Marcas en el corazón — capítulo 6
Los primeros tres años, nos mantuvimos de la beneficencia de Rachel y un poco de los padres tanto de Derek como de Megan, pero poco a poco ha ido escaseando la comida, por lo que su precio ha aumentado, y solo nos deja con el poco dinero que Rach nos manda. Y durante dos años, tuve que ingeniármelas para conseguir alimento.
De hecho en la academia me han ayudado bastante, sobre todo el profesor Brown, he aprendido a coser, para arreglar ropa, he cuidado los hijos de los más importantes que tienen por padre a Ralph Ludwig, paga una miseria, pero al menos me ha dejado cuidarlos, supongo que recuerda quien fue mi padre.
Al ver esos niños de más o menos seis y siete años, que ni siquiera los han inscrito en la escuela, son enseñados en casa, y no ven nada de lo que los otros niños, y por lo que he visto tampoco irán a la academia, eso solo es para los hijos de los obreros y guardias, pero los hijos de un líder y jefe de seguridad, no tienen la necesidad de convertirse en esclavos.
Ellos serán líderes, y sonrió al recordar eso de que nadie tiene privilegios, pero al parecer se le ha olvidado eso en cinco años, él los ve ordenando en el mundo de las personas normales, detrás de un elegante escritorio de mármol, con muchas personas alabándolos.
Sin embargo recuerdo al abuelo, que siempre dijo que los "normales" no nos quieren, les damos miedo, y siempre nos trataran como sus esclavos, nunca nos darán un papel importante en su sociedad, y me pregunto si eso lo sabe Ralph, saber que sus pequeños capullos, solo obedecerán jamás darán ordenes.
Veo a los dos niños jugar, no sé sus nombres siempre les digo por su apellido, es la única forma en que me obedecen, y sinceramente no me apetece hacer un lazo con ellos, solo soy su niñera los fines de semana, cuando sus padres deben ir a una cena importante, pero si soy sincera me caen mal. Ambos son pretensiosos y maleducados, siempre haciendo lo que se les da la gana, haciendo que yo limpiara todos sus destrozos.
Solo seguía con ese trabajo porque en verdad necesitaba el dinero, sino hace mucho que los habría dejado, no los soporto, sin embargo debo fingir que hasta me agradan. Pero al fin he dejado a esos dos, y me dirijo a casa contando el dinero que me ha pagado, al menos esta vez dejo más, por tener que pasar la noche fuera de casa, solo espero que Kat no haya salido.
-¿Qué tal tu trabajo cuidando a esos malcriados? - me sobresalte al verlo bajar del árbol de un salto elegante.
-¿Por qué siempre tienes que asustarme? - le reprocho, mientras paso por su lado.
-Es divertido ver tu rostro, aunque sea solo unos segundos con pánico - camina a mi lado, parece que de nuevo va a acompañarme a casa.
-¿No hay nadie a quien más molestar, Ethan? - pregunto con tranquilidad.
-A decir verdad, vengo a ofrecerte mi ayuda - ante aquello clavo mi mirada en él.
-¿En qué? - lo observo fijamente.
-Ven - y sin más me toma de la mano.
Comenzamos a caminar hacia el bosque, jamás lo he dicho pero me agrada, a pesar de que siga con sus bromas tontas, me he encariñado con él, además de que sin importar que sus padres me odien, él ha decido seguir siendo mi amigo, si es que se le puede llamar amistad a lo que tenemos. Pero como sea Ethan Rumsfeld siempre esta ahí para mí, aunque en ocasiones quiera golpearlo.
Por fin nos hemos detenido, solo estamos rodeados por árboles, y no sé escucha más que el viento mover las hojas, y uno que otro pájaro cantar, no sé que hacemos aquí, a menos que quiera que practiquemos para el examen final de la academia que será en mes y medio, y cuando eso suceda nos marcarán para hacernos parte de un grupo.
-No tengo ganas de practicar
- susurro - no he dormido mucho, cuidando a los mocosos Ludwig.
-¿Quién ha hablado de practicar? - me mira con altivez.
-Sino es eso ¿para qué estamos aquí? - no tengo ganas de discutir.
-Te voy a enseñar a alimentarte - lo dice como si fuera obvio.
Lo miro sin saber bien, que es lo que quiere decir, lo veo caminar hacia un árbol y sin mucho esfuerzo se sube en el, cuando llega a una rama como a unos tres metros del suelo, me hace una seña para que suba. Estoy demasiada cansada como para escalar el árbol, pero dudo que acepte un no por respuesta.
Me abrazo al enorme tronco, para comenzar a escalar, resbalo un par de veces, pero logro llegar a la rama en donde él me observa con una sonrisa.
-Peor de lo que imaginaba - le enseño la lengua, un tanto molesta - y también infantil.
-Yo no pedí venir, - gruño - así que si solo vas a ofender mi forma de subir, lo mejor es que me vaya a casa.
-Lo lamento - lo miro incrédula, es la primera vez que se disculpa.
-¿Lo dices enserio? - mi voz sale un poco ronca, por la sorpresa.
-Ven aquí, - es lo único que dice, me extiende su brazo - dudo que tengas mucho equilibrio.
Ruedo los ojos antes de aceptar su mano, ya se me hacía raro que se fuera a portar con amabilidad, cuando llego a su lado me señala una rama que esta como a unos dos metros de nosotros, se inclina y sin más brinca, quedando colgado y sus piernas quedan más cerca de mí.
-Toma mis piernas y úsalas como una cuerda - me ordena.
Hago lo mismo que él, solo que con menos fuerza, mis manos se enredan un poco debajo de su cintura, ocasionando que mi rostro arda, pero no se lo hago notar, a pesar de que escucho una risita burlona por su parte, y sin más comienzo a subir cuando llego a la rama, de manera consciente le piso una mano.
-¡Cuidado! - replica, aunque ya me he puesto de pie, recargada en el tronco.
Él se sienta en la rama revisando su mano, cosa que me hace sonreír, me manda una mirada fría, que hace que la risa salga.
-Yo trato de ayudarte, y tú simplemente me lastimas, además te ríes - su ceño fruncido, me hace aun más gracia, pero trato de controlar la risa.
-Lo siento - aunque no suena muy convincente, pues trato de ahogar las risas.
-Sino fuera por Katherine, dejaría que murieras de hambre - su voz es baja, pero sé que lo hace para que lo escuche.
-Mi hermana estará encantada de saber, que el chico lindo se preocupa por ella - me tapo la boca enseguida de que termino de decir la frase, pues se suponía que era un secreto, y ahora se lo he revelado.
-Así que le resulto lindo, - sonríe de manera ladina - eso es nuevo.
-Por favor - de nuevo sale inconsciente - hay demasiadas chicas detrás de ti, creo que te siguen más a ti, que a Derek.
-¿Es una declaración, Mendler? - me mira fijamente.
-No - y es la verdad, no es mi tipo.
Hay un silencio, que se hace cada segundo más pesado, tal vez se sienta ofendido, de que no lo vea guapo, pero no puedo verlo más haya que un amigo, al igual que a Derek, de hecho en ese momento lo único que tengo en mente, es seguir manteniendo a Kat, ella es lo que me importa en ese momento y creo que por mucho tiempo más.
-¿Vas a enseñarme a lo que venimos? - pregunto, después de lo que parecen horas sin habla.
-Desesperada - me reprocha, mientras saca una pequeña resortera.
Y me le enseña, como si fuera el arma más mortal que hubiera, respiro profundo para no mandarlo al diablo, después de que no me ha dejado regresar a casa, por un estúpido juego de niños, además Kat debe estar hambrienta y desesperada, y yo aquí perdiendo el tiempo con él.
-Me voy - es lo único que digo, antes de deslizarme por el tronco.
En cuanto mis pies tocan el piso, echo a correr pues no quiero que mi hermana se quede más tiempo sola del que ya lleva, la casa que ocupamos desde hace cinco años, es una de las que más alejadas se encuentran del centro de la comunidad, de hecho solo hay cuatro casas más, las cuales están ocupadas por ancianos.
Abro la puerta de la casa, en donde puedo ver a mi hermana, sentada en la única silla que hay en la pequeña mesa, tiene una mano en la barbilla, parece pensativa y algo en mi interior se desmorona, pues su parecido con mamá es mayor en ese momento.
-Hola - saludo tratando de mostrarme tranquila.
-¿Dónde has estado? - se levanta enojada, aunque sus quince centímetros menos, no deja que me asuste demasiado.
-Lo siento, - me disculpo - pero me entretuve con Ethan.
-¡Oh! - eso parece tranquilizarla - ¿y él te acompaño?
-Lo deje en el bosque - respondo con tranquilidad.
Me mira de arriba abajo, y yo sigo su mirada y sé porque su nariz arrugada, pues estoy llena de tierra, y supongo que mi rostro también debe estar sucio, y ella suelta un suspiro.
-Dame eso - me extiende la mano, para que le de mi ropa.
Enserio se comporta como mi madre, por lo que con una sonrisa me desvisto, y le entrego mi ropa llena de tierra, aunque le entrego el dinero aparte, lo toma y lo guarda en la bolsa de su vestido.
-Lo mejor es que subas a darte una ducha, mientras yo preparo el almuerzo - dice con tranquilidad.
-Muy bien, mamá - le hago burla, mientras ella rueda los ojos.
-Vete ya - me empuja hacia el pequeño baño.
Sonrió levemente, es normal en mi vida que mi hermana de diez años se comporte como mi madre, pero así es Kat se ocupa del arreglo de la casa, mientras yo intento conseguir el dinero para alimentarnos, de hecho mi hermanita a logrado ahorrar un poco de dinero, según ella para cuando vengan malos tiempos.
Entro a la ducha y dejo que el agua fría se lleve un poco mi cansancio, hace frío es cierto, pero no tenemos el privilegio de agua caliente, por lo que no nos queda más que ducharnos con el agua fría, que en estos momentos cala mis huesos. No tardo demasiado, por lo que salgo solo con una toalla anudada a mi cuerpo, y me dirijo a la recamara que esta enseguida del baño.
Solo hay una cama individual, que debemos compartir Kat y yo, lo cual aun no es un problema, pues es pequeña y cabemos bien, solo espero que cuando ella crezca, haya logrado al menos comprar otra cama. Abro el pequeño mueble, que no puedo llamar closet, porque es demasiado pequeño, saco el pants que uso de pijama, una playera sin mangas y una sudadera que me queda enorme, pero es una de las pocas cosas que aun me quedan de papá.
Cuando termino de vestirme y cepillar mi cabello, me recuesto en la cama, solo por unos cinco minutos, pero el sueño me gana y me quedo dormida.
No sé cuanto tiempo ha pasado, cuando vuelvo a abrir los ojos, pero me desperezo y camino hacia lo que se podría llamar comedor, la casa es tan pequeña que con un solo paso has llegado a donde quieras, me siento en la silla, viendo a Kat moverse en la cocina, con tanta agilidad, que parece hecha para eso.
-En un momento, - dice - me comí tu almuerzo, pero espero que esta comida-cena lo recompense.
No contesto, pues no puedo molestarme porque ella coma, es más le daría mi comida, si con eso ella estuviera bien. Sale unos cinco minutos después con una sopa, que tiene un extraño color verde, pero no pregunto, confío en ella y sé que no me daría nada que me hiciera daño, al dar la primera cucharada, me doy cuenta de lo hambrienta que estoy, así que sin interesarme el aspecto, me la termino demasiado rápido.
-Vas mejorando - la felicito, y ella me sonríe con entusiasmo.
Siento sus manos peinar mi cabello, ocasionando que el sueño que pensé haber dejado, regrese y más fuerte; son tan suaves sus movimientos, que a cualquiera podría relajar. Sin embargo no dura mucho, pues el sonido de la puerta hace que me levante, maldiciendo a la persona que se encuentra del otro lado.
Al abrir la puerta, me encuentro con Ethan, que al parecer esta molesto, y bueno creo que tiene razón, después de todo lo deje en medio del bosque, después de haberlo pisado, pero yo también estoy molesta, por hacerme perder el tiempo con tonterías.
-¿Qué quieres? - digo secamente.
-Ten - me extiende dos palomas, y también una bolsa de verduras, junto con un poco de dinero.
No sé que decir, ahora enserio me siento culpable, además de que no puedo aceptarlo, seguramente se ha pasado largo rato en el bosque cazando, y yo no puedo quitarle eso.
-No es correcto que lo acepte - susurro.
-Iba a enseñarte a cazar - no veo su sonrisa, y eso en cierta forma me duele - pero ya que te fuiste, decidí darte unas cuantas cosas, para que tú y Kat tengan comida.
-Gracias - mi hermana es más rápida y toma las cosas - ¿ya comiste?
-Sí - aunque el gruñido de su estómago lo desmiente.
-Entra - la sonrisa de Kat es radiante - te voy a dar un poco de sopa, no es mucho, pero es una forma de darte las gracias.
-Vamos - tomo su brazo, para obligar a que entre - es buena cocinando.
No hay respuesta, simplemente se deja llevar a la silla, lo hago sentarse, mientras las dos lo atendemos, después de lo que ha hecho por nosotras es lo mínimo que merece. De hecho Kat lo obliga a aceptar la invitación de mañana para la comida, de las palomas que ha llevado.
Sus ojos grises se clavaron en los míos, muchas veces lo habían hecho era cierto, pero en ese momento fue diferente, pues Ethan Rumsfeld había dejado de ser un simple amigo, se había convertido en la segunda persona más importante en mi vida, y más cuando lo escuche reír con mi persona favorita. Frente a mí tenía a dos de las tres únicas personas por las que sin duda daría mi vida.
Katherine Mendler
Capitulo dedicado a:
Lila_C
ana_de_cullen22