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Marcas en el corazón — capítulo 3

-¡Sophia! - escucho, aunque es demasiado lejano - ¡Sophia! - cada vez se escucha más cerca - ¿Dónde la tienen? - conozco esa voz, y sé que está preocupado - ¡Sophia!

Esta vez lo escucho demasiado cerca, además de que ahora sé que está gritando, abro los ojos, tratando de identificar donde estoy, y me encuentro con una habitación con demasiada iluminación, y la mitad de las paredes, son ventanas.

-¡Sophia! - vuelve a gritar.

Trato de incorporarme, pero mis manos están atadas a la camilla, al igual que mis pies, y por más que intento, las ataduras no se aflojan; eso me estresa, por lo que sin más levanto la cadera, sé que es inútil, pero la desesperación esta ganando, me contorsiono, esperando que el agarre se venza, aunque no sucede.

-¡Maldita sea! - gruñe - respóndeme.

-Ethan - no sé si es audible, pero puedo sentir que ha dejado de moverse.

-Soph - puedo notar cierto alivio en su voz - háblame.

-Estoy bien - es lo único que se me ocurre decir.

-Lo lamento - aquello hace que mi corazón se encoja - se suponía, que debía evitarte todo esto, y te falle.

-No es tu culpa, - como quisiera verlo, y no solo escucharlo - has hecho un gran trabajo, manteniéndome a salvo.

-Somos prisioneros, - me espeta - eso no es un buen trabajo.

No puedo responder, porque en ese momento la puerta se abre, dirijo mi vista al lugar, que esta frente a mí, levanto la cabeza y veo a una mujer no muy mayor a mis diecinueve años, su cabello pelirrojo lo lleva en un moño, aunque caen algunos cabellos, sus ojos azules que son más obscuros que los míos, me ven con nerviosismo, lo notó en sus manos que tiemblan sobre una carpeta.

-Yo soy la que estoy atada, - mi voz es seca - así que estoy a tu completa disposición, por lo que yo debería ser la nerviosa.

Da un pequeño brinquito al escucharme hablar, lo que ocasiona que sonría, supongo que es nueva en esto, y por eso su reacción ante mí, me mira fijamente sin moverse, le asusto cosa que es graciosa, ya que no puedo hacerle nada, mis manos y pies están atadas. Cuando me siento, da unos pasos hacia atrás, creo que teme que solo finja que estoy sujeta y vaya a abalanzarme sobre ella.

-Son muy resistentes - comento, mientras jalo mi mano para que vea, que no podré soltarme - ¿es la primera vez que estás con alguien como yo?

-No, - le tiembla la voz - bueno es la primera vez que veo uno vivo.

-No somos muy diferentes a ustedes, - elevo los hombros - solo tenemos unas pequeñas mejoras, aunque veo que han logrado retenerlas - indico a lo que ahora me sujeta - ¿de que están hechas?

-Una aleación, de varios metales - es su respuesta - probaron con muchas, pero siempre lograban romperlas, de hecho tu compañero logró romperlas.

-¿Ethan? - creo que mi voz denota demasiada ansiedad.

-¿Tiene ojos grises? - asiento suavemente - ha estado, muy ansioso por verte.

-¿Puedo hacerlo? - la miro fijamente - haré todo lo que me digas, si dejas que lo vea.

-Él ha prometido lo mismo - dice suavemente - bueno él dijo que haría lo que quisiéramos, si lo dejábamos en la misma habitación que a ti.

-Dejaré que me pongas todas esas agujas, sin decir nada ni oponer la mínima resistencia - casi suplico - pero sino lo haces, te haré imposible el trabajar conmigo.

No hay repuesta, simplemente se da la vuelta y sale de la habitación, creo que no he usado el tono correcto, pero es que era mi única esperanza, para verlo y a pesar de estar encerrados, saber que él esta conmigo, y hacer que mi nuevo infierno sea más soportable.

Me recuesto de nuevo, tratando de ignorar lo frío del lugar, al igual que el ardor en mis muñecas, las cuales han sufrido un poco de mi desesperación, por querer soltarme. Observo el techo de la habitación, es tan perfectamente blanco que molesta, no hay ninguna mancha o insecto que le quite la perfección, por lo cual no hay nada con lo que distraerme, y eso me pone bastante irritable.

Cierro los ojos, intentando idear algo con que mantenerme distraída y no pensar ni en Ethan ni en mi pasado, poner la mente en blanco, es un consejo que me da muy seguido, pero no puedo hacerlo, por más que lo intento jamás queda sin ninguna idea, siempre estoy pensando en algo; y en estos momentos lo odio, porque no puedo poner a mi mente a relajarse.

La puerta de nuevo se abre, levanto la vista y veo que viene una camilla, dos hombres de azul marino, la empujan. En cuanto veo el cabello castaño, mi corazón por fin puede tranquilizarse, cuando sus ojos se clavan en los míos, solo puedo sonreír.

-Bienvenido - susurro, ocasionando que su mirada sea fría.

-Llevo horas intentando que me dejen verte, - gruñe - y tú despiertas, y en unos minutos logras que nos pongan en la misma habitación.

-Poder de convencimiento, - elevo los hombros - y deberías agradecerlo, y no reprochármelo.

Me ignora, mientras yo veo  como lo dos hombres salen de ese lugar, y de nuevo la puerta se cierra, nos hemos quedado solos, y al parecer no va a dirigirme la palabra, pero yo no hice que lo pusieran conmigo, solo para estar en silencio.

-¿Es cierto, que rompiste tus ataduras? - aunque no evito echarme a reír.

-¿Quién dijo esa estupidez?

  • sigue molesto.

-Creo que es parte de los mitos, que hacen para que nos teman más - comento con tranquilidad - de hecho me enteré que es una aleación, pues ya muchos los han roto.

-Idiotas - dice secamente.

-Pero sería genial, tener súper fuerza - opino sin más - al igual que súper velocidad, y tal vez que pudiéramos volar.

-¿Si volarás, para que necesitarías la velocidad? - sus ojos se fijan en los míos.

-No lo sé, no creo que te afectara tener los dos - digo con indiferencia.

De nuevo se hace el silencio entre nosotros. Al principio me molestaba que creyeran, que éramos personajes de comics, por los tantos mitos que se hicieron alrededor de los seres "dotados" como nos llamaba la mayoría, pues si tuviéramos todo lo que se decía, no seríamos esclavos, siempre al servicio del gobierno. Aunque después me causo gracia, pues todo aquello que creía la gente "normal", hacia que se alejara de nosotros, y eso era mejor.

Es cierto que somos más fuertes que el resto de los humanos, pero no a eso de cargar un camión o romper el acero, tenemos mejor oído, mejor visión, y somos más resistentes, somos lo mejor que el gobierno podría pedir para guerras, además de que por la extraña mutación que hicieron, nos regeneramos de manera sorprendente, creo que eso es lo que nos hace diferente del resto.

-Hola - de nuevo la voz de la mujer - ya que están juntos, creo que pueden responderme algunas preguntas.

-Supongo - susurro, y él solo gruñe como respuesta.

-Bueno noté que en sus muñecas tienen un tatuaje, aunque son diferentes - se recarga en la pared más alejada de nosotros - pero en la de los otros tres chicos no hay nada.

-Eso es fácil - mantiene su vista en el techo - Sophia, y yo somos de la misma comunidad, mientras que los otros vienen de una del sur y creo que del oeste.

-¿Y ustedes a cual pertenecen? - pregunta suavemente.

-Hay cinco comunidades - no es muy interesante hablar de eso - la del norte, la del sur, la del este, la del oeste, y la central; de esta última venimos, aunque ya fue destruida.

-¿Por qué ustedes son marcados? - escucho la risa de Ethan.

-Porque nos ven como animales - coincido con él, pero ella no parece entender.

-La comunidad central es la principal - me siento, pues la espalda ya me duele - de ese lugar, salen lo jefes del resto de las comunidades, al igual que los profesores que enseñarán todo lo que se debe saber como arma.

-Y el tatuaje, se supone que nos hace ser más importantes, - su voz es seca - pero solo es una molestia.

Sigue preguntando cosas que realmente se me hacen estúpidas, pero prometí cooperar, por lo que contesto sin ser grosera, esperando que este interrogatorio termine.

-Doctora Longoni, - se escucha por la habitación - queremos imágenes.

La voz es rasposa y demasiado baja, de hecho pareció más un susurro, la mujer nos observa con nerviosismo, pero deja sus notas en una mesa, no entiendo que va hacer.

-¿Qué significo eso? - Ethan la mira fijamente.

-Nos meteremos en su inconsciente

  • responde sin mirarnos.

-¿Y como harán eso? - su voz sigue arrogante.

-Los dormiremos, - apenas si es audible - y colocaremos algunos electrodos, y los conectaremos a una computadora, y así podremos ver sus recuerdos.

Eso me aterra, hace tres años que he decidido guardar mis recuerdos, y no dejarlos salir, son demasiados dolorosos; la garganta la siento seca, y las manos comienzan a sudarme, no sé si esté lista para sacarlos.

-¿Sentiremos algo? - sale ronca mi pregunta.

-Todo - arrugo la nariz, pues no entiendo lo que quiere decir - es decir, será como si lo vivieran de nuevo - siento como la sangre se aleja de mi rostro.

-Lo haré yo - dice al instante - no es necesario, que se lo hagas a ella.

-Necesito los recuerdos de ambos - parece sentirlo.

-Pero…

-Lo haré - le aseguro - solo necesito, poder tomar su mano.

Me mira, y después continua con la preparación de la abstracción de nuestros recuerdos, no sé si me dejará entrelazar mi mano con la de Ethan, no estoy pidiendo mucho, solo sentir sus dedos sobre los míos. Camina hacia nosotros, y nos coloca los electrodos en la cabeza y frente, y después suelta nuestras manos, y acerca más las camillas.

-Gracias, - dice Ethan, mientras toma mi mano y deja un beso en ella - estaremos juntos.

-Lo sé - susurro, aprieto su mano - espero que sigas sosteniendo mi mano, cuando despierte.

-Siempre - me sonríe de lado.

Escucho un zumbidito, y poco a poco mi cuerpo comienza a sentirse pesado, y los párpados se me cierran, y no puedo evitarlo, quiero seguir viendo sus ojos, pero no me obedecen.

-Soph - su voz se escucha lejana - aquí estaré.

-Lo sé - no sé si lo escucho, es más no sé siquiera si pude decirlo, pues la inconciencia a llegado.

 Dra. Longoni

Capitulo dedicado a:

Lila_C