Marcas en el corazón — capítulo 5
Me siento en la jardinera de siempre, a esperar a que Megan llegue y ambas entrar a clase, es nuestra costumbre desde que nos hicimos amigas, que fue una semana después de que entramos al colegio, siempre nos quedamos de ver en las jardineras frente a la escuela, la que llegue primero debe esperar a la otra; papá lo ha entendido, por lo que siempre se sienta a mi lado a esperar a que aparezca Meg y así poder ir a clase.
Es cierto que hablo con varios compañeros, pero Megan es mi mejor amiga, llevamos cinco años de amistad, y estamos a nada de terminar la escuela, e ingresar a la academia, a ninguna de las dos nos emociona, creo que eso es lo que nos une, ambas odiamos el sistema que nos rige, pero tenemos que seguirlo.
-Lo siento - la escucho jadear - el despertador no sonó.
-¿De nuevo? - la miro con una ceja elevada.
-Hola señor Mendler - saluda a mi padre, ignorando mi comentario.
-Hola, Meg - responde papá - es mejor que entren, o llegaran tarde.
-Nos vemos - me despido de papá, con un beso en la mejilla.
Y tomo la mano de Meg, y la hago correr al salón, que ahora esta en la cuarta planta que es la última del edificio, subo las escaleras de dos en dos, y ella trate de seguirme, aunque dice que soy rápida, es una habilidad que he tratado de fortalecer, al igual que he tratado de escalar árboles, cosa en la que he mejorado, pero jamás podré igualarme con Megan, de hecho ella parece ser un mono con la facilidad que trepa.
Pero me reconforta, que ella tampoco podrá igualar mi velocidad, sin embargo nos ayudamos para mejorar, cada sábado vamos al bosque y realizamos varios ejercicios físicos, tratando de superar nuestros propios límites.
Al llegar a la puerta del salón, Rumsfeld se encuentra en el marco de la puerta, con esa mirada fría que siempre me dedica, pero hace mucho que ha dejado de causar efecto en mí; pero esta vez esta cubriendo la puerta, tiene mi estatura, aunque Meg nos pasa a ambos al menos unos cinco centímetros, aunque no sirve de nada porque mi amiga se pone nerviosa ante él.
-Quiero pasar - le espeto, y a él no parece importarle pues no se mueve.
-No has dicho la palabra mágica, Mendler - sonríe de lado.
-Quítate - mi voz sale baja, pero con una nota amenazante en ella.
-Sigue sin ser la correcta - le encanta molestarme.
-Por favor - susurra Meg.
-Deberías ser más como Megan, - se hace a un lado dejándola pasar - te serviría un poco de modales.
Le mando una mirada asesina, antes de entrar al salón, tomo mi lugar detrás de Megan, que a pegado su rostro al cuaderno, supongo que debe estar sonrojada, por lo que Ethan acaba de decirle, y yo no puedo más que rodar los ojos, no puedo creer que con diez años, bueno ella once le guste ese tarado, que siempre esta molestándome, además ni siquiera es guapo.
Derek entra al salón y se sienta detrás de mí, mientras el irritante se sienta a mi lado, solo le sonrió al primero e ignoro al segundo, aunque Ethan no tiene tiempo de decir nada, pues el profesor ha entrado al lugar, cosa que en verdad agradezco. La clase pasa sin mucho interés, solo se la paso haciendo un repaso de lo que debemos aprender para el examen, es la historia sobre la comunidad, y algunos cálculos, y también sobre algunas hierbas curativas.
Todo lo practico lo aprenderemos en la academia, ellos solo nos enseñan la teoría o lo básico, porque también nos enseñaran más cosas el próximo año, todos parecen emocionados de llegar a la práctica, pero la verdad a mi me da nauseas de solo imaginar lo que nos harán hacer.
El profesor hace anotaciones en la pizarra y todos tomamos notas, aunque nadie pone realmente atención en lo que escribe, solo tal vez Megan y Derek, creo que de nuevo tendrá que explicarme la lección. Hay pequeños murmullos como siempre, pero nunca le hace caso, solo sigue anotando, dándonos la espalda.
-Aburrido - susurra Ethan, antes de recostarse en la silla, y comenzar a garabatear en su cuaderno.
Algo me dice que Derek le ha mandado una mirada seria, pero no parece importarle, ya que se gira a mí y me sonríe, ocasionando que yo haga una mueca de repulsión, que hace mayor su sonrisa, pongo los ojos en blanco y decido fijar mi vista en el cuaderno.
El profesor sigue anotando, sin darse cuenta que la mayoría de los alumnos, han decidido ignorarlo, de hecho yo misma he dejado de ponerle atención, miro por la ventana, veo pasar a varios pájaros, en ese momento los envidio, pues ellos ahora son libres de escuchar la aburrida clase del señor Robinson.
Pero la tranquilidad del salón se ve interrumpida por una enorme explosión, algunas niñas gritan, de hecho también niños, sin embargo yo siento un nudo en la garganta que me impide hacer cualquier ruido, el señor Robinson intenta restablecer la tranquilidad, pero otra explosión hace que sus pocos avances desaparezcan.
El caos ha invadido el salón, varios niños gritan y lloran, de hecho creo que los únicos que no hacemos nada somos cuatro, que es Megan, Derek, Ethan y yo. La voz de la directora se escucha un tanto chillona, pero se mantiene firme.
-Es necesario que los alumnos salgan al patio - varios se lanzan a la puerta, pero el señor Robinson, se coloca frente - mantengan la calma.
-Ya oyeron - su voz es ronca, y parece hacer que haya un poco de calma - hagan una fila, y saldrán con tranquilidad.
Veo a todos hacer lo que les dice el profesor, pero mis piernas parecen haberse congelado, siento que alguien toma mi brazo y me jala hacia la puerta.
-Ni creas que te quedarás - escucho gruñir a Ethan, pero no puedo pensar.
Todo me da vueltas, y siento nauseas, de hecho el estómago se me encoge al llegar al patio, el enorme edificio de justicia ha desaparecido, solo hay mucho humo en su lugar, el aire comienza a hacerme falta, siento una opresión en el pecho demasiado dolorosa, mis piernas parecen gelatina, sin embargo el brazo de Ethan es el que me mantiene de pie.
-Él esta bien - me digo a mi misma - papá esta bien.
Pero no importa las veces que lo diga, no puedo creerlo, quiero echar a correr y ver que él esta bien, que él no estaba en ese lugar, cuando hubo la explosión. En menos de cinco minutos madres y padres comienzan a llegar por sus hijos, es hasta que aparece su padre que Ethan me suelta, no me dice nada solo se aleja, mientras siento mi mundo temblar.
La mayoría de mis compañeros se han ido, pero mamá no ha aparecido, solo quedamos unos cinco, Meg se ha ido hace un rato, y casi enseguida se fue Derek, no he dejado de moverme, siento que si lo hago mis piernas, no van a responderme y no podre caminar, así que lo mejor que encuentro es tenerlas en movimiento.
-Sophia - esa voz no es de mi madre, me giro y me encuentro con una mujer de cabello negro, su rostro se muestra el pánico que tiene, al igual que sus ojos miel están cristalino, hay algo mal.
-Rachel - es la amiga de mamá la que suele cuidar a Kat, cuando ella decide llevar de comer a papá - ¿dónde esta mamá?
-Es mejor ir a casa - es lo que recibo por respuesta.
Eso esta mal, pero no lo menciono, simplemente camino a su lado, en cuanto llegamos noto que la casa en donde vivimos es más grande que la del resto, en ese momento he descubierto que la zona en donde se localiza es la mejor que donde voy a la escuela, de hecho solo hay cuatro casas más, todas enormes y perfectamente arregladas.
He ido a casa de Megan, y es la tercera parte de la nuestra, hecha de madera y bastante vieja, y todas las casas del pueblo son similares, en lo único que difieren es en el arreglo exterior, pero todas son pequeñas. Soy la hija del jefe de seguridad de todas las comunidades, supongo que por eso todos me han visto mal, por ser la niña mimada de alguien tan importante.
Al entrar a la casa al primer lugar a donde me dirijo es a la habitación de Kat, mi hermana pequeña en ese momento duerme, yo quisiera hacer lo mismo pero no puedo, al igual que mis lágrimas no fluyen, sé lo que ha pasado, aunque nadie lo haya dicho lo sé. Y me duele demasiado, y aun así no puedo llorar, la miro fijamente se parece a mamá, y la tranquilidad con que duerme, desearía que siempre estuviera.
-Kat - acaricio su mejilla, ella ni siquiera se inmuta - te quiero, sé que jamás te lo he dicho, pero te quiero, después de todo eres mi hermana.
Me recuesto a su lado y cierro los ojos, esperando que solo sea una pesadilla que en cualquier momento, vendrá mamá a despertarme, pero eso no sucede, en su lugar me quedo dormida, con imágenes de cosas en llamas, a mamá y a papá caminando hacia el fuego.
Me levanto sobresaltada, y lo primero con lo que me encuentro es la mirada azul de Kat, le sonrió levemente, tratando de tranquilizarla.
-¿Dónde están mamá y papá? - pregunta en voz baja.
No sé que responder, por lo que lo único que hago es abrazarla, y ella parece entender al igual que yo, que nuestros padres no van a regresar, se aferra con fuerza a mí y llora, me alegra que ella si pueda sacar su dolor, acaricio su cabello tratando de reconfortarla.
Pasamos un largo rato así, de hecho hasta que sus lágrimas se han agotado y solo queda un ligero hipido, me separo suavemente de ella.
-Iré por un poco de comida, no te muevas - ella solo asiente.
Me levanto de la cama, y estoy dispuesta a bajar las escaleras, pero escucho voces, por lo que me detengo para saber de que hablan, además sé que si bajara se abstendrían de hablar, y yo necesito saber si mi presentimiento es real.
-¿Qué va a pasar con ellas?
- pregunta Rachel.
-Les daremos otra casa - esa ronca voz la reconozco como la de Ralph Ludwig.
-Ellas están acostumbradas a los lujos, - replica - no puedes mandarlas a una pocilga en la que vivimos el resto, además son Mendler son bisnietas del hombre que nos dio salvación, no puedes tratarlas como al resto.
-Cada uno rasca con sus propias uña, - parece molesto - jamás hemos dado preferencia a nadie, y esas niñas no van a ser la excepción, si después logran recolocarse, no se los quitare.
-Sophia solo tiene diez años, apenas va a entrar a la academia - gruñe Rachel - y Kat apenas va a entrar a la escuela ¿de que se van a mantener?
-No serán las primeras huérfanas, ya encontraran la forma - lo dice como si fuera lo más común del mundo - nosotros ya hacemos mucho, con darles un techo.
-Jared dio demasiado por la comunidad, - le reprocha - y ustedes van a dejar sin nada a sus hijas, es injusto.
-Así es la vida, Rachel - comienza a exasperarse.
-Entonces deja que las lleve a la comunidad del sur - casi esta suplicando.
-Son estudiantes, y como tal no saldrán de aquí - no esta dando muchas opciones.
-Entonces me quedo - y ella no parece querer dejarnos solas.
-Es imposible, - replica - se te necesita allá y te irás a menos que quieras la muerte como castigo de tu desobediencia.
No hay respuesta, así que no solo debo preocuparme de que mis padres han muerto, sino que debo mantener a mi hermana de cinco años, sin ayuda de nadie, porque la mejor amiga de mi madre tendrá que irse, porque si decide quedarse la matarán, dejándonos igual completamente solas.
Escucho un ligero sollozo, se de quien es, por lo que me levanto y la abrazo con fuerza, quiero llorar pero tengo que tragarlas, mi hermana me necesita fuerte.
-Yo voy a protegerte, - le aseguro - te prometo que no dejare que nada te falte.
Acaricio su cabello, tratando de tranquilizarla, aunque en ese momento mi mundo ya de por sí destruido, se hizo polvo lo único que quedaba de las ruinas, pero sé que debo ser fuerte por mi hermanita, solo por Kat debía mantenerme en pie.
Ralph Ludwig
Capitulo dedicado a:
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