forma de ser de un día para otro, ya quelevantaría sospechas y pondría en riesgo a Hermione.
Desde aquel tiempo hasta ahora su matrimonio era un desastre. Astoria no pasaba en casa. Siempre estaba de viaje con su hermana gastándose la fortuna de la Familia y él se había hecho cargo de cuidados de Scorpius, un niño muy parecido a él, tenía sus mismos ojos y cabello, pero en cuanto al carácter, este debió haberlo heredarlo de algún otro pariente, porque era tranquilo, no buscaba peleas, ni era malcriado, como Draco de niño. Al contrario, para Scorpius llevar el estigma Malfoy le había traído uno que otro problema, ya que lo asociaban directamente con su padre, que no gozaba de buena fama en su niñez, lo cual había dado como resultado un Scorpius solitario y sin amistades. Incluso tenía profesores particulares en casa, ya que no iba a ningún colegio. Su única posibilidad de compartir con niños o niñas de su edad, estaba reservada para cuando cumpliera los once años, e ir a Hogwarts. No obstante, había compartido con otros niños hijos e hijas de magos, en alguna salida al Callejón Diagon o a Hogsmeade. Pero nada más. Tan solitario era el padre, como el hijo.
-Draco... hijo... debemos ver el tema del aniversario de matrimonio... treinta años de vida conjunta no es menor...- Era Narcisa quien entraba al lugar.
-No es menor vivir 30 con mi padre.- Respondió Draco mirando por la ventana. Afuera el día estaba radiante y unos elfos estaban cortando el pasto de la entrada. Narcisa hizo como que no había escuchado el comentario de su hijo. Sabía que ambos no se llevaban bien. Draco no perdonaba a Lucius el haber planificado lo de su matrimonio.
-Debemos invitar a tus primos, a tus tíos... hemos pensando realizar una semana de eventos... con cenas, fiestas y excursiones... ¿Qué te parece?
-Hay familiares que viven lejos. ¿Se tendrán que quedar acá? Ah, y no te olvides de los familiares Squibs y Muggles... Ja. La vergüenza de la Familia Malfoy, ¿Ellos también vendrán?
-Todos. Sabes que es la costumbre mágica. Y sí, he pensado en que se queden acá... Esta mansión tiene muchas habitaciones desocupadas...
-Haz lo que quieras madre... es tu fiesta y la de mi padre... yo no veo en qué te pueda ayudar... además me conoces y sabes que odio las fiestas.
-A ver...mira, te lo cuento, única y exclusivamente porque para esa semana necesito que esté acá tu adorada esposa y que le demuestren a todo el mundo lo bien que va vuestro matrimonio
-¡Mi matrimonio! ¡Como si existiera como tal...! ¡En el mundo de los muggles estaríamos divorciados hace siglos!
-Pero no eres Muggle, ni vives en su mundo. Eres un mago con tradición y ambos deben demostrar al mundo mágico lo bien que se llevan y que su matrimonio es un ejemplo dentro de las familias más antiguas.
-Claro madre, para actuar soy un experto. Ahora si me permites, debo ir a Londres. Tengo un par de cosas tengo pendientes...
-¿Por qué no mandas a un Elfo?
-No voy al Callejón Diagon.... voy a ver a algunos amigos...- Mentía lo único que quería era salir de esa casa.
Mientras tanto un par de niños, uno colorín y el otro azabache, caminaban por Hogsmeade rumbo a las Tres Escobas. Esperaban ver a Aniie y si no estaba accesible, Albus tenía guardada en su mochila una prenda muy querida de su padre, la cual tomó sin su autorización, pero que estaba dispuesto a utilizarla si no lograba a ver a la niña. Sin embargo, no hubo necesidad de ello. Allí estaba la niña de los ojos grises y de cabello rubio ondulado con mechones blancos, de pie en una pared de madera, a un costado del bar... mirando hacia el bosque, no se había dado cuenta de la presencia de los dos.
-Aniie... hola.- Dijo Albus en voz baja. Aniie los miró y sonrió de inmediato. Era como si los estuviera esperando.
-Shhh, no hablen muy fuerte. Mamá Rosmerta no quiere que hable con extraños.
-Nosotros no somos extraños, somos tus amigos.... te vinimos a rescatar de la dragona.- Le dijo sonriente Ronald Junior.
-¿Dragona? Jajaja no, ¡Es mamá Rosmerta!
-Aniie, nos dijiste que tus padres han muerto...- Comenzó Albus.
-Sí.
-Pero ella, ¿Qué es de ti? Es tu tía... tu abuela... acaso?
-En verdad no lo sé... lo único que recuerdo son muchas llamas y explosiones... a veces sueño con mi mamá... con mi papá, no... pero nada más... No recuerdo haberla visto antes de ese incendio...
-¡Aniie!!- Se escuchó la voz de Rosmerta desde el interior de la estancia.
-Chicos me debo ir...
-Espera... ¿Te ha castigado mucho? ¿Te ha golpeado?- Le preguntó Albus.
-No.... bueno, sólo lo que vieron ese día... pero no me ha golpeado... sólo que tengo prohibido salir hasta el próximo campeonato de Quiddich.- Los niños se miraron extrañados, eso sería en tres años más.
-Uuu para cuando salgas de tu castigo, estaremos a punto de entrar a Hogwarts...
-¡Aniie! ¿Dónde te has metido niña desobediente!! - Otra vez la voz chillona y gritona de Rosmerta.
-Adiós chicos.- Dijo un poco triste y se encaminó a la casa, dejando a sus amigos afuera.
-Creo que le debemos informar a la abuela de esto.- Dijo Ronald, Albus asintió.
Así que de inmediato regresaron a la casa de su tía para volver a La Madriguera y poder contarle a Molly lo que Aniie les contó.
Aquel mismo día Hermione había quedado de reunirse nuevamente con Michael en su casa. Esta vez, un vehículo de propiedad del médico con un chófer la fue a buscar a su casa.
Al ingresar, Michael ya la estaba esperando. Se encontraba sentado en un sofá de la sala leyendo una tarjeta.
-Buenas tarde, doctor.-Saludó en formalmente Hermione, quien esta vez vestía un pantalón blanco ancho de pretina gruesa y una blusa amarilla de mangas largas con encaje en sus puños. Se veía muy femenina. Michel la observó de pies a cabeza. Sin duda aquella mujer era muy sensual y bella.
-Hermione... ¿Cómo estás? ¿Lista para iniciar el proceso de recuperación de tu magia?- Ella sólo asintió. Tenía un poco de miedo. Pero sabía que aquel hombre le ayudaría a recobrar sus poderes y por sobretodo, a recuperar a su pequeña. - Quiero que leas esto.- Michael le entregó la tarjeta que lucía el sello de la casa Malfoy.
Lucius y Narcisa Malfoy invitan a usted y su esposa o acompañante, a la semana de celebración de sus Bodas de Perla, a celebrarse entre el 20 y el 27 de agosto del presente. Esperamos contar con su presencia para que compartan con nosotros la alegría de vivir 30 años de feliz matrimonio*.*
-Así que 30 años los Malfoy... ¿Irás?
-Iremos.- Respondió Michael. Hermione abrió los ojos tan grande como pudo.
-¿Yo? ¡Estás enfermo! ¡Ellos me odian! Fui una de las precursoras de que el régimen de Voldemort no prosperara... además... está Draco...
-Hermione... ¿Quieres vengarte? ¿Quieres recuperar a tu hija? Pues bien. Presentémonos delante de todos ellos como lo que somos, los mejores brujos... con poderes que ellos envidiarían...
-¿Y dónde quepo yo? ¿De qué voy? Cómo tu hermana? Como tu pareja?
-Irías como mi esposa.
-Michael, eso es imposible... ellos son expertos en Legeremancia... sabrán de inmediato que no estamos casados.
-Yo te enseñaré Oclumancia... tranquila. Tengo todo planeado. Es hora de mostrarle a esa familia que no son tan poderosos como ellos creen... y a Draco, es hora de que le demuestres quién eres....y lo que él se perdió...
-Y tú ¿qué ganas?
-Reivindicar mi nombre y el de mi madre. Recuerda que ellos siempre han pensado que soy muggle y me han despreciado por ello.... y no es así. Soy tan mago como Draco o como Lucius... Dime qué piensas.
-No sé...
-Mira, al término del día de hoy, te volveré a preguntar... por lo pronto. Acompáñame, bajemos al sótano, es hora de que recuperes tu magia... así que lo primero es lo primero.- Hermione inspiró fuerte y asintió.
Michael la guió por los pasillos de la mansión hasta llegar una entrada de piedra, en donde comenzaba una escalera que descendía varios pisos, que era iluminada por una que otra antorcha. Abajo se encontraba un gran salón coninmensas estanterías llenas de libros antiquísimos, un mesón en el centro, unos cuantos calderos y una chimenea. Pergaminos, cuadernos de anotaciones, plumas y lápices, un computador, una máquina de escribir y algunos frascos de tintas. Hermione miró todo con extrañeza.
-Es una mezcla rara de magia con vida muggle.- Dijo Michael dándose cuenta de que Hermione advirtió la mezcla anormal de aquella habitación.- Bien, lo primero es que recuperes tu varita.... o más bien, que tengas una...
-Bueno... la mía... yo...
-La entregaste al Ministerio. Lo sé. Ocurrió el día en que te presentaste a renunciar a tu magia y tuviste que entregarla.
-Pero ¿puedo usar otra varita que no sea la mía?
-Sí... recuerda que la varita elige al mago... y yo tengo varias... Ayer fui a ver a Olivander y me entregó algunas para que pruebes...
-¿El señor Olivander sabe de mí?
-Olivander sabe todo... tranquila... también sabe lo mío... ven... acércate.- Hermione se acercó a la mesa y vio unas cuantas cajitas que contenían diversas varitas... eligió una y no sintió nada, luego tomó otra y el pelo se le encrespó.- No, creo que esa no.- Dijo un sonriente Michael, prueba con esta.-Abrió otra caja y sacó una varita de color negro y tal como cuando eligió su primera varita, aquella que era de madera de vid con fibra de corazón de dragón, sintió un calor por su rostro, el cabello volvió a la normalidad y sintió que esa varita era de ella...- Mmm madera de Haya con cabello de unicornio... Mmm bien no?- Hermione sonrió.- Si te das cuentas... si la magia no estuviera en ti, no habrías podido elegir una varita... ¿Convencida que la magia sigue dentro de ti?
-Convencida.- Dijo sonriente mirando y tocando su varita negra de 12 pulgadas.
Luego de aquello Michael hizo un par de conjuros en una lengua que Hermione desconocía, realizando movimientos con su varita tan extremadamente complejos como para aprenderlos en una clase. Luego de ello, un vapor transparente apareció en el sótano. Tenía forma de mujer, con el tamaño de Hermione, que avanzó hasta ella, traspasándola... y luego, de en un segundo ya no estaba... se había ido.
-Tu magia... Hermione... está en ti... debes activarla... - Le entregó un libro de conjuros en cuya portada estaba consignado el nombre de Merlín.- Te dije que soy de la antigua escuela, Hermione... ahora debes leer el conjuro que allí aparece y hacer el mismo movimiento de varita que yo hice.
-¡Eso imposible hacerlo! ¡Sólo te ví una vez!
-Sígueme entonces.- Michael hizo nuevamente el movimiento y Hermione lo siguió.- ¿Entendido?
-Casi.
-Bien. Algo es algo. Lee el conjuro y realiza el movimiento en cada punto seguido.
-Okey.- Hermione tomó el libro y comenzó a leer: "-Las nubes oscuras del ocaso del día albergan tristezas y albergan alegrías. Las nubes ocultan los sentimientos y las habilidades. Las nubes de tu corazón esconden tu magia. Tu cerebro alberga la magia que tu corazón oculta. Merlín, Lillith y Saba... devolved la magia a ... mí... Hermione Granger... la bruja que ocultó en su nube, la magia de su vida".- Hizo los movimientos necesarios, pero no hubo ninguna respuesta.- ¿Y? ¿Por qué no ha ocurrido nada?
-Esperabas efectos especiales, ¿acaso? Granger, Granger... no toda la magia funciona como siempre tú lo has creído... recuerda esta es mi magia... la verdadera, la de Merlín... distinta a la que pudiste aprender en Hogwarts.... o de sus fundadores, Godric, Rowena, Sazalar o Helga... Tienes la misión aprender magia, de la buena y de la mala... sin irte a los extremos... ¿Te atreves?
-Me atrevo a aprender esta magia y... a presentarme delante de los Malfoy contigo.
-Esa era la heroína que quería ver, Hermione Granger.- Dijo con un tono presumido, y con voz arrastrada. Hermione cada vez lo encontraba más parecido a Draco. Con la diferencia de que este Malfoy, al parecer, tenía sentimientos.