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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 41
Retrocedamos unas horas, antes de que los adultos se encaminaran hacia la Mansión Malfoy, cuando la noche se mantenía sobre Hogwarts, acompañando el sueño de los estudiantes ajenos a las desventuras de una alumna en concreto. Esa alumna se mantenía sentada en el suelo, apoyando su frente en el frío cristal de la semicircular ventanilla. Sus ojos ambarinos se perdían en el paisaje de almenas y torres del oscuro y nocturno castillo, vislumbrándose a los lejos, el lago y las montañas redondeadas. La luz de la luna le daba en la ovalada cara, pálida, triste, sin brillo en los ojos y con los labios hinchados. Llevaba horas sentada en aquel lugar o quizás minutos, el tiempo se había detenido en su memoria. El profesor Longbottom la había acompañado a la sala común de Gryffindor para luego marcharse de nuevo al despacho de la directora, no sin antes asegurarse de que se encontraba bien. Pero ella era buena actriz y una suave sonrisa convenció al profesor para que se marchara. Pero en realidad, Hero Eyre estaba completamente perdida. Había subido a su habitación y se había sentado en el suelo, junto a la pequeña ventana, sin cambiarse de ropa ni deshacerse la larguísima trenza como hacia todas las noches. Escuchaba la respiración tranquila de sus compañeras, que dormían plácidamente sobre sus calientes y mullidas camas, alejadas de la tormenta primaveral de aquella noche. Se tocaba el largo cabello con la mano derecha mientras sus ojos se perdían en el paisaje nocturno, presa de un hechizo aturdidor.
El contacto con algo suave la sobresalto y descubrió a su rojiza ardilla Flopy que la observaba con sus pequeños ojos negros. Sonrió melancólicamente al ver como el pequeño animal, agarraba su dedo gordo con sus diminutas manitas. Dejo que se acomodara en su regazo y acaricio su pelaje rojizo. Los minutos pasaron y pasaron, convirtiéndose en horas que se hacían eternas. Bajo la mirada y vio a la pequeña ardilla echa una bola, escondiendo su cabezita con la la larga cola rojiza. Con delicadeza la coloco en la cama y volvió a sentarse en el suelo, junto a la pequeña ventana.
Un trueno resonó por todo el recinto y enseguida el relámpago alumbro la sala, dando un aspecto macabro a las almenas del castillo. Pero en ese momento, Hero se levanto y sin cambiarse de ropa, camino hacia la salida de la habitación de las chicas de quinto. Comenzó a bajar las escaleras con agilidad, presa de aquel hechizo que un día la llevo al despacho del profesor Schneider, aquel día que su subconsciente la advirtió sobre la verdadera identidad del profesor. Que ingenua había sido por aquel entonces. Pero ahora era diferente, la situación había cambiado radicalmente. Por aquel entonces estaba asustada y confusa, presa de su instinto animal que la guiaba en la profunda oscuridad. Pero a pesar de que en el presente se seguía sintiendo confusa y atolondrada, ya no tenia miedo de saber la verdad. Quería saber la verdad y la única forma de conseguirla, era enfrentándose a ella, sin tapujos o excusas. Hablar con el el profesor Schneider, su hermano. Esa era la única forma de entender quien era, de llegar a entender aquel pasado que siempre la acosaba en la oscuridad. A diferencia de Claudio, ella siempre había deseado saber sobre su pasado, presa de una inmensa curiosidad, aunque jamas se imagino que esa seria la forma.
Cruzo la sala común con pasos rápidos, el fuego se mantenía encendido, alumbrando tenuemente la sala. Sus pasos la guiaban con seguridad y su rostro se mantenía inexpresivo. Estaba a punto de salir por el retrato cuando este se abrió y un grupo de personas cruzaron en umbral. Hero se escondió entre las sombras, pegándose a la pared y metiéndose detrás de una armadura. Se quedo quieta como una estatua y observo como el grupo de alumnos se adentraban en el calor de la sala común, sin darse cuenta de su presencia. Pudo distinguir la pelirroja melena de Lily al lado de la rizada cabellera borgoña de Rose Weasley. Pero en aquel momento no deseaba encontrarse con nadie, en aquel momento, la soledad era su amigo mas fiel, evadirse del resto era lo único que calmaba su mente. Cuando el grupo se hubo sentando en los sillones junto al fuego, la muchacha, arrastrándose entre las sombras de la pared, se escabullo hacia la salida. Desapareció entre las sombras de la noche, escuchando como los truenos resonaban encima de su cabeza y observando las luces cegadoras de los relámpagos que le alumbraban el camino hacia las mazmorras. Bajo las escaleras sin hacer ruido, observando a su alrededor con atención, para no ser descubierta por algún prefecto o por el propio Peeves, que se había negado a abandonar el castillo con el resto de los fantasmas. La suerte la acompañaba aquella noche, porque el silencio y la soledad rodeaban el castillo. Pero un movimiento y el sonido de pasos amortiguados, hizo que Hero se escondiera en la oscuridad por segunda vez. Asomo su cabeza por entre una de las columnas y pudo vislumbrar una figura oscura acercándose. Un relámpago siguió el sonido ronco de un trueno y la luz ilumino el rostro desencajado de James Potter. Hero lo observo en la oscuridad, mientras el muchacho se acercaba cabizbajo y con pasos monótonos. Se pego a la pared y aguanto la respiración, esperando que el joven desapareciese por el corredor y no la viera. Pero su corazón latía con excesiva fuerza, como si deseara que la encontrase. James estaba a punto de desaparecer por la esquina cuando se paro en seco.
-Él esta en las mazmorras - Murmuro con voz ronca sin girarse. Hero palideció y se dio cuenta de que el muchacho la había descubierto - Tienes que tomar un atajo. Peeves esta en el hall de entrada y si te encuentra, terminaras en el despacho de la directora Mcgonagall - Hero no contesto, se mantuvo en la oscuridad aun no muy segura de que James se estuviese dirigiendo a ella - Y no quieres eso ¿Verdad?...-Hizo una pausa y lentamente se fue girando, clavando sus ojos en la dirección donde se encontraba ella - ¿Hero?
-¿Como me has descubierto? - Pregunto al fin, saliendo de la oscuridad y observándole. James sonrió melancólicamente y se acerco a ella con lentitud. Hero sintió como su corazón era apretado por una mano invisible. A medida que él se acercaba, podía reconocer la palidez de su piel y la tristeza que abundaba en sus ojos. Por un instante se le encogió el corazón y se dio cuenta de que no era la única que estaba sufriendo en aquel lugar y en aquel momento. Se quedaron en frente el uno del otro, solos y en mitad de aquel silencioso pasillo.
-Espera Potter...¿Qué estas haciendo...? - Hero abrió los ojos con sorpresa cuando el muchacho acorto los pocos centimetros que los separaban con una zancada. Pero James no la dejo terminar, sin delicadeza y de forma brusca, la tomo de la mano y la arrastro hacia el otro lado del pasillo sin hacer caso de las quejas de la joven - Por las barbas de Merlín, James espera...¿Que demonios estas haciendo? - Susurraba la muchacha intentando soltarse de la prisión de las manos de James - Tengo que hablar con él...¿Es que no lo entiendes? - Pero de repente James paro en seco y Hero observo la nuca del muchacho con ojos confusos.
Quedaron frente a una pared desnuda y Hero arqueo una ceja ligeramente indignada. Pero James la ignoro. Con la varita, toco varios bloques de piedra gris y repentinamente uno de los bloques se hizo a un lado, dejando enfrente de ellos, un hueco oscuro y suficientemente grande para que una persona pudiese caminar en su interior. Hero observo impresionada, el pasadizo que se abría ante sus ojos, un pasadizo que debía llevar a alguna parte del castillo. Ambos jóvenes se asomaron y el olor a tierra y humedad les dio en la cara. James alzo los ojos y se quedo observando a Hero durante unos segundos, en silencio, sin que ella se percatase. El deseo de abrazarla volvió a embargarle, con mas fuerza que cuando estaban el despacho de la directora, pero se contuvo, utilizando la poca determinación que le quedaba en el cuerpo. Cuando Hero levanto su mirada, se encontró con los penetrantes ojos de James, que aun la observaban en silencio. Su corazón volvió a latir con rapidez, bombeando la sangre que fluía hasta su cabeza, caliente y burbujeante. Su respiración cambió drásticamente y sintió como el aire pasaba por sus pulmones con dificultad.
-Este pasadizo te conducirá a las mazmorras. Cuando llegues al final, solo tienes que tocar con tu varita el bloque de piedra que haya delante de ti - Murmuro James, sin apartarse ni un centímetro, clavando sus ojos sobre ella con excesiva intensidad. Una ráfaga de frío helado, salio del pasadizo para remover sus capas de uniforme, pero el corazón de Hero aun latía con fuerza y su sangre aun bombeaba en sus oídos como un tambor. La muchacha asintió torpemente y con dificultad se adentro en el pasadizo. Se giro un instante para ver como James se mantenía agachado, observándola desde la entrada, una suave sonrisa se creo en el rostro del muchacho y acto seguido, susurro:
-Buena suerte, Hero - Entonces se levanto y el bloque se cerro, sumiéndola en la mas profunda oscuridad.
Las palabras de James resonaron en su cabeza durante unos segundos más y la imagen de su sonrisa se filtro en su cabeza, produciendole un suave cosquilleo en los dedos de los pies. Movió la cabeza de un lado para otro intentando aclarar sus ideas y centrarse en su verdadera objetivo. Rápidamente saco la varita del bolsillo de la túnica y susurro: *''Lumus Maxima''.*Con el corazón aun sobrecogido y la penetrante mirada de James aun grabada en su mente, comenzó a caminar por el pasadizo, sintiendo la mullida tierra bajo sus zapatos y las frías corrientes de aire que le daban en la cara. El camino serpenteante comenzaba a descender en una inclinada pendiente y la muchacha tuvo que agarrarse a la roca desnuda para no resbalar. La humedad iba aumentado cada vez mas, a medida que se acercaba a las oscuras y solitarias mazmorras. Con la varita, alumbro delante de ella y pudo descubrir entre las sombras el final del pasadizo, a unos pocos metros. Se aparto el pelo de la cara y siguió caminando con decisión.
-¡Hero, espera! - La muchacha se giro sobresaltada, con el corazón en la boca y la alocada idea de que la habían descubierto, ya no tendría la oportunidad de hablar con su ''hermano'' cara a cara. Pero cuando su varita alumbro el oscuro y serpenteante laberinto detrás de ella, pudo distinguir el sonrojado rostro de James. Hero abrió la boca varias veces, sin poder articular palabra por la sorpresa. James paro y se apoyo en la pared mientras jadeaba y se tocaba el pecho con una mano, dejo escapar una leve sonrisa y se despeino el cabello.
-¿Qué, Qué...Qué haces aquí? - Consiguió articular la muchacha mientras las corrientes frías del pasadizo rodeaban su cuerpo tembloroso. James se acerco hasta llegar a ella y le tendió el mapa del merodeador. Con un dedo le mostró uno de los pasillos de las mazmorras. Hero pudo distinguir el nombre de su hermano, encerrado en una de las mazmorras del ala norte y delante de su puerta, varios aurores que hacían guardia. La muchacha se mordió el labio con nerviosismo y alzo los ojos para mirar a James.
-¿Y ahora que hago? - Pregunto en un susurro. James sonrió de forma relajada y por un momento, Hero sintió una inmensa admiración hacia James. A pesar del cansancio y la tristeza por la desaparición de su hermano, a pesar de su sentimiento de culpa y de la rabia, él estaba dispuesto a ayudarla, sin esperar nada a cambio. En ese instante, deseo ser como él, ella era rencorosa y retorcida mientras que James a pesar de sus impulsos y de la aparente mascara de egocentrismo, era un chico dispuesto a dar sin reparo alguno.
-Dejalo en manos de un profesional - Murmuro con suavidad mientras sus ojos brillaban picaronamente entre las sombras del pasadizo.
Hero le observo, aun con el mapa del merodeador en las manos. La luz de la varita era tenue y alumbraba sus rostros, escondidos entre las oscuridad. Por un momento, ella recordó aquel día donde ambos habían acabado en el armario de los utensilios de limpieza, las mismas sombras danzarinas se agalopaban entre ellos. (capitulo 3) Que diferente era todo ahora, el James que tenia ante sus ojos era alguien nuevo, alguien al que admiraba en secreto, alguien al que quizás también deseaba.
-¿Te encuentras bien? - Pregunto el muchacho un tanto extrañado por la expresión de Hero - ¿Quieres que me vay...?
Pero ella no le dejo terminar. Se abalanzo a sus brazos y le rodeo la cintura, apretándolo contra su cuerpo mientras pegaba su mejilla sobre el pecho de James, escuchando los fuertes latidos del corazón del chico. Él se quedo mudo, con los ojos abiertos como platos y los brazos extendidos mientras sentía el pequeño y cálido cuerpo de Hero pegado al suyo, estrechándolo con sus finos brazos. La oscuridad los había vuelto a rodear y no podía verla pero si sentirla. Rozo con sus labios el cabello de Hero y lentamente sus brazos se fueron cerrando sobre el cuerpo de ella, hasta estrecharla con fuerza y necesidad. Tal vez se mantuvieron horas abrazos o tal vez segundos, ninguno lo sabia con exactitud, el tiempo se había detenido en sus cabezas. Era tan placentero y relajante, tan cálido y dulce que no deseaban separarse aun. A diferencia de aquel momento, la realidad era dura y decepcionante. Deseaban mantenerse en aquel lugar de sensaciones, arropados por la oscuridad y el contacto con sus cuerpos, sin necesidad de enfrentarse al mundo y al incierto futuro que se planteaba ante ellos.
-Hero...-La muchacha sonrió suavemente cuando el paladar de James acaricio su nombre cerca de su oído. Lentamente alzo su rostro hasta quedar a varios centímetros del de James, podía sentir su respiración acompasada y nerviosa chocando contra su propia piel. El corazón de Hero iba tan rápido que en cualquier momento se le iba a salir del pecho. James alzo su varita e ilumino ambos rostros sonrojados por el frío o por la emoción.
-Se que estas asustada...-Susurro suavemente, apartando un mechón de pelo de Hero y colocándoselo detrás de la oreja - Pero recuerda que son nuestras acciones las que dictan quienes somos -Hero bajo la mirada, turbada por los ojos del muchacho, pero él enseguida alzo su barbilla con un dedo y la obligo a mirarle - No importa lo que él te cuente sobre tu pasado, recuerda que hay personas en este lugar que...- Se quedo mudo durante unos segundos - Que te quieren -Susurro devilmente, atragantándose con sus propias palabras - ¿Has entendido? - Pregunto en un murmullo casi inaudible. Hero asintió con torpeza.
Entonces James se aparto suavemente y el frió volvió a recorrer sus cuerpos. Tomados de la mano, terminaron con los pocos metros que los separaban de la salida del pasadizo. James toco con la varita el bloque de piedra sobresaliente y esta se aparto enseguida, dándoles espacio para salir al exterior. Se encontraron en un pasillo de las mazmorras, cercano a la sala común de Slytherin. Sin soltarla de la mano caminaron por el húmedo y verdoso pasillo. Giraron a la izquierda pero antes de salir por completo, James se pego a la pared y aparto a Hero con una rapidez felina.
-¿Qué sucede? - Pregunto la muchacha. James había asomado la cabeza con disimulo y tras unos segundos volvió a resposarla sobre la pared. Se quedo en silencio unos minutos, pero al fin sonrió devilmente y giro el rostro hacia Hero. Con lentitud, fue inclinando la cabeza hacia ella.
-Que tengas mucha suerte - Susurro cerca de su oído.
Hero sintió como sus piernas volvían a fallarle. No sabia si por el nerviosismo y la expectación de aquel momento, si era por la cercanía de James y su trémula voz o por aquella celda que se iba acercando cada vez mas para descubrirla toda la verdad. Seguramente seria una mezcla de todas aquellas sensaciones que se agalopaban en su interior como un volcán a punto de erupcionar. Pero antes de que le diera tiempo a contestar algo con coherencia, James había desaparecido de su lado. Con ojos sorprendidos, asomo la cabeza y vio como James se acercaba al grupo de aurores que vigilaban la celda. No pudo escuchar lo que James les estaba contando, pero antes de que cantara un gallo, todos habían salido corriendo hacia el otro lado del pasillo. Todos menos uno. Hero vio como James sacaba la varita con disimulo y la movía con suavidad, apuntando al ultimo auror que quedaba frente a él. Para su sorpresa, el auror quedo completamente petrificado. La muchacha salio de su escondite y se quedo observándole anonada. ¿James acababa de petrificar a un auror? Seguramente si Ginny Weasley se llegaba a enterar, acabaría con él.
-No tienes mucho tiempo, sera mejor que te des prisa - Susurro - No te preocupes por los otros aurores, les he preparado una sorpresa - Y con una última sonrisa, se alejo por el pasillo, haciendo ondear su capa negra mientras su despeinado cabello azabache se removía inquieto sobre su cabeza.
Hero se quedo mirando como James se alejaba hasta perderse por las esquinas de uno de los pasillos de las mazmorras. Poco a poco, fue saliendo de su trance y al fin camino hacia la celda con paso decidido, sus pasos resonaban con fuerza y las verdosas antorchas iluminaban aquel triste rincón del pasillo. Se paro en seco y se quedo observando el cuerpo del auror petrificado.
-Lo siento - Murmuro como disculpa.
El pobre hombre continuo quieto como una estatua. Hero alzo sus ojos sus ojos lentamente y se quedo observando la puerta de la celda. Su corazón comenzó a bombear con fuerza y sus piernas iniciaron una caminata hacia la ventanilla cuadrada llena de barrotes. Con la respiración entrecortada, asomo la cabeza por la ventanilla y observo la oscura celda que había en su interior. Enseguida, sus ojos se toparon con otros ojos muy diferentes a los suyos. Se miraron por largo tiempo, desde una perspectiva completamente distinta. La sombra al fondo de la celda, se levanto lentamente y fue caminando hasta que un rayo de luna cayo sobre él, iluminando su cincelado rostro de color marfil. Hero sintió como el corazón era apretado de nuevo por aquella mano invisible. Al observarle no podía creer que estuviera en presencia de un familiar, de la sangre de su sangre, de aquel hermano con el que soñaba de niña. Aquella persona podía explicarle cosas sobre su madre, su padre, su familia, aquella familia que la vida le había arrebatado sin pedirle permiso.
-Has venido - Su voz sonó dulce, suave y paternal. El corazón de Hero latió con intensidad y sus manos se agarraron a los barrotes con más fuerza . La figura se acerco hasta quedar frente a la puerta y la luz verdosa del pasillo le dio en la cara - ¿Quieres saber la verdad? - Pregunto con calma - ¿A pesar de que pueda ser cruda y desgarradora? - Su voz sonó con cautela mientras la observaba con aquellos ojos azules cielo.
-Me arriesgare - Contesto la muchacha con valentía, a pesar del dolor de estomago y del mareo repentino - Necesito saber de donde vengo, es algo de lo que no puedo escapar aunque lo desee con todas mis fuerzas - Murmuro con voz entrecortada y temblorosa.
-¿Qué quieres saber sobre tu pasado?
-Todo.
-¿Qué es lo que sabes sobre tu pasado? - Pregunto, cerca de la ventanilla. Hero se planteo aquella pregunta varias veces mientras sus ojos observaban aquel individuo de rizos dorados y piel color marfil. Eran completamente distintos y por mucho que le diera vueltas, no podía entender como ella era la hermana de aquel hombre de rostro angelical.
-Mi madre murió poco tiempo después de que yo naciera, mi padre nos había abandonado tiempo atrás - Contesto recelosa - ¿Por qué lo preguntas? - Por un momento temió la respuesta que aquel hombre le iba a dar a continuación. Pero ya era demasiado tarde para echarse atrás - Todo lo que me contaron en el orfanato es mentira. ¿Verdad? - Pregunto con voz temblorosa mientras sus manos apretaban los fríos barrotes de la celda.
-Nuestra madre no era la mujer amable y dulce que tienes dibujada en tu memoria. Blache Marlow, era una bruja reconocida por su belleza, su elegancia y su destreza con la magia. Pero todo en ella era una mascara de mentiras y falsedades. Era una mujer calculadora, cruel y mentirosa. Se convertía en una damisela dulce y repleta de talentos ante los ojos de la sociedad mágica, de los magos ingenuos. Todo el mundo la adoraba, era lista y bella, fuerte y decidida, pero a la vez tierna y natural. Pero cuando se escondía entre las sombras y se alejaba de las miradas de la sociedad, se reía cruelmente de todos ellos, se burlaba y los utilizaba a su antojo como muñecos de trapo. Mi padre, el ultimo de los Lexxes cayo en sus redes como otros cientos de hombres. No es que mi padre fuera un mago decente, era un mago procedente de la alta nobleza mágica de la sociedad y su carácter se asemejaba a la prepotencia de las familias de sangre limpia. Era rico, con dos mansiones en Irlanda del Norte y del sur, poderoso y un mago con influencias. Blache Marlow consiguió lo que se proponía, atrapar a Lessexs en una sola noche y en aquel atardecer se casaron a escondidas. Cuando regresaron al caserón irlandés, la familia no aprobó el matrimonio de Lessexs con aquella extranjera, pero tarde o temprano, la astucia de Blache consiguió la aprobacion de la familia. Porque nadie podía odiar a Blache Marlow, era demasiado perfecta, la esposa ideal, la mujer imposible.
Pero pocos días después de su regreso, Ferdinand Lessexs descubrió la verdadera personalidad de su mujer. Era un monstruo sin corazón ni escrúpulos. Se rió de él y le pregunto si tendría el valor de pedir el divorcio, ya que entre las familias de sangre limpia, el divorcio era algo deshonroso, tanto como casarse con un muggle. Hicieron un pacto, ella seguiría siendo la esposa ideal, la mujer ideal a cambio de que él cediera a todos sus caprichos. Así pues, se iniciaron aquellos días de matrimonio. La mansión del Norte se hizo famosa por sus fiestas y todo el mundo alababa a la hermosa y distinguida señora Lessexs. Pero la situación se iba haciendo insostenible, las mentiras crecían y la crueldad del corazón de Blache crecía con ellas. Y así nací yo, de la única relación que mantuvieron aquellos dos seres humanos. Mi padre me protegió al ser su único heredero, pero mi madre jamas me dirigió una sola mirada, me detestaba más que a mi padre. Jamas me dirigió una sonrisa o una palabra amable, solo cuando había personas en casa, donde representaba su papel de mujer y madre ideal.
El trágico final se inicio cuando en una de sus incursiones a Londres, Blache Lessexs conoció a un mago del que se enamoro perdidamente. Se veían tres veces por semana en un pequeño piso que el señor Lessexs le había comprado para satisfacer uno de los caprichos de su esposa. Al principio, sus encuentros eran a escondidas y con mucho tacto, pero lentamente su relación se volvió mas descuidada y comenzaron a aparecer en lugares públicos, aunque la astucia de Blanche Lessexs siempre la salvaba de los apuros. Una noche, mi padre fue al encuentro de su mujer en la pequeña caseta junto al mar, un refugio de la señora Lessexs que se había echo construir años atrás y donde recibía a todos sus amantes. Y allí, le explico que estaba embarazada de otro hombre, del hombre que realmente amaba y que la había abandonado. Se encontraba frente a él, con una sonrisa burlona en el rostro mientras se llevaba un cigarrillo a la boca.
-Quiero ver como mi hijo crece, entre las paredes de tu honorable casa mientras yo sigo siendo la mujer ideal. Quiero ver como heredara parte de tus tierras, un hijo ilegitimo fruto de otro hombre
Susurraba delante de él mientras una sonrisa macabra se formaba en su cincelado rostro color marfil
- ¿Qué harás? ¿Dirás que este hijo no es tuyo? ¿Quién te creería?
Lo provoco una y otra vez, mientras se llevaba el cigarrillo a la boca y le echaba el humor a la cara. Pero esta vez, todo salio a la luz, mi padre había puesto un hechizo altavoz en todo el recinto y toda la familia descubrió el verdadero rostro de Blache Lessexs. La echaron aquella noche, despojándola de todo lo que tenia. Yo era muy pequeño por aquel entonces, por lo que resulte fácil de engañar y rápidamente creí que mi madre se había marchado a un largo viaje. Pero tres noches después, un ser encapuchado me rapto mientras toda la casa dormía. Me obligo a caminar millas y millas en la fría noche, hasta que llegamos a una colina apartada y alejada del mar. Entonces se descubrir el rostro y ante mi, apareció mi madre en carne y hueso.
-Despídete de tu hogar, Gael.
Esas fueron sus palabras. En aquel momento, sentí el olor a leña quemada. Ella señalo con el dedo hacia una dirección mientras una sonrisa se formaba en su rostro. Yo gire mi cabeza y lo vi, aun recuerdo aquella imagen fantasmal, recreándose en mis pupilas. La mansión Lessexs estaba ardiendo en llamas. Su estructura de piedra estaba rodeada de un color anaranjado y el humo ascendía hacia los cielos creando nubes oscuras. La imagen era sobrenatural y aterradora, las almenas se iban deshaciendo con el calor de las llamas y las cortinas se calcinaban mientras las vidrieras se rompían y caían al suelo los pequeños trozos de cristal. Estuvimos en aquella colina durante horas, hasta que el fuego desapareció y solo quedo la sombra de aquella casa señorial. Entonces mi madre me tomo de la mano y nos desaparecimos de aquel lugar para siempre. No quedo nadie con vida.
Hizo una pausa y alzo los ojos. Hero había resbalado lentamente hasta caer al suelo, pero aun se sujetaba a los barrotes con las manos. Su rostro había palidecido completamente y sus ojos se mantenían perdidos en algún punto de la celda. Daba una imagen tal lamentable y triste, que cualquier alma en pena hubiese sentido lastima de aquella desgraciada muchacha. Hero, lentamente alzo los ojos y lo miro mientras sus pupilas brillaban por el efecto del deseo del llanto.
-¿Qué paso conmigo? - Pregunto con voz temblorosa y llorosa - Se deshizo de mi. ¿Verdad? - Pregunto con voz aguda mientras sus manos temblaban en los barrotes de la celda. Gael Lessexs acerco uno de sus largos dedos y tímidamente acaricio la palma de la mano de Hero mientras asentía con la cabeza - El hijo ilegitimo...era una niña. ¿Verdad? Ese bebe, era yo. ¿No es así?
-Cuando naciste, por primera vez en mi vida, vi un poco de humanidad en el rostro de nuestra madre. Pero eras una carga demasiado pesada para ella, le recordabas al hombre al que había amado fervientemente y el único que la había amado tal como era, malvada, cruel y egoísta. Cuando cumpliste un año, te dejo en la puerta de un orfanato Londinense, con una carta entre las mantas. Donde creyó que estarías a salvo y crecerías sana, lejos de la maldad de su mundo y de su oscuro pasado. Yo solo tenia cinco años cuando te dejamos en aquella puerta, durante la primavera. Pero aun recuerdo aquel pensamiento.
-Te encontrare, hermana.
Esas fueron mis palabras antes de desaparecernos de aquel lugar, para siempre. No volví a Inglaterra, hasta ahora. Viaje por todo el mundo, huyendo de la justicia como un perro, creciendo en tabernas y rodeado de magos de mala reputación. Me pasaba las noches solo, de una ciudad a otra. Pero la idea de ir a buscarte jamas se me fue de la cabeza. Y ahora estoy aquí, te he encontrado y descubierto la bella persona en la que te has convertido. Si no fuera porque la ley me condena a Azkaban, desearía que viviéramos juntos, como una familia.
Hero aparto la mano lentamente y se levanto con dificultad. Todo su cuerpo temblaba como una pluma y en sus ojos comenzaban a entreverse la laguna de lagrimas que deseaban salir a cabalgar por las llanuras de sus mejillas. La cruda verdad había salido a la luz y retumbaba en su cabeza con la fuerza de los truenos que se escuchaban a lo lejos. Alzo sus ojos con valentía y formulo la pregunta que tanto tiempo había deseado hacer.
-¿Me parezco a ella?
-Tu cabello es la fiel imagen de nuestra madre - Susurro con suavidad mientras sus ojos azules se clavaban en ella como chinchetas - Era lo mas preciado para ella. Has heredado su color, su extensa y ondulada melena. La melena de una sirena y la marca de una Marlow. El beso escondido de las mujeres celtas - Murmuro. Hero se toco la pálida marca color piel que tenia en la comisura derecha de la boca. (capitulo 3) - La leyenda cuenta, que el dueño de ese beso podrá descubrir la magia mas poderosa de la faz de la tierra.
De repente comenzaron a escucharse pasos que se acercaban y Hero termino de levantarse de un tirón. Los aurores se acercaban a prisa. Ambos hermanos se observaron de nuevo. Él quiso decirle muchas cosas, quiso consolarla y ayudarla, pero estaba encerrado en aquella celda y solo era capaz de observarla, impotente. Hero se mantuvo quieta durante unos segundos, mientras la primera lagrima caía sobre sus mejillas. Hero Eyre había estado años sin llorar y por primera vez en mucho tiempo, la primera lagrima salada cayo sobre su piel. Pero antes de que Gael pudiese ver su rostro cotraído por el llanto, Hero desapareció.
Mientras tanto, el fuego de la sala común se mantenía llameante. Cinco figuras se sentaban al rededor de la chimenea, buscando el calor de las llamas. El silencio era completo y solo se escuchaba el sonido de la leña, chispeante ante ellos. La tormenta había parado, pero la lluvia seguía cayendo sobre el tejado y las ventanas, provocando ríos de agua en las cristaleras. Flopy la pequeña ardilla de Hero se había salido de la habitación y ahora dormía en el regazo de Lily. Lorcan y Ralph observaban el fuego cruzados de brazos mientras se hundían en el sillón escarlata. De vez en cuando, Lorcan lanzaba miradas significativas a una taciturna y melancólica Lily, que no se daba cuenta. Rose se mantenía pegada a su prima con el rostro aun pálido y las mejillas hundidas del cansancio. Hugo sentado en el suelo, movía desganadamente las piezas de un ajedrez mágico. De repente el cuadro de la señora gorda se abrió y todos se pusieron de pie. Enseguida la sombra apareció ante ellos y Claudio se quedo observándolos con cara de sorpresa.
-¿Ocurre algo? - Pregunto rascándose la cabeza y colocándose las gafas con algo de vergüenza - He ido a acompañar a Lysander a la sala común de Ravenclaw, no me hacia gracia que fuera sola por el castillo a estas horas y con todo lo que esta sucediendo - Hugo arqueo una ceja burlona.
-¿Has visto a James? - Pregunto Lily con voz apagada. Claudio negó con la cabeza y se sentó en el sofá libre que había junto al fuego - ¿Donde se habrá metido? - Pero nadie contesto. La atmósfera era tan triste y depresiva. Ninguno era capaz de dormir y a pesar del cansancio, tenían miedo de cerrar los ojos.
-Odio que los adultos no nos tomen enserio - Susurro Lily mientras observaba el fuego de la chimenea - Escondernos en el colegio no va a solucionar las cosas y que nos echen de los lugares cada vez que se ponen ha hacer planes me pone nerviosa - Murmuro con enfado -¡Al menos podrían ponernos al corriente de las cosas! Si papa hubiese avisado a Albus desde el principio seguro que habría estado mas...-Paro en seco y miro a Rose de reojo, pero esta se mantuvo impasible.
-No vamos a torturarnos con ese tipo de cosas - Contesto Claudio con voz cansada mientras se quitaba las gafas y se restregaba los dedos por los ojos - Pero tengo que reconocer que tienes un poco de razón, si hubiesen confiado en nosotros antes, quizás hubiésemos tenido mucho mas cuidado. Sobretodo Albus.
-Y ahora pretenden que nos quedemos sentados, esperando a que algo suceda - Continuo Lily cada vez mas enfadada, su genio comenzaba a ganarle terreno - Concentraos en vuestros exámenes, es la única forma de ayudarnos - Imito la muchacha con tono burlón e irónico
- ¡Es que creen que yo ahora tengo alguna motivación para ponerme a estudiar!
-Aun no puedo creerlo...-Murmuro Ralph de repente con voz apagada mientras escondía su pequeño rostro entre unos cojines - Hace solo unas horas, le vi caminando por el pasillo de transformaciones y ahora...nadie sabe donde esta - El silencio volvió a reinar en la sala.
Lily había abandonado su expresión malhumorada y su rostro volvía a expresar una pesada melancolía. La menor de los Potter levanto los ojos y se encontró con la azulada mirada de Lorcan, que la observaba desde el otro sillón escarlata. Aquellas ultimas horas habían sido una autentica locura y había olvidado por completo lo ocurrido con Lorcan. Intento descifrar la mirada del muchacho, pero como siempre, su rostro era tranquilo y pensativo, no podía saber lo que estaba pensando. Aparto la mirada, sintiendo como su pulso aumentaba ligeramente mientras un súbito calor recorría su estomago y subía hasta su garganta. Lorcan también aparto la mirada y la cortina de pelo rubio le tapo el rostro.
-Tenemos que hacer algo - Hugo dejo de jugar con las figurillas de ajedrez. Su pecoso y sonrojado rostro mostraba seguridad y emoción - No necesitamos a los adultos, podemos ayudarles sin que ellos se den cuenta...-Comenzó el muchacho con entusiasmo. El resto lo observo con la sorpresa dibujada en el rostro - ¿No eran así ellos a nuestra edad? No podemos quedarnos de brazos cruzados. ¿Qué pensáis? - Preguntando y sonriendo, enseñando sus descolocados dientes blancos.
-Estas insinuando que nosotros...-Por supuesto que no nos quedaremos con los brazos cruzados - Contesto Rose - Pero tenemos que ayudar dentro de nuestras posibilidades. Desengañémonos, si ahora salimos del castillo y nos ponemos a vagabundear por todo el país, no llegaríamos muy lejos, uno: porque muchos de nosotros somos menores, dos: porque solo conseguiríamos que los adultos perdiesen la poca confianza que tienen en nosotros y tres: porque no conseguiríamos nada, no tenemos ninguna pista con la que empezar la búsqueda de Albus...
-Siento ser aguafiestas, pero Rose tiene razón - Comento Claudio tumbandose de lado en el sofá. Hugo, ceñudo, volvió a sentarse en el suelo y continuo dando golpecitos a las figuras de ajedrez - Tenemos que ser inteligentes, utilizar todo lo que sabemos y trabajar en ello.
-Quizás deberíamos acorralar a ese Doyle para que nos cuente más cosas - Murmuro Hugo con gesto de enfado - Seguro que se ha guardado muchos detalles, el muy canalla. Yo no me he tragado ese cuento de ''Soy un pobre desgraciado''...Maldita sea, si le pillo va a tener miedo de verdad - Sus ojos azules se convirtieron en dos pequeñas rendijas.
-No seas bruto - Rose le lanzo una mirada desafiante a su hermano menor
- Estaba realmente asustado. Yo no estoy justificando su comportamiento - Rectifico rápidamente al ver la mirada que le lanzaba su hermano - Ha sido un cobarde... pero el chico estaba muerto de miedo - Murmuro con lentitud. Lily descubrió lo que estaba pensando y acaricio la mano de su prima con suavidad - Me pregunto si él se sintió de la misma manera...-Susurro de forma inaudible, por lo que solo Lily pudo escucharlo.
-Ademas, estoy seguro de que Doyle ha dicho toda verdad, el pobre solo era un cabeza de turco, nada más - Continuo Lorcan. El joven quito los mechones de pelo rubio que tapaban su rostro y se los recogió en una pequeña coleta - Deberíamos concentrarnos en las mariposas, por ejemplo - Todo el mundo dirigió su mirada hacia él. Se hizo el silencio sepulcral y el muchacho ladeo su boca en una media sonrisa misteriosa
- Os recuerdo que hace dos días, un estudiante estuvo apunto de tirarse de la torre de astronomía - Murmuro con voz suave y esponjosa.
-Ya sabemos que las mariposas son la causa de la enfermedad - Comento Rose siguiendo el hilo de la conversación - Pero nadie las ha visto, excluyendo a Hero cuando las vio en el despacho del profesor Schneider...
-Gael Lessexs - Le corrijo Ralph con timidez.
-...Y James cuando las vio durante el partido de quidditch, algo realmente extraño. Esas criaturas esperan el momento oportuno para atacar. ¿Pero como ataca una mariposa? No entiendo la reacción de los estudiantes y tampoco entiendo que induce a las mariposas a elegir a sus ''presas'' por decirlo de alguna forma - Murmuro mientras tamborileaba sus dedos sobre el sofá. Todos la observaban, mientras Rose reflexionaba. Flopy levanto su pequeña cabeza y olfateo a su alrededor.
-Bueno, hay que tener en cuenta que durante los últimos meses, en el colegio se respiraba una atmósfera extraña. Los estudiantes tenían conductas agresivas y muchas alumnas terminaban en ataques de nervios y depresiones. Eso fue antes de los primeros ataques...- Afirmo Lorcan con tranquilidad.
Pero si descubrimos donde se encuentran...podríamos encontrar la forma de destruirlas y salvar a muchos estudiantes - Murmuro Claudio colocándose las gafas de nuevo sobre el puente de la nariz - Seguramente se encuentren en un lugar oscuro, de lo contrario las hubiésemos visto.
-¿Insinuás que tenemos que encontrar su madriguera? - Pregunto Ralph con una mueca.
-Bueno, no es exactamente una madriguera, seria algo así como una enorme crisálida de donde saldrían las mariposas - Contesto Claudio pensativo. Se giro para mirar a Rose - Pero tu madre ya ha ido a buscar información, seguramente mañana mismo llegue con la cura para los enfermos. Aun que yo apruebo lo de hacer nuestra propia investigación - Todos aceptaron con la cabeza.
-Ademas, si nos las cargamos...quiero decir, si aniquilamos a las mariposas - Hugo sonrió de manera vengativa - La noticia caerá como un barril de agua fría a ese tal Maro ¿Verdad? - Enseño sus descolocados dientes mientras sus pecosas mejillas se encendían de nuevo por la emoción - Esto empieza a animarse - Dijo frotándose los nudillos de las manos
-¡Aguanta Albus! ¡Nadie podrá detenernos! - Grito Ralph de forma teatral mientras levantaba un puño al aire. Por primera vez en toda la noche, la tensión del ambiente se relajo y varias sonrisas cruzaron los rostros de los presentes. Se hizo el silencio de nuevo, durante unos segundos, todos se mantuvieron ausentes, perdidos en sus propios pensamientos.
-¿Por qué mariposas? - Se pregunto Lily un tanto extrañada - ¿Qué hacen esas criaturas exactamente? Deben beneficiarle de alguna manera a ese tal Maro - Miro a sus compañeros - ¿Verdad? De lo contrario, esto no tiene ningún sentido. No creo que solo le satisfaga el echo de que varios alumnos se estén debatiendo entre la vida y la...-Paro en seco y bajo la cabeza - Perdón, no quería decir...
-La muerte - Lorcan termino por ella y sonrió devilmente. Sus ojos se volvieron a encontrar y por un segundo, olvidaron el echo de que se encontraban en la sala común, rodeados de sus amigos. Pero todos estaban demasiado ocupados como para darse cuenta de la intensidad de la mirada entre los dos jóvenes.
-Quizás le agraden los insectos - Murmuro Ralph inocentemente. Claudio sonrió con burla y despeino el rizado cabello negro del muchacho.
-¡Por Merlín y los calzones andrajosos de Dumbledore! - Rose había saltado del sofá y se erguía ante ellos con las mejillas sonrojadas y la respiración entrecortada. Todos la observaron con sorpresa y expectación - ¡Como he podido ser tan tonta! ¡Lo he tenido delante de mis narices todo este tiempo! ¡De que me sirve sacar extraordinarios si luego paso por alto este tipo de detalles!
-Rose, calmate - Murmuro Lily tirando de la falda de su prima - ¿Puedes explicarte? ¿Por favor? - Suplico mientras la mirada asombrada y a la vez llena de curiosidad. Rose se sentó con torpeza y trago saliva.
-A principio de curso, Albus, Scorpiu...-Paro en seco y su rostro palideció.
-Continua
- La animo Lily con una sonrisa comprensiva.
-Bueno leímos un libro muggles sobre profesores renombrados de universidades británicas. Entre ellos se encontraba el profesor Dalton y nombraba varios de sus descubrimientos...- Clavo sus ojos el los rostros esperanzados de sus amigos y suspiro - La mariposa Teufel era una de ellas, una mariposa del centro de Europa.
-¿Quieres decir que raptaron a ese profesor por su descubrimiento? - Pregunto Lorcan con cautela. Rose asintió lentamente - Así que estamos buscando, a una tal mariposa Teufel - Rose volvió a asentir con la cabeza - Bueno, ahora al menos sabemos por donde comenzar a buscar. Algo encontraremos en la biblioteca y sino en la sección prohibida - Todos asintieron con la cabeza, un poco mas animados con aquel repentino descubrimiento.
De repente, el retrato de la señora gorda volvió a abrirse y James Potter apareció ante ellos. Se hizo el silencio y el ambiente volvió a cargarse, lleno de tensión y energía. La lluvia no había parado y seguía golpeando los ventanales de la sala común. El sonido de la tormenta se escuchaba a lo lejos, perdiéndose entre las montañas. James se acerco lentamente hasta la lumbre de las llamas y se dejo caer con desgarbo encima del sofá donde se encontraba Ralph. Todos se mantuvieron en silencio, sin saber que decir o que hacer. Demasiados sentimientos encontrados y pocas palabras para poder describirlas.
-Creo que yo debería subir, para ver como esta Hero - Susurro Lily levantándose con suavidad.
-No esta en su habitación - Contesto James con voz grave mientras sus ojos marrones se perdían en un punto de la chimenea - Salio hace un rato...-Todos se miraron alarmados pero James no dijo nada mas.
-James ¿Donde esta Hero? - Pregunto Lily con seriedad - Por favor, dime que no ha ido a donde creo que ha ido - Murmuro mientras su rostro palidecía lentamente a causa de la idea que se le había formado en la cabeza - ¡Está loca! ¡Esa niña no aprende! ¡¿Es que es masoquista?! - Lily comenzó a caminar hacia la salida de la sala común echa una fiera pero James la agarro y la paro antes de que llegara al retrato.
-Lily, Hero tiene derecho a saber la verdad - Murmuro James con voz grave y ojos brillantes como estrellas - ¿No te parece? Hay que abrir los ojos ¡Aun que la verdad duela! - Se giro hacia Rose con ojos chispeantes. Su prima se quedo muda y sus mejillas se tornaron de un color rojizo. Había pillado la indirecta clara y precisa como una hoja de afeitar.
-¡La has dejado sola con ese maniático loco! - Grito Lily zarandeándole por el cuello de la camisa de uniforme. James no puso resistencia y dejo que su hermana menor le golpeara el pecho con los puños - ¡¿Es que te has vuelto loco?! ¿Acaso no la conoces? - Murmuro mientras su rostro iba tornando del color de su propio cabello flamante y rojizo. Pero James la ignoraba por completo, su mirada estaba fija en la figura de su prima Rose.
-¿James?
Ralph, Lorcan y Claudio se miraron alarmados. Rose se mantenía erguida y desafiante, consciente de que la tormenta volvía a avecinarse en la sala común de Gryffindor pero dispuesta a defenderse con uñas y dientes. Lily había parado de golpear a su hermano mayor y observaba la escena confusa. Hugo se había levantado y se había colocado al lado de su hermana mayor, también consciente de lo que se avecinaba en frente de sus ojos. Después de todo Rose era humana. La frase de James corto la sala como un cuchillo afilado y puntiagudo. Todos palidecieron y el frío recorrió sus cuerpos mientras aguantaban la respiración.
-Como pudiste anteponer a ese Malfoy, protegiste a una cobarde serpiente antes que a tu amigo, tu mejor amigo.
Continuara....
¡Mis queridos y fieles lectores y lectoras!
He aquí el capitulo numero cuarenta y dos, con 17 paginas nada mas y nada menos. Se que os prometí algo muy esperado en ese capitulo, pero se me ha echo demasiado extenso así que lo he tenido que dividir en dos partes, os prometo que en el próximo obtendréis lo que deseáis. Espero que os haya gustado y que la espera haya merecido la pena. Esta vez actualice un poco mas rápido, espero poder hacerlo aun mas rápido la próxima vez. Bueno ya sabemos la historia de Hero. Debo decir que me influí mucho de una novela llamada Rebeca, un best seller muy bueno y que tiene una pelicula de los años 40 en blanco y negro, dirigida por Alfred Hitchcock. Ambas (novela y pelicula) son enteramente recomendables bajo mi humilde opinión.
En el siguiente capitulo. El momento esperado entre dos personajes. Una pelea que desvelara los sentimientos mas íntimos de Rose Weasley. San Mungo. Una conversación entre Albus y su compañera de celda.
Bueno tengo muy buenas noticias. ¡Me voy a USA! He conseguido contrato con una compañía norteamericana asique en marzo me marcho al otro lado del charco. Bueno este capitulo os lo dedico para celebrarlo, aun que estamos en un momento un poco triste, pero bueno da igual.
Como siempre millones de gracias por ese apoyo tan especial que me brindan casi todos mis lectores. Un abrazo enorme para esas personitas tan maravillosas que me dejan sus comentarios. Me alegráis el día y la semana.
¡Comenta no te olvides!
¡Nos vemos en el próximo!
¡Un beso!
Irene
Pluma Cisne.