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Severus & Hermione...Siempre Contigo — capítulo 42

Lord Voldemort dejó salir una risa fría y cruel carente de la más mínima felicidad, mientras Hermione ahogaba un grito tapándose la boca de inmediato cuando el Lord se acercaba para salir, la chica retrocedió aterrada chocando con el cadáver de Karkarov miró abajo pero de inmediato levantó sus melados ojos y avanzó unos pasos al mismo tiempo en el que el mago oscuro salía por la misma puerta por la que ella entró seguido de todos sus mortífagos. Cuando todos desaparecieron de su vista miró a Lucius implorante, abriendo su boca dispuesta a suplicar, pero este le dio la espalda tomando la cosa que llevaba siempre con él, similar a un bastón, de un negro brillante que terminaba con una serpiente de plata.

Sin siquiera dignarse a observarla el padre de Draco recorrió la sala  cuando su amo hubo desaparecido, Hermione lo siguió con la mirada, percibiendo su visible culpa reflejada en sus ojos grises, sus mechones rubios se resbalaban por su rostro caído, tragó saliva antes de salir.

La Gryffindor  volvió a retroceder hasta dejar el cuerpo de Igor de nuevo a la altura de sus pantorrillas y bajó lentamente su brazo palpando hasta dar con su varita, la escondió detrás de sí.

El hombre lobo se levantó de su silla sin despegar su escalofriante mirada de ella, aparentemente sin notar que llevaba varita, poco a poco se le acercó, como una presa acorralando a su victima.

Hermione sentía sus manos heladas, su corazón palpitaba fuera de control y Greyback parecía notarlo pues miraba su pecho como si percibiera los latidos frenéticos, a pesar del terror, a pesar de que mirara donde mirara la situación jamás había sido tan peligrosa, ella pretendía luchar, defenderse no iba a ser una presa fácil.

Pensó en la clase que una vez les dio Severus en contra de los hombres lobo, les había mostrado como matarlos, pero ella no tenía ninguna daga de plata al alcance. Snape, el mismo que parecía completamente alejado de ella como si ahora pertenecieran a diferentes mundos, tendría que defenderse sola, intentar sobrevivir. En cuestión de segundos estuvo a un par de metros y Hermione tomó su varita con ímpetu pensando en un hechizo lo suficientemente poderoso para dejarlo indefenso.  Aquello fue rápido, al segundo siguiente este estaba a sus espaldas jalando su cabello con fuerza, aún sin notar que llevaba varita, gritó alto tratando de zafarse sin mucho éxito.

Se sintió asqueada cuando aquella aberración hundió su nariz para perderla dentro de su cuello, aspirando su aroma, desde esa posición le era imposible lanzarle un maleficio, el que fuera. Como aún no la atacaba decidió esconderla entre los pliegues de su blusa. La empujó hasta tirarla al suelo, y la varita rodó, cayendo debajo de la mesa.

Hermione lo escuchó reírse, se arrastró rápidamente por donde se había ido hasta tomarla este se le lanzó pero no logró su prometido, la castaña se incorporó del otro lado apuntándolo.

-¡Desmaius!-  Greyback levantó con rapidez el brazo cubriendo su rostro haciendo que el hechizo chocara allí, se tambaleo, pero no cayó, sin embargo parecía mareado, los hombres lobo debían tener una dura piel, los hechizos no le afectaban como a un ser humano. Miró hacía la puerta pensando en correr, como si leyera su mente avanzó para intentar obstruirla. Sólo quedaba una salida, la puerta del otro extremo por donde él había entrado.

Corrió sin detenerse sintiendo el repentino movimiento de él por alcanzarle, al recorrer el comedor iba tirando sillas tratando de hacerlo tropezar, pero él las esquivaba hábilmente llegó a la puerta entrando antes de que la atrapara entre sus garras y la azotó.

-colloportus-  exclamó en el segundo que estuvo del otro lado, una luz roja salió de su varita chocando con la dura madera, la cerró con magia, de inmediato escuchó un fuerte gruñido, se había transformado y la aporreaba intentado pasar.

-Lumos-

Observó a su alrededor, a su derecha e izquierda había un camino, en frente sólo se encontraba con una pared, sin pensarlo mucho se dirigió a la derecha encontrando pronto unas escaleras de caracol que daban a un piso superior, la subió ignorando aquellos fuertes latidos, el sudor que bajaba de su rostro y las lágrimas que demandaban salir. A sus oídos,  que parecían haberse vuelto más sensibles de lo habitual por el repentino pánico, llegaban los claros estruendos del hombre lobo por romper lo que la detenía de alcanzarla. Entonces chocó con algo muy duro, iba tan aprisa que no se fijó en una puerta que terminaba con su camino, tenía un sinfín de cadenas y un gran candado oxidado, podría abrirlo con facilidad, pero las le tomaría tiempo quitar las otras obstrucciones y desgraciadamente en ese momento no lo tenía.

-Alohomora- el candado se abrió y esta lo quitó tirándolo al suelo dejando sólo las cadenas.

Notando que sólo le quedaba una salida, dio media vuelta y corrió a toda la velocidad que le permitían sus piernas, pasando de nuevo por un costado de aquella puerta que Greyback seguía intentado echar abajo,  su única acompañante era la pequeña luz azul que salía de su varita, agradeció que las casas de esa época fueran tan resistentes, pero su lógica le decía que no duraría mucho antes de que la criatura logrará lo que tenía en mente. Llegó al borde de otras escaleras de caracol que ahora descendían a un piso inferior mucho más oscuro de lo que había recorrido, tomó aire esperando que este le proporcionara el valor que le hacía tanta falta en esos segundos y bajó.

En más de una ocasión tropezó resbalando un par de escalones, ni la luz de su varita era de mucha ayuda, notó la suciedad que tenía en las manos por irse apoyando de lo que podía, abundaba un sinfín de telarañas, con impaciencia las movía de su camino. Escuchaba atenta a cualquier sonido extraño, pero aparte de su desenfrenada respiración bucal y los aporreos que venían de arriba no había nada más.

Severus llevaba recargado sobre la pared un buen rato desde que dobló la esquina, se sentía culpable, lo que le hizo a Krum fue una decisión que definitivamente no le correspondía pero después de todo era lo que quería o aparentaba querer, sabía que Hermione quizá lo entendería, su cabeza seguía recargada también acompañando a su cuerpo, sus oscuros ojos se perdían en el alto techo. Sabía internamente que no estaba buscando de nuevo a la castaña por temor a que le reprochara lo que había echo, los malos presentimientos se apoderaban muy recientemente de él.

De repente se sobresaltó cuando una voz asustada dijo su nombre.

-¿Profesor Snape?- Se incorporó de inmediato enderezándose para encontrarse con los ojos azules de Weasley que parecía alterado. El profesor de pociones enarcó una ceja en modo de respuesta.

-El profesor Dumbledore lo quiere ver de inmediato- salió de allí de nuevo en dirección a la enfermería y Severus lo siguió sin demora.

Al entrar vio a Krum y una punzada de incomodidad lo asechó, tenía la vista agachada y se tocaba el dorso de su mano con la otra suavemente, avanzó y distinguió al verdadero Moody hasta el fondo se hallaba inconciente, justo en frente de la cama de Potter. El director se encontraba de pie ante ella. Caminó hasta llegar delante de él.

Potter miró a Weasley cuando el pelirrojo entró sentándose al borde de su cama.

-¿Ella no…?-

Ron negó apretando sus labios.

-No- susurró -no la vi y me parece que no vendrá- Por primera vez Severus les dirigió la atención que jamás les había prestado, sabía que se referían a ella, ¿eso significaba que una nueva pelea entre los tres había surgido?

-Severus…- Dumbledore lo miró de forma significativa eligiendo cuidadosamente las palabras para no revelar nada ante los presentes -Ya sabes lo que quiero de ti, si estás dispuesto…-

-Lo estoy- respondió, sintió claramente el hueco de su estomago, y sus ojos resplandecieron.

De modo que al final de todo no la vería hasta volver, o eso creía.

-Buena suerte entonces, ya podrás ir, acabo de facilitarte las cosas- le murmuró dirigiéndole esa mirada de aprehensión.

Snape dio media vuelta saliendo por la puerta y caminando aprisa hacía el vestíbulo. Minutos después se hallaba a las afueras del castillo, observó detenidamente cuidando que nadie lo vigilara, cerró sus ojos concentrándose y desapareció. Dumbledore había hecho que por aquella excepción el pudiera salir de allí.

La Gryffindor apuntó varita adelante a la altura del pecho para poder ver bien el final de la escalera, sólo había una dirección delante que recorrió apresuradamente,  en las paredes yacían apagadas antorchas, era el lugar más lúgubre en el que había estado, lo más parecido aquello, eran las mazmorras del colegio, que entonces ya no le daban miedo pues allí habitaba su amado. Al pensar en eso último, unas lágrimas rebeldes descendieron por sus mejillas, le agrado la sensación de tener algo cálido y efímero recorriendo su rostro.

Mientras avanzaba llegaron a ella los recuerdos desde su primero año, cuando tuvo la oportunidad de leer por primera vez un libro mágico de aquel castillo tan fascinante. Se titulaba*'Hechizos Salva guardianes*' Le tomó más interés cuando se convirtió en amiga de Harry y Ron quería saber todo sobre el famoso chico, y aquel libro mostraba la teoría de porque vivió, la salvación que le otorgó su madre. A su mente llegó el titulo de un capitulo crucial que había leído decenas de veces.

 'Protección Irrevocable para seres amados'

A lo largo de la historia mágica son enormes las ventajas que tenemos sobre el mundo muggle y una de ellas es el poder proteger a un ser querido mediante un sacrificio. Al poseer sangre mágica esta posibilidad se nos otorga, pero son pocos los que lo hacen ya que el elemento crucial es el amor puro por lo que se protege, un sentimiento completamente real e irrompible que hace funcionar este maravilloso hechizo que aún los más preparados magos no han podido romper. Como el más reciente caso del ya famoso Harry Potter que se sobrevivió debido al sacrificio de su madre que se interpuso entre su propio hijo y el-que-no-debe-ser-nombrado.

Conjuro que no necesariamente necesita varita y cuyos primeros elementos son…

Recordar las lecturas que había tomado en un momento tan crucial, típico de ella, pero es que en sí las situaciones más especiales se relacionaban a libros, el más hermoso recuerdo de Severus la llevaba allí, a la biblioteca,  mientras se hallaba buscando uno, cayendo en sus brazos, cayendo en su protección. Aunque no había ningún hechizo de por medio Severus Snape ya la había salvado, la había protegido muchas veces. Le dejó pistas en su primer año para pasar todos los obstáculos de la piedra filosofal, él había dejado el arpa tocando para ellos, en tercero había demostrado que estaba dispuesto a sacrificarse por ella, y por los otros dos al quedarse en medio de Remus Lupin y Hermione junto a sus amigos. Aquel acto le demostró a la castaña que estaba decidido a morir con tal de salvar la vida inocente de ellos. Era un héroe con un oscuro pasado pero al fin y al cabo un héroe ella lo sabía, y aunque en ese momento en el que se sentía tan desprotegida no estaba, no iba a dudarlo jamás.

Sus pasos se detuvieron bruscamente y vio dos pequeñas celdas, a los bordes del oscuro pasillo, una enfrente de la otra, a penas más grandes que los armarios donde Filch solía guardar sus escobas, hasta al fondo habían dos grandes armaduras oxidadas, adornando la pared, no había puertas, ambas estaban situadas en las esquinas, tan altas como el mismo techo, se fijó de inmediato que sujetaban espadas, avanzó limpiando con su mano una parte viendo un pequeño brillo salir de ella: era de plata, trató de despojar a la armadura pero estaban muy fija en su lugar como si hubieran sido pegadas, se dirigió a la otra jalando con más fuerza pero fue inútil, sólo logró hacerla tambalear produciendo un rechinido fuerte, la detuvo al instante aterrada de que el ruido atrajera a Greyback.

Se dirigió a la derecha alumbrando el interior de la celda, no había nada allí que le pudiera ayudar, cruzó para entrar con prisa a la otra y en el suelo vio un grueso fierro afilado del mismo largo que su varita. Sin pensarlo lo tomó; debía servirle de algo. Desde arriba un fuerte ruido seco la sobresaltó, al fin había tirado la puerta, todo su cuerpo se estremeció, al segundo siguiente escuchó un gruñido estridente, el miedo hizo que su única defensa se tambaleara en sus manos amenazando con caer, pero la sostuvo. A partir de entonces cualquier ruido la delataría. Miró a su alrededor con pánico, las celdas no le servirían como escondite, sólo quedaba un lugar. Teniendo muchísimo cuidado de no hacer ruido se coló detrás de armadura izquierda, era lo suficientemente gruesa para cubrirla y tan alta que el cabello de la chica llegaba a la altura del pecho de esta.

-Nox- la luz de su varita se extinguió y se quedó allí expectante. Serviría de refugio aunque no sabía por cuanto.

Severus apareció ante la verja que daba la bienvenida a la que una vez fue la mansión de los Ryddle, observó la deteriorada casa, preguntándose porque su marca lo había guiado allí.

Desde un distancia corta escuchaba arrastrarse algo por el crecido césped, a lo lejos distinguió que lo desconocido se estaba deslizando por allí, el pasto estaba tan crecido que no podía adivinar con exactitud que era. Pero pronto llegó hasta donde él estaba parado, apuntándolo con su varita, dispuesto atacar. Era Nagini, la serpiente de Voldemort, significaba que él estaba aún cerca.

Greyback atravesó el umbral, su abundante cabello negro lo cubría hasta el último centímetro, sus dientes eran mucho más largos y afilados comparado a como lo eran momentos atrás, sus ojos amarillos recorrían el lugar tratando olfatear a su presa, tenía enormes patas que terminaban en garras largas como cuchillos, y afiladas como la mas letal de las armas.

Corrió en sus cuatro patas por la escalera superior, chocando de vez en vez por lo estrecho que era, al llegar a la puerta y notar el candado en el suelo, volvió a  gruñir con fuerza dando por hecho que la chica estaba allí, retrocedió unos escalones abajó y luego el salvaje hombre lobo se abalanzó echándola abajo con más facilidad que la otra, pues las dimensiones no tenían comparación.  Estaba en una pequeña habitación, a penas con una cama y un escritorio al frente, en su tiempo eso debió ser la habitación de la servidumbre, no había más salidas allí. Entró poco a poco rasguñando el suelo de madera con sus garras al pasar, y se dirigió a la cama que estaba abultada con sabanas y cobijas arrugadas.

Se abalanzó sobre el colchón tirándolo al suelo todo, no se encontraba ahí, de su hocico salió un nuevo gruñido,  más moderado que los anteriores, agachó su cabeza para ver si estaba debajo de la cama, y se incorporó de inmediato al no notarla tampoco en ese sitio. Aulló para después correr una velocidad increíble por donde había venido hasta llegar al inicio de las escaleras que llevaban al calabozo y comenzó a bajar ahora lentamente como si disfrutara un juego del escondite.

Pasos se acercaban, podía notarlo, era un gran número de personas,  caminó a prisa por el césped con un poco de dificultad atravesando el sendero y se encontró con él. Voldemort estaba al frente de todos los demás, llevaba su varita en alto, igual que él dispuesto atacarlo, pero en cambió no la bajó.

La única luz era la que provenía de la sala superior donde habían tenido su reunión.

-Vaya, vaya, vaya, que grata sorpresa- susurró

-Mi señor pido me disculpe yo…- Snape habló con total seriedad, y se mantuvo firme a diferencia de Karkarov.

-Que curioso he escuchado esa misma frase más de una vez en esta sola noche.-

-Como le decía no podía escabullirme por que estaba bajo la mirada de Dumbledore-

Voldemort avanzó hasta quedar a centímetros de su rostro, Severus no se inmutó en lo mínimo.

-Excusas y más excusas-

-Es verdad mi señor, de hecho él pidió mi ayuda para interrogar a Bartemius Crouch, lo descubrió-

-¿qué?-

-Me temo que su elemento clave tuvo la desgracia de perder su cordura al ver a Potter volver a salvo y se descubrió, al saberlo el ministro hizo que un dementor lo besara-

Los mortífagos comenzaron a murmurar, ninguno sabía que Crouch Jr seguía con vida y mucho menos que su amo lo hizo entrar en el colegio, él fue prudente al no revelar nada, aunque ahora eso ya no tenía mucha importancia. Voldemort apretó los puños con furia, después de todo, sus seguidores siempre eran inútiles.

-Bien pero eso no explica toda tu larga ausencia Severus, y aunque lo haga hay un modo infalible de saber que estas siendo sincero-

Severus se concentró, él no debía ver nada relacionado a Hermione, comenzó a dejarse claro cuales eran los recuerdo suplentes, los recuerdos falsos que había elaborado con ayuda de Dumbledore, no por nada el profesor de pociones era también un maestro de Oclumancia.

Voldemort levantó su mano izquierda y Snape le dio su mano derecha sin dudar, aparentemente como un habitual saludo, pero no era así, en segundos sintió que sus memorias ya no eran del todo privadas, sentía como el señor oscuro estaba dentro de su mente, viéndolo a él sentado al borde de las gradas en la tercera prueba, con Dumbledore mirándolo de una manera muy desconfiada, sin quitarle los ojos de encima. Lo obligaba a llevarle un veritaserum para administrarlo en el falso Moody, más y más momentos relevantes para Voldemort pasaban ante sí, todo terminaba en la enfermería del colegio Hogwarts, escuchaba la voz del director, algo sería pero decidida.

-Bien Severus, ya no hay nada por hacer, es demasiado tarde, ve a dormir un poco, mañana será un día largo con todo lo que pasó hoy-

Severus salió del trance, pensando si se había creído aquello.

-Vine en cuanto pude señor, con todo el revuelo que causó la muerte del chico y lo que decía Potter constantemente, lo tuve vigilándome hasta hace un momento-

Voldemort echó su cabeza un poco atrás mirándolo con suficiencia.

-No negaré que ya estaba planeando tu muerte Severus, no me gusta que mis seguidores demoren tanto a mi llamado y menos en esta ocasión tan especial como mi regreso, pero veo que el anciano te hostigó, ahora tengo algo importante que hacer, quiero que vayas con Lucius que te dará instrucciones especificas de lo que harás, luego de eso puedes irte- susurró

Snape pensó que tenía mucha suerte, no creyó que su estancia allí sería tan corta, hizo una reverencia y avanzó en sentido opuesto al que iba su amo.

-Ah, Severus se me olvidaba…-

Snape se dio media vuelta y todos los mortífagos se hicieron a un lado para no obstruir la vista del heredero de Slytherin.

-…me gustaría que recuerdes que tan estricto puedo ser, y que no se te tolerará otra demora como esta- Levantó su varita apuntando el pecho del profesor de pociones. -¡Crucio!-

Severus cayó al suelo de rodillas contorsionando su rostro en una mueca de profundo dolor, no gritó como lo hacía la mayoría al recibir ese malefició, pero si gimió apretando sus puños hasta que los nudillos se le volvieron blancos, después de lo que le pareció una eternidad disminuyó.  Sentía las miradas de todos en él, y aquella vez no distinguió una mano amiga que solía ayudarlo a ponerlo de pie y viceversa, no vio a Lucius. Sin mostrar demasiado dolor o debilidad se puso de pie por si mismo, y observó la sonrisa de Voldemort, la misma que tenía siempre que causaba dolor.

El señor oscuro retomó su caminó mientras los demás lo seguían, sólo uno se quedó atrás.

-Espero que tú o Malfoy me digan que tal estuvo el espectáculo-

-¿De…de que hablas Macnair?- cuestionó Snape sacudiéndose su larga túnica y tratando de no caer por el reciente dolor, al mismo instante en el que gotas y gotas de lluvia comenzaban a golpear su cuerpo.

-El idiota de Karkarov apareció…- susurró rápido -…y trajo una muchacha con él, esperando que fuera su anzuelo de salvación, pero el señor oscuro no lo perdonó, lo mató y dejó a la joven a manos de nuestro nuevo colega: un hombre lobo-

¿Una muchacha? El alma de Severus se le fue a los pies, sintió que todo le daba vueltas, no podía ser, ella no podría ser. No debía estar allí aquello era un pesadilla ¿Pero entonces porqué no apareció cuando la buscaba por el castillo?

-¿Quién es?- preguntó con un hilo de voz.

-se llama Greyback y tiene una gran manada que estará con nosotros…-

-¡No idiota!, la chica ¿Quién es la chica?-                 

-Oh, ella, se trata de la muchachilla que siempre estaba con Potter, su mejor amiga-

-…Hermione- La manos del profesor comenzaron a temblar descontroladamente, el agua lo empapó hasta el último centímetro.

-Walden, no querrás hacer esperar ¿o sí?- la Voz de Voldemort llegó a ellos en ese segundo.

Macnair lo alcanzó, todos vieron el cielo que les regalaba esa miles de gotas, se colocaron sus mascaras, y volaron como si se hubiesen convertido de humo, desapareciendo entre las nubes negras.

Por un segundo, sólo por un segundo Severus se quedó estático, sintiendo más dolor que el de mil crucios a la vez, consiente del enorme sufrimiento que se estancaba en su pecho, a pesar de que el castigo de Voldemort lo había dejado débil, corrió con todas sus fuerzas aproximándose a la entrada de la gran mansión.

Ella es fuerte, demasiado fuerte, resistirá, tiene que hacerlo.

Se repetía constantemente lo mismo, pensando lo peor, que quizá ya ni debía hablar en presente. No era el momento para ponerse pesimista pero ¿un hombre lobo? ¿¡Qué clase de mierda tenía Voldemort en la cabeza!? ¿Dejar a una adolecente en las garras de un licántropo? Que esperaba de alguien que mostró ser capaz de matar a un bebé con tal de no tenerlo como contrincante. De alguien que mató a sus propios abuelos y padre que curiosamente habitaban en esa misma mansión. De alguien que no tenía alma para sentir el más mínimo remordimiento.

El caminó a la gran casa se le hizo eterno, por más que corría sentía que la puerta no estaba ni remotamente cerca de su alcancé, sus piernas temblaban por la reciente maldición y la angustia se lo estaba comiendo vivo. No se detuvo ni a tomar aire aunque un nuevo dolor lo acechaba a un costado de las costillas. La lluvia se intensificó hasta convertirse en una tormenta. Un estridente rayo cayó sobre la mansión alumbrándola por unos segundos en los que pareció más tétrica. Al llegar a la gran puerta, la abrió de golpe.  Sacó su varita.

-Lumos- Su voz estaba totalmente aterrada, sus labios temblaban y sentía un desagradable escozor en los ojos.

Corrió por el gran recibidor y luego vio las grandes escaleras, arriba provenía una la delgada luz, que salía por debajo de una puerta cerrada y siguió como si la vida se le fuera en ello. En sí era de ese modo, no podría vivir si algo le pasara.

Vio una silueta parada a la mitad de las escaleras, un largo cabello lacio bajaba hasta su cintura, pudo ver parte de su rostro cuando volteó, era Lucius.

-¿Severus?- cuestionó -¿eres tú?-

-¿Dónde está, Lucius?, dime donde la tienen por favor-  su voz salió de forma extraña, como si estuviera al borde del llanto. El padre de Draco nunca lo vio así.                             

El reciente agotamiento lo venció y cayó de rodillas en uno de los escalones, soltando un gritó de impotencia.

Lucius se sobresaltó pero bajó apresurado, sujetándole los brazos e intentando ponerlo de pie.

-¿de quien hablas?-cuestionó un poco alterado por su comportamiento.

-¡De Granger! ¿Dónde está?-

Lucius lo miró extrañado.

-Yo… bueno creo que no hay mucho por hacer lleva allí como veinte minutos- señalo la puerta que ahora se hallaba cerrada, en ese momento Severus se incorporó- además el tal Greyback parece muy peligroso-

No espero a escuchar más, echó a correr sin detenerse por nada.

-¿A dónde crees que vas?, ¡que tal si él decide atacarte, el señor oscuro se molestará!.

A la mierda el señor oscuro

Cuando llegó movió el picaporte, escuchó detrás de sí a Lucius retroceder más aún, la puerta estaba abierta y no llevaba consigo ningún hechizo.

Entró buscando cualquier indicio, cualquier pequeña esperanza, notó el cadáver de Karkarov en el suelo, y las sillas tiradas por doquier, su mirada se detuvo de inmediato en la puerta del otro extremo que había sido derrumbada.

Pasó de largo indeciso en que camino tomar, escuchó un movimiento a la izquierda y siguió con su varita preparada, notó las escaleras que descendían…

Hermione podía percibir que él se acercaba, su aliento feroz que salía por su hocico le llegaba a hasta donde se encontraba debía estar a tan sólo unos metros, lo había escuchado momentos antes bajar la escalera, aunque la oscuridad era total, sentía que el licántropo usaba su olfato para guiarse poco a poco, se preguntó que tanto resistiría aquella armadura un ataque como el de él.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, la fuerza se había ido, sólo el pánico la poseía ahora, nunca se había sentido tan sola, al borde de lo peor. Intentó no sollozar, y se tapó la boca y la nariz con una mano para que el ruido no le dijese al hombre lobo donde se encontraba.

La castaña agudizó su oído podía escuchar otros pasos, lentos, precavidos, estos eran normales, no como garras golpeando el suelo de piedra, eso era un persona, de repente escuchó un susurro, tan familiar como inesperada le llegó.

-¿Hermione?- Su voz se escuchaba aterrada, como si estuviese al borde de la desesperación, le bastó escuchar su nombre salir de esos finos labios para notarlo.

El miedo que recientemente tenía incrementó al triple de ser posible. Greyback se quedó estático por segundos luego con cautela avanzó hasta donde estaba la armadura izquierda, encogiéndose para no ser visto y poder atacar.

La chica se armó de valor y asomó un poco su cabeza, distinguió al licántropo totalmente transformado delante de ella, separado sólo por la armadura, pudo verlo porque una luz a lo lejos se lo permitía misma que dibujaba la silueta alta y delgada que se acercaba poco a poco. Le aterró ver el tamaño de Greyback, así como estaba encogido estaba más alto que ella, era una enorme bestia.

No podía ser, hubiera dado todo por decirle que retrocediera,  ahora ambos estaban a acecho de él.

-¡No te acerques! ¡No lo hagas por favor te tenderá un trampa! ¡Aléjate!- pensó con desesperación, su boca se había secado en su totalidad, sabía que por más que su mente lo gritará él no lo iba a escuchar, cada vez estaba más cerca. Ahora sentía más terror que antes, de un momento a otro Greyback lo atacaría.

Severus se detuvo, la luz que salía de su varita aún no iluminaba nada más que el suelo y parte de las paredes vio que las celdas de los costados, estaban vacías, pero sentía que había algo allí al fondo un poco más allá de donde llegaba el pequeño resplandor azul.

Hermione sujetó con más fuerza el pedazo de metal que tenía como única defensa, todo sucedió muy rápido.

Severus movió su varita y al instante después todas las antorchas del calabozo comenzaron arder alumbrando por completo el lugar. Su boca se abrió al notar la imponente presencia de Greyback que se enderezó a toda la altura que le era permitida, tan alto como el mismo techo.  Estaba a escasos dos metros de él. Greyback gruñó con tanta fuerza que el fuego de las antorchas que estaban más próximas vacilaron con apagarse. El profesor de pociones retrocedió torpemente cayendo de espaldas, su varita rodó lejos de su alcance, el aterrador licántropo levantó una de sus enormes garras dispuesto atacar.

Hermione no lo dudó ni un segundo, le aterró pensar que sería atacado que no lo volvería a ver, en ese preciso momento salió de atrás de la armadura corriendo hasta interponerse entre Snape y Greyback. Severus se quedó inmóvil por el shock que le causó la presencia del intruso y ahora de Hermione, en una fugaz respuesta de sus reflejos, la trató de jalar desde el suelo al notar que él le dirigía el golpe que originalmente era para sí, pero ella se le lanzaba al licántropo decidida.

Severus vio desde esa posición que el pelaje de Greyback se salpicaba con sangre: Había desgarrado el cuello de Hermione, por un segundo detuvo su arma en el aire sujetándola con ambas manos por arriba de su cabeza luego arremetió enterrándole el hierro con todas sus fuerzas hasta que este se perdía de vista entre el vientre de la bestia.