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Entre Llamas — capítulo 8
Durante la semana previa a las celebraciones en casa de los Malfoy, Hermione se mudó a la mansión de Michael, a fin de repasar todos los pasos a seguir y para conocerse mutuamente en lo relativo a gustos, preferencias, inventar vivencias juntos, lugares visitados, detalles de su supuesto matrimonio, tiempo de casados, etc. Al final decidieron que llevaban cuatro años de matrimonio y que no pensaban todavía ser padres. Su matrimonio, supuestamente, se celebró en LasVegas, Estados Unidos, en una visita que ambos realizaron y luego de una noche alocada terminaron casados. Y que, lejos de lo que muchos pensaron, la decisión de casarse era lo mejor que les pudo pasar, ya que se amaban.
Michael, quería que Hermione se luciera ante esa familia que tan mal trató a su madre por el hecho de haber sido muggle; Quería que Draco se diera cuenta de la mujer que perdió por darle el gusto a su padre, casándose con otra. Por eso se preocupó de renovarle el closet completo a "su esposa", contratando para ello a los más caros diseñadores del mundo muggle.
-Hasta la misma Reina Isabel envidiará tu ropa.- Le había dicho mientras revisaban juntos el envío que realizaron dos modistos famosos. Eran sus mejores y exclusivas prendas, las que habían llenado la habitación de Hermione.- Por lo menos, llevarás unos cien trajes distintos... Hermione... quiero que te luzcas... quiero que te veas bella... y que Draco se retuerza por dentro al verte que te ha perdido.
Se preocupó de todos los detalles: joyas, maquillajes, zapatos, accesorios, perfumes. e incluyendo también las exclusiva y carísimas argollas de matrimonio. Y para él, también los mejores trajes, claro, que él ya tenía mucho avanzado, siempre fue millonario y siempre se preocupó de lucir bien.
-Cuando esto termine, te devolveré todo. Yo no me quiero aprovechar. Ah! y sin discutir, es mi decisión y no hay espacio a objeciones.- Hermione muy segura de sí, no estaba dispuesta a aceptar todo aquello, ya que en definitiva, no era nada de Michael, sólo una mujer que había extraviado a su hija y que, por esas casualidades del destino, fue a dar justo con el primo del padre de esa niña.
-Lamentablemente la decisión de que te debes dejar todo para ti, la tomé yo, antes de que te entregara todo esto. Así que... Hermione... todo es tuyo.- Y la había dejado sola en la habitación.
"-Era tan... tan Malfoy!"- Pensaba Hermione que veía reflejado a Draco en Michael, el parecido físico no era nada comparado con los gestos y los tonos de voz. "- A ver, Hermione, tranquiliza tus hormonas... esto es un trabajo... y tú vas sólo a cobrarte lo que Draco te hizo... él te dejó y se casó con otra... pero lo más importante es que regresarás al mundo mágico... a buscar a tu hija, que de seguro allí está... pero y... si no?"
Salió de su habitación. Debía hablar con Michael, así que bajó las escaleras y lo encontró sentado en un sillón leyendo un libro de medicina.
-Michael...¿Podemos hablar?
-Dime...
-¿Y si mi Aniie no está en el mundo mágico? y si fue raptada por otras personas... y si....
-Hermione... mira, son dos años en que la policía muggle no ha parado en buscarla.... y aún así no han dado con paradero de tu hija. Debes confiar en mí... estoy seguro que está con alguien del mundo mágico. ¿Cómo lo sé? es un presentimiento. Además recuerda que Aniie también es de mi sangre... soy tu tío, recuérdalo...y entre los parientes del mundo mágico existen lazos invisibles y fuertes. Creo que tu hija en donde esté, se encuentra bien... no feliz, pero sí está segura... ¿Confías en mí?
-Sí...claro que confío en ti, Michael. Gracias.
-Ven acá.- Dijo invitándola a sentarse a su lado. Hermione aceptó y el cruzó su brazo por sobre los hombros de ella. Hermione sólo descansó su cabeza en el hombro de él.- Encontraremos a Aniie... tenlo por seguro... Tranquila... nunca más estarás sola Hermione.
-Michael... tú eres mi gran apoyo.
-Y tú el mío, Hermione.
Era día jueves 20 de agosto. Los jardines de la mansión Malfoy estaban arreglados de manera impresionante: grandes toldos blancos cubrían el caso de los rayos solares, además de varias sombrillas y flores cubrían los espacios. Mesas arregladas para servir el almuerzo de aquel día, almuerzo que daba el inicio de la semana de festividades en celebración de los 30 años de matrimonio los que, según la tradición Malfoy, se festejaban durante una semana de corrido, con distintas actividades: almuerzos, cenas, excursiones, duelos, competencias y fiestas, para eso Narcisa y Lucius contrataron los servicios de organizadores especializados en este tipo de celebraciones en el mundo mágico, quienes tenían todo organizado, desde la planificación de las actividades hasta los recuerdos de todas y cada una de las actividades.
-¿Conforme con todo es circo, Narcisa?- Le preguntó mientras acomodaba su corbata, de pie en la escalera al lado de su esposa.
-No es un circo, Lucius. Es la tradición. Deberías saberlo. Y sí, estoy conforme... se ve todo muy bien... confío en que todos y digo todos.- Hizo énfasis en la última palabra dirigida a la pareja que estaba detrás de ellos que era Astoria y Draco.- se porten a la altura.-Continuó.
-¡Nadie recuerda cuantos años llevamos de matrimonio! podría haber pasado desapercibido.- Lucius odiaba ese tipo de festividades.
-Eso es lo que tú crees... Pero calla mira que ya vienen los invitados.- Detrás de ellos estaba su hijo Draco, elegantemente vestido de frac, junto a su esposa Astoria, que aquel día lucía un hermoso vestido color verde esmeralda, largo y de espalda descubierta. Scorpius tenía tomada la mano de su padre y bostezaba de aburrido que estaba. Mientras que Astoria tomaba un sorbo de licor de la copa que tenía en su mano.
-Te ves hermoso, Draco y muy elegante. Si no fueras mi esposo, te pediría que fueras mi amante.- Lo último se lo dijo al oído a su esposo haciendo un insinuante movimiento de cejas.
-Compórtate como una dama... por favor.-Le respondió Draco, serio.
-¿Me debo comportar como una dama? ¿Delante de toda la parentela Malfoy? incluyendo al muggle de tu primo... el medicucho ese? ¡Deben estar locos!
-Incluyéndolo.- Le respondió Draco.- ¡Ah! y por favor... no hagas una escenita de las tuyas... mira que muchos familiares vienen con sus esposas... incluyendo a Michael quien informó que venía con su mujer.- A Astoria se le cayó la copa de la mano y manchó su vestido.
-¿Se casó?- Preguntó incrédula.
-Eso creo. Dijo que vendría con su esposa. ¿Por qué te molesta tanto?
-No me molesta. Me tomó de sorpresa, eso es todo. Pero bueno... vuelvo en seguida... me debo cambiar.
-¡Tú te quedas como estás!- Fue Lucius quien habló ya que escuchó las intensiones de su nuera. Era obvio que si se retiraba en ese instante no aparecería sino hasta en un par de horas, y ese no era plan. Como estuviera, se quedaba. Con o sin manchas debía estar al lado de su esposo.
-Me acabo de machar...
-¿No eres bruja acaso?- Narcisa giró y con su varita limpió el vestido de Astoria.
-Ahora te quedas a mi lado, como mi querida y amada esposa.-Draco tomó la delgada mano de Astoria y entrelazó sus dedos con los de ella, cual matrimonio feliz.
De a poco iban ingresando los familiares de los Malfoy. Según las invitaciones que se enviaron, se calculaba que eran unas sesenta personas. Entre matrimonios propiamente tales, y personas solas. Estaban considerados un par de abuelos, y por sobretodo unos cuantos niños y niñas.
Eran ya cerca del medio día, (y la invitación decía que el inicio de las festividades era a partir de las diez de la mañana) cuando la mayoría había llegado. Sólo faltaba un primo, aquel que era la vergüenza de la familia, por ser, primero, hijo de una muggle y luego por no tener ni una pizca de magia. Era un ordinario muggle, y que, lamentablemente, iría a esa festividad con su ordinaria esposa muggle.
-Madre, ¿Es necesario esperar? llevamos dos horas recibiendo a los invitados.
-Y a mí estos zapatos me están matando.- Astoria tenía cara de estar muy cansada.
-Los dos se callan. Esperaremos diez minutos más. Si no llegan, tendrán que ingresar sin ser recibidos como el resto...- Pero Lucius no alcanzó a terminar la idea de lo que estaba diciendo ya que vieron ingresar una limousine negra, muy elegante, que acababa de detenerse frente a ellos.
De inmediato uno de los sirvientes de la casa Malfoy abrió la portezuela del vehículo y de él descendió Michael Malfoy, un traje de color azul piedra, elegantísimo y exclusivo, luego se giró y puso su mano para que bajara su esposa. De él descendió una mujer hermosa, vestida con un vestido rojo de gaza transparente, entallado en su cintura con breteles delgados dejando sus hombros desnudos y su suave espalda al descubierto. Llevaba el cabello tomado en una coleta elegante y algunos rizos caían desordenados por su cuello, el cual iba adornado por un collar de diamantes carísimos. Lucía zapatos de tacón negro, que la hacían estilizar aún más su figura.
Draco se quedó helado... ¡la había reconocido!
A Narcisa le parecía haberla visto antes.... ¡Qué mujer más elegante!
Lucius sonrió para sí, al ver a tan bella mujer... "-Me gustan los desafíos..." dijo para sí.
Astoria, estaba furiosa. Conocía a esa sangre sucia que era la esposa de Michael.
-Estimado Michael... ¡Qué bueno que vienes a pasear al mundo, que por culpa de tu madre te negaron!- Dijo Astoria.
-¡No te han enseñado buenos modales, Astoria...? Primero se saluda.- Le respondió Michael.- Buenas tardes Narcisa... Lucius... Draco... les presento a mi esposa: Hermione Malfoy.
-¡Hermione!- Draco la miraba, e instintivamente soltó la mano de Astoria y avanzó hacia Hermione quedando frente a ella. Hacía años que no la veía... exactamente desde el día de su matrimonio. El tiempo había hecho maravillas con aquella niña, ahora era la mujer más bella que había visto jamás. "Su Hermione" regresó... pero ya nada era igual... pertenecía a otro...