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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 45

Scorpius Malfoy salió de la habitación. El sonido de sus últimas palabras fueron acompañadas por el sonido de los cerrojos al cerrarse la puerta tras él. Se quedo quieto, sintiendo el tacto del pomo entre sus manos. Sabía que podía retroceder, dar media vuelta, abrir la puerta y entrar en aquella habitación. No abandonar a su familia y escapar de aquella pesadilla que cada vez se hacía más larga y complicada. Sabía que aquel muro y aquella puerta lo separaba de su familia, de los que lo amaban sin reparo y con certeza. Su mente recordó la imagen de la espalda de su padre y las lagrimas que resbalaban por las mejillas de su madre. Apretó la mano sobre el pomo de la puerta hasta hacerse daño en su propia carne. Alzo sus ojos grises hacia el pasillo silencioso, que se abría ante él, impaciente, esperando a que diera su primer paso hacia la incertidumbre. Si decidía marcharse, aquella seguridad se acabaría, su destino pendía de una balanza escurridiza. No podía asegurar el perdón de aquellos que le importaban y tampoco podía asegurarse a sí mismo de que volvería a ver a su familia. Pero ya no había vuelta atrás. Cerró los ojos por última vez y poco a poco soltó el pomo, desprendiéndose de aquella calidez que se había mantenido en sus manos. Su pie derecho se adelanto y luego lo hizo el izquierdo. Abrió los ojos y comenzó a alejarse de aquella puerta, con rapidez y sin mirar atrás. Se desprendió del pasado y comenzó a caminar hacia el futuro, un futuro incierto pero un futuro después de todo.

Comenzó a bajar las escaleras con rapidez y agilidad, observando a su alrededor, mezclándose entre las sombras y escondiéndose entre las antiguas y polvorientas armaduras. Aquella casa vieja y en ruinas se mantenía en silencio, como una tumba viviente y fría. El cielo estaba repleto de nubes grises, provocando que la luz del día fuera mortecina y triste. Las ráfagas de viento venían desde el sur donde se escuchaba en sonido del mar, golpeando contra los acantilados. Scorpius se deslizo entre las paredes, escondiéndose entre las sombras y observando a su alrededor con precaución, como un felino agazapado y atento a cualquier sonido o movimiento.  Vio aparecer a tres de los hombres de Maro, encapuchados y envueltos en sus capas negras. Reían y caminaban hacia el gran Hall donde debía encontrarse Maro, junto a la chimenea, observando las llamas con sus ojos negros como la noche. Cuando las capas negras desaparecieron de su vista, se deslizo lentamente hacia las escaleras que conducían hacia los sótanos. El hecho de no tener su varita, le hacía sentirse desnudo e  incomodo, como si algo faltase en la extremidad de su mano derecha. Pero no podía perder el tiempo, que en ese momento era muy preciado, no sabía dónde podía hallarse su varita y no tenía tiempo de buscarla en aquella mansión derruida y carcomida por el tiempo, debía salir de aquel lugar lo antes posible.  Llego a los pasillos bajo tierra y se quedo observando a su alrededor. Las Mazmorras eran oscuras y húmedas, el suelo estaba encharcado y el pasillo estaba iluminado por antorchas de un color azulado. Más que una mazmorra, aquellos pasillos parecían túneles que conectaban la antigua casa con algún lugar. Lo reconocía porque su propia casa, tenía túneles similares en los sótanos. Camino mientras sus pasos chapoteaban sobre al agua. Pudo descubrir unas celdas a su derecha, sumidas en la oscuridad. Asomo su rubia cabeza por los barrotes de una de las habitaciones, pero Albus no se encontraba allí. Su corazón latía con fuerza y observo con desesperación a su alrededor. Debía hablar con Albus antes de marcharse. De repente volvió a escuchar voces, un sonido rasposo y grave que procedía de la garganta de alguien que se acercaba al compás de sus pisadas. De nuevo, Scorpius fue a esconderse entre las sombras de uno de los pasillos oscuros que se ramificaban del túnel principal. Su corazón volvió a latir con violencia mientras un sudor frio recorría su coronilla. Si le descubrían escapando, no sería el único que saldría perjudicado, también su familia.

-No sé a qué está esperando Maro para deshacerse de esa niña insoportable, yo lo haría encantado - Murmuro una voz grave y rasposa seguida de  una fría risa. Scorpius asomo la cabeza con cuidado y pudo ver el rostro alargado y pálido de uno de los hombres de Maro, se relamía los labios con malicia. A su lado se encontraba Nero Cardew, con la cabeza alta y las palizas facciones de un color cavernícola, producido por las luces fantasmales de los túneles. No contesto al comentario del hombre, si no que se mantuvo con la mirada alzada, como si aquella conversación fuera insignificante para él. Marcus Naughton se encontraba rezagado, con la mirada perdida - Y ese Potter es un arrogante pretencioso, estoy deseando castigarle por su insolencia…

-Todo a su tiempo…-Contesto Nero con voz pausada y extremadamente inexpresiva. Al observarle, Scorpius tuvo la sensación de mirar a un joven que en menos de un año se había vuelto un completo extraño. Nero siempre había sido un joven rencoroso, vengativo y retorcido. Pero en aquel momento es como si aquel muchacho ya no existiera, miraba de otra forma, sonreía de otra manera, hablaba despacio, con calma, arrastrando las palabras como si fuera terciopelo envenenado. Como si la oscuridad de su alma le hubiese ganado a la poca luz que quedaba dentro de él.

-Solo hay que esperar…

Las tripas de Scorpius rugieron, deseosas de echarse encima de aquel joven y descuartizarlo con sus propias manos, pero se mantuvo en la oscuridad a pesar de los deseos de venganza que le embargaban por el cuerpo. Pasaron de largo  mientras sus pisadas resonaban, haciendo eco en las piedras oscuras y húmedas de los túneles. Scorpius se mantuvo quieto, pegado a la pared, sintiendo como un sudor frio recorría su nuca y bajaba por la espalda. Estaban a punto de desaparecer por la esquina, cuando Nero se paró en seco en mitad del pasillo. Se hizo el silencio. Marcus y el hombre encapuchado se giraron para mirarle, con sorpresa y una cierta expectación. Le preguntaron que sucedía pero Scorpius no contesto enseguida, se mantuvo quieto, mirando hacia delante pero con la mirada perdida en la lejanía. Scorpius mantuvo la respiración y apretó los labios con fuerza. Tras unos segundos, se escucharon varios pasos y de nuevo se hizo el silencio. Un silencio imperturbable y espeluznante, donde la espera se hizo cada vez más agonizante. Scorpius se pego a la pared y cerró los ojos con todas sus fuerzas, suplicando desde su mente que no le encontraran. Se mantuvo con los puños cerrados, escondido entre las sombras, esperando…esperando…pero el silencio continuaba a su alrededor, más espeluznante que una banda sonora terrorífica. Abrió los ojos y contuvo la respiración mientras escuchaba el goteo del agua que chocaba contra el suelo. Con miedo en la mirada, asomo su platinada cabeza, sacándola de las sombras. No había absolutamente nadie, ni un alma en aquel túnel. Nero y compañía habían desparecido con la misma rapidez con la que habían aparecido. Una vocecita le prevenía de que no debía fiarse de las apariencias, pero a pesar de que aquella vocecita le avisaba a su conciencia, termino saliendo de la oscuridad. Continúo su camino, mientras las llamas azuladas le iluminaban el camino. Se quedo observando dos corredores que iban en direcciones distintas, su pie derecho se movió instintivamente hacia la izquierda y sin perder tiempo, se adentro en aquel túnel. La sangre bombeaba en su cerebro, con fuerza, caliente.

-¿A qué estás jugando Malfoy? - La sangre dejo de bombear y por unos instantes el corazón de Scorpius dejo de latir. Se giro con lentitud mientras su rostro palidecía por completo. Nero Cardew le observaba con una sonrisa triunfante en el rostro. La varita alzada en su mano derecha, estaba escasos centímetros de su rostro - Que suelas burlar a magos mediocres, es un hecho, lo has conseguido más de una vez. Pero no funciona conmigo, Malfoy. Te lo repito ¿A qué estás jugando? - Durante unos segundos, aquel momento se quedo suspendido en el aire como si Scorpius no fuera capaz de reaccionar.

Pero la reacción de Scorpius fue instintiva y repentina. Como si estuvieran a cámara lenta, Scorpius vio como su musculatura reaccionaba, sintiendo como su cuerpo respondía a una serie de órdenes que su cerebro no estaba dando. El muchacho noto como su mano se movía y le propinaba un puñetazo en la nariz. Fue un golpe tan certero y rápido, que Nero no tuvo tiempo de mover su varita y decir el conjuro para protegerse. La varita de Nero cayó al suelo mientras se golpeaba contra la pared, tocándose la nariz sangrante por el fuerte golpe propinado por el puño de Malfoy. Sin perder el tiempo y aun presa de aquel instinto animal, Scorpius agarro la varita con la mano, antes de que Nero pudiese recuperarla. Sintió una punzada de dolor en el puño, ya que en el momento de golpe, no se había percatado del dolor. Tenía la mano roja y rasguñada por la fuerza del puñetazo. Sin pensarlo dos veces y sintiendo como su cuerpo volvía a reaccionar, agarro el cuello de la túnica de Nero mientras lo pegaba a la pared y lo alzaba levemente, quedando a la altura de sus ojos mientras lo apuntaba con su propia varita. Nero no mostraba miedo en el rostro, pero sus ojos negros se abrían con sorpresa mientras lo miraba atolondrado. Se observaron fijamente, mientras las respiraciones agitadas golpeaban sus caras. El agua seguía cayendo, goteando sobre el suelo. La mano de Scorpius se cerró sobre el cuello de Nero y por unos segundos, deseo estrangularlo.  Pero la gélida sonrisa que se formo en el rostro de Nero, hizo que su mano suavizara la tensión, no iba a darle el gusto, no debía perder los estribos mas de lo razonable, él no era un asesino y tampoco sentía satisfacción viendo sufrir a las personas, él no era así. Scorpius siguió apuntándolo con la varita del propio Nero, miro a su alrededor para asegurarse de que no había nadie en el túnel, continuaba vacio y silencioso.

-Bien, Cardew…-Murmuro Scorpius en voz muy baja y amenazadora - ¿Dónde está Albus? - Pregunto con ansia y urgencia. La sonrisa de Nero se ensancho con maldad. Al ver aquella actitud, Scorpius no pudo evitarlo y apretó con fuerza el cuello de Nero mientras la otra sujetaba fuertemente su propia varita y la clavaba en su mejilla - No tengo miedo y tampoco tengo tiempo, los minutos corren… - Le amenazo con voz suave - Soy capaz de hacer cualquier cosa, así que te lo advierto Cardew. ¿Dónde está Albus?

-¿Acaso piensas huir? - Pregunto Nero con voz fría y burlona. Scorpius rodeo con más fuerza el cuello del muchacho y Nero compuso una mueca de dolor al sentir la mano de Scorpius tan fuertemente aferrada a su garganta - No hay forma de que puedas huir…-Continuo con voz mas débil, al no poder respirar. El muchacho presiono con la varita, la mejilla de Nero y se acerco a su rostro hasta quedar muy cerca del de Nero.

-No cambies el tema de conversación…-Murmuro Scorpius sintiendo como perdía la paciencia por momentos.

 - Jamás perdonaran lo que has hecho, Malfoy. Eres un cobarde, un mentiroso, jamás llegaras a ser uno de ellos, jamás…

-Cierra la boca - Scorpius sintió como su mano perdía el control y se aferro con tanta fuerza al cuello de Nero, que el rostro del joven comenzó a ponerse morado - No me importa lo que tú puedas llegar a pensar, estas completamente podrido - Susurro con odio y rencor. Sintió como su cuerpo se relajaba tras desahogarse y lentamente suavizo la mano que apretaba el cuello de Nero. Nero pudo tomar una bocanada de aire, su sonrisa había desaparecido - No he venido a discutir contigo y no pienso seguir perdiendo el tiempo…

-No podrás escapar…-Repitió Nero con voz jadeante - La casa está vigilada y provista de hechizos defensivos para que no sea detectada y para que no se pueda salir del terreno hechizado, es imposible, solo eres un mago mediocre…

  • Estas mazmorras están plagadas de túneles, alguno de ellos debe conducir a alguna salida fuera de la casa. Lo sé porque todas las mansiones antiguas los tienen, incluida la mía - Comento con tono burlón mientras clavaba un poco más la varita en su carne - Se te está agotando el tiempo Cardew. Ahora dime, ¿Donde está Albus…? - Nero no contesto enseguida y Scorpius alzo la varita, de forma amenazadora y ojos llameantes.

¡¿Scorpius?!

  • Aquel grito resonó en sus oídos y por un momento se olvido lo de lo que había a su alrededor, reconocería aquella voz a kilómetros de distancias. Scorpius abrió los ojos con sorpresa. Aquel grito provenía de una de las celdas que había a lo lejos. Se podía ver una ventanita con rejas y una mano se movía entre ellas, con rapidez. Sintió como sus dedos flaqueaban en el cuello de Nero y finalmente lo soltó. Alzo la varita mientras se separaba de él, apuntándole con determinación. La nariz de Nero continuaba sangrando y este resbalo por la pared hasta caer al suelo mientras respiraba con dificultad. Scorpius lo observo, sin tener muy claro que hacer con él. No podía perder el tiempo, debía marcharse enseguida.

-Una última cosa…-Murmuro Scorpius con voz entrecortada. Nero alzo los ojos hacia él, mientras tapaba con su mano el orificio sangrante de su nariz - ¿Dónde se encuentran las mariposas? ¿Dónde te ordeno Maro colocarlas? -Nero no contesto - Están en el castillo, lose, solo tienes que decirme donde se encuentran….-Murmuro Scorpius clavando sus ojos sobre Nero - Si aún queda un poco de remordimiento en tu interior, si aún queda algo de moral en ti, entonces debes decírmelo, ¿Donde se encuentran esas criaturas? - El muchacho dejo escapar una sonrisa malvada mientras escupía la sangre que caía desde la nariz a su boca.

-¿Por qué debería decírtelo? -Pregunto Nero -  ¿Crees que voy a redimirme? ¿Qué voy a ceder a tus estúpidas suplicas? -Hecho una carcajada fría como el hielo - Eres un iluso Malfoy - La sonrisa de Nero se ensancho con maldad mientras sus ojos negros brillaban. Scorpius lo observo, Nero continuaba tirado en el suelo, con la nariz sangrante y aquellos ojos llenos de odio, tanto odio que resultaba increíble que alguien pudiese albergar aquella cantidad de odio hacia el mundo y hacia los seres vivos. En aquel momento, solo pudo sentir lástima por aquel muchacho. Una profunda lastima.

 - Si estuviera en mi mano, todos esos estudiantes estarían muertos, si estuviera en mi mano, Potter ahora mismo estaría gritando de dolor. Si estuviera en mi mano, disfrutaría viendo como Rose Weasley te da la espalda. Si estuviese en mi mano, tú y tu familia iríais a los dementores y sufriríais el peor de los castigos  - Las palabras de Nero sonaban como cuchillos, cortando el aire una y otra vez, susurrando las palabras con sutileza pero escupiendo una vileza sin precedentes. Scorpius no contesto a sus ofensivas, ya no hacian mella en su cuerpo, no merecía la pena seguir escuchando - ¿Contesta eso a tu pregunta, Malfoy?

-Adiós Cardew - Susurro Scorpius alzando la varita. Lo miro a los ojos por última vez y a continuación murmuro el hechizo - Petrificus Totalus - El hechizo salió de la varita de Nero y llego hasta el cuerpo de su propietario, que en cuestión de segundos quedo completamente petrificado delante de él. Se lo quedo observando durante unos segundos mientras la sonrisa congelada en los labios de Nero se mantenía en su rostro, sus ojos seguían mirándole con aquel odio tan oscuro y retorcido. Los ojos grises de Scorpius, se desviaron hacia la varita que sujetaba su mano, sentía que su brazo era el de otra persona y un sutil escalofrió le recorrió por toda la espalda - Tú representas todo lo que un día temí llegar a ser, temí convertirme en lo que eres, pero he tenido la suerte de encontrarme con grandes personas que me han salvado de ese destino. Debo decirte que solo me inspiras lastima, ya no me das miedo, ni tú ni lo que representas, porque estas solo, Cardew - Susurro Scorpius.

El silencio sellaba los labios de Nero, inmóviles, aunque él sabía que le estaba escuchando y entendiendo. Scorpius le lanzo la última mirada, llena de lastima y tristeza y un sutil brillo en los ojos de Nero fue suficiente para demostrarle que lo había escuchado. Se iba a girar, cuando en ese preciso momento, algo le llamo la atención. Alzo la varita con rapidez y apunto hacia la esquina, donde le había parecido  ver los bajos de una capa negra. La mano le volvió a temblar por segundos, pero se mantuvo erguido en su posición, sujetando la varita con fuerza.

-¿Quién anda ahí? - Pregunto con cautela y con voz temblorosa - ¡Sal! ¿Quién eres?

Pero no tuvo que repetirlo de nuevo. La capa volvió a ondear en la esquina y una figura se asomo a la luz de las azules antorchas. Marcus Naughton salió desde detrás de la esquina y clavo sus ojos en Scorpius. Ambos muchachos se observaron en silencio, midiéndose con la mirada. Pero entonces, Scorpius lo comprendió, comprendió que Marcus no iba a delatarle, comprendió que aquel muchacho iba a permitirle escapar, indirectamente, que no se iba a interponerse en su camino. Scorpius bajo la varita, como gesto de confianza y Marcus se mantuvo quieto, sin hacer ningún gesto sospechoso y sin sacar su varita. Nero continuaba tirado en el suelo, completamente petrificado e inmóvil. Scorpius sin perder el tiempo, se giro y comenzó caminar hacia la celda donde se encontraba encerrado Albus. Pero antes de perderse en la oscuridad del túnel y llegar al punto luminoso donde estaba la puerta, una voz grito su nombre y Scorpius se giro con la sorpresa expresada en su pálido rostro. Marcus lo observaba desde el mismo lugar, cerca de Nero. Sus labios se abrieron y Scorpius pudo escuchar las siguientes palabras:

-Las cañerías…-Murmuro Marcus con voz clara como el agua.

 Scorpius se quedo unos segundos quieto, confuso y atolondrado por lo que Marcus acaba de decir. Pero entonces lo comprendió. Marcus acababa de contestar a aquella pregunta tan deseada. Sus ojos brillaron llenos de emoción, completamente paralizado al saber que tenia la respuesta. Con felicidad contenida, hizo un gesto de cabeza como agradecimiento mientras una sonrisa se creaba en su rostro. Marcus continúo observándole desde su sitio, sin ningún atisbo de emoción en su expresión. Sabía que Marcus no lo hacía por remordimientos de conciencia o por ayudarle, lo hacía por pura venganza hacia Nero, algo así, como ayuda por interés, su propio interés. Pero después de todo, le estaba ayudando. Marcus contesto al gesto de cabeza y Scorpius salió corriendo hacia el túnel, perdiéndose en la oscuridad mientras sus ojos brillaban llenos de optimismo. Marcus se quedo solo en aquel túnel, en silencio, mientras las llamas azules de las antorchas le alumbraban. Giro su rostro hacia Nero y lo observo durante unos segundos mientras una mueca se creaba en su rostro. Se coloco de cuclillas sobre sus talones, para quedar a la altura de Nero. Una sonrisa burlona se formo en la comisura de su boca. Nero se encontraba inmóvil, petrificado sobre el suelo, pero parecía que Marcus no estaba preocupado, ni mostraba interés en prestarle su ayuda.

-Sera divertido ver como Maro te castiga tras saber que has dejado escapar a uno de sus rehenes mas preciados…-Le dio unas palmaditas en el hombro y luego se levanto, con la sonrisa burlona aun pintada en el rostro - Pronto se correrá la voz de tu descuido, espero que el hechizo haya perdido su efecto para entonces…- Se alejo lentamente, dejando a Nero sobre el suelo - Nos vemos en un par de horas, Cardew - Con una última mirada, se alejo con calma hacia el otro lado de los túneles, y lentamente se sumió en la oscuridad.

-¡Albus! ¡Albus! ¡¿Dónde estás?!

-¡Scorpius!

Scorpius corrió por el azulado pasillo hasta llegar a aquella puerta donde varios rayos de luz se colaban por las rendijas de los barrotes. Scorpius llego jadeante y asomo su rostro por entre los barrotes. Enseguida, unos ojos que conocía muy bien se fijaron en él. La garganta se le seco por unos instantes y olvido todo lo que deseaba decirle, todo lo que tenía en mente, todo lo que había pensado y deseado expresar, se esfumo como una bocanada de humo. Solo pudo quedarse ahí, quieto y paralizado como un tonto, sintiendo los ojos de su mejor amigo sobre él. El miedo le recorrió todo el cuerpo y por un segundo, se arrepintió del camino que había tomado, no podía evitar aquella expresión en el rostro del joven Potter, tenía miedo de escuchar aquellas palabras de rechazo, un rechazo que lo castigaría a la soledad. Albus se había puesto de pie y le observaba con cautela, a varios pasos de la puerta. Detrás de él se encontraba aquella muchacha sucia, envuelta en mantas, a la que había torturado sin proponérselo. Ella se asomo por detrás de las piernas de Albus mientras lo miraba con recelo y Scorpius pudo sentir el desprecio de sus ojos color oliva. Scorpius mantuvo la mirada alzada, pero en su interior, una gran herida sangraba y no había forma de parar la hemorragia.

-¿Qué haces aquí? ¿Qué es lo que quieres? - Pregunto Albus con voz temblorosa. Scorpius volvió a centrar sus ojos grises en él y la saliva volvió a recorrer su boca, aunque las palabras continuaban atascadas en su garganta. Se volvió a hacer el silencio. - ¡Maldita sea Malfoy! ¡¿Qué haces aquí?!- El hecho de que Albus le llamase Malfoy hizo que el muchacho sintiese como le estrujaban el pecho lentamente. ¿Y si su padre tenía razón? ¿Jamás podría saldar ese error? ¿Nunca le perdonarían? ¿Se haría realidad esa pesadilla de la que intentaba escapar?

-Albus…

¡¡¿Donde está?!! ¡¡Búsquenlo inmediatamente!! ¡¡Tráiganmelo vivo!! ¡¡Háganlo o los torturare uno a uno hasta llegar a la muerte!!

Aquellos gritos llegaron desde el primer piso con una fuerza aterradora. Las paredes temblaron y las luces azuladas del pasillo se apagaron de repente. Maro había descubierto su plan de huida mucho antes de que él pudiera salir de aquella cárcel derruida y en ruinas. Entonces supo que los minutos pasaban con rapidez y que no tendría tiempo de darle explicaciones, debía marcharse y dejarle allí, con la promesa de que volvería a buscarle lo antes posible. Albus que había alzado la cabeza hacia el techo, la volvió a bajar para mirar a Scorpius con la sorpresa pintada en el rostro. Abrió la boca varias veces pero ningún sonido salió de su garganta. Scorpius estaba pálido, ojeroso y más delgado que la última vez que le vio. Sus ojos eran dos cuevas grises, hundidas, solitarias y llenas de tristeza, remordimiento y miedo. La muchacha que había al lado de Albus también se había levantado y le observaba con sus ojos color oliva, de una forma tan expresiva que llegaba a asustar.

-Scorpius…- Pero Scorpius no le dejo terminar.

-Volveré Albus, volveré a por ti. Voy a traer ayuda y a entregarme -  Le interrumpió. Scorpius sonrió débilmente mientras Albus lo observaba completamente anonadado - Por favor, resiste. Volveré…

Se escucharon las fuertes pisadas de cientos de pies, seguramente las pisadas de los hombres de Maro que bajaban las escaleras hacia los túneles, para buscarle a él, para detenerle. Pero entonces supo que había tomado el camino correcto, en aquel instante de completa confusión, él supo que esa era la manera y el camino que debía tomar si quería llegar a ser libre algún día. Scorpius dirigió su mirada hacia Albus, quiso transmitirle todo lo que su alma sentía y lo que las palabras no sabían expresar con claridad, Scorpius Malfoy jamás había tenido el don de la palabra. Albus se acerco con lentitud mientras la muchacha continuaba detrás de él, con expresión confusa. Le agarro del jersey para que Albus no se acercara más, pero el muchacho ignoro el gesto. Pero antes de que Albus pudiese llegar a la puerta, Scorpius con una última sonrisa, desapareció en la oscuridad.

-¡Scorpius! ¡No! ¡Espera!

Pero ya era tarde, se volvió a hacer el silencio mientras se escuchaban los gritos y las pisadas de los hombres de Maro, cada vez más cerca. Scorpius se había fundido con las sombras de aquellos túneles subterráneos y ya no volvería, ya no volvería a mirar atrás, había decidido recorrer el camino más difícil y el más peligroso.

Mientras tanto, el ministerio bullía ajetreado, lleno de actividad y de personas que iban de un lado para otro, saliendo y entrando de los ascensores, moviéndose a distintos departamentos mientras los pergaminos flotaban a su alrededor y los memorándum cruzaban a toda velocidad. El profeta del medio día acababa de salir y un muchacho de chaleco gris y gorra gritaba al son de las noticias. En una de las muchas chimeneas, un llameante fuego verde surgió de la nada y cuatro personas aparecieron en el recibidor. En cuanto dieron un paso hacia el centro del enorme hall de entrada, miles de caras se giraron para mirarles mientras los cuchicheos y los comentarios se alzaban. No importaba cuanto tiempo transcurriera en su vida, aquel grupo de personas seguiría dando de qué hablar fueran donde fueran. Su nombre había significado demasiado en el mundo mágico y representaba demasiadas cosas de su generación, de las anteriores y de las futuras. Harry Potter caminaba el primero, con expresión adusta y enfadada mientras lo seguían, Ginny, Ron y Hermione con rostros preocupados. Se montaron en uno de los ascensores con rapidez, el resto de magos y brujas se apartaron para dejarles pasar.  Este dio una sacudida repentina mientras se echaba hacia tras y luego el ascensor comenzó a viajar hacia arriba. Se escucho la voz de la mujer que señalaba cada planta y los cuatro salieron con paso apresurado. El pasillo estaba iluminado con antorchas de color anaranjado y el mármol negro era brillante y lleno de destellos. Varios magos y brujas ataviados con túnicas de color granate, se quedaron observándolos con rostros sorprendidos, pero ninguno de los cuatro se paro para dar explicaciones.

-Sencillamente indignante -Murmuraba Hermione, una y otra vez, haciendo ondear su enmarañada cabellera sobre los hombros - ¿Cómo pueden hacerle algo así? ¿Es que las cosas nunca van a cambiar? ¡Da igual lo que suceda, el hombre no aprende de sus errores! Es sencillamente indignante…

-Es tan injusto…-Murmuro Ron con la mirada ausente mientras seguía a Harry por el corredor - Kingsley ha hecho tanto por el mundo mágico, es una vergüenza que le estén exigiendo su dimisión en estos momentos. Hace menos de treinta años, Voldemort seguía con vida, parece que la gente se olvida con mucha facilidad. Kingsley ha cambiado el mundo mágico, ha mantenido el orden y nos ha dejado un legado justo. ¿Por qué demonios quieren que dimita?

-Maldita sea, me estoy poniendo nerviosa - Murmuro Ginny, agarrada a la mano de Harry. Él corría tan rápido que la menor de los Weasley iba dando traspiés ya que tenía las piernas bastante más cortas que Harry - Calmémonos, seguro que todo tiene una explicación razonable, estoy segura de que Kingsley no se va a dar por vencido.

Harry la miro unos segundos, Ginny le sonrió suavemente y le estrecho la mano con ternura. A pesar del cansancio, las decepciones y la continua inquietud y preocupación por Albus, se alegro de estar junto a ella en el aquel lugar y en aquel momento. Ginny le infundía mas valor, ridículamente se sentía más relajado y valiente cuando estaba a su lado. Con pasos rápidos, fueron esquivando a los magos que caminaban por aquella planta del último piso. Llegaron a la puerta del despacho del primer ministro, pero antes de que a Harry le diera tiempo a tocar la puerta, Percy Weasley apareció con las mejillas sonrojadas y los brazos llenos de pergaminos.

-¡Harry! ¡Por Merlín! ¡Pensaba que ya no vendrías! - Murmuro con voz entrecortada mientras se apoyaba sobre una de las columnas - Tienes que entrar ahí y hacerle entrar en razón, no puede abandonar ahora Harry, hay muchos buitres detrás, deseosos y con ganas de hacerse con el poder del ministerio - Percy hablaba  con nerviosismo, moviendo la cabeza y las manos, tenía el rostro pálido y parecía que llevaba varias noches sin dormir. Harry le agarro de los hombros e intento calmarle con la mirada.

-Percy, tranquilo - Murmuro Harry. Las gafas de Percy resbalaron un poco por el puente de su nariz y luego asintió levemente con la cabeza - Ahora voy a entrar y a hablar con él, seguro que todo tiene una explicación y seguro que encontramos una solución…

-Debemos encontrarla Harry…-Murmuro Percy con la mirada cansada. Alzo la mano y toco la puerta con suavidad, se escucho un murmullo desde dentro de la puerta y estas se abrieron con lentitud, dejándoles espacio para entrar en el recinto. Harry dio un paso hacia delante, sin soltar la mano de Ginny, que continuaba junto a él. Observo a su alrededor, aquel despacho que tras la caída de Voldemort se había hecho tan familiar para sus ojos.

Un retrato de Albus Dumbledore reposaba sobre una chimenea de caoba oscura. No había paredes, sino inmensas estanterías llenas de libros de toda clase y tipo. Una escalera de caracol llevaba al segundo piso y se podía ver desde los balcones como las estanterías seguían creciendo y creciendo. Había una lámpara de cristales brillantes, alumbrados con velas flotantes y a la derecha, un pequeño y tallado escritorio de madera clara, con reposa papeles, plumas y tinta. Una mesa cuadrada con cajones, donde había whiskey de fuego y vasos de cristal. Cerca del escritorio, en una pequeña estantería flotante, había artilugios de auror como un chivatoscopio. Junto a la chimenea encendida, había una alfombra africana, con hermosos bordados de colores llamativos y varios sillones. Una figura se encontraba junto al fuego y al escucharles entrar, se giro con lentitud. Su rostro no mostraba tristeza, solo cansancio y resignación, una sutil sonrisa se formo en sus labios y los presentes no pudieron hacer otra cosa que observarle sin decir nada.

-Querido Harry, creo que tienes asuntos más graves que atender. El hecho de que este viejo anciano decida retirarse de la ajetreada vida de primer ministro, no es importante…-Comento Kingsley con voz tranquila e incluso optimista. Percy resoplo con indignación mientras lo miraba con sus ojos cansados, algo opacados detrás de sus gafas.

-Empiezas a sonar como Dumbledore - Murmuro Harry con reproche. Kingsley dejo escapar una suave risa y sus ojos se alzaron hacia el gran retrato que había junto a la chimenea, donde un anciano y sonriente Dumbledore los observaba, a través de sus gafas de media luna, con aquella mirada azulada, tan intensa como cuando estaba vivo - No puedes hacer eso, no ahora…

-Mi querido Harry - Kingsley se acerco y le coloco su enorme mano sobre el hombro. A pesar de su anciana edad, aquel hombre seguía siendo robusto y fuerte como un roble. Harry a su lado parecía un niño - Quizás algún día lo llegues a comprender, cuando tengas cierta edad y te des cuenta de esos pequeños detalles de la vida que tanto importan, el resto ya no tiene importancia, uno desea dejar de luchar por los demás y piensa en cómo terminar sus días…-Harry frunció el ceño, a pesar de que el tiempo transcurriera, había cosas que no cambiaban y era esa sensación de que aún le quedaba mucho por aprender a pesar de su enorme experiencia.

-Pero no pueden echarte así como así - Comento Hermione mientras la humedad hacia que su cabellera cada vez se rizara más y mas - Conseguiste que el ministerio dejase de estar corrupto, terminaste con la discriminación de los magos nacidos de muggles y conseguiste cambiar muchos estatutos de magia sobre las criaturas mágicas, para empezar la de los elfos…-Ron la miro de reojo y dejo escapar una disimulada sonrisa.

-Kingsley…-Ginny soltó la mano de Harry y se acerco al primer ministro - Si decides aceptar las ordenes de los tribunales del Wizengamot, muchas cosas que conseguimos cambiar volverán a ser como antes…Tú has conseguido más que nadie en estos últimos años, lo has dado todo por la comunidad mágica. La gente te respeta y te admira. No puedes simplemente irte, no puedes, no pueden echarte sin más…

-Mi querida niña - Kingsley beso su frente y miro a Ron y a Hermione - No tengo elección, mi cargo como primer ministro se acaba y los tribunales del Wizengamot quieren que me marche antes de las próximas elecciones. Han recolectado todas las firmas que necesitan para solicitar mi marcha, lo llaman jubilación anticipada. Consideran que ya soy muy mayor y ya no controlo las cosas como lo hacía antes…

-¡Pamplinas! - Soltó Ron con el rostro sonrojado por la indignación - ¡Menuda panda de descerebrados sopla narices! - Hermione le dio un suave codazo y Ron cerró la boca aunque todos sabían que seguía soltando palabrotas dentro de su cabeza. Pero todos estaban completamente de acuerdo con Ron y en aquel momento, todos estaban dispuestos a soltar más de una palabrota.

-¿Quién se haría cargo del puesto? Hasta las nuevas elecciones por supuesto - Pregunto Hermione con el ceño fruncido. El primer ministro se quedo pensativo durante unos segundos, algo que hizo saltar la alarma en las cabezas del resto de los presentes. Percy hizo un ruido con la boca y su rostro indignado y sarcástico, mostró que no era una buena noticia, sino todo lo contrario.

-Zacharias Smith - Contesto Kinglsey con excesiva tranquilidad. Se hizo el silencio.

-¿He escuchado bien? - Pregunto Ginny con ojos muy abiertos por la impresión - ¿Ha dicho Zacharias Smith? - Se giro hacia Harry, Ron y Hermione que también tenían una expresiones extraña en el rostro - ¿Ese no era un integrante del…?

-Del ejército de Dumbledore… - Contesto Ron con rapidez mientras sus orejas se convertían en dos hogueras de color rojo - ¿¡Como demonios ha terminado ese zoquete en las elecciones a primer ministro!? ¡¡No puedo creerlo!! ¡Es inaudito! ¡¡Todo por ser de una familia de sangre limpia! - Hermione abría y cerraba la boca completamente sorprendida, sin saber que decir sobre aquella noticia.

-Esto es increíble…-Consiguió murmurar Hermione.

-¿Quién era Zacharias Smith? - Pregunto Harry un tanto alarmado al no recordar el rostro de aquella persona - ¿Un integrante del ejercito de Dumbledore? Eso paso en nuestro quinto año en Hogwarts, no recuerdo todos los nombres de todos los integrantes…- Se excuso al ver las miradas sorprendidas de Ginny, Ron y Hermione. Ginny alzo una ceja - Esperar, Smith, ¿Ese no era…?

-El insoportable chico de Hufflepuff que no paraba de acosarte a preguntas impertinentes en las reuniones del E.D. Su padre era un pez gordo, de sangre limpia, ya sabes, de esos que creen que eran descendientes de Helga Hufflepuff. Su familia no apoyaba las ideas de Dumbledore y esas cosas, una familia de estirados simplones - Comento Ron con voz ronca. Su cabeza estaba tan roja que parecía una granada andante - En la batalla de Hogwarts, el muy cobarde se marcho , poniendo la excusa de que iba a evacuar a los alumnos menores, pero ni siquiera tuvo ese valor, si no que se puso a empujar a los alumnos más jóvenes para quedar el primero y salir del colegio cuanto antes. Dejo al resto del ejército de Dumbledore. Solo de pensar que personas como Colín murieron mientras ese zoquete se marchaba con el rabo entre las piernas…

-Ron…-Hermione acaricio una de las mejillas de Ron y este se calmo. Todos se habían quedado en silencio. Últimamente, se destapaban muchas cosas del pasado. El pasado  seguía ahí, latente, entre ellos, pues era imposible que pudiese desaparecer, siempre estaría ahí, junto a ellos, como una parte primordial de su existencia y de su mente.

-Lo siento, simplemente me parece que esta vida es de locos - Comento resoplando.

-¿No podemos hacer nada? - Pregunto Ginny con voz suave - Nos has ayudado tanto, siempre has cuidado de Harry y de nuestra familia…-Kingsley sonrió con suavidad. Sus dientes blancos resaltaban, en contraste con su piel oscura. Acaricio el hombro de Harry y luego miro el retrato de Albus Dumbledore.

-Llega un momento en la carrera de todo hombre, en el que debe aceptar que su camino termino y debe comenzar otro - Percy seguía con malas pulgas y continuo con la mirada perdida en algún punto del despacho - Si fuera por mí, Harry sería nombrado ahora mismo, primer ministro, pero creo que a Harry jamás le intereso ese puesto y creo que jamás le interesara - Harry alzo los ojos hacia el retrato de Dumbledore y los ojos azules de su antiguo director y maestro se clavaron en él.

-No. Ser primer ministro de magia jamás me ha llamado la atención - Contesto Harry con suavidad. Sus ojos volvieron a encontrarse con los de Kingsley, con su maestro y mentor, del que había aprendido tanto en los últimos años. Supo que Kingsley había decido marcharse y que ese era el final y el principio de una búsqueda que algún día el mismo conocería.

-Debemos marcharnos - Susurro Ginny - Hay que seguir buscando a Albus - Harry reaccionó al igual que Ron y Hermione que también se habían quedado completamente pensativos - Sentimos que tenga que ser así, ha sido el mejor ministro en mucho tiempo y prometemos mantener lo que usted ha conseguido hasta ahora - Kingsley y Ginny se estrecharon las manos con fuerza mientras la emoción se acoplaba a sus rostros - Venga a cenar a la madriguera cuando quiera, ya sabe que es su casa…

Tras despedirse, salieron del despacho y la puerta se cerró con un sonido sordo. Los cinco se quedaron en el umbral, con rostros desesperanzados y un mal sabor de boca. Se sentían extraños, vulnerables. Kingsley siempre les había dado una sensación de seguridad, pero en menos de unas horas iba a dejar de ser primer ministro, tras los muchos años de grandes servicios a la comunidad mágica. Parecía que el mundo mágico se estaba poniendo patas arriba en cuestión de minutos, como si una mano invisible moviera los hilos, desde las sombras, desde la oscuridad, sin mostrar su rostro. Se quedaron en silencio durante unos segundos, como si no asimilasen aun todos los acontecimientos ocurridos hasta ahora. El profesor Dalton, las mariposas, Maro y ahora la dimisión de uno de los mejores primer ministros de la historia. Percy suspiro y se quito las gafas mientras tocaba sus cansados ojos.

-Debes ir a descansar - Susurro Ginny mirando a su hermano mayor con preocupación - Audrey debe estar preocupada, seguro que llevas dos noches sin volver a casa - Percy no contesto, pero la expresión de su rostro demostró que Ginny tenía razón - No vas a cambiar nada quedándote otra noche aquí, márchate a casa y descansa. Si George te viera ahora mismo, no pararía de burlarse de ti…-Comento con optimismo.

-Si, creo que lo mejor es que me vaya a casa - Se giro hacia el resto y los abrazó uno por uno - Si necesitáis ayuda, solo tenéis que pedírmelo. De todas maneras os intentare ayudar por mi cuenta. Albus es mi sobrino, todos queremos que regrese sano y salvo y sobretodo, castigar a ese mal nacido - Ron abrió los ojos con sorpresa. Percy no solía hablar de esa manera y menos dentro del ministerio - Adiós, informarnos en cuanto sepáis algo - Todos asintieron. Ginny le dio un suave beso a Percy y este desapareció por el pasillo continuo, perdiéndose entre los magos que bajaban hacia el ascensor. Se quedaron unos minutos en silencio.

-Bien, no debemos perder nuestro objetivo - Murmuro Hermione con voz decidida - Debemos ir a la casa del profesor Dalton y descubrir sus escritos, todo lo que nos pueda dar una pista sobre las mariposas o sobre el paradero de Albus - Harry, Ron y Ginny salieron de su trance y asintieron con la cabeza - Bien, entonces adelante, no hay tiempo que perder…

Echaron a caminar, con paso apresurado, esquivando los memorándums y moviéndose ágilmente entre los magos y brujas que iban y venían por los pasillos. Estaban a punto de subirse al ascensor cuando Harry choco con un hombre vestido con una capa de viaje azul cielo. Harry dejo escapar un gemido de dolor al darse el golpe y Ginny paró en seco al darse cuenta del accidente. Corrió a socorrer a Harry y le agarro del codo con suavidad para ayudarle a levantarse. Harry se toco la cabeza y compuso una mueca de dolor mientras abría los ojos, un tanto confuso.

-¡¿Señor se encuentra bien?! - Pregunto una voz apresuradamente. Ginny se giro para decir que se encontraba en perfectas condiciones pero se dio cuenta de que el joven que se acercaba no se refería a Harry si no al hombre que se levantaba en ese momento del suelo.

-¿Es que no mira por donde va? - Pregunto aquel hombre quitándose el polvo de la capa color azul cielo. Ginny arqueo una ceja, un tanto indignada por el tono que estaba empleando aquel hombre tan altivo. Ron y Hermione llegaron hasta ellos con paso apresurado - Este ministerio es un hervidero de locura…-Ginny arrugo aun más el entrecejo y Harry abrió por completo los ojos.

-Perdone…-Mascullo Ginny. Entonces aquel hombre alzo la cabeza y los observo. Pudieron ver como sus ojos se abrían por la sorpresa del momento y se quedo unos segundos en silencio, observándolos anonadado y sin poder reaccionar por el shock que le había producido. El muchacho que lo acompañaba también los había reconocido y observaba a Harry con completa admiración - ¿Se encuentra bien? - Pregunto Ginny, intentando ser lo más amable posible.

-¿Potter?

  • Harry, Ron y Hermione se miraron - ¿No me recuerda? - Pregunto dirigiéndose a Harry directamente. Harry negó con la cabeza, un tanto atolondrado - Soy Zacharias Smith, el joven talentoso del E.D ¿Me recuerda ahora?

Se hizo el silencio y tras unos segundos Ron hecho una carcajada tan sumamente escandalosa que algunos magos se giraron para mirarle con indignación. Ginny había arrugado aun más el ceño y Hermione se había cruzado de brazos completamente incrédula, sin poder creer lo que acababan de escuchar sus oídos. Harry se mantuvo impasible, enseguida pudo reconocer al hombre que tenía delante. Ya no era aquel muchacho de Hufflepuff, rubio, corpulento y ostentoso, pero a pesar de la edad, aquel hombre continuaba con aquella mirada desafiante y altanera que le había caracterizado en la juventud, como si creyese de verdad, que poseía algún talento oculto. Por supuesto, se podía percibir que estaba muy orgulloso de su cuna y de su sangre limpia. Harry no contesto enseguida pero tras unos segundos asintió con la cabeza lentamente.

-¡Esplendido!

  • Comento dándole una palmada en el hombro - Es estupendo volver a verte Potter, me hace recordar viejos tiempos - Ron arqueo una ceja al ver las muestras de confianza que aquel hombre estaba teniendo con Harry, ya que la última vez que lo vio, poco había hecho por él y por el colegio - Ya se habrá enterado de la noticia…-Harry no contesto - Es una pena lo de Kingsley, se que fue su mentor en el departamento. Pero la vida continúa y necesitamos mentes abiertas y jóvenes en el ministerio. Como la mía - Dejo escapar una falsa sonrisa que hizo que los ojos de Ginny brillasen durante unos segundos.

-Es usted todo humildad - Murmuro Ginny con ojos chispeantes y sonrisa ladeada. Al parecer, aquel hombre no pillo la indirecta porque siguió sonriendo.

-Si, acabamos de enterarnos de la gran noticia - Contesto Hermione con sarcasmo.

-Confió en que tendré su apoyo en las elecciones siguientes - Comento Zacharias Smith con una sonrisa - Me haría un gran favor. Si Harry Potter me apoya, lo hará todo el mundo, o al menos gran parte de la comunidad mágica. Hágalo por los buenos tiempos, por el ED y todo eso. Ya sabe que soy de fiar y que mantendré muchas de las cosas que Kingsley no has legado. Aunque debo admitir que hay otras que seguramente cambie…

-Las leyes mágicas no se cambian al azar - Comento Hermione con desdén.

-¿Tiene usted tiempo mañana por la tarde? - Pregunto sin hacer caso del comentario desdeñoso de Hermione - Tenemos un mitin importante en el callejón Diagon, hay que llegar al pueblo de alguna forma - Comento con voz gutural. A cada palabra de sus labios, la cara de Ron se iba haciendo más grande y roja - Seria maravilloso que pudiese venir a apoyarme, después de todo hemos sido compañeros de escuela, de la misma generación. ¿Qué le parece? - Pregunto sin ni siquiera mirarle - Esta hecho…

-Me temo que es imposible - Le interrumpió Harry con calma pero con gesto grave en la mirada - Siento decepcionarle pero tengo asuntos muy importantes que atender

  • Se hizo un silencio repentino.

-Oh, por supuesto, su hijo - Comento de repente. Hermione y Ginny se miraron. ¿Cómo podía saberlo? Las noticias corrían mas deprisa que las malas lenguas - No se preocupe, es completamente comprensible que deba ocuparse de ese asunto antes que de ningún otro. Yo también tengo hijos - ''Pobres niños'' Susurro Ron - Seria una tragedia que algo así le sucediese a mi familia…

-Agradezco su comprensión…-Comento Harry - En ese caso, tenemos que irnos…-Comento, perdiendo la paciencia y la poca compostura que había guardado hasta ahora. Tomo a Ginny de la mano y con un movimiento de cabeza a Ron y Hermione, se aparto del camino de Zacharias Smith y se alejo hacia los ascensores. Pero antes de que se cerrasen las verjas del ascensor, la voz de Zacharias Smith  volvió a alzarse preciosa y clara como el agua.

-Señor Potter, si todo el asunto de su hijo se soluciona pronto, venga a verme a mi casa y tomaremos el té. Después de todo, dentro de unas semanas seré primer ministro -.Debería tener una conversación como mi jefe de departamento de aurores. Hay ciertas cosas que quiero cambiar…-Harry se paró en seco y se giro lentamente hacia Smith.

-En primer lugar señor Smith, no sea tan impaciente y espere a que el ministro decida exponer sus ideas. Kingsley aun es el primer ministro, no se apresure - El rostro de Zacharias se endureció y palideció - En cuanto a los cambios se refiere… ¿Se refiere a Azkaban? - Pregunto Harry. Su voz había sonado dura y cortante. Ginny miro a su esposo con ojos un tanto alarmados. De alguna forma, Harry se lo presentía, lo había presentido desde el principio de aquella conversación - Mi opinión es clara sobre ese tema. Decidimos echar a los dementores y no volverán a poblar las cárceles mágicas…

-Señor Potter, si los dementores hubiesen estado vigilando Azkaban, la fuga de presos hubiese sido imposible - Contesto Zacharias Smith endureciendo la voz y mirando fijamente al grupo. Hermione resoplo con indignación mientras le echaba una mirada asesina.

-¡¿Pero a que está jugando?! - Grito Hermione repentinamente - ¿Es que acaso también va a cambiar los estatutos de las criaturas mágicas? ¿Se ha vuelto loco? ¡Usted es solo un mojigato jugando a ser un primer ministro! ¡Pero jamás  llegara a ser como Kingsley! ¡No le llega ni a la suela de los zapatos! - Ron la miro completamente alarmado. Frente a él, había una acalorada Hermione, con el pelo mas enmarañado de lo normal y mirada felina.

-Controle a su mujer -Murmuro Smith mirando a Ron con ojos centelleantes.

-No necesito controlar a mi mujer, ni deseo hacerlo. Le ha soltado tres verdades bien dichas, es usted un canalla - Contesto Ron, tomando de la mano a Hermione y amenazándole con sus abiertos ojos azules que contrastaban con su acalorada cara. Hermione le miro de reojo y sonrió suavemente.

Varios magos y brujas pasaron con rapidez mientras los observaban con curiosidad. Habían aparecido varios reporteros del Profeta y enseguida vieron el cambio de expresión en el rostro de Zacharias Smith. Se hizo el silencio entre ellos, la tensión era latente en cada zona de aquel pasillo, una tensión agobiante. El aire podía cortarse con un cuchillo afilado y repentinamente hacia mucho mucho frio. Zacharias Smith, se acerco suavemente y dejo escapar una leve, intentando parecer amigable ante los ojos de los reporteros que se a galopaban impacientes por ver algo interesante sobre lo que escribir en la primera columna del Profeta del día siguiente.

-Debo decir que el tiempo pasa, pero hay personas que nunca cambiaran…-Comento con voz baja, casi en un murmullo. Sus ojos se encontraron con los de Harry.

-Y que lo digas…-Murmuro Ginny con sonrisa sarcástica.

-Harry Potter…-Harry y Zacharias se miraron y por un momento, sintieron que el tiempo no había pasado y que continuaban en Cabeza de Puerco, hablando sobre el ED mientras Harry se sentía observado y acosado por cientos de miradas que lo observaban con curiosidad y recelo. Pero a diferencia de esa vez, a Harry le importaba bien poco lo que Smith pensase de él - Harry Potter siempre es leal ¿No es así? - Harry no contesto - Bien, el tiempo dirá - Se giro sin dejar de sonreír y miro animadamente a los reporteros que había a su alrededor  - Suerte con la búsqueda de su hijo, señor Potter - Susurro sin mirarle.

Le vieron alejarse mientras los reporteros le seguían y le hacian fotos, los flashes se escuchaban y relucían a su alrededor. Harry volvió a agarrar la mano de Ginny, con fuerza y ansiedad e intento salir de aquel mar de reporteros y magos. Se metieron en el ascensor vacio que había tras ellos y las rejas se cerraron con estrepito mientras los reportes se empotraban sobre las verjas, con las cámaras y alzando la voz para que Harry pudiese escuchar sus preguntas. El ascensor se puso en marcha y dio una sacudida hacia tras. Los reporteros desparecieron y termino en sonido de los flashes seguidos de los fogonazos. Se quedaron en silencio, con la respiración entrecortada, sintiendo como el ascensor vibraba bajo sus pies. Las plantas pasaban y los departamentos continuaban surgiendo. La gente entraba y salía, sin percatarse de ellos, ya que Harry había bajado la cabeza para pasar desapercibido. Al final se escucho la voz femenina del ascensor y una luz amarillenta les dio en los ojos. Llegaron al hall de entrada, con sus mármoles negros, sus cristaleras y su estatua central. Las verjas se abrieron y las brujas y magos que había antes, salieron en manada. Harry, Ginny, Ron y Hermione, salieron al hall y observaron a su alrededor mientras se mantenían juntos, silenciosos.

-Es hora de averiguar que son esas malditas mariposas - Murmuro Harry con decisión.

Continuara…

¡Mis queridos Lectores y Lectoras!

¡Aquí estoy de nuevo! Debo decir que actualizar sienta de maravilla, espero que  a vosotros también os guste la sensación de ver un capitulo nuevo.

Bueno, aquí esta el capitulo 48 con 18 páginas nada menos. Espero que os haya gustado y que lo hayáis disfrutado que es principalmente de lo que se trata. Pretendía introducir un  poco más sobre Rose y compañía, pero me ha sido imposible. Lo siento mucho.

En el próximo capítulo, descubriremos lo que sucede con Rose y compañia. ¿Se dara el encuentro esperado entre Hero y James? ¿Cómo será? ¿Irán los adultos a la casa del profesor Dalton? ¿Y que sucederá con Scorpius? 

¡Cuantas preguntas eh!

Pues si quieres respuestas, tendrás que leer el próximo capítulo.

Millones de gracias a todos mis lectores y debo agradeceros a todos aquellos que ponen mi historia en favoritos, ya somos 249 personas nada menos. Miles de gracias, por todo, por vuestras palabras y por el apoyo incondicional de muchos de vosotros. ¡Es una gozada tener lectores así! ¡Espero que esta historia os siga emocionando!

¡Nos vemos en el próximo!

¡No te olvides de comentar!

¡Un besazo!

Pluma Cisne

Irene.