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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 33

La luz grisácea de la mañana se colo por las rendijas de la ventana. Un foco de luz cayo sobre la cama, las sabanas eran de raso blanco y un suave movimiento produjo un sutil oleaje. El silencio se expandía por toda la habitación mientras los primeros rayos de sol daban la bienvenida a un nuevo día. Draco Malfoy se encontraba apoyado sobre la cabecera de la cama. Su rostro se encontraba más pálido de lo normal y presentaba ojeras marcadas que demostraban que le costaba conciliar el sueño por las noches. Sus cansados ojos grises se perdían en el vacío mientras la luz del día, lentamente se hacia con el control de la habitación. Giro el rostro hacia su derecha y se quedo observando el rostro escondido de Astoria, tapado por sus cabellos castaños. Con una pálida mano, acaricio uno de los mechones de pelo y suspiro resignadamente. Astoria abrió los ojos y sonrió sutilmente, de forma soñolienta, como si no recordara la situación en la que se encontraban. Entonces se alzo y acerco su rostro al de Draco para regalarle un suave beso de buenos días. Se aparto un poco para mirarle a varios centímetros de su rostro.

-Quedémonos en la cama un poco mas - Murmuro Astoria cerrando los ojos y apoyando su mentón en el hombro de Draco. Este sonrió sutilmente y acaricio el cabello de Astoria con la mano derecha mientras besaba su frente. La admiraba, realmente no se merecía una mujer como ella, pero ahí estaba, a su lado, sin bajar el rostro y tendiéndole la mano a pesar de las dificultades.

-Es tarde, debemos levantarnos - Deseaba hacerle caso y no salir de aquella habitación durante días o durante años. Desaparecer era su mayor deseo. Pero su hijo Scorpius le necesitaba y ante todo era su padre. El hijo mediano de Harry Potter le traía sin cuidado y tampoco le importaba lo que sucediera en Hogwarts o las muertes que podría provocar la loca y desquiciada mente de Maro. Pero su hijo se encontraba metido en todo aquel problema por lo que no podía salir aun que lo deseara. Por un momento detestaba que su hijo se hubiese echo amigo de Albus Potter, esa familia solo traía problemas. Jamás le había dado el visto bueno a su hijo y nunca había aceptado del todo su relación con aquel Harry en miniatura, pero sabia que si discutía con Scorpius sobre Albus, solo saldría herido y Scorpius se alejaría de él. Después de todo Draco Malfoy seguía siendo Draco Malfoy.

Se vistieron y salieron de la habitación desordenada. Justo en ese momento apareció por las escaleras, la única criada que quedaba en la casa y que se había negado a salir de la mansión, manteniendose leal a la familia Malfoy. La pareja paso por delante de la habitación de Scorpius que se encontraba con la puerta cerrada y Astoria observo el rotulo del nombre de su hijo con ojos melancólicos. La criada se perdió por el pasillo de la derecha, en sus manos llevaba una bandeja con el desayuno, por lo que supusieron que anciana Narcissa no estaba en condiciones de bajar. Bajaron por las ultimas escaleras de piedra y llegaron al comedor, iluminado por una luz cenicienta. Frente a ellos y sentado en la silla presidencial de la mesa, se encontraba Maro. Su plateada cabellera caía sobre sus hombros mientras sus negros ojos se clavaban en ellos como dagas oscuras. Se sentaron lentamente aunque ambos habían perdido el apetito por completo. La luz del día les parecía deprimente y triste.

-Hoy es un gran día - Maro sonrió, dibujando una sonrisa delgada y fría sobre su afilado y pálido rostro. Los dos lobos aparecieron cerca de sus rodillas y Maro los acaricio lentamente con unos dedos huesudos. Draco y Astoria no contestaron, se limitaron a beber su café en silencio mientras escuchaban el repiqueteo del fuego de la chimenea. Jamas habían visto a Maro comer o beber, era como si no lo necesitara. El estado de animo de Maro parecía optimista, como si hubiese sucedido algo que ellos no sabían. Los Malfoy sabían que su hijo, en pocas horas tendría que llevar acabo su supuesto trabajo en Hogwarts. Se miraron, pensando lo mismo, sabiendo que quizás aquel era el último día delante de esa mesa, quizás el ultimo día en aquel comedor, quizás su ultimo día. Los hombres de Maro les habían arrebatado las varitas y por ahora no habían conseguido recuperarlas. Quitarle una varita a un mago, producía una sensación desagradable, como si le arrancasen a uno, una parte de su propio cuerpo.

Draco lo ignoraba con arrogancia, aun que por dentro siempre sentía un súbito miedo. Draco odiaba que se sentara en aquel lugar de la mesa como si fuera el señor de la casa, lo humillaba de nuevo, después de tanto tiempo, sentía como su casa y su nombre era humillado otra vez y no podía soportarlo, él seguía creyendo que la familia Malfoy era después de todo, una de las grandes y antiguas familias del mundo mágico, por lo tanto su orgullo suponía algo muy importante. Pero de nuevo era sometido por un intruso, pero esta vez Draco no había deseado formar parte de aquella contienda contra Potter o contra lo que fuera. Él solo quería pensar en si mismo y en su familia, lo que sucediera fuera de las murallas de su mansión no le interesaba. Pero de nuevo, aquella sensación tan agobiante y desagradable. Lo había sentido una y otra vez, cuando Voldemort humillaba a su padre, delante de todos los mortifagos, en su propia casa. Draco se dio cuenta de que Maro lo observaba con una sonrisa helada en el rostro. Estaba seguro de que se había dado cuenta de lo que pensaba.

De repente comenzaron a escucharse fuertes pasos y la puerta de roble se abrió con estruendo. Draco y Astoria se levantaron enseguida pero Maro continuo sentado y con un movimiento de varita, giro la silla lentamente, quedando frente a la puerta. Después de unos minutos, los pasos comenzaron a acercarse cada vez mas, la puerta continuaba abierta y una ráfaga de viento helado se adentro en el comedor. Por ella entraron todos los hombres de Maro, con sus capas negras rozando el suelo y produciendo un sonido de rasgueo. Se pararon en seco y Maro sonrió lentamente, creando en su boca una linea pálida. Draco y Astoria pudieron ver como los hombres encapuchados de Maro se separaban entre ellos, creando un circulo a su alrededor. En medio de aquel circulo quedaron varias personas, de ropajes algo polvorientos y cara desgastada por el tiempo. Observaban a su alrededor como si no comprendiesen que estaba sucediendo, algunos de ellos abrieron los ojos con sorpresa al reconocer donde se encontraban y luego miraron a Draco como si no pudiesen creer lo que estaba sucediendo. Draco los miraba con confusión, sin comprender porque aquel grupo de extraños había entrado en su casa. Se giro hacia Maro, dispuesto a pedirle una explicación, pero no hizo falta porque Maro se levanto enseguida y se acerco hacia aquel grupo de individuos.

-¿Reconocen esta casa? - La pregunta trajo por sorpresa tanto a Astoria como a Draco pero parecía que Maro sabia lo que estaba haciendo y diciendo. Varios de ellos asintieron lentamente. Astoria miro a Draco con ojos asustados pero su marido se mantenía con los ojos clavados en esos nuevos individuos - Puede que la memoria le juegue una mala pasada, señor Malfoy - Maro se giro de nuevo para clavar sus ojos negros sobre Draco - Era usted muy joven y estaba asustado, quizás no pueda reconocer estas caras tan desgastadas por el tiempo

  • Sonrió con burla como si le divirtiera jactarse de aquellos momentos de la vida de Draco - Quizás por ese entonces, usted se sentía superior a ellos, porque era de la élite de los mortifagos, los seguidores mas fieles de Lord Voldemort - El nombre del antiguo señor Tenebroso sonaba extraño en los labios de Maro.

-No entiendo a que se refiere - Contesto Draco con desdén sin mover un musculo de la cara. Maro ensancho su sonrisa mientras un dedo alargado se acercaba a la tez blanquecina de la única mujer del grupo.

-Ellos también fueron mortifagos

  • Maro acaricio la mejilla de la mujer mientras miraba a Draco con ojos centelleantes - Quizás usted se cruzara con ellos un par de veces, pero jamas si intereso en estas pobres almas, en sus vidas. Usted al igual que el resto de su familia y amigos íntimos, creían que eran los servidores incondicionales de Lord Voldemort, pero al fin de cuentas el trabajo sucio terminaban haciéndolo ellos - La mujer había bajado la cabeza unos segundos, escondiendo el rostro entre sus ropas.

-¿No recuerdas a Travers? - Draco vio como de detrás de la mujer aparecía un hombre ya entrado en años. La saliva desapareció de su boca y sintió como el tiempo le arrastraba hacia el pasado, recordando como en aquella misma habitación, Voldemort había ordenado a Travers proteger la cámara de los Lestrange. Travers y Malfoy se miraron unos segundos, el silencio se apodero de la sala, calando en todos los individuos como si fueran cuchillos afilados y helados. Draco miro a Maro con asco y repugnancia, de nuevo lo estaba haciendo, le estaba humillando. Aquella sonrisa demostraba el goce que experimentaba al mostrarle momentos de su pasado.

-Supongo que tampoco recuerdas a tu antiguo compañero, Theodore Nott - Draco vio como un hombre de su misma edad salia de las sombras. Los años desaparecieron ante ellos, ambos compañeros de casa se quedaron mirando en silencio. Hogwarts quedaba muy lejos, sus aulas, sus pasillos y sus terrenos, eran como una especie de sueño lejano al que jamas podrían regresar. Theodore siempre había sido un muchacho solitario, delgaducho y de complexión débil. Había presenciado la muerte de su madre cuando solo eran un niño y su padre había sido un importante mortifago en las lineas de Voldemort. El joven e inexperto Nott fue tomado a la fuerza por el señor tenebroso para saldar los errores de su padre tras haber sido atrapado en el Ministerio de Magia en su quinto año en Hogwarts. A diferencia de Draco, Nott jamas se había sentido cómodo en aquella situación, aun que se burlaba de los hijos de muggles y mantenía aquella actitud de familia sangre pura, jamas se relacionaba en grupos y prefería estar solo. Verle en aquel estado hizo que Draco sintiera un extraño nudo en el estomago. Astoria que también le había reconocido, se tapo la boca con una temblorosa mano.

-Hola, Malfoy - Su voz sonó ronca e irreconocible. Después de todo, Draco se dio cuenta de la suerte que había tenido tras la guerra. Se les considero desertores y tuvieron que marcharse un tiempo de Inglaterra hasta que los ánimos se calmaron. Harry Potter jamas volvió a dirigirle la palabra y nunca volvieron ha hablarse a pesar de encontrarse en alguna situación. Pero Draco sabia que Harry, en algún momento había mostrado una actitud especial hacia él, dejando a la familia Malfoy al margen de todo lo sucedido. Se puede decir que era un favor mutuo. No había sentimientos de por medio, por que ninguno sentía aprecio por el otro. Harry simplemente recordó las palabras de Dumbledore, después de todo Draco Malfoy jamas había sido un asesino. Después de todo, Narcissa Malfoy había ayudado a terminar con Voldemort cuando decidió mentir por amor a su hijo, para Harry eso fue suficiente.

-¿Por qué haces esto? - Draco se dirigió hacia Maro con voz desafiante.

-La vida se ha vuelto insoportable, llevo tanto tiempo esperando... - Contesto de repente con voz seca y grave mientras se alejaba hacia la chimenea - La única manera de protegerla y mantenerla a mi lado es ser fuerte, poderoso - Murmuro perdiendo sus ojos negros en las llamas del fuego. Draco arrugo el entrecejo - El poder es la única arma para conseguir seguridad y control - Sonrió creando una linea en sus pálidos labios - Conseguiré lo que muchos magos ansiaban, incluido el mismísimo Voldemort. La muerte no podrá resistirse a mi poder y estaré preparado para que la vida tampoco pueda resistirse.

-¿Por qué deberíamos unirnos a su causa? - Uno de los hombres que había en la primera fila se adelanto, la única mujer tomo su mano para retenerla pero el hombre no le hizo caso. Draco no los reconoció, en aquellos tiempos había demasiados mortifagos que lucharon en nombre de Voldemort en la batalla de Hogwarts, pero pudo darse cuenta de que no eran mucho mas mayores que él. Maro se había girado lentamente hacia ellos y varios hombres dieron un paso hacia tras temerosos.

-Los Killian - Maro se recostó sobre el sillón que había cerca del fuego y los observo durante unos segundos con las pálidas manos entrelazadas - Tengo entendido que su hijo Remo era muy pequeño cuando se lo arrebataron de sus brazos - La mujer sintió como le fallaban las piernas y el hombre tubo que sujetarla con los brazos. Maro sonrió alzando el mentón con tranquilidad, mientras sus ojos negros brillaban por momentos. Sabia como hacer daño a las personas y era lo que mas disfrutaba, ver sus ojos llorosos, sus corazones destrozados y sus rostros pálidos. La mujer sollozo mientras miraba a Maro con el rostro descompuesto.

-¿Por qué nos recuerda algo así? - Pregunto el hombre con voz dura.

-Su hijo se encuentra en Hogwarts ahora mismo, es un estudiante modelo y tiene muchos amigos - Maro observo la reacción de la pareja. La mujer se había tapado la cara con las manos mientras sollozaba en el pecho del hombre, este intentaba mantener la compostura pero su rostro también comenzaba a desencajarse - Yo puedo guiarles hasta él, solo tienen que seguir mis intrucciones al pie de la letra - Astoria iba a replicar con fuerza al ver como Maro utilizaba aquella excusa barata para ganarse su apoyo, pero Draco la detuvo con rapidez agarrándola del codo. Observo como Maro miraba fijamente a la pareja de ex mortifagos, se dió cuenta de que decia la verdad y que aquel muchacho existia y se encontraba en Hogwarts. Entonces comprendió que Maro habia estado utilizando aquella tecnica rastrera para desenterrar el dolor que habia quedado en el pasado, casi olvidado, habia abierto una brecha en la confianza de las personas y se apoderaba de sus torturados corazones muy lentamente.

-¿Acaso no han ansiado ese momento durante mucho tiempo?

Mientras tanto el día también saludaba a Hogwarts. El colegio había ido despertando poco a poco, acompañado de los primeros rayos solares. La nieve había desaparecido por completo de las montañas y dejaban entrever las verdes praderas, un viento fresco y suave soplaba desde el norte. El murmullo interrumpía en el gran comedor, donde los primeros alumnos y profesores comenzaban a desayunar. Las primera lechuzas llegaban repletas de cartas y paquetes, volando sobre la bóveda del gran comedor. En uno de los pasillos cercanos, se encontraba la menor de los Potter. Caminaba con rapidez dirigiéndose hacia la enfermería. Al llegar a la puerta medio abierta, asomo su pelirroja cabeza mientras miraba a su alrededor. La señora Pomfrey no se encontraba en el lugar, Magnolia pasaba las paginas de un libro, sentada delante de la mesa del despacho. Lily dirigió sus ojos hacia la camilla de su hermano mayor, pero James no se encontraba en ella. La muchacha arqueo una ceja y dio un paso hacia delante para introducirse en la sala, pero algo se lo impidió. Cuando alzo la mirada, se dio cuenta de que en la camilla de Hero habían demasiados bultos. Sus ojos se abrieron con sorpresa al darse cuenta de que apoyado en la almohada se encontraba la desordenada cabellera de James. Su hermano mayor abrazaba a su mejor amiga mientras esta se perdía entre sus brazos, escondiendo su cara al exterior. Ambos dormían aun y sus respiraciones eran acompasadas y suaves. Lily se quedo de piedra, como si se sintiera una extraña repentinamente, rompiendo aquel momento tan initimo que solo les pertenecia a ellos. Se debatió entre entrar o darse la vuelta y marcharse por donde había venido. Estaba a punto de girarse cuando noto como alguien se colocaba detrás de ella y miraba por la puerta entreabierta. Alzo los ojos y pudo ver el rostro de Lorcan muy cerca del suyo. Sus ojos azules estaban fijos en la pareja durmiente y una sonrisa ladeada se creo en su rostro. Lily trago saliva.

-Ya era hora ¿No te parece? - El muchacho aparto los ojos de su mejor amigo y la miro fijamente mientras aquella sonrisa ladeada se volvía mas suave. La muchacha asintió torpemente, encogida debajo del cuerpo de Lorcan. Ambos jóvenes se observaron unos segundos y luego Lorcan se separo lentamente - Volvamos a clase, creo que deberíamos visitarlos en otro momento - Lily asintió y le siguió mientras se alejaban de la enfermería.

Caminaron lentamente sin mirarse y sin decir nada. Era la primera vez que Lily se sentía incomoda en presencia de Lorcan, generalmente la muchacha se comportaba alegre y despreocupada con él, haciendo que la reserva del muchacho desapareciese. Lo conocía desde que eran niños y le resultaba ridículo sentirse de esa manera, sobretodo porque pensaba que podía controlar sus sentimientos después de tanto tiempo. Pero aquel día, Lily se sentía extraña y algo descolocada. Caminaba sin rumbo, con las manos escondidas en la túnica y los ojos perdidos. Algo en el ambiente del colegio la hacia sentirse intranquila, insegura, como si hubiese olivado algo importante o simplemente tuviese un mal presentimiento. Lorcan se dio de cuenta de la extraña actitud de la muchacha y la observo disimuladamente mientras caminaba a su lado, con las manos en los bolsillos. Lorcan suspiro y levanto la barbilla haciendo que su largo cabello rubio acariciase sus hombros.

-Lo haré - Murmuro haciendo que Lily le mirase con confusión - Te daré clases de pociones, los TIMOS se acercan y me temo que eres una negada para esa asignatura - Lily abrió la boca sorprendida mientras Lorcan seguía caminando. El muchacho sonrió mientras bajaba la cabeza, tapando su rostro sonriente con el pelo - ¿No piensas agradecérmelo? - Pregunto mientras sus ojos azules se alzaban para clavarse en ella.

-¿A que viene ese cambio de parecer? - Contesto la muchacha arqueando una ceja mientras lo observaba - ¿Es que quieres algo a cambio? - Lorcan echo una carcajada y negó con la cabeza mientras la observaba. Lily arrugo la nariz, dándole a su aspecto un carácter infantil y gracioso - ¿Mi hermano te ha amenazado? - Lorcan suavizo su expresión y su rostro volvió a relajarse, mostrando su actitud tranquila.

-Un simple gracias hubiese bastado - Contesto sin reproche mientras miraba hacia delante. Lily se quedo unos segundos en silencio y luego una suave sonrisa se creo en su rostro - ¿Por qué sonríes? - Pregunto mirándola de reojo, Lily parecía la de siempre, había vuelto la luz a su mirada y el color a sus mejillas.

-Siempre consigo lo que me propongo, sabia que tarde o temprano me ayudarías a pasar el TIMO de pociones - Contesto picaramente mientras comenzaba a caminar con mas soltura. Estaban llegando al final del pasillo y podía escucharse el sonido de las voces del resto de los alumnos en el gran comedor - La próxima vez, conseguiré que te cortes el pelo, comienza a estar demasiado largo - Lorcan arqueo una ceja por primera vez. No era un joven al que le preocupase mucho su aspecto físico - No me pongas esa cara, ¿No confiás en mi?

-El día que me deje cortar el pelo por ti, sera el día en que Rose Weasley acepte las originales ideas de mi hermana Lysander - Contesto el muchacho con voz suave y esponjosa mientras una sonrisa se creaba en su rostro. Lily echo una risita cantarina mientras empujaba juguetonamente al joven. Ambos se miraron y sonrieron un momento, sintiendo que volvían a la normalidad durante unos segundos. Lorcan sintió de nuevo aquel nudo en el estomago. Estaba a solas con ella, en un pasillo vació y silencioso, como había estado esperando desde hacia mucho tiempo. Quizás ese era el momento de sincerarse con ella y dejar de temer a la respuesta que podrían salir de sus labios. Si caminaban un poco mas, habría demasiados ojos curiosos que los observarían. Tenia que ser en ese momento, aquel era la situación indicada para hacerlo. ¿Tendría el valor? Lily le observaba con sus ojos brillantes y su sonrisa radiante mientras su pelirrojo cabello se mecía con el viento que entraba por las corrientes de aire. Se mantenía tranquilo y frío exteriormente pero en su interior se libraba una batalla. No sabia como explicarlo, como iniciar la conversación, jamas había experimentado nada parecido. Tantos años de niñez y adolescencia no servían en aquel momento.

-Lily...-Lorcan se paro en seco mientras la miraba fijamente. La muchacha se giro con ojos sorprendidos, quedando frente a él. No podía expresar lo que en ese momento podía estar pasando por la cabeza de su compañero; los ojos de Lorcan brillaban pero el resto de su expresión era una mascara relajada e inexpresiva, era imposible imaginarse que por dentro se estaba librando una batalla mental. De repente se sintió ligeramente nerviosa y se quedo estancada sobre el suelo, como si no pudiese moverse. Frente a fente, mirandose, sintiendo que el corazón iba a estallarles en cualquier momento - Lily...

-¡Lily!

La muchacha se dio la vuelta con un sobresalto mientras veía el rostro crispado de Eamon delante de ella. Lorcan sintió como un ira recorría su interior y lanzo una mirada de oídio al muchacho que le había robado su momento. Sus mejillas se sonrojaron y aparto la mirada con violencia, intentando olvidar lo que acababa de ocurrir. La muchacha, por el contrario, trago saliva al ver a Eamon y de un plumazo recordó todo lo que había sucedido la noche anterior. Llevaban tiempo sintiendo que su relación comenzaba a ir mal. Al principio ella se sentía muy a gusto con Eamon e incluso era feliz, pero poco a poco se dio cuenta de que necesitaba algo mas que Eamon muy a pesar no podía darle, no sabia el que, pero algo faltaba en su interior que no la hacia sentirse del todo satisfecha. Aquella noche, Lily y Eamon habían vuelto a discutir por algo banal y tonto. Eamon le había montado un numerito en mitad de uno de los pasillos, delante de muchos estudiantes y eso era algo que Lily no podía soportar. Ya había suficientes habladurías sobre ella por ser Lily Potter y no necesitaba que Eamon echara leña al fuego. Lo que mas odiaba la joven de los Potter es que la controlaran y la montaran escenas teatrales en sitios públicos, no podía soportarlo. Sabia que Eamon era un buen chico y le quería de verdad, pero esa fue la gota que colmo el vaso y decidió cortar por lo sano. Eamon no tuvo tiempo de dar su opinión sobre la ruptura porque Lily salio corriendo hacia la sala común de Gryffindor, dejandole en mitad del pasillo con la palabra en la boca. Técnicamente y en teoría, Lily había decidido dejar a Eamon, aunque no habían tenido en ningún momento una charla decente sobre el tema. Así era Lily Potter.

-Eamon... - La muchacha tartamudeo varias veces mientras sentía los ojos claros de Eamon clavarse en los suyos. El capitán del equipo de quidditch de Hufflepuff lanzo una mirada asesina a Lorcan que se mantenía con los ojos apartados y las manos metidas en los bolsillos como si aquello no fuera con él - ¿Puedes dejarnos a solas? - Lorcan giro su rostro con lentitud, sin mostrar ningún tipo de expresión mas allá de la calma. Lily lo observo, suplicándole con los ojos que no la dejara sola. Sabia que era una niña egoísta y que debía enfrentar a Eamon, que no estaba bien hacer las cosas de esa manera pero en aquel momento no se sentía con fuerzas ni ganas para comenzar una conversación de ese estilo con Eamon - ¿Es que acaso no me has escuchado? - Pregunto de nuevo con voz amenazante. Lorcan le ignoro y miro a la pequeña de los Potter, la muchacha le suplico con los ojos.

-Creo que me quedare - Contesto con simplicidad. Su voz suave y empalagosa se alzo tranquila y relajada mientras se mantenía al lado de Lily con las manos metidas en los bolsillos y el rubio cabello cayendo por su rostro. Eamon apretó los puños con fuerza y mascullo varias palabrotas. Lily se giro lentamente, quedando frente a Eamon de nuevo, sintiendo la presencia de Lorcan detrás de ella lo que hacia que respirara mas tranquila

-Tenemos que hablar, no podemos dejar las cosas de esta manera - Murmuro acercándose un poco mas. Lorcan abrió los ojos con sorpresa al darse cuenta del rumbo que tornaba la conversación. Miro de reojo a Lily y se dio cuenta que la muchacha había decidido dejar a Eamon. De alguna manera sintió como su estomago comenzaba a bailar y una súbita alegría le recorría de arriba abajo, como lava caliente. Al ver al otro muchacho no podía sentir lastima, pero de alguna manera era feliz y deseaba que aquel jugador de quidditch se largara de una vez por todas.

-Eamon ya hablamos ayer...

-¡No! ¡Tú hablaste ayer! ¡A mi no me dejaste opciones! - Lorcan salio de su pequeña ensoñación y fijo su mirada en el rostro crispado de Eamon. Lily había palidecido repentinamente y varios alumnos asomaron sus cabezas por el pasillo al escuchar los gritos - ¡Tú nunca escuchas a los demás, Lily Potter! ¡Siempre hay que hacer las cosas a tú manera! ¡Nunca te paras a pensar en las consecuencias de tus actos! ¡Yo no soy perfecto! - Lorcan observo como los ojos de Lily temblaban en sus pupilas y supo que la muchacha estaba reprimiendo el llanto. Eamon paro unos segundos con la respiración entrecortada - Pero no tengo miedo a enfrentarte, después de tanto tiempo creo que una explicación era lo menos que me podía merecer...

-Basta

  • Ordeno Lorcan cambiando su tono de voz por uno mas duro. Lily había bajado la mirada y pudo ver como una solitaria lagrima caía por el jersey gris del uniforme. Eamon le ignoro y siguió observando a la muchacha, con ojos derrotados y cansados. Para entonces un grupo de personas se había acercado para escuchar la conversación y cuchicheaban entre ellos. Lily susurro un suave y casi inaudible ''Lo siento'', alzo los ojos con valor y enfrento al muchacho con decisión. Lily Potter podía ser muchas cosas pero no era una persona cobarde. Eamon la observo durante unos segundos, dándose cuenta de que no había vuelta atrás y que Lily Potter jamas volvería a su lado.

-Siempre estuviste enamorada de él - Murmuro Eamon con voz derrotada y cansada. Fijo sus ojos en Lorcan durante unos segundos y luego la volvió a fijar en la muchacha. Esta había palidecido al escuchar aquella frase repentina que salia de los labios de Eamon con una ráfaga helada para sus oídos - Jamás pude competir contra eso, él ya tenia la batalla ganada - Se giro, apartando de un empujón al grupo de alumnos que se habían quedado en silencio observándoles. Lily contuvo la respiración mientras sus ojos seguían clavados en Eamon que se alejaba por el pasillo. No podía girar su rostro y encontrarse con aquellos ojos azules que tan bien conocía, era incapaz de mirarle a la cara después de aquellas frases.

-Debo marcharme - Susurro Lily echando a correr con rapidez y perdiéndose entre los alumnos que se giraban para mirarla y cuchichear. Lorcan se quedo pegado al suelo, con sus ojos azules clavados en la nuca de Lily Potter, que se alejaba por el pasillo, meneando su pelirroja cabellera. Quiso correr tras ella, pero algo se lo impedía. Todo había sucedido demasiado rápido.

El mar del norte rugía con fuerza aquella mañana. Las olas chocaban contra la prisión de Azkaban, sin ningún tipo de compasión. Las aguas oscuras oscilaban con fuerza mientras el aire salado golpeaba el rostro de varios hombres montados en escobas voladoras. Harry y Ron volaban con rapidez hacia la prisión mágica seguidos de varios aurores. Aun que se trataba de un asunto muy serio, Ron Weasley no podía evitar tener una sonrisa de oreja a oreja pintada en el rostro. Después de todo era su primer trabajo oficial como auror, aun que su nombre era bien reconocido en el departamento desde hacia ya mucho tiempo. Harry observo la prisión desde lo alto, mientras el viento salado movía su cabello azabache y hacia temblar sus gafas circulares. Pudo comprobar que la prisión continuaba intacta y que no se había dado ningún tipo de explosión o algo parecido. Descendieron lentamente hasta llegar a la puerta principal que se encontraba en uno de los lados. La puerta se abrió rápidamente y todos los aurores entraron con rapidez, alejándose del viento bravamente y frió del mar. Ron observo a su alrededor y abrió la boca varias veces al ver el aspecto de la prisión desde dentro.

-No me la imaginaba así, resulta menos tétrica de lo que pensaba - Comento Ron con aire soñador mientras observaba a su alredor como un niño curioso. Harry arqueo una ceja, imaginando que Ron se pensaba que en Azkaban debía a ver artefactos de tortura clavados en las paredes - Estoy seguro de que Hermione se está muriendo de envidia en estos momentos - Harry dudaba que su mejor amiga desease estar en una prisión en esos momentos, pero dejo a Ron seguir soñando mientras miraba a su alrededor. Varios aurores fueron a su encuentro y Harry intento secarse la capa de viaje que había sido mojada por el viento salado del mar.

-Buenos días señor Potter - Uno de ellos le saludo cordialmente estrechándole las manos, Harry contesto al saludo mientras el resto de aurores se colocaba detrás de él - Malas noticias, siento que haya sucedido todo esto, imagino que estará usted repleto de trabajo - Ron hizo un ruido raro con la boca.

-Dígame lo que ha sucedido - Contesto Harry con tranquilidad mientras miraba a su alrededor - Veo que la prisión no ha sufrido daño, ¿Puede explicarme como han podido salir todos estos prisioneros de Azkaban? - Su voz era tranquila e intentaba ser educado, pero Harry comenzaba a perder la paciencia y no sabia porque. Miro a su alrededor sintiendo aquella extraña vibración que tantas veces le había acompañado en esas ultimas semanas.

-No lo sabemos con exactitud, Señor Potter - Contesto algo avergonzado el segundo auror. Harry y Ron se miraron algo sorprendidos con la respuesta. Ambos aurores los observaron nerviosos mientras movían sus pálidas manos - Se puede decir que quedamos inconscientes y al poco rato despertamos, cuando nos dimos cuenta, habían desparecido varios prisioneros.

-Comprendo - Contesto Harry con calma.

-Menudos torpes - Murmuro Ron componiendo una mueca. Su mejor amigo le lanzo una mirada de aviso para que fuera mas cauteloso y también mas comprensivo con los hombres que tenia enfrente de él. Ron suspiro resignado mientras sus mejillas se sonrojaban.

-¿Pueden darme una lista exacta de quienes son los desaparecidos? - Pregunto Harry observando a su alrededor de nuevo. Uno de los aurores asintió y desapareció por uno de los pasillos de piedra haciendo resonar sus gruesas botas en el oscuro pasillo - ¿No recuerdan absolutamente nada de lo que sucedió? ¿Ningún detalle? - El auror que se había quedado de pie frente a él se quedo pensando, haciendo un esfuerzo por recordar algún detalle que se le hubiese escapado. De repente su rostro palideció y se quedo mirando a la nada durante unos segundos - ¿Y bien? - Harry lo miro con impaciencia, a su lado Ron tenia la misma cara de concentración.

-Creo recordar muchas mariposas - Murmuro enrojeciendo de repente. Ron suspiro resignado mientras se giraba y les decía a los jóvenes aurores *''No debéis ser así de torpes jamas''*Harry por el contrario se quedo observándole, sintiéndose algo decepcionado por el comentario, pero aun así sintiendo que resultaba muy extraño que un grupo de mariposas apareciera en alta mar por casualidad - Lo siento señor Potter, no sabemos que sucedió.

-No te preocupes

  • Contesto Harry sonriendo suavemente. El segundo auror llego con pasos rápidos hasta ellos, trayendo un pergamino en su mano derecha. Lo alzo hacia Harry y este lo tomo con rapidez. Comenzó a leer precavidamente mientras su rostro comenzaba a palidecer a cada nombre que pasaba entre sus ojos. Ron al ver la palidez de su amigo, se acerco a él y le meneo los hombros.

-Harry, Harry ¿Qué sucede? - Harry clavo sus ojos verdes en los de Ron y le entrego el pergamino con lentitud. Ron comenzó a leer los nombres con ansia y curiosidad, muchos de ellos le sonaban y otros los reconocía a la perfección. La gran mayoría de ellos eran antiguos mortifagos y entre esos nombres se encontraban los padres de Claudio.

Continuara...

¡Hola mis queridos Lectores!

Aquí les dejo el capitulo treinta y cuatro que siento que no es el mejor de los capítulos pero bueno. Esta semana ha sido un poco locura porque ademas he tenido a mi madre de visita así que eramos dos y un ordenador, ha sido un poco locura. En fin he acabado este capitulo hoy son las doce y cuarenta y nueve de la noche y al fin he acabado (No podía mas) Espero que aun que no es de los mejores capítulos al menos no os haya decepcionado.

En el próximo capitulo: Albus tendrá una conversación con Lysander que le ayudara en cierta forma, Rose y Scorpius, ¿El joven Slytherin pedirá ayuda? James y Hero, un despertar y una charla con los merodeadores...Eso y mucho más en el próximo capitulo.

Millones de gracias a todos mis lectores, ya son 14.190 visitas, esas son muchas visitas. Sobre todo y como siempre a mis queridos lectores que me dejan esos maravillosos comentarios. Soy una rayada y debería cambiar ya mi forma de agradecer pero es que de verdad, cada comentario es una especie de...(no sé como explicarlo) Son realmente gratificantes así que muchas gracias.

Una chica me pregunto sobre si podía contactarse conmigo. Si alguna quiere contactarse conmigo - (este es mi email, no os rías es realmente ridículo, tengo otro pero es de trabajo) Sino os dejo mi facebook...Irene Garcia Torres, pero eso si, tenéis que decir que sois de Potterfics.

A los nuevos y a los que nunca comentáis. ¿Lo tengo que repetir de nuevo? No seas agua fiestas y deja un comentario. Se te agradecerá de verdad,

Miles de besos

¡Hasta el próximo capitulo!

Pluma Cisne

Irene.