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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 46

El sol comenzaba a caer, aun resplandecía en el horizonte mientras se despedía lentamente entre las montañas, seduciendo con sus rayos las aguas verdosas del lago. Hogwarts era en ese momento, una hermosa imagen llena de fulgor y brillos. El tiempo era suave. El viento tibio. Llegaba desde las montañas y luego recorría los altos pinos del bosque prohibido, meciéndolos entre susurros. La primavera estaba al caer y la luz se volvía más rosada, los atardeceres más cálidos y los días más largos. El olor a hierba mojada era suave y refrescante, el sonido del viento era lastimero y agradable. Los últimos rastros de nieve se encontraban en las cimas de las altas montañas que rodeaban Hogwarts y el valle. Pero a pesar de todo ese fulgor y esa magia que recorría el ambiente de aquel recóndito lugar escocés, Hogwarts se encontraba triste y apagado. Una sensación de intranquilidad recorría cada roca y piedra del castillo, un sentimiento de inestabilidad que sacudía aquellos cimientos, dando la sensación de que en cualquier momento aquella muralla se podía desplomar a sus pies. Se podía palpar la tensión e incluso el miedo de aquel acontecimiento futuro del que nadie se atrevía a hablar porque aun no tomaba forma en sus mentes. Los días habían transcurrido con lentitud, entre clases y fines de semanas llenas de trabajos, los exámenes estaban al caer y los partidos de quidditch habían finalizado otro año más. Pero algo impedía que el colegio continuase con su habitual rutina. Los enfermos continuaban en las camillas de la enfermería, blancos como la muerte, con ojos vacios y sin vida, las manos agarrotadas y la boca entreabierta, como si ahogasen un grito de dolor o de miedo. La imagen continuaba siendo espectral y fantasmagóricamente aterradora. Ningún otro alumno había vuelto a caer presa de aquella extraña enfermedad, pero se podía oler en el aire, recorriendo los pasillos, al acecho de alguna mente débil de la que apoderarse, batiendo sus alas como una mariposa negra. Algún padre alarmado se había llevado a sus hijos del colegio y la preocupación se podía percibir en el rostro de los profesores. Mcgonagall solía ausentarse del colegio y sus clases habían comenzado a ser impartidas por una nueva profesora de ojos purpura y cabello negro como el ébano. Aquel rumor sobre el cierre del colegio continuaba latente en Hogwarts y los estudiantes, cada mañana, se levantaban preguntados si ese sería su último día entre las paredes de aquel castillo.

Cambiando de perspectiva y apartándonos del reluciente sol que se escondía entre las montañas después de un día de lluvia primaveral, podemos observar la parte trasera del castillo, donde el sol ya no influye. Detrás del catillo, se encuentran los invernaderos, silenciosos y oscuros, rodeados de una suave neblina producto del vapor de la lluvia, con sus plantas meciéndose mientras los insectos volaban de un lado para otro de las cristaleras, produciendo un sonido de zig zag. En el invernadero número cinco, el más apartado de todos, se encontraban varios jóvenes agazapados entre las plantas mientras una joven se mantenía de pie, en medio del circulo, observando la puerta del invernadero con ojos impacientes. Movía su pie sobre el suelo, produciendo un sonido cortante con la madera, tenía los brazos cruzados en el pecho y sus rosadas mejillas mostraban indignación. El vapor era sofocante y los jóvenes respiraban entrecortadamente mientras se desataban la corbata de uniforme. El cabello de las dos muchachas presentes, una rubia y otra pelirroja, se encontraba completamente enmarañado producto del agua vapor que salía de las plantas del invernadero.

-No puedo creerlo…-Susurraron sus labios antes de fruncirse.

-Por los calzones andrajosos de Merlín - Se quejo uno de los muchachos mientras observaba la puerta con ojos indignados - ¿Pero dónde demonios se ha metido? - Claudio miro a Lorcan y a Ralph, pero ambos jóvenes se encogieron de hombros - Esto es muy raro…debería ir a buscarle, quizás le ha sucedido algo

  • Se miraron entre sí - Todos sabemos cómo es James, nunca llega puntual, pero en este caso me sorprende, se trata de Albus - Comento.

Ralph a su lado los observaba con ojos brillantes mientras sus negros rizos se mecían con el vapor del invernadero, su figura resultaba tan menuda y pequeña como la de un niño. Lysander, sentada sobre la mesa, balanceaba los pies sobre el vacio, con rostro soñador y pensativo.

-Quizás se ha encontrado con algún Bowtruckle - Todos dirigieron la mirada hacia ella - Últimamente están algo alborotados, se alejan del bosque prohibido y se acercan al colegio. Hoy he visto un par de ellos…-Comento con ojos taciturnos mientras colocaba una ramita sobre su oreja. Rose la observo de refilón y frunció los labios. En aquella ocasión no podía hacer ningún comentario al respecto, ya que esas criaturas sobre las que Lysander hablaba, existían de verdad, eran guardianes de los arboles.

-Empecemos sin ellos - Contesto un muchacho de pelirroja cabellera mientras se ponía de pie resoplando.

Debido a su altura y a la rapidez de su movimiento, se golpeo con una de las macetas que había sobre un estante y un gemido lastimero salió de la planta con la que se acababa de golpear. De la boca de Hugo Weasley, salieron un sin fin de palabrotas y frases groseras que hicieron que su hermana le lanzara una mirada airada. Se toco la cabeza dolorida mientras sus orejas se volvían del color del fuego.

 - ¡¡Por Merlín!! ¡Dejemos de perder el tiempo! - Exploto sin dejar de tocarse la cabeza - ¡Esto es urgente, no podemos estar esperando enternamente…! -Comento con enfado.

-Por Merlín, que estarán haciendo…-Murmuro Rose con impaciencia y nerviosismo mientras volvía a girar sus ojos hacia la puerta -¿Por qué tardan tanto?- Hugo Weasley se cruzo de brazos y compuso una mueca malhumorada mientras sus orejas se volvían del mismo color que su cabello, parecía un dibujo animado a punto de estallar de rabia e impaciencia. Rose ignoro la rabieta repentina de Hugo y giro sus ojos hacia un muchacho sentado a su derecha.

-No comprendo porque aun no ha llegado - Contesto Lorcan al notar los ojos inquisidores de Rose sobre él. Rose se quedo unos segundos observándole, esperando ver algún atisbo de mentira en sus ojos, pero Lorcan decía la verdad y tuvo que apartar la mirada con decepción contenida.

Aquella misma mañana, Rose fue en busca de los merodeadores que se encontraban en el gran comedor. Traía consigo la capa de invisibilidad, tras haberla descubierto en la sección prohibida. Enseguida se dio cuenta de que había sido un error. Hablar sobre lo ocurrido con los merodeadores, en mitad del desayuno, con todo el mundo observándoles, hubiese sido muy irresponsable por su parte. La noticia sobre ella y Scorpius, volaba de boca en boca por todo el colegio y los ojos no paraban de seguirla fuese donde fuese. Así que Rose, cito a todos en los invernaderos después de las clases de la tarde. Las horas pasaron con lentitud, torturándoles mientras las manecillas de los relojes se reían burlones. Rose se había enfrentado a sus compañeros y continuaba firme, decidida, sin arrepentirse de la decisión que había tomado,  pero a pesar de que los comentarios le resbalaban sobre el cuerpo sin herirla, a veces deseaba que la tierra se la tragase y poder desaparecer durante unos segundos. Sus compañeros no paraban de mirarla, de juzgarla, algunos con pesar y tristeza, unos pocos con sorpresa, una gran mayoría con malicia y burla en la mirada. Se sentía sola, algo perdida sin las dos columnas de sustentación que eran Albus y Scorpius para ella. Pero finalmente, la última clase llego a su fin y fue la primera en abandonar el aula, sin dar tiempo a que sus compañeros pudieran preguntarle algo. Pero  James no había aparecido a la cita. Llevaban una hora esperando y seguían sentados sobre las mesas de madera mientras el sol se escondía casi por completo entre las montañas. En pocos minutos comenzaría la cena en el gran comedor.

-Está bien…-Sentencio Rose girándose hacia el grupo de jóvenes que tenia frente a ella - Empezaremos sin los que faltan, necesitamos empezar a movernos y a buscar soluciones…-Todos asintieron lentamente con la cabeza

  • Primero quiero decir…

-¿Llegamos muy tarde? - Rose dejo de hablar de sopetón y se giro con rapidez para ver de quien se trataba. Su prima Lily acababa de aparecer en la puerta del invernadero, con una sonrisa ladeada. Se hizo un silencio incomodo, una presencia extraña estaba con ella. A su lado, había una muchacha de cabello corto como el de un muchacho. Claudio se levanto enseguida, sonrió suavemente a la recién llegada y los rostros de sorpresa aumentaron. Pero tras unos segundos de suspenso, el resto consiguió reconocer aquel rostro tan familiar y a la vez tan extraño.

-Perdonarnos…-Comento la joven bajando la mirada. Lily sonrió débilmente y estrecho el brazo de la muchacha con fuerza, intentándole infundir valor. El silencio continuaba en el invernadero, nadie podía creer que aquella muchacha fuese ella, con el pelo corto y mucho más oscuro que de costumbre. Parecía otra persona, de rasgos muchos más adultos y mirada mucho mas cansada y profunda - Hemos tenido un pequeño problema para llegar hasta aquí…

-¿Hero? - Ralph trago saliva mientras todos observaban a aquella joven tan sumamente cambiada. Pronunciar su nombre, hizo que el momento fuese mucho más real. Hero alzo los ojos hacia el pequeño Ralph y asintió suavemente con la cabeza.

-¿Qué diantres te ha pasado? - Pregunto Hugo de repente, con una mueca de estupefacción - ¿Dónde está tu pelo? ¿Qué has hecho con tu hermosa mata de pelo? - La joven abrió la boca varias veces sin saber que contestar. Rose al lado de su hermano le dio un suave golpe con el codo y le lanzo una mirada de advertencia para que cerrarse la boca.

-Pues a mí me gusta - Comento Lysander de repente - Es mucho mas practico y durante el verano vas a estar mucho más fresquita que con esa mata de pelo. No es aconsejable llevar el pelo muy largo porque los Tickelwowing adoran protegerse del calor en el cuero cabelludo de las personas. Dicen que pueden contagiar la viruela de dragón - Rose arqueo una ceja y ladeo la boca, pero se guardo el comentario despectivo que tenía en la punta de la lengua.

-A mí también me gusta - Comento Claudio con una sonrisa contagiosa. Se quedaron unos segundos en silencio y luego el resto hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Una suave sonrisa se formo en los labios de la muchacha. Claudio se acerco y despeino el corto cabello de la joven mientras Ralph sonreía y le tendía una rana de chocolate que tenía guardada en el reverso de la túnica.

  • ¿Nos hemos perdido algo importante? - Corto Lily con rapidez - Ya sabéis que las noticias vuelan en Hogwarts. Todo el colegio ya se ha enterado de que el profesor Schneider es el hermano de Hero y bueno…hemos sufrido un acoso espantoso en los pasillos. Nos ha costado un buen rato deshacernos de la gente y llegar hasta aquí, he estado a punto de lanzarle un hechizo moco murciélago a uno de los alumnos más pesados…-Rose arqueo una ceja y Lily sonrió inocentemente - Si hubieses estado allí, me comprenderías…-Comento con mirada picara. Durante unos segundos, sus redondos ojos color marrón, se clavaron en unos de color azul - Los ánimos están muy caldeados últimamente…-Murmuro apartando la mirada de Lorcan- Odio los cotilleos y chismes de este colegio…

-Te comprendo perfectamente - Contesto Rose resoplando.  Lily observo a su prima durante unos segundos y luego le dio una palmadita en la espalda mientras sonreía con ternura - ¿Saldrá todo bien? - Le pregunto con voz llena de angustia, que no pudo esconder. Lily asintió con firmeza y seguridad. Ambas sonrieron, pero enseguida,  Lily se dio cuenta de aquella gran ausencia.

-¿Dónde está James?

 En el momento en que Lily pronunciaba su nombre, las mejillas de Hero palidecieron. La muchacha bajo la mirada mientras el corazón comenzaba a bombear con fuerza. Se toco el pecho y sintió como en cuestión de segundos, los latidos aumentaban el ritmo. El corazón se le salía del pecho. Nadie se dio cuenta del gesto ni de la palidez de la joven. La muchacha se quedo unos segundos mirando sus zapatos mientras las imágenes borrosas de la noche anterior le volvían a la mente. Aun sentía la humedad del baño, el tacto de las frías tijeras entre sus manos, el sonido seco al cortar los mechones de pelo, las saladas lágrimas cayendo de sus ojos y el agua rodeándola. Pero entre todo ese frio y oscuridad, recordó el calor de los brazos de James al rodearla, sus grandes manos acariciando su rostro, su aliento dulce y sus ojos brillantes, observándola, con aquella intensidad tan dolorosa y a la vez tan placentera. No era capaz de enfrentarle después de lo sucedido, le daba miedo encontrarse con aquellos ojos tan parecidos a los de Lily. Le daba miedo lo que ella misma sentía en aquel instante. La intensidad con lo que lo sentía era aterradora. Era demasiado para su pequeño cuerpo, demasiados sentimientos encontrados en una sola vez, en una sola persona. No podía controlarse, era más grande que ella, más grande y fuerte que su propia cordura. Sabía que no podía evitarle día y noche, que en algún momento debía enfrentarle. Y entonces sucedió…

-¡Estoy aquí! 

Se escucho una voz jadeante detrás de ella. Los ojos de Hero se abrieron con rapidez y sintió como su cuerpo se paralizaba por completo. Su pecho era un volcán de lava que la abrasaba hasta llegar a su garganta. La boca se le había secado por completo y un súbito rubor la cubrió las mejillas. No sabía si llorar o reír, si gritar o salir corriendo de aquel lugar, si echarse a sus brazos o mantenerse quieta como una estatua. Se escucho la voz de Rose al alzarse y tardo un par de segundos en reaccionar. Lentamente se fue girando hasta quedar frente a todos. La voz indignada de Rose seguía murmurando cosas, los merodeadores se acercaban hacia el recién llegado y Lily chasqueaba la lengua con burla, pero ella solo podía mirar a alguien en concreto. Tras unas milésimas de segundo, dejo de oír a su alrededor, el silencio la trago por completo. Dejo de escuchar. Ni el mas mínimo roce, ni el zumbido de los insectos, ni el sonido de las voces del resto de sus amigos, ni siquiera escuchaba los desmesurados latidos de su corazón. Hero quedo en la más profunda sordera. El tiempo se había suspendido entre ellos. Sus ojos se habían clavado sobre una figura que la observaba desde el otro lado del invernadero.

James Potter se mantenía erguido, con el pelo mas revuelto de lo normal y la respiración entrecortada. Su pecho bajaba y subía con rapidez. La gente le hablaba pero no era capaz de prestarles atención. El muchacho sintió como si le dieran un golpe en el estomago y luego la sutil sensación de flotar sobre el suelo. El encontrarla en aquel lugar le había tomado por sorpresa y durante unos segundos se quedo atrapado en su mirada, sin saber cómo reaccionar ni cómo comportarse. Sus ojos recorrieron aquella corta cabellera, aquel cuello descubierto, las líneas de la mandíbula y sus ojos abiertos. Deslizo su mirada como si la estuviese acariciando con los ojos, sintiendo como las yemas de los dedos volvían a quemarle, deseando rozar aquellos trozos de piel descubierta, tibia, sensual y cálida para la vista. Hasta que sus ojos se detuvieron en la boca de Hero, entreabierta y exaltada por la respiración. Y entonces lo sintieron, lo percibieron con claridad. A pesar de la distancia y de la lejanía de sus figuras materiales, sintieron como sus labios se tocaban de nuevo. El roce y el contacto de sus cuerpos habían quedado fuertemente grabados en sus mentes como una fotografía corpórea. Al mirarse, sus bocas percibieron sutilmente aquel sabor agridulce, aquel contacto húmedo y caliente de sus labios. Por un instante, fue como si estuviesen solos en aquel invernadero, besándose  en los labios, con lentitud, disfrutando de sus húmedas bocas que se perdían en el jardín de sus instintos. Captaron como las yemas de sus dedos se deslizaban entre los pliegues de sus ropas, para subir con suavidad hacia sus rostros, recorriendo un camino de sensaciones. Se perdieron en el tiempo y en el espacio de sus deseos, anhelando olvidar lo que les ataba a la vida real y poder flotar hasta aquel instante en los baños del segundo piso, encharcado de agua y en mitad de la noche.

-Hero.

El contacto se perdió en cuestión de segundos. Los dos jóvenes volvieron a percibir los sonidos que habían a su alrededor y volvieron a mirarse desde la distancia. Hero sintió como una lágrima solitaria caía de su ojo derecho hasta su boca. Giro su entumecido rostro y pudo ver como Lily la observaba con preocupación, luego dirigió su mirada hacia James que continuaba al otro lado del invernadero. Se encontraba en un estado de shock. Había sido cuestión de segundos, pero para ellos había sido una eternidad. Aquel cosquilleo continuaba en las yemas de sus dedos, demostrando que lo que acababa de vivir, realmente había sucedido en su imaginación y que él también lo había visto y sentido.

-¿Te encuentras bien? - Pregunto Lily acercándose lentamente a ella. Lanzo una mirada desconfianza a James y luego la volvió a centrar en una sonrojada Hero - Quizás deberías…

-Estoy bien - Corto Hero sobreponiéndose e intentando crear una sonrisa en sus temblorosos labios - Estoy bien…-Volvió a repetir. Los merodeadores habían rodeado a James y el muchacho había vuelto a centrar su atención en ellos. Hero también aparto la mirada y se acerco a Lysander con la excusa de que deseaba sentarse en una de las mesas del invernadero. Pero Lily se mantuvo observando a su hermano y a Hero con ojos curiosos. Aun que el resto no se había percatado de lo sucedido, ella si lo había hecho. Una mueca burlona se creó en su rostro.

-Lo siento - Se disculpo James mientras su respiración volvía a acompasarse a la normalidad - Pero el nuevo conserje me paro en mitad del pasillo del tercer piso, creía que había hecho estallar uno de los inodoros del segundo piso. Tuve que estar un buen rato para hacerle entender que no había sido yo…-Resoplo con indignación mientras se despeinaba el cabello cada dos segundos.

-Es comprensible que desconfié de ti - Murmuro Lorcan con una sonrisa ladeada - Sueles ser tu el causante de tales explosiones ¿Recuerdas?

  • James no contesto, se quedo mirando a su amigo con ojos entrecerrados, no había olvidado lo sucedido en la sala común y estaba a la espera de que le dijese algo. Sus ojos volvieron a desviarse hacia la esquina donde se encontraba Hero.  Claudio se percato de aquel gesto y de aquella extraña actitud. Pero James, enseguida volvió a concentrarse en la persona que tenía delante.

  • ¿Creías que no iba a venir? - Le pregunto a Rose con una sonrisa burlona. Su prima no contesto enseguida, la sorprendió que James volviese a comportarse de ese modo con ella, teniendo en cuenta de que el día anterior estuvo a punto de devorarla. Se encontraba frente a él, con los brazos cruzados bajo el pecho.

-James, yo…

-No - James la corto y apoyo sus manos sobre los  hombros de su prima -  Soy yo quien lo siente, debí escucharte y no dejar que la rabia se apoderase de mi con esa fuerza. Mis palabras te hicieron daño y fui un bruto insensible…-Se quedo en silencio repentinamente. Hugo dejo escapar una sonrisa - Creo que hace unas horas llegue a comprenderte mejor de lo que crees…-Murmuro bajando la mirada repentinamente. Claudio y Lorcan se observaron con curiosidad - Y aunque ese Malfoy siga siendo de mi desagrado…-Hizo una pausa repentina -  Tiene que tener algo bueno para que tú te hayas enamorado de él. ¿No? - Rose abrió y cerró la boca más de seis veces, completamente sorprendida con la actitud de James - Aun que eso no signifique que él…

-Lo sé, James - Contesto la muchacha con rapidez - Lo sé…

-Bueno ahora que estamos todos ¿Podemos continuar con lo que estábamos haciendo? - Pregunto Hugo componiendo una mueca de disgusto. Rose se giro hacia su hermano y le lanzo una mirada iracunda - Perdona, pero como veo que no te impones, he decidido hacerlo yo…Ya es tarde y la cena en el gran comedor acaba de empezar -Comento con simplicidad mientras sus orejas continuaban tan coloradas como su pelo de un rojo flamante.

-Gracias…-Susurro Rose antes de que James se alejase de su lado. Su primo no se giro pero pudo distinguir una suave sonrisa en sus labios -Bien...- Rose suspiro resignadamente y el grupo de jóvenes se recoló en semicírculo, quedando ella frente al resto - Intuyo que Albus fue a la sección prohibida la noche de su desaparición, lo sabemos por esto…-Saco la capa de invisibilidad y se la mostro para luego dejarla sobre la mesa - También intuyo que fue a buscar algo y lo encontró, o al menos eso parece… - Murmuro - Necesitamos un libro sobre artes oscuras, ya que solo en un libro de ese estilo podremos encontrar algo sobre las mariposas negras - Hizo una pausa - No sé que encontraremos en un libro de esas características, jamás he llegado a tocar un libro sobre artes oscuras y desearía no hacerlo, pero no tenemos otra alternativa…

-Entonces ¿De dónde sacamos un libro sobre artes oscuras? - Pregunto Ralph detrás de Lorcan.

-He ahí la cuestión - Contesto Rose - El profesor Dumbledore, antiguo director del colegio Hogwarts de magia y hechicería, del que oímos hablar tanto, decidió prescindir de una serie de libros sobre artes oscuras que había en la sección prohibida en tiempos de nuestros padres. No sabemos porque lo hizo, ni con qué razones…solo sabemos que se los llevaron a su despacho, mi fuente ha sido  la señorita Pince…-Todos asintieron - Si no los han vuelto a colocar en la sección prohibida, como he averiguado, es que continúan…

-En el despacho de la directora Mcgonagall - Contesto Ralph con una sonrisa de oreja a oreja - ¡Genial! ¿Es el mismo despacho no? - Pregunto con ojos confusos. Lorcan dejo escapar una risa y su cabello rubio tapo la mitad de su rostro, Lily le observo desde el otro lado del invernadero.

-Entonces solo tenemos que colarnos en el despacho de la directora y…-Comenzó James con rostro pensativo.

-No - Le interrumpió Rose. Todos la observaron con rostros sorprendidos - Iremos a hablar con la directora, ahora…- Se miraron, aun mas sorprendido y aturdidos que antes - Tenemos que contar todo lo que sabemos, ellos pueden hacer mucho más que nosotros, seguramente Mcgonagall sepa donde se encuentran esos libros. Si queremos encontrar una solución para nuestros compañeros que están en la enfermería, tenemos que recurrir a los adultos, nos guste o no - La voz de la muchacha sonó clara como el agua y tan decidida que nadie se atrevió a contradecirla.

-Pero la directora se fue esta mañana del colegio…-Contesto Claudio.

-¿Qué? ¿De nuevo? - Claudio asintió lentamente con la cabeza y Rose dejo escapar un suspiro de indignación - Lo que faltaba. ¡¿Es que nada puede salir bien?! - La muchacha se tapo la cara con las manos. Transcurridos unos segundos volvió a alzar el rostro, su expresión era más tranquila.

-¿Y ahora qué hacemos? - Pregunto Ralph tímidamente.

-Podríamos recurrir al profesor Longbottom - Contesto Lorcan con rapidez - Él siempre nos ayuda en casos de urgencia…podemos confiar en él - Los merodeadores asintieron con la cabeza y Rose ladeo la cabeza mientras pensaba en silencio - Creo que es la mejor opción…-Murmuro Lorcan encogiéndose de hombros. Aparto la mirada y sus ojos volvieron a encontrarse con la de la menor de los Potter. Trago saliva y durante un instante temió que su rostro mostrase el calor que le había recorrido de pies a cabeza, pero exteriormente continuaba impasible. Lily aparto la mirada, sin hacer gesto alguno.

-Yo también creo que es la mejor opción - Murmuro Rose tras sopesar los inconvenientes - Bien, entonces separémonos, unos deben ir a buscarle a la sala de profesores, el resto debería ir al gran comedor y a su despacho. Tenemos que terminar con esto cuanto antes, en cuanto solucionemos este problema estaremos más cerca de encontrar a Albus. Lo presiento…- James y Rose se miraron.

-Bien. Yo puedo ir a la sala de profesores - Comento Lily poniéndose en pie con rapidez - Y Hero vendrá conmigo - Hizo que la muchacha levantara de la mesa.

Hero asintió torpemente con la cabeza, era extraño verla sin aquella mata de pelo, recorriendo su espalda y sus hombros. James giro su rostro para volver a observarla, el pelo corto la hacía mucho más menuda y pequeña de lo que ya era. Su rostro mostraba aun una inocencia que provocaba que sus tripas bailasen la samba. Deseaba hablarle, aunque no sabía que decir, las palabras y las ideas se quedaban atascadas dentro de él. Deseaba volver a encontrarla en una situación tan íntima como la de la noche anterior. Solos, él y ella, sin palabras ni mascaras. Se sentía un niño inexperto, deseoso de seguir explorando aquella figura que se erguía frente a él. Pero habían vuelto a la vida real, a una realidad no precisamente calmada; en aquellos momentos ninguno de los dos podía permitirse el hecho de concentrar su energía en lo que sentían por el otro. Hero tenía que lidiar con muchas cosas de su pasado. James tenía que encontrar a Albus y no pararía hasta conseguirlo, hasta entonces no podía centrar su atención en otra cosa. Pero a la vez, sentía el enorme impulso de querer estar junto a ella. La sensación que le producía era como si tras estar caminando a tiendas en la oscuridad, pudiese ver una luz brillante que le guiaba.  Aparto la mirada, sabiendo que si continuaba observándola, no podría resistir sus instintos y todo su control seria en vano. Se escucho como alguien carraspeaba a su lado y James ladeo la mirada, Claudio le observaba con ojos brillantes.

-Yo voy al gran comedor y de paso cenare algo antes de que mis tripas terminen por los suelos - Murmuro Hugo de repente, mientras sus tripas volvían a rugir por el hambre. Lysander colocaba unas cuantas hojas en el corto cabello de Hero y la muchacha se mantenía quieta, sin quejarse - Creo que Ralph también lo está deseando…-Comento al ver como el pequeño muchacho se tocaba el estomago con la mano derecha.

-Muy bien…- Concluyo Rose con semblante tranquilo - Entonces…Hugo y Ralph buscaran en el gran comedor. Claudio, Lysander y yo iremos al despacho. Lily, Hero, Lorcan y James irán a buscarle a la sala de profesores - Comento la muchacha - Si encontráis algún otro profesor de confianza, háganle saber lo que está sucediendo ¿Comprendido? Con cautela, no queremos que Hogwarts se convierta en un campo de batalla campal - Murmuro.

Todos asintieron y se levantaron con rapidez, comenzando a alejarse hacia la salida del invernadero, dispuestos a mover cielo y tierra para encontrar la solución de aquel intrincado laberinto que los rodeaba. Los grupos se desviaron a sus distintos destinos pero repentinamente, Rose comenzó a correr en dirección contraria a la que habían tomado Claudio y Lysander. Claudio se giro con ojos sorprendidos y pudo escuchar como Rose gritaba mientras se alejaba por los terrenos del colegio, en dirección a la lechuceria.

-¡Voy a avisar a mi madre!

La noche había caído por completo en aquel rincón del mundo. Se escuchaba el suave sonido del viento arrullando las hojas de los arboles mientras la luz de la luna acariciaba sus copas. En la espesura, una casa fantasma se mantenía protegida por la penumbra y la vegetación. Solitaria, oscura, abandonada al tiempo y a su suerte. La luz de la luna se colaba entre los visillos de una celda oxidada y húmeda, donde dos jóvenes esperaban pacientes, silenciosos, dejando que el tiempo corriese, absortos en sus pensamientos. Albus Potter se encontraba sentado sobre el suelo de piedra, con las rodillas flexionadas y los codos apoyados sobre las piernas, su cabeza descansaba sobre la pared mientras mantenía los ojos cerrados. Su despeinado cabello azabache le tapaba la mitad de la frente, en ese momento, pálida. La otra muchacha, se encontraba cerca de él, arropada por la manta; sus ojos de un verde oliva se clavaban en la figura de Albus, observándole con nostalgia y tristeza. Las horas habían transcurrido entre ellos y no se habían vuelto a dirigir la palabra. El silencio se había convertido en su más fiel compañero. Bastaba con tener la presencia del otro, saber que a pesar de todo, no estaban solos.

 En la mente de Albus, continuaba la imagen de Scorpius desvaneciéndose en la oscuridad, su propia voz alzándose, gritando el nombre de su mejor amigo y luego el silencio, un angustioso silencio. Escuchaba sus propios pasos correr hacia la puerta y seguir llamándolo, aun sabiendo que Scorpius no iba a volver. Que era demasiado tarde. Tras eso, había caído sobre el suelo y se había mantenido en silencio, sus labios habían quedado sellados. Viola no dijo nada, se quedo cerca de él, observándole en ocasiones con aquellos expresivos ojos verdes. Albus continuaba con los ojos cerrados. No sabía si Scorpius había escapado o si lo habían atrapado. Estaba furioso con él, furioso y triste al mismo tiempo. No entendía cual era su plan, si su plan era regresar a Hogwarts, estaba seguro de que lo molerían a patadas y que terminaría muy mal parado. ¿Qué pretendía sacar de todo aquello? ¿Su familia seguiría en aquella casa? ¿A caso estaba intentando probar que él no…? Su mente quedo en blanco y el muchacho sintió como su cuerpo se debilitaba por momentos, llevaba muchas horas sin comer y ya no sentía las manos ni los pies. El cansancio, el hambre y el agotamiento metal, lo derrotaban por momentos.

-Intentémoslo una vez más…-Albus abrió los ojos con sorpresa y giro el rostro hacia el lugar donde sonaba la voz. Viola se había acercado a él y lo observaba a pesar de la oscuridad de la celda, un rayo de luna caía sobre la mitad de su rostro, alumbrándolo por una parte. Parecía una visión - Intentemos escapar, solo una vez más…-Susurro con voz confiada. Albus se mantuvo impasible, observándola con rostro grave.

-Dijiste que era imposible…-Murmuro Albus - Que lo habías intentado muchas veces…

-Tres…-Lo corrigió la muchacha - ¿Y si esta vez sale bien? Antes estaba sola, ahora…ahora tú estás aquí, somos dos, estamos juntos en esto…-Murmuro con voz repentinamente suave. Pudo distinguir un suave brillo en los ojos de la muchacha y el corazón fue lentamente enterneciéndose. Durante un instante, pudo sentir como las yemas de sus dedos volvían a entrar en calor y a pesar del hambre, pudo sentir una punzada de valor - ¿Qué piensas?

-Pienso que estarías loca de atar si decidieses intentarlo de nuevo…ya escuchaste lo que dijo Maro, si…

-No me importa…-Le corto la joven - No he nacido para estar encerrada entre paredes, seguiré intentándolo hasta que no me queden fuerzas en el cuerpo y creo que tu también deberías hacerlo, tienes mucho más que perder…- El silencio volvió a rodearles. Albus abrió y cerró la boca varias veces. La muchacha se deslizo por la pared hasta quedar junto a él - ¿Qué? - Su voz se había vuelto a suavizar.

-Lo has vuelto a hacer…-Murmuro Albus dejando escapar una suave sonrisa. Viola abrió los ojos con sorpresa - Dejarme sin contestación o excusas…-La muchacha continuaba con expresión sorprendida pero repentinamente una tímida sonrisa se pudo vislumbrar en sus labios. Era la primera vez que la veía sonreír tan claramente y solo pudo pensar que algo en aquella sonrisa le hacía sentir ridículamente más fuerte.

-Lo siento…

-Lo haremos. Si es lo que quieres…- Contesto Albus con resolución.

 Ella asintió mientras sus ojos se avivaban. El silencio volvió a embargarles y se quedaron sentados el uno junto al otro. La luz de la luna caía frente a ellos, formando un círculo de luces sobre la piedra. Albus deslizo la mano hacia abajo, para apoyarla sobre el suelo. De repente, sus dedos chocaron con la textura de otra mano, más pequeña que la suya. Resultaba  de un contacto cálido a la vez que rasposo. Ambos  alzaron los ojos y se miraron mientras sus manos seguían en contacto. Lentamente, Albus fue deslizando sus dedos hacia abajo, acariciando la palma de la muchacha, hasta llegar al suelo, perdiendo al final el contacto con la mano de Viola. Durante un segundo, Albus se arrepintió de haber apartado la mano. Movieron la mirada hacia otro lado, con lentitud. Albus observo el juego de luces dibujados sobre el suelo de piedra y lentamente movió los dedos de la mano derecha, como si aun sintiese el débil contacto de la palma de Viola.

El tiempo transcurría. Era noche cerrada. La luna se había escondido entre las nubes, dejando la tierra en penumbra. La mansión misteriosa y escondida entre los árboles se mantenía en silencio, solitaria, como una visión fantasmal. Un caserón carcomido por el tiempo y los deseos caprichosos de la naturaleza. La noche confundía las sombras, meciéndolas a su antojo alrededor de la casa, como si fueran espectros nocturnos. No se escuchaba el murmullo del viento, ni la hierba al mecerse, todo había quedado en el más profundo silencio, un silencio temeroso, como si la naturaleza fuera consciente de que algo iba a suceder. Durante unos instantes y si se prestaba mucha atención, se podía escuchar el sonido de una capa al rozar el suelo. Una sombra borrosa cruzaba entre los árboles, silenciosa, oscura. Pero todo aquello podía ser producto de las sombras nocturnas.

En la celda todo continuaba en silencio. Una figura se encontraba erguida en medio de la habitación. La luz de la luna entraba por los barrotes de la única ventana que había, iluminando la mitad de la sala. Viola se encontraba de pie, erguida, observando la puerta que había frente a ella, con ojos abiertos y sin apenas pestañear. No se oía nada pero la muchacha continuaba fijando su mirada sobre la puerta, como si estuviese esperando algo o a alguien. Y entonces sucedió. Un sonido cortó el silencio. Se escucho el estruendo de unos pasos al acercarse a la celda. Pero Viola no se inmuto, continuo quieta, observando la puerta con ojos entrecerrados. Los pasos se acercaban cada vez mas hasta que la ultima pisada se escucho tras la puerta, unos ojos la observaban desde el otro lado, con malicia. Pero Viola continuo con la boca cerrada, sin hacer ni un solo gesto, completamente inexpresiva. Se escucho una risita burlona tras la puerta y los ojos de aquel hombre encapuchado se asomaron por la ventanilla de la celda.

-Eh tu, niña…-La llamo aquel hombre. Viola no contesto - ¿Dónde está tu amigo? ¿Potter, donde esta? - Viola continuo sin contestar. Se escucho como aquel hombre resoplaba tras la puerta - ¿Acaso no me entiendes, sangre sucia? Te he preguntado que donde esta ese maldito Potter…-Viola continuo impasible, observando la puerta con sus ojos de color verde oliva. Se escucho un sonido de cerraduras y la puerta se abrió de sopetón. Aquel hombre encapuchado quedo en el umbral a varios pasos de ella - ¿Es que acaso quieres que te torture? - Pregunto con una sonrisa lobuna. Viola continuo en silencio, fijando su mirada en aquella figura encapuchada frente a ella.

Aquel hombre dio un paso al frente mientras su mano derecha bajaba hacia la túnica, dispuesta a sacar la varita que había entre los pliegues. Pero antes de que pudiera alzarla contra Viola, se cerró la puerta de un portazo y alguien cayó sobre la figura del hombre encapuchado. Albus había aparecido de detrás de la puerta y se había abalanzado hacia aquel hombre, tomándole por sorpresa. Ambos cayeron al suelo y comenzaron a rodar por la húmeda celda, agarrándose del cuello mientras se intentaban golpear en la cara y en el estomago. La varita rodo por el suelo hasta quedar junto a una de las esquinas. Se escuchaban los jadeos de las respiraciones de ambos hombres en el suelo, golpeándose la mandíbula y tirándose del pelo. Rodando de un lado para otro de la sala como bestias salvajes, luchando por sobrevivir. Albus sintió como otro puñetazo caía sobre su rostro y su mente se nublo durante una fracción de segundo. Pudo captar el sabor de la sangre que caía como un rio hasta su boca, empapándole. Aquel hombre era mucho más fuerte que él  y no estaba acostumbrado a aquel tipo de lucha. No había forma de vencerle. Intento resistirse mientras notaba las grandes manos del hombre rodeando su cuello. La capucha había caído sobre sus hombros y pudo ver su rostro lleno de marcas y cicatrices, sus ojos oscuros, llenos de odio y de ansias de venganza. El muchacho sintió como su corazón se aceleraba y como la imagen de aquel hombre se iba volviendo borrosa mientras el aire se le agotaba en los pulmones. Sus dedos perdieron fuerza sobre él y sintió como lentamente se desvanecía. Pero antes de perder el conocimiento, se escucho un estruendo y aquel hombre salió disparado, golpeándose contra la puerta cerrada. Se hizo el silencio y Albus comenzó a toser desmesuradamente sobre el suelo. Pasados unos segundos y tras respirar hondamente hasta que su respiración volvió a la normalidad, observo a su alrededor y pudo ver el cuerpo de aquel hombre tirado sobre el suelo, completamente inconsciente. Se levanto torpemente, quedando sentado sobre el suelo y desvió sus ojos hacia una esquina.

-Pero…-Sus ojos se abrieron con sorpresa y su semblante palideció. Viola se encontraba en la esquina de la sala con la varita en alto. La muchacha también había palidecido por completo, parecía un fantasma alumbrado por la luna - ¿Has sido…has sido tú? - Pregunto Albus tartamudeando. Viola continuaba observando la figura de aquel hombre, completamente paralizada.

-¿Esta muerto? - Fue lo único que salió de sus labios.

-¿Acabas de hacer magia? - Pregunto Albus de nuevo, sin hacer caso del cuerpo que estaba tirado a unos pasos de él - ¡Acabas de hacer magia! - Grito el muchacho poniéndose en pie completamente anonadado. Viola tiro la varita al suelo, aterrorizada  por lo que acababa de hacer. Albus la observo con recelo, agarro la varita y la deslizo por sus dedos sin parar de observarla - Creo que no has sido sincera conmigo…-Murmuro, acercándose al hombre. Le movió con el pie y este rodo hasta quedar boca arriba, aun estaba inconsciente - Petrificus Totalus…-Murmuro apuntándolo. De la varita salió un chorro de luz y la figura quedo congelada sobre el suelo. Albus lo observo durante unos segundos y luego se giro para clavar sus ojos verdes en Viola - Dime la verdad…Me has escondido algo…

-No…-Contesto Viola desde la esquina. Continuaba asustada y sorprendida pero Albus no se fio de su expresión. Siempre lo había sabido, desde el primer momento en que la vio, sabía que ella no era una chica normal. Pero ahora más que nunca se había dado cuenta de cuanta razón tenía su instinto.

-Acabas de hacer magia…-Contesto Albus frunciendo el ceño - Deja de mentirme, si quieres que confié en ti, deberás darme una explicación…- Murmuro señalando el cuerpo del hombre con la varita  - ¿No te parece? - Pregunto con voz frustrada mientras clavaba sus ojos sobre ella - No tenemos mucho tiempo, así que te sugiero que comiences a contarme la verdad en este instante… ¿Eres bruja?

-¡No! - Respondió la muchacha observándole desafiante - ¡No soy bruja!

-¡¿Entonces puedes explicarme qué demonios está pasando?! - Albus comenzaba a perder la paciencia. Durante unos segundos sus ojos chispearon de rabia - ¡¿Si no eres bruja, como diantres has podido hacer magia?! ¡Eso no es posible! ¡Dime la verdad! ¡¿Cómo has podido hacerlo?!

-¡No lo sé! - Contesto la muchacha con desesperación contenida. Se hizo el silencio, un silencio silbante y tenso. Albus la observo  con recelo desde el otro lado de la habitación. La miro a los ojos, fijamente y se dio cuenta de que él estaba diciendo la verdad - ¿Cómo puedo darte una explicación? ¡Si ni siquiera yo lo entiendo!

-¿Habías echo magia antes? - Pregunto Albus, aun pálido por la sorpresa. Ella negó con la cabeza. Albus se giro y observo el cuerpo petrificado de aquel hombre - Lo mejor será que salgamos de aquí y busquemos la forma de escapar - Murmuro caminando hacia la puerta. La muchacha no se movió - ¿Quieres quedarte aquí? - Pregunto con ironía. Ella le fulmino con la mirada y echo a caminar hasta llegar junto a él - Bien, no tenemos tiempo que perder…Luego tendremos tiempo de hablar sobre esto -Murmuro abriendo la puerta de un tirón.  Ella murmuro algo que él no puedo entender.

La muchacha cruzo el umbral, no sin antes mirar la figura de aquel hombre, tendida sobre el suelo. Albus cerró la puerta tras de sí. Con la varita en la mano, comenzaron a caminar por el oscuro pasillo, alumbrado solo con las azules antorchas. Albus aun podía sentir la adrenalina correr por sus venas, pero el hecho de tener una varita entre sus dedos le hacía sentirse mucho más seguro. Viola continuaba a su lado, en silencio, completamente pálida, absorta en sus pensamientos. Caminaban con rapidez, girando en las esquinas, intentando hacer el menor ruido posible con los desgastados zapatos. El frio era más insoportable a cada paso que daban, la humedad los entumecía y el vaho salía de sus bocas entreabiertas. De vez en cuando, paraban y Albus observaba a su alrededor, cerraba los ojos y dejaba que la brisa le guiase. Cuando el aire era demasiado concentrado, daban media vuelta y volvían al punto de partida. El rostro de Viola mostraba más calma que al principio y Albus la observaba de reojo mientras caminaban. Sus corazones palpitaban con fuerza, alertas, observando en cada rincón. A veces vislumbraban una figura oscura, pero solo eran jugarretas de las sombras provocadas por las antorchas. No se escuchaba ningún ruido ni sonido aparente, aquella casa estaba muerta, enterrada en vida, Estaban completamente solos en aquellas mazmorras de intrincados pasadizos. Alguno debía llevar al exterior, Albus estaba seguro de ello, lo presentía por la forma de los caminos y por el lejano sonido del viento que cada vez se hacía más fuerte. Tras más de veinte minutos, recorriendo aquel laberinto de pasillos, Albus y Viola pararon para tomar aire mientras se apoyaban sobre la fría piedra de las paredes. Albus cerró los ojos y sintió un punzante dolor en el costado derecho.

-No vamos a salir de aquí, es imposible…-Murmuro Viola casi sin aliento.

-Lo haremos…-Contesto Albus con voz entrecortada. Ella lo miro con sus expresivos ojos color oliva y un nudo se formo en la garganta del muchacho - Gracias…-Murmuro - Gracias por salvarme la vida…- Ella abrió y cerró la boca con sorpresa - Quizás no sea tan malo el hecho de que puedas hacer magia…-Murmuro mientras sus mejillas se sonrojaban por el repentino calor y tensión del momento. Viola se irguió lentamente, sin parar de observarle. Corto los pocos centímetros que los separaban a ambos y limpio con la manga de su sucio jersey, la sangre que había quedado pegada en el labio del muchacho. Albus la observo hacerlo sin decir nada.

-No tienes nada que agradecer…-Contesto con suavidad.

Durante un segundo, a Albus se le olvido que estaban en mitad de un pasillo oscuro y húmedo, olvido que estaban escapando de un hombre sin corazón que era capaz de acabar con su vida con tan solo desearlo. Solo pudo centrar su atención en aquella extraña muchacha a la que el caprichoso destino había decidido unirle. Pero de repente los ojos de Albus captaron un sutil detalle que se encontraba tras el cuerpo de Viola. Los ojos de Albus se abrieron con sorpresa y se tapo la boca con la mano para ahogar una exclamación de alegría. Con un dedo tembloroso, señalo un halo de luz, diminuto que se abría paso en uno de los pasillos continuos.  Había sido demasiado fácil, demasiado simple, pero ahí estaba, frente a ellos, un rayo de luz lunar que demostraba que había una salida al mundo exterior. No sabía cómo se las iban a arreglar para volver a casa pero lo único importante era que el primer paso ya estaba dado, podían escapar de aquel lugar infrahumano. Albus tomo la mano de Viola, sin pensar en nada mas y sin perder un minuto más, echaron a correr por el estrecho pasillo, hacia el halo de luz lunar que se abría ante ellos. Corrieron como si se les fuese la vida en ello, mientras sonreían ampliamente por la esperanza que embargaban sus corazones, estaban a punto de abrazar la libertad. Llegaron al fondo del pasillo y ante ellos apareció una escalera que se alzaba hacia el cielo, pequeña y zigzagueante. Un hueco, suficientemente grande como para traspasarlo un ser humano, mostraba un manto de estrellas brillantes. Viola comenzó a trepar, seguida de Albus. Cuando la muchacha llego a la cima, ayudo a salir a Albus, cayendo ambos sobre la hierba. Observaron a su alrededor, los arboles y pinos se arremolinaban a su alrededor, el sonido del viento y de la naturaleza los acompañaba.

-Somos libres…-Susurro Viola sin poder evitar la emoción que mostraba su rostro. Se miraron y no pudieron evitar reír suavemente. Giraron su rostro y pudieron ver la silueta de la fantasmagórica casa a lo lejos. Una punzada golpeo el pecho de Albus y este dejo de sonreír repentinamente  - ¿Qué sucede? - Pregunto la muchacha al percatarse del cambio de actitud de Albus.

-Demasiado silencio…-Susurro. Dirigió sus ojos verdes hacia la espesura que los rodeaba. Repentinamente, todo había quedado en silencio, un silencio inquietante. Se pusieron de pie con lentitud, muy cerca el uno del otro - Esto no me gusta nada…-Susurro Albus al percatarse de que no estaban solos. Y entonces lo entendió, solo había sido una trampa, una sucia trampa en la que habían caído como dos ratoncillos. Pudo distinguir una figura negra entre los árboles y sintió como unos ojos se clavaban sobre el cómo dagas - Quédate detrás de mi…-Susurro el muchacho antes de que todo se volviera negro como la noche.

Pudo sentir un repentino dolor de cabeza, punzante e intenso, que le recorría cada fibra de su ser. Intento ahogar un grito de dolor, pero fue en vano, pudo notar como el grito subía por su garganta y salía por su boca, con fuerza, desgarrador. Sintió el frio del suelo de piedra y lentamente fue abriendo los ojos. Observo a su alrededor mientras sentía el sudor frio recorriendo su frente, el dolor continuaba en su mente. Su vista era débil y borrosa, pero pudo distinguir el fuego de una chimenea y una figura oscura frente a ella. La figura se giro y lo observo fijamente. Albus solo pudo abrir los labios y preguntar débilmente…

-Donde esta Viola…

Continuara…

¡Mis Queridos lectores!

¡Aquí estoy con el capitulo numero 47! Nada más y nada menos, madre mía, llevamos juntos desde junio del año pasado que se dice poco. Quiero agradecer de todo corazón a todas las personas que forman esta historia y que han logrado que salga adelante, porque una historia sin lectores no es nada, sin personas que la comprendan y disfruten, en fin, millones de gracias a todas esas personas que le han dedicado tiempo y sobretodo que me han hecho llegar sus opiniones y comentarios, habéis logrado que esta historia crezca día a día.

Espero que os haya gustado el capitulo, me encantaría poder hacerlos mucho más largos, os lo aseguro. En el próximo capítulo, debo decir que será muy intenso y con una gran historia de por medio… ¿que esconde el pasado del profesor Dalton? ¿Y el de Viola? ¿Conseguiremos entender que son esas mariposas? ¡Todo eso y mucho más en el próximo capítulo!

Como siempre, mis más sinceros agradecimientos. Siento la tardanza de estos últimos capítulos, pero de verdad que mi vida es un poco locura en estos instantes. Espero que lo sepan entender. Prometo como siempre digo, terminar esta historia como es debido.

PD: ¡Mas tarde contesto los comentarios que me faltan del anterior capitulo!

¡Miles de gracias!

¡No olviden comentar!

¡Nos vemos pronto!

Pluma Cisne

Irene.