Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Azabache. La Historia de la Tercera Generación. · de

Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 31

Los dos hermanos se habían adentrado en el bosque mientras James hablaba sin parar. Opinaba que morir ahogado era una forma muy desagradable de morir y prefería morir envenenado por algún veneno o poción mortal. Albus le escuchaba ligeramente divertido mientras James arrastraba los pies a su lado. Se adentraban cada vez mas en el bosque y la luz cada vez era mas escasa. El espacio disminuía y los arboles se hacían mas grandes y retorcidos, alzando sus ramas hacia el cielo y enredándolas en otras, creando un techo que hacia imposible ver la luz de la tarde. Las hojas del suelo eran movidas por una fría brisa que galopaba a sus pies, los arbustos se volvían mas espesos y el silencio cada vez se hacia mas intenso. James seguía hablando como si no se diera cuenta de aquella situación pero Albus había alzado la cabeza y observaba a su alrededor con la alerta dibujada en su rostro. Siguieron caminando mientras el sonido de los arboles los acompañaba. El hilo de agua les seguía guiando, perdiéndose en la lejanía entre los arbustos y las gruesas raíces de los arboles que sobresalían de la tierra. De repente Albus sintió que algo los estaba observando, era una sensación que se prolongaba por toda su espalda, como si unos ojos los vigilaran por todas partes. Pero cuando alzaba sus grandes ojos verdes, se daba cuenta de que no había nadie. Pero tras unos minutos de caminar, Albus se dio cuenta de que la pequeña llama de agua que los guiaba había desaparecido. Habían acabo en un pequeño claro, rodeado de gruesas raíces marrones y acolchado por un techo de hojas oscuras.

-Y ese es mi veredicto

  • Finalizo James cogiendo aire para respirar. Miro a su alrededor y se quedo observando el pequeño claro - ¿Qué hacemos aquí? - Pregunto con los brazos cruzados y ojos sorprendidos. Observaron a su alrededor, intentando captar algún movimiento, pero todo esta en calma, intentando percibir algún sonido, pero todo estaba en completo silencio. Pareciera que eran los únicos inquilinos en aquel lugar de sombras. Caminaron hacia el centro, muy cerca el uno del otro mientras apretaban sus bolsillos donde debían estar sus varitas.

-Albus, esto no me gusta - Murmuro James mientras miraba hacia arriba. Albus no contesto enseguida. Estaba algo nervioso, ligeramente intranquilo, como si una alarma se hubiese encendido en su cabeza y no parase de avisar. Quizás fue una mala idea dejar Hogwarts, quizás fue mala idea pensar que podría encontrar algo de valor en aquel lugar, quizás todo aquello le venia demasiado grande y debía aceptar que no podía ayudar. Quizás debía mentalizarse de que las Willis no existían y el había dejado que su cabeza fantasease con leyendas imposibles. ¿Pero entonces que había sucedido hacia unos segundos en el lago? Después de todo, La Dama del Lago los había guiado hasta allí por alguna razón. Estaba Albus cavilando sobre todo aquellos cuando noto como algo tiraba de su jersey.

-Basta James, no estoy de humor - Murmuro Albus sintiendo que su mal carácter salia sin previo aviso. Pero James comenzó a tirar mas fuerte y comenzó ha hacer ruidos extraños. Una brisa fría llego hasta los muchachos y acaricio sus caras provocandoles un escalofrió. Albus levanto la vista enseguida y sintió como se iba quedando paralizado por aquella visión. James a su lado, abría la boca y la cerraba de nuevo, presa de la sorpresa y de la admiración por aquel espectáculo. De repente comenzaron a escucharse suaves canticos, tristes y melancólicos, voces de mujeres que se alzaban por todo el recinto.

Y entonces aparecieron ante sus ojos, como una fantasmal aparición. Miles de mujeres ataviadas en vestidos blancos los rodearon mientras los observaban con atención, dejando que sus suaves voces les arrullaran, tenia un aura misteriosa y de extrema belleza, como si no perteneciesen a ese mundo. Sus cabellos flotaban por aquella suave brisa que las acompañaba, sus pies descalzos, blancos como la nieve y casi transparentes, se posaban sobre las ramas o sobre el fino viento, pero sus ojos eran tan fríos como el hielo y tan vacíos como la nada.

-¿Quiénes sois? - James y Albus se giraron enseguida para enfrentarse a aquella voz que les hablaba desde las alturas. La voz pertenecía a una de aquellas magistrales criaturas. Por su aspecto, su corona de laureles y la rama que llevaba sobre el regazo, pudieron suponer que se trataba de la reina de las Willis o algo similar. Sus ojos se clavaban sobre ellos con tanta fuerza que sintieron empequeñecer de repente. Provocaban admiración y a la vez terror, parecían tan cercanas y a la vez tan sumamente lejanas y ausentes, que era difícil explicar lo que podía sentir un ser humano al mirarlas. Pensar que aquellas almas, fueron en su día mujeres rebosantes de vida era difícil de creer - ¿Qué queréis? - Aquella voz volvió a alzarse y su voz se perdió con el eco del viento. James empujo a Albus suavemente para ponerlo delante de él mientras sonreía.

-Soy Albus Potter - El muchacho trago saliva unos momentos y rezo por mantenerse erguido y con dignidad ante aquellas criaturas. Sintió como pasaba al centro de atención y un sudor frío recorrió su espalda. Albus odiaba ser el centro de atención y le dio un pequeño golpe a su hermano para que se colocara a su lado y dejara de hacer el tonto detrás de él - Hemos echo un largo viaje - Murmuro mientras la brisa fría se hacia cada vez mas insoportable - Necesitamos hablar con Elizabeth Von Weizsäcker - De repente se dejo de escuchar la suave voces de las Willis y volvió el completo silencio.

-La has fastidiado - Murmuro James en la oreja de Albus mientras metía las manos en los bolsillos y se quedaba mirando el suelo, evitando mirar a aquellos bellos rostros, traslucidos y misteriosos. Albus se quedo mudo unos segundos, quiso saber a que era debido aquella reacción, pero los rostros de aquellas mujeres eran imperturbables, fríos como el hielo a pesar de su belleza. No había calidez humana, si un pequeño gesto de bondad. Al principio le había impresionado aquel aura de belleza tan alejada de la realidad, pero en ese momento comenzaba a aterrarle y sentía que no eran bienvenidos.

-Tenemos que hablar con Elizabeth Von Weizsäcker

  • Repitió el muchacho. James apretó sus manos con nerviosismo y se removió incomodo al lado de su hermano. Por un momento, Albus pensó que estaba todo perdido, que habían perdido el tiempo y debían marcharse lentamente y sin asustarlas. Pero cuando estuvo apunto de comunicárselo a James, La Reina de las Willis alzo lentamente la mano que agarraba la rama y la movió, una brisa fría volvió a rodearlos. La tierra tembló ligeramente y entonces apareció ante sus ojos, como un ángel caído del cielo.

Elizabeth Von Weizsäcker apareció ante ellos, suspendida en el aire y con los brazos caídos a los lados de su cuerpo. Presentaba el mismo aspecto traslucido y blanquecino que el resto de las Willis. Vestida con un traje blanco que caía suavemente por su figura, con el cabello suelto y ondeante que le daba un aspecto salvaje. Pero su rostro a diferencia del resto, presentaba humanidad, tristeza y bondad. Era tan bella que tuvieron que aguantar la respiración unos segundos, su belleza era delicada, melancólica, como si se tratara de un ángel caído del cielo que transmitía tal tristeza que congelaba el corazón de cualquier ser humano. Ella los observaba con aquellos ojos vidriosos, suspendida ante ellos.

-Parece tan triste - Murmuro James con los ojos brillantes - Yo la abrazaría durante horas, es como si deseara protegerla - Susurro sin despegar la mirada de la joven imagen de la muchacha. Albus se sentía avergonzado ante el comentario de su hermano mayor, pero no pudo evitar pensar que él sentía completamente lo mismo, el solo mirarla provocaba el deseo de abrazarla y susurrar palabras cálidas para protegerla.

-Señorita Von Weizsäcker - Albus tartamudeo unos segundos sin saber muy bien como tratarla - Necesitamos su ayuda, solo usted puede ayudarnos - La joven no contesto, se mantuvo suspendida en el aire mientras sus melancólicos ojos los observaban. James miro a su alrededor por unos minutos y pudo ver con sorpresa que el resto de las Willis habían desaparecido, dejando tras de si un manto frío y vacío.

-Necesitamos saber que fue de Dieter Von Richthofen - Murmuro sintiendo como las palabras se le atragantaban en la boca durante unos segundos. James abrió los ojos con sorpresa y miro a su hermano ligeramente traumado. Aquel espíritu los seguía observando, pero tras nombrar el nombre de Dieter Wolff, los ojos de la muchacha se habían anegado en lo que parecían lagrimas. Aun que era del todo imposible, era imposible que aquel espíritu estuviera llorando - Lo siento...

-Deben detenerle - Su voz se alzo con suavidad, eran tan suave como un murmullo y tan dulce como el azúcar. Sonaba casi como una suplica, una suplica desesperada. Albus y James sintieron como el corazón se encogía por momentos y la observaron incapaces de poder decir nada - Él no se detendrá hasta conseguir su objetivo. Deben detenerle, antes de que más personas inocentes paguen un precio tan alto - Se acerco a ellos con aquel bello rostro surcado de una tristeza tan profunda como el océano que se escuchaba a lo lejos. James tuvo que controlar su instinto que le ordenaba abrazar a aquella traslucida imagen tan celestial.

-¿A que se refiere? - Albus la observo completamente anonadado. James a su lado seguía intentando controlar sus impulsos - No comprendo a que se refiere. Dígame a que se refiere...- Aquella suave figura bajo hasta posarse en el suelo, sus pies traslucidos dejaban ver las hojas marrones del suelo y el murmullo de sus movimientos era transformado por el viento como un triste gemido que se esconde en el anochecer.

-Él era una persona buena, tierna, jamas quiso hacer daño a nadie - Aquella figura dejo de prestarles atención, como si hablase consigo misma sin percatarse de los muchachos - Él jamás fue cruel ni malvado. ¿Por qué? - James y Albus se miraron unos segundos ligeramente turbados. Su voz sonaba tan destrozada y triste que provocaba un dolor aguzo en sus corazones - Pero se volvió frío como el hielo. Se convirtió en un hombre sin moral, cruel y despiadado. Yo no pude hacer nada, solo observe impotente como el tiempo transcurría y él se convertía en el monstruo que es ahora. Su interior está lleno de venganza y de odio, no hay ningún rayo de luz en corazón y no tiene fe - Se giro de nuevo hacia ellos, presa de la desesperación - ¡Tienen que ayudarme!

-Pensaba que eramos nosotros los que teníamos problemas - Murmuro James arqueando una ceja. Albus le dio un pisotón y el muchacho compuso una mueca graciosa mientras decía palabrotas por lo bajo - La ayudaremos encantados - Respondió sonriendo forzadamente mientras lanzaba una mirada asesina a su hermano pequeño - Espere. ¿Esta diciendo que Dieter Wolff sigue vivo? - James cambio de expresión de repente como si hubiese comprendido todo de golpe.

-Él me está haciendo daño sin darse cuenta, jamás podre volar lejos de aquí. No puedo irme si él no cambia - Albus comenzaba ha hacerse un lío, pero de alguna manera deseaba seguir escuchando todo aquello - Deben hacerle entrar en razón, yo jamas podre volver, jamas podre estar a su lado, no de esa manera - Albus se rasco la coronilla unos segundos y de repente sintió como el rostro se le iluminaba - Ha estado durante mucho tiempo buscando la manera de lograrlo y lo ha encontrado, pero no le importan las consecuencias. Es capaz de matar por conseguir su objetivo. Deben detenerle.

-Entonces, las desapariciones, las amenazas a mi padre, él quiere algo que mi padre tiene. El profesor Dalton... - Albus comenzó a enumerar todos los puntos que conocía, mientras las ideas alocadas se agrupaban en su cabeza. Alzo la cabeza para mirarla

  • ¡Eso es! ¡Dieter Wolff es el culpable de todo! ¿No es así? - James carraspeo varias veces y Albus se giro con el ceño fruncido.

-Seria una solución maravillosa si no fuese porque ese tal Dieter Wolff vivió hace mas tres siglos - Albus sintió que el peso de la realidad volvía a caer sobre sus hombros y suspiro resignado - Al menos, sabemos que todo lo que esta sucediendo conduce a alguna parte, al mismo punto de partida - Murmuro. Se quedo mirando a su hermano. Eso quería decir, que Nero estaba involucrado en todo aquel lío y Scorpius debía de estarlo también. Nada mas llegar a Hogwarts se bebería la poción multijugos para terminar con aquella farsa.

-Pero y si Dieter Wolff estuviera vivo - Murmuro Albus. James arqueo una ceja - ¿Cuál es el objetivo de Dieter Von Richthofen? - El silencio se hizo de nuevo a su alrededor, como si el bosque comprendiese que aquel momento era decisivo. Aquel espíritu de luz, se giro para mirarles con aquellos tristes ojos mientras sus dulces y aniñadas facciones melancólicas se acoplaban al paisaje - Él quiere...-Albus lo comprendió de golpe.

-Él quiere resucitarme - Susurro la muchacha. James y Albus sintieron como el frío volvía a recorrerlos de pies a cabeza. Era una completa locura, pero ahí estaba ella, ante ellos con aquel rostro tan dulce y aniñado, tan delicada que cualquier hombre desearía protegerla y dar la vida por ella. Algo de verdad tendría que a ver en aquellas palabras, no podían haberse vuelto locos.

Pero entonces, fueron rodeados de nuevo. Las Willis se suspedían en círculos mientras sus suaves vestidos ordenaban produciendo murmullos como ramas de arboles. Los observaban con aquellos rostros fríos y bellos, sin vida ni emoción. Que diferente era Elizabeth, era como si ella no encajase en aquel lugar de mujeres vengativas y amenazadoras. En ella perduraban aun los sentimientos y sensaciones humanas como el amor, el dolor y la tristeza, pero sobretodo la esperanza. Albus y James sujetaron sus varitas con fuerza mientras pegaban espalda contra espalda y se quedaban observando a su alrededor, sintiendo como una extraña atmósfera se creaba a su alrededor y los ahogaba por momentos.

-Bueno, os agradecemos de corazón toda vuestra ayuda - Comento James agarrando el brazo de Albus. Este le miro sin comprender - Pero nosotros tenemos que irnos, si no nos meteremos en un buen lío, ya saben, no quiero terminar limpiando retretes de nuevo - Sonrió picaramente mientras reía burlonamente, pero nadie contesto a su risa. James resoplo resignado por el frío recibimiento y arrastro a un confuso Albus que no comprendía nada de lo que estaba sucediendo. Estaban a punto de llegar a la linde del claro, cuando un grupo de Willis les cerro el paso, impidiendo su marcha.

-Nadie saldrá de este bosque - James y Albus se giraron, esta vez con el miedo cruzando por sus rostros. Estaban rodeados por aquellas bellas y gélidas mujeres, sus ojos estaban cubiertos por un manto de venganza - Sufriréis el mismo castigo que todos aquellos hombres que cruzan por este bosque - James trago saliva y agarro la manga de la chaqueta de Albus.

-¿Recuerdas cuando te dije que me presentaba voluntario para morir a manos muchas mujeres bellas? - Albus asintió sin tener muy claro porque estaban hablando de eso, pero la confusión le impedía pensar con claridad - Retiro lo dicho - Murmuro James componiendo una mueca burlona mientras el sudor caía por su rostro. Vieron como aquellas fantasmales y traslucidas figuras se acercaban a ellos, dispuestas a danzar a su alrededor hasta que cayesen muertos a sus pies.

-¡No! - Albus y James que habían cerrado los ojos los abrieron con rapidez completamente sorprendidos. La figura delicada y blanca de Elizabeth se había interpuesto entre ellos y el resto de las Willis, alzaba sus traslucidos brazos como si fuera una cruz y las miraba con ojos suplicantes - No pueden matarlos, ellos deben vivir - Su voz sonó tan clara y segura que ambos muchachos sintieron cierta ternura.

-Elizabeth, aparta - La reina de las Willis la observo de manera amenazante pero ella no se aparto. Albus se quedo mirando a aquella muchacha que debía tener su misma edad cuando murió. Comprendió en ese momento todo sobre aquella joven. A pesar de que hubiese estado viviendo en las sombras durante tanto tiempo, ella jamas se había convertido en una completa Willis, ella no poseía sentimientos de venganza. Pero su amor por aquella persona, la retenía encerrada en ese bosque, sin permitirla volar y descansar en paz - Deben morir, deben sufrir el castigo.

-Perdone, pero yo nunca engañe a mujer - Albus estornudo ante la repentina afirmación de su hermano - Siempre he sido sincero con las mujeres, aun que algunas no lo hayan aceptado, pero jamas prometí nada que supiera que no iba a cumplir - Albus tiro del jersey de su hermano para hacer que cerrase la boca - Y en cuanto a mi hermano, ¡Ni si quiera a besado a una chica! - Albus lo miro completamente indignado - ¿No tienen razones suficientes para hacer una cosa así? ¡No somos buenas victimas! ¡Están perdiendo el tiempo! - Albus se había tapado la cara con las manos mientras sentía sus mejillas arder de vergüenza

-James...

-¿Tengo razón? - James les dedico su mejor sonrisa.

-¡Basta! - Aquel grito rompió aquella extraña atmósfera. La reina de las Willis levanto la rama que llevaba en su mano y un remolino comenzó a formarse desde arriba. El viento se hizo mas fuerte y vieron con horror como los arboles cada vez se juntaban mas, haciendo que sus ramas se retorcieran entre ellas. James y Albus sacaron la varita con rapidez, pero ningún hechizo funciono en se momento, pareciera que su magia no era suficiente en aquel lugar. Las Willis comenzaron a girar a su alrededor, cada vez con mas rapidez, creando un circulo que se acercaba a ellos para tragárselos.

-Correr, debéis huir - Ambos jóvenes se giraron y vieron como Elizabeth permanecía a su lado - Debéis sobrevivir, debéis salvar mi vida y la de otros - James trago saliva y estuvo apunto de acercarse para besarla pero Albus se lo impidió agarrándole del jersey - Librarle de su castigo y hacer que vuelva a mi - El viento cada vez se hizo mas fuerte y ambos jóvenes sintieron como eran arrastrados hacia las Willis - Yo las detendré durante unos segundos pero debéis marcharos - Albus asintió y agarrando a James comenzó a correr hacia uno de los pocos huecos que quedaban entre los arboles. Consiguieron pasar gracias a la ayuda de Elizabeth y vieron como ella mantenía sus lánguidos brazos abiertos, impidiendo que las Willis pudieran traspasar el umbral.

-¡¡Te salvaremos!! - grito James con emoción mientras corría sujeto por su hermano - ¡¡Te lo prometo!! - Siguieron corriendo con rapidez, con la respiración entrecortada y las varitas en alto. Sin saber a donde iban o si habían tomado el camino correcto, el bosque era demasiado espeso, demasiado similar, no había manera de saber si estaban en el camino indicado. De repente ambos tropezaron y cayeron al suelo con fuerza. Albus toco su codo dolorido y limpio un poco la poca sangre que había aparecido por la rozadura. Se levanto con rapidez para seguir corriendo pero se dio cuenta de que James seguía en el suelo. El muchacho tenia el rostro convulsionado de dolor y sus brazos temblaban.

-James...- Albus trago saliva al darse cuenta de lo que había sucedido. James sonrió intentando relajarse y comenzó a levantarse lentamente mientras sus piernas temblaban - ¡¿Pero que haces, James?! - El muchacho había vuelto a caer al suelo presa del dolor y Albus corrió a socorrerle.

-Soy solo un estorbo - Dijo James sonriendo tristemente mientras se apoyaba en su hermano menor - Siempre te estoy fastidiado los planes - Albus no contesto, se limito a alzarle y a apoyarle en su espalda mientras rompía su camisa y le hacia un torniquete en la rodilla - Tienes que estar cansado de tener un hermano como yo.

-Deja de decir tonterías - Albus le corto enseguida y siguió vendando su rodilla amoratada - Jamas cambiaría a mi hermano por nadie - Aquellas palabras las murmuro lo suficientemente alto para que James lo escuchara. El joven se quedo mirando a su hermano menor con ternura y despeino su cabello azabache con una mano - No te preocupes, apoyate en mi y caminaremos con calma, creo que el peligro ya ha...- Se quedaron en silencio, el sonido de vestidos rasgando el aire se aproximaba hacia ellos, un frío helado golpeo sus espaldas y con horror ambos hermanos se miraron.

La Mansión de los Malfoy se alzaba como una fantasmal imagen. Un caserón abandonado y triste, el césped llevaba tiempo sin cortar y las estatuas del jardín comenzaban a presentar un aspecto descuidado y sucio. Los grandes ventanales eran tapados por cortinas de raso azul marino y el silencio era presa de un súbito temor que se expandía por toda la casa. En el salón central, el fuego de la chimenea era el único amago de luz de toda la sala, dejándola en una suave penumbra. Dos figuras observaban el fuego con ojos ausentes, perdidos en sus pensamientos mientras el fuego crecía en la chimenea. Delante de ellos, en un gran butacón, se encontraba un hombre de piel blanquecina como la muerte, largos dedos y uñas, ojos negros como la noche y unos labios finos y pálidos. A sus lados, dos grandes animales apoyaban sus peludas cabezas sobre las rodillas de aquel hombre, mientras sus dedos los acariciaba. Eran lobos. De repente la puerta se abrió y un grupo de hombres ataviados con capas negras de viaje apareció ante ellos. Draco y Astoria Malfoy se levantaron del sofá con la respiración entrecortada mientras veían como aquellos hombres arrastraban a un hombre desvalido y sucio. Maro que continuaba acariciando la cabeza de aquellos preciosos lobos de pelaje oscuro, alzo su imperturbable mirada y se quedo mirando al muggle que respiraba entrecortadamente a sus pies.

-Estoy impresionado con tu eficienciaa, querido Dalton - Su vozsonóósarcásticaa yfríaa, como una cruel burla dirigida a aquel pobre hombre que seretorcíaa en el suelo - Nuncapenséé que esas pequeñas criaturillas fueran tan útiles, eres realmente inteligente - El profesor Dalton temblaba en el suelo, tenia los ojos rojos y grande ojeras, la cara sucia y la vestimentaraídaa - Es una pena que te escondieras de el mundo mágico durante tanto tiempo - Draco y Astoria se miraron unos segundos sin comprender.

-No debe soltarlas - Murmuro el pobre hombre mientras tiritaba. Sentía el aliento de los dos lobos cerca de su cara - Son peligrosas para los seres humanos, no debe soltarlas - Maro sonrió con crueldad y movió su varita entre sus largos dedos mientras el resto de los hombres reía a su alrededor - No debe utilizarlas, por favor no lo haga.

-Basta - Maro dejo de sonreír y se levanto del butacón para acercarse a la chimenea. Con un movimiento de varita acerco al pobre hombre a la chimenea y se quedo cerca de él, tirado en el suelo y rozando la negra túnica de Maro - Esos animales no me sirven si no tengo lo que necesito - Se quedo mirando el fuego, su pálido rostro fue iluminado por las llamas y una imagen desagradable se creo en su rostro. Astoria tomo la mano de Draco y la estrecho entre las suyas.

-No debe utilizarlas - Sollozo aquel pobre hombre mientras sus ojos llorosos se alzaban - La muerte es irreparable, señor. No las utiliza - En el rostro de Maro se creo una mueca de asco y odio. Empujo al profesor Dalton y lo agarro de la camisa por el cuello mientras movía su varita frente a él. Astoria quiso adelantarse para ayudarle pero Draco se lo impidió.

-La magia se debe explotar, gente como usted solo la limita. - Murmuro arrastrando las palabras mientras alzaba a aquel pobre hombre que empezaba a no poder respirar - Un profesor de universidad...- Lo dejo en el suelo y sonrió con burla, asco y desprecio - Seguramente su hija se sorprendería, ha estado engañándola toda su vida.

-¡No! - El profesor saco fuerzas de donde pudo y alzo una mano suplicante. Astoria observo con horror como aquel hombre caía sobre el suelo y besaba la túnica de Maro - Haré lo que sea, no le cuente la verdad. Ella seria muy desgraciada, yo solo quería protegerla - Maro sonrió con malicia y se aparto del profesor para volverse a sentar en la butaca. Astoria aparto la mirada, no podía ver semejante escena, tan triste e inhumana. A su lado Draco, alzaba los ojos sin temor y con orgullo, aunque su mano comenzaba a temblar entre la tela de la túnica.

-Comprendo - Maro se quedo observandole y continuo acariciando la cabeza de los lobos con desenfado - Es usted muy considerado, profesor Dalton. Aun que su plan no termino funcionando, porque su hija se encuentra en un calabozo - El profesor Dalton bajo el rostro, intentando reprimir las lagrimas que salían de sus ojos - Si usted hace su trabajo, su hija jamas sabrá la verdad - El profesor asintió levemente, sin fuerzas para contestar - Bien, llevenselo - Varios hombres agarraron al profesor y comenzaron a arrastralo de nuevo hacia las mazmorras.

-Es usted un ser ruin y despreciable - Astoria apretaba las manos con mucha fuerza. Jamás había sido alguien muy valiente y era bastante codiciosa en algunos aspectos de su vida, algo egoísta, pero jamas había sido una persona vil y vengativa - Es solo una niña, no es peligrosa - Maro se giro lentamente hasta quedar frente a ella. Draco tomo su mano de nuevo y la arrastro a su lado. Quedo la sala en silencio mientras el repiquetear del fuego se escuchaba con mayor fuerza.

-¿Le provoca nostalgia? - Maro los observaba con interés, como si disfrutase de aquel momento y de aquella situación

  • Tengo entendido que esa niña tiene la misma edad que su hijo Scorpius. Mientras que él duerme tranquilo en Hogwarts esa niña solo tiene una manta y el frío suelo de un calabozo. La vida es injusta, ¿No le parece? - Sonrió, enseñando sus blancos y puntiagudos dientes mientras sus ojos negros brillaban maliciosamente
  • Eso suele suceder a diario, gente inocente que vive injusticias creadas por otros seres mientras el resto duerme y vive sin preocupaciones, sin deseos de enfrentarse a lo que sucede en el mundo exterior.

-Lo dice como si en algún momento usted hubiese formado parte de ese grupo de personas - Draco susurro las palabras con tranquilidad pero estaban repletas de desprecio hacia aquel hombre.

-Hace mucho tiempo, lo fui - Contesto con suavidad - Pero ya no soy la misma persona, se puede decir que me cambie de bando. No estoy dispuesto a que la vida vuelva a ser injusto conmigo - Sonrió con aquella calma tan fría y escalofriante - No se preocupen, desde mañana, esa niña se encargara de servir a su esplendido hijo - Draco sintió como una gota de sudor frío caía por su nuca, Astoria a su lado lo observo con miedo en los ojos. El viento golpeo los ventanales provocando un fuerte sonido de cerrojos y el fuego dejo escapar un leve gemido. Maro sonrió y se levanto lentamente mientras sus largos dedos movían su blanca varita de olmo- Scorpius esta preparado para llevar acabo el plan y espero que no me falle, porque sus vidas dependen de ello. El apellido Malfoy dependen de Scorpius.

En Godric's Hollow la nieve había desaparecido por completo. La pequeña iglesia daba las buenas tardes con las campanadas que acompañaban al sol anaranjado del crepúsculo. Las calles estaban tranquilas y los niños jugaban en el campo cercano, las señoras tomaban el té en el jardín, abrigadas por mantas y en el bar se escuchaban alegres canciones. En una de esas bonitas casas de madera y adoquin blanco, Harry Potter removía su café mientras observaba como Ginny intentaba meter a Ted dentro de una túnica de gala. Ambos corrían por toda la cocina mientras reían alegremente. Harry sonrió al ver como Ted caía sobre uno de los sillones y Ginny se tiraba encima de él para colocarle la túnica.

-Quedate quieto, Ted Lupin - Se quejo Ginny mientras forcejeaba con Ted para meterle la cabeza por el agujero de la túnica - Tienes que probarte esta túnica de gala antes de Fleur llegue, si no pensara que soy una completa incompetentee - Ted río burlonamente y dejo que la túnicaa resbalase por su cabeza. Su cabello, que hacia unos segundos era de color dorado se había convertido en un color azul oscuro. Ginny observo alegremente al muchacho y se giro hacia Harry - ¿Verdad que esta guapo? - Ted compuso una mueca a su padrino y alzo los brazos con resignación.

-Supongo que si - Contesto Harry mientras la cuchara removía el café por arte de magia. Ginny resoplo por la poca emoción que mostraban las palabras de su marido y se acerco para darle un suave golpe con el profeta de la mañana - ¡Ouch! Esa túnica es perfecta, Fleur no podrá criticarla en absoluto - Ginny sonrió más convencida y se quedo mirando a Ted con ojos pensativos.

-Me niego a ponerme uno de esos sombreros picudos de mago - Mascullo Ted por lo bajo mientras se observaba en el espejo de el salón - Son ridículos, ni que estuviéramos en la Edad Media - Se quejo el muchacho enfurruñado. Ginny le abrazo por los hombros, aun que el pequeño Ted había terminado siendo mas alto que ella - ¿Por qué tanto lío por una boda? - Se quejo suspirando.

-No te preocupes, nos desharemos de ese sombrero horroroso - Susurro Ginny con una mueca picara en el rostro. Ted asintió y ambos comenzaron a bailar al son de la música de Las Brujas de Macbeth que se escuchaba desde la casa vecina. Harry sonrió animado al verlos tan alegres. No podía evitar sentirse mayor y ver que el tiempo pasaba entre ellos, implacable para todos. Aún no podía creer que su pequeño Teddy estuviera a punto de casarse, aun recordaba la primera vez que tubo que cambiarle el pañal, o la vez en la que dijo su primera palabra delante de él, Ron y Hermione. También recordaba su primera carta de Hogwarts y sus ojos iluminados por las noches cuando le contaba a él y a James historias sobre los merodeadores. Ted estaba delante de él con aquella sonrisa sana y alegre, su pelo azul y sus ojos encendidos por la emoción de que en breves comenzaba una nueva etapa de su vida. Sus ojos verdes se pararon un momento en los de Ginny, ella sonrió dulcemente y supo que en ese momento ella comprendía como se sentía.

-¿Sabes lo que George quiere regalarme? - Ted dejo de bailar y se sentó en la mesa de la cocina al lado de Harry mientras se quitaba la incomoda túnica de gala - ¡Un inodoro parlante! ¿Te imaginas? No me imagino a Victoire utilizándolo, seguramente el pobre inodoro terminaría destrozado - Harry echo una sonora carcajada mientras Ted se terminaba el café que quedaba en la taza de su padrino - ¿Y tú que vas a regalarme?

-¿Es que tengo que regalarte algo? - Harry sonrió y escondió su cabeza tras El Profeta de esa mañana. Ted resoplo y bajo enseguida el periódico de su padrino - Si te lo contara ya no seria una sorpresa - Removió el cabello azulado de Ted que comenzaba a tornarse en una tonalidad morada. Harry y Ginny se lanzaron una mirada que Ted no capto en ese momento. Ambos habían estado recolectando fotos de Remus y Tonks, creando un pequeño álbum para Ted.

De repente y ante sus ojos, apareció un lince plateado que se poso lentamente en la mesa. Harry dejo El Profeta encima de la mesa y se quedo observando el precioso animal que abrió las fauces durante unos segundos. Era el patronus de Kingsley, el ministro de magia. Ginny observo preocupada al animal mientras dejaba la taza de café que había estado bebiendo sobre la repisa del lavaplatos. Entonces una voz tranquila y grave se escucho por toda la sala, la voz del ministro.

-Harry debes venir enseguida al Ministerio. Ha habido una fuga en Azkaban - Ted miro preocupado a su padrino y Ginny acaricio el hombro de Harry suavemente, aun que no podía esconder el pequeño temor que se escondía en sus ojos marrones. El lince se quedo unos segundos más flotando sobre la mesa y después desapareció, dejándolos en el mas profundo silencio. Harry había caído en una especie de trance y entonces sintió aquel sudor frío que unos días antes había sufrido en el ministerio. Alguien le había estado vigilando y aquel suceso solo confirmaban sus sospechas.

Continuara...

¡Hola mis queridos Lectores!

Aquí esta el capitulo treinta y dos. Espero que os haya gustado y que la espera no se haya echo eterna. La verdad que ha sido una semana dura y estoy algo triste últimamente por algunos asuntos de mi vida personal. Así que bueno, espero que no afecte a mi forma de escribir. Bueno supongo que aun estáis super perdidos en todo esto, aun que yo creo que poco a poco se van colocando las cosas, pero como siempre os digo no os preocupéis.

En el próximo capitulo. ¿James y Albus regresaran a Hogwarts sanos y salvos? Un tierno momento entre dos personas...¿Scorpius cumplirá con su cometido? ¿Habrá sucedido algo en Hogwarts mientras James y Albus no estaban? ¿Harry volverá a Azkaban?

Como hoy ha sido una semana un poco dura, solo puedo agradecer de corazón a todos los que me comentáis en cada capitulo o en varios de ellos. La verdad que muchas personas han quitado la historia de favoritos y otras tantas jamas comentan aun a pesar de leer otras historias y escribir también. La verdad que estoy algo sensible, por eso muchísimas graciasa todos los que me comentáis y leéis tan fielmente, siempre animándome con vuestras palabras, no puedo quejarme realmente, porque son maravillosos lectores. Muchísimas gracias, esta historia continua por vosotros.

Como siempre. Deja tu comentario, como dijo Charle Chaplin. Pensamos mucho y sentimos muy poco. (Que sentimental estoy ajaja)

No pienses mas y dale una alegría a la escritora de este fic.

¡Nos vemos en el próximo!

¡Muchos besos para todos!

Pluma Cisne

Irene.