Marcas en el corazón — capítulo 4
-Sophia, es hora de levantarse - esa voz es realmente suave - vamos, cariño debes ir a clases.
Abro lentamente los ojos, la habitación es de color lila, solo esta la cama individual, un pequeño buro, y también hay un espejo de cuerpo completo, por la ventana apenas si se ven los rayos del sol.
-No quiero - pido, mientras escondo mi cabeza debajo de la almohada.
-Hoy es el primer día, - mamá parece emocionada - y conocerás a muchos niños como tú y podrás hacerte su amiga.
-No me agradan los niños - observo los ojos aceitunados de mi madre, que no heredé, y su cabello rubio más obscuro que el mío, su rostro mantiene una sonrisa, y deja un beso en mi frente.
-Estos van a agradarte - asegura.
-¿No van a tratar de pegarme? - pregunto en un susurro.
-Sé que el viaje que hiciste con papá, no fue bueno - acaricia mi cabello - pero ya te dije, que estos niños son especiales al igual que tú.
-¿Por qué especiales mamá? - la observo fijamente.
-Porque tienen habilidades, que el resto de los otros niños, ni siquiera imaginan - su voz tiene un toque mítico, que ocasiona que todo se escuche mejor, pero no dura mucho, porque se escucha el llanto de un bebé - bueno vístete, que iré a ver a Kat.
No contesto, la veo salir de mi habitación, es cierto mi hermana acaba de nacer apenas cuatro meses atrás en el mes de Abril, con apenas cinco años, bueno cuando ella nació tenía cuatro años, aunque en Julio cumplí los cinco, y ahora me dirigía a mi primer día de escuela, pero si como iba a mi corta edad ya era hermana mayor, y se suponía que debía cuidar de Katherine.
Aunque mamá hace todo, suele dejar que la cuide, mientras ella se encarga de hacer de comer o los quehaceres de la casa, solo debo avisarle cuando comience a llorar, aunque ahora creo que ya no habrá demasiado tiempo para cuidarla, pues debo ir a la escuela, y según papá también debemos hacer tarea; no entiendo que signifique, pero por lo que él dijo, es que no tendré mucho tiempo para jugar.
Mamá a dejado mi ropa sobre el buró, la cual consiste en un jumper de color gris, la falda casi me llega a los tobillos, pues soy más pequeña que el resto de las niñas de mi edad, la camisa blanca al menos es de mi tamaño, y el suéter gris también, me colocó las calcetas blancas y los zapatos negros que mamá dejo.
Observo mi reflejo en el espejo, arrugo la nariz, pues no me agrada usar faldas y ahora llevo una, pero ese no es el problema, sino mi cabello que esta completamente alborotado. Escucho una risita, giró un poco el rostro, y los ojos azules de papá me ven con diversión, mientras su cabello negro lo lleva perfectamente peinado hacia atrás.
-No es gracioso, papá - lo miro molesta.
-Lo siento - se disculpa, mientras se hinca para quedar a mi altura - pero creo, que un cepillo no te vendría mal - mientras pasa el peine por mi cabello, tratando de desenredarlo, me ata el cabello en una coleta, que es el único peinado que sabe hacer - mejor, ahora si se ve tu belleza.
Le sonrió como agradecimiento, él toma mi mano y ambos salimos de mi habitación, cuando llegamos al comedor, papá me ayuda a sentarme y después camina a la cocina, pues mamá sigue con Kat, así que ahora él me servirá el desayuno.
Regresa cinco minutos después con un plato con cereal, es lo único que desayuno y lo sabe, y me alegra que sea él quien me esté dando de desayunar, pues mi madre me habría obligado a un plato de avena, y después un poco de huevo, y mucho jugo; según ella para que me mantenga saludable, pero odio la avena y el huevo no me gusta en las mañanas, así que un poco de cereal es el mejor desayuno para mí.
Cuando papá recoge su taza de café, junto con mi plato fue que mamá apareció, con Kat en un brazo, y mi mochila en la otra, corro hacia ella para tomarla, la mirada aceitunada de mi madre es inquisidora, supongo que quiere saber si he desayunado bien, por lo que le sonrió abiertamente, y ella acomoda el cuello del suéter.
-Papá te llevará al colegio,
- se inclina para besar mi frente - pero yo iré por ti, y por favor demuestra lo encantadora que eres.
-Lo haré - sonrió levemente
- nos vemos, mamá.
Papá ya esta en la puerta, en cuanto llego a su lado me quita la mochila, y toma mi mano, el nombre de mi padre es Jared Mendler, es algo del servicio especial de la comunidad, siempre va muy bien arreglado, aunque no usa uno de esos trajes que usa el alcalde, más bien siempre lleva ropa parecida a las personas que cuidan los límites de la comunidad, aunque su traje es café en lugar de verde como los cuidadores.
He visto películas de hombres que llevan ropa de militares, pero la de ellos no es así, por lo que no puedo decir que mi padre lo sea, su ropa consiste en un pantalón café que me gusta porque tiene muchas bolsitas, y parece holgado, lleva una playera negra y encima una chaqueta que parece ser calurosa, pero él jamás se la quita, por más calor que haga, y usa botas del mismo color que su uniforme.
Solo dos personas he visto que usen el mismo uniforme, una de ellas es un conocido de papá, Ralph Ludwig, un hombre más robusto que papá, su cabello negro siempre lo trae revuelto, y sus ojos negros a pesar de querer mostrar amabilidad, me causan miedo; aunque jamás lo he mencionado, pues es una falta de respeto.
Y el último es un hombre demasiado delgado, su cabello castaño claro lo lleva un tanto largo, y sus ojos miel, parece siempre estar asustado, y lo conozco porque papá lo llevo a comer una vez a la casa, su nombre Drake Geller. Todos los demás o llevan el traje verde o uno blanco, según papá ha mencionado que los verdes son los de más bajo nivel, y después vienen los blancos, y por último los de café.
La verdad es que no entiendo muy bien la jerarquía de la comunidad, pero papá dice que algún día lo entenderé, y que si todo va de acuerdo al plan, yo tomaré su lugar, aunque casi nunca he visto una mujer en ese cargo, pero él no deja de emocionarse al planear cuando llegue a la academia.
Después de un rato caminando, por fin veo un edificio que no es el más grande de todos, pero también puedo ver a muchos niños que se despiden de sus padres, cuando llegamos a la entrada, papá acomoda la mochila sobre mis hombros, lleva un mechón de mi cabello que ha logrado zafarse de la coleta, detrás de mi oreja y me dedica una radiante sonrisa.
-El conejito, ha llegado a la escuela - se inclina y me susurra al oído - demuestra lo inteligente que es una Mendler.
Le sonrió como respuesta, mientras deja un beso en mi cabello, y me hace una seña para que camine hacia la puerta, en donde una mujer mayor espera a que los niños entren, doy unos cuantos pasos y giro ligeramente la cabeza, él sigue ahí, por lo que sigo caminando. Cuando estoy dentro de la escuela, me giro completamente, y papá me esta sonriendo, levanto la mano en señal de despedida, y la responde.
Estoy aterrada, pero no puedo mencionarlo, después de todo soy una Mendler y no puedo mostrar cobardía, desvió la vista de él y la fijo en un grupo de niños de mi edad, respiro profundo y me dirijo a ellos.
-Hola - saludo, como mamá me ha enseñado.
Siento miradas sobre mí, lo primero que encuentro son unos ojos avellana, que parecen curiosos, mientras los grises parecen querer desaparecerme, el niño de ojos avellana, su piel es morena y su cabello negro esta un tanto despeinado, y el de los ojos grises su cabello es castaño y viene perfectamente peinado, sus labios los tiene fruncidos, parece que no le caigo bien, y eso hace que mi poco valor se vaya a la basura.
-Hola - responde el niño moreno - soy Derek Collins y él es Ethan Rumsfeld.
-Sophia Mendler - susurro.
Solo recibo una sonrisa, que hace que mi alma descanse, al parecer he hecho un amigo, aunque su acompañante, quiera matarme. Una mujer de cabello rizado y negro, camina hacia nosotros y con una media sonrisa, hace que hagamos una fila, no soy la más pequeña, pero tampoco soy la más alta, por lo que soy la tercera en la fila, detrás de mí hay una niña de cabello castaño rojizo, siento su mirada verde esta clavada en mí.
Aun la siento a pesar de que ya hemos entrado al salón, es muy pequeño, y hay muy pocos alumnos, la profesora nos acomoda, quedo sentada delante de la niña que no ha dejado de mirarme y sinceramente me pone nerviosa.
-Mi nombre es Vanessa Coleman y seré su profesora este curso - sonríe con ternura - quisiera conocerlos, y saber si tienen una habilidad especial - nos observa esperando a que alguno se anime - sí - la niña detrás de mí se levanta de un brinco.
-Mi nombre es Megan Jerins,
- su voz es más aguda que la del resto que he escuchado - y mi habilidad es escalar árboles y saltar.
-Gracias Megan - le sonríe - ¿Quién quiere seguir? - alguien del fondo levanta la mano - ¿sí?
-Soy Derek Collins - es el mismo niño que me ha sonreído momentos atrás - y mi habilidad es que mi vista es nocturna.
-Interesante - la mujer parece más animada - adelante.
-Me llamo Ethan Rumsfeld, - su rostro es serio - y lo mío es el camuflaje.
Varios niños siguen hablando, diciendo cuales son sus habilidades, todas parecen sorprendentes, y no sé si la mía pueda impresionar a la mujer, después de todo, aquellos niños hacen cosas maravillosas con su cuerpo y yo…
-Solo faltas tú, querida - tengo toda la atención del lugar, eso hace que la garganta se me seque.
-Y-yo - tartamudeo, ocasionando varias risas - soy Sophia Mendler - el rostro de la mujer muestra sorpresa - y mi habilidad es hacer levitar cosas.
Se escuchan murmullos, al parecer piensan que miento, de hecho la misma profesora lo piensa, puedo verlo en su rostro. Dirijo mi vista al cuaderno de una niña que está del lado derecho, me cuesta trabajo pero lo logró, haciendo que todos lancen grititos de sorpresa, pero al escuchar el golpe frente a mí, la dejo caer y la mirada café me observa con molestia.
-Deberás encontrar otra habilidad, - su voz es ronca - jamás volverás a hacer eso.
Siento un nudo en la garganta, y los ojos me pican, pero no me permito llorar, solo asiento levemente, y la mujer comienza con la clase. Todos me miran no entiendo que tiene de malo, pero me he prometido no decírselo a nadie, y no volver a realizarlo, como ella lo pidió, nunca nadie más verá esa habilidad.
Los señores Mendler
Capitulo dedicado a:
Lila_C
ana_de_cullen22
las trillizas cullen