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Marcas en el corazón — capítulo 8

Me muerdo el labio, al comenzar a sentir, como comienza a cortarme la piel, para que quede la marca, es doloroso pero no para no soportarlo, despego la vista y lo miro, esta tan concentrado, se le forman unas pequeñas arrugas en medio de la nariz, y sus manos apenas si se mueven sobre mi piel.

-Pensé que ya venían, diseñadas solo para colocarlas - susurro.

-Para el resto, así es - responde la mujer - pues son muchos, pero para el ángel y el futuro líder de seguridad de todas las comunidades, se hace manualmente.

-¡Oh! - es lo único que se me ocurre decir.

De nuevo se forma el silencio en el lugar, la mujer no ha apartado la vista de mí, de hecho siento que parece compadecerse de mí. Odio que sientan eso, pero no lo digo, pues mi voz no parece querer salir, vuelvo a fijar mi vista en la pared, no quiero hablar, solo quiero que esto termine y abrazar a mi hermana.

-¿Cuántos años tienes? - pregunta la mujer.

-Cumpliré dieciséis en Julio

  • mi voz sale ronca.

-Casi una niña - se lamenta

  • no entiendo, que hayas hecho para que te eligieran como ángel.

-Ni yo - admito.

-Eres tan joven - enserio eso no me ayuda - y pensar, que en cuanto te envíen a una guerra, no vas a regresar.

-No la asustes Natasha, - le reprocha el hombre - no es tanto así - me dice con una sonrisa - bueno tal vez si no regreses, pero hace tanto que no se ha tenido un ángel, y lo han hecho tan bien, que no creo que pongan en peligro a su arma mortal, en una batalla pequeña.

-Es cierto, - concuerda la mujer - ahora solo han tenido pequeños enfrentamientos, tal vez ya hayas vivido, cuando sea tu turno de ir o tal vez ya hayan elegido a alguien más joven y hermosa que tú.

-¿Siempre son mujeres? - pregunto, sin mirarlos.

-Siempre, - responde el que me hace la marca - pues se supone que deben engatusar al enemigo, un hombre suele ser más tosco, para eso de la amabilidad y la mentira, en cambio una mujer suele causar ternura y eso hace más sencillo que acabe con sus barreras.

-¿Se debe coquetear? - clavo mi vista en él.

-Es uno de los puntos importantes en el ángel, - sigue con su vista fija en mi muñeca - además de la velocidad, y ser resbaladiza para no ser atrapada.

-Yo no se hacer nada de eso

  • mi voz sale angustiada.

-Estoy segura que velocidad la tienes, - replica la mujer - y también lo de evitar los problemas - la miro, sin decir nada - lo demás te enseñarán, ya tienes un rostro hermoso e inocente, solo falta que te enseñen a usarlos.

-Nat tiene razón - comenta el hombre - eres hermosa, además todos ustedes seguirán siendo entrenados para hacer un mejor trabajo.

-¿Quién nos va a enseñar? - creo que eso me ha dado un poco de esperanza.

-Uno de su grupo - dice con tranquilidad - pues solo ellos pueden enseñarles, las habilidades que deben desarrollar más.

-¿Aun hay personas de mi grupo? - mi boca esta seca.

-No - apenas si es audible.

El poco alivio que había logrado, se desvaneció en un pestañeo, así que no tengo nada con lo que poder ser mejor, y así evitar la muerte en la guerra, pues al parecer todos los de este grupo han muerto.

-¿Alguna ha sobrevivido? - suena un tonto temblorosa, pero ellos no parecen darse cuenta.

-Pues… - titubea - si sobrevivió a la guerra.

-¿Enserio? - eso de nuevo hace revivir mi esperanza.

-Así es - sonríe el hombre - y si quieres saber cual fue su secreto, pues fue enamorar a un cazador, que además era candidato a líder.

-¿Y ahora donde está? - tal vez esa no sea la verdadera razón del porque sobrevivió.

-Muerta - responde Natasha.

-Pero…

-No murió en la guerra, es cierto - confirma - pero pues todos tenemos un período y el de ella ya fue cumplido.

-¿Cuál fue su nombre? - siento curiosidad.

-Dominique Crown - ante aquel nombre, agradecí estar sentada, porque si no seguramente habría terminado en el suelo - ¿te sientes bien?

-Sí - aunque no sonó muy creíble.

-Fue el último ángel que se eligió antes de ti - el hombre ni siquiera parecía haber notado mi reacción.

Mi madre había sido parte del grupo, que parecía extinto, hasta hoy en donde había sido elegida, para que de nuevo se volviera a abrir, un grupo que sin duda me iba a llevar a la muerte, pues no había nadie que pudiera a ayudarme en superar mis límites, mientras el resto de mis compañeros tendrían consejeros que los ayudarían, y yo estaba sola. Era como si la vida se burlara de mí, después de todo cuando mis padres habían muerto, había quedado sola, sin nadie que me enseñará, y ahora en mi grupo estaba igual.

-Aunque debes alegrarte - dijo de la nada la mujer, primero se lamentaba por mi destino, y ahora me decía aquello - después de todo, te trataran como un líder, te pagarán muy bien, y tal vez se tarden mucho en llamarte a batalla, y así podrás disfrutar del dinero que te den.

Aquello sonaba bien, pues si me iban a pagar como a un líder, podía dejarle bastante dinero a Kat, para cuando yo faltara, tal vez no viviría para siempre de ello, pero al menos le serviría de algo.

-¿También me darán casa? - fijo mi vista en ella.

-Por supuesto, - su voz fue indiferente - y tal vez un grupo de seguridad, para mantenerte a salvo, hasta que sea el momento para que mueras.

Eso sonó tan cruel, pero no me intereso, pues le podría dar una mejor vida a Kat, aunque fuera por muy poco tiempo, y trataría de ahorrar lo más que se pudiera, por si tenía que irme antes de que ella pudiera mantenerse por si sola. Suelto un suspiro, porque a pesar de que le deje dinero, se quedará sola y eso me duele.

Mi mente es un enredo, pues tengo tantos pensamientos y sentimientos, que me duele la cabeza, y a pesar de que no han dicho una palabra por largo rato, estoy cansada de ellos, y quisiera que ya terminara, para poder irme y poder disfrutar el poco tiempo que me queda con mi hermana.

Aunque tal vez este exagerando, ellos podrían tener razón y no enviarme a la guerra, en muchos años, y si mi suerte es buena ya haya alguien que ocupe mi lugar, pero no sé si sería capaz de dejar que fuera una chica de quince años, yo siendo ya mucho mayor.

-Listo - la voz del hombre me saca de mis pensamientos.

Observo mi muñeca, que esta roja e inflamada, pero puedo ver dos alas, que me marcan como parte del grupo de ángel, que solo tiene un miembro y ese soy yo, cuando estoy dispuesta a salir de aquel lugar, la mujer me detiene.

-Aun no puedes salir - es lo único que me dice, antes de obligarme a sentarme de nuevo.

-¿Por qué? - mi voz es un tanto ronca.

-Porque no es el momento - es su contestación.

-Serán presentados a la comunidad, grupo por grupo - me explica el hombre, el cual aun no tiene un nombre.

-Disculpa - digo en voz baja

  • ¿Cuál es tu nombre?

-Lance - sonríe, haciendo que se deforme más su rostro.

-Gracias, Lance - le extiendo la mano, y él la toma dudoso - por tan buen trabajo - y muevo mi muñeca que está adolorida.

-Tenía un buen lugar donde trabajar - dice como si nada.

Solo sonrió, y me quedo sentada esperando que el tiempo pase, para poder salir de ese lugar, ir a casa y llorar por mi futuro, que ya esta marcado para morir, entiendo que todos moriremos, pero en mi caso es diferente, porque cuando muera será por defender algo que odio, y eso suena tan estúpido y cruel, que me duele.

Los dos hablan entre ellos, me ignoran por completo y lo gradezco, pues no tengo ganas de hablar, solo quiero irme y olvidar por un rato mi destino, tal vez observar a Kat preparar la cena, o mejor comer lo que ha preparado, y después dormir con ella cantando esa canción que papá nos enseño.

Me pregunto, ¿si todos han tenido una habitación para cada uno? Pero lo dudo, no creo que tuvieran treinta y tantas habitaciones, algo me dice que es una por grupo, y bueno al yo ser la única, es normal que me encuentre sola en aquella habitación, que en ese momento me parece obscura y fría.

Observo las botas que ya están bastante desgatadas, pero es lo único que queda de mi madre, y debía usarlas en un momento especial, llevo el uniforme de la academia, que consiste un pantalón negro que va por dentro de las botas, una playera blanca sin mangas que debe ir fajada, un cinturón que tiene una hebilla de pájaro como de unos cinco centímetros plateada, y una chamarra igual negra.

-¡Cierto! - escuche la exclamación de la mujer - debes quitarte esa ropa, y ponerte la vestimenta adecuada para un ángel.

No me moví, no sabía si sería buena idea de cambiarme, pero a ella no le importo, pues me quito las botas, no dije nada, estaba demasiado sorprendida para hacerlo, cuando me quito el pantalón, fue cuando me puse de pie de un brinco.

-No me voy a desvestir con Lance aquí - mi voz apenas si es audible, y trato de cubrir mis piernas.

-Nena, me gustan las mujeres

  • no sé si ofenderme o sentirme aliviada.

-Sal - le ordena Natasha.

Él sale riendo, pero lo hace, antes de que se escuche la puerta cerrándose, Natasha ya me esta quitando la chamarra y la blusa, y quedo solo en ropa interior frente a aquella mujer, que camina hacia un estante, de donde saca la ropa totalmente negra, me entrega un traje que es completo, y es completamente pegado a mi piel, pero no es molesto, de hecho pareciera que no llevo nada encima, soy totalmente libre de moverme y veo que no es completamente negro, pues al frente tiene dos líneas rojas de cada lado.

No sé si me veo bien o no, pero al ver la mirada satisfecha de Natasha, supongo que no estoy tan mal, me obliga a sentarme y me ata el cabello que antes había estado en un moño, lo deja en una coleta alta, se agacha y me pone las botas que hace unos momentos me había quitado.

-Perfecta - dice con una sonrisa.

No puedo contradecirla, pues no sé como me veo, camina de nuevo al estante y regresa con una chamarra blanca que parece de piel, y veo que del lado derecho en negro hay dos alas, hace que me la ponga y me sube el cierre.

-Jamás te quites la chamarra, - susurra - mantiene la temperatura que necesite tu cuerpo, no vas a tener calor, y tampoco frío.

-Es hora - Lance solo asoma la cabeza - vamos, es momento de que te vean.

Tomo la mano que me extiende, en ese momento las piernas me tiemblan supongo que no he caído por el sostén que Lance me da, caminamos por un largo pasillo, que no esta bien iluminado, pero al menos puedo ver el camino, poco a poco la luz se va haciendo más brillante, y cuando estoy a nada de salir.

-Te toca ir sola, - me dice en un susurro - pero hasta que digan tu nombre debes salir.

-¡No! - exclamo, sin soltar su brazo - no quiero esperar sola.

Me sonríe y me toma la mano, eso quiere decir que se quedara y enserio se lo agradezco, pues en ese momento siento nauseas y mis manos tiemblan al igual que mis piernas, no entiendo porque este más nerviosa, después de todo lo malo ya ha pasado, pero presentarme ante toda la comunidad, me parece peor que el examen.

-Sophia Mendler - ante la voz del alcalde, siento mis pies demasiado pesados para moverlos.

-Es tu turno - me dice al oído - deslúmbralos, nena.

Me obligo a caminar, cuando salgo, puedo ver que hay cinco pasillos más, hay un grupo de doce en donde esta Derek, otro de diez  en donde reconozco el cabello de Meg, otro de siete, y el último de cuatro, en donde mis ojos encuentran enseguida a Ethan.

-Por primera vez en dos décadas, tenemos un ángel - el alcalde se escucha feliz, mientras me hace una seña para que me acerque - nuestra querida Sophia, es nuestro primer ángel en años.

Observo a toda la gente, la mayoría me miran con lastima, y eso me angustia, pues no puede ser tan malo o al menos eso espero.

-Y bueno como todos saben, la guerra del sur esta siendo muy grande - mi corazón bombea con fuerza, algo me dice que eche a correr, pero mis piernas no responden - y nuestro ejercito se ha ido reduciendo, así que si no hacemos algo pronto la perderemos y con eso podrán suprimir nuestras fuerza y obligarnos a obedecerlos - eso no va por buen camino - pero ahora que tenemos un ángel será enviada en dos meses.

¿Dos meses? Sabía que no iba a vivir demasiado tiempo, pero siempre creí que sería más de ese poco tiempo que me estaban dando, de manera inconsciente busque el cabello castaño y lo encontré enseguida, sus enormes ojos azules se habían cristalizado, le sonrió tratando de darle un poco de tranquilidad, aunque ni yo misma la tenga, pero necesito que ella este bien.

Ahora entiendo la mirada de todos, al igual que la de Natasha, soy la carnada y moriré en dos meses, ya esta escrito.

 Derek Collins

Lamento actualizar después de casi un mes, pero mi cerebro parece haberse secado con ideas, pero intentare actualizar más rápido esta vez, espero que aun haya interesados para este fic

Capitulo dedicado a:

ana_de_cullen22