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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 35
La cena había comenzado en el gran comedor, desde la lejanía se escuchaban los cubiertos y las copas, las voces eran mas suaves que de costumbre pues el colegio continuaba un tanto tenso por los sucesos de los últimos días. La directora no había vuelto a la enfermería en todo el día, pero Hagrid había pasado para darle ánimos a James y regalarle una caja de ranas de chocolate, algo que James agradeció porque era incapaz de comerse los pegajosos caramelos del guardabosques. Albus también se había pasado unos minutos para saber como se encontraba su hermano mayor, pero traía tal cara de indignación que James prefirió guardarse sus graciosos comentarios. Albus le dio en mano, una carta de su madre que había traído la lechuza aquella mañana en el desayuno. Magnolia se había marchado a cenar con el resto de profesores y la señora Pomfrey se encontraba dormida sobre la silla del despacho, con su blanquecina cabeza echada hacia tras, demasiado cansada para poder comer algo. La enfermería se mantenía tranquila y en silencio, mientras la luz suave y dorada alumbraba a los enfermos. James se encontraba en su camilla, aun con la pierna en alto. El muchacho dejo la taza de té caliente sobre la mesa y se metió en la boca dos ranas de chocolate sin contemplaciones; se quedo mirando la pequeña snitch que batía sus alas doradas y suspiro echando su azabache cabellera hacia tras, apoyando su espalda sobre la camilla. Deseaba volver a volar y sentir el frío viento sobre su rostro, el cielo era su lugar predilecto y pocas cosas le hacían sentirse igual.
Después de unos segundos de mantener la mente en blanco y sentir las pequeñas alas de la pelota entre sus dedos, giro su rostro y se quedo mirando a la figura que había a su derecha. Hero se encontraba sentada sobre su cama, con las piernas recogidas, apoyando una libreta sobre sus rodillas y escribiendo frenéticamente. James arrugo el entrecejo mientras la observaba pensativo, la muchacha no había separado sus ojos de aquella libreta durante mas de treinta minutos. Su largo cabello se esparcía por su espalda llegando hasta las sabanas blancas de la camilla, recorriendo el cuerpo de la muchacha como si fuera una cortina de color cobrizo. El joven pudo recordar el aroma de su cabello con tan solo mirarla, una fragancia parecida al olor de la almendra. De repente ella alzo el rostro, como si hubiese sentido una mirada y pillo los ojos de James observándola. Se quedaron unos segundos en suspenso, sintiendo la mirada del otro fija en sus pupilas. Por un momento, James dejo de sentir la pequeña pelota entre sus dedos y aquel cosquilleo que aparecía en sus entrañas cuando se suspendía en el aire le recorrió de arriba abajo. Tras unos segundos, ambos cortaron la mirada a la vez, sintiendo como el calor recorría sus cuerpos de nuevo, demasiado inseguros como para iniciar una charla después de lo sucedido.
-¡James!
El joven se giro alegremente para ver como entraban Claudio, Ralph y Lorcan en la enfermería. Intento apartar sus pensamientos sobre Hero y se sentó sobre la cama mientras los merodeadores iban de puntillas para no despertar a la señora Pomfrey. Saludaron a Hero y Claudio se paro unos minutos ha hablar con ella mientras le tocaba la frente con una mano y sonreía amigable. James arrugo el entrecejo mientras Ralph se sentaba sobre la cama y robaba una rana de chocolate de la mesita de James. Lorcan con las manos en los bolsillos se apoyo sobre la columna que había enfrente mientras observaba a los enfermos que había en las camillas a varios metros de allí.
-Es escalofriante ¿Verdad? - James aparto la mirada de Claudio y Hero, centrándola en el pequeño muchacho. Se quedo unos segundos sin saber que contestar hasta que al fin se dio cuenta de que Ralph no estaba hablando de Claudio y Hero. El pequeño Ralph se refería a los enfermos que habían al otro lado. Asintió levemente sintiéndose un completo idiota - Todo el colegio habla sobre ello, hay alumnos que no salen de sus habitaciones porque piensan que van a ser contagiados. Por ejemplo ¿Recuerdas a Lai Sachi?
-Claro que la recuerdo - Contesto James con una sonrisa burlona mientras el rostro moreno de la muchacha de orígenes indios aparecía en su cabeza - Una chica bastante...- Callo enseguida al darse cuenta de que Hero lo observaba. En ese momento Claudio apareció a su lado y se sentó en una de las sillas libres - La recuerdo...- Murmuro torpemente mientras miraba hacia otro lado, incomodo. Lorcan apoyado en la pared sonrió al darse cuenta.
-Pues no ha querido comer en todo el día, dice estar segura de que el virus se propaga por la comida - El pequeño Ralph se quedo mirando la rana de chocolate unos segundos y James arqueo una ceja, dándole un pequeño golpe en la nuca - No hemos visto a la directora en todo el día...- James recordó la conversación que Mcgonagall había tenido aquella mañana con la señora Pomfrey.
-Eso son tonterías - Contesto Claudio colocándose las gafas sobre el puente de la nariz - Es imposible de que se trate de un virus corriente y menos que se propague por los alimentos, porque estaríamos todos intoxicados, ademas los elfos domésticos ponen completo cuidado en las comidas del colegio - La tripa de James rugió al imaginarse las fuentes de pollo y pudin de carne, durante todo el día se había alimentado de té ingles y pastas sin sabor.
-Sabíamos que tendrías hambre...- Murmuro Ralph sonriendo y mirando a Claudio. Lorcan asomo la cabeza y les hizo un gesto afirmativo con la cabeza- El joven alzo el brazo y le mostró a James un plato lleno de delicias del gran comedor que habían traído a escondidas, aprovechando que la señora Pomfrey se había dormido en su butaca dentro del despacho. James sonrió radiante y se abalanzo sobre el plato como una bestia hambrienta.
-La gente esta un poco asustada, eso es todo - Contesto Lorcan cruzando los brazos y mirándose los zapatos pensativo. James continuo devorando el pudin con la cuchara mientras Claudio componía una mueca y Ralph miraba el pudin con ojos golosos
- Pero creo que deberías contarnos algo...-James levanto la mirada y observo a Lorcan con ojos sorprendidos. Lorcan sonrió de lado mientras la mitad de su rostro era tapado por la cortina de su pelo rubio - ¿A qué viene esa cara? - Claudio y Ralph miraron a James con mirada curiosa.
-Bueno mi día no ha sido muy interesante - Contesto el muchacho encogiendo los hombros sin comprender - Albus ha venido a verme, Hagrid me ha traído unas ranas de chocolate porque se le ha acabado el dulce pegajoso con el que hace sus caramelos y también ha aparecido Lily...- La sonrisa de Lorcan desapareció de su rostro al escuchar el nombre de la menor de los Potter. En su mente apareció de nuevo el momento de aquella mañana y la frase que le había congelado el corazón y al mismo tiempo le había provocado una sensación de adrenalina inexplicable.
-¿Lily? - Murmuro el muchacho lentamente haciendo que James arqueara la ceja - ¿Cuando ha venido? - James se quedo unos segundos pensativo y Lorcan rezo porque el mayor de los Potter no se hubiese enterado del papelón de aquella mañana. Hero que seguía escribiendo en su libreta paro de escribir y miro a Lorcan unos segundos. Ralph y Claudio no hicieron ningún comentario al respecto pero no pudieron evitar sonreír disimuladamente.
-Hace un rato...- Contesto James encogiéndose de hombros, centrando sus ojos hambrientos en el pudin de carne - Estaba muy rara, no paraba de mirar la puerta como si intentarse esconderse de alguien, ha sido realmente sospechoso... - Claudio arqueo una ceja y miro a Lorcan con ojos interrogantes. Lorcan intento que sus ojos calmados no le delataran, pero por alguna extraña razón sentía como los ojos de Claudio le calaban profundamente - ¿Era eso lo que querías preguntarme?
-No realmente - Contesto Lorcan volviendo al hilo de la conversación - Sabemos lo fuiste ha hacer en el bosque de Ravenscraig y estamos bastante enfadados porque mientras nosotros estábamos haciendo tonterías en Hogsmeade, el señor James Potter estaba volando encima de un corcel alado y después se enfrento a miles mujeres desquiciadas - James sonrió con galantería mientras dejaba el plato en la mesita - Es imperdonable que nos dejaras al margen.
-Y te olvidas de otro pequeño detalle, vi a la dama del lago - Contesto James haciéndose el interesante. Claudio abrió la boca mientras miraba a James con ojos de sapo sorprendido, Ralph se encontraba apoyado sobre la cama como si se tratara de un niño al que le acaban de contar un cuento - Estoy seguro de que la encandile con mis encantos, gracias a mi, llegamos a la guarida de las Willis - Hero arqueo una ceja sin apartar la mirada de su libro
- Pero sucedió repentinamente, ya sabéis uno nunca elige que le pasen estas cosas - Lorcan puso los ojos en blanco y se acerco a la cama.
Durante los siguientes quince minutos, James estuvo contando lo sucedido en el bosque. Por supuesto hubo detalles que aparto de la historia y otros que invento para que el relato cobrase mas emoción. Todos lo escuchaban mientras James hacia los gestos y las voces de todas las criaturas que habían encontrado. James adoraba ser el centro de atención y por lo tanto tenia un don de gentes que pocas personas tienen. Hasta Hero había apartado de su libreta para escuchar el relato de James. Cuando hubo terminado, se hizo el silencio y los tres amigos se miraron para luego mirar a James. El muchacho sonreía con galantería mientras esperaba escuchar algún cumplido por parte de sus amigos.
-Digamos que fuiste un estorbo para Albus en todo momento y que por tu torpeza, las Willis casi se hacen chuletas con vuestras piernas - Mascullo Claudio burlonamente. James palideció y observo indignado a su amigo mientras Ralphh echaba una carcajada, Hero sonreía desde su cama y Lorcan le daba unas palmaditas en la espalda a James - Podrías haberlo resumido rápidamente- James le tiro el cojín de su camilla mientras su despeinado cabello se volvía mas salvaje de lo normal.
-Eres un sarcástico insoportable Claudio Clawson
- Contesto James enfadado mientras se cruzaba de brazos - Lo que pasa es que estas celoso, te hubiese encantado ver a la dama del lago, eres un friki de las leyendas antiguas, eres el único que atendió en las clases de Historia de la Magia - Murmuro con una sonrisa traviesa mientras Claudio arqueaba una ceja con indignación
- La hubieses asustado...
-Seguramente menos de lo que la asustarías tu...
-Bueno basta, basta - Dijo el pequeño Ralph apaciguador mientras Claudio y James arrugaban el entrecejo y apartaban la mirada con orgullo - La verdad, a mi me ha resultado un relato apasionante - Las mejillas de Ralph se tornaron a un color rosado y volvió a tomar otra rana de chocolate de la mesa - Pero siendo sincero, no he entendido nada...- Murmuro repentinamente haciendo que la sonrisa de James desapareciera - La única conclusión que saco de este viaje es que supuestamente Dieter Wolff esta vivo.
-¿El de la leyenda? - Claudio volvió a prestar atención - Eso es imposible, ese hombre vivió hace mas de trescientos años, ahora mismo debe estar criando malvas o momificado bajo tierra si es que no se lo han comido las ratas antes - Lorcan se mantenía apoyado en una esquina de la mesa mientras observaba la pared. Ralph compuso una mueca de asco.
-¿Tienes que ser tan explicito? - Mascullo James con cara de pocos amigos - Se que no tiene ni pies ni cabeza, pero ella estaba segura de lo que estaba diciendo y aun que me cueste reconocerlo, estoy segura de que tiene razón...-Lorcan aparto la mirada azulada de la pared y la clavo en su mejor amigo - Dieter Wolff esta vivo y quiere resucitar a Elizabeth, sin importar las consecuencias de sus actos. El único problema es que no podemos certificar si el mago que esta provocando todo este escándalo es Dieter Wolff.
-¿Escándalo?
-Ya sabéis, las desapariciones, el profesor muggle y su hija...entre muchas otras cosas - Murmuro James tirándose sobre la cama y despeinando su cabello azabache con la mano derecha - Pero realmente lo que me tiene mas preocupado ahora mismo es el colegio y su situación - Lorcan, Ralph y Claudio se miraron confusos, James se levanto poco a poco y se quedo frente a ellos - Puede que cierren el colegio por un tiempo, si no encuentran la causa de esta enfermedad...- Los tres amigos habían palidecido de repente. Se escucho un sonido seco y sordo; los cuatro muchachos se giraron con rapidez mientras sentían la adrenalina recorrer sus cuerpos. Hero se encontraba sentada en su camilla con el rostro crispado, su libreta había caído al suelo y tenia las mejillas pálidas como la mismísima muerte.
-¿Van a cerrar el colegio? - Pregunto con voz temblorosa. Por primera vez, James vio como Hero mostraba terror en su rostro. Pocas veces había visto el miedo reflejado en su mirada y pocas veces la había visto tan afectada por algo en concreto - Pero Hogwarts es mi hogar...-Murmuro mientras las palabras se le atragantaban en la boca por el esfuerzo. James quiso acercarse a ella, pero Claudio fue mas rápido y la sujeto por los hombros.
-No te preocupes Hero - Murmuro el joven sonriendo a la muchacha suavemente - Mcgonagall no cerrara el colegio, nunca lo permitiría - James sabia que para Claudio, Hogwarts también había sido su hogar. Además Claudio ya había cumplido la mayoría de edad por lo que no podía volver al orfanato. De alguna manera sintió celos al verlos tan unidos, comprendiéndose el uno al otro de aquella manera tan intima. Después de todo, para él, Hogwarts significara mucho mas que un colegio de magia y hechicería, pero James tenia dos hogares, su propia casa y la Madriguera. Hogwarts era el tercero hogar y por lo tanto él no conocía la sensación que embriagaba en ese momento a Hero y a Claudio. No formaba parte de su mundo y de alguna manera se sintió miserable. Se había dado cuenta de lo sencilla que había sido su vida hasta ahora, se quejaba de ser el hijo de Harry Potter por miedo a defraudarlo pero en realidad solo era una excusa para no madurar.
-¿De donde has sacado esa información? - Pregunto Lorcan con calma. Ralph a su lado se mantenía quieto y pálido como la mismísima muerte - ¿Quién ha dicho algo así? ¿Estas seguro de que escuchaste bien...? - James alzo la cabeza y contesto con voz grave, su voz recorrió la enfermería como si fuera una especie de viento helado y cegador.
-Lo escuche de los labios de la mismísima Mcgonagall - Claudio se giro y lo observo espantado, sus gafas resbalaron sobre su nariz pero no hizo nada para impedirlo. Mientras, a su lado, Hero caía sobre la cama y mantenía la mirada perdida en las sabanas; su larguísimo cabello tapo su rostro y James sintió un pequeño golpe en el estomago. Lorcan continuaba con los brazos cruzados y rostro relajado, pero su expresión mostraba una chispa de intranquilidad.
-James, necesito que me hagas un favor - James alzo la mirada y vio como los grandes ojos de Ralph lo observaban desde la cama. Tenia la expresión de un cachorro abandonado, con sus ojos alicaídos, brillantes como zafiros y sus mofletes rojos e hinchados. Lorcan y Claudio se miraron unos segundos en señal de alarma; James se dio cuenta de que había algo que él no sabia o que algo había sucedido durante su ausencia. Se removió intranquilo en la camilla mientras se despeinaba el cabello nerviosamente.
- He abandonado mi casa...- Murmuro Ralph. Su voz sonó tan suave que James tuvo dificultades para escucharle. Se hizo el silencio unos segundos, segundos en los que James proceso la información con dificultad. Lorcan y Claudio se mantenían alertas, observando al pequeño Ralph de reojo.
-¿Has abandonado tu casa? - Pregunto abriendo los ojos con sorpresa - ¿Es una broma? - Pregunto mirando a Lorcan y a Claudio. Ambos jóvenes negaron con la cabeza mientras Ralph apretaba las manos con fuerza. Hero había alzado el rostro y observaba la escena con tristeza - ¿Han sido tus padres? ¿Te han obligado? - Pregunto James de repente agarrando al muchacho por los hombros y mirada enfadada - Se van ha enterar esos...¡Ya veras cuando se lo diga a mi padre!
-¡No! ¡Espera James! - Ralph intento calmarle y compuso una mueca - He sido yo James, he sido yo quien ha decidido irse de casa...- James dejo de murmurar palabrotas y miro al pequeño Ralph con sorpresa, como si no creyera en sus palabras. El muchacho sonrió con torpeza - Sorpresa...- Murmuro Ralph haciendo un gesto con los brazos. Pero lo único que salio de los labios de James fue un ridículo...
-¿Qué?
- He decidido abandonarlos hasta que acepten lo que soy. Mi padre quería que después de terminar el colegio me presentara a las candidaturas para ser alcalde de Rothesay - Ralph dejo escapar una risa - ¿Me imaginas a mi de alcalde? - James lo miraba incrédulo mientras Claudio y Lorcan se mantenían un poco alejados - Mi padre les ha mentido a todos mis conocidos, diciéndoles que estoy estudiando derecho en Cambrigde. Él estaba seguro de que no me negaría pero creo que le ha salido el tiro por la culata - El muchacho sonrió tristemente - Deberías a verlos visto; mi padre se puso furioso y mi madre no paraba de llorar, tratándome de desagradecido porque no hacia lo que ellos consideraban correcto, ellos nunca quisieron un hijo como yo...- El muchacho sonreía pero James sabia el dolor que debía estar desgarrándole por dentro. Claudio se acerco y le dio unas suaves palmaditas en la cabeza.
-Nosotros somos tu familia, Ralph - Murmuro James suavemente agarrándole de los hombros y sonriendo con sinceridad - Puedes quedarte en mi casa todo el tiempo que haga falta, mi madre estará encantada de tenerte con nosotros, siempre esta diciéndome que debería parecerme mas a ti, creo que le recuerdas al profesor Longbottom - Sonrió burlón mientras Ralph intentaba reprimirse las ganas de abrazarle - Además cuanta mas gente, mejor. Sera divertido ver como te las arreglas con los despertares de Lily, el mal humor de Albus y las exigencias de mi madre en cuanto a las actividades de la casa.
James removió tiernamente el cabello negro y rizado de Ralph. Claudio y Lorcan sonrieron suavemente desde sus respectivos asientos. A su derecha, los ojos de una muchacha miraban la escena fijamente. Hero sentía como su cuerpo se derretía lentamente, al ver la tierna mirada que le dedicaba James a su amigo Ralph. Los cuatro amigos sonreían y se observaron, sin necesidad de decir nada ni hacer nada. Hasta entonces no se había dado cuenta de la fuerte amistad que los unía y que siempre había subestimado.
-Muchas gracias James - Contesto Ralph hipando ligeramente y tomando la ultima rana de chocolate de la mesita de noche. Abrió el envoltorio con ansias pero cuando estuvo completamente abierto, la rana salto hasta su cabeza, posándose en la negra y rizada cabellera de Ralph. Los tres amigos echaron una carcajada mientras veían como Ralph intentaba agarrala. Después de todo, a veces, la familia va mas allá de los lazos de sangre. Aquellas personas que nos resguardan de las tormentas y se mantienen a nuestro lado sin preguntar, son nuestra verdadera familia; el resto son tonterías.
En el ala oeste del castillo, Albus Potter caminaba hacia la sala común con cara de pocos amigos. Sus pasos rebotaban sobre la piedra del castillo mientras se escuchaba el lejano sonido de los cubiertos en el gran comedor. Varios alumnos que bajaban a cenar se giraron para mirarle. El rostro del muchacho debía ser todo un cuadro de malos humos. Agarro su mochila con mas fuerza y comenzó a subir las escaleras de dos en dos mientras esta se movía lentamente hacia el otro lado. En ese momento un bebe comenzó a llorar en los brazos de su madre y Albus le lanzo una mirada iracunda al cuadro.
*''Eres un loco irresponsable'' -*Dijo Albus en voz alta, imitando la voz de Rose mientras esperaba a la otra escalera en movimiento - *''Has puesto a James en peligro y si Hagrid hubiese decidido ir a ver a la directora, ahora mismo estarías en el expreso de regreso a casa...'' -Hizo un gesto con la mano mientras seguía imitando la voz y los movimientos de Rose -¡Expulsado! -*Tres chicas de Gryffindor que venían de la sala común se le quedaron mirando con cara de sorpresa. El joven suspiro consternado mientras se apoyaba en la baranda de piedra de la escalera. Comenzó a caminar un poco alicaído, arrastrando los pies hasta llegar al retrato de la dama gorda.
-¿Lysander? - Albus murmuro el nombre no muy seguro de que se tratase de la joven Lysander. La muchacha se giro y sonrió amigablemente mientras sus saltones ojos azules brillaban. Su pelo estaba , con varios rábanos de decorativo entre los pliegues, dejando varios trozos de pelo rubio al lado de su rostro; abrazaba a su amigable y gordo sapo, llamado Jeremías. Albus se acerco a ella y miro de reojo a la dama gorda - ¿Qué haces aquí? - Pregunto con curiosidad. De reojo, vio como la dama gorda los observaba con sus pequeños ojos de cotilla remilgada.
-Estoy esperando a Lily, quiere entrar al comedor un poco mas tarde - Contesto con simplicidad mientras se sentaba en el suelo y acunaba al sapo verdoso entre sus brazos. Albus arqueo una ceja y se quedo mirándola - ¿No te parece que ha este lado del castillo hay muy poca humedad? Me ha parecido ver a un Heliopath escondiéndose entre las armaduras...- Albus arrugo el ceño sin saber muy bien si preguntarle que era ''eso'' exactamente.
-¿Por qué Lily quiere cenar mas tarde?
-Bueno... - Lysander se toqueteaba los rabanitos del pelo con ensoñación- Esta mañana Eamon ha gritado a los cuatro vientos lo que sentía Lily por Lorcan... supongo que Lily lo esta evitando - Albus abrió la boca con sorpresa y sintió enrojecer su rostro, aun que Lysander no se dio cuenta; tartamudeo varias palabras sin sentido, sin saber que contestar a aquella confesión sobre su hermana menor. Había momentos en los que deseaba que Lysander no fuera tan sumamente sincera, no tenia porque enterarse de los desaires de su hermana Lily. Ademas en ese momento no estaba de humor y la tranquilidad y parsimonia de Lysander le molestaba aun mas.
-Deberías haber llevado una rosa blanca...- Dijo Lysander de repente mientras Jeremías croaba en sus brazos, creando una pompa en su barbilla. Albus miro el retrato de la dama gorda con impaciencia, solo deseaba echarse en la cama durante un rato y olvidarse del mundo - La rosa blanca representa la pureza y la inocencia, seguramente te hubiese sido útil para mantenerlas al margen.
-¿De que demonios estas hablando? - Pregunto el muchacho con voz cansada. Lysander no contesto a sus modales un tanto groseros y sonrió suavemente mientras se ponía de pie - Lysander me tengo que ir, pero ya me lo contaras otro día - Murmuro Albus intentando escaquearse y caminando hacia el retrato de la dama gorda.
-Hablo de las Willis - Albus paro en seco y lentamente se fue girando hasta quedar frente a frente con la muchacha. Lysander seguía sonriendo y sus largos dedos acariciaban la verdosa y arrugada piel del sapo - La rosa blanca significa todo lo que las Willis han perdido, la inocencia y la pureza. Ten envidio, debió ser emocionante poder verlas - Albus arqueo una ceja, recordando que aquella experiencia no había sido exactamente emocionante.
-¿Por qué nunca me habías dicho que sabias de la existencia de las Willis? - Pregunto entre sorprendido y molesto. (Tengo que informar que en algún capitulo de los primeros, Lysander se pone a cantar una canción sobre las Willis, ahora mismo no recuerdo que capitulo es exactamente)
-Nunca preguntaste, Albus Potter - El muchacho abrió y cerro la boca varias veces mientras Lysander lo observaba con sus grades y saltones ojos. Realmente, nunca se le había ocurrido preguntar a Lysander y quizás debería haberlo echo en algún momento. Después de todo, las Willis eran criaturas un tanto raras y no mucha gente las conocía porque vivían ocultas. Se quedo pensativo unos segundos y luego suspiro resignado.
-Perdoname, no debería haberte hablado de esa manera - Murmuro Albus con voz grave y cansada. Se escucho como alguien se aclaraba la garganta y Albus se giro con el ceño fruncido - Ahora entro - Mascullo observando el lienzo que tenia delante de sus ojos verdes. La dama gorda lo miraba con cara de pocos amigos, pero Albus la ignoro deliberadamente. El sapo de Lysander volvió a croar en sus brazos.
-Señor Potter no tengo todo el tiempo del mundo - Contesto la dama gorda con cara de pocos amigos y voz chillona. Tenia en su regazo una cajita de bombones y una copa de champan. La rechoncha mujer iba vestida con su típico vestido de seda rosa que lo único que hacia era volverla aun mas rolliza. Albus arqueo una ceja mientras veía como se metía en la boca otro cremoso bombón.
-Esta metida en un cuadro, lo que le sobra a usted es tiempo - Murmuro Albus volviéndose a girar y mirando a Lysander que se encontraba frente a él. La dama gorda pego un grito de indignación mientras le amenazaba con no abrirle el retrato si seguía comportándose de esa manera tan poco educada, pero Albus volvió a ignorarla deliberadamente - Lysander, entonces tu quizás conozcas la leyenda de...
-¡Ya estoy aquí! - En ese preciso momento, el retrato se abrió y Lily apareció con una sonrisa burlona en el rostro. Tenia los ojos rojos de tanto estudiar y las manos llenas de tinta de color negra. Lysander contesto a la sonrisa mientras limpiaba una de las armaduras con el puño de la camisa. Su sapo se encontraba en el suelo, croando mientras los miraba con sus saltones ojos de color verde. Albus mascullo algunas palabrotas por la interrupción repentina de su hermana menor. Lily se le quedo mirando con el ceño fruncido - ¿Qué mosca te ha picado? - Pregunto arqueando una ceja.
-No me ha picado ninguna mosca - Contesto el muchacho arrugando el entrecejo también. Lily frunció los labios y lo observo con sus profundos ojos marrones. Albus no pudo evitar rememorar la imagen de su madre - Me voy a la cama, estoy cansado - Anuncio con malos humos mientras se giraba y comenzaba a caminar hacia la dama gorda que empezaba a perder la paciencia.
-Solo quería ayudarte, pero cuando tienes esos momentos de mal humor me entran ganas de meterte un palo de escoba por...- Se callo al escuchar un grito de la dama gorda que estaba escuchando toda la conversación. Albus se giro y ambos hermanos se lanzaron una intensa mirada reprochadora Lysander mientras tanto, movía sus pies como si escuchara una música de vals, ajena a lo que estaba sucediendo en ese momento en frente de sus narices.
-Ya tienes suficientes problemas Lily - Contesto Albus ligeramente indignado - Yo que tú, arreglaría el lío de esta mañana...- Lily abrió los ojos con sorpresa al darse cuenta de que Albus sabia lo que había sucedido aquella mañana con Lorcan. Pero su rostro paso de la sorpresa a la ira. Albus observo como su rostro pasaba a tener la misma tonalidad de su flamante cabello pelirrojo. Enseguida se arrepintió de haber dicho algo tan infantil y tonto, esas cosas no las solía hacer él, era mas propio de James. Pero Albus no era perfecto y él a veces también se comportaba de una manera un tanto infantil, después de todo con dieciséis años es lo normal.
-¡Eres un retrasado, Albus Potter! - Grito la muchacha completamente indignada mientras echaba fuego por los ojos marrones. El sapo volvió a croar como si estuviese de acuerdo con la afirmación de la muchacha - ¡No me extraña que aun estés solo! ¡Torpe! - y sin decir nada mas, se giro echa una fiera. Comenzó a caminar ondeando su media melena pelirroja, caminaba con tal rapidez que en tres pasos ya había llegado a la altura de las escaleras. Lysander tomo a su sapo con tranquilidad y calma, sonriendo a Albus con cortesía.
-Eso ha sido un poco infantil - Comento la muchacha con su acostumbrada sinceridad. Albus se sintió como un niño regañado por una madre. Lysander sonrió y comenzó a alejarse con pasos alegres mientras el sapo seguía croando en sus brazos - ¡Que descanses Albus! - Se despidió la muchacha mientras se despedía con la mano. Albus suspiro resignadamente mientras la veía alejarse. Se había peleado con Rose, Scorpius le ignoraba y para terminar el día su hermana Lily le odiaba hasta nuevo aviso. Era un día de locos. Se giro resuelto a tirarse en la cama y a no volverse a levantar hasta la mañana siguiente.
-Muy inmaduro por tu parte Potter - Comento la dama gorda mientras se miraba en un espejo de perlas blancas. Albus arqueo una ceja sintiendo deseos de entrar dentro del lienzo y decirle un par de cosas a aquella mujer tan insoportable - ¿Has decidido entrar? ¿Oh vas a iniciar alguna otra pelea con tus compañeros de casa? - Sonrió burlona mientras los volantes rosas de su vestido la hacían parecer un cerdito andante.
-Quid agis (Contraseña Harry Potter y el príncipe mestizo) - Contesto Albus con cara de malos humos mientras fruncía los labios para ahorrarse algún otro comentario ofensivo. La dama gorda se lo pensó varias veces pero finalmente el retrato se abrió y el cálido calor de la sala común le dio en la cara. Estaba apunto de traspasarlo por completo cuando escucho la voz de la señora gorda quejándose detrás de él. Se paro en seco mientras las palabras llegaban a sus oídos unas décimas de segundo más tarde.
-Malditas mariposas, todo el día revoloteando por ahí, esto es una plaga de insectos - La voz de la dama gorda sonó clara y precisa. Albus se giro lentamente y salio al pasillo de nuevo, antes de que el retrato se cerrase en sus narices. La dama gorda arrugo el ceño al verle de nuevo frente a ella y se quedo observándole con indignación - ¿Es que me haces abrir el retrato para luego volver a salir? ¿Puede decidirse señor Potter? - Albus respiraba entrecortadamente como si le hubiesen dado con una blugger en la cabeza.
-¿Ha dicho mariposas? - Pregunto con voz emocionada mientras los ojos le brillaban como fuegos artificiales. La dama gorda dejo de mirarse en el espejo y se quedo observándole unos segundos como si estuviera loco - ¿Ha dicho mariposas? - Repitió el muchacho mientras se le erizaba el cabello de la nuca. (Como a Harry, me encanta ese detalle de los Potter)
-Chico ¿Te encuentras bien? - Pregunto la dama gorda con voz preocupada al ver el pálido rostro del muchacho. Pero Albus había echado a correr como alma que lleva al diablo. Bajo las escaleras de dos en dos, de tres en tres, saltando las trampas de Peeves y empujando a varios alumnos sin querer por la rapidez de sus ágiles pies. Sudaba y tenia la respiración entrecortada, la lengua seca y sin saliva, pero no le importaba. Se cruzo con Sakura que bajaba al gran comedor con sus amigas pero no se paro a saludarla. Vio como Giles salia del gran comedor y le sonreía, haciéndole gestos con la mano, pero le ignoro y subió las escaleras principales hacia la biblioteca.
Había sido un completo despistado, aquella respuesta la sabia desde el inicio. La había leído en aquel volumen que le enseño Rose a mediados del curso, antes de las Navidades. Pero jamas se le hubiese ocurrido que algo tan pequeño y hermoso pudiese llegar a ocasionar tanto daño. Llego a la biblioteca casi desierta y entro precipitadamente haciendo sonar sus zapatos sobre el suelo y terminando con el silencio del lugar. La señorita Pince le lanzo una mirada de odio y estuvo apunto de tirarle un libro a la cabeza. Dejo de correr y comenzó a caminar civilizadamente, ante la atenta mirada de la señorita Pince, que lo observaba desde el mostrados con sus gafas de aguilucho moradas. Se perdió entre las estanterías de la biblioteca, buscando y buscando con minuciosidad en cada libro y cada estantería. Pero no encontraba lo que estaba buscando. Por un momento sus ojos se fijaron en la sección prohibida y un súbito temblor recorrió sus hombros. Debía estar allí, estaba seguro de que lo que estaba buscando se encontraba en la sección prohibida. Asomo su azabache cabellera por una de las esquinas de la estantería y observo a la señorita Pince que en ese momento aporreaba un libro con el sello del colegio. Trago saliva dándose cuenta de que era imposible entrar en la sección prohibida en esas condiciones. Salio lentamente de la biblioteca, decidido a volver a la biblioteca aquella noche.
El Ministerio aun bullía ajetreadamente. En las ultimas horas de la tarde aun había empleados yendo y viniendo entre los ascensores. Las luces de los distintos departamentos aun seguían encendidas. En ese momento, una rueda de prensa esperaba en el Hall de entrada, cerca de las bellas estaturas que lo presidian. El primer ministro apareció con su sombrero azul y su capa a juego, acompañado del resto de empleados. Los flashes comenzaron y la voz grave del primer ministro se alzo, explicando lo sucedido en Azkaban. En ese momento, Harry y Ron llegaron al departamento de aurores. El jefe de aurores se saco las gafas unos momentos y se toco los cansados ojos verdes mientras se abrían las puertas del departamento. Varios empleados se levantaron, observando a Harry con preocupación. Ron lo seguía a su lado, como un pavo real alegre, aquel día era su día de gloria y por ahora nada de lo sucedido le había sacado su buen humor. Harry se quedo frente a su vieja mesa, con la mirada perdida en los papeles que no había tenido tiempo de recoger.
-Harry...-Escucho la voz de Ron detrás de él y supo que el resto de aurores estaban esperando a que se girara y comenzara a dar ordenes con calma, como siempre hacia. Pero aquella vez, Harry tenia un mal presentimiento y no podía arrancarse esa del pecho por mucho que lo intentara. Iba a pasar algo o ya estaba pasando y él continuaba allí, sin saber que hacer. Hacia mucho tiempo que había olvidado esa sensación, como si el futuro se escapara de sus dedos, como si se encontrara perdido en su propia incertidumbre. Se giro lentamente y se quedo observando a los jóvenes y no tan jóvenes aurores que lo observaban.
-Quiero cuatro aurores mas en Azkaban - Dijo Harry con rapidez y voz grave pero educada - Quiero un reconocimiento de la prisión, necesito que se busquen indicios de artes oscuras y ademas quiero que me traigan a este preso- Harry señalo a cuatro jóvenes aurores y luego les tendió una carpeta; ellos asintieron y partieron enseguida, desapareciendo por el corredor - Señor Lawrence vaya con el primer ministro y asegúrese de redoblar los hechizos protectores en el ministerio y alrededores - El hombre asintió con rapidez y se perdió en la oscuridad del pasillo - Señora Logde vaya a Hogwarts y explíquele la situación a Mcgonagall, es importante que este alerta - La mujer asintió y desapareció enseguida - El resto siga trabajando...
-¡Harry!
-¡Hermione! - Ron arrugo el entrecejo al ver como Hermione entraba en el departamento sin tocar a la puerta. El buen humor de Ron iba a desparecer en un par de segundos - ¿Qué haces aquí? - Pregunto con voz ligeramente molesta, pero Hermione beso su mejilla con rapidez y se acerco a Harry con las mejillas encendidas. Ron se acerco atontado y sonrió burlonamente a varios aurores mientras señalaba a Hermione - Es mi mujer...
-¿Es cierto? - Pregunto Hermione con la respiración entrecortada - ¿Es cierto lo de la fuga de Azkaban? ¿Como es posible Harry? ¡No lo entiendo! - Harry se derrumbo en asiento y se quito el pelo de la cara mientras la observaba con ojos cansados - Estaba intentando solucionar el problema de Nessie, la han visto tres muggles esta mañana y el ministerio ha tenido que ir a Escocia a borrarles la memoria - Ron arqueo una ceja colocándose al lado de Hermione. Harry no quiso ser descortés con su amiga pero en ese momento ''Nessie'' le importaba un rábano.
*(Nessie, es el apodo cariñoso del monstruo del Lago Ness. Quizás habéis escuchado la leyenda del Lago Ness, una criatura marina que habita supuestamente en Escocia y que se volvió muy famosa, es uno de los grandes misterios del mundo y tiene el aspecto de un dinosaurio acuático)
-La cuestión es que he visto la rueda de prensa con el primer ministro...- Hermione se acerco a Harry y le tomo de la mano - Harry tienes muchas ojeras, estas muy cansado, debéis ir a descansar - Harry negó con la cabeza y Hermione resoplo al ver la testarudez de su amigo - Ginny se ha ido hace un rato a casa, ha venido a saludarme antes de salir del departamento del profeta, deberías volver a casa y descansar - Harry aparto la mano de Hermione y comenzó a ojear los pergaminos - ¡Ron dile algo!
-Harry, creo que Hermione tiene razón, deberías descansar - Le observo con sus pequeños ojos azules, llenos de preocupación - Yo me puedo encargar de todo, no debes preocuparte... - Hermione enarco una ceja y giro el rostro para mirar a Ron - ¿Es que crees que no estoy capacitado, señorita sabelotodo?
- Pregunto Ron con indignación, cruzándose de brazos.
-No pongas en mi boca palabras que jamas he formulado - Contesto Hermione secamente. Ron iba a replicar cuando Hermione tomo su mano tiernamente - Creo que puedes hacerlo, Ronald
- Ron tartamudeo varias cosas sin sentido mientras las orejas se le volvían de un color rojo como la sangre. Harry al ver la cara de Ron, no pudo evitar sonreír y suspirar ligeramente cansado.
-Esta bien, me marchare a casa - Contesto con voz apagada. Ron y Hermione sonrieron frente a él - Hermione, necesito pedirte un favor - Hermione asintió levemente y lo miro con curiosidad - Necesito que busques información sobre mariposas negras y pequeñas que suelen ir en grandes grupos...- Hermione arqueo una ceja ligeramente decepcionada con lo que acababa de escuchar - ¿Has entendido? Es muy urgente Hermione, necesito saber que son...
-Harry si tienes interés por los animales yo...
-No es un siempre interés, necesito saberlo lo antes posible - Dijo Harry alzando la voz para que Hermione se diera cuenta de la urgencia del problema. Hermione asintió lentamente, aun que continuaba con sus reservas sobre aquel extraño favor que le estaba pidiendo su amigo - Ron te lo explicara...- Murmuro poniéndose en pie y colocando la capa de viaje sobre sus hombros. Harry comenzó a alejarse, dejando a Ron y Hermione tras de él. Nada mas cerrar la puerta, escucho como Hermione comenzaba a atosigar a Ron con preguntas. Harry sonrió suavemente y se alejo.
Las chispeantes llamas verdes le dieron la bienvenida al hogar. Se quedo observando el rellano de la chimenea mientras el salón se expandía ante sus ojos. Que solitaria se volvía la casa cuando sus tres hijos se marchaban a Hogwarts. La imagen de James saltando sobre el sofá mientras agarraba una escoba de juguete estropeada, que no volaba y que quería hacer volar a toda costa, daba igual las veces que se empotrara contra el suelo; Albus correteando detrás de Ginny haciéndole preguntas extravagantes para satisfacer su curiosa mente; y la pequeña Lily con sus tiernos hoyuelos y su inocente sonrisa, observando a sus dos hermanos e intentando imitarles en todo.
Se escucho un sonido procedente de la cocina y la pelirroja cabellera de su mujer apareció tras la puerta. Le saludo con una sonrisa y le mostró una bandeja llena de apetitosa comida recién horneada. Harry contesto a la sonrisa devilmente, sintiendo como las piernas le fallaban por segundos. Ginny se dio cuenta de la palidez de su marido y dejo la bandeja con rapidez, quitándose el delantal y tomando un vaso de agua fría. Se acerco a Harry y lo abrazo por la cintura para acostarlo cuidadosamente sobre el sofá. Le fue dando pequeños sorbitos de agua fría y acaricio su frente con ternura, mientras sus ojos recorrían el rostro de Harry que ya presentaba las arrugas de la edad. Harry sintió como su corazón se calmaba poco a poco, dejo que su cuerpo se hundiera en el sofá mientras los dedos de Ginny se deslizaban por su pelo y acariciaban su cicatriz en forma de rayo.
-Deja que te cuide - Susurro suavemente mientras su pequeña mano se deslizaba por el rostro de Harry. Este asintió y la abrazo con fuerza, perdiéndose entre su fragancia floral y su cabello flamante. No había nada mas agradable que el calor del hogar. Se esta mejor en casa que en ningún sitio.
Continuara..
¡Mis Queridos Lectores!
Bueno he aquí el capitulo numero treinta y seis. Estoy segura de que mas de uno o una quiere lanzarme a los leones porque al final no escribí sobre el aun misterioso trabajo de Scorpius, chicos y chicas de verdad quería escribirlo pero es que este capitulo son dieciséis hojas y ya me resultaba excesivamente largo. Pero tengo una noticia y es que va a empezar la segunda parte de esta historia, podría llamarse algo así como el desenlace. Entonces el próximo capitulo sera un poco mas cortito pero sera el inicio de la segunda parte de esta historia.
Se que en este capitulo he puesto a Albus un poco gruñón, pero escuchar para mi Albus no es un santo apaciguador siempre, es mas he intentado calcar esa mala leche que tiene Harry en ocasiones así que bueno espero que no se enfaden mucho, ya sabéis que no me gusta idealizar a los personajes.
Entonces en el próximo capitulo por así llamarlo: El inicio del desenlace ¡Tachan tachan!
Millones de gracias a todos mis lectores, a los 197 personas que ponen esta historia en favoritos. Mi mas sincero agradecimiento a todas aquellas personas que se molestan en dejarme un comentario y me ilusionan con sus maravillosas opiniones. Es un regalo poder compartir esta historia con todos vosotros. Espero que desde Austria pueda haceros pasar un buen rato en donde quiera que estáis. Gracias por formar parte de esta historia.
Querido lector, animate a comentar y deja tu granito de arena en esta historia. No me pagan por escribir esto, pero mi esfuerzo se puede compensar con un simple comentario.
¡Nos vemos en el próximo!
¡Cuídense!
Pluma Cisne
Irene.