Marcas en el corazón — capítulo 7
Hoy por fin hemos terminado, y ahora esperamos para hacer el examen y que decidan en que grupo vamos a estar, o si tenemos que repetir el último curso, hay varios padres observando a sus hijos desde fuera de la academia, mientras los de último año, que somos no más de treinta y cinco y debo decir que somos una de las generaciones más grandes.
Mis manos tiemblan, pues como nos marquen aquí, dependerá lo que seamos el resto de nuestras vidas, hay cinco grupos, cada uno lleva una marca en la muñeca, el primero suelen llevar como una luna, que significa que serán los vigías nocturnos, la mayoría no pasa de ser cuidadores de los límites de la comunidad y los primeros que mandan a la guerra, después siguen los que llevan un trigo, esos se encargarán de recolectar los frutos, no difiere mucho de los nocturnos, pero se les tiene más respeto, porque de ellos nos alimentamos.
Después siguen los que les marcan un ojo, esos serán los únicos que podrán ser profesores y si además se les agrega una línea es que podrán ser transferidos a otros lugares, después viene algo que parece herradura, esos serán los cazadores, son uno de los más respetados, pues ellos pueden llegar a hacer nuestros jefes de seguridad, aunque esos también son marcados, pues no cualquiera puede llegar a ser parte de eso, los que podrían ser candidatos, además de la herradura, colocan una raya por debajo y cuatro estrellas.
Así sabríamos a quien tenerle más respeto, pues tal vez en algún momento podría ser jefe de seguridad, ese tatuaje lo tengo más en mente, porque mi padre lo llevaba, aunque jamás pareció muy orgulloso de tenerlo. Pero eso ahora no importa, porque falta el último que son unas alas, son muy pocos los que son marcados con ellos, pues se supone que quien son marcados con ellas, son algo así como los enviados a la guerra, para traer paz.
Que te toque esa marca, es saber que no vas a llegar a anciano, pues eres al que mandan solo, para que entre al territorio enemigo, y pueda derrumbar sus planes o algo así, la verdad no lo entiendo bien, lo único que sé es que a pesar de que muchos creerían que las alas son libertad, aquí es la sentencia a la muerte por esclavitud.
Los de menor riesgo, son los recolectores y profesores, pues ellos jamás serán enviados a guerras. En cambio los vigías son los que mueren en la guerra, y los cazadores van a las guerras, pero ellos mandan desde su tienda de campaña, y los ángeles como llaman a los de las alas, deben infiltrarse y usar sus artimañas para hacer que el enemigo se haga débil.
Espero con ansias, que me toque o el de recolector o profesor, así podría seguir cuidando de Kat, sé que el de cazador no es para mí, es cierto que se usar armas, pero no de la forma en que lo hacen otros chicos de mi edad.
-Tranquila, - toma mi mano - vas a ser una excelente profesora.
-Gracias - le sonrió levemente.
No hay respuesta por parte de Derek, pero a pesar de eso no suelta mi mano y se lo agradezco, porque así puedo alejar un poco mi mente de lo que tendremos que hacer dentro, además de que me siento más confiada, poco a poco comienzan a nombrar a nuestros compañeros.
-Collins Derek- esa es la voz del profesor Brown.
-Es mi turno - sonríe como si nada, y suelta mi mano.
-Suerte - le digo en voz baja.
Lo veo adentrarse al auditorio, de nuevo mis miedos vuelven a aparecer, no puedo ir a ninguna guerra, Kat me necesita en casa, por lo que prefiero ser recolectora, es más aceptaría ser nocturna, si me asegurarán no enviarme a guerras, hasta que ella haya terminado la academia. Después de eso yo misma me enlistaría, pero durante cinco años más quería estar con mi hermana.
-Todo estará bien, - ahora es Meg la que intenta, mantenerme tranquila - trata de no esforzarte mucho.
No sé si eso sea lo mejor, pero no se lo hago saber, simplemente le sonrió como agradecimiento, sé que ella en verdad esta preocupada por mí.
-Basta, Sophia - no hace falta que levante la vista, para saber quien es - Kat quiere que hagas lo mejor, y sea lo que sea en lo que te elijan, ella estará orgullosa, pero si hacen que repitas el curso, dudo que ella se sienta feliz.
La voz de Ethan es firme, y no me esta consolando, me esta haciendo ver, que para mi hermana lo único que le importa es que de lo mejor de mí, sin importar en que quede, solo que demuestre que soy una Mendler.
-Jerins Megan - de nuevo la voz del profesor Brown.
Se levanta con nerviosismo, y veo a Ethan revolverle el cabello, creo que eso es mejor a cualquier palabra que yo pueda darle, lleva enamorada de él desde que tenemos nueve, así que supongo que sus ánimos le sientan mejor que los míos. La veo entrar como hace una hora vi entrar a Derek.
-Lo vas a hacer bien, - se sienta a mi lado - siempre lo haces.
-Estoy aterrada - mi voz es baja - si estuviera sola, no me importaría en que me quedará, pero Katherine depende de mí, no puedo irme a una guerra o ser trasladada a otra comunidad, tengo que quedarme aquí.
-Encontrare la forma, - sonríe de lado - después de todo yo soy el cerebro de esta relación.
-Creí que eras los músculos
- solté una ligera risita.
-Eres una pésima amiga - me reprocha.
No contesto simplemente observo al resto pasar, cada uno de los participantes no dura más de veinte minutos dentro, han pasado dos más, ambos hombres, en cuanto veo al profesor salir, sé que es mi turno.
-Mendler Sophia - siento que el tiempo se congela.
Respiro profundo antes de levantarme, giro levemente y veo la sonrisa de Ethan, sé que él confía que haga mi mejor esfuerzo, que no me preocupe por donde me voy a quedar, por lo que he decido que haré lo mismo, haré lo mejor que pueda, sin importarme las marcas, solo demostrar de que estoy hecha.
-Suerte - me susurra el profesor.
Al entrar al auditorio, debía decir que no había nada de lo que yo recordaba, ahora parecía más un campo de batalla que el lugar en donde nos daban pláticas sobre nuestros futuros. Solo había tierra, un enorme árbol, una montaña y una mochila que me resultaba demasiado lejana.
Pero no había nadie, o al menos eso creí, porque solo había dado un paso, y un enmascarado apareció delante de mí, con un cuchillo, apenas si tuve tiempo de retroceder, antes de que llegara a cortarme.
No era buena en lucha cuerpo a cuerpo, eso era de Derek, sin embargo use mis manos como sostén, e hice que se cayera, tome el cuchillo y después de dejarlo noqueado corro hacia la mochila, escucho explosiones detrás de mí, y varias flechas pasan por mi lado, me concentro en escuchar de donde provienen, y es así como logro esquivarlas.
Estoy a nada de tomar la mochila, pero algo me toma de los pies, haciendo que caiga y me golpe la barbilla, y enseguida aparece el característico sabor metálico de la sangre en mi boca, como puedo me doy la vuelta y una enorme raíz que parece tener vida, se ha enrollado en mis pies y me jala hacia lo que parece un agujero, con el cuchillo que le he quitado al enmascarado, cortó la raíz.
Intento levantarme, pero las piernas me duelen demasiado, es como si hubiera corrido durante horas, además de que parecen no responderme, pero algo me dice que en cuanto llegue a la mochila esto terminara, me forzó a ponerme de pie, cierro los ojos tratando de acostumbrarme a la horrible sensación de mis piernas.
Doy un paso, haciendo que todos mis músculos duelan, pero no me interesa sigo caminando, tratando de ignorar el dolor, hay una explosión que me ensordece por unos segundos, desvió la vista hacia la derecha y veo que se dirige hacia mí, un enorme pájaro.
Sin importar el dolor de las piernas, echo a correr cubriéndome la cabeza con las manos, al sentir los picotazos de la estúpida ave, al ver la mochila, me abalanzo sobre ella, como si mi vida dependiera de ello. Y como supuse en cuanto la tuve en brazo, todo desapareció, dejándome en el salón con los jefes de la comunidad, al igual que el alcalde.
-Muy bien, señorita Mendler
- dice el alcalde un hombre de unos cuarenta y tanto años, el cabello castaño rizado lo tiene perfectamente peinado - la primera de su clase, que ha tomado la mochila, sin prestar atención a las distracciones.
No hablo, pues la verdad no había visto ninguna distracción, escucho un carraspeo dirijo mi vista a la persona que se encuentra del lado derecho del alcalde, siento un nudo en el estómago, pues ese sería el lugar que mi padre debería ocupar, pero ahí esta Ralph, que no parece muy feliz de lo que he hecho, sin embargo mantengo mi mirada en alto.
-Es un placer informarle - ahora es Ralph quien habla, ahora sonríe - que después de más de veinte años, por fin tenemos un ángel.
Mis neuronas tratan de entender aquellas palabras, pero no puedo, aunque no lo hago notar en mi rostro, sigo con mi vista fija en él, que me hace una seña y camino hacia él, en ningún momento demuestro mi miedo, y sé que eso le frustra, por lo que me siento orgullosa, de hacer algo que le moleste.
-Pasa a que te hagan parte de los ángeles - me señala una mujer que tiene aspecto nervioso.
Observo el cabello rojizo de la mujer que me sonríe, tratando de mostrarse tranquila, pero noto que esta aterrada, hago una leve inclinación con la cabeza a modo de saludo, ella me extiende la mano, la cual tomo notando que le tiemblan, pero no digo nada solo dejo que me guíe.
Entramos a una sala, en donde solo esta un hombre que es demasiado alto, y a la vez tiene demasiada masa muscular, su rostro tiene varias cicatrices que se lo deforman, pero a pesar de eso puedo notar una sonrisa, el miedo ha aumentado, pero se la regreso lo mejor que puedo.
-Nuestro primer pequeño ángel, después de más de dos décadas - me señala la silla, para que me siente.
Y así lo hago, me sube la manga del suéter de mi brazo derecho, sus manos frías parecen delimitar la zona, en la que va a trabajar, fijo mi vista en el techo, no quiero observar la forma en que me marcará.
Derek Collins
Capitulo dedicado a:
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