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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 47

Pudo sentir un repentino dolor de cabeza, punzante e intenso, que le recorría cada fibra de su ser. Intento ahogar un grito de dolor, pero fue en vano, pudo notar como el grito subía por su garganta y salía por su boca, con fuerza, desgarrador. Sintió el frío del suelo de piedra y lentamente fue abriendo los ojos. Observo a su alrededor mientras sentía el sudor frío recorriendo su frente, el dolor continuaba en su mente. Su vista era débil y borrosa, pero pudo distinguir el fuego de una chimenea y una figura oscura frente a ella. La figura se giro y lo observo fijamente. Albus solo pudo abrir los labios y preguntar débilmente…

-Donde esta Viola…

Se escucho una risa fría y el dolor aumento en la mente del muchacho. Albus volvió a cerrar los ojos mientras sentía como el sudor frío caía por su frente y empapaba el suelo del lugar. Unos pasos se acercaban hacia él y volvió a abrir los ojos, el dolor había amainado repentinamente. La visión seguía un tanto borrosa, pero pudo distinguir la figura de Maro frente a él, observándole con sus profundos ojos negros. Su rostro era serio, de expresión impasible y terriblemente tranquila. Lo observaba como si intentase averiguar lo que pasaba por la mente del muchacho. Su perlado cabello brillaba a la luz de la chimenea y sus ojos negros, sin pupilas, eran inexpresivos, indescifrables como la mismísima noche. Albus resoplo mientras respiraba con dificultad, las manos le temblaban ligeramente y a pesar de que el dolor había amainado, continuaba punzante entre sus costillas. Pero su mente solo podía centrarse en una cosa en concreto, la imagen de Viola antes de que todo se volviera negro. Comenzó a moverse, a pesar del temblor de su cuerpo y del dolor que padecían sus músculos. Apoyo los brazos sobre el suelo y se irguió para plantar cara, intentando apartar el miedo de corazón y los malos presagios de su mente. Tenía que aguantar hasta el final, como Viola le había dicho horas antes en las mazmorras. La libertad es algo natural en el ser humano y es lo último que le iban a robar. Era una de las cosas que aquella muchacha le había enseñado. Observo a su alrededor con la esperanza de encontrarla en algún rincón de la habitación en penumbra, pero en aquel lugar no había nadie aparte de ellos dos. Sus ojos verdes estaban aguados, rojos e hinchados. Termino de levantarse, quedando a la altura del mago. Maro no hizo ningún gesto para detenerle.

-Donde esta Viola…-Volvió a murmurar Albus apretando los dientes con fuerza - ¿Qué has hecho con ella? - Murmuro con dificultad.

-Albus, Albus…-Murmuro con satisfacción - Albus Severus Potter- Susurro Maro - Tengo entendido que tu padre te puso el nombre, en honor a dos grandes directores de Hogwarts…-Una sonrisa se formo en su blanquecino rostro - Eso demuestra que el fondo es todo un sentimental…-Albus no contesto pero sus ojos verdes le fulminaban, enseñando todo el rencor que su alma podía llegar a albergar - ¿Creías que podrías escapar? - Pregunto con voz tranquila y maliciosa. Hizo una pausa - Me has decepcionado, creía que eras mas instintivo de lo que has demostrado, pero parece que esa chiquilla no es una buena influencia para ti…-Albus cerraba y abría los ojos, intentando enfocar con claridad a pesar del dolor de cabeza.

-Donde esta…-Volvió a preguntar.

-¿Tanto te importa? - Pregunto Maro mientras un brillo cruzaba sus ojos - Solo es una sucia muggle. Los lazos sentimentales no son recomendables en estas circunstancias, solo te debilitarían Albus…y te necesito con la mayor energía posible. Lo que le suceda no debe preocuparte, señor Potter. Deberías estar más preocupado de ti mismo y de no cometer errores tan elementales como los que has llegado a cometer esta tarde.

-¿A qué te refieres? - Albus arqueo una ceja. Se toco el bolsillo trasero del pantalón, pero la varita había vuelto a desaparecer. Maro se dio cuenta del gesto y su sonrisa  se ensancho. Dio media vuelta y se sentó sobre el enorme sillón que había junto al fuego, la seseante capa negra le tapaba los pies. Cruzo los pálidos y mortecinos dedos de las manos en su regazo y se lo quedo observando con ojos pacientes y opacos. Albus continúo en el mismo lugar, demasiado mareado para poder moverse. No muy seguro de sus intenciones.

-No te hagas el tonto Albus…-Contesto Maro apartando la mirada y observando las llamaradas con ojos entrecerrados. Por un momento, Albus se sintió perdido en la conversación y temió haber perdido la memoria. Su silencio no hizo que Maro se impacientase

  • Quizás si menciono un nombre, reacciones…-Murmuro volviendo a clavar sus ojos negros en Albus. Hizo una pausa que para el muchacho se hizo infinita - Scorpius Malfoy…-Albus sintió como la sangre se le helaba en las venas y un sudor frío cayo por su espalda, erizando el azabache cabello de la nuca -Creo tener entendido, que Scorpius te hizo una visita ¿No es así?…- La saliva se atraganto en la garganta del muchacho - ¿Qué te dijo?

-¿Dónde está Scorpius?  ¿Ha escapado?

-¿Creíste que podrías escapar de la misma forma en la que lo hizo él? Inocente muchacho, nunca se comenten dos deslices seguidos…

-¿Dónde estás Scorpius? - Murmuro Albus débilmente.

-¿Qué te dijo? - Repitió Maro con voz pausada desde el enorme sillón que coronaba la sala.

-Dígame donde esta Scorpius

-¡Aquí las preguntas las hago yo! - Maro se levanto del asiento con ojos encendidos en rabia. Durante unos segundos, las naranjas llamaradas se avivaron en la chimenea. Antes de que el joven pudiese preverlo, Maro alzo su larga y negra varita en dirección al muchacho. Albus no pudo hacer nada para defenderse,  todo sucedió demasiado rápido, demasiado deprisa. Hizo una mueca de dolor al sentir una fuerte presión en el abdomen y las costillas. Bajo la cabeza y sus ojos distinguieron unas cuerdas que lo amordazaban con fuerza, casi clavándose en su piel. El muchacho intento aguantar el gemido de dolor, pero su rostro sonrojado y contraído no podían disimularlo. Maro se acerco lentamente hacia él, mientras las sombras de la llamas le daban en el rostro blanco como la nieve.  Parecía que la figura de Maro se hubiese vuelto más grande y aterradora que hacía unos minutos. Tenía los ojos clavados en Albus mientras los pliegues de la capa rozaban el suelo a cada paso que daba hacia él, lentamente, acercando su oscura figura hacia un dolorido muchacho. Albus mantuvo la mirada alta y el rostro alzado, mordiéndose los dientes y apretando los puños con fuerza, presa del dolor.

-¿Qué te dijo? - Pregunto Maro en un suave susurro, llegando a su altura y quedando muy cerca del rostro del muchacho. Los negros ojos sin pupilas de Maro, se volvieron más grandes y tenebrosos, como si se tratasen de dos enormes agujeros negros, intentando tragarlo lentamente hacia el vacío y la oscuridad que albergaban. Si los ojos son las puertas del alma, aquel hombre la había perdido hacía mucho tiempo atrás - No pienso volver a repetirlo Potter…- Su amenaza sonó como si se tratase de un juego, pero Albus pudo vislumbrar en sus ojos una profunda frustración; Maro estaba preocupado por algo.

-No voy a decir nada…-Contesto el muchacho con voz entrecortada. Sonó tan decidido, que el mismo se sorprendió de la contundencia y decisión de sus propias palabras. Se hizo el silencio y durante un minuto de gloria, creyó que lo había mantenido a raya. Pero entonces, una sonrisa lobuna se creó en los labios de Maro y un brillo mortecino apareció en su rostro, como señal de mal presagio. Las cuerdas se destensaron lentamente y Albus dejo de sentir la prensión de ellas sobre su cuerpo. Sus ojos se abrieron con sorpresa, debido a la repentina libertad, pero eso solo consiguió asustarle más.

-Quizás quieras ver a una vieja amiga…-Murmuro con malicia contenida - Puede que ella te convenza para que hables…

Las puertas de la vieja y ruinosa sala se abrieron con rapidez, una ráfaga de viento frio los golpeo en la cara y se escucho un grito al otro lado de la puerta. Albus se giro torpemente, sintiendo aun, las quemaduras que habían provocado aquellas cuerdas en su piel. Pudo ver como dos hombres arrastraban a una tercera persona, mucho más menuda y pequeña. Sus ojos se clavaron en otros ojos ya conocidos, de un verde oliva, algo opacados por el llanto. Albus sintió como su cuerpo temblaba al observar como la arrastraban de los brazos como si fuese un juguete. La tiraron sobre el suelo y ella cayó sobre la piedra, apoyando las manos sobre las desgastadas y frías baldosas. La furia recorría a Albus de pies a cabeza, como un rio de agua caliente, bombeando por sus venas. El muchacho se giro con rostro enrojecido de ira y rencor, las manos le temblaban al igual que su labio inferior. La sonrisa lobuna continuaba en el rostro de Maro, que observaba la escena desde la chimenea con ojos centelleantes de malicia. Albus quiso correr hasta allí, golpear a aquel hombre hasta destrozarle, introducirle en la chimenea y ver como su cuerpo ardía entre las llamas. La sonrisa de Maro se ensancho y Albus supo que le estaba leyendo el pensamiento.

-Déjala ir…-Murmuro con voz violenta y entrecortada - Ella no tiene nada que ver con todo esto… ¡¿Para qué la tienes aquí encerrada?! ¡¡Déjala ir!! ¡¡Ella no tiene nada que ofrecerte!! - Grito el muchacho con rabia. Viola se había levantado del suelo y lo observaba anonadada, con las mejillas sonrojadas y ojos brillantes.

-Cálmate muchacho…-La sonrisa despacio de su rostro - En eso no estoy de acuerdo…-Contesto Maro con voz tranquila - Tengo guardado para ella un importante papel, su papel es incluso más importante que el tuyo. Ella me es muy necesaria…-Los ojos de Maro brillaron con malicia, aquellas misteriosas palabras retumbaron por toda la sala, haciendo eco en las enormes piedras de color gris. Viola ni siquiera se inmuto por la noticia, tenía los ojos verdes fijamente clavados sobre la figura de Albus, que continuaba de pie, desafiante, con las mejillas encendidas por el odio - Tú mismo has presenciado, hace unos momentos, como ella…-Dirigió sus ojos negros hacia Viola - …podía  conjurar magia ¿No es así? - Albus palideció por cuestión de segundos. ¿Cómo podía saberlo?

-Ella no es bruja…-Murmuro Albus, sus ojos seguían clavados en Maro. Su voz sonó cortante, seca. Pero en su interior, sabia, que ni el mismo creía sus propias palabras.

Sabía que Viola le había protegido en la celda mediante un hechizo escudo y lo había presenciado con sus propios ojos. La imagen aun seguía impresa en su memoria, Viola agarrando la varita con rostro de completo terror. Era del todo imposible que no poseyera sangre mágica en sus venas. Pero entonces, *¿Por qué estaba tan asustada cuando se dio cuenta de lo que había hecho?*Ella había afirmado una y otra vez que no era bruja, sus palabras mostraban confianza y completa seguridad de que no lo era. Habían intercambiado las suficientes palabras como para saber que hasta esos últimos fatídicos meses, el mundo de la magia había sido desconocido para ella. ¿Entonces?**¿Qué estaba sucediendo? Otra sonrisa misteriosa se creó en los labios de Maro y supo que de nuevo estaba leyendo su mente y se había dado cuenta de sus dudas.

-Bien, querido Potter…-Maro alzo su varita y esta se movió con elegancia. El cuerpo de Viola se suspendió y la muchacha quedo a varios metros sobre el suelo, con los brazos extendidos - ¿Piensas colaborar? - Albus se giro para mirarla y luego volvió a  clavar sus ojos en Maro. Había prometido que jamás la volverían a hacer daño por su culpa - Estoy comenzando a perder la paciencia Potter…-La varita se volvió a mover sobre el aire y el cuerpo de la joven dio una sacudía.

-¡¡Scorpius no me dijo nada!! - Grito Albus con rapidez y voz desesperada. El cuerpo de Viola quedo a varios centímetros del suelo y Maro dejo que cayera sobre las grandes baldosas de piedra y mármol. Una expresión de alivio cruzo el rostro de Albus, al ver como Viola conseguía ponerse en pie - No llego a decirme nada…-Contesto girándose hacia Maro con voz desafiante y ojos chispeantes - Tan solo que iba a buscar ayuda…- Varias risas se escucharon por detrás pero Albus se sorprendió al ver que Maro no sonreía - ¿Dónde está? ¿Que habéis hecho con él?

-Malfoy logro escapar…-Contesto Maro. Por un segundo su figura se volvió más oscura y tenebrosa, la luz había menguado, quedando la mitad de la sala en penumbra. Ya no se escuchaban risas detrás de ellos, a su alrededor solo había silencio. Albus sintió como aquellas palabras le recorrían de pies a cabeza y la llama de la esperanza se encendió en su interior - Pero volverá…- Contesto Maro con voz pausada - Aun poseo cosas que el estima demasiado…-Hizo un gesto con las manos como si estuviese creando una bola de fuego y de la nada, aparecieron dos figuras llameantes, miraban hacia el horizonte con ojos perdidos.

-Los padres de Scorpius. Los Malfoy…-Murmuro Albus al reconocer los dos rostros que había reflejados sobre el fuego. La ilusión termino y Albus volvió a alzar los ojos  hacia Maro - ¿Cómo un cuerpo y una mente puede albergar tanta maldad? -Maro sonrió, sin sentirse insultado con aquella pregunta retórica.

-Scorpius ha conseguido escapar, pero volverá, tal como deseo. Lo hará en el preciso momento en que lo necesiten mis planes y no vendrá solo…-El plateado cabello de Maro caía en cascada sobre sus hombros y brillaba fulgurosamente debido a las luces chispeantes de las llamaradas. Albus  había comprendido el mensaje. Él también sabía que tarde o temprano su padre  vendría a buscarle - Debo decir, que el señor Potter también ha decepcionado mis expectativas. Tan solo se trata de un juego de pistas, de saber relacionar objetos, personas y acontecimientos. Supongo que el niño que vivió, el elegido, sigue siendo tan humano como el resto. Incluso al gran Harry Potter, el salvador de todos los tiempos, también es vencido por el tiempo…-Albus apretó los dientes con furia, su padre era el hombre al que más admiraba, no podía soportar escuchar aquellas palabras acidas y retorcidas. Quiso contestar, pero una voz se alzo antes de que le diera tiempo a pronunciar las primeras palabras.

-¿Qué esta pasándome? - Esta vez fue la voz de Viola la que se alzo, con firmeza, clara como el agua. Albus salió de su ensoñación y se giro para mirarla - ¡¿Por qué sigo aquí?! ¡Dímelo! ¡Tengo derecho a saberlo! - Exigió la muchacha con desesperación mientras sus mejillas se sonrojaban. Se escucharon risas procedentes de los hombres de Maro, que esperaban pacientes, en la oscuridad de las esquinas - ¡Dímelo! - Volvió a exigir con voz entrecortada y emocionada - Si soy tan importante para tu plan…Te exijo que me expliques lo que está pasando… -Hizo una pausa repentina y Albus sintió como un sudor frio recorría su cuello -…O terminare quitándome la vida. Me parece que eso no sería beneficioso para tu plan… ¿No es así? - La amenaza se escucho por toda la sala y un escalofrió recorrió a Albus de pies a cabeza. Observo su expresión pero no sabía  si estaba hablando enserio o si solo intentaba asustar a Maro.

-Eres una chica lista…-Contesto Maro. Una sonrisa maligna se volvió a crear en su pálido y mortecino rostro. Sus ojos negros estaban clavados en Viola, como si se tratase de una presa a la que se va a devorar en cuestión de segundos. Albus comenzó a ponerse nervioso, la tensión era latente en el ambiente y su instinto le prevenía continuamente. Le lanzo una mirada fulminante a la muchacha, indignado con sus palabras. Era demasiado temeraria, hablaba de quitarse la vida como si se tratase de hacer un picnic en el campo un fin de semana

  • La muerte no entra en mis planes…Por ahora - Los pálidos dedos se movían lentamente sobre la varita, negra como el ébano - La muerte no es un castigo, no le temo a la muerte, el descanso eterno es más bien una bendición…-Un fulgor volvió a cruzar los ojos de Maro y por un instante, el muchacho se dio cuenta de que algo no iba bien y que debía parar aquello - Creo que hay castigos más dolorosos, como el vivir sin nada por lo que vivir… - Hizo una pausa llena de tensión y de expectación - Pero creo que ha llegado el momento de decir la verdad, esa que te han estado ocultando durante tanto tiempo…

-¡Basta! - Albus camino hasta quedar frente a Viola y la protegió con su cuerpo mientras sus mejillas se encendían. Por un momento se sintió ridículo, no tenia varita y en cualquier momento, Maro podía deshacerse de él con una facilidad inmediata. Pero a pesar de eso, sentía que debía estar ahí en aquel momento, plantado frente a Viola - Esa lengua es venenosa y lo único que hace es contaminar las mentes de las buenas personas. Disfrutas haciendo daño,  hieres a las personas emocionalmente, haces daño en el alma y no pienso permitir que vuelva a pasar. No si puedo evitarlo…-Sintió como una mano pequeña le tomaba suavemente del hombro y lo apartaba. Los ojos tranquilos y verdes de Viola se clavaron sobre él y volvió a sentir como un nudo se formaba dentro de su estomago.

-Es el precio de tu osadía…-Contesto Maro con voz dura y ojos entrecerrados. Su figura cada vez se veía más borrosa y oscura. A fuera, la noche era completa y solo se podía distinguir su silueta frente a la anaranjada chimenea - Ella sabrá la verdad y tu tendrás que ver como su mundo se derrumba, Potter. A veces el dolor físico no es comparable con un alma destrozada. Te conozco lo suficiente como para saber que tu mayor debilidad, es el sentimiento de culpa hacia los demás… ¿Podrás acompañarla en su dolor?

Albus lo escuchaba pero no había apartado la mirada de Viola que continuaba observándole con aquellos grandes y expresivos ojos color oliva. Frente con frente, ella le atrapo con la mirada para que pudiese leer lo que decían aquellas palabras mudas, que solo se pueden leer con el alma. Sus ojos brillaron al mirarse y una suave expresión se formo en el rostro de la joven. Se sorprendió al descubrir tanta quietud y calma. Por un instante, se percato, de que él mismo, en su interior, estaba mucho más tranquilo.  Ella no dijo nada, no abrió los labios, ni cambio de expresión, pero Albus pudo leer en su rostro y en sus ojos lo que ella intentaba decirle.

''Estaré bien, confía en mí''

Lentamente, sintió como la mano de Viola bajaba hacia el nacimiento de su jersey. Sus manos se entrelazaron y se estrecharon con suavidad, delicadamente, de una forma casi imperceptible, escondiendo sus dedos entrelazados entre los pliegues de la ropa. No pudieron ver como una sonrisa misteriosa se formaba en el rostro de Maro, escondido entre las sombras de la chimenea. Aquella cálida sensación duro poco, Viola aparto la mirada de Albus y clavo sus ojos sobre Maro. Sus dedos se separaron de los del muchacho y dio un paso al frente. Aquello debía enfrentarlo ella sola.

-Estoy lista…-Dijo con voz segura.

-No lo estas, nunca se está lista para este tipo de cosas - Contesto Maro con voz tranquila e incluso divertida. Hizo una pausa, el sonido del fuego se escuchaba por toda la sala, pero la calidez de sus llamas, era escasa. Viola continuaba un paso por delante de Albus y el muchacho los observaba con cautela. Por un instante, sintió que sobraba en aquel lugar.

 -Bien, todo tiene un principio y un final. El final ya lo conocemos - Señalo a los dos jóvenes y al recinto que los rodeaba - ¿Pero y el comienzo? Dime Viola… ¿Quién eres? ¿Crees saberlo? ¿O tan solo eres una sombra de lo que realmente eres…? - Viola no contesto, pero Maro al parecer no esperaba que lo hiciera - Te criaste en un barrio de Londres, fuiste a la escuela y más tarde al instituto muggle, estudiabas piano, tenias amigos, en general una vida de lo más normal para una muchacha de dieciséis años. ¿No es así?

  • Albus los observaba a ambos como si se tratase de una partida de tenis, con el alma encogida y el sudor frio recorriendo sus venas

 - Pero jamás perteneciste a ese mundo ¿Verdad?  Te faltaba algo, siempre te falto. Tu lo sabías, siempre lo supiste…-Murmuro Maro con ojos brillantes - Desde niña fuiste diferente, veías y sentías cosas que el resto era incapaz de ver o sentir, eras demasiado brillante, demasiado despierta,  provocabas envidia y pocas veces llegaban a entenderte. Pero lentamente y por influencia de tu padre, te fuiste amoldando al mundo muggle, te camuflaste para no resaltar mucho e incluso dejaste de creer en ti misma, comenzaste a olvidar quien eras…- La expresión de Viola había ido cambiando lentamente y la sonrisa de Maro se ensancho - ¿Lo recuerdas ahora?

-No le escuches, son todo mentiras, lo único que quiere es debilitarte, dejar que creas en ti misma…-Murmuro Albus, aunque no entendía nada de lo que estaba diciendo. Maro hizo un gesto con la varita y la boca de Albus se cerró de repente. El muchacho intento hablar pero Maro le había lanzado un hechizo silenciador. Intento captar la atención de Viola y moverse, pero su cuerpo tampoco le respondía, estaba completamente inmovilizado. La muchacha estaba completamente hechizada por las palabras de Maro.

-¿Lo recuerdas? - Pregunto Maro acercándose lentamente y sigilosamente como un gato

  • ¿Recuerdas esos días en los que una flor podía abrirse en la palma de tu mano con tan solo desearlo? ¿Recuerdas cuando ibas con tu madre a la orilla del Támesis y hacías que las aguas se movieran e hicieran figuras sobre la superficie? ¿Recuerdas como las tostadas en el desayuno, volaban hasta tu plato y como él te ardiendo,  terminaba completamente frio tras soplar solo una vez sobre él? ¿No se enfadaban tus padres cuando de repente, un niño, se marchaba del parque con una nariz o una oreja más grande de lo normal? - La cara de Viola había ido palideciendo paulatinamente, como si un carrete de imágenes estuviese pasando ante sus ojos. Albus la observaba preocupado, la impotencia comenzó a recorrerle de arriba abajo y se sintió miserable.

-¿Cómo sabes todo eso? - Pregunto temblorosa.

-A veces no es necesario leer el pensamiento, para descubrir los secretos más escondidos en la mente humana. He vivido mucho, mi querida Viola. Por tu carácter, tu cuerpo, tus marcas físicas y las de tu alma, puedo saber más sobre ti que tú misma…-Contesto Maro con tranquilidad. Se había acercado peligrosamente a Viola y una pálida mano se acerco hasta su pálido rostro. Albus quiso moverse, gritar, apartarla de él, pero era imposible, estaba completamente hechizado. Viola no fue capaz de moverse, dejo que aquella mano fría acariciase su mejilla mientras continuaba de pie, erguida y con los lánguidos brazos a los lados - Eres una bruja, Viola. La magia fluye por tus venas, pero lo habías olvidado…-Murmuro Maro. Por un momento, Albus pudo detectar ternura en su voz y un escalofrió le recorrió de arriba a abajo. ¿Cuál era el papel que tenía destinado para Viola?

-¿Por qué?

-¿Por qué te lo cuento ahora? ¿Por qué tu padre te obligo a olvidar la magia? ¿Por qué te obligo a sacrificar una parte de ti misma, dejándola en el olvido? - Una lagrima solitaria navego desde su ojo hasta su boca y Maro la limpio con uno de sus pálidos dedos, con suavidad, observando con sus ojos negros aquel rostro sucio y desaliñado - Los seres humanos somos egoístas…-Contesto, su mano volvió a acariciar la mejilla de la muchacha, esta cerró los ojos por el contacto. Durante unos segundos, Albus pudo distinguir un brillo en los ojos de Maro, pero en cuestión de segundos, este aparto la mirada y se giro hacia la chimenea, dándoles la espalda.

-Tu padre pertenecía a un mundo que no conoces, un mundo escondido en la sombra al que tú también perteneces, tu padre era un mago, un mago brillante debo decir, de gran talento. Cuando termino sus estudios en Hogwarts, comenzó a trabajar para el ministerio de magia, en el departamento y regulación de criaturas mágicas, su carrera despuntaba y hacia incontables viajes al extranjero, acompañando a los grandes magos naturalistas de la historia, entre ellos al gran Newton Scamander.  Pero su camino se cruzo con el de otra persona, alguien al que no esperaba, alguien que le  cambio el destino y la vida, tu madre. Ella era una simple muchacha, once años más joven que él, trabajaba en una floristería, cerca del ministerio de magia para pagarse los estudios en la universidad.  Tenía la misma sonrisa que has heredado tú y los mismos ojos color oliva. Era brillante y alegre, endulzaba la vida de los desconocidos que pasaban por la calle  y terminaban comprándole flores. Tu padre quedo prendado de aquella muchacha muggle de ojos verdes, tan brillante como una estrella. Pasaba todos los días por aquella floristería para comprarle un clavel blanco, se miraban y sonreían, cortejándose en silencio. Tras transcurrir un periodo de tiempo, comenzaron su noviazgo y tu padre olvido, por completo, que pertenecían a mundos distintos. Ella también se enamoro perdidamente de aquel hombre misterioso, extravagante y diferente del resto. Tu padre, comenzó a dejar sus obligaciones a un lado y comenzó a desaparecer del mundo mágico. Pero llego un momento, en el que la verdad tuvo que salir a la luz. Cuando decidió contárselo a tu madre, esta reacciono malamente al saber que había sacrificado su vida en el mundo mágico para estar con ella. Tu padre volvió a incorporarse y la magia comenzó a formar parte de la vida cotidiana de ambos. Todo era felicidad y admiración, se acoplaban y complementaban a la perfección, a pesar de que tu madre no era una bruja, tenía otra clase de magia quizás mucho más poderosa, hacia feliz a las personas. Naciste tú y la felicidad fue en aumento. Creciste y demostraste las grandes dotes mágicas que poseías. Tu madre estaba muy orgullosa de ti.

Pero no todo podía ser felicidad. La vida te brinda la completa plenitud y de repente, todo lo que posees te es arrebatado. Una noche, cuando tú solo contabas con tres años de edad, tu madre sufrió un derrame cerebral mientras tu padre trabajaba. Sin previo aviso, sin tiempo para digerirlo, la vida fue robada de sus brillantes ojos verdes. La muerte es caprichosa e incomprensible en ocasiones. Tu padre jamás se recupero de su muerte. Estuvo día y noche intentando revivirla, traerla de nuevo a la vida, utilizando todo su saber y la destreza de su varita, pero fue imposible, era demasiado tarde. Se enfermo y se obsesiono, no salía de casa y comenzó a enloquecer. El ministerio decidió intervenir y una mañana, se presentaron para llevárselo e internarlo en San Mungo. Tu madre fue enterrada en el cementerio de Londres en un día gris y lluvioso. Tú creciste ajena a todo aquello, en casa de tus abuelos paternos, hasta un año después, cuando tu padre salió de San Mungo, supuestamente recuperado. Pero él jamás volvió a ser el mismo, odiaba la magia y todo lo que representaba, el no haber podido salvarla le torturaba día y noche. Ser mago se había vuelto una maldición, la magia una tortura. Ya nada le ataba a ese mundo, solo un pasado que deseaba olvidar. La quería hasta enloquecer y daba igual cuanto tiempo transcurriese, siempre sufriría su perdida.

 Una madrugada, vuestro hogar ardió en llamas y te llevo lejos, adoptando otra identidad, otro rostro, otra voz. Jamás volvió a aparecer en el mundo mágico, se os dieron por muertos o desaparecidos, tus abuelos quedaron destrozados con la noticia. Tu padre era un gran mago, muy inteligente, astuto como un zorro y supo burlar la seguridad del ministerio como ningún otro mago hasta ahora. Tus familiares pensaron que tu padre había tenido un ataque de locura que os habían llevado a una desgraciada muerte. Pasó el tiempo y entonces comenzó vuestra vida sin magia, la magia estaba prohibida, la magia no existía. Tu padre te enseño a controlarla, te indujo a pensar que la magia no existía y que lo que hacías no estaba bien, debías ser una niña normal como los demás niños. Poco a poco dejaste de creer que tenías un don, para pasar a creer que tenías una enfermedad, una debilidad que no debías mostrar al mundo. Cambiabais de casa cada poco tiempo y viajasteis al extranjero hasta que los ánimos se enfriaron, siempre con identidades distintas, con rostros y voces diferentes. Al final, os asentasteis en Londres cuando contabas siete años de edad y tu padre supo como desenvolverse en el mundo muggle de una forma extraordinaria. Y poco a poco fuiste creciendo, olvidando y escondiendo en tu interior todos esos recuerdos. Nueve años después, aquí estas, descubriendo la verdad de tu pasado.

Silencio…

Silencio…

En definitiva mi querida muchacha, tu vida fue y ha sido hasta ahora, una mentira, Viola Dalton…

Silencio…

Silencio…

 ¿O debería decir, Viola Howard?

 En algún otro lugar del mundo...

-¡Maldita sea, no puedo ver nada!

Se escucho un grito repentino, rompiendo con el silencio de la noche.

  • ¡Auch! ¡Ron ese es mi pie!

-¿Quieres dejar de empujarme?

-¡Ron! ¡Has vuelto a pisarme!

-¡Silencio! ¡Nos van a escuchar los vecinos!

Otra voz distinta se alzo a su alrededor, otra voz de hombre.

-¡¿Quiere alguien encender una luz?!

Una luz los ilumino en la oscuridad y los tres individuos entrecerraron los ojos por el resplandor cegador. La luz se volvió más tenue en cuestión de segundos y pudieron mirarse a la cara. Ginny alzaba la varita con una mueca impaciente en el rostro mientras observaba a un sonrojado Ron, a una despeinada Hermione y un Harry bizco que había terminado con las gafas torcidas por la repentina aparición conjunta. Ginny Potter resoplo con frustración y se adelanto con paso apresurado por el recinto en el que se acaban de aparecer. Ron y Hermione se lanzaron una mirada inquisidora pero siguieron a Ginny detrás de Harry.

Se encontraban en la casa del profesor Dalton. Todo seguía igual que la última vez. El polvo había devorado algunos objetos y tapices, las cortinas se habían vuelto más amarillentas al no lavarlas, el silencio era completo y se sentía una enorme soledad y un profundo abandono. La casa estaba deshabitada y triste. Una suave luz alumbraba la mitad del salón, procedente de una de las ventanas con cortinas blancas. Ron se asomo por el ventanal que daba al exterior, era de noche y las farolas alumbraban la calle del pintoresco barrio estudiantil. El jardín estaba mustio y abandonado y las cintas que la policía había colocado al comienzo del año habían desaparecido al fin. El caso había sido cerrado sin resolver. Un cartel amarillo de "SE VENDE" se encontraba pegado a la verja. En ese momento, un joven pasaba con una bicicleta, haciendo sonar su alegre campanilla y terminando con el silencio de la solitaria calle.

-¿Qué estás haciendo Ronald? Puede verte alguien… - Pregunto Hermione en un susurro detrás de su oreja. Ron dio un sobresalto y abrió sus pequeños ojos azules con sorpresa.

-¿Por qué hablas así? - Contesto Ron alzando la voz por el susto mientras se giraba hacia ella, los ojos de Hermione se volvieron dos rendijas acusadoras - Por Merlín Hermione, me has asustado. En esta casa no hay vida terrestre y no me ha visto nadie, no hay ni un muerto en las calles a estas horas…- Mintió.

-¿Y si te oyen los vecinos? - Contesto desdeñosa.

-Podéis dejar vuestras diferencias durante un rato - Murmuro Ginny lanzándoles una mirada amenazadora que hubiese hecho temblar al mismísimo diablo - Ron ¿Cuál es la habitación? - Pregunto con impaciencia.

Ginny señalo las dos puertas que había frente a ellos. Harry y Ron señalaron la misma a  la vez, la segunda puerta a la derecha,  un poco más grande y de una tonalidad más amarillenta que la otra. Los cuatro se dirigieron hacia la habitación del profesor Dalton, con sutilidad, intentando hacer el menor ruido posible. Al abrirla, se escucho el sonido chirriante de los pomos y un hueco oscuro quedo ante ellos, el olor era fuerte, como si la habitación hubiese estado cerrada durante mucho tiempo, un fuerte olor a concentrado llego hasta ellos y se taparon la nariz durante unos segundos. . Ron fue a darle al interruptor de la luz pero Harry lo detuvo con la mano. Todos sacaron sus varitas y alumbraron la solitaria habitación. La luz les mostro una cama amplia de madera, con doseles color tierra. Una mesa, un escritorio y un armario, no había nada más. Ron se acerco hasta la cama y comenzó a apartar el colchón ante la atenta mirada de Hermione y Ginny. Harry fue a ayudarle y entre ambos consiguieron apartar el colchón del todo, hasta dejarlo sobre el suelo. Quedaron las patas, las maderas y los muelles al desnudo. Los cuatro se agazaparon sobre la cama y lo alumbraron con sus varitas. Ron señalo un pequeño hueco entre las maderas y pudieron vislumbrar un cuaderno desgastado y viejo, metido en el fondo del estomago de la cama. Ron aparto las maderas con fuerza, rompiéndolas y Hermione puso los ojos en blanco.

-¿No es más  fácil utilizar esto que la fuerza bruta? - Pregunto Hermione con voz cansina, enseñándole la varita que tenía en la mano. Pero las maderas cedieron y Ron pudo agarrar el viejo y desgatado libro con una sonrisa.

-¡Ya lo tengo! - Anuncio con alegría.

Se trataba de un libro de tapas negras de cuero. Era un libro muy grueso y de hojas amarillentas y desiguales. En su interior había bocetos, runas, simbolos y una caligrafía pequeña y cursiva, que aparecía hasta  en los márgenes. Hermione tomo el libro con delicadeza y lo ojeo detenidamente mientras el resto se colocaba detrás de ella, alumbrando el libro en la oscuridad. Varias hojas estaban sueltas y unas pocas cayeron al suelo al abrirse el libro.

-Es un diario…-Susurro Ginny al darse cuenta de las fechas. Hermione abrió el libro por la primera página. Por un momento, sintieron como si estuviesen desnudando el alma de una  persona desconocida que había calcado todos sus pensamientos  y emociones en aquel diario desgastado y amarillento. Nadie lo sabía mejor que Ginny. El hecho de leer aquellas palabras e ideas, escritas con tanta precisión sobre el papel, daba una sensación violenta a pesar de que tenían el permiso del propietario. A pesar de todo, Hermione comenzó a leer en voz alta mientras las luces de las varitas le alumbraban las páginas amarillas.

29  de Abril de 1995:

Hoy he visto un ángel. Ha sido tan irreal que por un momento me ha parecido estar soñando. Debo escribirlo aquí, porque sino mañana pensare que lo he imaginado. Al mirarnos se ha parado el tiempo y me he quedado en mitad de la calle, completamente entumecido y extasiado. Ella ha sonreído y por un momento el mundo se ha iluminado. Dichosos los ojos que la pueden ver todos los días, dichosas las manos que pueden acariciarla. Por Merlín, creo que me he enamorado de una  niña.

Pasaron varias páginas, todas ellas escritas con la misma letra cursiva y pequeña. Observaron varios bocetos a lápiz, donde aparecía siempre el mismo rostro, el de una mujer joven, de unos veinte años, de cabellos ondulados, sonrisa amplia y ojos brillantes, tenia una expresión de completa felicidad. A cada página, sintieron que el corazón se les encogía un poco más, había tanta emoción en cada palabra y en cada trazo, que no podían creer que alguien hubiese podido amar de aquella forma a una persona. Los años pasaban sobre las hojas de aquel libro enmohecido. Aparecían pinturas de criaturas mágicas, de bosques, praderas, ciudades, países extranjeros, comentarios y apuntes sobre detalles importantes. Pero el boceto principal, era aquella mujer joven, de sonrisa alegre y ojos chispeantes. Diez años después, Hermione encontró otra nota interesante.

25 de Mayo de 2005:

Hoy ha nacido. Al fin, ya está con nosotros. Hemos decidido llamarla Viola, como el instrumento que tanto adora. Como a una de las heroínas de Shakespeare, su preferida. El mundo muggle esta lleno de belleza, soy feliz al pensar que mi hija va a poder crecer entre dos mundos. Ambas son la luz de mi existencia, no hay felicidad más grande que la que  siento en este instante.

-¿Se refiere a su hija? - Pregunto Ron con voz entrecortada. Todos asintieron lentamente - Esto es muy triste…-Comento apenado - Pero no entiendo de que nos puede servir de ayuda todo esto…-Comento con una mueca.

-Paciencia…-Murmuro Hermione, aunque ni ella misma estaba segura de lo que decía.

Disimuladamente para que no lo viera Ron y Hermione, Harry, entrelazo su mano suavemente su mano con la de Ginny y la estrecho fuertemente. Estaba nervioso sin saber porque. Había puesto toda su esperanza en aquel libro raido y antiguo. Debían encontrar algo, algo que los pudiese llevarles hasta Albus. Continuaron leyendo las páginas de aquel diario perdido en el olvido. Ahora los bocetos contenían dos figuras, la de una mujer y la de un bebe que iba creciendo a medida que pasaban los meses. En esta época, casi no había comentarios al respecto, tan solo bocetos que mostraban la completa felicidad, una felicidad que no necesita palabras para ser expresada, bastaba con ver los bocetos para darse cuenta. Pero de repente, todo cambio. Una nueva página se abrió ante ellos. La letra se volvió más pequeña y difícil de comprender, arrugada y apretada, como si hubiesen intentado traspasar el papel.

17 de Diciembre de 2008:

Se ha ido. Se ha ido, se ha ido, se ha ido, se ha ido, se ha ido, se ha ido, se ha ido, se ha ido, se ha ido, se ha ido¸ se ha ido, se ha ido, se ha ido, se ha ido, se ha ido, se ha ido, se ha ido…

Observaron con sorpresa como esa palabra se repetía continuamente. Una página tras otra, sin descanso, rellenando los espacios de todas las hojas, creando una telaraña cercana a la locura. Manchas de tinta negra, fuertemente arraigada sobre el papel, como si alguien hubiese intentando rasgar aquellas hojas con la pluma. Hermione pasaba las hojas con rostro anonadado sin poder creer lo que estaba pasando. ¿Qué podría haber sucedido? La palabra se repetía una y otra vez, sin descanso, ocupando cada centímetro y espacio de la hoja en blanco, ya amarillenta por el tiempo.

-Está completamente loco…-Murmuro Ron con voz atragantada.

Al final, aquella palabra dejo de ocupar las hojas del diario y quedaron frente una hoja en blanco. Sobre la esquina inferior había dibujada, una pequeña forma de color oscuro, como si una mancha de tinta se hubiese diluido y expandido sobre la superficie del papel. Se trataba de una mariposa de amplias alas negras.

Continuara…

¡Mis queridos Lectores y Lectoras!

Aquí estoy de vuelta con el capitulo numero 48. Son 14 páginas. Como siempre, ya sabéis que me hubiese encantado escribir muchísimo más y adelantar la historia, pero con el poco tiempo que tengo pues prefería actualizar el capitulo así, al menos podríais disfrutar de algo interesante. No me gusta que estéis esperando eternamente. Espero que no os haya decepcionado y sobretodo que no se os haga eterno y pesado. Házmelo saber si es así…

En el próximo capítulo, continuaremos con el trió de oro y la verdad que se encuentra tras esa página en blanco. Volveremos a Hogwarts con nuestra tercera generación. ¡Muchas sorpresas y descubrimientos!

Como siempre mis sinceros agradecimientos a todos esos lectores que ponen la historia en favoritos y sobre todo a los que dejan un comentario y participan activamente en esta historia. Sé que estoy tardando más de lo deseado pero de verdad que no tengo mucho tiempo y hay veces que estoy demasiado cansada, me gusta traeros el trabajo bien hecho y no de cualquier manera, por lo tanto espero que lo entendáis, miles de gracias a esas personas que continúan comentando a pesar de la espera.

¡Nos vemos pronto!

¡No te pierdas el próximo capítulo!

¡Comenta! ¡Anímate!

¡Cuídate!

Pluma Cisne

Ire.