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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 55

Un silencio mortal, doloroso, triste. Un silencio imperturbable, temeroso, que recorría cada árbol, roca, adentrándose en  cada criatura y ser. El castillo se había sumergido en aquel silencio fantasmal, mortífero. La quietud era tal y el aire tan aplastante que costaba respirar con normalidad. El miedo recorría los pasillos de aquella escuela como si se tratara de un virus incurable.  Eran mediados de abril, pero la luz cenicienta de la tarde provocaba una desagradable sensación de frio, como si el invierno hubiese regresado, congelando la primavera y el sol. La esperanza se había esfumado de los ojos de todos aquellos que vivían en el castillo. La resignación era total. El futuro era incierto, el presente un mar de dudas y de miedos que parecían no tener fin.

 Las clases se habían suspendido, ni una voz se había escuchado por aquellos pasillos aquella  mañana. Los alumnos se habían encerrado en sus salas comunes, presa de aquel temor incurable. La enfermería olía a lavanda, las ventanas habían sido abiertas para que el aire fresco de la tarde entrara en la sala, las cortinas blancas se movían suavemente a los lados, pero el sonido del exterior era imperceptible, ni siquiera se escuchaba el suave silbido de los arboles del bosque prohibido o el agradable oleaje del calamar gigante sobre el lago. Madame Pomfrey se había encerrado en su pequeño despacho, exhausta de tanto trabajo y de malas noticias. Alrededor de una de las pulcras camas de sabanas blancas, se encontraba un grupo de estudiantes. Algunos sentados en sillas de madera, otros sobre las camas colindantes. Quietos como estatuas, con ojos cansados, tristes, perdidos en algún punto de la habitación. Llevaban horas en la enfermería, tantas, que habían perdido la cuenta. En el centro de aquel grupo de alumnos, había una cama de doseles blancos, completamente idéntica al resto de camillas donde descansaban los  alumnos que habían sido atacados semanas atrás. En aquella camilla se encontraba un muchacho de rizos negros y largas pestañas. Su rostro blanco cual mármol, su piel tirante y fría, eran la viva expresión de la muerte. Sus ojos habían sido cerrados, sus brazos se encontraban tensos y sus manos agarrotadas. Ralph Rothesay  tendido sobre aquella camilla de enfermería daba la impresión de encontrarse muy lejos, en algún túnel de su propia mente, encerrado con sus miedos.

Los merodeadores se encontraban esparcidos a su alrededor. Lorcan mantenía el rostro enterrado en sus manos mientras Lily le abrazaba con suavidad. Lily se mantenía con la mirada alicaída, sus pecosas  mejillas normalmente sonrojadas habían palidecido por completo El alegre recuerdo de lo que había sucedido horas atrás en la sala común se había esfumado. Claudio y Rose se mantenían sentados en la camilla vacía colindante a la de Ralph. En silencio, Rose observaba los jardines que se veían desde la ventana. Lysander era la más cercana al cuerpo del muchacho, se encontraba sentada sobre varias almohadas que había depositado sobre el suelo y había colocado un ramo de flores sobre la mesita de noche mientras Claudio la observaba detenidamente. Durante la mañana, varios compañeros habían hecho  una visita al pequeño Ralph, pero las horas pasaban y solo el leal grupo de fieles amigos fue capaz de mantenerse en silencio, junto al cuerpo del muchacho.

Hero sentada al lado de Lily y Lorcan, se tocaba los ojos cansados y suspiraba de vez en cuando mientras observaba a los presentes uno por uno. Finalmente, sus ojos se clavaron en  una figura apoyada sobre la pared, el muchacho se mantenía erguido, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y la corbata completamente desabrochada,  se encontraba un poco más alejado del resto como si no se sintiese  capaz de unirse al grupo por completo, sus ojos mostraban culpabilidad, un pozo de tristeza del que parecía que no podría salir. Sus  ojos se encontraron tras unos segundos. Un intenso ardor recorrió sus manos y su garganta. Hero se levanto y camino hacia él con paso firme, decidida como nunca hasta entonces. Nadie levanto la mirada. James no se movió, la observo acercarse mientras el silencio los acompañaba. Hero llego a su altura, alzo los brazos y lo abrazo con fuerza, sin dudar. Lo abrazo con sus pequeños brazos, escondiendo el rostro de James en su pecho, resguardándolo del miedo y transmitiéndole el calor de su cuerpo, de sus emociones. Tras unos segundos sin reaccionar, se escucho el disimulado jadeo de James sobre su pecho, Hero sintió como el cuerpo del joven se relajaba, como sus músculos cedían lentamente ante el contacto, sus manos salieron de los bolsillos y sus brazos obedecieron los deseos de la mente, la abrazo, correspondiendo al mensaje de la muchacha. James se desahogo en silencio, pero Hero pudo sentir las húmedas lagrimas empapar su jersey mientras James la estrechaba contra su cuerpo.

-No tienes  que ser fuerte todo el tiempo…-Susurro la muchacha acariciando la destartalada cabellera del joven - Ni sentirte responsable de todo lo que sucede…-Una ráfaga de viento tibio los recorrió. Hero sintió como James asentía débilmente con la cabeza.

Ella beso el cabello de James suavemente y se aparto con lentitud para mirarle a los ojos. Sus pupilas se encontraron y de repente un fuerte impulso creció en su estomago. El deseo de besarlo, de acariciarle, de arrancar la tristeza de su mirada. Trago saliva, aquello cada vez se hacía más fuerte, cada vez más difícil el controlar. Su corazón se había rendido, se había rendido ante él, quizás mucho tiempo atrás, sin que se diera cuenta, quizás desde la primera vez que se vieron, quizás…

-Gracias…-Susurro el joven respirando más relajado y bajando la mirada aguada por el débil llanto. Su mano se escabullo hacia abajo y encontró la de Hero, sus dedos se entrelazaron y la estrecho con suavidad. El  corazón de la muchacha se encendió repentinamente.

-Esto es el fin de Hogwarts…-Murmuro Rose de repente desde donde estaba sentada - Mañana llagaran del Ministerio y cerraran el colegio y no podremos hacer nada…- La frase corto el silencio como un afilado cuchillo.

-Me siento tan impotente…-Continuo Claudio desde la cama - Que todo esto esté sucediendo delante de nuestras narices y que no podamos hacer nada al respecto…-Negó con la cabeza con pesadumbre - Ni siquiera los adultos pueden  ser nos de ayuda…

-Maldito ministerio, son todos una panda de  troles andantes…-Murmuro Lily.

-Quizás aun nos quede un poco de tiempo…-Contesto Lysander observando las copas de los arboles desde la ventana. Toqueteaba los rabanitos que colgaban de sus orejas con ojos distraídos - Cuando toda esperanza parece haberse perdido, a veces aparece un rayo de luz…- Claudio sonrió débilmente ante el comentario. Nadie contesto, no querían impregnar el ambiente con más pesimismo.

-¿Qué harán con los estudiantes? - Pregunto Hero acercándose al grupo de nuevo - ¿Los llevaran a San Mungo?

-Lo más seguro…

-Pero Madame Pomfrey dijo que conseguiría la sangre de unicornio, deberían esperar un poco más, darles más tiempo, al menos hasta que se consiga el antídoto para los alumnos, en su estado no deberían moverse…

-Hero no te preocupes. El ministerio ha prometido el mejor trato a los alumnos afectados y a sus familias, en San Mungo estarán bien, estarán con especialistas y seguramente consigan la sangre de unicornio mucho más rápido que nosotros - Contesto Claudio dándole unos suaves golpecitos sobre la espalda.

-Yo creo que Hero tiene razón, deberían esperar - Contesto Lysander mirando por la ventana - Ayer un grupo de Hypholaxix aparecieron en la ventana de mi habitación, solo aparecen en noches de luna llena, si no se sienten en peligro son inofensivas…-Rose arqueo una ceja desde el otro lado de la camilla - Me dijeron que los unicornios están acercándose cada vez más a los lindes del colegio, seguramente hayan percibido algo…

-¿Hypholaxix? ¿Qué es eso?

-Por Merlín…-Murmuro Rose poniendo los ojos en blanco - Lo más seguro es que los unicornios se hayan escondido en el interior del bosque prohibido, esta energía oscura es como un veneno para cualquier ser vivo…

-Eso no es lo que ellas dijeron…-Contesto Lysander levantando los hombros con tranquilidad - Acompañare a Hagrid a buscar la sangre de unicornio, es un ritual muy delicado que necesita de personas con alta capacidad de sensibilidad y paciencia…-Rose arrugo el entrecejo y Claudio sonrió débilmente.

-Es peligroso…-Murmuro Lorcan alzando sus ojos azules hacia ella.

-Hemos llegado a una situación en la que nada es seguro - Respondió Lysander con voz pausada - Creo que podre conseguirlo…-Claudio se puso en pie repentinamente, sus ojos mostraban un extraño brillo.

-Déjame acompañarte - Suplico Claudio con voz firme. Lysander se quedo observándole, su expresión risueña no varió. Lorcan los observaba desde su asiento - Creo que no es seguro el que vayas sola, bueno Hagrid es capaz de protegerte...pero…-Las mejillas de Claudio comenzaron a enrojecer y un débil tartamudeo lo delato -  He leído mucho sobre los unicornios creo que podría ayudar…

-Puedes venir si así quieres - Contesto la muchacha con simplicidad.

-Ojala pudiéramos hacer algo más…-Susurro Hero cruzándose de brazos con impotencia.

-Primero Albus, ahora Ralph…-La profunda voz de James sorprendió a todos - Nunca me he sentido tan perdido…-El muchacho se había acercado hasta la camilla de su amigo, lo observo con aquel par de ojos tristes - Hace unos días estaba tan contento, iba a venir a vivir a casa hasta que consiguiera estabilizarse, tenía tantas ganas…- Cerro los puños con rabia mientras observaba el pálido rostro de su amigo. Todos bajaron la cabeza, el desanimo se había depositado en sus corazones y se sentían incapaces de deshacerse de el - Ni siquiera mi padre puede ayudarnos ahora…

-James…-Lily se levanto y abrazo a su hermano mayor. James la rodeo con un brazo y beso su pelirroja cabellera con suavidad - Conseguiremos traer a Ralph de vuelta, no lo dudes - Susurro - A Albus y a Ralph.

-Si amigo, prometimos no rendirnos, ahora menos que nunca que estamos tan cerca - Claudio le dio unas suaves palmadas en la espalda.

James observo a su alrededor. Lorcan sonrió débilmente desde su silla y asintió con la cabeza. Hero ladeo la cabeza y le lanzo una mirada cargada de  emociones, hasta Rose sonrió a su primo para infundirle ánimos. Fue como si una ráfaga de aire caliente atravesara sus corazones. Aun estaban de pie, aun estaban juntos, unidos se sentían un poco mas fuertes o poco más valientes. De repente una de las cortinas que separaba la camilla del resto de la sala, se abrió repentinamente. Madame Pomfrey se encontraba en el umbral, sostenía un largo tubo transparente, con una poción humeante de color verde oscuro en el interior, el olor era insoportable. Los jóvenes se apartaron y dejaron espacio a la anciana enfermera que los observaba con el entrecejo fruncido.

-¿No creéis que es hora de iros? - Pregunto con voz cansina mientras vertía un poco de poción sobre un fino vaso de cristal - Es tarde y los alumnos no deben estar a estas horas por los pasillos, será mejor que volváis a vuestras salas comunes y descanséis…

-Pero Ralph…

-Ralph estará bien señorita Weasley, mañana podéis venir de nuevo…-Contesto Madame Pomfrey con suavidad. Hizo un movimiento con la varita y la boca de Ralph se abrió, la anciana enfermera tomo el fino vaso de cristal y lo coloco en los labios del muchacho, el líquido se vertió en su boca y fue adentrándose lentamente en el interior. El olor se hizo más intenso. Cuando termino, la anciana cerro la boca del pequeño Ralph y dejo que su cabeza reposara de nuevo sobe la almohada - Ahora podrá descansar tranquilo…

-¿Cómo lo sabe?

-Lo que le he dado es una poción que mantiene la mente en un estado de coma, el dolor, el miedo, desaparecerán por unas horas, es lo único que podemos hacer ahora mismo por ellos, hasta que  consigamos la…

-La sangre de unicornio…-Termino Rose.

-Así es…-Susurro observando al pálido Ralph tendido sobre la cama - Pobre muchacho - Suspiro tristemente.

El silencio volvió a inundar la enfermería y aquella tristeza los volvió a recorrer. Parecía mentiras que horas antes, el pequeño Ralph hubiese estado en pie, observando a todos los presentes con sus grandes ojos negros. Se echaba en falta su calidez, sus comentarios distraídos, su mirada infantil y agradable. Siempre conseguía caldear los ánimos, incluso en los peores momentos. Que duro era verle en aquel estado, tan frio, pálido, contraído.

  • Sera mejor que vuelvan a la sala común. Los alumnos no deberían estar en los pasillos a estas horas y estoy haciendo una excepción con todos ustedes. El castillo no es seguro y no quisiera que…-Hizo una pausa repentina - Venga ya es hora de irse a la cama jovencitos…-Repitió con rapidez.

-Pero…

-Pero nada jovencita…

Los jóvenes salieron de la enfermería a empujones, Madame Pomfrey cerró la puerta  de la enfermería en sus narices,  sin hacer caso a las suplicas de los muchachos. El grupo de amigos resignadamente comenzó a alejarse hacia la sala común, en silencio mientras los sonidos de la noche los acompañaban. Como bien había dicho Madame Pomfrey, el castillo parecía una tumba de piedra gris. Se mantuvieron muy unidos, observando detenidamente cada rincón, cada esquina. Subieron las escaleras móviles que los llevaban hasta la sala común de Gryffindor, la gran mayoría de cuadros se encontraban vacios, muchos de sus integrantes se habían marchado a sus otros retratos repartidos en otras casas o instituciones mágicas. Soledad, eso inspiraba Hogwarts en aquel momento, una profunda soledad. James caminaba un poco más rezagado que el resto, pero suficientemente cerca como para escuchar sus conversaciones. De repente sintió como alguien paraba de caminar y le esperaba. Alzo sus ojos marrones y se encontró con la calmada mirada azulada de Lorcan. Ambos jóvenes continuaron caminando, sin decir nada, uno pegado al otro.

-Te debo un explicación…-Comenzó el joven con expresión tranquila y voz calmada.

-Te escucho - Contesto James.

-Lily…-James le miro de reojo, los ojos azules de su amigo se encontraban fijos en su hermana menor. Se sentía extraño, muy extraño, debía reconocerlo. Lorcan y Lily, para él se trataba de su hermana menor, su adorada hermana menor y su mejor amigo, su misterioso y carismático amigo de la infancia. Jamás se habría imaginado aquella incómoda situación. Volvió a mirar a Lorcan de reojo, se dio cuenta de que su amigo estaba pasando un mal momento. Suspiro con resignación. No podía enfadarse, últimamente su yo interior era más tolerante de lo normal.

 -Yo…ella…- Lorcan continuaba tartamudeando a su lado. James no pudo evitar sonreír burlonamente, nunca había visto a su amigo en aquel estado de confusión  - Tu hermana se ha convertido en alguien…

-Ya lo he captado Scamander - Contesto James  rápidamente, no estaba preparado para escuchar esa clase de palabras en boca de su amigo - Por Merlín…-Murmuro negando con la cabeza. Se miraron unos segundos, sonrieron - Esta bien Scamander, tienes mi consentimiento…-Lorcan alzo una ceja sarcástica.

-Pero…

-Pero ni se te ocurra jugar con sus sentimientos  - Le amenazo suavemente - De lo contrario no querrás haber nacido - Lorcan sonrió burlonamente y asintió con la cabeza - Y ni siquiera pienses en ponerte meloso con ella, no cuando estés en mi presencia, un poco de decoro por favor, aun es una niña…

-Lo mismo podría decirse de ti y Her…-Cerro la boca al sentir la peligrosa mirada que le lanzaba James - Lo intentare - Contesto con una sonrisa misteriosa. James arrugo el entrecejo pero no le dio tiempo a responder nada, Lorcan lo agarro y le dio un abrazo amistoso. James abrió los ojos con sorpresa, Lorcan no solía hacer esas cosas, ni siquiera cuando eran niños.

-¡Pareja!  ¡Es para hoy! -  Grito Lily con picardía mientras miraba a ambos jóvenes.

Ambos amigos se separaron torpemente. El grupo los observaba desde el otro lado del pasillo, todos sonreían divertidos por la escena que acaban de presenciar.  Cuando llegaron a su altura, la menor de los Potter agarro a ambos muchachos, beso a su hermano mayor en la mejilla y a Lorcan le dio un fugaz beso en los labios. Todos rieron y James puso los ojos en blanco, resignadamente. Lysander se despidió del grupo y se alejo hacia la torre de Ravenclaw dando pequeños saltitos. Su hermano la quiso acompañar pero la muchacha se negó rotundamente, diciendo que su amuleto, un colgante de dientes de dragón, la protegería de cualquier magia oscura. Cuando el retrato de la dama gorda se abrió ante ellos, pudieron sentir el calor y el agradable olor de la sala común. Al entrar se sintieron ridículamente más tranquilos, como si la sala común los arropara y protegiera. La mayoría de alumnos se habían marchado a sus habitaciones pero otra pequeña mayoría se mantenía alrededor de las mesas o sentados en los sofás

James acostado sobre uno de los sofás escarlatas miro a su alrededor. El resto del grupo se encontraba esparcido a su alrededor. Lily y Hero habían subido a sus habitaciones, Lorcan sentado cerca de él se mantenía distraído moviendo la varita entre sus dedos. Claudio había abierto un libro y lo observaba con desgana. Mientras tanto Rose, sentada en el sillón cerca del fuego, releía el Profeta por cuarta vigésima vez. No habían pasado ni diez minutos cuando se escucho un suave susurro en algún lugar de la sala común. James arrugo el entrecejo, volvió a mirar a los presentes pero ninguno de ellos había abierto la boca.

-Shts James…

El susurro se volvió mucho más fuerte. James se giro y observo la sala común con atención. Sus ojos se pararon en una dirección concreta. Hugo Weasley le hacía señas desde el retrato de la señora gorda, algo escondido entre las sombras, su rostro se encontraba sonrojado y acalorado, su mirada era extraña, excitada, como si hubiese sucedido algo. James arrugo el entrecejo, se levanto intentando no llamar la atención y disimuladamente fue acercándose hacia la salida. Claudio y Lorcan continuaron distraídos, sin prestar atención a los movimientos de su amigo. Pero Rose Weasley si se había dado cuenta de aquel extraño comportamiento, doblo disimuladamente una de las esquinas del periódico que había leído tantas veces y siguió a James con la mirada. Cuando se dio cuenta de que, quien lo llamaba, era su hermano menor Hugo, Rose arrugo el entrecejo como solía hacer cuando algo no le gustaba.

-¿Qué sucede? - Pregunto James al llegar a su altura.

-James tienes que venir…

-¿Qué? ¿A dónde? Es tarde, Hugo pero que…

-Ahora - Hugo agarro a su primo de la manga de la túnica y comenzó a arrastrarle hacia la salida. Parecía sacado de sí mismo. James se alarmo al ver el estado en que se encontraba su primo. Paró en seco e hizo que Hugo se girara, lo agarro de los hombros y lo zarandeo intentando calmarle - James, por Merlín, no hay tiempo…-Suplico el muchacho cada vez mas acalorado, luchando por soltarse.

-¿Qué demonios te pasa? - Pregunto intentando serenarle - Hugo relájate…me estas asustando - Susurro el joven con ojos confusos. Varios alumnos se habían dado cuenta de la repentina discusión entre ambos primos - Hugo por Merlín, dime qué pasa, primero dime que pasa…- Hugo paro de luchar y observo a su primo. De repente había palideció, su rostro risueño y pícaro había desaparecido ante una máscara de miedo y confusión.

-Él está aquí…

-¿Él? - Hugo asintió con la cabeza repetidas veces cada vez mas pálido - ¿De quién estás hablando?  

 El muchacho abrió la boca varias veces, casi incapaz de recrear algún sonido con la temblorosa voz. Pero durante un segundo, James pensó que estaba alucinando y aquellas palabras no eran reales, pero ahí estaba Hugo, moviendo los labios y reproduciendo aquel claro sonido que se expandió hasta llegar a los oídos de James.

-Malfoy, Malfoy está aquí…

¡REGRESE!

¡AM BACK!

(Me pongo de rodillas ante ustedes y os pido disculpas) De verdad lo siento mucho, cuatro meses de retraso no tienen perdón de dios. Espero que no estén muy enfadados conmigo y que me perdonen, mi vida no ha sido muy fácil y he estado muy ocupada con muchas cosas y cuando tenía un descanso simplemente estaba demasiado cansada como para ponerme a teclear en el ordenador. A parte perdí todos mis apuntes e ideas y tuve que empezar desde el principio de nuevo.

Aquí les traigo este nuevo capítulo, que no es muy largo pero espero que os satisfaga lo suficiente por la espera, prefería que fuera corto y actualizar enseguida a tardar más. Prometo que no tardare en actualizar, como mucho dos semanas, ahora estoy de vacaciones así que encontrare tiempo para actualizar un poco más rápido.

Agradeceros vuestra paciencia y vuestros continuos comentarios pidiendo que siguiera la historia. Es una historia compleja que aun que parezca mentira necesita apoyo moral porque si no no soy capaz de terminarla haha pero hasta ahora me habéis demostrado que os importa, así que millones de gracias a todos vosotros.

No te olvides de comentar si te ha gustado y si quieres que actualice el próximo capítulo con rapidez.

¡Muchos besos y abrazos a todos mis queridos lectores!

Vuestra fiel:

Pluma cisne

Irene.