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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 49

Silencio…

Silencio…

En definitiva mi querida muchacha, tu vida fue y ha sido hasta ahora, una mentira, Viola Dalton…

Silencio…

Silencio…

¿O debería decir, Viola Howard?

Se hizo el silencio. Aquella pregunta resonó por toda la sala, dejando el eco de las palabras en el aire. De repente, aquella enorme habitación de piedra oscura, daba la sensación de ser más pequeña, agobiante, pero aun más fría y vacía de lo acostumbrado. El fuego seguía chispeando en la chimenea de piedra mientras el sonido de las gotas de agua golpeaba los ventanales de piedra maciza. El sol se había escondido y había dado paso a un nubarrón de nubes. Se avecinaba tormenta. Todo ello, acompañaba aquella macabra situación, donde tres figuras emergían de la oscuridad.

Albus estaba tan pálido como un muerto. Su corazón se agitaba, las venas de sus brazos latían con fuerza, sus ojos verdes continuaban clavados en aquella oscura figura de largo y lacio cabello plateado que los observaba desde el otro lado de la sala. Aun sentía como aquellas últimas palabras resonaban en sus oídos. Se sentía tan extraño, perdido e incluso ridículo tras aquella situación. Aquella historia resultaba tan poco verosímil, tan fantástica y trágica al mismo tiempo, que no sabía si debía creer las palabras de aquel ser inhumano. Pero observándole con precaución, supo que aquel hombre no se andaba con mentiras ni rodeos. Maro disfrutaba sacando a la luz esos secretos del alma, del pasado, los deslices y las debilidades del ser humano. Aquello no podía ser una trampa, resultaba demasiado cruel y macabra. La sonrisa de satisfacción de Maro había desaparecido, pero sus ojos negros como el ébano continuaban clavados sobre otra persona. Viola.

Albus reacciono de repente. Sintió como su estomago daba una sacudida. Finalmente, giro su rostro hacia la muchacha. Viola se encontraba unos pasos por delante, tenía la cabeza bajada y su pelo castaño le tapaba el rostro. Sus brazos se encontraban a los lados del cuerpo, caídos y sin vida, como si fueran los de una muñeca a la que hay que guiar. No había dicho ni una palabra. Albus no sabía si había sucumbido al llanto o si estaba en estado de shock. Se inquieto y la impotencia devoro su mente. Clavo sus ojos sobre la figura de Maro que seguía observándola. De nuevo sintió aquella extraña vibración, como si no formase parte del cuadro, como si no existiera en la sala. La mirada que le dirigía Maro a Viola era una mirada extrañamente tierna, la mirada más humana que había visto en aquel mago corroído por la venganza y el odio de cuanto le rodeaba. Un escalofrió le recorrió de arriba abajo, no soportaba que aquel hombre le dedicara ese tipo de miradas, sentía como su sangre comenzaba a bombear en exceso. Una tremenda oleada de rabia le recorrió de arriba abajo.

-¿Estas satisfecho? - Pregunto cortando el silencio y con aquella extraña energía que los rodeaba - ¡Acaso quieres que creamos esta historia que acabas de inventarte! - Grito con rabia. La sonrisa volvió a los labios de Maro y aparto su mirada de Hero para clavarla en Albus - ¡Ya basta! ¡Deja de hacer daño!

Sabía que estaba loco, que no podía defenderse y que terminaría hecho picadillo pero la razón ya no dirigía su cuerpo. Dio un paso hacia delante para acercarse a Maro, pero una mano le paró en seco. Se volvió a hacer el silencio en la habitación. Albus giro su rostro y pudo ver como Viola le agarraba del jersey, fuertemente, aprisionándolo con ambas manos. Tenía la cara aun bajada y sus hombros temblaban. Albus se quedo sin habla, solo se escuchaba su agitada respiración. Quiso alzar una mano para acariciar la cabeza de la muchacha pero se arrepintió y volvió a bajarla, no deseaba dar esas muestras de afecto delante de Maro. Los hombros de Viola seguían temblando aunque no se oían sollozos, ni el llanto. Albus volvió a clavar su mirada en Maro y este sonrió con satisfacción mientras sus cuencas negras brillaban con malicia. Había conseguido lo que deseaba, Viola había terminado herida, derrotada. Quiso abalanzarse sobre él y borrar aquella tenebrosa sonrisa de un plumazo. Pero de repente, se escucho una leve risa, tan suave que dio la sensación de ser una ilusión mental. Albus giro su rostro sorprendido y observo alucinado como Viola alzaba el rostro.

-Pero que…-Jadeo Albus completamente alucinado mientras Viola reía delante de él - ¿De qué te ríes? - Pregunto sintiéndose ridículo por unos instantes.

-¿Eso es todo? - Pregunto Viola ignorando a Albus y soltándole el jersey.

Sus ojos verde oliva se clavaron en Maro que la observaba desde el otro lado, escondido en las tinieblas. Viola dio un paso a delante, quedando junto al muchacho. Albus volvió a sentir aquella extraña sensación de ahogo, percatándose de que de nuevo, volvía a quedar fuera del cuadro, como si no existiera en aquella habitación de piedra. Un campo de energía vibraba entre Viola y Maro, extrañamente inquietante y fascinante a la vez. Maro la observaba desde la chimenea, con semblante tranquilo mientras movía su varita entre los dedos.

 -¿Es todo lo que tienes? - Pregunto de nuevo la muchacha. Su rostro mantenía una expresión burlona, casi macabra como si otra persona se hubiese hecho con el cuerpo de Viola y la utilizase. Hasta su voz había cambiado - ¿Crees que esa trágica historia no la había descubierto? Seguramente lo hice mucho antes que tu…-Contesto con voz calmada y desafiante. La sonrisa volvió a aparecer en el rostro de Maro.

-Entiendo…-Contesto con simplicidad. Se giro, quedando frente al fuego, dándoles la espalda. Albus volvió a mirar a Viola, confuso y atolondrado, odiaba perderse en las conversaciones y mucho menos si se trataban de algo tan serio. Quiso llamar la atención de la joven, pero esta seguía ignorándolo, lo que le molesto aun mas - Entonces también estarás al tanto de otros ciertos detalles de la historia. Otros detalles menos novelescos  ¿No es así? - La voz de Maro volvió a alzarse. Viola no contesto.

-¿A qué se refiere? - Pregunto Albus con impaciencia, cansado de ser un ente ignorado. Aunque estaba dando la espalda, supo que Maro estaba sonriendo en este instante.

-El profesor Dalton o el señor Howard…-Se quedo en silencio durante unos segundos, como si desease mantener el suspense en el aire - Tiene una orden de búsqueda y captura por el Ministerio de Magia. Estaba condenado a vivir en Azkaban por el resto de sus días…-Albus arqueo una ceja un tanto confuso, a su lado, Viola se había tensado y había dejado de sonreír - El profesor Dalton estaba tan desesperado por revivir  a su mujer, que estuvo a punto de asesinar a personas inocentes con tal de conseguirlo. Sin contar la cantidad de leyes mágicas que fueron violadas y las artes oscuras que hubo alrededor. Por eso huyo, se escondió y te llevo consigo, hundiéndote en su miseria y en su dolor. Te utilizo como escudo para enmendar sus errores. Un ser débil, como la mayoría de los humanos, somos de naturaleza débil, siempre caminamos por el camino fácil, vendemos nuestro ser y nuestra identidad por un propósito. El honor, la sinceridad, la moral, son valores que solo existen en las novelas.

-Queda claro que no tiene ni una pizca de compasión por la humanidad - Murmuro Albus observándole con el ceño fruncido.

-¿La humanidad? - Maro sonrió maliciosamente -Algo tan corruptible como la humanidad no merece mi compasión - Contesto con voz grave y profunda mientras sus ojos negros brillaban en la oscuridad.

-Mi padre no era un asesino…-Murmuro Viola de repente, apretando los dientes y las manos. Por primera vez, le tembló la voz.

-Basta - Jadeo Albus observándola - Basta de esta farsa. Estoy cansado de este teatro y de esta representación teatral - Murmuro con fiereza - ¡¿Diga que es lo que quiere?! ¿Qué es lo que quería del profesor Dalton? ¿Eh? ¡Sea sincero! ¿Acaso usted también quiere revivir a alguien a costa del sufrimiento de los demás?

 Maro se giro, su sonrisa había desaparecido. Esta vez, sus ojos, vacios como dos agujeros negros se clavaron en Albus como dagas afiladas y de repente la imagen de Elizabeth le vino a la mente. Aquel etéreo y bello espíritu se presento en su mente, con una gran claridad. Fueron cuestión de segundos, pero aquella visión hizo que Albus abriese los ojos con sorpresa mientras palidecía por completo, el corazón se acelero y durante unos segundos se olvido de respirar. Maro se dio cuenta del cambio de expresión del muchacho y sus ojos negros se volvieron dos rendijas oscuras. Alzo la mano e hizo un gesto repentino que provoco que Albus y Viola dieran un paso hacia tras. Se escucho un sonido de puertas y una ráfaga de viento les dio en la nuca. Ambos jóvenes se giraron y vieron como las puertas de la habitación se habían abierto, varios hombres de Maro entraban por ella.

-Llévenselos.

La orden de Maro trajo por sorpresa a Albus. Los hombres de Maro los agarraron por detrás, anudando sus muñecas y comenzaron a arrastrarlos hacia la salida. Albus no aparto la mirada de Maro, hasta que su figura desapareció detrás de las puertas. Aquella extraña reacción le había traído por sorpresa pero comenzaba a entender porque. Al principio solo habían sido suposiciones pero ahora lo tenía todo mucho más claro. Rose había tenido razón, él mismo había deducido aquella idea escabrosa que lentamente iba cobrando sentido en su cabeza. Una sonrisa triunfal se creó en sus labios, comenzaba a entender muchas cosas a pesar de que otras tantas aun estuvieran aun perdidas en el puzle.

 Giro sus ojos verdes hacia Viola. La muchacha era conducida y arrastrada por dos hombres encapuchados. No oponía resistencia como de costumbre sino que dejaba que la arrastrasen como si fuera una muñeca de trapo. Su rostro continuaba oculto  por su cabello. Cruzaron aquel salón destruido, sin techo ni paredes y bajaron las escaleras de piedra hacia los húmedos sótanos hasta llegar a la celda. Abrieron la puerta con la varita y los arrojaron a dentro mientras reían y se burlaban de ellos. Albus cayó sobre la pared y dejo escapar un gemido de dolor mientras se tocaba la cabeza.

-Animales…-Jadeo con rencor. 

Abrió los ojos y observo la celda oscura y en penumbra. Suspiro resignado, sintiendo como la humedad de la celda comenzaba a devorarle. Viola había caído sobre el suelo, apoyada en sus rodillas y observaba las baldosas de la celda con ojos perdidos. Albus se dio cuenta de que volvía a ser Viola, aquella extraña y brava muchacha, pero sus ojos, sus expresivos ojos verdes, brillaban con fulgor, como dos gotas fulgurantes, tan bellas y a la vez tan sumamente tristes. Albus trago saliva al darse cuenta de la cantidad de emociones que podían mostrar aquel par de ojos verdes. Se levanto y con torpeza, atraído por aquella imagen, cayó de rodillas a su lado. Se quedo unos segundos quieto, sin saber qué hacer, era la segunda vez que se veía envuelto y enredado en aquella situación. Alzo una mano temblorosa y la deslizo lentamente sobre el cabello encrespado de la muchacha. Y entonces, en cuestión de segundos, un borbotón de lágrimas salió de aquel par de ojos verdes. Albus jadeo, creyendo que era el culpable de aquel repentino manantial de lágrimas.

-Por favor, lo siento, no llores…-Jadeo el muchacho acalorado, limpiando torpemente las lagrimas con el jersey.

-Nunca lo supe…-Jadeo atragantándose con sus lágrimas.

Albus paró en seco y se quedo observándola con el corazón encogido. La imagen era tan sumamente triste que le costaba respirar. La había entendido a la perfección. Ella había afirmado ante Maro que ya conocía la historia de su padre, pero no era verdad, él había supuesto desde el principio que no podía ser cierto. Por eso, aquella Viola en la habitación de la chimenea le había resultado tan aterradora. Se miraron, aquellos cuatro ojos de color verde, reconociéndose en ellos como nunca hasta entonces.

Albus no podía decir nada. ¿Qué iba a decir? Viola acababa de entender su pasado, acababa de descubrir aquella parte de sí misma que había encerrado en el fondo de su ser, la realidad la había golpeado de forma casi mortal. La imagen paternal de un padre había sido distorsionada, destruida por completo. Albus trago saliva, no sabía si tendría el valor ni el tacto para enfrentar aquella situación. Y de repente, su cuerpo comenzó a actuar por si solo. Su mano se había deslizado lentamente hacia la cabeza de ella y la acerco pausadamente hasta su pecho. Viola no opuso resistencia, se dejo acunar por los brazos de Albus mientras sus hombros temblaban y las lágrimas caían por sus ojos. Sus sollozos se escuchaban por toda la celda. La lluvia seguía cayendo y el sordo sonido de las gotas de la tormenta aumentaba. De repente, Albus sintió como los brazos de la muchacha le rodeaban y lo estrechaban, mientras su respiración entrecortada por el llanto golpeaba su clavícula. Sus mejillas enrojecieron por aquel íntimo contacto, por aquel gesto tan sutil de necesidad. Pero su piel no rechazaba aquel contacto, su cuerpo se negaba a soltarla, no la aparto, sino que cerró los ojos y protegió el rostro de Viola con los brazos. Durante unos segundos, se olvido de lo que sucedía a su alrededor, solo deseaba que aquel dolor aposentado en el corazón de aquella misteriosa muchacha, desapareciese para siempre.  

Scorpius se quedo observando a su alrededor, se encontraba sentado en la cama con el hombro aun vendado. El dolor había disminuido considerablemente. Se levanto y se encamino hacia la ventana abierta, el viento caliente y la humedad del mar le golpeo en la cara. Se asomo y observo la pequeña ciudadela pesquera que se expandía ante sus ojos. Se trataba de un pequeño pueblo pesquero, con calles pequeñas de calzada romana y con las casas exageradamente juntas. A lo lejos, más allá de los techos de la pequeña ciudad se podía vislumbrar el mar y las negras nubes que avecinaban tormenta. A su derecha, se encontraba el puerto, donde descansaban grandes barcos junto con toda aquella extraña maquinaria que Scorpius jamás había visto. Se giro y se quedo observando la espaciosa habitación. Sobre la cómoda había unos pantalones, una camiseta, un chaleco y una gorra, apoyados sobre la pared, se encontraban unos zapatos de su talla. Scorpius arqueo una ceja y comenzó a cambiarse a regañadientes. Tras unos segundos, tomo la varita de Nero y la guardo en el bolsillo trasero del pantalón. Decidió abrir la puerta y salir de la habitación. Bajo las escaleras hasta llegar al primer piso y se quedo observando el pequeño salón rural, todas las ventanas estaban abiertas y se podía ver a las personas andando por la calle.

-¡Oh! - Scorpius pego un brinco y se dio la vuelta alarmado - Estas aquí, veo que te encuentras mucho mejor. ¿Como esta tu hombro? - Aquella extraña mujer volvía a sonreírle con amabilidad y Scorpius solo pudo tartamudear torpemente sorprendido con aquella actitud, no estaba acostumbrado a ese tipo de trato - Bueno, he preparado el desayuno, estas muy delgado y quizás necesitarías comer un poco...-Comento sin dejarle tiempo para contestar y girándose - Ven, sígueme...

-Scorpius...- Contesto Scorpius - Scorpius…Wilde - Mintió.

-Scorpius Wilde...- Repitió observándole, por un momento temió que hubiese captado su mentira -Bonito nombre...- Comento la señora Pickerleier mientras se limpiaba las manos con el delantal. Scorpius la siguió por el pequeño pasillo. No paraba de colocarse el chaleco y la gorra la llevaba en la mano. No estaba acostumbrado a llevar ropa muggle y le resultaba de lo mas incomodo - Pareces todo un pescadero de la ciudad - Comento la mujer girándose para mirarle - Esas ropas son de mi hermano pequeño, son algo antiguas, perdona, pero era lo único que tenia de tu talla.

-No se disculpe, ya ha hecho suficiente por mi...-Contesto Scorpius dejando de mover el chaleco. Continuaron caminando hasta llegar a una cocina antigua, con hornillo y una chimenea. La señora le invito a sentarse en la mesa que había frente al fogón. Scorpius se sentó sin dejar de observarla.

-¿Te gustan las gachas? - Sonrió mientras tomaba un cuenco y calentaba las gachas en el fogón. Scorpius asintió con la cabeza - Bien...-Sirvió las gachas y se las coloco en la mesa para luego sentarse frente a él - Come, no están envenenadas muchacho - Comento con una sonrisa al ver como Scorpius observaba las gachas. Este tomo la cuchara y se llevo la primera cucharada a la boca. Degusto las gachas lentamente y sintió como el color volvía a sus mejillas, las observo con melancolía, aquellas gachas le recordaban a sus desayunos en Hogwarts.

 - Y bien... ¿Vas a decirme que hace un joven ingles perdido en un pueblo de pescadores irlandeses? -La señora lo observaba con cautela al otro lado de la mesa. Scorpius dejo de comer de repente.

-Señora Pickerleier, siento tener que ser tan misterioso pero no puedo contárselo...-Contesto el joven alzando sus ojos grises hacia ella - Creo, que lo mejor sería que me marchase cuanto antes. No tengo tiempo que perder y tampoco quiero importunarla con mi presencia, ya ha hecho suficiente...-Repitió.

-Entiendo...-Contesto con cautela - ¿Como piensas volver a Inglaterra? - El muchacho se quedo en silencio y la señora sonrió de nuevo - Bien, veo que no tienes ningún plan en mente...-Murmuro levantándose y yendo el horno de leña de donde saco un pan recién echo - Entonces, creo que lo mejor será que te quedes todo el día y por la tarde salgas con el barco de mi marido. Esta noche llegaran a Liverpool, luego puedes ir al pub The Green Frog, ahí puedes llamar al autobús noctambulo, el muchacho que trabaja en él se llama Spookie, suele ir allí a beber.

-¿Lo conoce?

-Es mi sobrino...-Contesto amigablemente.

-¿Es usted...?

-¿Bruja? - La señora Pickerleier sonrió amablemente mientras le entregaba un trozo de pan caliente - Si, lo soy, pero me case con un muggle hace muchos años y no me arrepiento, es el ser más maravilloso en la faz de la tierra - Saco un pequeño plato con membrillo y se lo tendió - Aunque continuo utilizando la magia en ocasiones...-Señalo su hombro vendado, Scorpius la observaba algo sorprendido - No debes preocuparte muchacho, mi marido sabe de la existencia de nuestro mundo, no debes temerle, es un buen hombre...

-¿Por qué me ayuda? - Pregunto Scorpius de repente interrumpiéndola. La señora Pickerleier se quedo unos segundos en silencio, moviendo la cucharilla sobre la taza de té que acababa de dejar frente a ella. El silencio continúo durante unos segundos y Scorpius temió haberla molestado con sus preguntas, pero después de aquel largo silencio, alzo la mirada y lo observo con ojos tiernos.

-Hace mucho tiempo, perdí un hijo...-Contesto con calma - Se parecía mucho a ti...-Scorpius sintió como se le creaba un nudo en el estomago - De todas maneras, supongo que tendrás una madre y si yo fuera ella, me sentiría mucho más tranquila al saber que hay personas en este mundo dispuestas a ayudar a mi hijo...- Aquella sonrisa bonachona volvió a crearse en su rostro - Las palabras se atragantaron en la boca de Scorpius y un súbito rubor cubrió sus mejillas. Su mente viajo hacia aquella casa en ruinas, donde su madre continuaba presa. No dijo nada, pero la miro, agradeciéndoselo silenciosamente.

-¡Querida!

Se escucho un sonido de botas pisando con fuerza sobre el suelo. Scorpius salió de sus pensamientos y se levanto enseguida mientras observaba la puerta de entrada. Por ella apareció un hombre grande, con bigote poblado y gorra, llevaba una chaqueta impermeable y unas botas de agua. Se quedo observando a Scorpius durante unos segundos, con aquellos ojos azules escondidos bajo unas pobladas cejas. El muchacho sintió un sudor frio recorriendo su nuca, aquel hombre tenía una fuerte presencia que intimidaba nada más verle. Pero de repente una sonrisa se creó en su boca, apareciendo en sus mejillas unos profundos hoyuelos. Parecía un niño grande y su amenazadora presencia desapareció.

-¡Tú debes ser el muchacho perdido! - Le dio una fuerte palmada en el hombro sano que hizo que Scorpius casi cayese hacia delante - Me alegra ver que te encuentras mejor...-Tenía una voz ronca y grave, tan grave que costaba entenderle. Su mujer sonrió y le tendió un vaso de Whisky - Estupendo, estupendo...-Murmuro después de tragar el licor de una sola vez - Menudo día de locos, el mar está hecho una furia, no sé si vamos a poder salir hoy para Liverpool, el capitán no quiere arriesgarse...

-¿Eso crees? El muchacho necesita marcharse lo antes posible...

-Ya veo...-Murmuro observando a Scorpius con los ojos entrecerrados - Bueno, aun queda mucha tarde, esperemos que el mar se calme... ¡¿Qué hay de comer querida?! - Le dio un sonoro beso a su mujer en la mejilla mientras esta sonreía - Creo que el muchacho debería salir y tomar aire fresco...un paseo por el puerto no le vendría mal. ¿Qué te parece? - Pregunto dirigiéndose hacia Scorpius.

El muchacho se quedo unos segundos pensativo. Observo a aquel matrimonio que lo miraban con ojos alegres y sonrisa bondadosa. No estaba acostumbrado a gozar de aquella ternura y candidez de las personas. En general, el mundo mágico le había privado de esas reacciones, su apellido y la fama de este, siempre habían ido primero. Había terminado por tener una actitud defensiva y arrogante ante todos, con tal de que no le vieran como un eslabón débil. Jamás había tratado con muggles, los veía como seres aparte de su mundo. Pero al sentir aquella candidez, se daba cuenta de que no eran tan diferentes. Había recibido más amabilidad por parte de aquel muggle de poblado bigote y mirada amenazadora, que de cualquier persona de su mundo. La idea de quedarse en aquel rincón del mundo, olvidarse de todo lo demás, le resulto muy tentadora durante unos segundos. Pero de repente, a su mente volvió la imagen de Albus, tras aquellos barrotes de hierro. El semblante de Rose y la imagen de Hogwarts a lo lejos. Sintió como una mano presionaba su pecho con fuerza. Aquel era su mundo, no podía darle la espalda. Tenía que volver, costase lo que costase, tenía que regresar a Hogwarts.

-Señores Pickerleier - Scorpius - Se que han hecho mucho por mi y no saben cuánto se lo agradezco...-Murmuro con voz entrecortada, no se le daban bien los discursos de agradecimiento - Pero tengo que volver a Inglaterra, mis amigos me necesitan. Necesito regresar hoy mismo, si no será demasiado tarde...-Jadeo desesperado. La pareja se miro durante unos segundos y Scorpius temió haberlos ofendido.

-¿Es tan urgente tu regreso? - Pregunto el señor Pickerleier. Scorpius asintió rápidamente - Bien, en ese caso...-Suspiro y puso su mano en el hombro sano del joven - Puedo hablar con un buen amigo, su barco zarpa dentro de una hora hacia Dover, es un buen marinero, pero tendrás que tener cuidado, el viaje será complicado, el mar está muy embravecido esta tarde

  • Un profundo alivio recorrió a Scorpius de arriba abajo y asintió con la cabeza mientras la primera sonrisa se creaba en su rostro tras meses de expresión sombría - Después, solo tienes que preguntar por el capitán Winckell, dile que eres amigo mío, yo te daré una carta, su barco zarpa hacia Liverpool. Supongo que vas hacia Escocia…-Scorpius asintió algo asombrado, el señor Pickerleier sonrió.

-Muchísimas gracias, no saben lo mucho que se lo agradezco...

Mientras tanto, el hospital mágico estaba lleno de periodistas y personas curiosas. Los sanadores intentaban espantarlos alegando que no era bueno para la salud mental y física de sus pacientes, al tener tantos flashes y cámaras por todas partes. Había una zona del hospital más calmada y tranquila, donde había pequeños consultorios vacios. Harry y Ginny se encontraban en una de esas pequeñas salas. Ginny estaba sentada en una de las camillas mientras Harry aplicaba una crema viscosa de color purpura sobre la quemadura que había sufrido su pierna derecha. Ella lo observaba en silencio mientras se mordía los labios a causa del escozor. Harry soplo suavemente y la quemadura se redujo notablemente. Alzo sus ojos verdes para mirarla y Ginny intento cambiar de expresión.

-No es para tanto...-Murmuro con una sonrisa. Harry no contesto a la sonrisa. Se levanto y dejo la pequeña venda en una de las mesas. Tomo un poco de algodón y una botella de liquido amarillo - ¿De verdad me vas a echar pis de, en la cara? - Pregunto con una mueca burlona mientras se tapaba la nariz. Harry no contesto y acerco el algodón impregnado de aquella sustancia a las heridas que tenia Ginny en el rostro - Harry...

-Ayuda a cicatrizar...

-Sabes que no me refiero a eso...-Contesto ella alzando su mano y haciendo que la mirase a los ojos - Deja de atormentarte, pensaba que ya habías aceptado que yo, Ron y Hermione tenemos el mismo derecho de ponernos en peligro que tú. Albus también es mi hijo, lo he llevado en el vientre, lo he visto crecer y convertirse en ese ser maravilloso que es. No me pidas que me quede en casa esperando, el instinto materno es más grande que cualquier otra cosa. Yo también soy culpable de esta situación y vamos a resolverla juntos ¿De acuerdo?

Tomo el mentón de Harry con una de sus manos y le dio un suave beso en los labios. Harry se quedo quieto durante unos segundos, sintiendo aquella suave textura sobre sus labios, pero enseguida se perdió en aquel mar de sensaciones. Soltó el frasco que contenía aquel líquido amarillo, esparramándose así por toda la cama. La abrazo con fuerza, colocando su mano derecha sobre el cabello flamante de Ginny. Se sentía tan bien, tan a gusto, estaba en casa, con aquel olor floral que lo embriagaba y aquellos labios tan conocidos y a la vez tan fascinantes. Le relajaba, le calmaba, le serenaba. Se separaron lentamente, aunque continuaron con las frentes pegadas mientras las respiraciones entrecortadas se acompasaban. De repente, se escucho el sonido de una puerta y ambos se separaron enseguida.

-¿Se puede? Siento molestaros - Dean apareció en la puerta con una carpeta y un pequeño frasco de cristal, se acerco hasta ellos y observo la quemadura de Ginny - ¿Te encuentras mejor? - Esta asintió con la cabeza. Harry se quedo observando el frasco que Dean tenía en la mano y enseguida se dio cuenta de lo que era - Harry, el profesor Dalton quiere entregarte esto...- Dean se giro hacia él y le entrego el pequeño frasco - Son varios recuerdos, ha hecho un esfuerzo muy grande para extraerlos, deben de ser importantes...

-Harry...-Ginny lo observo esperanzada. Este estrecho su mano con fuerza - ¿Como está el profesor Dalton? ¿No ha mejorado desde la última vez que estuvimos aquí? - Dean suspiro mientras ojeaba su carpeta y pasaba las hojas con la varita.

-Me temo que no, ha sufrido mucho Ginny.

-¿Tenéis algún pensadero? - Pregunto Harry con rapidez.

-Si, sígueme...

-¿Estarás bien? - Dean se encamino hacia la salida de la sala. Harry se giro hacia Ginny para mirarla. Esta asintió con rapidez, dejando escapar una sonrisa y le dio un suave beso en los labios para luego susurrar: vete Harry, yo estaré bien.

Se alejaron por el corredor. El sonido de los periodistas y reporteros continuaba en el hall de entrada. Dean subió varias escaleras de marfil blanco mientras su túnica de sanador ondeaba entre sus talones. Harry lo siguió en silencio. Continuaba con algunas heridas abiertas y alguna quemadura, pero no le dio importancia. Sentía el frio cristal del frasco sobre su pecho y le infundió valor. Llegaron hasta un pequeño pasillo, más antiguo que los anteriores. Dean abrió una de las pequeñas puertas y le cedió el paso al interior. Con la cabeza, le señalo un pequeño escritorio de marfil negro y sobre este, reposaba un pensadero.

-Es todo tuyo, si necesitas algo, ya sabes dónde buscarme Harry.

-Gracias por la ayuda, Dean.

Dean sonrió y cerró la puerta tras él, dejándolo completamente solo en la habitación. Harry saco el pequeño frasco y observo aquel líquido plateado tan familiar. Por un segundo, recordó como Dumbledore había extraído recuerdos de su propia mente en tantas ocasiones. Aquellos tiempos quedaban tan lejos. Con paso decidido, se acerco al pensadero y abrió el pequeño corcho del frasco, para luego vertir su contenido dentro del pensadero. El fino hilo cayó lentamente y se disolvió con el agua, comenzando a formar un remolino sobre esta. Harry respiro y con decisión, se adentro en aquellos recuerdos del pasado. 

Ginny había colocado su pierna sobre la cama y se tendió para cerrar los ojos durante unos segundos. Suspiro e intento dejar la mente en blanco, pero no podía dejar de pensar en Harry y en lo que estaría sucediendo en aquel momento con el pensadero. La angustia la recorrió de arriba abajo. Intento serenarse pero no funciono. El silencio la carcomía por dentro, abrió los ojos y observo a su alrededor. No estaba hecha para esperar en una camilla de San Mungo. Iba a ponerse en pie, a pesar de la fea quemadura, cuando de repente la puerta de la sala se abrió de sopetón. Abrió los ojos con sorpresa mientras veía entrar a su hermano Ron hecho una furia y gritando un sin fin de improperios, pero lo más sorpréndete fue que detrás de él se encontraba...

-¿Pero quién te crees que eres? ¡He dicho que nadie puede molestar a Harry! ¡Eres un maldito soberbio! - Grito Ron con la cara roja de ira - ¡¿Es que no me está escuchando?! ¡He dicho que se marche! - Ron se giro para decir algo y se quedo con la palabra en la boca al darse cuenta de que Harry no estaba en la sala.

-¿Zacharias Smith? - Ginny arqueo una ceja mientras observaba la escena con sorpresa - Ron tranquilízate...-Murmuro Ginny clavando sus ojos sobre Smith - ¿Que está haciendo usted aquí? - Pregunto con recelo. Zacharias se giro hacia Ginny y se acerco a ella en menos de tres zancadas, ignorando a Ron que continuaba con la cara roja por la indignación. En el umbral de la puerta se quedaron varios hombres con capas de viaje que observaban la escena en silencio.

-Le convertiría en una babosa y lo aplastaría con mis propias manos...-Murmuro Ron para sus adentros, clavando sus ojos azules sobre Smith.

-¿Que hago aquí? Eso pregúnteselo a su marido, señora Potter - Contesto con desdén - Ha puesto en peligro a la comunidad mágica, se ha pasado de rosca, no por ser el jefe del departamento de aurores puede hacer lo que se le antoje, hay unas leyes y las ha ignorado deliberadamente...

-¿Pero de que está hablando? - Contesto Ginny sin perder la calma - El señor Potter está investigando y dejándose la piel por el bien de la comunidad mágica, por si no se ha dado cuenta. Harry siempre ha defendido y cuidado los valores de los magos y brujas de este país, señor Smith, así que no me venga con reprimendas, usted no ha luchado por nuestro mundo ni la mitad de lo que lo ha hecho Harry.

-El gran Harry Potter, el salvador del mundo mágico - Contesto Smith con saña - Siempre la misma historia, han pasado muchos años desde entonces señora Potter. Ya no hay un No-debe-ser-nombrado. Eso se ha acabado y Potter es otro mago cualquiera que debe acatar las leyes del ministerio, esta vez se ha pasado de la raya y voy a suspenderlo hasta nuevo aviso y hasta que los tribunales del Wizengamot decida volverle a entregarle el puesto. Si es que deciden hacerlo algún día...

-El único problema que hay aquí es la envidia que siente...

-¡No puedes hacer eso! - Grito Ron furioso - Óyeme bien, maldito egocéntrico, no eres nadie, NADIE, es el ministro de magia el que decide si Harry deja su puesto como jefe de aurores ¿Entiendes? - Ginny había palidecido en cuestión de segundos.

-Vaya - Zacharias sonrió mientras se quitaba los guantes de piel de dragón - Siento comunicarles que Kingsley dejo el cargo de ministro de magia hace unas horas, el puesto ha quedado libre hasta las próximas elecciones mágicas. Hasta entonces es el consejo de magos de Wizengamot, el que decide y gobierna nuestra comunidad. - Una sonrisa ladeada se creó en su rostro - Y por ahora, soy su favorito en las candidaturas-  Ron bufo con rabia contenida para luego abalanzarse sobre él, pero antes de que consiguiera golpearle, Ginny le agarro por los hombros y lo freno.

-No sigas su juego Ronald, no ves que intenta provocarte...

-¿Cuanto les has pagado, Zacharias? Los galeones compran a cualquiera hoy en día...

-Debo anunciarle que usted también quedara relegado de su puesto señor Weasley, es una pena porque me han informado de que hace poco se unió al departamento de aurores - Ron palideció enseguida - ¿Donde trabajaba antes? Oh sí, ya recuerdo, en sortilegios Weasley. Bueno, será mejor que avise a su hermano, tendrá que volver a trabajar entre estanterías llenos de trastos y juguetes...-Ron parecía una locomotora de vapor.

-Es usted despreciable...-Murmuro Ginny con mirada asesina.

-¿Donde está Potter?

-No lo sé y aunque lo supiera jamás se lo diría...-Murmuro Ginny con las mejillas sonrojadas y ojos asesinos. Los hombres de Smith se removieron incómodos en la puerta - Quiero que le quede bien claro, ni usted ni nadie va a ser un impedimento para que yo encuentre a mi hijo y meta en Azkaban a ese loco psicópata... ¿Le ha quedado claro?

-Señora Potter, vamos a asignar el caso a otro auror. El señor Potter no está bien mentalmente, ha mezclado demasiado los sentimientos paternales con el trabajo...-Esta vez fue Ginny la que deseo abalanzarse contra aquel descarado caradura - Dudamos realmente de que exista un tal Maro como lo hacen llamar y mucho menos creemos toda esa historia sobre una tal Elizabeth, las mariposas y el profesor Dalton que se trata de un mago desquiciado con un historial médico grave y que ha infringido millones de leyes mágicas tan graves como el intento de asesinato. Si, encontramos su historial hace unos días...-Contesto al ver el rostro confuso de Ginny y Ron - Hay una segunda teoría, los Malfoy están desparecidos y ha habido una fuga en Azkaban...

-¿Insinúa que los Malfoy se han inventado toda esta historia con el propósito de vengarse? -Le interrumpió Ron resoplando - ¡¿Quién ha sido el idiota que ha llegado a esa ridícula conclusión?! ¡No me haga reír, por Merlín! ¡Los Malfoy! ¡Lo que faltaba! ¡Todos vosotros, sois un grupo de nenazas!

-Ron por favor...

-Señora Potter, cuando vea a su marido haga el favor de comunicarle que tiene que presentarse ante los tribunales, tiene que presentar declaración y más le vale que lo haga si no quiere terminar sus últimos años de carrera limpiando los retretes...-Hizo una pausa mientras observaba pensativo a su alrededor - Seria divertido, el gran Harry Potter, limpiador de retretes...

-Maldito bastardo...-Ron intento zafarse de los brazos de Ginny pero esta le tenía fuertemente aprisionado - ¡Esto no quedara así, Smith! ¡No te saldrás con la tuya! - Smith se giro para mirarles, hizo una educada inclinación de cabeza mientras una sonrisa triunfal se creaba en su rostro. Se dio la vuelta y se marcho por el pasillo seguido de sus hombres. Ron y Ginny se quedaron en su sitio, con el rostro sonrojado y la respiración entrecortada.

 -¡Por Merlín! ¡Maldito sea una y mil veces! Algún día le pillare y le borrare esa maldita sonrisa de la cara - Jadeo Ron soltándose del abrazo de su hermana y dándole una patada al suelo - ¿Y ahora qué hacemos?

-No haremos nada Ron.

-¿Como que no haremos nada? - Su hermano mayor la observo incrédulo - Ese tío ha conseguido que el tribunal le dé la espalda a Harry y a Kingsley - Murmuro señalando la puerta por donde había salido Smith - Malditos desagradecidos, este mundo da asco...-Se tapo la sudorosa cara con las manos - Están más ocupados en intentar calmar a los periodistas que en buscar la verdad. Por Merlín ¡Hay niños en Hogwarts que están en peligro! ¡Te recuerdo que nuestros hijos entre ellos!

-¡Lo sé Ron!

-¿Que sucede? - Ambos se giraron con sorpresa. Hermione se encontraba junto a la puerta con varios pergaminos y libros en los brazos, otro grupo de libros la seguía por detrás - He visto un montón de reporteros y periodistas en el hall. ¿Quién les ha dado el chivatazo? - Ron y Ginny se quedaron en silencio - ¿Que sucede? ¿Donde está Harry? ¿Habéis visto el profeta? - Tiro sobre el suelo uno de los ejemplares. En la portada aparecida un Kingsley en blanco y negro, observando la cámara con calma y encima de él, un titulo en letras gruesas y negras: ''El primer ministro de magia, dimite. - ¿Por qué acabo de encontrarme con Zacharias Smith en el pasillo? - Ginny tomo la mano de Hermione y cerró la puerta detrás de ella para luego lanzar un hechizo protector alrededor. Con rapidez, ambos relataron lo ocurrido a una sorprendida Hermione que no daba crédito a lo que escuchaba.

-Maldito sea...-Murmuro Hermione con rabia. Ginny arqueo una ceja al oírla. Hermione comenzaba a utilizar muchas de las expresiones de Ron al enfadarse - ¿Y Harry? ¿Ahora está en alguna sala descubriendo los recuerdos de Dalton? ¿Qué vamos a hacer? Ya me lo temía yo, le dije que no utilizase el fuego, que sería peligroso y el ministerio andaba caldeado estos días...

-Por Merlín Hermione, eso solo ha sido una excusa - Se quejo Ginny sentadose en la camilla con esfuerzo - Quieren quitarse a Harry de en medio, tanto a Harry como Kingsley son personajes mediáticos, históricos, con gran valor social...-Ginny suspiro - En el consejo, son todos una panda de avariciosos, mentirosos y egoístas. Kingsley los ha mantenido a raya hasta ahora, pero no se qué sucederá a partir de este momento...

-Ginny, tranquila, sabes que Harry siempre hace lo que quiere...-Murmuro Hermione sentándose a su lado - Esto no va a impedir que encuentre a Albus, se ha enfrentado con cosas mucho peores, no debes preocuparte, confía en él...-Ginny asintió levemente mientras una leve sonrisa se creaba en su rostro. Hermione sonrió más animada y saco los pergaminos que llevaba en el regazo - Bien, ahora manos a la obra, mientras estabais ocupados, yo he estado haciendo mis indagaciones...- Ron se sentó al otro lado de la cama, sus mejillas habían vuelto a su color habitual.

-¿Indagaciones?

  • Ron la miro con el entrecejo fruncido - No habrás vuelto a Alemania sin comentarme nada ¿Verdad? - Hermione no contesto y Ron resoplo mientras la observaba con el ceño fruncido. Hermione continuo, colocando los pergaminos alrededor de la cama y por encima de las piernas de Ginny.

-¿Y bien? - Ginny se quedo observando las runas y los dibujos que había a su alrededor - Sinceramente, las runas y los misterios nunca se me dieron bien Hermione...-Murmuro con un tono burlón en la voz. Hermione lanzo una mirada iracunda a ambos hermanos que sonrieron divertidos.

-Sois igual de impacientes - Murmuro poniendo los ojos en blanco - Bien, ¿Recordáis ese viaje que hice a Egipto? No recuerdo ahora mismo el año, pero creo que fue el verano después de acabar nuestro segundo curso en Hogwarts...Pues bien, hace tiempo recordé, que los hechiceros y sacerdotes del antiguo Egipto creían en la reencarnación de los muertos y en el más allá, por eso las tumbas...-comento mientras les mostraba varios papiros y mapas - La cuestión es, que recuerdo a la perfección como uno de los guías nos explicaba que ese tipo de magia estaba prohibida en el antiguo Egipto y que, aquel que intentase revivir a alguien, estaba bajo pena de muerte.

-¿Como consigues recordar algo que sucedió hace más de veinte años? - Murmuro Ron incrédulo - Es fascinante - Hermione sonrió halagada por el cumplido de Ron, pero enseguida volvió a la carga, tomando otro papiro, escondido entre las piernas de Ginny. Sobre el papiro había dibujado un hermoso escarabajo verde y dorado, de patas negras y cabeza azul brillante.

-Los egipcios adoraban a varios animales, por ejemplo los gatos y algunos insectos, como este escarabajo...-Señalo el boceto con el dedo. Ginny y Ron se miraron algo confusos - Dice la tradición popular que estos escarabajos desparecieron cuando el imperio egipcio comenzó a decaer, algunos dicen que son los guardianes de las pirámides y de las tumbas de los faraones...Para los egipcios, estos escarabajos eran los acompañantes de la muerte...

-Entiendo ¿Y qué tiene que ver con todo lo que está sucediendo?

-¿Quieres decir que esas mariposas pueden tratarse de lo mismo? - Pregunto Ginny frunciendo el ceño - ¿Quieres decir que las mariposas negras son consideradas las acompañantes de la muerte? Espera un momento...-Ginny palideció de repente

  • ¿Estas insinuando que esas mariposas son el instrumento para revivir a alguien? - Hermione sonrió triunfante. Ron abrió la boca varias veces por la sorpresa mientras Ginny se rascaba la cabeza confusa.

-Espera... ¿Estamos hablando de un insecto? - Pregunto Ron con voz ronca - No tiene ninguna lógica...

-Es que no hay que seguir una lógica - Contesto Hermione - Esas mariposas son reales. Volví a Alemania, a la antigua casa del profesor y su dueño me volvió a recibir de forma muy agradable. Le pregunte y me explico enseguida que el profesor Dalton estuvo muy obsesionado con esas mariposas a las que popularmente llamaban Teufel, en alemán quiere decir ''Hijas del diablo'' nombre que le pusieron los muggles, era un insecto de mal presagio. Por eso quiere ese maldito libro...-Murmuro Hermione triunfante - Maro quiere ese libro, porque en él se encuentra la toda la información sobre esta especie, una especie que se consideraba ficción, como los escarabajos en Egipto...

Los tres dieron un pequeño brinco en la cama al escuchar un sonido tras su espalda. La puerta se había abierto de repente y por ella apareció un Harry agitado, con el cabello azabache mas despeinado de lo normal y ojos encendidos.

  • ¿Harry? ¿Que sucede? ¿Conseguiste entrar en los recuerdos del profesor?

-¡Lo he visto todo! - Jadeo acalorado - ¡Lo he visto todo!

-Harry cálmate...-Hermione le agarro por el brazo e hizo que se sentase encima de la cama junto a ellos - Cuéntanos que has visto, con tranquilidad, pausadamente...-Ginny le limpio las pequeñas gotas de sudor que recorrían la frente - ¿Te ha visto alguien? - Harry negó con la cabeza - Mejor...-Miro a Ginny y a Ron - Tenemos que decirte algo...- Le observaron durante unos segundos y Harry frunció el ceño - El consejo quiere que dejes el departamento de aurores durante una temporada. Tienes una citación esta semana, no te dejaran intervenir...

-¡Mi hijo está en peligro!

-Lo sé Harry

  • Ron compuso una mueca - Pero ese sinvergüenza de Smith y el consejo consideran que te está afectando demasiado. ¿Qué esperabas? Todos son unos sinvergüenzas. ¿O has olvidado lo que te hicieron cuando te acusaban de mentiroso al regreso de Voldemort? Y a Dumbledore también...de esas personas no se puede esperar nada bueno, nunca, da igual lo que haya pasado.

-Harry, explícanos que has visto...-Murmuro Ginny impaciente. Harry se quedo unos segundos en silencio, asimilando todo lentamente y luego alzo la mirada hacia ellos.

-Esas mariposas...Esas mariposas son como dementores. Es su hábitat natural son inofensivas pero cuando el ser humano interrumpe en su ecosistema, su forma de defenderse es provocar esa ilusión de miedo e inseguridad. De ahí que la llamen la compañera de la muerte, porque es considerada un ente de otra dimensión. Sumerge a las personas en un largo letargo, encerrándolos en sus mentes, casi rozando el instante de locura que tienen las personas antes de morir. Es como si tuvieras que luchar con esa parte oscura que hay escondida en tu interior, una lucha interna, personal. Chupan la energía activa del hombre, como forma de protección.

-Insinúas que...

-Insinuó que en la antigüedad, magos tenebrosos la utilizaron para dominar y someter a poblaciones enteras. Son el instrumento perfecto, sutiles, pequeñas...Si el mago consigue dominarlas por completo, se hace parte de ellas y cuando más dolor ingieren y más energía activa chupan, mas poder consigue su dueño...de ahí provienen las leyendas, cuando las mariposas aparecían, se sabía que la muerte y el peligro andaban cerca.

-¿Crees que Maro consiguió dominarlas?

-No lo creo, si no, no estaría buscando esto...-Contesto Ron señalando el diario que se encontraba en el regazo de Hermione - ¿Entonces por eso colocaron las mariposas en Hogwarts? ¿Entonces todos los alumnos están sufriendo ese instante de locura en sus mentes sin poder despertar? - Pregunto con voz ronca. Harry asintió con la cabeza.

-Pero son insectos, nunca se sabe cómo pueden reaccionar los animales o los insectos, el ser humano no puede dominar la naturaleza...-Murmuro Hermione.

-Se hizo una purga tras la derrota del último mago que las utilizo. Hacia el 1325, antes del inicio de la quema de brujas y cuando el mundo mágico y el muggle se relacionaban, antes del estatuto de seguridad mágica - La interrumpió Harry - Pero Dalton descubrió un nido en la frontera entre Suiza y Austria, viven en lugares oscuros, bajo tierra, no soportan la luz solar ni el calor, de ahí que solo habiten en la zona alta y meridional de Europa. Tienen un ciclo de catorce días y entierra su cuerpo en los escombros para luego renacer a los tres días, se alimenta de sus crías...He revivido el momento en el que Dalton las descubrió por primera vez, es...-Se quedo mudo unos segundos - Terroríficamente fascinante...

-Menudo bicho más repugnante...-Murmuro Ron.

-¿Renace? ¿Como el fénix? - Ginny lo observaba asombrada. Harry asintió con la cabeza.

-¿Que es lo que provoca el letargo en las victimas? - Pregunto Hermione aun insatisfecha con muchos detalles - ¿Y cómo es capaz un insecto de elegir a sus víctimas?

-El polvo que rodea sus alas, es como una magia ancestral que genera su cuerpo como forma de defensa...-Contesto Harry - Es más que un insecto Hermione, es un ser que seguramente se origino antes que el ser humano. Sus antenas deben captar las mentes más débiles, más conflictivas y se apodera de ellas lentamente... ¿Recuerdas que todos los compañeros de los afectados afirmaban que se habían estado comportando de forma extraña? - Los tres asintieron - Pero hay otra cosa...Esta criatura tiene el poder de revivir, de regenerarse. Pues bien, no son los únicos...

-Los egipcios afirmaban que se podía revivir a un ser humano transportando su alma del mas allá hacia un ente vacio...-Le interrumpió Hermione con voz emocionada

  • El escarabajo guiaba el alma hacia el cuerpo físico a través de una serie de conjuros y de magia prohibida...El hecho de que este compartiendo su ente con el de las mariposas hará que el conjuro sea mucho más efectivo - Harry se quedo en silencio - ¿Es eso?

-Si, pero se necesita un sacrificio, un alma no puede volver si no se sacrifica otra en su lugar...-Contesto Harry tras el segundo de pausa, los tres se quedaron en silencio - Por eso Dalton jamás fue capaz de probar la resurrección de su mujer, no se vio capaz de asesinar a una persona... -Un silencio incomodo, extraño, donde la misma idea cruzo sus mentes. Todos palidecieron de sopetón

-Albus...-Jadeo Ginny - Poor Merlin Harry ¿Pretender sacrificar a Albus?

-Albus es un chico...-Murmuro Ron con voz temblorosa - ¿Que sentido tiene transportar el alma de una mujer al cuerpo de un hombre? ¿Sigues creyendo que esa leyenda sobre Elizabeth y Dieter Wolff está relacionada? - Pregunto Ron, sintiendo como volvía a confundirse - Mi cabeza es un laberinto de ideas, ya no puedo pensar con claridad...

-No tiene sentido, ese hombre vivió hace cientos de años, pero tiene que estarlo...-Contesto Harry tocándose los cansados ojos verdes y apartando las gafas- Tiene que estar relacionado, es la única forma en que todo tenga un sentido... ¡Por Merlín! - Se levanto y dio un golpe a la silla que tenía en frente, esta cayó al suelo estrepitosamente - ¡Por Merlín! ¡Esa mujer! - Harry golpeo la pared con el puño - ¡Esa mujer era un conejillo de indias! -Resbalo por la pared quedando tumbado sobre el suelo mientras respiraba entrecortadamente y bajaba el rostro agotado.

-¿Insinúas que esa mujer que encontramos en la casa de Dalton? ¿Esa mujer...? Por los calzones andrajosos de Merlín...-Jadeo Hermione tapándose la boca - ¿Entonces es cierto? ¿Se puede revivir a un ser humano?

-No lo sé Hermione, ya no entiendo nada...-Contesto Harry con la mirada perdida y sentado sobre el suelo, demasiado cansado, sin energías.

De repente se escucho el suave aleteo de un pájaro y el sonido de picotazos sobre el cristal de la habitación. Hermione se levanto de la cama y fue hacia la ventana, abriéndola de par en par. Una lechuza parda entro volando con una carta atada a la pata. Hermione se acerco a ella y tomo la carta entre sus manos, algo sorprendida. La lechuza le dio un tierno picotazo en el dedo y luego salió volando por la ventana, perdiéndose en el cielo. Hermione se quedo observando la carta mientras sus ojos se clavaban en aquella reconocida caligrafía.

-¿De quién es Hermione? - Pregunto Ron con curiosidad, Hermione se giro temerosa, con la carta fuertemente agarrada.

-Es de Rose...

Continuara....

¡Mis queridos lectores!

Aquí les traigo el nuevo capítulo actualizado y largo como prometí. Siento no haber podido actualizar el fin de semana pero hasta en vacaciones termino trabajando. Una bailarina de la Opera se lesiono y me llamaron para cubrirla porque el resto se iba de gira a Paris, en fin tuve que estar toda la semana ensayando para actuar el fin de semana, no tuve tiempo de hacer nada más. Espero que me perdonen de verdad.

Bueno, en el próximo capítulo continuaremos con nuestras intrigas y resolviendo misterios. Regresaremos a Hogwarts con nuestra amada tercera generación. Intentare actualizar sobre el próximo miércoles, ahora que estoy más tranquila volveré a actualizar un capitulo por semana.

Espero que no os este decepcionando la historia ahora que comienzan a resolverse todos los misterios, ya saben que son libres de comentar y dar su opinión tanto en lo bueno como en lo malo, pero espero realmente no decepcionarles. Sé que he estado algo perdida y que no he podido actualizar tan seguido como deseo pero por favor, no dejen de apoyar esta historia porque realmente es fruto de mi imaginación para ustedes, sin lectores, esta historia no tiene sentido así que por favor, no dejen de darme su apoyo.

Millones de gracias a esas cuatro personitas que comentaron mi último capítulo: Yo8D, Tatiana Wuisley, Helora y Guada Granger. Son grandes lectoras, no saben cuatro agradezco sus comentarios en cada capítulo actualizado.

¡Nos vemos pronto!

¡No te olvides de comentar! ¡Recompensa mi trabajo con un pequeño comentario!

¡Muchos besos!

Irene

Pluma Cisne.