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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 51
Ambos se encontraban recostados sobre la pared de la celda, con los ojos cerrados. Ella apoyada en su pecho mientras él protegía su rostro con los brazos. El silencio los rodeaba y la oscuridad de la noche cada vez se hacia mas profunda. No era noche de luna y solo las fulgurantes estrellas, alumbraban la triste corteza terrestre. La humedad aumentaba, la lluvia había amainado al fin, pero aun podía escucharse como la tormenta se alejaba hacia el oeste. Una inquietante paz se había alzado después de la tormenta. Ambos jóvenes continuaban sentados sobre el húmedo suelo, unidos por el abrazo de sus cuerpos.
Albus abrió los ojos y su verde mirada se poso en el espacio abierto que había frente a él. Podía sentir la pausada respiración de Viola sobre el pecho. Había conseguido dormirse entre los brazos de Albus mientras él la rodeaba de forma paternal. Con lentitud, para no despertarla, asomo su rostro para observarla. Con una mano, aparto lentamente los mechones de pelo castaño que rodeaban el rostro de Viola. Dormía como si llevase años sin hacerlo; los músculos de su rostro se encontraban relajados, la boca entreabierta desprendía un vaho caliente y aquellos expresivos ojos verde oliva, se mantenían cerrados, escondidos entre sus párpados. Hacia unas horas, aquella joven había caído sobre el suelo, presa de un derrumbamiento total de su conciencia. Solo de recordar aquella escena, el joven palidecía y un nudo de angustia se le formaba en el estomago. Albus suspiro mientras apoyaba su cabeza sobre la pared y cerro los ojos de nuevo, sintiendo las palpitaciones del corazón de la muchacha sobre él. Pero Albus no podía dormir, a pesar del cansancio, del deseo de poder olvidarse de la realidad y adentrarse en el mundo de los sueños, era incapaz de mantener los ojos cerrados durante un rato extenso, enseguida se inquietaba y volvía a abrirlos, presa de aquel estremecimiento, como si algo lo alertase en la oscuridad de la celda. Las palabras de Maro volvían a su cabeza, una y otra vez. Y la imagen de aquellos ojos negros sin pupilas, que se clavaban en la figura de Viola de una forma extraña y melancolía.
-Papa. Donde estas, maldita sea...-Susurro Albus apretando los dientes con rabia y estrechando a Viola con mas fuerza.
Las horas pasaban con lentitud. Albus había perdido el sentido del tiempo, no sabía que día era, ni en que mes estaban. Los días y las noches se alternaban lentamente, torturándole. Aquella cárcel cada vez se hacia mas pequeña, sus muros mas estrechos, al aire cada vez mas cargado. Mantenerse cuerdo en aquella situación era todo un reto. En aquel lugar el tiempo se paraba y los minutos corrían lentos, sin prisa. Tras unas horas de completo silencio, se escucho un suave gemido y Albus abrió los ojos con rapidez. La joven comenzaba a moverse en su regazo. Albus aflojo su abrazo pero no la soltó. La muchacha abrió los ojos lentamente y se quedo observando a su alrededor para luego alzar la mirada hacia Albus. Él chico sonrió suavemente al cruzar sus ojos con los de ella.
-¿Como te encuentras?
-Bien...
- Susurro sin despegar la mirada de él. Se volvió a hacer el silencio. Se quedaron observándose en la oscuridad mientras las sombras desfiguraban sus rostros. Viola abrió la boca varias veces, intentando conseguir que algo coherente se deslizara por su garganta - ¿Tú estas bien? - Murmuro con dificultad, como si le costase alzar la voz. Albus asintió lentamente sin apartar su mirada - Siento haberme quedado dormida...
-Necesitabas descansar, Viola.
-¿Cuanto tiempo he estado durmiendo?
-Unas horas...
-¿Y te has quedado todo este tiempo junto a mii? - La pregunta sonó con suavidad. Albus no contesto enseguida. No se habían movido y continuaban observándose en la oscuridad. Albus asintió con la cabeza lentamente mientras los ojos verde oliva de Viola continuaban viajando por su rostro. El rubor no cruzo las mejillas de Albus y tampoco apareció aquel nudo en el estomago. Estaba tranquilo, sorprendentemente tranquilo.
-Gracias...-Susurro Viola.
-No hay nada que agradecer...-Contesto. Una disimulada sonrisa cruzo el rostro de la muchacha. Albus sintió como un imán lo atraía hacia aquella sonrisa que aparecía tímidamente en la expresión facial de Viola
-Me alegra que estés aquí, conmigo, Albus...-Aquella frase le trajo por sorpresa. El muchacho dejo de observar su sonrisa y alzo los ojos para acariciar los de Viola. El rostro de la muchacha continuaba sucio y manchado por las ya secas lágrimas, pero no le importaba.
-Lo que voy a decir es una locura, pero...-Hizo una pausa mientras una de sus manos se deslizaban por las mejillas de la muchacha - Pero, a pesar de todo, yo también me alegro de estar aquí, contigo, Viola...-Hizo una pausa - Aunque hay formas un poco mas tradicionales de conocerse, ya sabes...como tomar una cerveza de mantequilla en alguna taberna.
-¿Existen las cervezas de mantequilla?
-Por supuesto, no hay nada parecido, su sabor es único - Contesto animadamente - Cuando salgamos de aquí, iremos a beber una cerveza de mantequilla, para celebrarlo- Susurro suavemente mientras una amplia sonrisa se creaba en su rostro. Ambos dejaron escapar una risa relajada, que termino con la desagradable y silenciosa calma de la celda. Viola volvió a esconder su rostro en el pecho de Albus y este la estrecho con suavidad, apoyándose sobre la pared.
-Albus...-El nombre del muchacho se deslizo en los labios de ella con suavidad - Albus es un nombre curioso, me gusta...-Murmuro.
-No te burles... - Contesto el muchacho pellizcando su hombro suavemente. Ambos sonrieron de nuevo y volvieron a quedarse en silencio - Viola, es...es un nombre muy musical...-Susurro. Viola no contesto enseguida, su mirada se perdió en la lejanía de la celda, como si no fuese capaz de compartir lo que estaba pensando con él. Albus la observo con precaución. A veces se sentía tan cercano y a la vez tan alejado de ella.
-Albus...-La voz de Viola sonó frágil y suave como un murmullo. Este contesto con un simple: Dime. Viola se quedo silenciosa unos segundos - ¿Crees que saldremos de aquí algún día? - Pregunto débilmente. La respuesta no llegó enseguida.
-Lo haremos, estoy seguro - Contesto Albus con firmeza mientras su mano derecha acariciaba el enredado cabello de la joven - Tú lo dijiste, no estamos hechos para pasar nuestra vida entre rejas y muros. Saldremos de aquí, con ayuda o sin ella. Te lo prometo, seremos libres - El joven se sorprendió de la firmeza y seguridad de su voz, incluso de las frases que habían fluido de su boca sin ni siquiera pensarlo dos veces.
-Yo he dicho tantas cosas...-Susurro ella más para si misma que para él - Libres. La libertad...-Murmuro -¿Qué es la libertad? - Los ojos de Viola continuaban clavados en la ventana de barrotes por donde se podía ver un trozo de cielo estrellado - Esa palabra antes sonaba en mis oídos como algo grande, universal, que nadie podía arrebatarme, pero ahora...la libertad no significa nada mas que caminar, que correr, que bañarse en el mar...-Hizo una pausa - La libertad de elegir lo que quieres hacer, lo que quieres ser, lo que quieres defender. La libertad de amar, de dar, de recibir. La libertad de pensar, de estudiar, de viajar...-Escondió su rostro en la camisa de Albus mientras ahogaba un suave gemido de llanto - Ahí fuera hay tantas personas con la libertad de actuar....
-Viola...-La voz de él la interrumpió. Albus alzo el rostro de la muchacha y se lo acerco al suyo, quedando a unos pocos centímetros el uno del otro. La respiración entrecortada de la muchacha chocaba contra su piel - Ahí fuera hay muchas personas que creen ser libres, pero no lo son, en uno u otro sentido. Son desgraciadas y desperdician esa ''falsa libertad'' mientras que otros luchan día y noche por un poco de ese regalo. Deja de atormentarte, Viola. No debes creer todo lo que dice Maro, cuando salgas de aquí, encontraras a tu padre y escucharas tu historia de sus propios labios, sus verdaderos motivos. Solo así podrás comprender...
-Tú...Tú... ¿Tú crees que sigue vivo? - Jadeo ella interrumpiéndole.
-Si él es como tu, lo creo, vaya que si lo creo...
-Albus...-Los ojos de Viola estaban aguados, emocionados; observando a Albus con intensidad - Albus yo...yo...yo no se como agradecer....-El muchacho sintió como la bocanada de aire se congelaba en sus pulmones. Se olvido de respirar durante unos instantes. Fue consciente de la cercanía de ambos y de la mullida textura del cuerpo de Viola sobre el suyo propio. Aquel rostro que lo observaba emocionado se clavo en su retina como una visión.
-Yo...Tu no tienes que...quiero decir que tu, que yo...-Albus sintió como las palabras se atascaban en su boca - Viola, tu para mi...- Se volvió a atragantar y se sintió ridículo, inexperto, torpe. Pero Viola continuaba tranquila frente a él.
-Yo para ti...
La muchacha lo observaba, a unos pocos centímetros de su rostro. No se aparto y tampoco él deseaba hacerlo. Las palabras se habían quedado atascadas en ambas gargantas y las cuerdas vocales no eran capaces de resonar. La mente de Albus se nublo durante unos segundos, incapaz de centrar su atención en otra cosa que no fuera ella. Ella. Una corta distancia los separaba, tan pequeña y a la vez tan grande.
Aquellos ojos se clavaron en los labios de Viola, entreabiertos. Lo deseaba, lo deseaba, deseaba hacerlo fervientemente. Jamás había sentido aquella extraña necesidad en su estomago, aquella necesidad de perderse entre la piel, entre los sentidos. Si quería podía hacerlo, ella lo esperaba, esperaba a que sucediese. Lo presentía en su mirada, en su respiración exaltada, en sus labios temblorosos. No pudo esperar más y se abandono a sus sensaciones. Albus se olvido del mundo. Cerró los ojos sintiendo el calor que desprendía la respiración de Viola, sabiendo que no había marcha atrás y que su cuerpo ya no respondía. La estrecho con los brazos, acortando los últimos centímetros que los separaban...
-¡Potter!
Ambos jóvenes se pusieron de pie de un salto, con la respiración entrecortada y exaltada. Albus agarro la mano de Viola y no la soltó. Vieron como el pasillo era alumbrado por varias antorchas y escucharon el sonido de los pasos que se acercaban hacia sus puertas. Un grupo de personas caminaba hacia ellos. Albus estrecho la mano de la joven y se miraron con preocupación. Era tarde, noche cerrada. Volvieron a centrar su atención en la puerta de la celda que en ese preciso momento se abría ante ellos. En el umbral aparecieron cinco hombres encapuchados, enfundados en sus capas negras, solo se les veía la boca, curvadas en una cruel sonrisa. Esta vez fue Viola la que estrecho con fuerza la mano de Albus, como si de repente, presintiese algo.
-¿Interrumpimos?
- Pregunto uno de ellos con voz burlona dando un paso hacia delante. Albus no contesto y el resto de los hombres comenzaron a reír débilmente - Lo siento Potter, siento estropearte la noche, pero me la tengo que llevar...-Señalo a Viola con un dedo. Todos rieron, disfrutando de la burla.
¿Se la tenia que llevar? ¿Ahora? ¿En mitad de la noche? ¿Por que?
-¿Por que? - Pregunto Viola arrugando el ceño.
-Ordenes de Maro - La voz del hombre se endureció y una gota de sudor frío cayo por la nuca del mediano de los Potter. Viola no cambio la expresión, se mantuvo erguida y suavemente deslizo su dedo por la piel de Albus, para luego soltarle la mano lentamente. Dio un paso hacia delante - La quiere solo a ella...- Dijo el hombre con rudeza al ver como Albus se disponía a seguirla. La cólera ardió en el interior del muchacho.
-¿Es que no ha sido suficiente por hoy? - Pregunto con dureza - ¿Quiere infringir más daño? ¡¿Es que no esta satisfecho aun?! - Grito con rabia mientras miraba a los cinco hombres con sus penetrantes ojos verdes - ¿Qué es lo que quiere ahora?
Albus sabia que si Maro deseaba llevársela, lo haría. Él estaba desarmado y nunca se le había dado bien el combate cuerpo a cuerpo, así que por mucho que gritara, Maro terminaría llevándosela, siempre se saldría con la suya, en aquel lugar él tenía el poder absoluto y eso le enfermaba. Pero no quería, se negaba a aceptarlo.
-No es de tu incumbencia Potter. El señor ha ordenado que la llevemos ante él y eso es lo que vamos ha hacer. No nos des mas problemas Potter - Se acerco hasta la muchacha para agarrarla del brazo, pero Albus la agarro primero y la coloco detrás él, presa de un instinto animal. Viola quiso apartarle pero Albus la mantuvo detrás de él - Potter, te lo advierto, sabes que disfrutaría haciéndote daño...-Murmuro alzando la varita y apuntándole con ella.
-Albus por favor, déjame ir...
-No puedo.
-Muy bien, lo estas pidiendo a gritos Potter, veamos cuanto sufrimiento eres capaz de soportar, hijo de Harry Potter - El hombre alzo la varita con una sonrisa macabra en el rostro. Albus trago saliva, siendo consciente de que el dolor le recorrería en pocos segundos y que Viola desaparecería delante de él - ¡Crucia...!
-¡¡No!!
- Viola salió de detrás de Albus, colocándose delante de él con mirada retadora
- No vas a hacer daño a nadie. No vas a tocarle ni un pelo de la cabeza... -Murmuro sin apartarse - Si Maro quiere verme, no me voy a esconder. Yo también siento curiosidad por saber qué es lo que quiere... - Contesto con fiereza. La sonrisa del hombre encapuchado se ensancho con satisfacción - No perdamos más tiempo...
-Viola...
-Estaré bien...
-Cállate y camina - Le ordeno el hombre encapuchado, agarrándola del brazo con fuerza.
La muchacha intento soltarse pero dos hombres la agarraron de las muñecas. Viola compuso una mueca de dolor al sentir como la aferraban y tiraban de ella. Albus vio como la arrastraban sin contemplaciones y la ira volvió a recorrerle de arriba abajo. Instintivamente fue hacia ellos, con el simple deseo de apartar a Viola de aquel grupo de animales. Pero antes de que le diera tiempo de hacer nada, un hechizo le golpeo en el pecho y cayó hacia tras, golpeándose la espalda y la cabeza contra la pared. Se escucharon varias voces a su alrededor, riéndose y burlándose de él. Albus resbalo, cayendo sobre el suelo casi inconsciente por el golpe. Intento levantarse, pero el dolor de cabeza era más grande que su voluntad.
-¡Albus!
-Eres patético Potter.
Albus tendido sobre el suelo, escucho el grito de Viola que se alejaba. Vio como su figura se perdía en la lejanía y la puerta de la celda se cerraba delante de ella. La luz de las antorchas desaparecía y volvió a quedar sumido en la oscuridad. El sonido de los pasos también comenzó a perderse, hasta que el silencio volvió a rodearle. Albus sintió las frías baldosas bajo su cuerpo y un pequeño hilillo de sangre caliente que caía sobre el suelo, la herida del labio se había abierto de nuevo. Cerró los ojos. Volvía a estar solo. Completamente solo.
Eso es todo...
El silencio se había hecho con el control del despacho. Los adultos miraron a los jóvenes, esperando una reacción que no llegaba nunca. Harry acababa de terminar de explicar la historia desde el comienzo hasta el final. Incluso los retratos habían sido silenciados mientras la tranquila voz de Harry se extendía por el despacho. James tenía los ojos clavados en su padre y su expresión era de alivio y a la vez de completa emoción, el puzle empezaba a encajar ficha por ficha. La profesora Mcgonagall se había colocado detrás de la mesa del despacho y observaba a los presentes con aquella expresión severa que la caracterizaba. Rose, Lily y Hero se habían sentado sobre una de las escalinatas de piedra mientras que los merodeadores se apoyaban sobre las columnas con la mirada perdida, digiriendo toda la información. Lysander continuaba acariciando a los animales sin apartar sus ojos saltones de la figura de Harry.
-Eso es todo...-Repitió Harry poniéndose de pie - Hemos confiado en vosotros y espero que todo esto quede entre nosotros, espero que se mantenga en secreto. Ya hay suficientes problemas en Hogwarts, los alumnos del colegio deben abstenerse de saber más, lo primordial es proteger estos muros y los que viven en él. ¿Esta claro? - Sus ojos se clavaron en James.
-Si - Contestaron todos en coro.
-Señor Potter. El señor Smith viene de camino a Hogwarts con una carta de los jueces del Wizengamot, señor - Uno de los retratos de los antiguos directores de Hogwarts que se había esfumado minutos antes de que Harry comenzase a relatar la historia, apareció de repente. Aquel director tenía un doble retrato en uno de los despachos del Ministerio de Magia - Creo que trae la condena del profesor Schneider, señor Potter...- Harry se puso de pie enseguida y miro a la directora con confusión.
-¿Condena?
-Temía que llegara este día Potter, pero era inevitable. El profesor Schneider será llevado a Azkaban...
Hero sintió como un enorme trozo de hormigón caía sobre su espalda y la aplastaba lentamente. Tantas emociones la habían hecho olvidar por completo que su hermano debía ser juzgado en el tribunal de los magos del Wizengamot. Aún así lo había presentido desde el principio, había intentado mentalizarse para que la noticia no fuera dolorosa, pero al final la tristeza la corroía por dentro, presente en cada poro de su piel. Sintió como los ojos de todos los presentes se clavaban en su pálida figura y quiso escapar de allí, desaparecer. James al otro lado del despacho, sintió un nudo en el estomago al ver como el rostro de Hero se contraía por minutos.
- Lo siento señorita Eyre, me temo que no puedo hacer nada...- La voz de la directora transmitía verdadera tristeza. Hero quiso disimular una triste sonrisa pero el gesto se quedo en una simple mueca. Bajo su pequeño rostro, quiso tapar su triste expresión con sus largos cabellos, pero habían desaparecido. Lily y Rose a su lado, la estrecharon suavemente.
-No pueden llevárselo, ese hombre aun nos puede ayudar...-Contesto Harry con firmeza.
-Potter es mejor que te vayas, el ministerio está intentando atraparte y estas en el lugar menos apropiado para que te encuentren. No puedes meterte en más problemas, te necesitamos Potter - Contesto Minerva con severidad, clavando sus ojos sobre la figura de Harry - Lo mejor será que desaparezca - Harry quiso hablar pero la directora volvió a interrumpirle - Tendrá que esperar unos días a que todo se calme. ¿O quiere que le encierren por saltarse las normas? Así no podrá ayudar a su hijo, Potter...
-Estoy de acuerdo con usted Minerva - Hermione se giro hacia Harry - Harry debes marcharte. Si el ministerio se da cuenta de que sigues investigando y que no te has tomado enserio su decisión, te vas a meter en problemas Harry. Te han suspendido, no lo olvides...
-No se me ha olvidado Hermione - Contesto Harry con el ceño fruncido.
-¡Pero es injusto! - Dijo James con las mejillas encendidas por el enfado - Como pueden tratarle así después de todo lo que ha hecho - Harry se acerco, sonriendo débilmente y despeino el cabello azabache de su hijo con una mano - No es justo...-Murmuro el muchacho. Nadie dijo nada, todos sabían que lo que estaba sucediendo no era justo para nadie.
-Señor Potter, se acercan...-Aviso el retrato.
-Harry tienes que marcharte...-Murmuro Ginny a su lado. Harry alzo la mirada para clavarla en la directora. Había tomado una decisión y Mcgonagall lo supo. La directora suspiro débilmente al darse cuenta de que no había forma de hacer entrar en razón a ese cabezota - Harry que vas a hacer...-Murmuro Ginny al darse cuenta del intenso brillo de los ojos de Harry.
-James...-Harry se giro hacia su hijo mayor - ¿Quieres ayudarme? - El rostro de James se encendió de felicidad y asintió con la cabeza frenéticamente. Ginny arqueo una ceja al escucharle - Necesito que vengas conmigo y que te lleves la capa invisible...-Le susurro en el oído - ¿La tienes aquí? - James sonrió burlonamente y ambos se entendieron en cuestión de segundos. Harry se giro hacia Ginny - Márchate, yo te seguiré en cuanto pueda...
-Harry que vas a hacer...
-Pueden salir por uno de los pasadizos que llevan al exterior. Smith no los vera - Comento Neville mirando a Ginny, Ron y Hermione - Pero tenemos que darnos prisa, van a llegar en cualquier momento - Neville se alejo hacia la puerta del despacho seguido de Ron y Hermione. Ginny miro a su marido y luego a su hijo, beso la frente de James y dio media vuelta para perderse en las escaleras de la gárgola.
-Señorita Weasley, lleve al resto de alumnos a sus dormitorios, en silencio y sin armar escándalo - Ordeno la directora. Rose asintió con la cabeza y comenzó a alejarse hacia la salida, seguida del resto. Lily ayudo a que Hero se levantase, la muchacha continuaba pálida como una estatua. Los merodeadores se giraron para mirar a James por última vez; este les sonrió y se despidió con la mano para infundirles tranquilidad. Cuando el último de la fila se perdió por las escaleras, Minerva clavo su severa mirada en Harry.
-Espero que sepas lo que estás haciendo Potter
- Harry y James se miraron sin tener muy claro a cuál de los dos Potter se dirigía.
Minutos más tarde, James caminaba solo por el pasillo del tercer piso. Llego hasta las escaleras en movimiento y subió el peldaño de una que llevaba hacia el hall de entrada. Los retratos dormitaban mientras la luz de las velas se hacía más tenue y suave. La escalera se movió lentamente hacia la derecha, hasta llegar el destino final de su viaje. James bajo las escaleras y continuo su camino, hasta llegar al hall de entrada. Sus pies torcieron hacia la izquierda, guiándole hacia el pórtico de piedra que llevaba a las mazmorras. La humedad recorrió su cuerpo a medida que ascendía. La luz de los candelabros se había vuelto tenuemente verdosa y el sonido de sus pasos se escuchaba con mayor claridad. Los laberínticos pasillos de las mazmorras estaban desiertos.
-Se me había olvidado lo que era caminar encorvado debajo de esta capa...-Murmuro una voz a su alrededor. James no se asusto, si no que por el contrario, dejo escapar una sutil sonrisa burlona.
Torció hacia la derecha con seguridad, sabia hacia donde se dirigía. Comenzó a caminar con más cuidado, para evitar el sonido de sus pisadas sobre las húmedas baldosas. El muchacho se pego a la pared mientras recorría el final del pasillo. Lentamente asomo la cabeza por una de las esquinas; pudo vislumbrar a tres aurores protegiendo la celda donde se encontraba el profesor Schneider. Se quedo quieto, esperando a que algo sucediera, en silencio. De repente, un hechizo salió de la nada y golpeo al primer auror, el segundo miro hacia todas partes asombrado, alzando su varita algo temblorosa, pero enseguida otro hechizo le golpeo el pecho, el tercero se quedo mirando el cuerpo de sus compañeros y salió corriendo en dirección contraria. Cuando el sonido de los pasos del último auror dejó de escucharse, James salió de su escondite.
-¿No crees que te has pasado? - Pregunto con una sonrisa burlona mientras se dirigía hacia el pasillo desierto. Harry apareció de la nada con la capa de invisibilidad en la mano - ¿Qué les has hecho? - James se acerco a los dos cuerpos inertes y los observo con curiosidad.
-Tranquilo, solo los he aturdido...-Contesto Harry.
-¿Señor Potter?
La pregunta se quedo colgando en el aire, provocado por el eco de las mazmorras. Padre e hijo se giraron con rapidez. Una luz mortecina se colaba al otro lado de la celda. Tras los barrotes pudieron ver el pálido rostro del profesor Schneider, observándoles con aquellos ojos azules tan misteriosos. James arrugo el entrecejo y siguió a su padre hacia la puerta de la celda. Harry se asomo y le hizo una señal para que Schneider se acercase. El preso arrastro los pies, encadenados por unos grilletes de hierro forjado. Harry no dijo nada, espero a que Schneider se acercase lo suficiente.
-¿Por qué ha venido?
-Necesito su ayuda...
-Ya le dije todo lo que sabía señor Potter.
-Esas mariposas, necesito que me diga como destruirlas.
El profesor Schneider se quedo unos segundos en silencio. Bajo la pálida luz de la noche, su rostro angelical se oscurecía y las sombras de su pasado le rodeaban. Aquellos ojos azules se clavaron en James durante unos segundos y el muchacho palideció, sintiendo como aquellos ojos lo examinaban en la lejanía. ¿Se habría dado cuenta de los sentimientos que albergaba por su hermana? Schneider aparto la mirada y se dirigió hacia Harry. Su rostro mostraba total tranquilidad, total seguridad, el miedo no se expresaba en su rostro.
-¿Por qué debería conocer la forma de destruirlas?
-Porque ambos sabemos que es un buen hombre - Contesto Harry sin pensarlo dos veces. James abrió los ojos con sorpresa y miro a su padre sin poder creer lo que oía
- Se puso bajo los órdenes de Maro para encontrar a alguien, a alguien al que deseo proteger desde el primer día en que la vio. Quizás el camino que eligió no fue el más honrado, pero cada decisión que ha tomado, cada camino que ha elegido, ha sido siempre para acercarse a ella, siempre ha sido pensando en ella...-James supo que estaban hablando de Hero. La expresión de Schneider seguía siendo impasible - Al igual que sabemos que decidió aceptar la propuesta de Maro para introducir las mariposas en Hogwarts y controlar a Scorpius, también se, es más, estoy seguro de que también descubrió lo que eran y su cura...
-Es usted muy perspicaz señor Potter. Pero yo le dije en el interrogatorio que no sabía de la existencia de dichas mariposas.
-Mintió, no quería que se corriese de la voz. Quería protegerla de Maro. Si Maro supiese que lo había traicionado, si Maro supiese que usted descubrió lo que solo él y el profesor Dalton sabe, no dudaría en destruirle y en destruirla a ella...-Contesto Harry con tranquilidad - ¿No es así? - Se hizo el silencio de nuevo.
-Me ha descubierto - Una sonrisa se creó en el rostro de Schneider. Sus dorados rizos bailotearon delante de su frente - ¿Como lo ha conseguido? - Pregunto sin poder esconder su curiosidad.
-La mirada que le dirigió a Hero Eyre, es una mirada que yo también conocí en el pasado- La imagen de Sirius Black apareció en su mente y sonrió débilmente al recordar la primera vez en la que su padrino le había expresado su deseo de que viviese con él - Por mucho que quiera esconderse, no puede esconderse de mí, señor Lessexs - Era la primera vez que alguien le llamaba por su verdadero apellido.
-Es usted sorprendente - Contesto él con voz relajada - Lo respeto como mago y por eso se lo diré Potter, pero con la condición de que Hero sea protegida. Mi parentesco con ella debe quedar entre las paredes de este castillo y entre las personas que acudieron al interrogatorio. Mi historia también debe mantenerse en secreto. Nada puede filtrarse y mucho menos llegar a oídos indeseados. ¿Ha quedado claro?
-Como el agua...
-También va para usted, señor Potter - Murmuro dirigiéndose hacia James y volviendo a clavar sus ojos azules en la figura del muchacho. James trago saliva y asintió con la cabeza, sin abrir la boca, manteniéndose detrás de su padre.
-Bien - Schneider hizo una pausa y se acerco un poco más a los barrotes - Hay un nido, tiene que haber un nido dentro de castillo, donde esas mariposas se reproduzcan y mueran. Se alimentan del miedo y de la confusión cuando no se encuentran en su medio ambiente, es su forma de protegerse. A estas alturas, el nido debe ser muy grande y tiene que haber una reina madre, seguramente sea la más grande. Hay que matarla. Si se la mata, la unión, la conexión con Maro se romperá.
-¿Y el morirá?
-No, se debilitara, lleva mucho tiempo conectado a la energía que le conceden las mariposas, pero no morirá. Su poder se funda en el miedo, las dudas, por eso conoce tan bien las debilidades del ser humano, porque las bebe gracias a las mariposas. El principal objetivo, es destruir el nido de mariposas.
-¿Y no sabes dónde pueden estar? - Schneider negó con la cabeza.
-Bueno matar mariposas, no parece tan difícil - Murmuro James con optimismo.
-No tan rápido joven Potter. No hay nada más peligroso que adentrarse en un nido de mariposas Teufel, porque aquí el enemigo se vuelve uno mismo, la mente te jugara una mala pasada. Nadie ha sobrevivido a la oscuridad de su propio yo....-Susurro. James sintió como los pelos de la nuca se erizaban repentinamente sin darse cuenta - ¿No es así señor Potter? - Harry no contesto, su semblante se había ensombrecido.
-¿Y los alumnos? ¿Qué sucederá con ellos?
-Si no consiguen vencer la lucha interior contra su propio yo. Morirán - Se hizo el silencio. Un silencio completo y doloroso. Harry y James bajaron la cabeza a la vez, en un gesto completamente sincronizado - Aunque puede que algo les ayude contra los demonios de su propia conciencia...-Alzaron la mirada con rapidez, la esperanza apareció en sus ojos - Sangre de unicornio.
-¿Sangre de unicornio?
-La sangre de unicornio significa la pureza, la luz, su magia es más poderosa y más antigua que las propias mariposas. Pero el unicornio no debe ser asesinado, porque si no esa magia no surte efecto. Debe ser donada por el propio unicornio...
-¿Y cómo conseguiremos que un unicornio done su sangre?
-Hogwarts aún cuenta con la ayuda de un guardabosque algo especial ¿Por qué no se lo preguntáis a él?
-Hagrid...
De repente se escucho un sonido de pisadas que se dirigían directamente hacia ellos. Alguien se acercaba con rapidez. Seguramente Smith ya había llegado al colegio y se había enterado del ataque a los aurores que custodiaban la celda del profesor Schneider. Harry deseo que Ginny, Ron y Hermione se hubiesen puesto a salvo y hubieran salido del colegio por el pasadizo que llevaba hacia la casa de los gritos. James se giro a su padre e intento colocarle la capa sobre los hombros, el miedo se podía percibir en su rostro.
-Papa deber esconderte, ponte la capa - Murmuro con nerviosismo. Pero Harry se giro hacia Schneider sin hacer caso de las suplicas de su hijo - Papa por Merlín, vas a conseguir que te encierren en Azkaban como no te escondas ahora mismo...
-¿No tiene una ligera idea de donde se puede encontrar Maro? Tiene a mi hijo...
-Lo sé y lo siento señor Potter. Maro no revela sus planes, ni siquiera a sus más leales siervos. Pero puede que...
Los pasos se acercaron excesivamente y James arrastro a su padre hasta esconderlo en una esquina. Sin darle tiempo a poder decir nada más. Tapo ambos cuerpos con la capa invisible y se quedaron en silencio, expectantes, sintiendo como la sangre bombeaba en sus arterias. Los cuerpos de los aurores inconscientes seguían tirados sobre el suelo. Los pasos ya estaban aquí y un grupo de hombres armados con sus varitas aparecieron por una de las esquinas de los pasillos. Smith encabezaba el grupo. Su rostro mostraba indignación, estaba fuera de sí, completamente encolerizado. James y Harry se pegaron a la pared, intentando que ninguno de aquellos hombres los rozara al pasar y se dieran cuenta de su presencia. La capa los seguía protegiendo de las miradas indeseadas pero no podían dejar de sentir aquel desasosiego en el pecho.
-Maldita Mcgonagall, estoy seguro de que prestado ayuda a ese desgraciado de Potter - Murmuro Smith mientras observaba los cuerpos de los dos aurores - Ayúdenlos y llévenlos a la enfermería - Ordeno con voz autoritaria y nada amable. Cuatro aurores tomaron los cuerpos de sus compañeros y se perdieron por el pasillo de la derecha. Smith se acerco hasta la puerta de la celda, donde debía estar Schneider - ¿Y dime Lessexs, te gusta tu nuevo hogar?
-Sabe quién es...-Susurro James con el ceño fruncido - Parece que en Hogwarts las paredes siguen hablando. Voy a tener que visitar a algún que otro cuadro para que mantengan la boca cerrada - Harry asintió con la cabeza porque se trataba de una realidad.
-¿Has visto a Potter?
Silencio
-¡Contesta!
-Silencio
-Muy bien, no importa, ya le atraparemos de alguna u otra forma. Potter adora saltarse las reglas, tarde o temprano caerá
- Dejo escapar una risa burlona - Aun que quizás mañana, cuando te enfrentes al beso del dementor, quizás entonces, te lo pienses y nos digas que le has dicho a Potter - La voz de Schneider seguía muda y Smith se impaciento, perdía la paciencia por segundos - Oh sí, ya basta de que Mcgonagall y Potter te anden protegiendo, ahora te enfrentas al ministerio...
-No tengo miedo, señor Smith.
-No tienes miedo, que valiente - Contesto con sorna - Y dime... ¿Qué le has dicho a Potter? ¿Le has dicho la verdad? ¿Qué sirves a los Malfoy? - Silencio - No vas a contestar. Muy bien. ¡Saquéenlo! - Ordeno - Te llevaremos a una de las torres, por tu seguridad. Hogwarts está vigilado, mañana tienes que estar vivito y coleando para que los dementores se diviertan contigo, están hambrientos, llevan años en el exilio. Quizás, te demos una última oportunidad, si deseas cooperar Schneider...-Harry y James habían palidecido por completo - ¿A que están esperando? ¡Saquéenlo de ahí!
Agarraron a Shneider y lo sacaron de la celda. Este no opuso resistencia. Antes de perderse por una de las esquinas del pasillo, Schneider giro su dorada cabellera y clavo sus ojos azules en la esquina donde se encontraban Harry y James escondidos bajo la capa invisible. Los dos Potter sintieron como las pupilas de aquel joven se dirigían directamente a ellos. Tragaron saliva mientras la sangre recorría sus venas, bombeando con fuerza. Pero Schneider no dijo nada, giro su rostro y continúo caminando junto con el resto de aurores que lo respaldaban. Los pasos se fueron alejando poco a poco y el silencio se hizo a su alrededor. Los minutos pasaron, pero Harry y James seguían debajo de la capa, demasiado sorprendidos como para poder reaccionar. Al final, James aparto la capa y respiro una bocanada de aire fresco. Se pusieron de pie, algo temblorosos. James fue el primero que se atrevió ha hablar.
-Papa, Schneider...
-Lo se James, lo se...
-Hay que salvarle, tienes que hacer algo. ¿Los dementores no estaban desterrados? ¿Los besos de dementor no estaban prohibidos? - James no comprendía nada, se movia de un lado a otro, desorientado, perdido - ¿Que le van ha hacer? ¿Como puede el ministerio permitir algo así?
-James, todo esta cambiando, necesito que te tranquilices - Harry agarro los hombros de su hijo mientras le obligaba a mirarle - ¿Estas mas calmado? - James asintió torpemente con la cabeza - Voy ha hacer algo James, pero esta vez necesito tu ayuda, no puedo hacerlo yo solo, tengo que seguir buscando a Albus...-Una sombra cruzo los ojos de Harry. Sabia que si Ginny se enteraba de esto, le asesinaría, pero no tenía otra opción, debía confiar en las cualidades de James
- Una vez te dije que cuando necesitara tu ayuda te la pediría - James asintió con la cabeza - Bien. Tienes que salvar a Schneider. James, mañana tienes que salvar a Schneider...
Albus se encontraba encerrado en la profunda oscuridad de su mente. Habian transcurrido horas desde lo ocurrido con Viola, horas que para él habian sido eternidades. Los primeros rayos de luz solar aparecían entre las rendijas del ventanal con barrotes. Albus se quedo observando las figuras cristalinas que se formaban en el suelo gracias a la luz. No sabía nada de Viola, no sabía que podría haberla sucedido ni porque Maro quería verla. La duda le carcomía por dentro. ¿Y si Maro había decidido terminar con la vida de Viola? Albus se estremeció de tan solo pensarlo. La imagen del cuerpo sin vida de la muchacha provoco que el joven cerrase los ojos y apretase los puños con fuerza.
No podía ser, era imposible, ese no era el final. Maro no la mataría, aun la necesitaba, aun la necesitaba...
-Por favor
- Albus se tapo la cara con las manos mientras suplicaba al silencio. Deseando que sus mayores temores no fueran ciertos - Por favor, que no esté...-Se atraganto. Era incapaz de decir aquella palabra, era totalmente incapaz. Por primera vez en su vida, temía a la muerte. Por primera vez, la sentía cercana, presente, camuflada entre aquellas paredes. Por un momento, odio la existencia de la muerte con toda su alma.
-Potter
- Albus se sobresalto, poniéndose en pie con rapidez. Había estado tan perdido en sus pensamientos, en sus miedos y en sus negros presagios, que no había escuchado como un grupo de hombres llegaba hasta su puerta y la abría - Maro quiere verte, ahora...-Albus sintió como el sudor frio caía por su frente. El temblor llego hasta sus rodillas - ¿Es que no me escuchas Potter? ¡Reacciona Potter!
-Le he escuchado perfectamente.
Albus salió con el rostro pálido, escoltado del grupo de hombres encapuchados. Caminaron por los pasillos de las celdas, en silencio, haciendo resonar sus pisadas. Pero Albus solo podía pensar en Viola, en aquel momento antes de que se la llevaran, en su rostro, sus ojos, sus labios. Volvió a escuchar su grito alzándose en al aire, diciendo su nombre mientras se la llevaban a rastras. La ira cruzaba su estomago y se aposentaba en su cerebro. Subieron unas escaleras y llegaron a la superficie. La luz del sol le dio de lleno en los ojos. Albus se quedo observando a su alrededor, aquel hall destrozado, lleno de ruinas de piedra y antiguos muebles, todo se había vuelto tan familiar, llevaba semanas viendo aquellas ruinas en mitad de un paraje desolado. Pero nada llamo su atención, porque sus ojos se habían clavado en aquel portón de madera oscura. La ira se convirtió en miedo, en terror, en dolor. Las puertas se abrieron lentamente y Albus se adentro en el recinto, en aquel conocido y familiar salón de baile de piedra oscura, con una chimenea al final de la sala. Pero el salón estaba vacío, no había rastro de Viola. El nudo que se había comenzado a formar en el estomago de Albus creció, aumento y el miedo traspaso sus ojos. Las rodillas comenzaron a fallarle y temió que su cuerpo se desplomara sobre el suelo.
No podía ser verdad, ella no podía estar...
-Potter, bienvenido - Una sombra oscura apareció de la nada. Albus no tuvo que enfocar la vista, reconocía esa voz, esa voz que se había clavado en lo más profundo de su alma, esa voz que reconocería en cualquier parte del mundo - Parece que no te sientes bien...-Las manos de Albus comenzaron a temblar. Solo fue capaz de decir una cosa, porque era lo único que necesitaba saber.
-Ella...
-¿Ella?
- Una sonrisa se creó en los labios de Maro - Mi querido Albus. Te dije que no debías implicarte tanto con esa muchacha, mira en lo que te has convertido. En un ser reducido al instinto animal, temblando de rabia, de odio, de miedo. ¿Eso es lo que quieres ser Albus? - El muchacho continuaba en el centro de la sala con el rostro pálido como la muerte y la mirada clavada en la sombra que se movía de un lado para otro, en la oscuridad - Te avise, te dije que no debías cogerla cariño. Ella no te pertenece y jamás te pertenecerá, ella ha sido una criatura nacida para complacerme y su recorrido por esta vida ha llegado a su fin...
-Que has hecho con ella...
-¿Quieres verlo? - La sombra de Maro se dirigió a la luz. Los rayos del amanecer iluminaron la oscura figura del mago. Sus ojos negros, profundos como dos cuencas vacias, lo observaban desde la lejanía. Su palidez era inhumana y su plateado cabello caía en cascada por sus hombros. Una sonrisa de satisfacción se había formado en su rostro -¿Estas seguro? - Albus sintió como su cuerpo se convulsionaba por el miedo, aquella pesadilla se alargaba de forma interminable.
-¡Que has hecho con ella!
Maro chasqueo los dedos y las puertas volvieron a abrirse. Albus se giro con el corazón encogido. Los rayos de luz entraron a raudales y Albus tuvo que taparse los ojos. De repente, una voz le recorrió de arriba abajo mientras una presencia fría como el hielo pasaba junto a él. Mírala Potter, contémplala. Susurro aquella voz en el oído de Albus. El muchacho fue abriendo los ojos lentamente, alzo la mirada y la enfoco en el portón de madera. La saliva se seco en su garganta y el corazón dejo de latir. Alguien caminaba hacia él, cargando con algo entre los brazos. Era el cuerpo de una muchacha, ataviada con un vestido blanco, una túnica larga que llegaba hasta sus pies descalzos. Podía distinguir como sus brazos colgaban, meciéndose en la nada. Su cabello castaño caía a raudales, balanceándose en el vacio mientras su cabeza caía hacia tras. El hombre llego hasta Albus y deposito a la muchacha en el suelo, frente a él. El silencio era completo. El cuerpo inerte de Viola yacía sobre las baldosas de piedra. Su rostro estaba limpio de suciedad, al igual que su cabello y su cuerpo, ataviada en aquel vestido de gasa blanca. Sus ojos expresivos, aquel par de ojos verdes habían sido cerrados. Por primera vez, Albus pudo distinguir la lúcida y limpia piel de aquella muchacha. Pero la palidez de la muerte la rodeaba.
-No…-Jadeo el muchacho sin fuerzas.
Las rodillas de Albus temblaron mientras su rostro se descomponía de dolor. Cayó sobre el suelo, junto a ella. Con lentitud, tomo el cuerpo flácido de Viola y lo acuno entre sus brazos. Escondió su rostro en el cabello castaño de la joven mientras las lágrimas comenzaban a salir de sus ojos, cayendo sobre la piel de la muchacha como cascadas de agua salada, incapaz de retenerlas mucho más tiempo. En silencio continuaba a su alrededor. Nadie interrumpió la escena, todos se habían retirado de la sala. Solo unos ojos negros observaban desde la oscuridad. Solo unos ojos negros fueron testigos de aquellas lágrimas amargas, derramadas sobre el cuerpo inerte de Viola Dalton.
Continuara…
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¡Mis queridísimos Lectores!
Aquí estoy con el nuevo capítulo. Trece paginas que espero que os hayan hecho disfrutar y sobretodo, espero que continúes con deseos de seguir leyendo. Esta vez no voy a comentar nada respecto a l capitulo, quizás por este final tan dramático e inesperado, lo dejare a vuestro criterio, quiero saber cómo os ha afectado y que teorías tenéis, por lo tanto espero ferviente a leer sus comentarios con vuestra opinión.
En el próximo capítulo ¿James conseguirá rescatar a Schneider y salvarle de su amargo destino? Veremos que sucede…tengo la sensación de que el personaje de Schneider está muy influenciado por dos personajes. Sirius Black y Severus Snape. ¿Qué creen?
Millones de gracias a mis nuevos lectores, cada vez somos más y eso me hace muy feliz. Agradecer a esos nuevos lectores que se animan en cada capítulo a dejar su opinión y mis más sinceros respetos a esos lectores que comentan un capitulo tras otro sin cansarse jamás.
Dentro de cuatro días me iré a Inglaterra de gira. No me lo puedo creer, tengo muchísimas ganas y es un país que admiro completamente. (Se nota no?) Vuelvo después de cuatro años y estoy deseándolo. Ya os explicare que tal mi experiencia por Londres y el sur de England. Bueno, dependiendo de los comentarios y de la energía de mis lectores, quizás actualice a finales de esta semana, antes de irme a Inglaterra. ¡Depende de ustedes! (¿Eso no se llama chantaje?) jajaja
¡Así que anímate y deja tu comentario! ¡Cinco minutos de tu tiempo y me harás muy feliz!
Muchas gracias a todos.