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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 29

Retrocedamos en el tiempo. Hogsmeade seguía repleto de animados estudiantes, sus tiendas y calles se llenaban de colores, olores y conversaciones. El sol había llegado a su máxima cúspide y el viento frío seguía acariciando los rostros de los jóvenes. Minutos antes de que Albus saliera del pequeño salón de té de Madame Pudipie. Giles y Rose caminaron hacia Honeydukes, dispuesto a buscar algún dulce innovador. Giles no cabía en si de gozo, miraba a Rose continuamente y sonreía de forma atontada, feliz por estar con ella a solas. La muchacha se mantenía a una distancia, sin percatarse de las extrañadas miradas que le lanzaba su compañero. Entraron en la tienda repleta de estudiantes y observaron a su alrededor mientras el olor del azúcar los envolvía. El frío desapareció y dio paso a un calor agradable, confortable y dulce. Varias niñas de primero se encontraban en el mostrador pagando unas enormes piruletas de caramelo. La rolliza señora de la tienda y su marido, sonreían a los muchachos y les envolvían los caramelos en pequeñas cajas. La caja registradora de madera hacia un suave sonido de teclado para luego aceptar las monedas con un divertido sonido de campanas. Un chico de Hufflepuff jugaba con una varita de regaliz y luego se la metía en la boca, disfrutando de su sabor. Los míticos calderos de chocolatese encontraban al lado de los bombones explosivos y los tarros de cucarachas al lado de los pirulies con sabor a sangre. Rose se acerco hacia una de las estanterías del fondo. En ella se encontraban las plumas de azúcar que tanto le gustaban, de todos los tamaños y colores. Se giro al escuchar una voz familiar y vio como su hermano Hugo se comía dos diablillos de pimienta ante los sorprendidos ojos de sus compañeros. La muchacha negó con la cabeza al ver resignada como el rostro pecoso y pícaro de su hermano se convertía en una bola roja debido al picor que producían los diablillos de pimienta.

-Hola Rosie - Hugo la saludo con una mano mientras intentaba disimular el escozor de su lengua. Su cara se había vuelto del mismo color que su flamante cabello, pero parecía que la cabezoneria de Hugo era más grande que el picor - ¿Donde esta Albus? - El muchacho tomo a escondidas una de las babosas gelatinosas y se las metió en la boca para calmar el escozor - ¡Cierto! ¡Tenía una cita! - Todos sus compañeros miraron a Rose con sorpresa y enseguida se pusieron a cuchichear al rededor del muchacho.

-¡Hugo!

  • Rose observo horrorizada como Hugo tomaba las babosas y se las metia en la boca sin ningun tipo de pudor - ¿Te has vuelto loco? - Su hermano sonrió mientras masticaba las extrañas golosinas - Escupelo - Le ordeno con su voz autoritaria. Pero Hugo no le hizo caso. Rose resoplo con indignación, su hermano no tenia ningún tipo de educación. Eso le hizo recordar algo repentinamente - La Saeta
  • Por primera vez, Hugo centro sus profundos ojos azules en ella. A pesar de ser el hermano menor de Rose, le sacaba una cabeza y media de altura. Era realmente un chico alto y había heredado la nariz tan característica de Ron - La Saeta - Volvió a repetir la muchacha
  • ¿Como la has conseguido? - Las orejas de Hugo se volvieron del mismo color que su cabello. Rose se había percatado de la nueva y brillante escoba que portaba su hermano en el partido de Quidditch. Pero cada vez que intentaba hablar con él, su hermano se escabullía como una sombra.

-Es un secreto - Contesto el muchacho rápidamente. Rose arqueo una ceja y se cruzo de brazos. Hugo trago saliva, acababa de ver la imagen de su madre sobre Rose. Se froto los ojos pensando que lo había imaginado - Bueno, digamos que he estado haciéndole favores a la tienda del tío George, sin que nuestros padres se enteraran por supuesto- Aclaro el joven observando las Meigas fritas que había a su lado - ¿Se lo dirás a mama?

-Lo estoy meditando - Contesto la muchacha - Sabes que no puedes hacer esas cosas. No esta mal que quieras una saeta para jugar al quidditch, pero esta mal que no informes a mama de una compra tan cara - Hugo frunció el ceño - Seguramente no le haga gracia que estés trabajando en la tienda. Tus calificaciones han bajado mucho Hugo - Hugo hizo que silbaba y Rose le dio un pequeño golpe en el pecho.

-Bueno hagamos un trato - Le tendió una de sus manos - Tú prometes no contarle a mama lo de la Saeta y yo prometo mejorar mis notas - Rose se quedo observándole, no muy convencida. Pero al final, termino dándole la mano y estrechándola entre las suyas - ¡Genial! - El muchacho sonrió satisfecho - Me tengo que ir, me están esperando - Señalo a sus compañeros de curso - Por cierto, papa no deja de acosarme a preguntas sobre ti y Scorpius - Rose palideció ligeramente mientras sentía como el corazón se le paraba unas milésimas de segundo - Esta convencido de que tenéis una relación extraña. Yo le he dicho que son imaginaciones suyas...- Hizo un gesto como si fuera obvio y rió burlonamente.

-¿Que?

  • Rose trago saliva con dificultad pero Hugo no se había percatado de la palidez que había aparecido de repente en el rostro de su hermana. La muchacha quiso pararle, preguntarle más sobre la conversación con su padre y contarle lo que había sucedido con Scorpius. Sabía que Hugo no se enfadaría, quizás al principio se lo tomaría de una forma negativa, pero Hugo siempre entraba en razón. Después de todo, Hugo siempre quería protegerla. En general había heredado un temperamento más relajado, la tranquilidad y diversión del caracter de su padre. Aun que pareciera que Rose era una pequeña calcomania de Hermione, Rose tenía muchos aspectos de la personalidad de Ron, como los celos y la inseguridad a pesar de ser muy inteligente. Quiso ir detrás de su hermano. Pero solo pudo quedarse ahí, quieta como una estatua y con una sonrisa congelada en el rostro.

-¡Me voy a instruir a los alumnos pequeños! - Hugo la interrumpió a tiempo mientras se ponía un gorro de lana sobre su pelirroja cabellera - Necesitan de mi poderosa opinión sobre los productos de Artilugios Weasley - Rose no contesto y observo como su hermano menor se despedía con la mano y salia de la tienda con paso rápido, sin darla tiempo a decirle nada más. Se quedo varios segundos de pie frente a la estantería de las plumas, con la mirada perdida. Se le había pasado el hambre.

-¡Mira Rosie! - Rose se giro hacia el otro lado de la tienda. Giles sujetaba en una pequeña caja, los ratones de helado que había en el escaparate de la tienda. Su sonrisa era contagiosa y Rose le contesto amigablemente con un gesto, e intento centrarse en las plumas de azúcar que tenia delante de sus narices.

Intento distraerse y disfrutar del ambiente cálido de la tienda. De sus colores y olores, de la risa de los jóvenes alumnos y de los exóticos sabores que el matrimonio daba a probar con muestras de dulces. Pero todo fue en vano. La imagen de su padre le volvía una y otra vez. Los recuerdos de su infancia se amontonaban en su cabeza como olas en la orilla del mar. Escuchaba su risa cantarina y su voz animándola a superarse. Sentía sus brazos produciéndola y sus besos en la frente. Recordaba aquellas noches cuando Ron le contaba cuentos y esperaba a que se durmiera para apagar la luz. Sus clases de ajedrez al lado de la chimenea. El intento de pasteles de cumpleaños que terminaba con la cocina llena de platos sucios y una Hermione muy enfadada. Las tardes en las que la llevaba a la tienda de Sortilegios Weasley y al callejón Diagon. 

Rose sintió una ligera tristeza. Rose Weasley siempre había sido la niña de Ron Weasley, pero cada vez se separaba mas de su cariño paternal. Quería tanto a su padre. Le agradecía tantas cosas, que sentía que le estaba traicionando de alguna manera. Él siempre la ayudaba sin preguntar, la apoyaba y la protegía. La hacía reír sin parar y le había dedicado todo el tiempo posible. Ron siempre estaba ahí, en casa, esperándola con una sonrisa burlona y las orejas encendidas, siempre dispuesto a pasar todo el tiempo que pudiera con sus dos hijos. A pesar de su poco tacto en ocasiones y de sus pequeños fallos, había sido un padre dedicado y cariñoso. Y ella le quería tanto.

Pensó en sus abuelos que tanto habían sufrido. Dos guerras mágicas, una familia tan grande a la que proteger. ¿Qué dirían cuando se enteraran? ¿Cuando supieran que ella estaba enamorada del nieto de el hombre que no paraba de humillar a su familia? Lucius Malfoy y Arthur Weasley habían sentido gran repulsión durante toda su vida, familias tan distintas, tan diferentes y casi con la misma sangre fluyendo por sus venas. Su abuelo se sentiría traicionado, humillado. ¿Sería así?. Rose observo como un niño se comía varias grageas a la vez para luego pegar un grito de asco. La muchacha bajo sus ojos tristes hacía los ratones de azúcar chillones que había en una jaula. Quería gritar, correr fuera de Hogwarts. Ir a casa y pedirle ayuda a su madre, sentir sus cálidos brazos y su pecho pausado. Que la aconsejara como siempre hacía, que la abrazara y le susurrara que todo iba a salir bien y que lo que sentía no era vergonzoso, si no todo lo contrario.

De repente el sonido de campanillas volvió a escucharse y una pequeña ráfaga de viento frío entro por la puerta de entrada. Rose alzo la cabeza y miro hacia el inicio de la tienda. Un grupo de alumnos de Slytherin acababan de entrar. Parecía que se trataba de el equipo de quidditch de Slytherin, ya que llevaban el estandarte en las capas de invierno. Su corazón se paro unos segundos y sus ojos se clavaron en una figura que apareció repentinamente entre la multitud. Un chico de cabello rubio, de tez pálida y facciones alargadas la miro desde la puerta. Ambos se observaron, percatándose de la presencia del otro en el lugar. De repente, Rose olvido todo lo que había estado pensando, olvido sus malos pensamientos y su sentimiento de culpa. Su corazón estallo de alegría al haberle encontrado y sus manos temblaron nerviosamente mientras una sonrisa cruzaba su rostro. Ambos bajaron la mirada e intentaron reprimir una risa nerviosa para luego alzar los ojos de nuevo y observarse. Diciéndose todo con los ojos, sin necesidad de palabras o contacto de sus cuerpos. Caminaban por la tienda sin parar de mirarse, azorados y nerviosos. Recordando aquel último instante que habían vivido en la lavandería y que no habían podido volver a repetir. Rozándose en algunas ocasiones con las manos, convirtiendo aquel momento en una situación intima y peligrosa. Mostrando su amor sin mostrarlo. Escondiéndose entre las estanterías para decirse algunas palabras que solo ellos entendían.

-¿Estas bien? - Susurro Scorpius mirando los chicles interminables de color rosa chillón. Rose asintió con la cabeza para mostrarle que estaba bien - ¿Donde has estado? Te he estado buscando toda la mañana - La muchacha bajo la cabeza para esconder su sonrisa, pero ya era tarde, Scorpius la había visto. Con disimulo, escurrió su mano por debajo del jersey y la entrelazo con la de Rose, acariciando su piel con el pulgar

  • ¿Por qué hablamos así? - Scorpius sonrió sintiéndose ridículo. La gente estaba acostumbrada a verlos juntos, eran mejores amigos. No tenia nada de raro que estuvieran en Honeydukes hablando. ¿Seria la culpa la que los hacia sentirse así?

-¡Rose!

  • Ambos jóvenes se giraron con rapidez y Scorpius comenzó a observar con gran interés unos calderos de calabaza. Una chica de Slytherin varios cursos más pequeña, se acercaba hacia la muchacha con una sonrisa de oreja a oreja. Se trataba de una de las niñas a las que Rose ayudaba en la sala de estudio. La niña llego a su altura y le tendió una bolsa de moscas de dulce de leche - Me han puesto un extraordinario en el último trabajo de Transformaciones. Todo gracias a ti - Rose sonrió tiernamente mientras la muchacha agarraba sus manos y le regalaba la bolsita de dulces - ¡Muchísimas gracias! - Rose negó con la cabeza ligeramente turbada.

-Me alegra que mis clases estén dando sus frutos - Contesto la muchacha sonriendo con sinceridad. Scorpius seguía detrás de ella, mostrando un falso interés por las golosinas que había a su alrededor.

-Ser el mejor de amigo de Rose es una suerte. ¿No es así? - La muchacha dirigía su frase a Scorpius. Este se giro levemente y asintió con la cabeza mientras las mejillas de Rose se tornaban de un color rojizo - Scorpius, esta raro - Susurro la muchacha observándole con suspicacia. Rose trago saliva, rezando por que la niña no notara nada raro -¡Tengo que irme! - grito la muchacha alegremente, se despidió con una mano y salio corriendo hacia donde estaban sus compañeras que la esperaban con impaciencia.

-Salgamos de aquí - Susurro Scorpius sin mirar a Rose. La muchacha asintió levemente. Con paso rápido, Scorpius camino hacia la salida y salio sin esperarla. Rose se dio la vuelta. Giles estaba buscándola, alzando los pies para poder ver por encima de la gente. Rose comenzó a esconderse entre los alumnos hasta llegar a la puerta, la abrió de un tirón y salio de la tienda sin mirar a nadie, deseando no escuchar su nombre por ninguna parte. Scorpius la esperaba cerca de las tres escobas, enfundado en su elegante y tradicional chaqueta negra de cuello. Parecía mucho mas adulto que la última vez que le vio. Aunque sus ojos brillaban alegres, en ocasiones continuaba viendo en ellos un rasgo de tristeza que ella no podía descifrar. Desde lo sucedido en la lavandería no habían tenido tiempo de hablar, tampoco habían deseando hacerlo. No sé si alguna vez os ha sucedido, si es el caso entenderéis que quiero decir. Tus oídos agradecen el silencio, sabes que cualquier palabra podría estropear ese momento. Te dejas guiar por los ojos, las manos y la respiración. Las caricias sobre la piel se vuelven tan placenteras y los besos tan cálidos que no es necesario decir nada. Hay momentos para el habla y otros es mejor callar. Scorpius se dio la vuelta y comenzó a caminar calle abajo. Rose no vio que en ese preciso momento, Albus entraba en la tienda de Honeydukes. La muchacha lo siguió en silencio, evitando tener contacto visual con cualquier estudiante. Pero ningún alumno murmuro, ni comento sobre ellos, ya estaban acostumbrados a verlos juntos. Scorpius por el contrario estaba muy tranquilo, fijando su mirada grisácea en el camino que llevaba hacia la casa de los gritos.

Llegaron a la verja que los separaba de la casa de los gritos y del precipicio donde meses antes habían jugado la carrera de escobas. Aquellos días quedaban muy lejos para Scorpius, aquellos juegos infantiles y peligrosos, aquellos días con Albus y Rose a ambos lados. Había perdido el miedo y le había mostrado a Rose lo que llevaba sintiendo por ella desde hacia mucho tiempo. Pero los oscuros pensamientos de su cabeza le volvían un cobarde y no tenia el valor de ser sincero con ella. De decirle lo que era realmente, de que estaba enjaulado y maniatado por todas partes, en una lucha constante entre el bien y el mal, una lucha que se libraba en su cabeza en una batalla sangrienta. Giro su rostro hacia ella, observándola unos segundos mientras el viento movía sus rizados cabellos de color borgoña. Había crecido tanto que ya no la reconocía. La primera vez que la vio, pequeña y mandona, con aquella nariz respingona y pecosa, sus brazos en jarras y el ceño fruncido. Seguía regañandole, seguía exigiéndole y seguía siendo una pequeña celosa, pero cuanto habían cambiado ambos. Cada año él notaba sus cambios con mayor intensidad, puede que porque cada año se sentía cada vez mas atraído por la mayor de los Weasley.

-¿En que piensas? - No se había dado cuenta de que Rose lo miraba fijamente. Scorpius negó con la cabeza y la atrajo hacia su cuerpo, abrazándola suavemente mientras escondía su cabeza en el pelo de ella. Lo mejor era callar, disfrutar de su compañía todo lo que pudiera, encontrar una manera de salir de ese infierno y mantenerse a su lado sin que ella se diera cuenta de nada. Era egoísta pero no podía evitarlo, él siempre había sido un poco egoísta y no veía otra manera para no herirla. No deseaba cambiar nada de lo que en ese momento sucedía. El olor de su pelo, sus pequeñas manos rodeandole la cintura. Rose era lo único real que Scorpius tenia en ese momento. Quería mantenerla a su lado todo el tiempo que hiciera falta. Si hubiese utilizado la cabeza, nunca la hubiese besado, se hubiera controlado y así Rose no correría peligro. Debían esconder su relación, seguir siendo los mejores amigos de siempre.

-Sera nuestro secreto - Susurro Rose comprendiendo los pensamientos de Scorpius. Después de todo ella tampoco estaba segura de que aquel momento fuera el mejor para dar a conocer su relación. ¿Quizás tenia miedo? ¿Era tan cobarde? Pero había algo inexplicable que la decía que debía esperar, esperar y tener paciencia. Alzo los ojos para mirarle, encontrándose con los suyos y sintiendo aquel vértigo por su cercanía. Sin poderlo evitar, dejaron que sus jóvenes corazones los guiaran a pesar del peligro, uniendo sus labios de nuevo, sutilmente, mientras el frío viento desaparecía y se convertía en cálido debido a las caricias de sus labios. Su sabor se hacia tan cotidiano, como si sus mentes ya tuvieran registradas la textura de sus bocas. Después de tantos años de amistad, de confusiones mentales y peleas. Sus labios se unían de nuevo como si fueran viejos conocidos.

James Potter se encontraba tirado en la camilla de la enfermería. Estaba vestido con ropa muggle pero su posición no daba indicios de que fuera a salir de la enfermería. Jugaba a atrapar su pequeña y dorada snicht mientras murmuraba cosas que solo él podía comprender. James había intentado escaparse para ir a Hogsmeade. Lorcan le había pasado la capa de invisibilidad y James se disponía a llegar al pueblo por el pasadizo que llevaba a Honeydukes. Pero Madame Pomfrey era demasiado astuta y cerro las puertas de la enfermería con llave antes de salir hacia el pequeño pueblo. James se encontraba solo y aburrido en la enfermería, sin nada que hacer y el aburrimiento era el peor enemigo de nuestro querido Potter. Su primo Hugo Weasley tenía fobia a las cucarachas, su prima Victoire a los gnomos del jardín debido a sus malas experiencias en la infancia, su querido Ted...

Ted Lupin no tiene miedo a nada -Pensó James alegremente. La mayor fobia de James Potter era aburrirse. Se levanto de la cama, despeinando su pelo sin parar mientras decía palabrotas y miraba a su alrededor, buscando alguna manera de salir de aquel lugar. James aun no estaba recuperado del todo, podía caminar casi con normalidad y ya no tenia dolor pero no debía hacer sobre esfuerzo si quería recuperarse rápido. El joven se había bebido dos vasos de crece huesos el día anterior, a escondidas de la señora Pomfrey. Lo único que consiguió fue una gran acidez de estomago y que Madame Pomfrey estuviera a punto de atarle a la cama para que dejara de hacer de las suyas. Después de mirar por la cerradura de la puerta y percatarse de que el castillo se encontraba completamente vació por aquella zona, decidió sentarse y esperar a que el tiempo le volviera loco. Cual fue su suerte, que mientras jugaba con la snicht mirando hacia el jardín, se percatara de una figura que corría hacia la cabaña de Hagrid. Dejo de mover las manos y se quedo quieto mientras la pequeña pelota aleteaba en su puño. Se acerco más a la ventana, ligeramente curioso. Sus ojos enfocaron y se abrieron con sorpresa. Su hermano menor corría como alma que lleva al diablo y se dirigía hacia la cabaña del guardabosques, estaba completamente solo. James miro a su alrededor, ahora mas que nunca deseaba salir de aquel lugar. Presiono los pomos de las ventanas, intento abrir las rejas de las alcantarillas y dio varios golpes a la puerta con la pierna buena, consiguiendo solo un fuerte dolor. Volvió a acercarse a la ventana pero Albus había desaparecido.

-¡Madame Pomfrey! - James se giro sorprendido. Nick casi decapitado acababa de aparecer por la puerta de la enfermería pero para su sorpresa, el fantasma se había quedado atascado en la entrada y alzaba los brazos para que le ayudara - ¡Oh joven Potter! Estoy en apuros, por favor ayúdeme - James arqueo una ceja y se acerco completamente perplejo.

-Pero eres un fantasma - Murmuro el muchacho alzando un dedo. Nick casi decapitado arrugo el entrecejo mientras su cabeza se tambaleaba sobre su cuello - Estas muerto - El fantasma dejo escapar un pequeño gemido de indignación.

-Lo sé desde hace siglos señor Potter - Contesto el fantasma perdiendo la paciencia - ¿Puede ayudarme a salir de aquí? Luego le explico los detalles - James suspiro con resignación y alzo la mano para agarrar la del fantasma. El muchacho esperaba cruzar su mano con la del fantasma sin sentir nada, por que los fantasmas eran así como una ráfaga de frió helado cuando los traspasabas. Pero cuando sus dedos rozaron una leve y fría presión, pego un grito y retrocedió asustado - ¡Señor Potter no se asuste ahora! - Se quejo el fantasma mientras movía los brazos con desesperación.

-¡Le he tocado! ¡He sentido algo! - Se quejo el muchacho con mirada espantada - ¡No es posible! ¡Usted esta muerto! - Nick casi decapitado intento apoyar las manos sobre la puerta para presionar el cuerpo y que terminara de traspasarla. Pero no hizo falta, James observo horrorizado como el cuerpo del fantasma que durante unos segundos había tomado forma se volvía de nuevo trasparente y blanco como la nieve. Nick casi decapitado suspiro mas tranquilo y traspaso la puerta con cara de tristeza - ¿Me puede explicar que acaba de pasar? - Pregunto el muchacho señalando la puerta y luego al fantasma - Hace unos minutos, he sentido su mano. ¡Usted esta muerto!

-Señor Potter, deje de repetir esa frase tan desagradable - Se quejo Nick casi decapitado, moviendo su gracioso bigote. El caballero se coloco bien la cabeza y comenzó a flotar a su alrededor - Se que estoy muerto y semi decapitado, es suficientemente duro ser consciente de ello todos los días señor Potter, le agradecería que no lo volviera a repetir - Miro a su alrededor mientras flotaba por la sala - Necesito a Madame Pomfrey, últimamente los fantasmas estamos sintiendo síntomas muy extraños...

-¿Extraños? ¡Usted esta muerto! - Nick casi decapitado puso los ojos en blanco al escuchar de nuevo a James e intento ignorarle - ¡Y por un momento me ha parecido tocar piel humana! - James se quedo mirando al fantasma con los ojos bien abiertos y su rostro de miedo paso a ser brillante - ¿Como lo ha echo? ¿Alguna poción? ¿Un conjuro? - El fantasma se giro para mirar al muchacho completamente confundido por el cambio de actitud del muchacho.

-No es un asunto de broma, Señor Potter - El acento cerrado y británico del fantasma era de lo más divertido. Se coloco su extrañas vestimentas con pomposidad y le miro solemnemente - Algo esta sucediendo en el castillo. Los fantasmas lo presentimos, esto que acaba de suceder, sucede casi todos los días a todos los fantasmas del castillo - James arqueo una ceja ligeramente turbado

  • El otro día, el pobre fraile se quedo atascado en una de las mesas del gran comedor y el barón sanguinario llego a sentir sus cadenas de verdad - El fantasma puso una mano en la cabeza como si se tratara de una tragedia griega - Es realmente escalofriante.

-Pero si usted siempre se queja porque esta muerto - Contesto James comenzando a aburrirse de nuevo - ¿No le gustaria volver a vivir? Quizás si no hace nada, podría volverse de carne y hueso - La snicht dorada salio de sus manos y se fue a posarse sobre la cama.

-Señor Potter, cuando uno muere no hay forma de retornar a la vida - Contesto el fantasma poniéndose serio repentinamente - No hay vuelta atrás...- James sintió un escalofrió y repentinamente recordó una frase que había leído con Albus en el pasillo del tercer piso. Una frase que le hacia imaginarse algo inmortal, que nacía y moría para volver a nacer, que tenia un fin último que quizás era la inmortalidad o burlar a la muerte para traer a alguien del mas allá. James se quedo pegado a su sitio. ¿Se estaba volviendo loco?

Necesitamos muchas vidas, revestirnos de múltiples cuerpos, nacer y morir y volver a nacer muchas veces para llegar al fin último de la perfección que es el que la magia nos reserva. (Capitulo nueve - Poción Multijugos)

-¿No hay alguna manera de salir de aquí? - Pregunto el muchacho con rapidez para cambiar de conversación. Los pelos de la nuca se le habían erizado por momentos. Recordó a su hermano correr hacia la cabaña de Hagrid y sintió un instinto que le guiaba a seguirla. Debía escapar de allí y seguir a su hermano - ¿Sabes de alguna manera que no sea traspasar las paredes? - Nick casi decapitado compuso una mueca - He intentado con un hechizo pero tampoco funciona - Murmuro el muchacho mal humorado.

-Madame Pomfrey siempre lleva la llave de la puerta en el bolsillo de su bata

  • Comento el fantasma yendo hacia la puerta. James lo vio alejarse, indignado porque iba a marcharse sin ayudarle - Pero puede que quede una segunda llave en su escritorio - James sonrió y le hizo un gesto de agradecimiento - Cuando vuelva Madame Pomfrey, antes de que te asesine por escapar, avisale de nuestro pequeño problema fantasmal.

-Por supuesto, sir Nicholas de Mimsy-Porpington- El muchacho hizo una reverencia y Lord Nick casi decapitado desapareció por la puerta de la enfermería. James no perdió el tiempo y corrió hacia el rincón de la enfermería. Abrió las cortinas y el escritorio de madera de Madame Pomfrey apareció ante sus ojos. Comenzó a abrir todos los cajones, intentando desordenar lo menos posible, pero no encontró ninguna llave. Se encontraba ya sin esperanzas, sentado sobre sus rodillas y con la respiración entrecortada, alzo una mano al ultimo cajón rezando por encontrarla allí. Pero el cajón estaba cerrado, saco la varita y susurro *alohomora.*La pequeña cerradura hizo un sonido y el cajón se movió suavemente. Con el corazón en la garganta James abrió el pequeño cajón y ahí estaba, una llave grande y de bronce. La agarro sin más de mora y corrió hacia la puerta de entrada. La llave mordió la cerradura con suavidad y la puerta cedió ante su peso. El muchacho pego un grito de jubilo y salio corriendo en dirección a la salida del castillo.

Continuara...

¡Mis queridos Lectores y Lectoras!

Se que no tengo perdón de dios por tardar tanto en actualizar este capitulo. No voy a contaros mi vida porque es muy larga pero deciros que no me ha dado tiempo hasta ahora de tener el capitulo mas o menos aceptable para actualizar. Quería escribir muchas mas cosas pero pensaba que ya era muy tarde así que os dejo el capitulo treinta y espero que no estáis muy decepcionados, son diez paginas.

En cuanto al siguiente capitulo: Ron y su nuevo trabajo de auror, ¿Descubriremos a donde va Albus? (Algunos lectores ya lo han adivinado) ¿James le seguirá a pesar de su estado? ESO Y MUCHO MÁS en el siguiente capitulo.

En cuanto a todas esas preguntas que me hacen vuestras cabezas: Veamos primero de todo las mariposas (de las narices jaja) Las mariposas aparecen en el capitulo cinco y os voy a poner el trozo del capitulo donde aparecen:

(Hablando sobre el profesor Dalton) - Conversación entre Albus, Rose y Scorpius.

Actualmente es profesor en la universidad de Oxford en Londres y es invitado a numerosas universidades para charlas. Sus principales teorías sobre mezcla de especies para evitar la extinción de varias especies, han dado mucho de que hablar en el mundo científico. El profesor Dalton ha viajado a lo largo del mundo, descubriendo nuevas especies como el hispanian solenodon: mamífero parecido a una rata, cuya saliva es venenosa. El Loris esbelto rojo: Animal nocturno, de las zonas tropicales de la India y la**Mariposa Teufel: conocida como la mariposa negra, que vive en las zona central europea.

¡AHH! ¡MÁS CLARO IMPOSIBLE! Bueno esta claro que todas vuestras dudas no van a desaparecer ahora porque no esta todo dicho pero al menos ya podéis ir relacionando. En cuanto a Hero y lo que sucedió en el capitulo anterior, creo que todos vais muy bien encaminados, pero sabremos la verdad dentro de algunos capítulos ¡Tachan!

Miles de gracias a todos mis maravillosos lectores. Muchísimas gracias a todos aquellos que me dejan su comentario en cada uno de mis capítulos o en muchos de ellos. A pesar de estas semanas en los que no puedo mas del cansancio, hago un esfuerzo por vosotros así que miles de gracias por seguir comentando y disfrutando de la historia. Sois maravillosos.

A LOS QUE NUNCA COMENTAIS: No esperes a que lo hagan otros, tu opinión no es la misma que la de otra persona y cada uno debe poner su granito de arena en este mundillo. Si te gusta, comenta.

Miles de gracias a todos.

¡Nos vemos en el próximo!

Pluma Cisne

Irene.