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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 16
Los jardines de la mansión Malfoy, estaban cubiertos de una fina y suave capa de nieve, el agua de los manantiales estaba congelada y los chorros de hielo caían sobre una superficie helada, provocando una imagen fantástica y hermosa; el silencio era la melodía que acompañaban los pasos de una mujer que abrigada en una capa de color esmeralda, observaba el espectáculo con ojos ausentes y tristes. Como cada mañana, Astoria Malfoy caminaba por los jardines de la mansión, perdida en sus pensamientos y en su soledad. Al poco tiempo decidió volver a entrar y comenzó a caminar hacia las mazmorras sin antes tomar una manta y un pequeño bollo cubierto de almendras. Los pasos de Astoria resonaban en la soledad de las mazmorras, hasta llegar a una puerta de roble cerrada con llave; tomo la llave que guardaba en su vestido y la introdujo en la cerradura, poso sus largos dedos en el pomo y el peso de su cuerpo cedió sobre la puerta, abriéndola con suavidad. La oscura mazmorra estaba iluminada por una vela, la ventana que daba a la superficie, había sido cerrada con tablones para que la prisionera no escapara.
Sentada en el suelo y abrigada por una manta, se encontraba la muchacha que le había dado consuelo a Astoria, al menos en parte. La muchacha alzo sus ojos color oliva y se clavo en los verdes de Astoria; la señora Malfoy camino hasta quedar cerca de ella y dejo sobre la manta el pequeño bollo de almendras, la chica muggle la observo con atención, pero sus labios seguían sellados como en las últimas dos semanas, ni una sola palabra había salido de aquellos labios. Astoria se sentó lentamente y se quedo observando la vela, cuya llama amenazaba con apagarse. De alguna manera, aquella silenciosa muchacha era un consuelo para su corazón, podían pasar horas juntas, encerradas en aquella celda oscura, sin hablar, pero cuando Astoria volvía a enfrentarse a su realidad, se sentía un poco mejor.
-Draco ha llevado a Scorpius a dar un paseo por el bosque - Susurro Astoria - Intuyo que Scorpius se ha dado cuenta de algo, pero no quiere decirlo - Astoria sonrió tristemente - Supongo que Maro, pronto querrá sus servicios y será inevitable - La muchacha muggle la observaba desde su rincón -Pero no debería quejarme, supongo que es egoísta pensar en mis problemas, viéndote aquí, sola y saber nada de tu padre - La muchacha seguía observándola, el pelo castaño sucio y encrespado caía por su cara - Se encuentra bien.
Volvieron a quedarse en silencio, Astoria observo su capa esmeralda y sonrió débilmente al recordar aquel encuentro hacia más de veinte años, cuando la guerra había terminado y el mundo mágico volvía a recobrar la luz y seguridad que había perdido. Recordó aquel día en el callejón Diagon con su hermana Daphne.
Muchos años atrás...
Hacía dos años que el señor tenebroso había desaparecido en las sombras y el mundo mágico vivía tranquilo, feliz, sin temores y con la mirada puesta en un futuro brillante y esperanzador.
La luz de aquella primavera era brillante y cálida, Londres mantenía su traqueteo diario, los autobuses rojos y los taxis negros recorrían las calles, las banderas de Reino unido e Inglaterra se alzaban en las copas de los edificios, la plaza del museo nacional británico estaba repleta de turistas y a lo lejos se podía ver la abadía de Westminster. En el centro de aquel ajetreado Londres, el callejón Diagon se mantenía escondido a las miradas indiscretas de los muggles, pero al igual que los muggles, los magos y brujas del país habían salido a festejar aquel buen tiempo, tan poco usual. El callejón estaba lleno de vida, de luz y de color, los niños entraban a la antigua heladería y a la tienda de quidditch. Las damas se mantenían frente al escaparate de Madame Malkin, los magos caballeros, entraban y salían del banco Gringotts; se respiraba una atmosfera de paz y tranquilidad, arropada por los olores de la primavera.
De entre la multitud que recorría el callejón y sus rincones, había una joven de cabellera rubia y piel caucásica, observaba el escaparate de Flourish & Boots mientras esperaba a alguien, de vez en cuando sus ojos se dirigían a la tienda de túnicas de Madame Malkin. Tras varios minutos de espera, sus ojos se fijaron en un joven hombre que caminaba hacia Gringontts, llevaba puesto una túnica negra, elegante y a la vez sencilla, había escondido su rostro bajo un sombrero de ala caída pero Daphne Greengrass pudo descubrir un mechón de pelo rubio y brillante; con sutileza y mirando a su alrededor, se acerco al extraño joven.
*-Cuanto tiempo sin verte, Draco
- Susurro suavemente; el hombre se sobresalto y giro sobre sus talones para ver el rostro de aquella voz misteriosa, cuando los ojos grises de Draco Malfoy se encontraron con los de Daphne Greengrass, el rostro aun algo tapado por el sombrero se relajo y mostro alivio - ¿Escondiéndote?*
-No quiero tener problemas - Murmuro Draco con voz tranquila pero orgullosa - He venido a contar el dinero de la cámara, la familia no está en su mejor situación y mi padre esta...muy enfermo - Termino con rapidez.
Daphne observo cómo se quitaba el sombrero y dejaba su rostro pálido y afilado al descubierto; la gente enseguida lo miro y comenzó a cuchichear. De alguna manera, Daphne pudo comprobar que algo había cambiado en el interior de Draco Malfoy, no sabía decir muy bien el que, pero sus ojos y su voz demostraban la enorme batalla que el propio Draco había tenido que soportar en su propio interior,; también mostraban una gran soledad, pero un Malfoy jamás reconocería que necesitaba ayuda y amistad, eran valores en los que no se había educado y realmente jamás había tenido un amigo de verdad, quizás después de todo, Malfoy podría haber sentido celos de todo lo que Harry Potter tenia, pues a pesar de que le arrebataron una familia, Harry siempre había estado rodeado de lealtad, amor y amistad.
La familia Malfoy se había convertido en la escoria del mundo mágico, todos los miembros de este mundo escondido, atacaban al futuro sucesor de una de las pocas familias de sangre limpia que quedaban; las personas habían sufrido mucho en esos años de oscuridad y tras la victoria, no perdieron el tiempo, linchando a aquella familia de desertores.
¿Pero se la merecían? El mismísimo Harry Potter había negado ante las autoridades que no arrestaran a Draco o algún miembro de su familia, eso dio mucho de qué hablar y la opinión publica cambio ligeramente de parecer. Harry había escuchado las palabras de Dumbledore, aquellas palabras que le había dirigido a Draco en la torre de astronomía y al igual que Dumbledore, a pesar de su enemistad en la juventud, Harry sabía que Draco podía ser muchas cosas, pero jamás demostró ser un asesino. Draco Malfoy siempre había mostrado un conflicto en su interior, por lo que le convertía en una persona moral, eso fue suficiente razón para que Harry decidiera darle una oportunidad.
*-Debe ser duro - Daphne sonrió con suavidad ignorando los cuchicheos de la gente que pasaba alrededor de ellos
- Pero lo estás haciendo bien - Murmuro con calma, su rubio cabello estaba sujeto por una triple trenza que coronaba su cabeza - Todos nos tenemos que enfrentar a nuestros demonios, algún día.*
Draco la observaba con tranquilidad, sus ojos grises se mantenían fijos en ella mientras se mantenía erguido, elegantemente. Daphne ya no reconocía en el, a aquel chico de Hogwarts, vengativo, narcisista y codicioso, al que lo único que le importaba era el poder y someter a los mas débiles, la vida le había enseñado duramente y había cobrado en él mismo, todos los errores de su padre y antepasados, resulta cruel e injusto, pero nadie decide donde nacer y crecer, quizás el orgullo y el ansia de convertirse en alguien, hicieron que Draco no se diera cuenta de su error hasta el final.
-Demasiados demonios - Murmuro Draco intentando quitar algo de peso a la conversación - Tú eras la única decente en el grupo, ni siquiera Pansy pudo apartarte de tus buenas acciones, te admiro - Daphne sonrió con suavidad - Me hubiese gustado haber tenido la mitad de tu valor, para defender lo que pensabas - Daphne sentía una verdadera tristeza hacia él.
-La solución no es castigarse a sí mismo - Susurro con calma - Ya tomaste una dirección que nadie en tu familia pudo tomar, quizás por miedo o cobardía, pero te irás haciendo más fuerte y con los años entenderás - Ambos jóvenes se miraron, aquellos años de Hogwarts habían quedado muy lejos; a pesar de su juventud, ninguno de los dos miraba con ojos inocentes de adolescente. Draco tenía una gran herida, que tardaría tiempo en curar.
-Debo marcharme - Draco alzo su mano envuelta en un guante negro de cuero - Ha sido un placer volverte a ver, Daphne - La joven sonrió y estrecho su mano con suavidad; estaban a punto de marcharse cada uno por su lado, cuando una voz suave y calmada llego hasta los oídos de Draco. El muchacho se giro y vio descender de unas escaleras a una joven, caminaba con delicadeza y suavidad, la luz de sol provoco destellos dorados en su cabello castaño y sus ojos verdes se clavaron en él con curiosidad.
-¿Draco? - Pregunto con un sutil tono de sorpresa, Draco tardo varios minutos en reaccionar y luego asintió levemente - Por Merlín - Astoria Greengrass miro a su hermana, no pudo esconder su emoción, que se mostraba en sus mejillas sonrosadas y en sus ojos brillantes - Que coincidencia - Murmuro con suavidad, Daphne sonrió levemente al observar como la pequeña Astoria intentaba retenerlo un poco mas; pero no hacía falta, Draco no podía evitar mirar a aquella muchacha, a la que recordaba mucho más baja, infantil y poca cosa.
-¿Astoria? - Pregunto, sintiéndose algo ridículo; la muchacha sonrió ampliamente y asintió con suavidad.
¿Conocéis el cuento del patito feo? Pues era el cuento muggle que se podría comparar a la pequeña Astoria. Daphne Greengrass siempre había sido una joven bella, elegante y digna de la casa de Slytherin, aunque su manera de pensar siempre había sido muchísimo mas moderada, había sido una cálida y amorosa hermana mayor, convirtiéndose en la mejor amiga de su propia hermana. Astoria Greengrass se trato de una joven, que resaltaba muchísimo menos en aquellos tiempos; a pesar de ser una muchacha bonita y tierna, esa ternura no era lo que más admiraban los afilados Slytherins de aquella época, el propio Draco Malfoy, pocas veces había caído en aquella tierna mirada que lo observaban desde detrás de su hermana mayor. Hacía más de tres años que no había visto a las hermanas Greengrass, pero ahí estaba, aquella hermosa, cálida pero sutil muchacha, que desprendía todo el afecto que Draco jamás había podido recibir, a excepción de su propia madre.
*-Ha sido mucho tiempo Draco Malfoy
- Susurro Astoria. Por primera vez en mucho tiempo, Draco sonrió, quizás en ese momento Astoria no lo sabía, pero en ese mismísimo instante, el astuto Draco había decidido convertirse en el hombre de su vida y de su corazón.*
Astoria Malfoy sonrió suavemente y fue advertido por la muchacha muggle, que la observaba en silencio desde la oscuridad. Astoria no se arrepentía del día en que decidió dar su corazón a aquel hombre confuso por su pasado; Astoria era la luz en el mundo oscuro de Draco Malfoy, quizás muchas cosas de la educación de su marido nunca cambiarían, había estado rodeado de demasiado odio y tradiciones absurdas, pero sabía que Draco había aprendido y se había convertido en alguien mucho más humilde, incluso con las personas a las que había odiado desde la niñez.
En otro lugar de Wiltshire, Draco Malfoy paseaba por la llanura inglesa del sudoeste de Inglaterra, varios árboles de ramas desnudas, lo acompañaban en su silencioso paseo. Detrás de él, su hijo Scorpius lo seguía con paso tranquilo y mirada perdida. Draco observo a su único hijo que ya era de la misma altura que su propio padre y comprobó el enorme parecido que tenían, excluyendo sus rasgos más redondeados, heredados de las tiernas facciones de su madre. Llevaban caminando varios minutos y por primera vez en muchos meses, Draco había sentido paz interior y calma, solo tenía que mirar a su hijo para pensar que algo bueno había echo en la vida.
Antes del nacimiento de su hijo, Lucius Malfoy había muerto, derrotado y cansado, dejando el duro legado de un nombre, manchado por sus propias acciones. Draco Malfoy lucho durante años, para cambiar aquel echo y darle una vida mejor a la familia que estaba por formarse. Draco Malfoy había encontrado un refugio de felicidad en su hijo Scorpius, le veía crecer y convertirse en el hombre que el mismo habría deseado ser; a pesar de su orgullo y altanería propias de un Malfoy, Draco jamás le había educado en el odio y la exclusión de otras personas, algo que a el mismo le costaba aceptar, pues la tumba de su propio padre había sido la ignorancia; el odio a lo desconocido, es solo miedo a lo que es diferente.
-Hacia tiempo que no caminábamos juntos, padre - Scorpius sonrió animado mientras seguía a Draco por el sendero
- Recuerdo que de pequeño quise hacer el paseo en escoba y termine con las piernas llenas de heridas - Ambos seguían caminando - Yo no quería montar mas en escoba
- Draco sonrió - Entonces, me recogiste del suelo y me dijiste que aprendiera de mis errores.
-Lo recuerdo - Contesto Draco fijando sus ojos grises en la lejanía.
-Padre - Scorpius se paró en seco y le observo con atención, sus ojos mostraban una sombra de duda - ¿Que está sucediendo en casa? - Draco no contesto - Noto un ambiente extraño, veo hombres con capas negras aparecer y desaparecer, pienso que es mi imaginación....
-No lo es - Draco miro el horizonte, cubierto de pastos verdes y blancos - Tarde o temprano lo descubrirás Scorpius - El muchacho no contesto, peros sus ojos mostraban que no estaba satisfecho con aquella contestación - En este mismo lugar, tu abuelo me dijo un día...-Draco paro unos segundos - Es tu deber proteger a tu familia - Scorpius no tenia frio pero no pudo evitar apretarse la capa negra contra su cuerpo, ligeramente nervioso.
-¿Proteger la familia? ¿Corremos peligro? - Draco sonrió débilmente, pero eso consiguió que Scorpius sintiera una presión mucho más fuerte contra su pecho. Sin contestar, Draco dio media vuelta y comenzó a alejarse hacia la mansión, que se veía a lo lejos, majestuosa y solitaria. Draco no quiso insistir y siguió a su padre con una ligera distancia.
Al observar el paraje, no pudo evitar pensar en Rose y Albus. Hacía días que no recibía cartas de sus amigos y no podía sentir algo de nostalgia; notaba que las cosas no estaban bien en casa y sentía como que alguien lo seguía, lo observaba y lo vigilaba continuamente, pero en cuanto se giraba para descubrir quién era, se daba cuenta de que estaba solo en la habitación y solo el rastro de un ardor helado le afirmaba que alguien había estado detrás de él.
Pero de nuevo, sus pensamientos se volvían a centrar en su mejor amiga. A cada año que pasaba, los sentimientos de Scorpius afloraban con mayor fuerza. Al principio, su inocente ignorancia que no sabía descifrar que le sucedía con su mejor amiga, provocaba que se enfadara con la propia Rose; al no entender aquella fuerza que le arrastraba por un mar de aguas nuevas, Scorpius Malfoy perdía los nervios en cuestión de segundos.
A pesar de intentar centrar la atención en otras chicas más acordes con su personalidad, su familia y su casa en Hogwarts, Scorpius no podía evitar querer ser alguien en la vida de Rose, algo más que un amigo. Incluso a veces, envidiaba aquel fuerte vinculo que unía a Rose y Albus, sabía que Rose sentía que debía proteger a su primo y actuaba con él, como si fuera una madre protectora. Pero el fuerte miedo al rechazo de la inteligente Rose, hacia que Scorpius se mantuviese en silencio, con miedo de despertar la furia de sus propios padres y los de ella.
-Scorpius - El muchacho dejo sus ensoñaciones y miro a su padre. Sin darse cuenta habían llegado al salón de su propia casa. Su mirada tuvo que acostumbrarse a la penumbra, pero cuando lo hizo, pudo distinguir una figura recostada en el sillón de su padre, junto a la chimenea. De repente varios hombres de capas negras salieron de la nada y se colocaron cerca de ellos, acorralándolos en un círculo. Scorpius miro a su padre, que se mantenía erguido y con la mirada fija en aquel misterioso hombre de piel cenicienta y mortecina.
-Es un placer conocerte Scorpius - Una voz helada y fría se escucho por toda la sala, el hombre clavo sus pupilas en la figura de Scorpius y sonrió débilmente, de manera maléfica y siniestra.
-¿Quien es usted y que hace aquí?
- Varias risas se alzaron en el silencio y Scorpius apretó la varita, guardada en el bolsillo de su pantalón.
-Un muchacho impulsivo - El hombre se levanto y comenzó a caminar hacia Draco y Scorpius - Pero los impulsos humanos son algo animal, cavernícola, no son dignos de la superioridad del carácter mágico - Scorpius arqueo una ceja.
-¿Va a darme lecciones, señor? - Maro sonrió ante la arrogancia de Scorpius, el muchacho se alzaba delante de él con la nariz alzaba y ojos desafiantes.
-Todo un Malfoy - Murmuro Maro enseñando sus dientes - ¿Mostraras la misma debilidad que demostró tu padre? - Scorpius miro a su padre en seguida y luego miro a Maro, el hombre sonrió de manera triunfal, al ver como la sombra de la confusión y de la duda cruzaban el rostro de Scorpius - Comienza a prestar atención, joven Malfoy - Scorpius observo a los hombres encapuchados y trago saliva.
-¿Que quiere?
-Negociar - Contesto Maro con calma, Draco se había acercado a su hijo, quedando ambos muy juntos - Tengo un trabajo para ti, Scorpius Malfoy - Varios minutos de silencio inundaron la sala.
-¿Trabajo? No pienso trabajar para usted - Contesto Scorpius con rapidez; Maro chasqueo la lengua y sonrió con calma, ni un musculo ni gesto mostraban enfado o rabia.
-¿Estas seguro? - Alzo una mano y la puerta se abrio violentamente. Una muchacha maniatada entro en la habitación, uno de los hombres la tiro al suelo y la muchacha se golpeo en la cara, pero la muchacha detuvo el grito de dolor que le había causado. Scorpius vio aterrorizado como Maro tomaba el pelo de la joven y le alzaba el rostro - Esta sucia muggle podría ser pasto de las ratas, pero si colaboras, quizás le perdone la vida - Scorpius vio como la muchacha clavaba sus ojos verdes en el y sintió como la sangre desaparecía de su cuerpo.
-Basta - Draco alzo la voz con fuerza, ambos hombres se miraron con fijeza, Maro soltó a la muchacha y esta volvió a caer al suelo. Scorpius se mantenía paralizado y pálido como la mismísima muerte.
-Ahora que comprende la seriedad del asunto - Maro volvió a sentarse en el sillón y cruzo los largos y pálidos dedos sobre el regazo - Espero que cooperes un poco mas, Scorpius - El muchacho no contesto - Bienvenidas señoras - Maro sonrió a Astoria y Narcissa que acaban de aparecer en la habitación, Astoria vio a la muchacha tirada en el suelo, a los pies de Maro y miro Draco con ojos horrorizados.
-¿Que quiere? - Draco miro a su hijo, que acaba de alzar la voz, de manera mucho más clara y preciosa de lo que podía imaginar en aquella situación - ¿Cree que torturando a esta joven conseguirá convencerme? - Maro dibujo una sonrisa despiadada.
-¿Quieres ver sufrir? - Pregunto con calma - Bien, ese es Scorpius que quiero para este trabajo - La muchacha se mantenía en el suelo, con la mirada fija en Scorpius mientras un pequeño hilillo de sangre le recorría la frente - Pero dejaremos a esta joven para más adelante - Maro se acomodo en el sofá con lentitud - Si no obedeces, tu familia puede seguir el mismo camino que esta joven y el profesor - Scorpius no comprendía nada.
-Vaya al grano, señor - Astoria se coloco al lado de su hijo, intentando inculcarle, al menos, un poco de calor maternal.
-Esto - Maro mostro un manojo de cartas y Scorpius pudo descubrir las últimas cartas que había enviado a Albus y a Rose - Tus amigos me causan mucha curiosidad, sobre todo ese tal Albus Potter
- Scorpius crujió los puños y noto una ira que se iba creando dentro de su estomago, ¿Quien era ese endemoniado que le robaba sus cartas privadas? - Albus Potter es el hijo del famoso y glorioso Harry Potter - Maro los observo - Y Harry Potter tiene algo en su poder, que es muy valioso para mí.
-Albus no tiene nada que ver - Contesto Scorpius con rapidez - ¿Quiere que me aleje del? - Maro clavo sus oscuros ojos en la figura pálida de Scorpius.
-Todo lo contrario - Scorpius sintió un nudo en el estomago y las manos comenzaron a sudarle excesivamente - La confianza de Albus sobre ti, debe mantenerse intacta - Maro sonrió con lentitud, enseñando sus blanquecinos dientes - Le llevaras directo a una trampa.
-Me niego rotundamente - Contesto el muchacho, Astoria apretó el brazo de su hijo con fuerza. El cuerpo de la muchacha muggle volvió a alzarse estaba vez quedando suspendido en el aire, la joven observo el suelo bajo sus pies, a pesar de su fuerte voluntad, sus ojos mostraban terror.
-Esta muchacha puede caer sobre tus pies como un trapo - Maro le observo con calma, manteniendo la varita en alto - Puedo jugar con ella hasta que decidas aceptar mi negociación.
-¿Negociación? - Pero la mirada de advertencia de su padre hizo que Scorpius reconsiderara las cosas, asintió levemente y la chica muggle volvió a caer al suelo.
-El, te ayudara en tu tarea en Hogwarts - De la oscuridad, emergió una figura alta, un muchacho de rubios rizos y rostro cincelado, clavo sus ojos en Scorpius mientras una sonrisa se formaba en su rostro - Sera tu nuevo profesor de defensa - Scorpius abrió la boca por la sorpresa, la voz de Rose le vino a la mente, advirtiéndole que la profesora de defensa había tenido un repentino accidente - El será el que controle todos tus movimientos en Hogwarts - Scorpius clavo sus ojos en aquel muchacho que debía ser unos pocos años mayor que él - Por lo que no pretendas ser más inteligente que yo joven Malfoy, no se me escapara nada.
-Comprendo - Susurro el muchacho con voz ahogada.
-Pero Albus Potter no será todo tu trabajo - El silencio volvió a inundar la habitación, el fuego seguía creciendo en la chimenea pero un súbito frio que congelaba hasta los huesos mas escondidos inundo el cuerpo de todos los presentes - La vida de tus mejores amigos y tu familia está en juego, Scorpius Malfoy - Maro sonrió diabólicamente
- ¿Estas preparado para descubrir tu destino?
¡Hola a mis amados lectores y lectoras!
Bueno muchísimas gracias a los que comentaron mi último capítulo, me demostraron que a pesar de que una semana haya publicado un poco más tarde, pues siguen comentándome y animándome para seguir, así que muchísimas gracias a esas cinco personitas.
Bueno en cuanto al capítulo, espero que les haya gustado, personalmente no sé como quedo, no sé si fue acertado o si capte la esencia de los personajes, pero al menos espero que les haya gustado. El próximo capitulo será el regreso a Hogwarts, Hero tendrá una pequeña sorpresa, unos celos comenzaran a aflorar, un nuevo y misterioso profesor, ¿como actuara Scorpius apartar de ahora?...en fin muchas cosas mas...ya sabéis que mi historia es enrevesada y complicada jajá (no me maten)
Bueno como veo que a la gente le esta entusiasmando las parejas que he formado pues me gustaría que comentaran sobre ellas, cuales les gustan porque si quisieran que se cambiaran....y otra cuestión... ¿Albus? Ustedes creen que tengo una chica preparada por ahí? Jojana
Bueno como siempre, os dejo con millones de besos y abrazos, muchísimas gracias a todos por leer y millones de gracias a los que comentan. Anímense a comentar, yo tardo tres días en el ordenador, escribiendo y pensando, así que ustedes si me concedieran cinco minutos de su tiempo con un comentario seria genial.
Miles de besos.
Irene
Pluma cisne