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Entre Llamas — capítulo 9

Draco había enmudecido,temblaba por completo.... no sabía era por la alegría de ver nuevamente a Hermione o de rabia por saber que estaba casada. Tenía frente a él a aquella muchacha que se presentó justo antes de su matrimonio, con un jeans desteñido y con su cabello alborotado, a decirle algo quenunca se enteró, porque habló él antes, le dijo que se casaba... la trató mal, con el único objeto de alejarla de su lado. Jamás se imaginó que la alejaría tanto, desde aquel día, jamás la volvió a ver, hasta ahora, que la tenía frente a él. Bellísima, elegante, parecía una princesa, una princesa con dueño y ese dueño era su primo, Michael... ese primo a quién él, tantas veces humilló siguiendo las órdenes de su padre y ahora le demostraba en su cara que finalmente había ganado. Tenía a la única mujer que en su vida amó, como su esposa. Hermione, aquella sangre sucia que tanto odió de niño, hoy pertenecía a su familia, lo malo era que no era la esposa de él... de Draco... sino la de su primo... de Michael.

-Malfoy... ¿Qué tal? Tantos años sin verte.- Le dijo Hermione.

La voz de ella sonaba a música celestial para los oídos de Draco... ¡Siglos sin escucharla! ¡Siglos sin ver esos labios que tantas veces había besado! ¡Siglos sin ver ese cuerpo perfecto que tantas veces acarició y que fue suyo muchas veces! quedó sin voz. No podía responder, si hablaba su voz tendría un timbre de payaso. Carraspeó y sólo hizo un leve movimiento de cabeza.

-Narcisa... sinceramente no teníamos intensiones de venir, pero la tradición es la tradición. Sé que ustedes no soportan a los muggles...- Empezó a decir Michael. Pero Lucius, que no despegaba los ojos del busto de Hermione, sonrió en forma cínica y le puso su brazo para que la joven pusiera su mano allí.

-Hermione Granger... la heroína del mundo mágico... ¿qué te habías hecho? Mucho tiempo perdida.- Hermione, que no tenía ni un pelo de tonta y que estaba tan bien enseñada por Michael, le sonrió, pero no tomó su brazo.

-Señor Malfoy, si mal no recuerdo usted fue quien quería entregarme a Voldemort para que me matara. Eso no lo olvido. Así que saque su brazo, que jamás me colgaría de él. ¿Michael?- Y buscó la mano de su "esposo" para avanzar.

-Hola.- Un niño rubio de cabello blanquecino se acercó a ellos.- Soy Scorpius.- Hermione lo miró un poco sorprendida. He ahí el motivo por el cual Draco la había dejado. Era un pequeño hermoso, todo un Malfoy y que le sonreía agradablemente a ella y a Michael.

-Es mi hijo.-Dijo Draco tomándolo de la mano.

-Felicitaciones.-Le dijo Hermione mirándolo a los ojos. Recordaba cada palabra de aquel día del matrimonio de él. Pero cual mejor actriz, esbozó una sonrisa y miró a Michael.

-Es cosa que tú digas... y tenemos los nuestros.-Le dijo Michael regalándose un beso en la mejilla.- La leve sonrisa que pudo dibujarse en el rostro Draco, esas palabras la borraron de inmediato. Había olvidado por un instante que Hermione estaba casada. Que no era aquella adolescente que se entregó a él y que le había regalado su primer "Te amo".

Michael tomó suavemente la mano de Hermione y entrelazó sus dedos con los de ella. Al hacerlo le dio un pequeño apretón, para transferirle un poco de calma. Draco se percató de ese gesto y volvió a sonreir. Su Hermione era toda una mujer y por lo menos, Michael, la trataba bien y se preocupaba de ella.... se notaba que estaba enamorado de ella... en cambio él... tenía que conformarse con Astoria, que, al mirar, pudo distinguir una mueca entre asco combinada con un toque de envidia.

Por otra parte Lucius, que no había dejado pasar el gesto desaire realizado por la invitada, pensó "- A la primera nunca resulta... ya intentaré"- Y volvió a sonreír con lo que había reflexionado para sí... "- Si ya con una me resultó... con esta igual podría resultar" (al pensar en aquello, dio una mirada de reojo a Astoria)

-Los tiempos cambian, Hermione.- Dijo Lucius, con su rostro tranquilo evitando mostrar su rabia por la poca consideración de ella al rechazar su brazo.

-No siempre... hay cosas que no se olvidan, Señor Malfoy.- Le respondió mientras avanzaban.

Astoria no le quitaba la miraba al vestido a Hermione... moría de envidia al ver que alguien podía tener mejor gusto que ella y por ende, lucir algo más caro y exclusivo que ella.

-Es Gucci.... por si interesa.... me imagino que el tuyo es diseño exclusivo de la bruja de la esquina ¿no?- Le respondió Hermione con un toque de sarcasmo. Digno de una Malfoy. Tanto Draco como Lucius rieron.

-Yo le dije a Astoria que fuera a una casa de alta costura muggle, pero no me hizo caso... Hermione, me tienes que dar los datos de tu elegancia.- Dijo Narcisay de paso, le regaló una mirada de rabia a su nuera.

-Granger es una buena bruja, la mejor... sin ir más lejos... Así que anda con cuidado amada esposa... se enterará de tus secretos si no cuidas lo que piensas.- Draco metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y avanzó junto a sus padres y los recién llegados hasta el lugar dispuesto para el almuerzo familiar, dejando a Astoria unos cuantos metros atrás, momento que no desperdició para contemplar la espalda descubierta y las caderas de Hermione.- Ven hijo, no te quedes atrás...- Extendió la mano para que Scorpius lo siguiera ya que Astoria no le había tomado en cuenta a su hijo.

Llegaron hasta el lugar en donde estaban dispuestas las mesas de mantel largo blanco en forma circular, cada una para 6 personas. Como ya estaban todos los invitados, sólo quedaba disponible la mesa de los dueños de casa, que era una rectangular en frente del resto, y otra que se encontraba ubicada una al lado de la principal. También era circular. En esa, obligatoriamente se debiósentar Michael, Hermione, Draco, Astoria y en medio de ellos, su hijo Scorpius.

Lucius se puso de pie y con un hechizo logró amplificar su voz, colocando en su cuello su varita, y habló a los presentes:

-Familia Malfoy yFamilia Black: Para Narcisa y para mi es un verdadero honorque hoy estemos todos juntos reunidos en la celebración de nuestros treinta años de feliz matrimonio.- Draco negó con su cabeza, gesto que no fue obviado ni por Michael, ni por Hermione.- Por eso, es que hoy, como es tradición en nuestra Familia iniciamos una semana de celebración. En sus mesas encontrarán el programa para todos los días. Por hoy, tendremos este almuerzo y en la tarde, los duelos de varitas, para los magos (y miró fijamente a Michael)... ustedes saben que son duelos, solamente de desarme y uno que otro hechizo, no se permiten los imperdonables... claro, en estos tiempos... (dijo riendo)... Para entramparnos en la definición de quienes compiten contra quienes, es que lo haremos según las personas que se encuentren en vuestras mesas. Es decir, si haydos magos, ellos se enfrentarán y si hay más de dos, ustedes definirán quienes serán los que se enfrenten de su mesa. Al final del día tendremos al mago experto en desarme. Los premios, como lo dice la costumbre, se entregarán a aquellos magos que más puntos hayan acumulado. La tabla de puntajes también se encuentra adjuntada en el pergamino que está en sus mesas. Por último,el duelo comenzará a las 18:00 hrs. y mañana temprano tendremos la excursión. Las instrucciones serán entregadas a su debido tiempo. Y ahora a disfrutar de este banquete. ¡Salud!- Dijo levantando su copa.

-Esto parece un reality show...- Le dijo Hermione a Michael.

-Toda la razón...

-¿Un qué?- Preguntó el niño, alargando en demasía la última letra de la palabra "que".

-Un "reality show"es una especie de experimento en donde ponen a un grupo de personas a hacer pruebas mientras mucha gente los ve.- Le respondió Michael a Scorpius. El niño estaba admirado, era tan extraño que alguien distinto a su padre le respondiera sus preguntas.

-Un circo... así lo definió mi padre.- Dijo Draco sirviéndose un vaso de jugo.

-Y por lo visto en la primera prueba, ya tenemos un ganador de esta mesa ¿no? no hay mago con quién te puedas enfrentar.- Astoria hablaba acariciando el cabello de su esposo.

-No creas todo lo que ves, Astoria.- Le respondió Michael y tanto Draco como ella lo quedaron mirando.

-No me digas que un muggle como tú piensa enfrentarse a un mago... ¿Trajiste armas muggle, acaso?- Le preguntó Astoria con un cierto aire de incredulidad en su mirada.

-Mmm es posible... Draco: los dos nos mediremos.- Y alzó su copa hacia su primo.

-Michael, no tengo intensiones de hacerte daño ni dejarte en vergüenza.

-Yo tampoco, primo.

-A lo mejor la bruja de tu mujer hace algún hechizo...- Le tiró todo el veneno a Hermione.

-Astoria, tú no me conoces. Así que cuando te refieras a mí, dímelo de frente. Si quisiera hacer un hechizo, hace rato que te habría cosido los labios... ¡Ah! y tranquila que yo confío plenamente en las capacidades de mi esposo. Deberías hacer lo mismo. Y Draco... tranquilo, no tenemos armas muggles, si eso es lo que te preocupa...

Luego del banquete, los invitados fueron llevados por algunos sirvientes de la casao algunos elfos domésticos, hacia sus respectivos aposentos. Hermione y Michael, por ser este primo hermano de Draco, tenía su habitación reservada al interior de la Mansión. Otros invitados se encontraban en una construcción aledaña a la ésta, tan elegante como la mansión misma.

-Ha salido todo bien.- Decía Michael mientras hacía unos hechizos en la puerta y ventanas, con algunos movimientos de su varita.- Es para que nadie nos pueda escuchar desde afuera.- Se apresuró a responder al ver el rostro de pregunta de Hermione.

-Creo que Draco no se lleva bien con Astoria.- Hermione comentó mientras revisaba que sus cosas personales se encontraban muy bien acomodadas en el closet de la habitación.- Valla... ¡Qué orden!

-Es posible que su matrimonio no sea tan perfecto como han querido mostrar. Yo también me di cuenta de que ella, en ningún momento, se acercó a su hijo.

-Sí, pobre niño... ¿Michael? ¿Te has dado cuenta de que tenemos una cama?

-Sí.

-¿Y? ¡No me vas a decir que dormiremos juntos!

-Somos marido y mujer.

-¡Michael!

-Tranquila. No podemos arriesgarnos. Tendremos que dormir juntos. Pero confía en mí... jamás te tocaría... estás que te mueres por mi primo... y él por ti...

-¿Qué?- Esa afirmación se hizo latir a mil el corazón.

-Hermione, no hace falta ver los pensamientos de los demás para darse cuenta cuánto ese hombre te quiere y tú a él... estoy seguro que si le dices a Draco lo de su hija, él de inmediato deja todo y se va contigo.

-Pero yo no se lo diré... él está casado y jamás lo separaría de ella ni de su hijo.

-Eres sabía... pero conmigo no te hagas la mártir.

-¿Sabes? ¡hay días en que me dan ganas de darte de patadas!

-Jajaja Terminemos mejor nuestro trabajo. Ve a cambiarte, recuerda que la tarde es un poco fresca y con ese vestido, el cual Lucius no le perdió detalles, poco y nada te servirá.

-Sí. Tienes razón. Me pondré algo cómodo, elegante, carísimos y que diga: "Muérete de envidia, Astoria".

A eso de las 18:00 hrs., todos los invitados se reunieron nuevamente en el patio posterior de la Mansión, que era un llano grande previo a un bosque y a algunos acantilados pertenecientes a los territorios de los Malfoy. Frente a ellos existía una especie de pasarela, un camino de madera a unos dos metros de altura de un metro de ancho aproximadamente por unos diez de largo. Allí se debían medir los magos que se batirían a duelo. Existía una especie de escudo protector entre la pasarela y el resto de los invitados, eso, para evitar que cualquier hechizo rebotara en los presentes y que los espectadores pudieran apoyar a los suyos lanzando uno que otro encantamiento a los contrincantes.

-¿Seguro que quieres competir conmigo, primo?- Draco miraba a Michael con su varita en mano, como amenazando e intentando amedrentarlo.

-Por supuesto.

-¿Con poderes mentales, acaso?- Pero su primo no respondió. Se limitó a mirar a quienes estaban en duelo en ese momento.

Las reglas del juego eran claras: Se juntarían todos los ganadores y luego entre ellos se irían eliminando hasta quedar sólo el ganador.

Diez minutos más tarde, un hombrecito, de esos que Narcisa contrató para la organización, les indicó que era el turno de los primos Draco y Michael. Para muchos fue una sorpresa que Michael, siendo un muggle, quisiera medirse en un duelo de magos. Era obvio que se quería suicidar. Algunos incluso pensaron en que debía existir algún error o que las bases del duelo estaban malas hecha. ¿Cómo era posible enfrentar a un mago y a un no mago? ¡Eso era absurdo! Sin embargo, las bases eran claras y decían que se podían enfrentar parientes hombres con parientes hombres en duelo, sin especificar si estos eran magos, muggles o squibs, o si podían utilizar varitas, sables u otro artilugio que les ocurriera.

Draco subió por el extremo izquierdo de la pasarela y Michael por el derecho. Una vez ambos en la tarima de duelo, se dieron cuenta de que adentro no se escuchaba nada. Eran solamente ellos. Si hasta se podían sentir las respiraciones de ambos.

-Primo, deja el juego... vas a salir herido.

-¿Sí? ¿Crees que puedo salir herido?- Y en ese momento Michael metió su mano en el bolsillo interno de su saco y de él extrajo una varita de unos treinta centímetros, color amarillo ocre, lisa, brillante y lustrosa, con suaves vetas de color castaño.

Afuera la gente enmudeció, ¿un muggle con varita? ¿Cómo era posible?

-¿A qué mago le has robado esa varita?

-¿Robar? Eso jamás... mi varita es de pino araucaria con centro de crin de Pegaso... ¿te suenan conocidos esos ingredientes?

-El abuelo abraxas te dio su varita...

-No, primo, vuelves a errar. Esta fue elaborada para mí... una varita de pino araucaria, me da la sabiduría de los pueblos indígenas y el temple para luchar siempre por lo que creo justo. Un varita de este tipo da a su poseedor, habilidades que sólo el poder de la naturaleza te pude entregar.

-Los muggles no tienen varitas. ¡Expeliarmus!.- Pero Michael, con sólo un movimiento de su mano, el hechizo de desarme fue bloqueado.- Que... qué has hecho.

-¿Quieres ver?- Y de la varita de Michael salió un rayo dorado, el que avanzó muy lenta y desafiantemente hacia Draco.

-¿Qué es esta magia?

-La mejor, Draco. La magia verdadera de Merlín.- El rayo dorado se detuvo frente a Draco. Luego en un movimiento de una milésima de segundo el rayo golpeó a Draco, y fue como una descarga eléctrica, lo suficientemente fuerte como para tirarlo de espalda al piso. Aquel rayo, que no se desvaneció, como ocurría con los hechizos habituales, se transformó en una mano que arrebató la varita de Draco, haciéndola desaparecer.

-¡Mi varita!- Michael avanzó e hizo un movimiento con su varita de pino y el rayo dorado ingresó a ella.- ¿Eres un mago?

-Siempre lo he sido, primo... Siempre. Ten, acá está tu varita.- Y dela manga de su saco retiró la varita de Draco.

-¿Y dónde estudiaste? ¿Qué diablos fue ese rayo? Estoy adormecido...

-Jajaja Son sólo efectos especiales, primo, sólo eso.

Afuera estallaron en aplausos y Hermione sonreía y le giñó un ojo a Michael, quien le respondió sonriente con un movimiento de su cabeza.