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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 53

Aquella noche, soplaba el viento frio del norte, arrastrando un olor primaveral de las laderas de las montañas. En Godric's Hollow la lluvia había amainado por momentos y la humedad era palpable por todas partes. La oscuridad se cernía sobre los callejones empedrados, las aceras se encontraban solitarias y las casas en fila, de jardín cuadrado,  techo de madera y piedra, se encontraban apagadas. El bar había cerrado sus puertas y las luces en la plaza titilaban a punto de apagarse. El cementerio del pueblo se expandía junto a la iglesia, arropado por lo frondosos árboles de hojas perennes. Era ya noche cerrada y la tranquilidad rodeaba aquellos parajes solitarios. Solo una casa mantenía las luces encendidas en el primer piso. Se podían percibir los suaves brillos del color anaranjado detrás de las cortinas. En el letrero colgado sobre la pequeña puerta de madera que daba al jardín de la casa, se podía leer '*'Potter''.*Varias figuras borrosas caminaban de un lado para otro del salón encendido. Una de ellas se acerco a la ventana y aparto la cortina con una mano, asomo su rostro y se quedo observando el exterior de la casa. La calle continuaba completamente desierta, solo un gato negro encaramado a la verja de la casa continua fue testigo de la triste mirada de aquella figura asomada a la ventana.

-Ginny es la octava vez que miras por la ventana. Ven, he preparado un poco de té verde con leche, está caliente, te sentara bien  - Murmuro una voz desde el interior. Un suspiro salió de los labios de la mujer que observaba por la ventana, se aparto del cristal por octava vez consecutiva. El calor del fuego caldeaba la estancia y algunas velas iluminaban el pequeño salón rupestre.

-Ese Harry se va a enterar…-Murmuro acomodándose sobre el sofá junto al fuego. Hermione le tendió una taza de té humeante mientras se sentaba en el sofá continuo - No hay derecho…

-Harry está bien…

-Ya sé que Harry está bien - Contesto Ginny cortante - Pero no tiene  derecho a mantenernos con esta angustia. Un día entero sin aparecer, sin dar señales de vida. Lo siento Hermione, pero cuando Harry ponga un pie en esta casa, se le va a caer el pelo, literalmente hablando…-Hermione evito sonreír mientras la señora Potter sorbía el te lentamente. Las mejillas de Ginny Potter se encontraban tan sonrojadas como su flamante cabello pelirrojo.

-¿Ginny? -  El redondeado rostro de Ron Weasley apareció por la puerta de la cocina - ¿Aun tienes ese estofado que preparo mama el otro día? - Ginny no le miro pero asintió lentamente con la cabeza mientras sus ojos se perdían en las brasas rojizas de la chimenea. Por el contrario, Hermione le lanzo una mirada indignada a su marido.

-No es momento para ponerse a comer Ron, ni de asaltar la nevera - Murmuro desde su asiento - Si quieres tomar algo, he preparado te - Ron compuso una mueca de disgusto pero Hermione no cambio su actitud. Tras sopesarlo unos segundos, Ron abandono sus deseos de un plato de estofado y se sentó junto a Ginny mientras tomaba una taza de té - El té verde es bueno para la salud  - Murmuro al ver como Ron componía una mueca al observar el liquido en el interior de la taza.

-Esto me recuerda a las clases de adivinación…-Murmuro Ron. Hermione puso los ojos en blanco.

-¿De verdad no comento nada? ¿Nada en absoluto? - Pregunto Ginny de nuevo.

-Harry no nos explico nada, salimos del despacho de Minerva antes que él. Íbamos delante de ti, si nos hubiese dicho algo habrías estado presente, Harry no te oculta nada - Contesto Hermione dejando la taza de té sobre la mesita.

-Presiento que algo va mal…-Murmuro Ginny con la mirada perdida.

-Ron deja de echarte azúcar, vas a conseguir que el té se te vuelva una montaña de granos blancos - Le regaño Hermione al ver como Ron se echaba el quinto terrón de azúcar. Ron compuso una mueca y sorbió el té a regañadientes.

-Debería haberme quedado con él…

-Deja de atormentarte Ginny, Harry está bien, han pasado cosas peores. Aun que debo reconocer que empiezo a impacientarme - Comento Hermione observando el reloj que había sobre la repisa de la chimenea. Acababan de dar las tres de la mañana - Me gustaría hacerle saber que ya encontré el antídoto para el polvo de la mariposa Teufel, estuve todo el día investigando y para que - Resoplo.

-Deberías enviar una carta a Hogwarts,  enseguida, explicándole a Minerva lo que tiene que hacer o podrías ir al colegio y explicárselo en persona, ambas alternativas son validas - Comento Ron - Tienen que enterarse enseguida Hermione, la sangre de unicornio es difícil de conseguir y cuanto antes se hagan con ella, antes podrán ayudar a los estudiantes afectados.

-Es lo más inteligente que te he oído decir en toda la noche…-Comento Ginny, Ron arrugo el entrecejo.

-No voy a viajar hasta Hogwarts a estas horas de la madrugada y tampoco voy a dejar a tu hermana en estos momentos, al menos esperare a que aparezca Harry - Ginny sonrió débilmente y se lo agradeció con un apretón de manos.

Se quedaron en silencio, sentados sobre los sofás y con las tazas de té humeantes en las manos. El tiempo pasaba lentamente, el sonido del reloj se hacía cada vez más sonoro y las llamas del hogar se iban apagando lentamente. El sopor los iba a adormilando poco a poco, la cabeza de Ginny resbalo hasta caer sobre el hombro inclinado de Ron, quien ya roncaba sonoramente con la boca abierta. Hermione por su parte había decido pasar el tiempo  leyendo algún libro de la pequeña biblioteca de los Potter, pero  lentamente, sus ojos se iban cerrando, ignorando los deseos de su dueña. El silencio se hizo por completo, las luces de las velas se extinguieron y solo quedo el suave resplandor de una chimenea casi apagada. El reloj dio las cuatro y media de la mañana. Los tres adultos habían sucumbido al sueño, la calma invadía el espacio. Nadie podía sospechar que algo se acercaba, silencioso, sin que nadie se percatase. De repente, rompiendo con la calma de la estancia, se escucho un sonoro chasquido en el jardín de la casa. Ginny se levanto de un golpe y corrió hacia la puerta de entrada. Hermione la seguía por detrás con el pelo revuelto y las marcas del libro sobre el que se había quedado dormida, dibujadas en la mejilla.

-Harry…-Susurraba Ginny.

Ginny llego a la puerta de entrada y la abrió de un tirón, la luz de una farola la golpeo el rostro. Una figura estática los esperaba en el rellano de la casa. Un hombre, con una capa de viaje marrón oscura, un sombrero puntiagudo de mago y unas gafas cuadradas de cristal reluciente. Ginny y Hermione abrieron la boca con sorpresa al percatarse de que la sombra de aquel extraño visitante no era la del esperado Harry Potter, si no la de…

-¿Percy? ¿Qué estás haciendo aquí? - Pregunto Ginny incrédula.

Se hizo a un lado para que su hermano mayor pudiese entrar en la casa. Antes de cerrar la puerta, Hermione miro a ambos lados de la calle y  escudriño los jardines continuos. El silencio continuaba a su alrededor, nada sospechoso saltaba a la vista. Cuando cerró la puerta, Percy se quito la capa de viaje que chorreaba agua, Hermione la tendió en el perchero de entrada mientras Ginny lo observaba incrédula.

-Siento presentarme de esta manera - Susurro Percy mirando a su hermana menor.

-Esperábamos que te quedaras en el Ministerio para que fueras enviándonos información de lo que sucede con el incompetente de Smith y los vejestorios magos del Wizengamot -  Murmuro Ginny con la boca fruncida. Percy se quedo en silencio unos segundos, miro de reojo a su hermana menor mientras se quitaba el sombrero. Hermione también presentía que algo no iba bien, Percy no solía actuar de esa manera.

-¿Qué sucede Percy?

-He dimitido…

-¿Perdón?

-¿Cómo?

-¿Es una broma?

-No, no es una broma. He dimitido de mi cargo en el ministerio.

-¿Percy? - Ron acababa de entrar en el recibidor con el pelo revuelto y sus pequeños ojos azules entrecerrados - ¿Qué diablos haces aquí? ¿No debías estar en el Ministerio? - Ron arrugo el ceño al darse cuenta del cargado ambiente que había a su alrededor - ¿Se puede saber qué pasa? ¡Por Merlín esto parece un entierro! - Percy se giro hacia su hermano menor y repitió las palabras con tranquilidad.

-He dimitido.

-¡¡¿Qué?!! ¿Por qué? ¿Te has vuelto loco? ¡Te encantaba ese trabajo! - Percy compuso una mueca - A ti te gusta estar encerrado en un despacho con millones de pergaminos alrededor, siempre ocupado, de un lado para otro y montones de personas bajo tu responsabilidad. Ya sabes, regañar a los trabajadores es tu pasatiempo favorito.

-¿Ron, intentas animarle? - Hermione alzo una ceja irónica.

-No podía continuar, trabajar allí se ha vuelto insoportable. Lo siento, vamos a tener que buscar a otro infiltrado, ya no se fían de mi, desde de Kingsley dimitió todo ha ido de mal en peor, la gente hace lo que quiere, ignora las leyes o simplemente las cambia sin previo aviso, ya no sabes en quien confiar. Estuve tanto tiempo, tantos años trabajando por un Ministerio transparente y unido, pero parece que estamos en las mismas que hace veinte años.

-No digas eso Percy, no es verdad - Contesto Hermione con mirada melancólica.

-¿Qué ha dicho Audrey? ¿Y nuestros padres?

-Aun no lo saben, he dimitido hace unos minutos. Recogí todas mis cosas y salí hecho una furia, pero luego me vi en un aprieto y no sabía a dónde ir. George esta en el sur y no quería molestar a Bill. Siento presentarme a estas horas… - Contesto Percy algo avergonzado. Ron le dio una suave palmada en el hombro mientras una sonrisa se creaba en su redondeado y sonrojado rostro adormilado.

-Estamos orgullosos de nuestro prefecto perfecto - Comento Ron con una sonrisa contagiosa. Ginny también sonrió y tomo el brazo de su hermano con suavidad para guiarlo al salón - Tenemos un poco de te agrio si te apetece, cortesía de mi querida Hermione - Murmuro Ron, ganándose la mirada retadora de Hermione.

Llevaron a Percy al salón y lo sentaron en el sillón junto al fuego. Ginny comenzó a avivar las apagadas llamas y Hermione calentó el té de nuevo, para servirlo en las tazas de cerámica. Durante los siguientes diez minutos, Percy explico lo que se caldeaba en el ministerio, desde las más arraigadas intrigas hasta las más sospechosas ideas que le cruzaban por su cabeza. Explico como Zacharias Smith había logrado hacerse con los favores de muchos de los magos influyentes del ministerio, la plaza de ministro de magia seguía vacante y los tiburones andaban al acecho en aquellos días. Los tres escuchaban con atención mientras el fuego de la chimenea volvía  a caldear el ambiente. De repente, algo interrumpió el relato de Percy, un sonoro ruido en la cocina, como si algo hubiese caído al suelo y se hubiera hecho añicos. Ginny y Hermione ni se inmutaron, pero Ron alzo los ojos en aquella dirección.

-Seguro que es nuestra lechuza, siempre planea por la casa y va tirando cosas, creo que se me olvido echar el candado a su jaula, nunca me obedece - Comento Ginny sin darle importancia - Perdona Percy, continúa…

Ron arrugo el entrecejo. Se levanto del sofá y camino hacia la puerta de la cocina. Mientras caminaba, logro percibir la voz de Percy que explicaba cómo habían expulsado a un elfo domestico tras años de servicio, solo porque había puesto en el té de la tarde, dos terrones de azúcar en vez de uno, el elfo había ido a quejarse por tal ofensa injusta y en la oficina de discriminaciones mágicas le habían ignorado completamente.  Eso fue algo que indigno a Hermione por completo. Ron se asomo a la oscura cocina, alumbrada por los rayos lunares que entraban por los dos ventanales. La ventana. La ventana estaba abierta de par en par y las cortinas blancas se movían con una suave brisa nocturna. Un vaso de cristal se encontraba hecho añicos en el suelo de madera. Ron alzo los ojos, la lechuza se encontraba encerrada en su jaula, el animal se tapo con el ala, indignada con el extraño visitante. Ron saco la varita sin pensarlo, había alguien más en la cocina, lo presentía. De repente sintió como unos dedos tocaban su espalda y se giro con rapidez para propinarle un puñetazo a su atacante. Cuál fue su sorpresa cuando se dio cuenta de que el hombre detrás de él, era nada más y nada menos que Harry.

-¿Pero qué diablos haces? ¡Soy yo!

-¡¿Desde cuándo soy yo un experto en adivinación?! ¿Qué formas son estas de entrar en casa? ¡Por Merlín Harry casi me da un infarto!

-¡¿Harry?! -  Se escucho una voz agitada desde el salón. Harry y Ron se miraron unos segundos.

-Mas te vale aguantar el chaparrón amigo, lo tienes merecido, nos tenias con el alma en un puño. Anda, no será para tanto, mi hermanita es todo dulzura - Comento Ron, sonriendo burlonamente mientras Harry observaba la puerta de la cocina con nerviosismo - ¡Aquí esta! ¡Sano y salvo! Ya te lo dije hermanita, que todo iba a estar bien…- Abrió la puerta de la cocina mientras agarraba el brazo de Harry y lo arrastraba hacia el salón.

-¡Harry! - Ginny se abalanzo a sus brazos y lo beso con energía, enredando sus brazos alrededor del cuello de Harry. Ron arrugo el entrecejo, algo confuso por la repentina escena que se recreaba ante sus ojos - ¡¿Pero dónde demonios estabas?! ¿Por qué no has dicho nada? Un día de estos voy a acabar contigo, como sigas haciendo estas cosas  te prometo que lo hago Harry Potter…-Comento la señora Potter, agarrando a su marido por la cabeza. Harry sonrió, aun atontado por el beso de su mujer y asintió bobamente con la cabeza.

-Así da gusto volver a casa…-Murmuro sonriendo. Hermione se adelanto con urgencia.

-Harry encontré la forma de reanimar a los estudiantes…

-Si, sangre de unicornio - Hermione abrió los ojos con sorpresa - Minerva ha sido informada, no debes preocuparte - Contesto Harry con rapidez - ¿Percy? ¿Qué haces aquí? ¿Ha sucedido algo? - Pregunto al percatarse de la última figura que había en la sala. Hermione había abierto la boca y observaba  a Harry con ojos molestos. Ron se acerco lentamente a su mujer y le pincho las caderas con los dedos, juguetonamente.

-No se puede ser la primera siempre…

-No digas tonterías Ronald.

-He dimitido Harry, el ambiente en el Ministerio está cambiando y no quiero ser parte de aquello. Son todos una panda de vagos, habladores y tramposos, es sencillamente un desastre. No llevo tantos años de trabajo y sacrificio para acatar órdenes de unos cuantos babuinos con varita - Ron dejo escapar una risita cantarina.

-Tienes toda la razón - Contesto Harry dándole una pequeña palmadita en el hombro.

-Quizás debería volver a casa, ya es muy tarde, también debería hablar con Audrey.

-Puedes quedarte esta noche a dormir aquí, mañana tendrás tiempo de hablar con Audrey. ¿Qué te parece? - Ginny sonrió tiernamente - Aun me queda estofado de mama ¿Quieres un poco? - Ron dejo escapar un resoplido de indignación. El rostro de Percy y Harry se ilumino al escucharla - Si, creo que voy a calentarlo, por si acaso - Comento al observar la reacción de los dos hombres. Ron continuaba de morros detrás de su hermana.

De repente se escucho el timbre de la puerta de entrada. Harry y Ginny se miraron, para luego fijar sus pupilas en el reloj de la chimenea. Eran las seis de la madrugada. Todos agarraron sus varitas mientras Ginny caminaba hacia la puerta de entrada. Pego su oreja a la puerta pero no se escuchaban ruidos en el exterior. Harry le hizo una señal para que abriese la puerta mientras el grupo apuntaba con las varitas. Ginny asintió y agarro el pomo con su mano derecha, la cerradura cedió ante su peso. La puerta se abrió con aquellos sonoros chasquidos de cerrojos, quedando el jardín y la verja de entrada frente a ellos. La luz de la farola volvió a golpear sus ojos, una figura se encontraba inmóvil a unos pasos del rellano. Harry arrugo el entrecejo al darse cuenta de que aquella figura llevaba un sombrero que le resultaba muy familiar.

-¿Quién eres? - Pregunto Percy apuntando con su varita - ¿Me has seguido desde el ministerio?

-Por favor, dejen de apuntar - Suplico una voz temblorosa - Solo vengo a ayudar.

-¿Remulus?  (Personaje: 1 capitulo)

Aquella figura se adelanto torpemente, pero todos continuaban apuntando, podía ser una trampa. Ginny alzo su varita y alumbro el rostro del intruso. Los ojos de Harry y Ron se relajaron al encontrarse con el asustado rostro del muchacho que trabajaba en el departamento de aurores haciendo prácticas. Harry le recordaba por su trabajo impecable y por aquellas miradas que le dirigía desde su apartado asiento en el departamento, miradas llenas de respeto. Al percibir el cambio de actitud de Harry y Ron, el resto bajo las varitas con rapidez. Harry rodeo al joven con un brazo y lo llevo hacia el interior. Hermione volvió a inspeccionar la zona antes de cerrar la puerta, pero la calle continuaba estando vacía y desierta.

-¿Qué sucede Remulus?

-Señor Potter, vengo a avisarle. Vienen a por usted…-Comenzó el joven torpemente mientras una gota de sudor frio caía por su rostro. Los adultos se miraron entre ellos pero Harry no perdió la calma. Puso una mano sobre el hombro del joven y sonrió suavemente - Señor Potter usted no ha hecho nada, pero vienen a por usted…ahora mismo…los escuche en el despacho…

-Remulus tranquilo - Harry intento calmarle - Empieza por el principio. Has dicho que alguien viene a por mí. ¿Por qué? ¿Quiénes? ¿Aurores del ministerio? ¿Dónde escuchaste esa conversación? - El joven hiperventilaba de lo nervioso que estaba pero poco a poco se fue relajando gracias a la cálida mirada de Harry - Tranquilo muchacho, no te va a pasar nada.

-Vienen aurores del ministerio por orden del consejo del Wizengamot…

-Ya estamos otra vez - Murmuro Ginny con indignación - ¿Es que esa gente no tiene otra cosa que hacer?

-¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado Remulus?

-Escuche que alguien se había fugado de Hogwarts - Contesto Remulus con voz aun temblorosa - Un preso importante  - La cara de Harry se ilumino durante unos segundos, nadie lo percibió, nadie excepto Ginny - Un tal profesor de defensa contra las artes oscuras, se le acusaba de cómplice de algo. Parece ser que lo acusan a usted, lo acusan a usted…lo siento señor Potter no he podido enterarme de nada más, en ese momento me llamaron para hacer un recado - Los adultos habían comenzado a inquietarse.

-Por Merlín. ¿Schneider se ha escapado de Hogwarts? - Hermione tenía los ojos como platos.

-¿Cómo demonios lo habrá hecho?

-Solo he venido a avisarle señor Potter, siento no poder serle de más ayuda.

-Has hecho bien muchacho, has sido muy valiente viniendo hasta aquí. Gracias - Los ojos de Remulus se iluminaron al escucharle - Ojala hubiera más personas como tú en el ministerio, entonces la cosa seria distinta

  • Le dio una palmadita sobre el hombro - ¿Podrás volver a casa sin problemas?

-Si señor Potter, ha sido un placer el poder ayudar. Tiene en mí un fiel servidor.

-Gracias Remulus.

-Ven te acompañaremos hasta la salida. ¿Puedes aparecerte verdad? - El muchacho asintió con la cabeza. Hermione y Percy sonrieron amablemente y acompañaron al joven hacia la salida mientras Harry se quedaba en silencio, observando las tres figuras que se alejaban por el pasillo hacia la puerta. El muchacho se giro para mirar a Harry y sonreírle por última vez. Una extraña sensación de calidez inundo su pecho y supo con certeza, que estaba haciendo lo correcto.

-¿Qué tiene que ver el profesor Schneider contigo, Harry? - Ginny se giro hacia su marido con una ceja alzada. Harry se atraganto y un nudo se formo en su estomago - ¿Harry, qué tienes que ver con todo esto? Dime que no tienes nada que ver con la huida de Schneider, porque lo último que necesita esta familia es que ahora te lleven preso a Azkaban…- Susurro Ginny con voz cortante y mirada afilada como cuchillas- ¡Contesta Harry! ¡Por Merlín!

-¡No! - Contesto Harry a la defensiva, algo que hizo dudar a Ginny aun mas - Yo no tengo nada que ver con la desaparición de Schneider si es eso lo que estas insinuando.

-Yo no insinuó nada Harry, está muy claro.

Silencio.

Silencio.

-Lo sabia - Jadeo Ginny comprendiéndolo todo del golpe - No puedo creerlo…- Se tapo la boca con la mano derecha y Harry supo que el secreto había salido a la luz - ¡¿Pero te has vuelto loco?! ¡¿James?! ¿Es una broma? - Hermione y Percy acababan de regresar;  miraron a Ron sin comprender la situación, pero este parecía igual de perdido - ¡Solo es un niño Harry! ¡Como le has hecho cargar con esa responsabilidad! ¿Pero se puede saber que bicho te ha picado? Ya hemos perdido a uno de nuestros hijos, al que tenemos que encontrar a toda costa y tu vas y pones en peligro…

-James no es un niño.

-Tu hijo te admira y haría lo que fuera por seguir tus pasos. ¿Es que no lo entiendes?

-Me estoy perdiendo en la conversación - Comento Ron con ojos confusos - ¿Por qué estamos hablando de James de repente? ¿Qué tiene que ver el pequeño James en todo esto?

-James no es un niño, James ya es mayor de edad.

-¡Ni siquiera ha terminado Hogwarts!

-¡Nosotros teníamos su edad! ¡Tú ni siquiera eras mayor de edad!

-Nunca quisiste que tus hijos fueran iguales a ti ni que corrieran tu misma suerte Harry - La voz de Ginny se suavizo durante unos segundos pero continuaba siendo dura - Eran épocas distintas, el mundo mágico estaba a punto de colapsar - Harry se sereno al observarla.

-Ginny, si hubieras visto aquella seguridad en sus ojos, su forma de hablar, sus deseos de cooperar en cualquier cosa que le propusiéramos, perece otra persona. ¡Es un chico tan inteligente! ¡No se hubiera dejado coger fácilmente! ¡Yo confió en él y me ha demostrado que es capaz de sobrellevar una carga tan grande como la que le encomendé!

-¡Tonterías Harry!

  • Ginny - Harry agarro los hombros de Ginny y la miro a los ojos - ¿Recuerdas la última batalla?  Ginny quedo silenciada, alzo sus ojos marrones hacia el rostro pálido de su marido que la observaba con intensidad - Recuerdas cuando tu madre te ordeno no salir de la sala de los menesteres…-Ginny quiso interrumpirle pero Harry no le dejo - ¿Recuerdas cuando en un momento de confusión, saliste sin previo aviso de la sala de menesteres y no regresaste jamás? ¿Recuerdas tu inquietud? ¿Tu impotencia? Así se siente James…- Ginny suspiro.

-Harry no soportaría perder a uno de mis hijos como mama perdió a Fred. El dolor es tan grande que no me atrevo a imaginármelo - Harry sintió como un agujero negro se formaba en su estomago. Los ojos de Ginny brillaban frente a él. Ambos se habían calmado. El silencio los rodeo durante unos segundos.

-No vas a perder a nadie, no vamos a perder a ninguno de nuestros hijos - Susurro Harry abrazándola y estrechándola entre sus brazos -Te prometo que pronto estaremos todos juntos. Ya estamos muy cerca, lo presiento, solo hay que resistir un poco mas…

-Harry, alguien se acerca - Susurro Percy que se encontraba observando el exterior desde la ventana.

Harry y Ginny se miraron, sus ojos delataban cansancio, eran conscientes de la que se avecinaba, pero no podían rendirse, aun quedaba mucho por hacer. Un brillo cruzo sus pupilas, aun no estaba todo perdido. Se tomaron de las manos y se acercaron a la puerta, a la espera del sonido agudo del timbre. Ron y Hermione los observaban con confusión, atolondrados, como si aun no hubiesen captado el sentido de todo aquello.

  • Son aurores del ministerio, los reconozco por la capa - Comento Percy apartándose de la ventana - Por Merlín Harry, Remulus tenía razón, vienen a buscarte.

-¿Y ahora qué hacemos? - Jadeo Hermione completamente pálida.

-Nada. Todo irá bien - Susurro Harry estrechando la mano de Ginny - Sera mejor que vosotros os escondáis, es mejor no mezclaros en esto - Hermione iba a replicar pero Ron la paro, agarrándola  del brazo y arrastrándola hacia la oscuridad.

-Por una vez tiene razón, hagamos lo que dice Harry sin rechistar - Susurro.

 El timbre resonó finalmente y Ginny Potter abrió la puerta de la casa con tranquilidad. Dos hombres esperaban en el umbral, ataviados con sendas capas de viaje y túnicas negras. La observaron unos segundos y la saludaron con una respetada inclinación de cabeza.

-¿Señora Potter? - Ginny asintió - Sentimos molestarla a estas horas de la madrugada - Comenzó uno de los aurores con educación - ¿Esta su marido en casa? - Ginny asintió con la cabeza de nuevo - Necesitamos que Harry Potter se presente en el Ministerio inmediatamente.

-¿Cuál es el motivo?

-Me temo que es confidencial señora… ¡Señor Potter!

Harry salió de detrás de la puerta. Los dos aurores abrieron los ojos con sorpresa y enseguida bajaron la cabeza con respeto. Harry continuo impasible, observándoles mientras Ginny se mantenía a su lado. Ron, Hermione y Percy se habían escondido detrás de la puerta para no traer sospechas. Los dos aurores se miraron durante unos segundos, Harry esperaba una contestación.

-El consejo del Wizengamot desea que se presente en el ministerio lo antes posible, señor Potter.

Al día siguiente, el colegio Hogwarts de magia y hechicería se encontraba en un completo caos. La noticia de la huida del profesor Schneider se había expandido por todas partes como pólvora. Mcgonagall había intentado evitar el desastre pero la llegada del personal del ministerio, alerto a la comunidad mágica sobre el estado en que se encontraba Hogwarts. Los profesores andaban de un lado a otro del castillo, intentando mantener la calma y evitando que se diera un ataque de pánico general. El ministerio no pretendía apoyar aquel intento de mantener la tranquilidad en Hogwarts. Sin compasión por los asustados alumnos, se  había dado una sesión de interrogatorios a pesar de las quejas de los padres y de la directora. También se había acorralado la zona, los aurores se aposentaban en todas las salidas, en todas las torres, al final de todos los pasadizos conocidos y en los lindes de los terrenos. Los dementores habían reducido su cerco y su presencia podía sentirse con mayor claridad. El día se había nublado y un aura de inquietud se expandía lentamente en el interior del castillo. Mcgonagall se había negado a interrumpir las clases y ordeno que el colegio continuase con su rutina diaria. Los alumnos se observaban inquietos, murmurando, susurrando en las esquinas o debajo de los pupitres. Era imposible concentrarse en aquel ambiente de tensión.

En aquel preciso momento, dos alumnos se encontraban junto a la gárgola dorada que llevaba al despacho de la directora. Uno junto al otro, uno de ellos llevaba un sobre de color canela bajo el brazo, amarrado con una cinta de color borgoña. Ambos jóvenes tenían la oreja pegada a la puerta de roble. Desde el interior del despacho de la directora Mcgonagall se podía escuchar una serie de voces interrumpidas. Los dos  alumnos intentaban escuchar la conversación, pero las palabras se entrecortaban y se perdían en la lejanía. Se miraron en silencio mientras la curiosidad asomaba sus rostros.

-No puedo oír nada…-Susurraba uno

-Shh, creo haber escuchado la voz de Potter - Susurraba otro.

-¿Potter? ¿James Potter? ¿Qué hace Potter ahí?

-¿Y cómo quieres que lo sepa? Es lo que quiero averiguar…

-Ejem.

Alguien se aclaro la garganta, un sonido ronco se escucho detrás de ellos. Los dos estudiantes se fueron girando poco a poco, con los hombros encogidos y las mejillas sonrojadas por la vergüenza. Hagrid, los guardabosques y profesor de cuidado de criaturas mágicas se encontraba detrás de ellos. Llevaba su ballesta sobre el hombro y su barbuda melena mas desordenada de lo normal, lo que le daba un aspecto más salvaje. Ambos estudiantes tragaron saliva y se apartaron de la puerta a trompicones mientras Hagrid los observaba con el ceño fruncido.

-Nos han ordenado entregar esto a la directora Mcgonagall - Consiguió murmurar uno, tendiéndole el sobre de color canela que llevaba sobre el brazo. Hagrid agarro el sobre sin esfuerzo, en sus manos aquella ancha carta parecía un trocito de papel arrugado.

-A clase - Ordeno Hagrid con su profunda y ronca voz. Los dos estudiantes asintieron con la cabeza y echaron a correr escaleras abajo. Hagrid negó con la cabeza y suspiro - Estos estudiantes de hoy en día…-Susurro. Se acerco a la puerta y golpeo la madera con los nudillos. A los pocos segundos, la puerta se abrió.

-Eres tu Hagrid, te estaba esperando.

El guardabosque entro en el amplio e iluminado despacho de la directora. Mcgonagall se encontraba frente al escritorio con varios libros y cartas abiertas sobre la mesa. Su severa mirada se clavo en Hagrid como dagas de marfil. El guardabosque trago saliva y se adentro del despacho mientras los retratos clavaban sus ojos sobre su enorme figura. Todo parecía normal, los pájaros descansaban en sus jaulas, el orden y la pulcritud continuaba siendo inmaculada. Pero de repente, Hagrid se dio cuenta de algo fuera de lugar. Mcgonagall no estaba sola. Dos alumnos se encontraban de pie, en la esquina del despacho junto al escritorio, ambos con la cabeza gacha y las mejillas acaloradas. James Potter y Hero Eyre alzaron los ojos para mirarle. En ese momento, el guardabosque palideció y comenzó a sudar. Volvió a centrar sus pequeños ojos en la tiesa figura de la directora.

-¿Quería verme profesora?

-Si Hagrid - Hizo una pausa y miro a los dos jóvenes. Hagrid se temió lo peor- Es sobre la sangre de unicornio - Comento al fin - Es de total urgencia conseguirla, lo más importante es poder reanimar a los estudiantes afectados. Una de las madres se empeña en llevar a su hija a San Mungo pero la señora Pomfrey ha conseguido disuadirla. Tenemos que conseguir esa sangre de unicornio, tengo completa confianza en usted, Hagrid.

-Si, directora Mcgonagall - Contesto Hagrid sintiendo como la respiración volvía a su estado normal. Lanzo una mirada de advertencia a ambos jóvenes que lo observaban desde la esquina - Cuente conmigo. ¿Necesita algo más?

-No Hagrid, puedes retirarte.

Hagrid dejo el sobre de color canela sobre la mesa circular que había en el centro del despacho y se dio media vuelta para marcharse. Antes de cerrar la puerta, los ojos del guardabosque y los de James se encontraron. Hagrid supo que el mayor de los Potter jamás lo delataría. La puerta se cerró suavemente tras él y la enorme figura de Hagrid se perdió tras ella. James aparto la mirada y volvió a centrarla en el severo rostro de la directora Mcgonagall. Detrás de ella, el retrato del profesor Dumbledore los observaba con curiosidad, como si aquel par de ojos azules escondidos tras las gafas de media luna pudiesen leer sus pensamientos. Hero continuaba a su lado, con la barbilla alzada y mirada segura. La directora Mcgonagall se quedo en silencio y los observo mientras fruncía el ceño.

-¿Seguirán afirmando que no han tenido nada que ver con la huida del profesor Schneider?

-Profesora Mcgonagall, sería imposible decir lo contrario, estamos hablando de aurores preparados, profesionales,  no aguantaríamos ni tres asaltos contra ellos. En cuanto a la señorita Eyre, le prometo que no tiene nada que ver en esto - Contesto James con voz firme y segura. Hero le miro de reojo pero no dijo nada. La profesora continúo observándolos con el ceño fruncido.

-Señor Potter, he  sido docente de este colegio durante más de cuarenta años, en pocas muy negras y en otras más pacificas. Resumiendo en pocas palabras, no crea usted que puede venir aquí a tomarme el pelo, le aseguro que jamás he puesto en duda las cualidades de los estudiantes de este colegio, por lo que ahórrese esas excusas para los del ministerio - James y Hero se miraron - La huida del profesor Schneider es perfecta a excepción de un detalle insignificante del que seguramente nadie se haya dado cuenta - Hero los observo en silencio. James le aguanto la mirada pero supo que jamás conseguiría engañar a la profesora Mcgonagall - Es idéntica a la huida del famoso Sirius Black…

-¿Sirius Black?

Mcgonagall alzo una ceja despectivamente y el retrato del profesor Dumbledore sonrió amablemente por detrás de ella. James mascullo algo por lo bajo pero enseguida volvió a la compostura. James se había dejado influenciar por las historias que su padre le contaba de pequeño antes de dormir. La historia de Sirius Black había sido una de sus favoritas. Al reconocer en el profesor Schneider la misma desazón e infortunio, la historia del antiguo padrino de su padre le vino a la mente. Todas las piezas encajaban, todos los elementos estaban predispuestos, como si lo estuvieran esperando, solo tenía que ponerlo en marcha y nadie se daría cuenta. Lo que no recordaba era que, a aquel retrato de ojos azules y lentes de media luna no se le escapaba ningún detalle, por muy insignificante que fuese.

-La marca "Potter" esta por todas partes - La directora Mcgonagall se sentó y suspiro resignada. James y Hero jamás la habían visto tan cansada. Su cabello gris recogido en un moño alto, tapado por un sombrero de bruja negro, su gesto grave y las arrugas en su rostro. Por un momento, ambos jóvenes sintieron lastima y un profundo respeto por aquella valiente mujer que tenían como directora.

-Profesora…

-Podéis retiraros - Contesto Mcgonagall volviendo a su gesto grave y severo. James y Hero abrieron los ojos con sorpresa - Espero que los hombres del ministerio no se den cuenta de  ese pequeño e insignificante detalle, en tal caso irán a por ti Potter - Los ojos de la directora se clavaron en él. James trago saliva - Debéis ser firmes en los interrogatorios, parece que el ministerio no tiene compasión con los alumnos, al parecer hemos retrocedido veinte años atrás…

-Profesora…

-Está bien Potter, no quiero oír mas excusas, me estoy volviendo vieja para esto - Contesto la directora levantando la mano y abriendo los libros que tenia frente a ella. Tomo la pluma y la mojo en el tintero de bronce que tenia frente a ella - Es hora de ir a clase, vuestros profesores han sido informados de que estabais en mi despacho - Y dicho esto la directora volvió a centrarse en los pergaminos que tenia frente a ella.

James se giro para comenzar a alejarse hacia la puerta, pero le sorprendió observar que la figura de Hero continuaba en el mismo lugar que antes. Se dio la vuelta y la observo. La muchacha tenía sus ojos fuertemente clavados en la figura de la directora Mcgonagall. James se acerco para tomarla del brazo y llevarla hacia la salida, pero ella se adelanto, ignorando su gesto.

-Profesora…-La voz de Hero se alzo suavemente - ¿Cree usted que Gael…quiero decir, que el profesor Schneider se encuentra bien? - El timbre de la voz de la muchacha tembló ligeramente. Se hizo el silencio y el rostro de James palideció. Mcgonagall se quito las gafas y alzo los ojos para mirarla. El rostro de la muchacha, sonrojado y atormentado por la angustia la ablando.

-Si, Eyre. Estoy segura de que se encuentra bien…

-¿Cómo puede estar tan segura? - Se atrevió a preguntar James. Mcgonagall clavo sus ojos en el muchacho y él supo que la directora sabía mucho más de lo que él creía. Por un momento, se dio cuenta de que se estaba delatando sin darse cuenta.

-Ordene a los del ministerio que obligasen a los dementores a permanecer en la zona oeste de los terrenos del castillo - Contesto la directora con simplicidad - Seguramente recuerde que la torre donde se encontraba el profesor, daba al este - James abrió los ojos con sorpresa y la observo con la boca abierta - Los dementores no pudieron interceptarle…

-¿Por qué lo hizo?

-Intuición señorita Eyre.

-Pero ahora, el ministerio creerá que usted tiene algo que ver con la huida del profesor…

-No se preocupe por eso Eyre.

-¿Cómo supo que…?

-Cuando James Potter anda más concentrado de lo normal, cuando no se dedica a recorrer los pasillos holgazaneando con una escoba al hombro, cuando James Potter cambia radicalmente, hasta tal punto de dejar de ser un muchacho y comenzar a comportarse como un hombre, entonces ahí me doy cuenta de que algo está sucediendo - Contesto la directora con simplicidad. James continuaba con su expresión de asombro - A parte de que sus sentimientos hacia la señorita Eyre, me indicaban que usted haría cualquier cosa para ayudarla…

-¡Profesora! - Las mejillas de ambos muchachos se sonrojaron de tal forma que parecían dos calderos ardiendo. El profesor Dumbledore sonrió desde su retrato mientras los observaba.

-Y me atrevo a añadir, que el señor Potter también contribuyo a la creación de este plan, indirectamente por supuesto - Ninguno de los dos muchachos contesto. La expresión de la directora era imperturbable - Señor Potter, dígame, no cree usted que salir del castillo a las dos de la madrugada, el mismo día en que el profesor Schneider consigue escaparse… ¿No es un poco sospechoso? - James se quedo unos segundos en silencio, como si meditase la respuesta.

-Si profesora Mcgonagall, totalmente de acuerdo con usted, es muy sospechoso  - Se observaron en silencio y de repente, como por arte de magia, una disimulada sonrisa se creó en el arrugado rostro de la profesora Mcgonagall.

-Sera mejor que se marchen a sus respectivas clases - Ordeno con voz más suave - Sin meterse en líos ni provocar accidentes u escándalos, Potter…-James asintió con la cabeza enérgicamente mientras una sonrisa burlona se creaba en su rostro.

Ambos jóvenes se dieron la vuelta y comenzaron a alejarse hacia la salida. Todos los retratos los observaban con curiosidad. Cuando Hero abrió la puerta de salida, vio como James se paraba en el rellano y la miraba, se quedaron en silencio observándose. Lentamente, ambos se giraron para volver la vista hacia el despacho de la directora. Cuando la profesora Mcgonagall se dio cuenta de que ambos estudiantes continuaban en el rellano de la puerta, alzo los ojos y los contemplo.

  • ¿Le ocurre algo Potter?

-Nada. Pero muchas gracias por todo, profesora Mcgonagall.

 Uno junto al otro, en silencio. Recorriendo los desiertos pasillos del castillo. Unas nubes grises tapaban el sol de la tarde y una suave neblina recorría las piedras del colegio. Caminaban por los corredores hacia sus respectivas clases, cruzándose de vez en cuando con un par de aurores haciendo guardia o algún prefecto. James daba pasos más cortos para quedar a la altura de la muchacha, observándola de reojo mientras el silencio continuaba a su alrededor. Continuaron caminando, James con las manos metidas dentro de los bolsillos del pantalón y su caminar desgarbado mientras su corbata de uniforme caía alrededor de su cuello y sus mechones de pelo azabache le tapaban la frente. Los minutos transcurrían lentamente y el silencio cada vez se hacía más pesado. Llegaron hasta uno de los corredores y Hero paró en seco. James se dio la vuelta y la observo con asombro. Por primera vez, sus ojos se cruzaron tras lo sucedido aquella noche. De nuevo aquel mar se sensaciones encontradas que ninguno de los dos podía acallar. James se atraganto al recorrer con los ojos aquel pequeño y ovalado rostro tan familiar.

-Mi clase…-Susurro ella al ver como James no reaccionaba  - Mi clase es por ahí - Murmuro señalando el otro corredor. Las mejillas de James se encendieron lentamente y se despeino el pelo con nerviosismo.

-Claro, claro…-Se volvieron a quedar en silencio, una gota de sudor frio recorrió la espada del muchacho - Entonces, nos vemos luego…-Murmuro torpemente dándose la vuelta mientras ponía los ojos en blanco y se mordía los labios. Una horda de voces se recreo en su mente como una sinfonía de tenores y sopranos.

-¡Torpe! ¡Burro! ¡Cobarde! ¡Calzonazos! ¡Mago inútil!

-¡Déjame tranquilo!

-¡¡Vuelve  ahí ahora mismo y dile todo lo que sientes!!

-¡No puedo hacerlo!

-¡¡Que lo hagas!!

-¡Que no puedo!

-James…-La voz de Hero se alzo detrás de él. Se dio la vuelta con tal rapidez que estuvo a punto de caer al suelo. Hero se había acercado unos pasos y lo observaba con la respiración algo entrecortada. Un nudo se formo en el estomago del muchacho - Solo quería decirte que…-La muchacha hizo una pausa repentina y James sintió que dejaba de respirar por momentos - Que muchas gracias por todo…-La decepción recorrió los ojos del muchacho.

-No tienes nada que agradecer - Contesto torpemente mientras evitaba encontrar sus ojos y miraba hacia otra parte - Ya sabes, me gusta la aventura…-Murmuro sonriendo burlonamente mientras se despeinaba.

-¿Me gusta la aventura? ¡¡ ¿Pero qué te pasa?!!

*-*De verdad…-La voz tierna de la muchacha le sorprendió. Alzo la mirada y se encontró los redondos y brillantes ojos de la muchacha observándole - Muchas gracias, James…-Aquel nombre sonaba a gloria en los labios de Hero.

-Hero…

Aquella llama volvió a encenderse dentro de su pecho. El silencio los rodeaba, estaban completamente solos. James ya no podía soportarlo más, aquellos ojos lo atraían como un imán a un agujero negro, su perdición, su salvación, todo junto. Se adelanto con paso decidido mientras la sorpresa aparecía en los ojos de Hero. Agarro el rostro de la muchacha con ambas manos y la atrajo hacia él. La razón había desaparecido, ya solo quedaba el instinto, el ardor de unos pensamientos escondidos durante semanas. Sus labios volvieron a encontrarse y sintieron como el fuego estallaba al fin entre sus cuerpos. Viejos compañeros de danzas, se reunieron de nuevo mientras sus dueños se absorbían en las sensaciones de aquel contacto tan cálido, tan tierno. James acuno su cuello con los dedos mientras sus labios viajaban de un lado para otro de su rostro, recorriendo sus ojos, su nariz, sus mejillas y volviendo a sus labios de nuevo, al fin, hacia aquella puerta húmeda, dulce. Esta vez sin llantos, sin lágrimas. Los minutos transcurrieron, el oxigeno comenzó a faltar, el vaho caliente salió de sus bocas separadas y entreabiertas. Lentamente abrieron los ojos para encontrarse con la realidad. James continuaba rodeando el rostro de la muchacha y el sonrojo de sus mejillas cada vez era más intenso. Se observaron mientras el sonido de sus respiraciones nerviosas los acompañaban. Volvía a suceder. Pero James ya no podía callar más.  

-James…-Susurro la muchacha al darse cuenta de que sucedía algo. 

-Hero…estoy enamorado de ti.

Continuara…

¡Mis queridos lectores!

¿Qué me quieren asesinar? ¿Qué me quieren torturar como a las brujas de la edad media? ¡Como puedo tardar tanto en actualizar y encima dejar este capítulo así, con esta tensión latente por todas partes! ¡Con este suspense! Lo sé, no tengo perdón y merezco el castigo. Hahaha

Aquí vuelvo después de esta pequeña pausa y espero que hayan disfrutado este nuevo capítulo y que la espera haya merecido la pena. Espero de verdad poder actualizar mucho antes, hoy mismo me pondré a escribir un poco del próximo capítulo donde tendremos muchas muchas pero que muchas sorpresas. No puedo esperar a ver vuestras reacciones…

Millones de gracias por todos esos lectores pacientes que esperan y esperan una actualización y que a pesar de la espera, comentan y me dejan tan buen sabor de boca. Sois todos unos grandes lectores, unos grandes amigos y unas maravillosas personas. Millones de gracias por vuestras palabras y por disfrutar de esta historia como lo hacéis.

Si eres nuevo o jamás has comentado, te invito a hacerlo, regálame cinco minutos de tu tiempo y hazme saber que existes.

¡Un beso interminable para todos!

¡Nos vemos pronto!

Irene

Pluma Cisne.