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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 43

Desde el mar, el viento arrastraba una tenebrosa sensación de inseguridad y temor. La brisa soplaba suavemente entre las colinas de hierba, dando una sensación de oleaje. El rocío se aposentaba sobre las hojas de los árboles, produciendo destellos luminosos como los de los diamantes. La luz de la mañana era grisáceo y triste como si la naturaleza se hubiese levantado alicaída y apesadumbrada. El sonido del viento, viajaba de un lado para otro de los paramos, con velocidad. La tierra seguía húmeda por las lluvias de los últimos días y el olor a sal marina se percibía en los acantilados lejanos, donde las olas chocaban embravecidamente contra sus muros blanquecinos. Escondida en una de las colinas de verdor, misteriosamente protegida por la vegetación y los árboles, se encontraba la majestuosa silueta de aquel lugar, un lugar que había sido devorado lentamente por el paso del tiempo, uniéndose con la naturaleza en perfecta armonía, como si el hombre jamás hubiese roto aquel equilibrio. Las ventanas de piedra grisácea, hermosamente adornadas con antiguas historias de enanos y centauros, eran arropadas por floridas enredaderas, que se erguían majestuosamente, devorando cada espacio libre de piedra descubierta. La hierba cubría los hermosos mármoles y mausoleos que habían poblado el suelo de lo que parecía un hermoso salón de danzas. Columnas al estilo corintio, se mantenían aun sobre el suelo, solitarias. Sobresalientes de madera descompuesta, tiznadas de hollín, donde las larvas habían echo innumerables agujeros, restos de sillas y mesas. Trozos de cristal, brillantes y centelleantes como dientes felinos, esperando el contacto de carne tierna que cortar. Hierros de grandes lámparas y trozos de lo que parecían jarrones de cerámica blanca, hermosamente adornados con tinta china. Era un rincón misterioso, inquietante, perteneciente a épocas remotas que silenciosamente guardaba entre sus paredes una historia muda ya olvidada.

El día era triste y el melancólico susurro del viento, arrullaba aquel lugar desamparado. Un ventanal de piedra se erguía silencioso, regalando la visión a sus inquilinos del hermoso escenario natural. Asomándose al interior de aquel ventanal, se podía observar una sala solitaria y desprovista de muebles, con una chimenea al fondo, iluminando la oscuridad de la sala. Cerca de aquel ventanal, arropado en la oscuridad, como si tuviera miedo de la luz del día, unos ojos negros como la noche, observaban aquel paraje desolado. La figura se mantenía silenciosa, misteriosa y solitaria, la tenue luz que llegaba hasta allí, rodeo su silueta, cubierta por una capa negra. Sus ojos observaban la naturaleza. Aquel paraje se encontraba tan solitario y abandonado como su propia alma. Su rostro estaba cubierto por una capucha negra. Se alejo del ventanal y se adentro en la negrura de la sala, colocándose frente las llamas ardientes de la chimenea. La luz anaranjada alumbro suavemente su rostro. Por un momento, la expresión de aquel individuo se había vuelto tan humana, que por un instante se convirtió en otra persona, otro ser de otro tiempo, con otra alma y otra conciencia. Pero su expresión cambio enseguida, la oscuridad volvió a sus ojos, aquella alma había echo tanto mal que ya nada podía salvarle de si mismo. Se escucho el sonido de una puerta al abrirse y enseguida los pasos que la acompañaban. Los pasos se volvieron mas acentuados y fuertes cuando se adentraron en aquella sala gris. La tensión o el miedo rodeo con sus poderosos brazos toda la sala, el oxigeno se volvió cargado y la inquietud creció mientras el silencio continuaba. Aquel individuo fue girando su encapuchada figura hasta quedar de espaldas a la chimenea. Una sonrisa ladeo su rostro y sus ojos brillaron en la oscuridad. Aquel expresión humana que durante unos segundos apareció en su rostro, había desaparecido por completo. Dos muchachos habían entrado en aquella despoblada sala, eran tan solo dos niños. Ambos observaban a aquella figura, escondida entre la penumbra, rodeada de las llamas naranjas de la chimenea, dándole una imagen fantasmal. La sonrisa escondida entre los pliegues de aquella capucha negra, se ensancho, como si sintiese la inquietud de aquellos dos jóvenes. Una mano blanquecina como la de un muerto, se levanto de entre los pliegues de la capa, inventándoles ha hablar.

-Mi señor...

Nero Cardew alzo sus oscuros ojos hacia la figura de aquel hombre al que consideraba su maestro, representaba la esperanza de que algún día, él también tendría poder para someter a aquellos que se habían burlado de su familia y de su apellido. Realmente, lo utilizaba como un instrumento, porque quizás algún día, el alumno superaría al maestro. Algún día, él, Nero Cardew se alzaría ante una masa de magos y decidiría el destino de millones de personas, esa sensación de poder y adrenalina era lo que le hacia mantenerse bajo sometimiento de aquel hombre, que para su gusto era mago tenebroso poco convincente. Al principio sentía que podría aprender muchas cosas de su señor, pero lentamente se daba cuenta de que él deseaba mucho mas. En varias ocasiones, le había descubierto observando los exteriores de aquel lugar, con una expresión tan humana que resultaba ridículo pensar que aquel hombre estaba poniendo patas arriba el mundo mágico. Nero Cardew no tenía una actitud especial, ya que estamos rodeados de ese tipo de personas en nuestra vida diaria, pueden ser empresarios, profesores, abogados, médicos y artistas, personas cuya única finalidad es el deseo de triunfar en la vida según los criterios de una civilización decadente, sin tener en cuenta del esfuerzo de otras personas ni la dignidad ni necesidades de otras tantas, una civilización que no soporta la felicidad de las personas y que muchas veces castiga a los inocentes y los errores de los demás sin percatarse de los propios errores. Nero, solo era un muchacho victima de un trato y una jerarquía que jamás terminaba de desaparecer y aquella pequeña llama de su conciencia comenzó a crecer, expandiéndose por su cuerpo como una enfermedad incurable. Marcus se mantenía a su lado como un títere, un joven sin personalidad aparente, cegado por la codicia y el ansia de poder que copiaba de Nero, al que seguiría hasta la mismísima muerta si hiciera falta.

-Mi señor, Scipio Doyle nos ha traicionado - Dijo Nero con voz clara y seguridad. Por unos segundos, sintió como los negros ojos de Maro se clavaban en su rostro y un agujero negro se formo en su estomago - Asumo la culpa, yo sabia que Scipio estaba dudando y no lo delate en su debido momento. Seguramente, su cobardía le ha llevado a quedarse en el colegio, seguramente los aurores le hayan interrogado, señor.

Maro no contesto enseguida, su mano blanquecina como la muerte acariciaba su varita negra de ébano, extremadamente larga. Sus escurridizos dedos se deslizaban lentamente sobre su oscura madera, como si se tratase de un tesoro. Marcus se removió incomodo y algo asustado mientras Nero continuaba impasible y con rostro impecable, inexpresivo, con una seguridad aterradora. La sonrisa de Maro se ensancho, creando una evil expresión en su rostro, su mano echo hacia atrás la capucha, dejando ver su pálido rostro. Los ojos negros de Maro se encontraron con los de Nero y ambos se observaron sopesándose con lentitud. Lentamente, la oscura figura del mago se acerco hasta quedar mas cerca de los dos jóvenes muchachos. Marcus, instintivamente, se echo hacia tras mientras se retorcía las manos con nerviosismo. Nero se mantuvo en su sitio, aunque una sombra de temor recorrió sus ojos.

-¿Sabe el señor Cardew cual es el castigo por no cumplir sus funciones? - Pregunto Maro con sopesada calma mientras su fría voz recorría la solitaria sala de piedra. Marcus dirigió su mirada asustada hacia la figura de Nero.

-La muerte, mi señor - Contesto Nero sin bajar la mirada - ¿Va a matarme, mi señor? - Pregunto con naturalidad. Se escucho un murmullo, los hombres encapuchados que habían entrado con los dos jóvenes se miraron con recelo. Marcus que había dado un paso hacia tras, observo horrorizado a su compañero.

-¡Insolente muchacho! -Uno de los hombres de Maro se acerco con la varita en alto pero un hechizo rápido y certero le expulso hacia tras. Todos observaron con admiración, como Maro tenia la varita alzada, sin ni siquiera apuntar y mirar a su siervo que había caído hacia atrás, golpeándose contra la pared por la fuerza del hechizo. Maro, continuaba con los ojos negros, fijos en Nero. Se hizo el silencio.

-En otras circunstancias, ya le habría matado, Nero - Contesto Maro apartando la varita y llevándola al rostro del muchacho, recorrió el pálido y alargado rostro del joven mientras una sonrisa lobuna cruzaba su expresión. Que le llamara por su nombre de pila, hacia que Nero sintiese un gran rencor hacia aquel individuo. Algo nublaba la cabeza del muchacho, creyendo que era mas poderoso y especial que todos aquellos magos reunidos en la sala.

  • Si no estas muerto, es porque, de tu error, puedo sacar un gran provecho...-Una sonrisa endemoniada se creo en su rostro y lentamente, se dio la vuelta para volverse a internar en las sombras -No quiero mas errores, Cardew.

-Usted quiere que lo encuentren, mi señor - Contesto Nero con arrogancia. Varios magos dieron un paso adelante para agarrar al joven y darle una lección de educación, pero Maro alzo una blanca mano, ordenando que no se movieran. Se hizo el silencio absoluto donde solo se escuchaba el sonido de la leña al quemarse en la chimenea. Maro se fue girando nuevamente, hasta quedar frente al grupo de siervos que le observaban. Su plateado cabello caía en cascada por su espalda y su blanquecino rostro mostraba una enorme satisfacción.

-Naught, ven aquí - Ordeno Maro con aspereza. Marcus se quedo unos segundos en su sitio, dudando de si ir o no - ¡Ven aquí he dicho! - El muchacho pego un brinco y se acerco a Maro con la cabeza gacha y ojos asustados. Nero lo observo con rostro impasible.

-¿Es Nero Cardew tu amigo? - Pregunto Maro dejando que su voz se tornase mas dulce. Marcus titubeo y comenzó a temblar, dejo escapar un pequeño gemido y el grupo de magos comenzó a reírse del muchacho - No te oigo, Marcus. Habla mas alto - Ordeno Maro con lentitud - ¿Harías cualquier cosa por él? ¿Morirías por un amigo como Nero? ¿Sufrirías por sus errores? - Marcus continuaba silencioso con la cabeza gacha - ¡Contesta!

-Si...-Contesto Marcus casi sin aliento. La sonrisa de Maro se ensancho y comenzó a caminar en círculos, alrededor del joven. Marcus miro de reojo a Nero, pero este se mantenía impasible, sin expresión aparente, como si lo que estuviese sucediendo no tuviese nada que ver con él. Sintió como la brisa fría recorría su cuerpo y vio como Maro sacaba de nuevo su varita. Acariciándola con sus largos y blanquecinos dedos.

-¿Entonces no te importara sufrir las impertinencias de tu compañero, en su nombre? - Murmuro con voz suave, como si se tratase de un juego. Marcus palideció completamente y se giro para mirar a Nero - ¿Cree usted que Nero es su amigo? ¿Qué le defendería en los momentos mas complicados? ¿Cree usted que Nero Cardew tiene amigos? - Marcus asintió desenfrenadamente mientras Maro alzaba la varita y le apuntaba.

-Por favor...-suplico Marcus con ojos aterrados. La arrogancia de sus ojos había desaparecido. Los insultos, el orgullo, el poder, el deseo de hacer daño, de sentirse superior, por un momento, todo eso había desaparecido. Frente a ellos, se encontraba un simple muchacho asustado, consciente de lo que iba a suceder a continuación.

-No soy yo quien le castiga - Contesto Maro dejando de sonreír y observándole con frialdad. Sus ojos se clavaron en los de Nero, con una fuerza extrema, como si fueran dos agujeros negros tragándose la tierra y llevándosela al vacío. Marcus se giro hacia Nero y le suplico, completamente aterrado mientras sus hombros se convulsionaban. Pero Nero no acudió a su ayuda, se quedo completamente quieto e inexpresivo, como si el joven que le estaba suplicando auxilio no existiera para él, como si se tratase de un perro sin hogar que no era comparable a la grandeza de su persona. Entonces la varita se alzo y el sonido corto la respiración de los presentes:

-¡Crucio!

El grito de dolor volvió a recorrer la sala, las ondas galopaban entre todos los presentes y recorrían aquellas ruinas desoladas. Por unos segundos, los pájaros dejaron de cantar, el silencio se hizo completo y la naturaleza se estremeció, el sol se escondió entre las grises nubes y el viento dejo de soplar. En aquella sala, un muchacho se retorcía de dolor, convulsionando su cuerpo mientras una varita se movía con agilidad, elegancia, dirigida por unos largos dedos blancos. Nero Cardew se quedo impasible, observando como su compañero y amigo se retorcía en el suelo, presa de un dolor inimaginable. Entonces el hechizo ceso y Maro aparto la varita con lentitud. Marcus se quedo sobre el suelo, jadeante y sin poder mover los músculos, donde el dolor se mantenía latente. Maro sonrió débilmente y se alejo de nuevo hacia la oscuridad de la sala, volvió a tapar su pálido rostro y su perlada cabellera y se sumergió en las sombras.

-Todo mago tiene un punto débil, señor Cardew. Hasta los magos mas poderosos tienen un gran secreto, un miedo superior a todo su poder. No crea que por no tener ni una pizca de piedad o amor, por no sentir afecto por las personas, ni deseos de perdonar. No crea que es invencible.

La voz de Maro se apago por completo y su figura se volvió a quedar frente a la chimenea, misteriosa y oscura. Con desgana, uno de los hombres ayudo a Marcus a ponerse en pie, a pesar de la debilidad del joven. Nero dio media vuelta y se alejo hacia la salida de la sala, sin volverse para mirar a Marcus. Aquel joven jamás había tenido amigos y nunca los había deseado, utilizaba a las personas que había a su alrededor, alentándolas a que fueran leales a su persona, incitándolas a que pensaran que les unía algún vinculo, pero para él solo eran objetos que utilizaba a su provecho, Marcus debía ser otro objeto mas. Naught alzo los ojos llorosos y observo como la figura borrosa de Nero se perdía entre las ruinas. El odio embargo el alma de aquel muchacho moribundo. Un odio tan grande como lo había sido su devoción por Nero. Maro, desde la chimenea, sintió como todo ese odio se desprendía del alma de Marcus y una sonrisa se creo en su blanquecino y mortecino rostro.

-¿Lo hará? - Marcus se encontraba en mitad de la sala, con el cuerpo tembloroso y el rostro pálido. El odio era palpable en su cuerpo y en sus ojos. Maro continuo de espaldas a él, sumergido en la oscuridad mientras el fuego llameante rodeaba su figura - ¿Podré ver a mis padres? - El rostro de Maro continuo impasible, cubierto por la capucha negra.

-Llévenlo fuera - Ordeno Maro con voz autoritaria. Dos hombres agarraron al tembloroso Marcus que no tenia fuerzas para oponerse, dejo que aquellos dos hombres lo agarraran como si se tratase de un muñeco de paja. Desaparecieron por la puerta principal mientras la oscuridad del lugar los engullía. A fuera, la luz del sol había desaparecido y una niebla marina los rodeaba lentamente - Nuestros invitados precisan de nuestra atención, los necesito con fuerzas. A ambos - Comento Maro de nuevo, sin volverse. Los hombres sonrieron y salieron de la sala lentamente. Maro volvió a quedarse sumergido en la soledad de su propia oscuridad.

Mientras tanto, la niebla y los tímidos rayos de luz, de aquel triste día, se colaban por las rendijas de varios tablones, creando figuritas en el suelo de aquel sucio y húmedo sótano. Unos ojos verdes observaban aquellas figuras luminosas, danzando de un lado para otro entre los desolados trozos de piedra. Unos ojos cansados, que no habían podido cerrarse en toda la noche. Albus Potter se encontraba sentado sobre el suelo, con las piernas recogidas y los brazos apoyados en sus rodillas. Su cabello azabache estaba sucio por el polvo de aquel lugar y unas súbitas ojeras aparecían en el nacimiento de su lagrimal. Tenia la cabeza apoyada sobre la pared, manteniéndose en silencio mientras sentía como el frío y la neblina de la mañana se iban apoderando de aquel rincón abandonado. Los acontecimientos de el día anterior le habían impedido dormir, los gritos de aquella muchacha aun resonaban en sus oídos, al igual que la expresión impasible de Scorpius mientras alzaba la varita y realizaba la maldición imperdonable contra aquella joven desconocida. El rostro de su amigo continuaba en su memoria, torturándole una y otra vez. Aquellos ojos grises, repletos de culpa. Deseaba creer en aquellas suplicas, pero el dolor de la traición era muy grande, la confianza iba desapareciendo lentamente y ante sus ojos aparecía un extraño al que no reconocía. La conciencia se dividía en dos y no sabia que camino elegir o que decisión era la correcta. ¿Podía hacer un veredicto justo sin escuchar sus razones? ¿Pero y si se encontraba con unas razones aun mas aterradoras y decepcionantes?

-Nuestras elecciones dictan quienes somos - Esa era la frase que su padre le había repetido una y otra vez desde su niñez. Nuestra vida esta llena de decisiones que van formando el camino, siempre hay mas de una opción y ahí es cuando uno toma la elección. Quería escuchar la voz de su padre, calmada y cálida. Le necesitaba en aquel momento, junto a él, ayudándole, calmando su mente inquieta, dándole el valor que a veces le faltaba. Pero él no estaba allí, aquella vez estaba completamente solo. Se sentía pequeño e insignificante, como un niño rodeado por el enorme e interminable universo, perdido, flotando a la deriva. Como una botella navegando en el mar, esperando a ser encontrada por alguien. El tiempo pasaba con lentitud, un minuto se hacia tan interminable como una hora y una hora era casi una eternidad infinita. Estaba tan cansado que lo que pensaba ni siquiera tenia sentido en ocasiones.

¿Por qué?

Esa había sido la pregunta que lo había estado acosando durante toda la noche. Porque estaba sucediendo todo aquello. Su estado de animo variaba continuamente mientras las ideas se apretujaban en su cabeza. Deseaba salir de aquel lugar y arrancarle la verdad a aquel ser, individuo u hombre llamado Maro. Estaba enfadado, decepcionado, apunto de explotar de cólera, la impotencia le volvía loco y frenético, le desquiciaba hasta tal punto que se había pasado casi una hora golpeando una pared, con rabia, terminando con los puños doloridos y morados. Pero aquellos ataques pasaban rápido y enseguida la melancolía y la pesadumbre se hacían con él, sintiendo como un agujero negro se creaba en su estomago, impidiéndole pensar nada coherente. Recordaba el rostro indignado de Rose y deseo haberla escuchado con mas atención, haber sido mas precavido, tener esa paciencia de la que carecía, para esperar el momento preciso. Quiso volver al pasado y darse cuenta de las advertencias de James. Reconocer el peligro al acercarse. A cada rostro que recordaba su mente, el pecho se contraía de dolor y a la vez sentía una enorme añoranza. Las imágenes de sus seres mas queridos, se agalopaban en su mente como un abanico de colores. Las sonrisas pícaras de su hermana Lily, los comentarios optimistas de Ted, el calor maternal de su madre, el olor a leña de la madriguera y sus abuelos en el porche, las divertidas peleas de sus tíos Ron y Hermione que terminaban siempre en un épico desenlace de besos y abrazos, las confabulaciones de Hugo y Fred, la paciencia de Rose y su continuo saber estar, siempre junto a él. Las miradas de James, aquellas que le brindaban la seguridad de un hermano mayor dispuesto a jugarse la vida por él. Con todas sus fuerzas, deseo que no corriesen peligro y estuvieran a salvo. No permitiría que les sucediera nada, tenia que ser fuerte y soportar el miedo que roía todos sus músculos y huesos, invadiendo su mente como un manto de oscuridad. Él, Maro, deseaba que perdiese el control, su mayor satisfacción era ver la desesperación en las personas, enfrentándolas entre ellos, obligándoles a tomar las decisiones mas duras. Jamás permitiría que algo así sucediera. No, si podía evitarlo.

Escucho un sonido a su derecha y enseguida reacciono. Sus ojos se encontraron con otros de un color oliva intenso. Sintió como el corazón se le paralizaba durante unos instantes y la sangre comenzó a bombear con frenesí. Durante unos segundos, estuvo en un estado de confusión, hasta que fue recordando paulatinamente. Había olvidado la presencia de aquella misteriosa muchacha. Había estado tan inmerso en su propia oscuridad que había olvidado que en aquel lugar había otra persona. Una muchacha que seguramente había soportado mucho mas dolor de lo que él podría llegar a imaginar. Se quedo observándola, pensando que era un maldito egoísta y un bribón desvergonzado. Tras tener el valor de decir su nombre, ninguno de los dos había vuelto a dirigirse la palabra, ambos se habían sumido en el silencio y en la oscuridad de la húmeda celda. La noche cayo sobre ellos y continuaron en silencio, esperando aquellas palabras de animo que nunca llegaban. Con la luz mortecina del día podía ver mas claramente los rasgos de su sucio rostro, tenia los ojos mas expresivos que había visto en su vida y una boca grande, que debió albergar radiantes sonrisas. Pero en aquel momento sus labios estaban sellados y los músculos de su rostro habían olvidado lo que era sonreír. Se la veía tan desconfiada y asustada, pero a la vez daba la impresión de que era unamuchacha con una gran fuerza interior, con una capacidad de actuación que asustaba. Desde el momento en que la vio, sintió una profunda admiración por ella y a la vez un enorme temor.

-¿Quién eres? - La pregunta le cogió por sorpresa. Aquella muchacha lo observaba, con sus ojos fijos en él, escondida entre las sombras. La pregunta sonó cortante y directa, no se andaba con rodeos. Albus se quedo unos segundos pensativo y luego suspiro con resignación mientras echaba la cabeza hacia atrás y se quitaba un mechón de pelo azabache de la cara.

-Me llamo Albus Potter.

-No he preguntado tu nombre, pregunto quien eres - Contesto la joven con voz firme. Albus la observo sorprendido - ¿Acaso los nombres dicen quienes somos? - Pregunto observándole con perspicacia. Por un momento, Albus se olvido de sus pesares y la curiosidad le recorrió de arriba a bajo - Ya se como te llamas, pero no se quien eres, Albus, ni si debo fiarme de ti.

-¿Quién eres tu? Siendo sincero, yo tampoco se si debo fiarme de ti - Contesto Albus. La joven se quedo unos segundos en silencio mientras lo observaba pensativa, como si estuviese meditándose la respuesta. Pero Albus tomo la iniciativa, corrigiendo su arrogante contestación - Soy un mago, estudiante en Hogwarts y sinceramente, no se quien soy...-Albus compuso una mueca, melancólicamente. Un rayo de luz apagado, dio sobre el suelo y sus miradas volvieron a encontrarse. Por un momento, presintió que ella no había entendido nada de lo que había dicho.

-¿Eres...eres de los buenos o de los malos? - Pregunto la joven con un repentino tartamudeo que lo sorprendió. La pregunta fue tan directa que golpeo su cerebro como un bastón de hierro forjado. Por primera vez en muchas horas, Albus dejo escapar una ligera y despreocupada sonrisa. Quizás tubo una alucinación, pero pudo distinguir otra disimulada sonrisa en el rostro de la joven. Albus suspiro y observo las figuras luminosas que había en el suelo, sin saber muy bien que contestar.

-Ojalá este mundo se dividiera en blancos y negros - Contesto, volviendo a alzar sus ojos hacia ella - En buenos o malos...

-Para mi es muy simple. Una persona que disfruta del dolor de otros, del fracaso de otros, una persona infeliz que solo desea poder, una persona que juzga y ataca a otras personas por su raza, religión, género o por una forma de pensar diferente, alguien que no acepta la variedad de la naturaleza y cree que el hombre esta por encima de todo, una persona incapaz de alegrarse de las triunfos ajenos, alguien que no sabe amar. Para mi, esas son malas personas. En muchos casos no hay grises. - Contesto la joven con voz ronca. Albus trago saliva, la fuerza de sus palabras y la intensidad de sus ojos lo ahogaban y a la vez lo hacían flotar. Un súbito calor recorrió la palma de sus manos y por un instante se sintió ridículamente mas fuerte.

-Puede que tengas razón...-Susurro observándola.

-He visto tu...-La muchacha hizo un gesto con la mano. Albus supuso que se refería a su varita - Te la quitaron antes de meterte aquí, estabas completamente inconsciente. Por un momento pensé que estabas...muerto - Se volvieron a quedar en silencio pero la voz de la joven no tardo en alzarse - ¿Por qué estas aquí? ¿Has hecho algo?

-Pues supongo que es...porque soy hijo de alguien muy famoso en nuestro mundo, eso tiene malas y buenas consecuencias - Contesto Albus bajando la mirada sin poder evitar pensar en su padre - No es que no me guste ser quien soy...-Murmuro con rapidez - Simplemente es así. Al parecer, mi padre tiene algo que él quiere, algo muy valioso para él. Aun no se a que se refiere, nuestra familia no tiene tesoros ancestrales ni cosas de ese estilo -Albus arrugo el entrecejo con impotencia - Los adultos se empeñan en esconder todo, nunca son sinceros, por eso empecé a investigar por mi cuenta y aquí he terminado. Maro me esta utilizando como cebo.

-Comprendo - Contesto ella con un hilo de voz.

Albus volvió a alzar la mirada pero ella la había apartado. Su rostro expresaba una enorme tristeza y sus ojos una gran soledad, era tan sumamente expresiva y transparente que era imposible no descubrir lo que estaba pensando en aquel momento. Albus recordó la escena de la noche anterior, donde la joven había gritado con toda la fuerza de sus pulmones, ignorando el peligro. Algo relacionado con su padre al que al parecer, Maro podía haber asesinado. Sintió un agujero en el estomago solo de pensarlo y le embargo el repentino deseo de querer comprenderla. Se levanto con lentitud, con el propósito de acercarse a ella sin asustarla. La muchacha, levanto la mirada enseguida y lo observo acercarse con recelo. Albus se sentó cerca de ella, apoyando su espalda en la pared y se quedo observando la celda con ojos ausentes. Ella no se aparto como la ultima vez, por lo que Albus lo tomo como buena señal. Se quedaron en silencio durante un rato pero el muchacho decidió romperlo.

-Yo ya conteste tu pregunta - Murmuro el joven con suavidad - Es tu turno...¿Quién eres? - Albus giro su rostro hacia ella. La recelosa mirada de la joven se suavizo y por un momento se perdió en sus pensamientos.

-Antes solía tener claro quien era...-Contesto con voz clara, destilando tristeza y sobretodo resignación - Pero ahora creo estar perdida. Lo que antes tenia importancia se ha vuelto insignificante - Murmuro mientras estrechaba sus rodillas contra el cuerpo - Me gustaba pasear por el bosque con la mente cargada de ideas, quería viajar y ver mundo, escribir y tener voz para expresar mis pensamientos - Albus la observaba en silencio, sintiendo la pequeña atmósfera de cercanía que los rodeaba - Quería hacer tantas cosas que todo el mundo me decía que era imposible, pero no me importaba. ¿Quién era? Quizás una soñadora...-Dejo escapar una melancólica sonrisa - De que sirve si no hay libertad...

-La libertad la forjamos nosotros...-Comento Albus. Aquella muchacha, le provocaba un extraño hechizo que atontaba sus neuronas - ¿Has intentado escapar? - Pregunto observando a su alrededor, por si sus ojos descubrían algún hueco o rendija. La luz del día cada vez se hacia mas clara y varios rayos entraban por las rendijas de la ventana, cubierta por barrotes de hierro, iluminando la mitad de la estancia.

-Tres veces. La ultima vez llegue a la verja de aquella mansión, pero me agarraron antes de que pudiese saltarla, después de todo solo soy una chiquilla sin magia. Me dejaron sin comer casi tres días enteros - Contesto Viola - Les doy demasiados problemas, pero es lo único que puedo hacer.

-Espera un momento. ¿Has dicho "la verja de aquella mansión"? - Albus la observo con curiosidad - No hay ninguna verja, esta casa esta casi derruida - Paro en seco y abrió la boca con sorpresa - ¿Os encontrabais en algún otro lugar? - Pregunto con urgencia - ¿No seria la casa de los Malfoy?

-Era una mansión, pero no se molestaron en decirme a quien pertenecía - Contesto la muchacha con el ceño fruncido. Albus tartamudeo al escuchar la respuesta tajante de la joven - Aunque creo recordar a un hombre y a una mujer. Ella me traía mantas y comida caliente, creo que su nombre era Astoria Malfoy. ¿Los conoces?

-Los padres de Scorpius - Susurro Albus. El muchacho se quedo observando los rayos de luz con ojos confusos, desorientado por aquella extraña noticia. ¿Los padres de Scorpius también se encontraban en aquel lugar?. El silencio volvió a rodearles y se quedaron escuchando los sonidos de aquella misteriosa y antigua casa. Albus miro de reojo a aquella joven, tenia tantas preguntas que hacerle que la mayoría habían desparecido de su cabeza, pero antes de que el pudiese abrir la boca, ella decidió romper con el silencio.

-Has dicho que eras hijo de un personaje muy famoso, en tu mundo - Comento la muchacha después de estar varios minutos en silencio. Le miro de reojo y después pregunto con voz mas suave - ¿Como se llama? - De repente Albus se dio cuenta de aquellos pequeños detalles, unos detalles insignificantes y a la vez fundamentales. El apellido Potter no pasaba desapercibido para alguien que perteneciese al mundo mágico.

-Espera un momento...¿No eres bruja? - Pregunto repentinamente con ojos sorprendidos - ¿Eres muggle? - La cercanía que había experimentado con ella termino de un golpe. Aquella frase corto la cálida atmósfera que comenzaba a crearse entre ellos. La joven le lanzo una mirada iracunda y se escondió de nuevo entre las sombras. El frío volvió a rodearles y Albus se dio cuenta de su error.

-Soy un ser humano - Contesto la muchacha con ojos amenazadores y voz fría. Albus se arrepintió enseguida y la vergüenza recorrió sus venas - Por ahora, lo único que conozco de la magia es la destrucción y el dolor que puede llegar a causar - Comento la muchacha con voz temblorosa por la emoción - Eso no te hace mejor que un muggle, según nos llamas. Al final, todos sois iguales.

-No me refería a eso. No todos los magos somos iguales - Se excuso Albus observándola con arrepentimiento - Lo siento. En el mundo mágico también hay personas buenas, personas decentes y trabajadoras, al igual que magos llenos de rencor, de prejuicios y de deseos de poder. Después de todo, todos somos humanos...- La muchacha no contesto y tampoco parecía convencida con sus palabras.

-Me has mal interpretando. Simplemente me ha sorprendido saber que eres mugg...que no eres bruja, que no perteneces a nuestro mundo - Murmuro con voz suave, intentando relajar el ambiente.

-¿Nuestro mundo? - La muchacha resoplo con indignación - El mundo no es de nadie, es una masa de tierra y agua que no depende del ser humano. La gente se apropia de un trozo de tierra y enseguida dice que es suya, cuando nos deberíamos sentir ciudadanos del mundo y no de una parte de él. Si todos pensásemos así, no habría hambre ni guerras. Nosotros somos nuestros propios enemigos y nuestra propia enfermedad - Albus abrió la boca con sorpresa, aquella muchacha le dejaba siempre con la palabra en la boca - Recuerdo en Londres, cuando un policía se ensañaba con un supuesto hombre sin papeles. Acusándole de ser ilegal. ¿Ilegal? ¡Las personas no son ilegales! ¿Yo soy ilegal en tu mundo por no poseer magia? ¿Es eso?

-Viola, simplemente no comprendo que hace alguien como tu en un lugar como este. No entiendo cual es el fin de retenerte, tu no tienes nada que ver con lo que esta pasando...

-Te equivocas - Contesto la muchacha con fiereza, poniéndose en pie y clavando sus expresivos ojos sobre él- Yo soy la hija del profesor Dalton, soy Viola Dalton. Por lo que siento decepcionarte, pero soy indispensable para Maro. Por lo menos lo era. Gracias a mi rapto, mi padre fue coaccionado y obligado a trabajar con ellos. Ahora...no se que es lo que quieren de mi - Albus abrió la boca completamente anonadado mientras observaba la desafiante y temible figura de la joven.

-¿Tú eres su hija? - Consiguió murmurar el joven levantándose con rapidezy quedando a la altura de Viola. Se miraron intensamente mientras los sonidos los rodeaban, acentuándose cada vez mas. Por un momento, la confusión apareció en los ojos de Viola y que intento dar un paso atrás por la cercanía del muchacho.

-¿Qué te pasa?

-¡Por las barbas de Merlín! ¡Es fantástico! - Albus pego un brinco y la joven retrocedió sorprendida y asustada - ¡¡Debes saberlo todo!! ¡¡Lo de las mariposas!! ¡¡Sobre los descubrimientos de tu padre!! - La joven tartamudeo completamente sacada de contexto - ¿Sabes que hacen esos bichos? ¿Escuchaste alguna conversación entre tu padre y Maro? ¿Son criaturas de las artes oscuras? Las artes oscuras son...

-¡¡Basta!! - Albus dejo de hablar y la miro con sorpresa. La joven lo observaba con ojos brillantes como esmeraldas - ¡No se si mi padre esta muerto o vivo! ¡Llevo meses sin ver la luz del día! ¡No se que día es ni si volveré a casa! - Sus labios temblaron ligeramente - Él es lo único que me queda - La muchacha cayo al suelo con lentitud y comenzó a llorar desconsoladamente - Sin él, estoy completamente sola.

Albus se quedo paralizado y completamente pálido. La expresión de Viola, era como un cuadro de Goya, arrebatadoramente triste y real, trágica como una escena de Shakespeare en Hamblet. La muchacha se quitaba las lagrimas de la cara, ensuciándosela mas aun. La imagen quitaba el aliento, sus frases y la fuerza de su voz se clavaban en su alma como puñales. Aquella muchacha llevaba meses guardando todo aquel dolor y él lo había sacado a la luz, sin darse cuenta.

-¡¡Le odio!! ¡¡Odio la magia!!

El grito de rabia y dolor recorrió las fibras nerviosas de Albus. Su cuerpo actuó con rapidez, antes de que la mente racional tuviese tiempo de procesar lo que estaba sucediendo. Instintivamente y a cámara lenta, Albus cayo al suelo junto a ella. Sintió las frías y húmedas baldosas bajo sus rodillas, pero no le importo. Viola seguía quitándose las lagrimas, arrastrando la suciedad de sus manos por toda la cara. Y entonces, sin proponérselo, sin pensar en las consecuencias y en lo que pudiese suceder acto seguido, solo entonces, Albus la abrazo. Se hizo el silencio y Viola dejo de llorar. Un extraño abrazaba a una extraña y extrañamente la sensación era sorprendente. La muchacha tenia los ojos exageradamente abiertos mientras la ultima lagrima corría por su mejilla hasta caer por su barbilla. El manantial de agua se habia secado. El calor de los brazos de Albus la abrasaba y la paralizaba por completo, atolondrando su mente misteriosamente. Por otra parte, Albus se encontraba con los ojos fuertemente cerrados. Sentía el cuerpo de la joven entre sus brazos y por un momento quiso aferrarse a ella un poco mas, la desesperación de la soledad era lo que mas temía en el mundo y en aquel momento, su mente podía encontrar un poco de paz. Cuando la razón pudo a sus instintos, comenzaron a separarse lentamente. Se miraron, aun en silencio y con la boca completamente reseca.

-Perdón - Consiguió decir Albus mientras sus mejillas se encendían exageradamente por la vergüenza. La muchacha negó con la cabeza, como si aun estuviese atolondrada por la experiencia. Se quedaron unos segundos en silencio, sin apartarse del todo. Albus seguía con las manos sobre los hombros de la joven.

-Creo que no debería haber hecho eso...Lo siento, me salió sin mas - Volvió a repetir, excusándose y apartándose hasta quedar apoyado en la pared, frente a ella. Viola no se movió, continuo de rodillas en el suelo, con los ojos muy abiertos. Albus bajo la mirada completamente azorado, no podía creer que hubiese pasado, no podía creer lo que acababa de hacer. Él no era así, le costaba hacer ese tipo de cosas y sobretodo tratándose de chicas a las que nunca había llegado a entender del todo. Él era torpe y esos gestos nunca le salían con aquella naturalidad.

-Tu...

-Antes de que grites y te enfades conmigo, aunque tienes todas las razones para enfadarte, deja que te lo explique - Comento Albus rápidamente al ver como las mejillas de la joven se encendían - El tacto no es mi punto fuerte y suelo meter la pata sin darme cuenta...-Se excuso mientras sentía la abrasadora mirada de la joven - Estoy nervioso y no me controlo, pero todo tiene una razón. Tu sabes lo que es sufrir por personas queridas. Hay mucha gente en peligro, la gran mayoría, personas que conozco y con las que comparto el día a día. Cuando has dicho que eras hija del profesor...

-¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? - Pregunto la muchacha con recelo. Albus se quedo unos segundos en silencio - Si no me cuentas lo que esta pasando, no podré confiar en ti - Comento Viola observándole, esta vez con un tono de voz mas suave.

Albus comenzó a relatarle todo lo ocurrido, desde el comienzo hasta el fin. Pasando por los ataques en el colegio, su visita al bosque de las Willis, la leyenda, los descubrimientos de su padre, las mariposas, el engaño de Scorpius y su miedo por los seres queridos. El relato se alargaba y Viola continuaba en la misma posición, escuchándole en silencio. Cuando el relato termino, Albus se quedo observándola, deseando que lo hubiese comprendido. Viola bajo la mirada y asintió lentamente con la cabeza.

  • Es mucha información, pero creo que lo empiezo a entender...-Susurro.

-El echo de que seas la hija de Dalton es algo muy significativo - Continuo Albus acercándose a ella de nuevo y observándola con una seguridad sorprendente - Quizás sabes algo o tienes algún detalle que me puede ayudar a esclarecer todo este asunto...-Albus tomo su mano y la estrecho con fuerza. Las manos de ella temblaron entre las suyas - Ambos podemos llegar a perder mucho, quizás nuestra propia vida...

-No - Murmuro la joven interrumpiéndole. Su labio temblaba ligeramente - No tengo intención de morir. No he sobrevivido durante todos estos meses para acabar fiambre. Tengo muy claro que les haré la vida imposible y saldré de este lugar para buscar a mipadre. Quiero ser dueña de mi destino - Albus asintió con la cabeza y estrecho las manos de la joven con mas fuerza.

-Podemos ayudarnos e impedir que hagan daño a mas personas...- Susurro el joven mientras los rayos de luz blanca los rodeaban. Se observaron con intensidad, ambos sentados en el suelo, de rodillas, frente con frente. Tras esa capa de suciedad, Albus pudo distinguir el rostro y las facciones de aquella muchacha. La adrenalina comenzó a recorrer sus cuerpos y Albus sintió que su interior se llenaba de fuerza y de vigor. Aquella joven le hacia sentirse mas vivo y por primera vez, después de todo lo sucedido, llego a creer en aquel rayo de esperanza.

-Yo...

-Se que es mucho pedir pero...¿Crees que podrías llegar a confiar en mi? - Pregunto Albus con voz suplicante mientras apretaba las manos de aquella joven - Te torturaron por mi culpa, pero prometo que no volverá a suceder...nunca mas - Los grandes y expresivos ojos de Viola brillaban bajo la tenue luz de la celda - ¿Podrás confiar en mi? - Pregunto por ultima vez. Se hizo el silencio en aquel rincón desolado. Solo se escuchaba el sonido de sus respiraciones entrecortadas y el suave bombeo de sus corazones.

-Creo...creo que me arriesgare a confiar.

El susurro salió de la garganta de la joven y endulzo los oídos del muchacho. Albus sonrió ampliamente, era la segunda sonrisa sincera que aquella muchacha sacaba de sus labios. Se observaron en silencio, estrechándose las manos con fuerza. Ellos no lo sabían aun, pero un pequeño vinculo los estaba uniendo en ese preciso momento, un vinculo que seria muy difícil de destruir, porque se trataba de la magia mas poderosa sobre la faz de la tierra.

Flotaba a la deriva sin saber a donde iba, la oscuridad era completa y no se percibía ningún sonido. Sentía agua caer sobre su cuerpo, pero no sabia si estaba lloviendo. No podía ver ni oír, estaba solo en aquel manto de oscuridad, ciego y sordo. Sintió como el agobio subía por su garganta y quiso gritar pero nada salió de sus labios sellados. Quiso correr pero sus piernas no respondían, estaba preso en su propia mente, en el lado mas oscuro de su alma. De repente el silencio fue roto por aquel grito aterrador, que le produjo un dolor tan inmenso como si procediese de su propia garganta. El grito de una mujer, externo a él pero que a la vez comenzó a subir por su propia traquea hasta expulsarlo. Scorpius Malfoy abrió los ojos mientras aquel grito salía de su boca, el sudor caía por su cuerpo como una cascada de agua, la luz de la mañana golpeo sus pupilas y sintió que se mareaba. Se sintió desorientado y perdido, sin fuerzas para levantarse y mirar a su alrededor. De repente, unas manos cálidas y suaves le rodearon el rostro mientras escuchaba el sonido de la voz de una mujer. La voz de su madre. Pensó que estaba soñando porque no podía verla, solo escucharla a su lado.

-Scorpius, tranquilo...-Susurraba aquella voz cálida y maternal.

Abrió por completo los ojos y observo a su alrededor. Se encontraba en una habitación pequeña, era de día y la luz entraba por una ventana sin cristales. La habitación estaba desprovista de muebles y él se encontraba tumbado en el suelo, sobre una manta. No podía reconocer el lugar y por un momento temió que hubiese perdido la memoria. Pero entonces las manos de alguien tomaron su rostro y pudo encontrarse con los ojos verdes de su madre Astoria. Se miraron y los ojos de Scorpius se aguaron por la emoción que representaba tenerla junto a él. La abrazo con fuerza como si se tratase de un niño asustado y se quedaron así durante un periodo de tiempo indefinido.

-Has sido muy valiente, Scorpius - Susurro Astoria, acariciando el rubio cabello de su único hijo - Puede que no lo creas así, pero has sido un niño muy valiente - Beso su frente y aparto a Scorpius con suavidad para quitarle las pequeñas lagrimas que habían caído de sus ojos - ¿Estabas asustado? - Scorpius temblaba mientras acariciaba el rostro de su madre como si no pudiese creer que ella estuviera ahí, junto a él - Estamos bien. Tu padre también esta bien. Ya no tienes que preocuparte mas...- Scorpius dejo de acariciar su rostro y la emoción desapareció.

-Mama... - Astoria observo el rostro desencajado de su hijo y bajo la mirada. El dolor mas grande para una madre es ver a un hijo sufriendo. Scorpius levanto el rostro de su madre con una mano y Astoria supo que venia a continuación - Albus...-El nombre de su mejor amigo salió de los labios del muchacho y Astoria suspiro. Sabia que por mucho que desease apartarse de aquel tema, era completamente imposible - ¿Donde esta?

-Scorpius...

Pero entonces lo recordó todo. El cuerpo de una muchacha convulsionándose en el suelo mientras la maldición imperdonable la hacia gritar de dolor. Recordó como su varita se alzaba en contra de su voluntad y sus labios murmuraban el hechizo. El grito de aquella joven volvió a su cabeza y se tapo los oídos mientras cerraba los ojos por el dolor que le causaba. El rostro de Albus que gritaba desesperadamente su nombre, sus suplicantes ojos y la risa fría de Maro a su espalda. Se quedo tendido sobre la manta, con el rostro desencajado y con dificultad para poder respirar. No podía creerlo, se sentía sucio y despreciable, no era capaz de mirar a su madre a los ojos sin sentir asco de si mismo y de todo lo que representaba. Era un cobarde, sin voz ni juicio y siempre lo había sido. Se tapo la cara con las manos mientras sus hombros temblaban por la conmoción. Sintió como su madre acariciaba su espalda y quiso apartarse.

-Scorpius - La voz de Astoria se volvió mas dura y fuerte al ver como su hijo se apartaba de ella - No fue culpa tuya. Maro te lanzo la maldición Imperius, ningún mago ha podido resistirse a tal maldición, no eres culpable de lo que le sucedió a aquella muchacha. ¿Has entendido? Scorpius...-Le agarro por los hombros y la obligo a mirarla - ¿Has comprendido? - El muchacho la miraba sin ver, perdido en el dolor que lo acosaba - Los culpables somos nosotros, nosotros no hemos sabido protegerte Scorpius. ¿Lo entiendes?

-No fui capaz de decir que no...-Murmuro mientras se atragantaba - Y ahora no se que puedo hacer para arreglarlo. Todo es culpa mía. Tendría que haberle contado la verdad a Albus y Rose, antes de que fuese demasiado tarde. Algo se nos hubiese ocurrido, Rose es inteligente. Pero no fui capaz de decir la verdad por miedo a que me repudiaran, que se apartasen de mi. Soy un mentiroso y un cobarde, un egoísta...

-¡Basta! Eso no es cierto - Contesto Astoria mientras sus mejillas se encendían - Nadie es perfecto Scorpius, actuabas con una gran presión detrás de ti. Nadie puede juzgarte sin antes pasar por tu situación. Sabias que tu padre y yo corríamos peligro y que nos habían quitado las varitas, estábamos a merced de ese hombre en nuestra propia casa. Solo lo hiciste para protegernos. ¿Acaso Albus no lo hubiese hecho también?- Pero su hijo no la escuchaba.

-Todos esos estudiantes, tendidos en las camas con aquellos rostros terroríficos, gritando de dolor y de miedo - Murmuro Scorpius con ojos ausentes - Yo sabia que Maro estaba detrás de todo eso y no fui capaz de decir nada. Un estudiante podría haber muerto y yo continué silenciado como una marioneta. Eso es lo que soy, una marioneta que deja que decidan por él, por eso la maldición Imperius fue tan certera conmigo. Soy débil.

-Por Merlín, solo eres un niño...

-Ellos también son niños, había estudiantes mas jóvenes que yo - Contesto Scorpius sintiendo como la sangre subía por su cabeza con fuerza, bombeando contra sus neuronas - ¡Oh madre si los hubieses visto! ¡Por Merlín! ¡Madre como pude permitirlo! ¡Soy cómplice de esta locura! ¡Si uno de esos estudiantes muere no podré tener la conciencia tranquila jamás!

-¿Acaso tener miedo es un crimen? ¡Dime Scorpius! ¿Acaso querer salvar a tu familia te convierte en un asesino? - Contesto Astoria, zarandeando a su hijo mientras este se tapaba la cara con la manos, en una mezcla de ataque de rabia y desesperación - Tomaste la elección de salvar a tu familia, no eres un asesino por ello Scorpius.

De repente la puerta se abrió y Draco Malfoy entro en la habitación. Su padre se quedo en el umbral, observando a su hijo con el rostro mas pálido de lo normal. Su expresión de ansiedad se relajo y paso a convertirse en alivio. Parecía mas anciano que la ultima vez que le vio y su rubio cabello cada vez se volvía mas blanco. Cerro la puerta y se dejo caer sobre el suelo mientras suspiraba con cansancio. Se acerco hasta su mujer y su hijo, arrastrándose, sin darle importancia al echo de que su elegante túnica negra se estaba cubriendo de polvo y suciedad. Acaricio la mejilla de su mujer y los abrazo a ambos con fuerza. Scorpius abrió los ojos con sorpresa, a la vez que sentía los brazos de su padre al rodearle. Los Malfoy no eran de esa clase de familia donde los abrazos y los besos estaban al orden del día. Esos gestos afectuosos no eran algo natural para ellos, el protocolo y la etiqueta era lo que mostraba el poderío y la pureza de una familia de sangre limpia. Draco Malfoy había crecido en un ambiente donde el afecto era visto como algo ordinario, exento de un trato afectuoso donde las muestras de amor eran cumplir sus caprichos. Así pues, ese abrazo representaba el rompimiento de aquellas reglas, donde Draco Malfoy había tenido que luchar contra su instinto, ese abrazo lo representaba todo.Pasados unos segundos, Draco, lentamente se separo y dio unas suaves palmadas en el hombro de su hijo, una suave sonrisa se creo en su rostro y los ojos de Scorpius se abrieron aun mas por la sorpresa.

-Se acabo Scorpius, no pienso dejar que vuelvan ha hacerte daño - Dijo Draco con voz pausada y clara - Esta familia ya ha sufrido suficiente, nos han humillado y pisoteado, pero esta es la ultima vez. No pienso permitir que sigáis sufriendo ni un minuto mas. ¿Has comprendido? - Scorpius asintió pero no estaba seguro de si era lo correcto - Nos vamos...

-¿Como? - Scorpius miro a sus padres con confusión. Astoria miro a su marido y por un momento, el muchacho temió lo peor - ¿Nos vamos? ¿A donde?

-Nos vamos Scorpius - Repitió Draco con voz clara mientras se levantaba y ayudaba a Astoria a ponerse en pie - Vamos a escapar de este lugar y nos iremos muy lejos de aquí. Quizás nos marchemos al continente, es la mejor solución, ahí estaremos a salvo durante unos años y podremos sentir la libertad que nos ha quitado este país. En unos años volveremos a Inglaterra, no debes preocuparte Scorpius - El joven no podía creer lo que escuchaba pero el semblante de su padre era serio y claro como el agua, no era ninguna broma.

-¡No puedo irme!

-No rechistes Scorpius, eres mi único hijo y harás lo que yo te diga. ¿Comprendes? - Draco endureció la voz y sus ojos se convirtieron en dos rendijas de color gris.

-Scorpius...-Astoria se adelanto pero Scorpius se separo de ellos enseguida con rostro indignado y completamente decepcionado - Scorpius, tranquilízate por favor - Susurro su madre con ojos asustados, pero Scorpius negó con la cabeza mientras tragaba saliva.

-¡No puedo marcharme! - Grito Scorpius poniéndose en pie y palideciendo completamente - ¡No puedo marcharme en un momento como este! ¡Estaría dando la espalda a mis errores y a las personas que me importan! ¡Es que no lo entendéis! ¡Si me marcho seré un exiliado! ¡Un...!

-¿Un cobarde? - La pregunta de Draco sonó como un cuchillo afilado. Astoria observo a su marido y a su hijo con preocupación - ¿Es esa la opinión que tienes de tu padre? - Scorpius se quedo en silencio unos segundos.

-Scorpius por favor...-Susurro Astoria - Draco basta, no debemos gritar, se darán cuenta - Pero su marido y su hijo no la prestaban atención - Por Merlín, las cosas no se arreglan así. Scorpius se razonable, debemos escapar, la situación es muy difícil para tu padre. ¿Querrías que tu padre acabara en Azkaban? ¿Eso es lo que quieres?

-Tú no has hecho nada - Contesto Scorpius desesperado - ¿Por qué deberían meterte en Azkaban? ¡Eres inocente!

-¡Eso no importa! - Contesto Draco perdiendo la compostura al ver la actitud desesperada de su hijo - Tengo un pasado Scorpius y por mucho que sea inocente en esta ocasión, mi pasado me persigue y me castigaran. Encontraran una excusa para encerrarme esta vez y lo harán. El mundo no es benévolo Scorpius, es cruel y ruin.

-¡Solo eras un niño! - Contesto Scorpius - Jamás asesinaste, ni torturaste...- Astoria miraba a su marido y a su hijo con rostro desesperado, sin saber que hacer para calmarlos

-Las personas que te importan jamás te perdonaran, Scorpius - Contesto Draco con dureza - Están buscando desesperadamente un culpable y te atacaran por tu nombre, tu apellido, no tendrán compasión, da igual lo que hayas echo por ellos o del arrepentimiento que presentes. Llevas el pesado nombre de una familia de larga dinastía, que durante los últimos años ha sido mal vista por una serie de razones que no puedes negar. El destino no te reserva un final feliz si vuelves...

-No es verdad - Murmuro Scorpius.

-¡No eres uno de ellos! ¡Nunca lo has sido!

-¡¿Como lo sabes?! - Contesto Scorpius desafiante - Durante toda mi vida he aceptado quien soy, se quienes somos y lo que hemos hechos. Desde mi infancia he aprendido a entenderlo y no me avergüenzo de lo que somos. ¡Pero no puedo cargar con los errores de mis antepasados! ¡No quiero acabar como el abuelo Lucius!¡Solo y medio loco!. Toda mi vida he buscado encontrar el respeto de los magos y brujas de mi generación. ¡Todo ese trabajo será en vano si ahora decido marcharme con el rabo entre las piernas! - El muchacho observo a sus padres con el rostro desencajado por la emoción - Albus Potter me acepto tal como era, antes de él no me importaba no tener amigos, con vosotros me sentía conforme. ¡Pero Albus me acepto tal como era! Arrogante, pretencioso, cabezota. ¡Él y Rose me hacen mejor!

-Scorpius...

-Se que son hijos de las personas a las que odiaste durante tus años escolares pero esta es mi vida, estoy cansado de pagar las consecuencias de los adultos, estoy cansado de que la gente me señale con el dedo sin saber quien soy. ¡Estoy cansado! ¡Por eso no pienso irme! ¡No voy a darle la espalda a Albus! Me necesita y yo a él. Me he equivocado pero pienso remediarlo, las consecuencias no me importan - Scorpius paro de hablar y respiro entrecortadamente por el esfuerzo. Se hizo el silencio, un silencio frío y desesperante que duro una completa eternidad. Padre e hijo se miraban con fijeza, como si estuviesen teniendo un duelo visual.

-¿No vas a cambiar de opinión? - Pregunto Draco con voz inexpresiva. Scorpius negó con la cabeza lentamente. Astoria estaba en medio, con el rostro pálido y sin encontrar las palabras que pudiesen parar aquella locura - Entonces esta todo dicho...-Dio media vuelta y se quedo junto a la ventana, dándoles la espalda a Scorpius y Astoria. El corazón de Scorpius fue apretujado por una mano invisible y supo que en ese momento estaba perdiendo a su padre. Miro a Astoria y sonrió débilmente.

-Estaré bien...-Susurro con voz entrecortada mientras observaba el rostro de su madre para grabarlo en su memoria - ¿Donde esta la abuela Narcisa? - Pregunto al darse cuenta de que su abuela no se encontraba en aquella habitación. Nadie contesto y Scorpius volvió a alzar los ojos grises hacia su madre. Astoria acaricio la mejilla de Scorpius y el muchacho temió lo peor.

-Tu abuela esta mucho mejor ahora, se fue mientras dormía, sin dolor - Contesto Astoria en un susurro - Ella te quería mucho, Scorpius. Te dejo esto, una de sus joyas mas preciadas...- De su túnica verde esmeralda saco un pequeño anillo de oro con la grabación del escudo de la casa de los Malfoy - Ahora te pertenece...-Susurro mientras sus ojos se aguaban. Scorpius tomo el anillo y la boca se reseco por completo. Todo sucedía demasiado deprisa y por un momento sintió que el alma se le caía a los pies.

-Como madre debería impedir que te vayas de mi lado...- Susurro Astoria, rompiendo con el silencio. Scorpius alzo los ojos hacia ella - Pero se que estas haciendo lo correcto, aunque odio que hayas tomado ese camino, siempre es el mas complicado.

Madre e hijo se abrazaron con fuerza y Astoria lo presiono contra su pecho de forma maternal, dándose cuenta de que el niño se había convertido en hombre y que estaba volando del nido de la forma mas brusca que jamás hubiese imaginado. Se separaron y se sonrieron melancólicamente. Scorpius se giro hacia su padre, pero este continuaba de espaldas a él, junto al ventanal. Quiso acercarse, decirle lo mucho que significaba marcharse con su aprobación, pero sabia que no se la daría, no en aquel momento. Se parecían demasiado y conocía la personalidad de su padre.

-¿Estaréis bien? - Pregunto Scorpius en un hilo de voz tembloroso - Marcharos sin mi, os encontrare, prometo encontraros donde quiera que estéis pero marcharos de este lugar si tenéis la ocasión. Os buscare hasta encontraros y podréis volver a Gran Bretaña sin ningún problema, ya no sufriréis mas ni tendréis mas miedo .

Astoria sonrió y asintió con la cabeza y entonces se separaron. Scorpius tomo la capa negra del suelo y se la coloco por encima de los hombros, se giro y camino hacia la puerta de aquella ruina de habitación. Puso la mano sobre el picaporte y lo presiono. Sabia que en el momento que saliese por esa puerta, se encontraría completamente solo. ¿Estaba haciendo lo correcto? Se giro y miro el semblante de su madre, triste, angustiado aunque intentase esconderlo con una melancólica sonrisa. No sabia cuando los volvería a ver y deseo quedarse un poco mas junto a ellos. Pero tenia que marcharse y escapar, conseguir ayuda y sacar de allí a Albus. Con voz temblorosa susurro las palabras de despedida.

-Adiós madre...- Una lagrima cayo por la mejilla de su madre mientras esta sonreía. Presiono el pomo de la puerta un poco y dirigió sus ojos grises hacia la espalda de su padre. Draco no se giro y Scorpius supo que no iba a girarse, era demasiado duro para ambos. Abrió la puerta y salió de la habitación, pero antes de cerrarla tras él, susurro las palabras en el ultimo momento. Al escucharlo, Draco cerro los ojos con fuerza mientras el murmullo de la voz de su hijo se perdía en la lejanía.

  • Adiós padre...

Continuara...


¡Mis queridos lectoras & lectores!

Heme aquí con un nuevo capitulo, el numero cuarenta y cuatro. Debo decir que siempre quiero escribir mas de lo que publico, pero como siempre tengo una idea en la cabeza y me pongo a escribir desenfrenadamente hasta que me doy cuenta de que ya he escrito veintitrés paginas. ¡El capitulo más largo hasta ahora!

En fin, espero que os haya gustado, sobretodo por el repentino acercamiento de nuestro querido Albus con la misteriosa Viola. (De la que aun nos queda mucho por saber). Siempre he creído que un héroe necesita una heroína, todos los grandes personajes (tanto en novelas como en la vida real) han tenido una heroína detrás de ellos, conduciéndoles y sujetándoles. Las mujeres somos los grandes soportes y en Harry Potter tenemos un gran ejemplo de ello. También espero que no os haya decepcionado la escena entre Scorpius y sus padres, he intentado que sea lo mas realista posible. Lo siento por los lectores fans de Narcisa, pero tengo demasiados personajes en esta historia y bueno, se que es un poco repentino que la señora se haya muerto jajaja pero en fin tampoco queda tan mal...(Eso creo)

En el próximo capitulo - El trío de oro tendrá que ir al ministerio por una noticia urgente relacionada con el ministro...¿Te lo vas a perder? - Rose buscara pistas en la biblioteca. ¿Hará las paces con James? ¡Todo eso y mucho mas! (Parece un anuncio de TV)

Como siempre les pido un poco de paciencia, estoy sin Internet y bueno eso lo hace un poco complicado, puedo escribir pero tengo que ir a una biblioteca para poder actualizar la historia en la pagina web. También deciros que estoy en un momento un poco loco de mi vida, en una semana me marcho a Madrid por todos los papeles de la embajada de USA ¡En fin! ¿Que podemos sacar de eso? ¡Que no paro vamos! Sinceramente no se cuando voy a poder actualizar el próximo capitulo. Espero no tardar mucho.

Millones de gracias a esos nuevos lectores que se animan a dejar un comentario, espero seguir disfrutando de sus opiniones. A mis queridosy fieles lectores, como siempre, agradeceros ese apoyo, ya que si hoy tenemos un capitulo nuevo es por el apoyo incondicional que me brindáis en cada capitulo. (Sino, dudo mucho que aguantara el ritmo) ¡Sois maravillosas!

¡Nos vemos pronto!

¡Cuidaros mucho!

¡Comenten!

Pluma Cisne

Irene.