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U + Me = <3 — capítulo 8
En la entrada este del colegio estaba la directora McGonnagall, con expresión severa y los brazos cruzados. Seria, como siempre, sin perder la compostura, controlaba que ningún alumno de menos de quinto curso atravesase la puerta.
-Buenas noches, directora - murmuré al pasar a su lado.
-Buenas noches, chicas - dijo ella.
Fuera soplaba un fría, aunque casi imperceptible, brisa otoñal. Los carruajes, tirados por thestrals, esperaban fuera, uno tras uno, a que los alumnos los llenásemos, para tirar de ellos hasta Hogsmeade.
El pueblecito había cambiado desde la época de nuestros padres. Es decir, seguía siendo tan acogedor como antes. Con Honeyducks, el salón de té de Madame Tudipié o Las tres escobas. Pero, a demás, el pueblo había crecido, con una zona mucho más nueva, donde hasta había un pub, donde solían ir los jóvenes y populares magos en su tiempo libre.
-¿No estás nerviosa? - me preguntó Tania.
-¿Yo?
- pregunté sin desviar la mirada de la ventana, donde tenía apoyada mi cabeza - ¿Por qué?
-Será tu primera vez en Midnight Northern Light - dijo Jane, que así era como se llamaba el local.
Se pusieron a charlar y recordar divertidos momentos y anécdotas del pub, mientras yo me mantenía al margen. De verdad, ¿pero por qué iba? Seguro que Malfoy simplemente se quería reír de mi. Suspiré. Pero ya no había vuelta atrás.
No tardamos mucho en llegar. El carruaje se detuvo y Odette abrió la puerta. Yo, como no sabía exactamente hacia dónde nos dirigíamos, me limité a seguirlas, ya que ellas parecía que podrían hacer el camino hasta con los ojos vendados.
A medida que nos acercábamos, a demás de estar más nerviosa, empezábamos a encontrar más gente. Algunos chicos con americanas caras, y chicas con despampanantes vestidos. Algunos los conocía, de vista, y otros simplemente no sabían ni que venían al colegio.
Tania abrió la puerta del pub. En una esquina estaba un hombre, corpulento y con cara de pocos amigos.
-Brutus, ¿qué hay? - preguntó Odette con una extremada y desconocida sensualidad.
-Bien, chicas - dijo él, dejando al descubierto tan solo tres o cuatro dientes, grades y amarillentos.
Jane fue la primera en alargar el brazo, para que ese tal Brutus, con cara de cerdo, con la ayuda un tampón de tinta le sellara el brazo. Luego Odette y seguidamente Tania. Al llegar mi turno él se detuvo.
-Eres nueva - dijo con cara de admiración, o eso me pareció - No te había visto nunca por aquí.
Iba a contestarle, pero temí que si lo hacía me retendría fuera, así que me limité a asentir con una tímida sonrisa.
-Brutus no olvida una cara bonita - dijo sonriendo y estampó el sello en mi brazo, sin miramientos - Que lo paséis bien, chicas.
Me pregunté por qué Brutus hablaba de él en tercera persona. Definitivamente a ese hombre, si es que en realidad lo era, le faltaba algo. Tal vez era una mezcla de troll con algún otro ser, pensé. Luego me llevé la muñeca a la cara, para poder observar detenidamente el sello. Sin duda el dibujo era bonito. Una especie de sol y una luna que se fusionaban, dejando caer chispas a su alrededor, y de dentro salía el nombre del local. Las estrellitas de los lados parecían centellear y moverse a ratos, con los movimientos de tu muñeca, aunque eso no pareció impresionar a las demás, ya que conocían el sello de memoria.
-Llegáis tarde - dijo alguien acercándose a nosotros.
Era Albus, que iba con un vaso largo en la mano y con un líquido rojo y espeso en la mano. Por un momento me pareció sangre, pero luego recordé que era mi primo, no uno de esos repugnantes parásitos chupa-sangre a los que los muggles llaman vampiros.
-Hola
- dijo Jane cogiéndole el vaso y dando un traguito.
Él le pasó una mano alrededor de la cintura, cosa que, sin querer, me hizo sentir algo celosa. No me mal interpretéis. Al y Jane son las dos personas que más quiero en el mundo, pero Albus siempre lo había sido todo para mí. Un hermano. Y ver que prefería a Jane y sus besos, que a mi y mis tonterías, aunque no quisiese admitirlo, dolía.
Les dirigí una sonrisa, y luego Odette habló.
-Existe una regla no escrita de chicas que dice que no hay nada malo en llegar siempre quince minutos tarde en una cita, sobretodo si es una demora glamorosa - y señaló su look.
-Entiendo
- dijo sonriendo Albus.
-Convertir a tu prima de patito feo a cisne lleva su tiempo - añadió Tania.
-Es verdad, Rosie, estás preciosa.
-Gracias
- murmuré. Aunque debo admitir que eso de "patito feo" me sentó realmente mal.
-Bueno, chicos, - dijo Odette cogiéndome del brazo - Nos vamos a explorar. Tal vez encontremos un pez interesante al que pescar.
-Suerte
- nos deseó mi primo - Porque lo que yo veo son todo botas viejas.
-Cállate, pececillo payaso - murmuró siento Tania - Seguro que encontramos algo que vale la pena.
Dejé arrastrarme, entre la marea de gente balanceándose al ritmo de la música de un lado para el otro, rozando sus cuerpos eufóricos y sudorosos. Luces de colores se movían hacia todos lados, parpadeando incesantemente y dándole un aire claustrofóbico a la enorme sala.
-Voy a por algo de beber - nos indicó Tania por encima de el vocifero - La primera consumición es gratuita.
Se dirigió a la barra, a enormes zancadas, mientras nosotras nos sentamos en un lado, donde no había tanto ruido y menos gente.
-Odette
- le dije en un hilo de voz, aunque haciéndome oír - Esos tipos de ahí nos están mirando.
Ella sonrió, pero no a mí, sino en la dirección que le había indicado. Cruzó las piernas y se acicaló el pelo.
"Fantástico" pensé "Tal vez debería haberme traído una cámara de vídeo para grabar el acto de atracción, pre-copulación"
Y antes de lo que creí posible, los tres chicos ya estaban a nuestro lado.
-¿Estáis solas, chicas? - preguntó uno de ellos.
-Es obvio, ¿no? - dije yo, tosca.
Pronto llegó Tania, con tres vasos en la mano que contenían líquidos de colores centelleantes.
-Veo que ya tenéis compañía - dijo ella tendiéndonos los vasos.
-No, gracias - me disculpé, sin aceptar el mío - Yo… no bebo.
Uno de los chicos, Martin, había dicho que se llamaba, se puso a mi lado y empezó a charlar conmigo. Era divertido, aunque se iba acercando cada vez más a mi.
-¿Quieres?
- dije tendiéndole mi copa.
-Sí, claro - dijo él aceptándola - Sería una pena desperdiciarla.
No pude evitar sonreír.
-¿Y tienes novio? - me preguntó con un pose sexy.
-No.
-¿No?
- e hizo como si se atragantase - Lo siento, pero no te creo.
-Pues allá tú - dije cruzando mis piernas, con indiferencia.
-Una chica bonita siempre tiene novio - explicó él, como si fuese un experto en esos temas - Y tu eres una chica bonita.