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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 42
Como pudiste anteponer a ese Malfoy, protegiste a una cobarde serpiente antes que a tu amigo, tu mejor amigo.
La frase sonó fría y cortante, se escucho el sonido de un hacha que caía desde arriba y rompía con el silencio. Todos aguantaron la respiración mientras las llamas de la chimenea alumbraban sus pálidos rostros. Hugo lanzo una mirada amenazadora a su primo James, pero este mantenía los ojos fijos en Rose. Lily estaba de pie, al lado de James, mirándole horrorizada con los puños aun cerrados. Los merodeadores, que se habían levantado del sillón, observaban a su mejor amigo con ojos asustados. James tenia un temperamento muy fuerte y en ocasiones asustaba, pocas veces se le veía así pero cuando ese James aparecía, su carácter era remplazado por un monstruo furioso.
-James controlate o terminaras haciendo daño a alguien...-Murmuro Lorcan con voz suave mientras sus ojos se clavaban en su mejor amigo.
Mas que daño físico, se refería a otro tipo de dolor y de heridas, escondidas bajo la piel y que en aquel momento estaban a flor de piel, sangrantes y esperando una cura que nunca llegaba. Todos miraron a Rose, que se mantenía erguida y sin apartar la mirada de su primo James. Sus mejillas pálidas, poco a poco, se iban tiñendo de un color rojizo y sus manos temblaban débilmente bajo la túnica. Hugo estaba detrás de ella y la sujetaba del hombro con una mano.
-No protegiste a Albus y todo por estar pendiente de otras cosas - Volvió a murmurar con saña, pero por unos momentos su rabia se fue convirtiendo en pánico - Por Merlín Rose, estabas completamente ciega, te has escondido como una cobarde - James se tapo la cara con las manos, desesperadamente - ¡¿No te has dado cuenta de que has fallado a Albus en todos los sentidos...?!
-James...-Claudio y Lorcan dijeron su nombre a la vez, como advertencia. Pero James no parecía escuchar, siguió gritando frases contra la muchacha mientras una lagrima gruesa caía de sus ojos hasta sus mejillas para luego perderse en su barbilla y caer al uniforme.
-James, Por Merlín - Suplico Lily mirando a su hermano - No empeores las cosas - Murmuro mirando a Rose que se mantenía erguida, sin apartar la mirada de su primo y con las mejillas cada vez mas rojas. Hugo detrás de ella apretaba los puños y parecía estar apunto de tirarse encima de James.
-¡¡Le has traicionado!! - grito James finalmente con todas sus fuerzas - ¡¿Donde esta tu honor?! ¡¿Tu valor?! ¡¡No mereces ser una Weasley!! - Todos lo miraban horrorizados. James no había podido explotar hasta ese momento y había perdido la paciencia, desahogándose en la primera persona que sus ojos encontrasen y en este caso, tenia una buena excusa.
-¡¡BASTA!!
- Un grito desgarrador corto el de James y se hizo el silencio. Rose Weasley había bajado la cabeza y su cabellera borgoña tapaba su rostro, sus hombros se convulsionaban y sus manos temblaban exageradamente. Hugo la observo asustado e intento sujetarla pero Rose no se dejo tocar y se apoyo en uno de los brazos del sillón. Tras unos segundos, levanto la cabeza y sus ojos se clavaron en los de James como dagas afiladas.
-¡¿Qué esta sucediendo aquí?! - Una prefecta apareció en las escaleras y detrás de ella la mitad de la casa de Gryffindor. Asomaban sus cabezas curiosas mientras abrían la boca, estupefactos por la escena que se estaba montando delante de sus ojos, como una representación dramática - ¡Quiere alguien contestarme! - La prefecta los observaba con indignación, pero nadie se movió de su sitio, el silencio era completo.
-Tranquila, esta todo bajo control...-Murmuro Claudio acercándose con una sonrisa inocente en el rostro. La prefecta arqueo una ceja mientras apoyaba las manos en sus caderas de forma arrogante. Claudio iba a decir algo más, para relajar los ánimos y conseguir que toda esa masa de alumnos volviera a la cama, pero antes de abrir la boca, otro grito se escucho por todo el recinto. Rose se había colocado frente a James, su labio temblaba y sus ojos eran manantiales de agua, cayendo en cascada.
-¡¿Traidora?! ¡¿Honor?! - Grito la muchacha -¡¿Acaso sabes tú como me siento, niño arrogante?! - Su mandíbula temblaba pero ella continuo erguida, ignorando sus temblores y el dolor de cabeza que comenzaba a atacarla - ¡¡La culpa no deja de acosarme, me persigue como en una pesadilla, pero no puedo despertar porque esto es la vida real!! ¡¡Yo he fallado a Albus!! ¡¡Pero no soy la única que le ha fallado en este lugar!!
-Rose no tienes que darnos explicaciones...-Le interrumpió Hugo con ternura.
-¡¿No?!
- La muchacha sonrió con nerviosismo mientras las primeras lagrimas caían por sus mejillas como ríos de agua salada - ¿A caso creéis que no me doy cuenta de vuestras miradas? - Murmuro en voz mas baja, observando a todos los presentes, incluyendo los curiosos que se habían despertado de la cama y bajaban a descubrir lo que estaba sucediendo. El silencio era completo y toda la atención estaba fija en la temblorosa figura de Rose Weasley.
-Todos pensáis lo mismo - Susurro la muchacha quitándose un rizo de la cara pero manteniéndose erguida y decidía a continuar sin ayuda alguna - ¡¡Pobre niña!! Eligió el camino erróneo y decicio traicionar a las personas mas cercanas e importantes para ella - Hizo una pausa - Se olvido del sitio que le corresponde en el mundo, desafio las tradiciones que se transmitian de generacion en generacion...
Volvió a parar durante unos segundos mientras su respiración se agitaba cada vez mas. Era el momento y su cansada conciencia se apago por completo, dejando la razón a un lado y entregándose a los instintos. Entonces cerro los ojos y armándose de valor, lo grito con todas sus fuerzas, sintiendo como una parte de su alma se desgarraba con aquel grito, desprendiéndose de todo el miedo que la había acosado durante los últimos meses. Olvidándose de todo y dejando que su boca nombrara y articulase aquellas palabras prohibidas por las que se había sentido tan culpable.
-¡¡Yo no elegí enamorarme de Scorpius Malfoy!! -
Enseguida sintió como su cuerpo se calmaba y su mente se relajaba. Los mareos dejaron de acosarla y el dolor en el pecho desapareció. Pudo levantar la mirada y encontrarse con los ojos estupefactos de toda la sala común de Gryffindor. Pero ya no le importaba, había tenido el valor de gritarlo y de reconocerlo, demostrándose a si misma que no tenia miedo de ser quien era. Debería haberlo gritado a los cuatro vientos, hacia mucho tiempo atrás, sin miedo ni culpa. Debería haberlo reconocido, haberlo sacado a la luz, porque la vida es demasiado corta para vivirla en secreto, a escondidas y con miedo por lo que puedan decir. Pero no pensaba hacerlo de nuevo, ella siempre deba la cara y jamas iba a esconder lo que sentía ni lo que pensaba, incluso si ponía en peligro su dignidad, porque en el camino de la honradez se pierde todo.
-He estado entre la espada y la pared todo este tiempo, preocupada por dos de las personas mas importantes en mi vida. Por no cuidarlos lo suficiente, por no haber confiado en ambos, ahora no están. No me detuve a escucharles, escucharles de verdad y descubrir lo que realmente me pedían a gritos. Sin yo darme cuenta, cada día que pasaba sus suplicas de auxilio cada vez eran mas grandes y yo cada vez estaba mas sorda y ciega. Caminaba a gatas y con los ojos cubiertos, porque no deseaba ver, no quería ver la aterradora verdad que se presentaba ante mis ojos. ¡¡¿Pero por que?!! ¡Porque ahora que había dejado atrás mis miedos, cuando descubrí que sentir lo que sentía no estaba mal y que deseaba ser feliz sin necesidad de sacrificar nada de lo que quiero!...
-Rosie...-Susurro Lily atragantándose con sus palabras. Varias muchachas se habían tapado la boca, sus ojos observaban apenados y llorosos a la joven delante de ellas.
-Quería controlar a los dos pero lo hice de la manera incorrecta. Albus me pidió ayuda una y otra vez, pero me cerré por el simple orgullo de mi conciencia, debí creer cada palabra que salia de su boca, pero siempre lo acusamos de soñador y de imaginativo, no pude ver mas allá de la lógica encerrada en mi cabeza. Scorpius me suplicaba cada día, sus ojos me hablaban aunque no lo hicieran sus labios, pero no quise reconocer que algo oscuro se estaba apoderando de él. Jamas creí que la sombra fuera tan grande - Paro de nuevo mientras su respiración se acompasaba lentamente.
-Como iba a saberlo, ¡Yo también soy humana, soy de carne y hueso, con debilidades y fortalezas! ¡Y a veces estas cosas nos superan, en todos los sentidos! - La muchacha los observaba con ojos cansados y suplicantes - Albus jamas desconfió de Scorpius y yo tampoco pude o no quise hacerlo. Y a pesar de todo lo que esta sucediendo, a pesar del rencor y la rabia que me embarga contra él, contra Scorpius, por no confiar en mi y por no tener el valor de decirme la verdad, sigo creyendo que Scorpius tubo una razón para hacer lo que hizo, quizás no suficiente para convencernos a todos, pero algo sucedió, porque el miedo que yo sentí en sus ojos era algo que no puedo describir...
-Debería haber actuado antes, pero no soy la única, todos deberíamos haberlo echo. Ahora es demasiado tarde y hemos perdido a ambos - Murmuro - Así que no me llames traidora, porque tú tampoco supiste escuchar, ninguno de nosotros lo hizo - Sus ojos se clavaron en James como dagas mientras su voz se volvía mas grave por el llanto repentino - No me llames traidora, porque mi corazón esta divido en dos y siento que voy a volverme loca.
Su voz se apago como un murmullo y el silencio volvió a embargarles. Solo se escuchaba el sonido del fuego, crujiendo contra las maderas mientras se deshacían entre las llamas. La sensación de ahogo, admiración y confusión se sentía latente en la sala común. Todos los alumnos se habían levantado de la cama y observaban al grupo desde las escaleras y las esquinas, enfundados en sus pijamas o en sus batas de dormir. Giles observaba a la muchacha con ojos asustados y extrañados, pero no se atrevió a acercarse. Rose había bajado la cabeza durante unos segundos mientras la respiración volvía a su estado natural y su pecho se acompasaba lentamente a los latidos de su corazón. James seguía pegado al suelo, sin moverse ni un centímetro, las lagrimas habían desaparecido de sus ojos y se podía observar la culpa que albergaban ahora.
Rose se limpio las ultimas lagrimas que caían por su rostro y tomando su mochila cargada de libros, comenzó a alejarse hacia las escaleras que llevaban a las habitaciones de las chicas. Todo el mundo se aparto para dejarla pasar mientras los ojos se clavaban en ella, unos con admiración, otros con recelo. Pero antes de desaparecer por las escaleras de caracol, se giro lentamente para quedar frente al grupo de jóvenes.
-Voy ha hacer todo lo que este en mi mano para traer a Albus de vuelta y no pienso darme por vencida hasta conseguirlo - Dijo con voz clara y decidida. Ya no había temor en sus movimientos ni en su rostro, el único rastro de tristeza se mostraba en sus ojos, rojos e hinchados por el llanto, pero apartando ese detalle, nadie hubiese imaginado, por su actitud decidida, que minutos antes Rose Weasley se había derrumbado. Sin añadir nada mas, se dio la vuelta y desapareció por las escaleras de caracol, dejando a todos en silencio y estupefactos.
-Todo el mundo a la cama - Ordeno la prefecta, tras unos segundos de asimilación. Se giro hacia Claudio y le lanzo una mirada enfadada. Después de todo Claudio era un prefecto y había permitido todo aquel alboroto - Eso también va por vosotros...- Murmuro con voz indignada mientras empujaba a varias niñas de segundo que se habían puesto a cuchichear - Como vuelva a producirse un incidente como este, avisare a la directora Mcgonagall. ¿Entendido?
-Si, por supuesto, ahora mismo subimos - Lorcan sonrió suavemente mientras la mitad de su pelo rubio tapaba el rostro de forma misteriosa. Su voz gutural y esponjosa hizo que la muchacha por unos segundos se olvidase de su tarea de prefecta. Lily carraspeo mientras alzaba una ceja y la chica, sonrojándose repentinamente, comenzó a subir las escaleras seguida de varios alumnos mas, no sin antes mirar de reojo a Lorcan que se había vuelto a sentar en uno de los sofás de la sala común.
-¿Estas contento ahora? - Hugo miraba fríamente a James. Este seguía de pie, frente al sofá a pocos metros de donde había estado Rose, segundos atrás - Ya has conseguido lo que querías James. Sabes que te admiro y que generalmente te apoyo en todo lo que haces. Pero no esta vez, por una vez, podrías haber cerrado la boca y ponerte en el lugar de los demás durante cinco minutos. Rose no se merecía esto, ella es la que más esta sufriendo, aunque no lo demuestre - Y sin decir nada más, dio media vuelta y se alejo hacías las escaleras.
-James...
La cabellera flamante de Hugo despareció y Ralph, aun tapado por la manta, se sentó en el suelo, cerca de la chimenea, como si el ambiente se hubiera enfriado de repente y necesitase el calor del hogar. Lily se acerco hacia su hermano mayor, con ojos tiernos y expresión maternal, pero antes de que le diera tiempo ha hacer nada, James se alejó a grandes zancadas hacia la salida de la sala común. Lily se quedo a mitad de camino, con la mano alzada y observando como su hermano desparecía entre las sombras. Ninguno de los merodeadores hizo nada para impedirlo. Lentamente, Claudio rodeo a Lily con un brazo y la hizo sentarse junto al fuego.
-Es mejor así - Susurro con voz suave mientras Lily se quedaba observando el fuego, en silencio - James necesita calmarse y tiempo para reflexionar, en un rato volverá como nuevo. Ya lo veras - Las miradas de Claudio y Lorcan se encontraron. El silencio volvió ha hacerse dueño de la sala común y el fuego volvió a apoderarse del protagonismo mientras cuatro jóvenes se quedaban observando sus llameantes danzas, incapaces de cerrar los ojos y descansar en una noche como aquella.
James salio de la sala común sin mirar atrás y sin hacer caso de las quejas de la señora gorda, que lo regañaba a pesar de la distancia que los comenzaba a separar. Caminaba sin rumbo fijo, deseando desaparecer entre los muros del castillo. Sus piernas lo guiaban por las escaleras, bajando y subiendo, recorriendo corredores y cruzando los jardines internos, empapándose de la lluvia que caía sobre el castillo. Tras recorrer mas de la mitad del castillo, James paro y se quedo apoyado sobre una pared mientras unas gotas de agua resbalaban por su húmedo cabello. Apretó los dientes y dio un golpe a la pared con el puño mientras se iba deslizando hasta caer al suelo. Cerro los ojos con cansancio y se quedo tendido en el pasillo, escuchando la lluvia caer y los sonidos del antiguo castillo. La oscuridad lo envolvió y su conciencia cansada se apago.
-Señor Potter...-Escucho como una voz le llamaba en la lejanía, pero la ignoro, sin ganas de salir a la luz y quedarse en la oscuridad de su conciencia - Señor Potter, James...- Algo frío toco su cuerpo y rápidamente abrio los ojos con sorpresa. El cuerpo traslucido de Myrtle la llorona se encontraba frente a él, con sus ojos saltones y sus gafas de montura.
-¿Myrtle?
- James miro a su alrededor con confusión y descubrió el pasillo, seguía tendido en el suelo y por lo que parecía, se había quedado completamente dormido -¿Qué haces aquí? ¿Han vuelto los fantasmas al colegio? - Pregunto tocándose la cabeza con una mueca de dolor.
-Myrtle no quería irse del colegio - Contesto el fantasma de la muchacha, flotando suavemente en el aire mientras su cuerpo etereo y traslucido mostraba la pared frente a ellos - Tuve que esconderme durante meses en la cañerías para que Mcgonagall desistiese. Pero los retretes son mi hogar y no pienso marcharme por unas cuantas nimiedades - El fantasma sonrió coquetamente mientras se acercaba peligrosamente al muchacho.
-Completamente comprensible, después de todo estas muerta. ¿Qué puedes temer? - El fantasma cambio su expresión y un grito de indignación salio de su garganta. Se separo de él y comenzó a volar con enfado a su alrededor diciendo cosas como:
¡¡Claro, Myrtle esta muerta!! ¡¡Pero Myrtle también tiene sentimientos!! ¡¡Que divertido, vamos a decirle a Myrtle que esta muerta!! ¡¡Cinco puntos al que la haga llorar!! - Todo ello con una voz chillona que se adentraba en los oídos del muchacho como bombas en explosión.
-Perdona, no estoy en mi mejor momento - Se disculpo el muchacho, al darse cuenta del berrinche de Myrtle. El dolor de cabeza aumentaba por momentos y no deseaba aguantar a un fantasma enfadado. El fantasma de la joven dejo de quejarse y se quedo observándolo con aquellos ojos saltones. Su delgada y esquelética figura floto, hasta llegar a él.
-¿Necesitas consuelo, joven Potter? - El fantasma se sentó a su lado y coloco su fantasmagórica cara en el hombro de James. Un frío contacto toco la piel del muchacho y este se aparto con rapidez - Son días tristes ¿Verdad? - Dejo escapar una risita cantarina mientras se acercaba un poco mas a la vez que James se alejaba
- Últimamente no venís al cuarto de baño, extraño vuestra compañía - Murmuro Myrtle mientras ronroneaba en el hombro del muchacho. Al parecer, la atracción que Harry Potter había provocado sobre Myrtle la llorona, también la habían heredado sus hijos varones. A pesar de que Albus Potter era el preferido del fantasma, James Potter también gozaba de la atención del fantasma femenino, si no conseguía hacerla llorar y enfadarla.
-Los siento, hemos estado ocupados - Contesto el muchacho poniéndose en pie y deseando que el fantasma de la joven desapareciese de su vista. Por una décima de segundo, deseo que Peeves apareciese en ese instante. Sabia que disfrutaba molestando a Myrtle, pero por un momento se compadeció de la pobre muchacha.
-Si yo también he estado ocupada - Contesto sin darse cuenta de la ironía de la frase, pegándose a James todo lo que podía - Últimamente hay muchos bichos extraños en las alcantarillas y no puedo viajar tranquila, son demasiado molestos. Ya sabes, una baja para compadecerse de si misma, de la soledad de su miserable vida...
*-Pero si no estas viva -*Susurro James poniendo los ojos en blanco mientras sentía el frío tacto de Myrtle a su lado.
-Y entonces ¡Zas! Llegan unos cuantos bichos y terminan con tus sueños de tranquilidad y miseria - Comento con voz chillona y risueña mientras se colocaba las gafas - Quizás tu puedas ayudarme James, eres muy valiente - James dejo escapar una sonrisa melancólica.
-Seria un placer Myrtle, pero me temo que estoy un poco ocupado - Contesto observando el pasillo con ojos melancólicos - Quizás en otro momento, cuando todo se haya calmado y me sienta menos miserable - Myrtle lo observo ceñuda, se había dado cuenta de que James estaba mas educado de lo normal, ya que normalmente la molestaba sin ningún tipo de sensibilidad.
-Podre esperar - Contesto dejando escapar otra risita - Pero, además, ahora tengo a una insoportable chiquilla en los baños y no puedo concentrarme en mis lameros - Gruño Myrtle frunciendo los labios y flotando al lado de James - ¿No puede irse a otros baños a llorar? He intentado consolarla con mi la lamentable historia de mi muerte, pero me ha tirado unas tijeras a la cabeza ¡Parece que a los estudiantes les resulta divertido tirarle cosas a la cabeza de Myrtle! - James arqueo una ceja y observo a Myrtle con curiosidad - Que carácter mas desagradable y que mal educada...
-Espera Myrtle ¿Esa alumna tenia el pelo muy largo? - Pregunto James parando en seco y mirándola con ojos centelleantes. El fantasma asintió lentamente con la cabeza, encogiéndose de hombros mientras sus coletas bailoteaban sobre sus traslucidos hombros. James sintió un agujero en el estomago y sin pensarlo dos veces, echo a correr hacia los baños de las chicas del primer piso.
Nada mas llegar al corredor, sus pies chapotearon sobre el pasillo encharcado de agua. Uno de los grifos debía haberse roto de nuevo. Con pasos rápidos llego hasta la puerta de los baños, de donde salia el agua. Coloco la mano sobre la puerta y con fuerza presiono el pomo, la puerta cedió ante su peso y James entro en el recinto. El fantasma de Myrtle paso delante de él y le señalo los espejos que había frente a él. James soltó el pomo de la puerta y se quedo observando la imagen que había ante él. Los pelos de la nuca se le erizaron y sintió como un sudor frío caía por su frente. La figura de una muchacha se encontraba frente a uno de los espejos, sus mejillas estaban surcadas de lagrimas que caían sobre el jersey de uniforme. Jamas la había visto llorar, ni una sola lagrima había caído de sus ojos, hasta ahora y aquella imagen le estrujo el corazón. Se la veía tan frágil, pequeña bajo la luz grisácea de los baños.
En sus manos había unas tijeras, fuertemente sujetadas por sus pequeñas manos, iban cortando mechones de pelo, sin ningún tipo de escrúpulo, el sonido se escuchaba con fuerza, cortando el silencio con los tijeretazos. Los largos mechones de pelo caían al suelo encharcado, oscureciéndose por el agua. Las tijeras se movían implacables, cortando aquel hermoso y denso cabello que tanto había cuidado. James se quedo ahí, quieto y mudo, incapaz de poder parar aquello. Cuando el ultimo mechón de cabello cayo al suelo, la imagen reflejada en el traslucido cristal, cambio para siempre. Hero Eyre se miraba al espejo mientras las lagrimas caían por sus ojos y sus largos mechones de cabello la rodeaban en el suelo. Su fino cuello y su nuca, se encontraban descubiertos por completo. Parecía otra persona, mucho mas mayor y cansada de lo que jamas la había visto. Se dio cuenta de Hero ya no era una niña y en menos de unas horas se había convertido en una mujer. Entonces los ojos de Hero se encontraron con los de James, a traves del espejo. Las tijeras resbalaron de su mano, cayeron al suelo estrepitosamente y se giro con lentitud, para quedar frente a él.
James la observo. Su ovalado rostro y su largo cuello palidecían por la luz mortecina del baño, las lagrimas habían dejado manchas en su piel y su cabello se encontraba desigual y corto como el de un chico. Pero James, en ese instante, se dio cuenta de lo hermosa que era para él, de lo hermosa que era por dentro y de la valentía que aquel acto había tenido para ella, del significado de aquellas tijeras y de sus lagrimas. Nunca había estado tan hermosa ante sus ojos. Lentamente se acerco a ella, sintiendo como el agua encharcaba sus zapatos y sus calcetines. Ella lo observaba, con los brazos a los lados del cuerpo, flácidos y sin fuerzas. La túnica de uniforme a un lado y su falda emapapada de agua y de hilos de cabello. Sus pasos lo guiaron hasta ella, quedando frente con frente.
James alzo una mano temblorosa y acaricio las manchadas mejillas de la muchacha mientras sentía el vaho de la respiración de Hero, que salia de su boca entreabierta. El silencio era tan mágico, tan atrayente, que cualquier palabra hubiese roto aquel hechizo que lo embargaba de pies a cabeza. Aquella imagen le había abierto los ojos por completo y por un instante había comprendido el corazón de Rose. Su sentimiento por aquella muchacha era mayor que la conciencia y la razón, mas grande que la lógica o el razonamiento. Sus manos rodearon el rostro de Hero y lo acunaron con suavidad mientras se miraban a los ojos, sintiendo sus respiraciones y la cercanía de sus labios.
Y entonces Hero lo beso, con frenesí, con necesidad empapada de dolor y de lagrimas agridulces. James sintió aquellos cálidos labios sobre los suyos y la oscuridad lo envolvió mientras un volcán erupcionaba dentro de su estomago y flotaba hasta la superficie de su boca. Instintivamente su cuerpo contesto a aquel contacto tan suave, tan dulce y deseado. Su conciencia despareció y se alejo hacia el cielo mientras sentía los labios de Hero, acompasándose a los suyos, con un ritmo perfecto y armonioso. La estrecho contra su pecho, sintiendo el calor que desprendía mientras sus bocas continuaban aquella danza sin palabras. Acaricio su cuello desnudo, su clavícula marcada, deseando que las yemas de sus dedos guardaran en su memoria aquel contacto tan irreal, aquellas lineas de piel descubiertas. Sintió las pequeñas manos de Hero, arrastrando su cabello con los dedos mientras presionaba los labios contra los suyos, humedamente, dulcemente, con necesidad, explicando lo que no podían decir las palabras. Sus corazones habían parado por segundos y solo se escuchaba el suave jadeo de sus bocas mientras sus manos viajaban de un lado para otro, recorriendo su pelo, su cuello, acariciando la espalda y el rostro. La sangre se adentraba en sus venas como lava ardiendo, con fuerza, implacable. A cada caricia un mar de sensaciones reunidas, nublando su juicio y su razon, como si no existiese nada mas que ellos en aquel lugar y en aquel momento.
Cuando el oxigeno se agotó y sus labios sonrojados se separaron, el aliento caliente de sus bocas golpeo la piel de sus rostros mientras el sonido de sus respiraciones terminaba con el silencio. El correr del agua se escuchaba lejano e indefinido, como un goteo continuo que se acoplaba a los latidos de sus corazones. Se miraron. Ojos brillantes y luminosos, mejillas sonrojadas, labios entreabiertos, puertas del cielo. James sintió que flotaba en el aire, como si estuviese suspendido en su escoba, dejo de percibir el suelo bajo sus pies, solo podía mantener su atención en aquel pequeño rostro que lo observaba, lleno de emociones inexplicables: miedo, felicidad, confusión. Acaricio con una mano, el desigual y corto cabello de Hero y sus labios se posaron humedamente en la frente de la muchacha mientras sentía como los brazos de Hero lo estrechaban por dentro de la túnica.
Se quedaron abrazos, escuchando el sonido del castillo y el rumor del agua de los grifos que se mezclaba con el de la lluvia, golpeando los ventanales. James se quedo mirando el reflejo de sus figuras entrelazadas, proyectada en uno de los espejos. Se sentía culpable, culpable por ser tan feliz en un momento como aquel. Escuchaba como su corazón latía rápidamente, apunto de salirse del pecho y no pudo hacer otra cosa que sonreír mientras sentía el aliento de Hero sobre su cuello. Por un momento la oscuridad se había disipado y la luz volvía a recorrerle. Hasta en los momentos mas oscuros se podía encontrar la felicidad y ahí estaba, latente y entre sus brazos. La estrecho con fuerza, con miedo de que se desvaneciese y desapareciese, como una visión.
Era tarde y noche cerrada, la tormenta continuaba, implacable sobre sus cabezas. Myrtle había desaparecido, pero se escuchaban las cañerías de los baños por lo que no debía andar muy lejos. Poco a poco la fue separando de su cuerpo, Hero había dejado de temblar pero continuaba pálida y débil como una pluma, apenas se sostenía en pie y había cerrado los ojos, cansados de tanto llorar. Tomo la túnica de Hero, tirada en el suelo y metió las tijeras en uno de sus bolsillos. Con suavidad, James la cargo en su espalda y se dirigió hacia la salida del baño, encharcado de agua. Camino por los corredores oscuros, con Hero en su espalda. La luz de la luna le iluminaba el camino y en alguna ocasión tubo que mezclarse entre las sombras, escondiéndose del conserje y de algún profesor que patrullaba por los pasillos. Subió todos los pisos y las escaleras sin rechistar, sintiendo la respiración acompasada de Hero en su nuca y sus débiles brazos rodeandole el cuello. Estaba cansado y sudoroso, pero no le importo, el cansancio no era suficiente para que desistir. Camino hasta llegar al retrato de la sala común de Gryffindor, jadeante. Cuando la Dama gorda vio el panorama no pudo hacer otra cosa que acribillar a James a preguntas impertinentes.
-Es la tercera vez que interrumpen mi letargo esta noche señor Potter - Informo la dama gorda observándole con sus pequeños ojos - No pienso darle paso señor Potter, esta usted tomándome el pelo de la forma mas mezquina - La dama gorda volvió a acomodarse en su silla mientras se colocaba el gorrito de dormir - No me mire de esa forma, no es la primera vez que se queda fuera - gruño con voz chillona.
-Querida ¿Acaso cree que no me doy cuenta de sus intenciones? - James sonrió suavemente mientras la observaba. La dama gorda volvió a centrar sus ojos en el muchacho, con curiosidad. James se quedo en silencio unos segundos, haciéndose el interesante para provocar mas efecto en sus palabras.
-Se que ha estado practicando muy duro, ya sabe, sus clases de opera. Debo decir que su voz aun suena como una puerta chirriante, pero ya sabe, dicen por ahí que todo se consigue a base de esfuerzo diario, es usted todo un ejemplo. - La dama gorda abrió la boca completamente indignada mientras su sonrojado rostro se volvía cada vez mas rojo por la vergüenza - Pero todo tiene un fin. ¿No es así? Todo para impresionar a Sri Cadogan.
-¡Señor Potter!
-Desde que Sir Cadogan salvo los cuadros del segundo piso, impidiendo su incineración, accidente del que no fui responsable. Usted ha sentido una gran admiración hacia él, por no decir algo mas comprometedor y personal - Susurro cerca del cuadro. La dama gorda dejo escapar un súbito grito y miro hacia todas partes, como si tuviese miedo de que alguien los hubiese escuchado.
-Muchacho descarado - Murmuro mirándole de arriba a bajo - Espero que sepa usted mantener la boca cerrada, de lo contrario me las pagara, James Potter - James sonrió burlón mientras la dama gorda se giraba indignada, pocas veces se veía a la dama gorda perdiendo los estribos y cuando la hacia, era muy divertida.
El retrato se abrió, permitiendole el paso. James se interno y el olor dulzón de la sala común le dio en el rostro, el calor relajo su musculatura y en aquel instante pensó, que la sala común de Gryffindor era su lugar favorito, en aquel castillo. Asomo la cabeza y observo a su alrededor. Para su sorpresa, vio a Lily completamente dormida, sobre uno de los sillones de la sala común. Lorcan se encontraba observándola a pocos centímetros de distancia. James arqueo una ceja escéptico, debido a la excesiva cercanía de ambos jóvenes, pero enseguida le quito importancia. Estaba a punto de salir del pasillo y acercarse a ellos, cuando vio como Lorcan se inclinaba sobre el rostro de su hermana menor, dormida. James abrió la boca, estupefacto, mientras sus ojos se clavaban en la imagen que había frente a él, incluso por un momento olvido que tenia a Hero detrás de él. Lentamente, Lorcan se separo y la cortina de pelo rubio tapo su rostro. James se quedo pegado al suelo, sin saber muy bien como reaccionar y con una idea alocada en la cabeza.
-¿La había besado? ¿Lorcan había besado a su hermana menor? ¡Imposible!
-¡Pero lo has visto! ¡La estaba besando el muy canalla!
-¿Es que el mundo se estaba volviendo loco?
-¡James!
- James pego un respingo y vio como Claudio bajaba las escaleras de los cuartos de los chicos, corría hacia él con una sonrisa contagiosa. Enseguida y de reojo, vio como Lorcan se separaba de Lily y se quedaba observando el fuego. James arqueo una ceja pero decidió no comentar nada al respecto. Ya tendría tiempo de arreglar cuentas con su mejor amigo.
-Pensábamos que no volverías...¿Qué ha sucedido? - Claudio llego hasta él pero enseguida su sonrisa se cogelo, observo horrorizado la cabeza de Hero. La muchacha continuaba sobre la espalda de James. El joven camino hacia el centro de la sala - ¿Quién es? - Claudio hizo una pausa y enfoco con las gafas el rostro de la joven - ¡¡Por las barbas de Merlín!! ¡¿Qué le has echo animal?!
-¡No he sido yo! - Contesto James defendiéndose y colocando a Hero sobre un sillón - ¿Te has vuelto loco? - Murmuro con indignación - La he encontrado en el baño del primer piso, Myrtle me aviso de que estaba allí - Hizo una pausa y observo el rostro pálido de Hero a la luz de la lumbre - Estaba cortándose el cabello con unas tijeras...-Saco las tijeras de su bolsillo y se las mostró a Claudio.
-Por todos los cerdos voladores...-Murmuro Claudio observando a la muchacha. James arqueo una ceja, el repentino acercamiento de Claudio hacia Lysander, comenzaba a afectar a su amigo más de lo que creía. Se agacho y acaricio el rostro dormido de la joven -Siempre tan impetuosa, un día va a darme un susto de verdad - Suspiro Claudio quitándose las gafas con cansancio. Lorcan se había acercado a ellos pero James pudo percibir que el muchacho intentaba evitar sus ojos.
-*Cobarde
- Pensó* James con el ceño fruncido.
-¿Qué hacemos? Parece enferma...Quizás deberíamos llevarla a la enfermería para que Madame Pomfrey la atienda como es debido - Comento Claudio sacándolo de su ensoñación.
-Solo esta cansada y llena de dudas - Contesto James. Sus ojos se clavaron en los labios entreabiertos de la muchacha y por un instante pensó que lo que había vivido en los baños del primer piso, era pura fantasía de su imaginación. Pero el sabor de los labios de aquella muchacha aun se perdía entre los suyos, la textura y el calor de su cuerpo aun permanencia en sus ropas.
-¿Qué pasa? - Lily abrió los ojos lentamente mientras se estiraba en el sillón - ¿Me he quedado dormida? Creo que deberíamos subir a descansar ¿Me he perdido algo? - James estuvo apunto de soltar un comentario despectivo, relacionado con la escena que acababa de presenciar, pero decidió cerrar la boca. Lorcan aparto el rostro, tapándolo con su cortina de pelo rubio y centro su interés en las figurillas de ajedrez de Hugo, aun desperdigadas por la mesa.
-¡Por Merlín! ¿Qué ha pasado? - Al ver a Hero, la muchacha se puso en pie y se coloco de rodillas en el suelo, para quedar a la altura de su mejor amiga. Se quedo unos segundos en silencio, desorientada y confusa, observando el pálido rostro de su mejor amiga, que mantenía los ojos cerrados y la respiración pausada por el sueño - ¿Por qué? - Lily alzo los ojos mientras sus manos tocaban muy lentamente, el cuero cabelludo de Hero.
-La encontré en los baños, cortándose el pelo con esto - Contesto James mostrandole las tijeras. Lily acaricio el cabello corto de la muchacha, deslizando sus dedos con ternura mientras pegaba su frente a la de ella y suspiraba con tristeza.
-¿Qué has echo Hero? No debí dejarte sola - Murmuro Lily con un cierto tono de culpabilidad en la voz - Tonta, que has echo con tu preciosa melena - Susurro mientras acariciaba los trasquilones producidos por las tijeras - ¿Qué deberíamos hacer? ¿La llevamos a la enfermería? - Alzo sus ojos hacia los tres muchachos.
-Esta bien, solo necesita descansar, esta agotada de tantas sorpresas. Creo que todos lo estamos - Susurro James dándole unos golpecitos amistosos a su hermana menor - Debes acostarla en su cama y dejala descansar, seguro que mañana se siente mejor.
Claudio asintió lentamente con la cabeza, dando a entender que estaba de acuerdo con James. Lily se puso en pie con torpeza. Tomo su varita de la mesa y susurro: *Levicorpus,*acto seguido, el cuerpo de Hero comenzó a flotar, guiado por la varita de Lily. James se acerco a su hermana y beso su frente con suavidad, no sin antes echar una mirada a un Lorcan pensativo y ausente. La menor de los Potter sonrió y susurro un débil: -Buenas noches.
Lily se despidió de los tres muchachos y se alejo hacia las escaleras que llevaban a sus dormitorios. Pero unos segundos antes de desaparecer, giro el rostro con disimulo y observo la figura de Lorcan. El joven se alejaba hacia las otras escaleras, que conducían a las habitaciones de los chicos. Sus ojos se clavaron en el cabello rubio del joven y por un momento, sintió un extraño ardor en los labios. El ardor recorrió su boca, su lengua y bajo hasta su estomago, produciendo un cosquilleo en las yemas de sus dedos. Sacudió su cabeza, intentando alejar aquellas extrañas sensaciones de su mente y centro la atención en el cuerpo de Hero que seguía levitando a su lado. Estaba a punto de desaparecer por las escaleras cuando escucho una voz tras ella.
-Lily.
La joven se giro y descubrir a James en el inicio de los peldaños. El mayor de los Potter se quedo unos segundos en silencio, como si estuviese meditando la frase que iba a salir de sus labios. Lily pudo descubrir su temor, su nerviosismo y por un momento le resulto divertido ver a su hermano en aquel estado de confusión. Pero entonces la frase salio de su garganta y recorrió los oídos de Lily. La ternura que desprendían sus palabras, le causo tal sorpresa que estuvo apunto de bajar la varita. Por un momento, vio un brillo especial en los ojos de James, un brillo que solo aparecía en los momentos de mayor felicidad.
-Cuidala bien, por favor.
Lily asintió con la cabeza lentamente, confusa y atolondrada. James sonrió suavemente y se alejo de nuevo hacia las escaleras de los chicos. La muchacha vio como se alejaba y compuso una mueca de curiosidad, Se giro para ver como el cuerpo de su amiga levitaba en el aire y una sonrisa picara se formo en los labios de la menor de los Potter. Sin decir nada mas, termino por subir las escaleras mientras guiaba el cuerpo de Hero detrás de ella.
Horas mas tarde, antes de que el mundo despertarse por completo y comenzaran las jornadas de trabajo. Era de madruga y el sol aun no había salido de su escondite. El alba apareció entre los edificios de la zona empresarial y los destellos luminosos caían sobre el Tamesis mientras los primeros barcos navegaban en sus aguas. Cerca de la zona este de Londres, había un almacén abandonado, de escaparates polvorientos y sucios. Traspasando aquel cristal, hechizado para que los muggles ignoraran aquel edificio, se encontraba San Mungo. Ante vuestros ojos podéis imaginar un lugar de recibidor amplio, de color blanco y verde menta, la luz entraba por los ventanales que daban a la calle y había en el aire un olor a pociones humeantes y vendas limpias. Los sanadores y sanadoras que habían estado de guardia esa noche, comenzaban a marcharse a sus hogares para descansar mientras que los sanadores mañaneros aparecían con sus capas empapadas de agua y sus grandes paraguas negros. En un corredor alejado y privado de la cuarta planta, habían dos hombres de pie, caminando de un lado para otro del pasillo con nerviosismo mientras observaban la puerta que había frente a ellos. El pelirrojo se sentó en uno de las sillas de madera y se quedo observando el suelo mientras movía el pie nerviosamente.
-Maldita sea - Murmuro después de que pasaran cinco minutos de reloj. El hombre pelirrojo se levanto y se acerco hacia una de las ventanas - ¿Qué están haciendo ahí dentro? - Se quejo. Pego el oído sobre la puerta mientras componía una mueca de fastidio. El otro hombre de cabellera azabache se giro para mirarle y suspiro con cansancio - Lo siento pero la paciencia no es lo mio...- Comento alzando la mano para presionar el pomo de la puerta.
-Ron espera...
Pero entonces la puerta se abrió y empujo al hombre pelirrojo, este cayo al suelo de la sorpresa y compuso una mueca de dolor mientras se tocaba el trasero. Una sanadora vestida con una bata verde menta apareció ante ellos y observo a Ron Weasley con el ceño fruncido. Harry se acerco con rapidez y la observo con ojos interrogantes. Llevaban mas de dos horas esperando en aquel pasillo sin recibir ninguna noticia de como estaba el paciente. Ron se levanto torpemente mientras soltaba alguna que otra palabrota.
-Les avise de que esto requeriría su tiempo - Dijo la sanadora mientras guardaba la pluma en su pequeño bolsillo junto con la varita - La paciencia es esencial en este tipo de casos - Ron arqueo una ceja sarcástica.
-No hay tiempo, señorita, no se si se ha percatado de que NO tenemos tiempo - Murmuro Ron - Mi sobrino esta desaparecido y ese hombre es la clave esencial. ¿Comprende? ¿O se lo escribo en Runas Antiguas? - La sanadora lo observo con indignación mientras abría la boca completamente sorprendida.
-¿Como se encuentra? ¿Hay alguna posibilidad? - Pregunto Harry sin hacer caso de las quejas de Ron - ¿Podemos hablar con él? Solo serán unos segundos, es muy urgente...-La sanadora miro a Harry y se quedo pensativa unos minutos - Por favor...-Suplico el jefe del departamento de aurores.
-Intentare que les den permiso para verle - Contesto la sanadora ablandándose ante los ojos de Harry. Después de todo, era el famoso Harry Potter que le estaba suplicando ayuda a ella. Desvió su mirada hacia Ron y sus ojos se convirtieron en dos rendijas - Ahora mismo voy a hablar con el sanador Thomas. Esperen unos minutos más, si es capaz de no volverse loco en el intento.
-¡Oh! ¡Podre soportarlo! - Contesto Ron con saña mientras la sanadora se alejaba por el pasillo. Sintió un codazo que le daba en las costillas y por un momento estuvo a punto de perder la respiración - ¿Que demonios te pasa? - Se quejo Ron alzando sus ojos hacia Harry.
-Quieres comportarte... - Murmuro Harry, sentadose en una de las sillas y obligandole a sentarse a su lado - Esto es importante. Se que estas de mal humor, no son ni las seis y media de la mañana y no has desayunado - Las tripas de Ron rugieron como fieras y el hombre se toco el estomago mientras componía una mueca de dolor.
-Lo había olvidado - Contesto Ron suspirando, se quedo en silencio unos segundos y luego carraspeo - No estoy de mal humor, es que en este lugar van mas lentos que las tortugas - Murmuro con fastidio mientras Harry se quitaba las gafas y se tocaba los cansados ojos verdes - ¿Estas bien? - Pregunto dándole unas palmaditas en el hombro - Veras como todo sale bien, Harry.
-Eso espero - Contesto el auror colocándose las gafas sobre el puente de la nariz y sonriendo melancólicamente a su amigo.
-¡Harry! ¡Ron! - Ambos hombres se levantaron del asiento y vieron como una figura familiar se acercaba hasta ellos. Hermione corría con varios papeles en los brazos y la enmarañada cabellera mas revuelta de lo normal - ¡Por fin os encuentro! - Jadeo sentándose en una de las sillas y dejando los pergaminos en las de enfrente - ¡Por Merlín! ¡Me he enterado de que habéis encontrado a ese hombre en la Mansión Malfoy!
-Si...-Contesto Harry.
-¿Ni rastro de Albus? - Pregunto Hermione mirándole con tristeza. Harry negó y Hermione le abrazo tiernamente - Todo saldrá bien, Harry, estoy segura - Harry sonrió burlón, aquella frase se repetía mas que las musarañas pero le hacia sentir mejor que se lo recordasen de vez en cuando.
-¿Has descubierto algo? - Pregunto Ron impaciente mientras ojeaba los pergaminos. Hermione se los quito de las manos y miro a ambos hombres con ojos centelleantes - ¿Qué sucede? ¿Qué has encontrado? ¡Hermione no te hagas la misteriosa! - Se quejo Ron perdiendo la poca paciencia que le quedaba en el cuerpo.
-Bueno, por ahora, aun no he encontrado nada sobre las mariposas, es como si esas criaturas hubiese desaparecido hace cientos de años y nadie quisiera recordarlas. No hay rastro de ella ni en registros del ministerio, ni en libros y tampoco en el departamento de criaturas mágicas. De todas maneras, creo que debo buscar en otros lugares...
-¿A que te refieres?
-Bueno, no creo que sean una especie original de esta isla. Decidí que tenia que investigar sobre Dalton, la intuición me guiaba por ese camino y descubrí que ese hombre había encontrado una especie de mariposa ancestral, desaparecida hace muchos años...- Comento Hermione - Lo interesante es que decidí leer uno de los libros que había enviado a Rose hace unos meses, ella necesitaba libros para un trabajo ¿Curioso no? - Harry y Ron se miraron con sorpresa - ¡Y Bingo! Lo vi muy claro. La mariposa se llama Teufel, de alas negras y pequeña, era la imagen perfecta de la idea que me habíais formado en la cabeza sobre las mariposas que atacaron Azkaban.
-¿Descubriste algo mas sobre ellas?
-Desgraciadamente no, solo que eran del centro de Europa, sobretodo de Alemania. Así que decidí ir allí para investigar mas a fondo y sobretodo me di cuenta de que si investigaba sobre Dalton encontraría algo interesante sobre las mariposas...
-¡¿Qué?!
- Ron la interrumpió y la miro alarmado mientras sus orejas se volvían tan rojas como su cabello - ¿Fuiste a Alemania? ¿Sola? ¡Te has vuelto loca! ¿En que estabas pensando? - Se quejo el hombre completamente indignado - ¡Imaginate que te hubieras encontrado con algún alemán loco por ahí! ¡Ni me habría enterado!
-Deja esa actitud sobreprotectora para otro momento Ronald ¡Locos hay en todas partes! - Contesto Hermione frunciendo el ceño y cruzándose de brazos - Soy una bruja adulta no se si lo recuerdas y esto es una emergencia, no creo haberme puesto histérica cuando decidiste ir a la Mansión Malfoy con Harry y el resto - Harry puso los ojos en blanco, estaba en medio de los dos amigos y comenzaba a agobiarse.
-Es mi deber, soy auror - Contesto Ron acalorado.
-Y también es el mio, Albus es mi sobrino - Respondió Hermione desafiante - ¿Prefieres que me quede en casa haciendo caleta? - Ron abrió la boca varias veces pero al final decidió cerrarla. Marido y mujer se observaron con los brazos cruzados y los labios fruncidos por la indignación.
-¿Habéis terminado? - Pregunto Harry con tono irónico en la voz. Varias sanadoras aparecieron por el pasillo y se adentraron en una de las puertas blancas y verdes - Porque tenemos algo entre manos y no disponemos de todo el tiempo del mundo...
-Si perdona Harry - Contesto Hermione saliendo de sus cavilaciones e ignorando a Ron - Como te iba diciendo, decidí ponerme a investigar cosas sobre este profesor, el profesor Dalton y descubrí cosas demasiado interesantes, tanto que encontré una historia muy extraña por detrás...
-¿A que te refieres?
-¿No es extraño que un profesor muggle encuentre a una especie mágica, desaparecida hace tanto tiempo? - Harry y Ron se volvieron a mirar y se encogieron de hombros sin saber que contestar. Hermione puso los ojos en blanco - El profesor Dalton no existe y tampoco es muggle...-Cogió varios pergaminos y rebusco entre los papeles. Al fin encontró una foto a color, desgastada y antigua, seguramente de principios de los años ochenta. Se trataba de un grupo de estudiantes de Ravenclaw, mas o menos unos diez y todos ellos sonreían a las cámaras. Se encontraban en las lindes de los terrenos de Hogwarts y se podía ver uno de los muros del castillo a la derecha.
-Encontré esta fotografiá en una antigua casa en el condado de Hannover. Reuní la poca información que tenia y viaje por los distintos lugares de mayor actividad mágica. El destino hizo que me cruzadara con un hombre que decía haber sido amigo de un hombre brillante que había echo grandes descubrimientos. Cuando le dije el nombre del profesor Dalton reacciono enseguida, me llevo a su casa y dijo que habían sido compañeros de piso durante unos años, cuando él estaba haciendo sus estudios en Alemania.
-¿Era muggle ese hombre? - Harry la observo confuso.
-Si. Cuando el profesor Dalton se marcho a Inglaterra, dejo muchas cosas en la casa, como si desease separarse de esa etapa de su vida. Él guardo esa fotografía porque le resulto curiosa y divertida pero por supuesto yo reconocí enseguida las tunicas del colegio y los terrenos de Hogwarts por detras - Hermione sonrio orgullosa - Asi que me puse a investigar en el registro del ministerio y tambien a indagar en los libros estudiantiles de Hogwarts y encontre una foto muy clara. La compare con otra mas actual y bueno, debo decir que si no es él, hemos encontrado el gemelo perdido del profesor Dalton - Volvió a rebuscar en sus cosas y saco otra foto, esta vez en blanco y negro, de un joven de unos veinticuatro años.
-Por Merlín, es él - Susurro Harry observando la foto con ojos bien abiertos.
-Si, un poco menos arrugado, pero es él - Comento Ron - ¿Entonces Dalton es un mago? ¿Estudio en Hogwarts? ¿Por qué querría un mago abandonar la vida mágica para tener una aburrida vida muggle? - Hermione le fulmino con la mirada - Cariño, no negaras que la vida de dentista no es muy excitante, la verdad, hay que ser realista.
-Hay muchos muggles con vidas muy excitantes, Ronald - Contesto poniendo los ojos en blanco - Eso me recuerda que olvidaste ir a la ultima cita con mi padre - Comento Hermione desdeñosa - No creas que lo he olvidado - Ron se toco la boca y puso cara de dolor. Se giro para mirar a Harry - Ese hombre tiene la clave de todo este misterio Harry y nos puede ayudar a encontrar a Albus...
-Lo se, pero parece ser que esta muy débil - Contesto Harry con desanimo - ¿Cual es su verdadero nombre? - Harry volvió a rebuscar entre los pergaminos y saco uno viejo y amarillo, soplo y una fina capa de polvo se desprendió del papel. Harry lo tomo con cuidado y descubrió todos los datos de un antiguo alumno de Hogwarts, que había terminado sus estudios doce años antes que él.
-Nathan Howard - Murmuro Ron a la vez que lo leía Harry - Es un nombre común - Comento con despreocupación.
-Harry
- Los tres amigos se giraron y se encontraron con el rostro sonriente de Dean Thomas. Los tres adultos sonrieron y saludaron a su amigo y antiguo compañero de casa - Ron, Hermione. Me alegra veros por aquí, hace tiempo que no nos veíamos las caras, aunque siento que sea en estas circunstancias - Le dio una palmada amistosa a la espalda de Harry y sonrió con melancolía - Cuenta con mi ayuda para lo que necesites, Harry. ¿Como esta Ginny?
-Gracias Dean, lo tendré en cuenta. Ginny esta bien, un poco afectada pero ya sabes como es, se pone en pie enseguida. Ahora mismo esta en el ministerio, no ha querido decirme lo que esta tramando - Ambos amigos sonrieron al pensar en la mujer que tenían en mente, tratándose de Ginny Weasley podía ser cualquier cosa - ¿Podemos hablar con él? Solo serán unos segundos...-Dean asintió con la cabeza.
-Claro, pero deben tener paciencia, el pobre ha sufrido mucho y se encuentra un estado muy delicado, esta muy débil...
Dean Thomas se había convertido en sanador de San Mungo, nadie se hubiese imaginado aquel tipo de futuro para él, pero el ultimo año en Hogwarts fue decisivo para aquel muchacho al igual que para todos los de su generación. Se especializo en enfermedades y heridas cuyo origen fuera la magia oscura. Había salvado a mas de un hombre del departamento de aurores y había viajado con Harry en varias misiones, por cuestiones de lealtad. Era un gran admirador de la liga de Quidditch inglesa y se habia casado con una antigua compañera de equipo de Ginny Weasley, por lo que la relaciones afectivas y los lazos de amistad continuaban latentes.
-Dean ¿Qué le ha pasado exactamente a ese hombre? - Pregunto Hermione con voz preocupada - ¿Es irremediable? ¿No hay ninguna cura, ni poción, ni brebaje? ¿Ni siquiera la sangre de dragón sirve? - Dean suspiro y se coloco la varita en el pecho, donde había un pequeño bolsillo con el escudo de San Mungo.
-Me temo que ha estado expuesto a un tipo de magia fuera de nuestro alcance, por el momento - Contesto Dean con pesar - En el cuerpo hay rastros de magia oscura, pero tan imperceptibles que es difícil de encontrar un núcleo y destruirlo. Es mas enfermedad de conciencia y de su ser interior que del propio daño físico. Lo único que podemos hacer es esperar. Por ahora el único que puede decidir entre la vida o la muerte es el mismo paciente - Los tres amigos se miraron.
-Seguidme por favor - La sanadora que los había atendido al principio, apareció por una de las puertas continuas. Los tres amigos se despidieron de Dean, que debía atender a otros pacientes, y se alejaron hacia la puerta donde se encontraba aquel misterioso hombre.
La habitación era pequeña y privada, de paredes y muebles blancos e impolutos. Los tres amigos se adentraron en la sala y se quedaron observando a su alrededor. La sanadora cerro la puerta tras ellos, para darles mayor intimidad, no sin antes lanzarle una mirada iracunda a un despistado Ron. Harry dirigió su atención a la cama que había en mitad de la habitación y que se encontraba cerca de la ventana. La luz entraba a raudales y se podía ver la lluvia cayendo sobre Londres, implacable y gris. En la cama, se encontraba un hombre tendido, unos once u doce años mayor que él. Tenia las manos vendadas y estaba tapado por las sabanas blancas de la cama. Sus ojos estaban abiertos y miraba en techo, de forma vaciá y cansada. La sensación que producía al mirarlo eran tan triste que costaba no apartar la mirada y centrarla en otro punto de la habitación. Parecía que estaba en otro mundo, porque no hizo ningún gesto cuando los tres amigos se acercaron a la cama.
-Profesor Dalton - Hermione se acerco con delicadez y una sonrisa suave en el rostro - Somos amigos, queremos ayudarle. ¿Como se encuentra? - El hombre no contesto, continuo mirando el techo, quieto como una estatua y con la misma expresión miserable en el rostro. Hermione alzo los ojos y observo a sus amigos - ¿Qué hacemos? Parece que no nos escucha...
Harry se acerco lentamente, hasta quedar cerca de la cara de aquel hombre. Tomo su mano entre las suyas y la estrecho con delicadeza, infundiéndole toda la confianza que aquel contacto significaba. El hombre pestañeo varias veces pero continuo sin decir nada. Ron se había colocado al lado de su mujer y observaba la escena con atención y ojos melancólicos.
-¿Crees que sabe que estamos aquí? - Pregunto mirando a su mujer.
-Señor Howard. ¿Es usted Nathan Howard? - Susurro Harry con delicadeza. Hermione lo observo alarmada y le hizo un gesto para que cerrase la boca. Pero de repente, aquel hombre movió la cabeza hasta que sus ojos se encontraron con los de Harry. Ambos hombres se miraron y Harry pudo percibir todo el dolor y el cansancio que atormentaba el alma de aquel pobre individuo. Sus ojos temblaron y se aguaron lentamente, como si estuviese apunto de echarse a llorar - Señor Howard, voy a ayudarle...-Pero antes de que pudiese decir algo mas, la mano temblorosa de aquel hombre se alzo y comenzó a buscar algo en la mesita de noche. Hermione y Ron se intentaron asomar para ver que es lo que estaba intentando coger.
-¿Quiere esto? - Harry tomo el pequeño papel que había sobre la mesa y se lo dio, pero el hombre lo rechazo y volvió a entregárselo mientras señalaba el pequeño papel imantado. Harry se quedo observando aquellos ojos hundidos y perdidos, dándose cuenta de que aquel hombre quería decirle algo con aquel extraño papel. Lentamente fue girando el papel hasta que sus ojos pudieron descubrir lo que era.
Se trataba de la fotografía de una joven de amplia sonrisa, una sonrisa llena de luz y alegría. De ojos verde oliva y melena castaña. Se encontraba en un parque y jugaba con las hojas otoñales mientras miraba a la cámara que la había pillado desprevenida. Harry no tuvo que preguntar quien era, recordó aquel pequeño libro donde una joven había escrito poemas y todos los pensamientos que le venían a la cabeza y ese optimismo y esa luz volvieron a plegarse ante sus ojos. Era su hija, la hija del profesor Dalton, que aun debía estar desaparecida. Alzo sus ojos y miro a aquel hombre atormentado y solo, que le observaba suplicante sobre aquella cama de dosel blanco. Tomo su mano y la estrecho con fuerza.
-La encontrare. Le prometo que la encontrare.
Continuara...
¡Mis Lectores!
¿Qué les ha parecido?
Debo decir que estoy orgullosa de este capitulo. Son 22 paginas que escribí y rescribi una y otra vez durante tres días. La verdad, espero que les haya gustado porque realmente he intentado trabajarme este capitulo, sobretodo por el momento tan esperado, 43 capítulos nada menos. ¿Me hago de rogar eh? Jaja
Bueno debo avisaros que me traslado este fin de semana a otra casa y no se cuando me podrán el Internet así que quizás tardo una semana o dos en actualizar el próximo capitulo, por eso hice esta capitulo mas largo, para que pudieseis disfrutar y quedaros con ganas de mas. ¡Eso espero!
En el próximo capitulo: Albus y Viola, su conversación esperada. Scorpius y la familia Malfoy. Una elección importante y muchas cosas más. ¿Te lo vas a perder? ¡Espero que no!
Como siempre millones de gracias por esos hermosos comentarios que hacen que esta historia crezca día a día, no puedo explicar lo contenta que estoy cada vez que veo un comentario nuevo en el capitulo. Muchos de vosotros respetáis mi trabajo y me lo demostráis a cada capitulo o en varios de ellos. ¡Esta dedicado a todos vosotros! (Sabéis quienes sois)
¡No olvides comentar! ¡Si te gusta, házmelo saber!
¡Nos vemos en el próximo!
Irene
Pluma Cisne