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Los amantes de Hogwarts — capítulo 4

¡Hola!

Estoy contenta con los comentarios que he recibido... a ver si hay más :).

Lo siento, pero la reacción de los Malfoy no la tendréis como muchos queréis.

Las razones son dos: una, esta historia ya la tenía escrita y solo la estoy modificando.

Dos, para darles una pequeña sorpresa ;)

Hasta el próximo capítulo...


Estaba muy enfadado, pero yo ya me lo temía algo por el estilo. Por lo menos, ahora mi familia ya lo sabia y yo estaba tranquila.

—Rose, ¡te dije que ni quería que te relacionaras con este chico!

—Per, papá —le respondí yo a mi padre—, ¿por qué no?

—Porque, Rosie —me dijo mi madre. No parecía tan alterada como mi padre o mi abuelo pero...—, es Slytherin y, por encima de todo, ¡un Malfoy!

—¿No queréis que salga con él porque es Malfoy? —¿Sólo por esto? Ahora eran ellos quienes tenían prejuicios—. Pues...

—Es un Malfoy, sí —me talló mi abuelo—, pero su familia es una de las peores que hay por encima de la capa de la Tierra. Así, chica, ya te puedes ir olvidándote de él.

—¡Abuelo! Scorp no es así —lo defendí yo—, quizá si que sus padres y su familia fueron malos pero él no.

¡Maldición! Scorp es Malfoy, yo soy Weasley... pero, por Merlín, ¿quién decía que no me podía enamorar de él?

—¿El problema cuál es? —pregunté, y sin dejarlos decir nada más, añadí—. Si el problema es su familia, os recuerdo que esta casa es de Sírius Black... ¿Y por qué aceptasteis hacer la cede de la Orden del Fénix aquí? ¡Merlín! ¡Esto es la casa de los Black!

—Rose —me dijo mi tío Harry—, no mezclas cosas que no son.

—¿Por qué? —dije de manera provocativa.

—Te niego que te relaciones con él —me dijo mi padre con una voz seria que no había oído nunca en él— o tomaremos medidas de la situación.

Llegué a un extremo en el que ya no era capaz de controlarme. Tiempo después me arrepentí de aquellas palabras que salieron de mi boca. ¿Por qué no me callé? ¿Por qué dije a mis padres con quien salía?

—¡Os odio! —grité a mi familia—. A tú, papá, porque... porque sí. A tu, mamá, porque venga la libertad de los elfos, de los centauros o de quien sea pero ¿y la mía, qué? I os odio a todos porqué no me gusta la familia donde he nacido... ¡Si por lo menos hubiera nacido en una familia donde pudiera hacer lo que me diera la gana! ¡OS ODIO!

Después de callarme, me dí cuenta de que estaba levantada en la mesa. ¡Era Navidad! ¿Por qué me había enfadado así? Ya sabía yo las consecuencias que llegarían después de mis actos... ¿Por qué no me callé? No solo me había amargado el día a mí misma, sino que también lo había amargado a mi familia.

—Castigada a tu habitación, Rose —me dijo mi padre antes de que me pudiera sentar—. ¡Y no sales hasta que te lo digamos!

—¡Encantada! Por lo menos no os tendré que ver.

Y me fui de ahí cerrando la puerta tras mí con fuerza. Mientras subía hacía mi habitación, lágrimas de rabia y de odio salían de mis ojos. Maldita familia, malditos todos. Tenía ganas de gritar, de sacarlo todo fuera de mí... pero solo lo hubiera empeorado todo.

Me senté en mi cama, controlando la puerta. Al cabo de unas horas llenas de aburrimiento, mientras todas las nubes se habían movido por el cielo, me llamaron. Bajé, más relajada. Ya debía ser el día siguiente, pensaba, pero en realidad aún era el día de Navidad.

Entré en el comedor. Delante de mí solo había mis padres, totalmente serios, y nadie más. Toda mi familia había desaparecido de ahí. No me gustaba nada. Me iban a castigar, pero sería un castigo muy grande. O por lo menos, lo suficiente grande como para decírmelo a mí sola.

¿Por qué? ¿Por la reacción? Aún no lo sabía.

—Rose, es inadmisible lo que has hecho. ¿Cómo se te ha acudido hacerlo y no decirnos nada? Estas cosas no...

*Bla, bla y ¿bla?*No me apetecía escuchar lo que mis padres tuvieran que decir de mí y para mí en aquel momento. No era, yo, una chica malcriada que no escuchaba lo que decían mis padres, pero en aquel momento no me interesaba. Por mi desgracia, oyé las últimas palabras.

—... que lo veas. Por esto, irás a Beauxbatons. ¿Claro?

¿Perdonad? ¿Qué había dicho mi madre? En mi mente aquellas dos palabras no podían estar de lado. Jamás Beauxbatons y Rose irían de lado. ¿Esto era mi castigo? ¡Por la barba de Merlín! No me podían castigar de esto... ¡Jamás! Mis pensamientos iban muy rápidos y dije "¿¡Qué!" sólo diez segundos después de que ellos dijeran las tres malditas palabras que me cambiarían para siempre mi futuro.

Aquel "¿¡Qué!" fue un "qué" que se oyó des de muy lejos, y muy fuerte, expresaba la furia, la sorpresa y la indignación de una chica de dieciséis años delante de una noticia que no quería oír nunca. Mi furia, mi sorpresa y mi indignación.

—Lo que te hemos dicho —me repitió mi madre—, irás a Beauxbatons el curso que viene.

Aquellas noticias fueron veneno y aquella noticia amenazaba de entrar en el cerebro. Pero no quería aceptarlas. ¡Jamás me iría a Beauxbatons! Nadie me obligaría a hacer lo que yo no quería hacer. Pero en aquellos tiempos aún estaba debajo la tutela de mis padres y había de hacer todo lo que me decían.

Sin admitirlo demasiado aún, me levante de la silla sin que nadie me hubiera dado permiso y sin que tuvieran tiempo de decirme nada, ya había salido por la puerta de la cocina. Volvía a llorar, jamás lo había hecho tanto.

Llegué a mi habitación y me mordí la lengua porqué encima de mi escritorio había el búho de Scorpius con, evidentemente, su carta. Se saqué las lágrimas que me salían con la manga del jersey de lana roja y abrí la carta.