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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 56
James sintió que por un momento el suelo se desvanecía debajo de sus pies. Hugo seguía observándole de forma inquieta pero James continuaba procesando la información sin reaccionar. Percibió como su primo movía los labios y pronunciaba su nombre, pero era incapaz de escuchar su voz. Poco a poco las palabras empezaron a hacer efecto en su celebro. Scorpius Malfoy había vuelto a Hogwarts. Scorpius había regresado al colegio. Solo tenía una pregunta chocando contra su razón. ¿Por qué? Observo a su alrededor, el resto del grupo se mantenía al lado del fuego, hablando a la lumbre de este, sin percatarse de lo que estaba sucediendo a pocos metros de distancia. James miró a Hugo sin saber muy bien lo que debía decir, este lo seguía observando con ojos inquietos y nerviosos, esperando alguna respuesta o reacción.
-James…
-¿Estas seguro de lo que estás diciendo? - Pregunto James con gesto grave - Si es una broma…
-Por Merlín James, jamás haría una broma de este tipo, en estas circunstancias, como puedes creer algo así, estoy hablando muy enserio - Le interrumpió Hugo enrojeciéndose indignado - Lo he visto con mis propios ojos. Le he llevado a la sala de los menesteres, es lo único que se me ha ocurrido…
-Has hecho bien - Susurro James despeinándose el pelo con nerviosismo - Por las barbas de Merlín…- Respiro varias veces intentando calmarse - ¿Te ha dicho algo? - Hugo negó con la cabeza apesadumbrada mente.
-Estaba muy débil, el hablar le requería mucho esfuerzo, creo que lleva varios días sin comer - El rostro de James se ensombreció, Hugo también parecía sorprendido - Solo repetía tu nombre, creo que necesita hablar contigo…
-Y tanto…-Susurro James apretando los labios - Intentare controlarme por Albus, pero esa serpiente me debe una buena explicación si es que no quiere que le muela a patadas…-Hugo coloco una mano en el hombro de su primo.
-Ambos sabemos que esa no es la solución…-Susurro el joven con ojos calmados - Yo soy el primero que desearía echarle las cuentas a Malfoy, pero después de ver el estado en que se encuentra, siento de veras que ha vuelto para ayudarnos - James lo observo fijamente - Se está exponiendo mucho al regresar al colegio. Todo el ministerio lo está buscando, si lo cogieran ni siquiera tendría un juicio justo. Creo que deberíamos escuchar todo lo que tiene que decirnos, él es el único que nos puede decir donde esta Albus…-James suspiro de forma cansada y asintió con la cabeza.
-Supongo que tienes toda la razón…
- ¿Deberíamos decírselos a los demás? - Pregunto señalando con la cabeza al grupo de jóvenes. James negó rápidamente.
-Aún no, solo los alteraría, hay que mantener la calma.
-Pero… ¿Y Rose?
-No, no creo que sea el momento. - Contesto James algo inseguro -Antes necesito hablar con él, con calma. Además, tú mismo has dicho que él necesita hablar conmigo - Hugo asintió con la cabeza. James miro a su alrededor, nadie les prestaba atención.
- Tengo la capa de invisibilidad en el bolsillo de la túnica, salgamos antes de que nos vea alguien, ya se nos ocurrirá alguna excusa después…-Susurro el joven. Hugo asintió con la cabeza y con rapidez, ambos se dirigieron hacia el retrato de la señora gorda.
Sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano, Rose Weasley los había estado observando discretamente desde el sofá. Su agudo instinto la alertaba de que algo estaba sucediendo, algo olía mal. Al ver como su hermano y su primo desparecían por el retrato de la sala común, arqueo una ceja con fastidio, esos dos solo iban a causar más problemas. ¿Qué sería tan urgente? Observo a su alrededor, todos continuaban inmersos en las conversaciones. El fuego seguía chispeando en la chimenea y el calor provocaba un suave sopor. Unos segundos más tarde, Lily y Hero se levantaron con ojos soñolientos, dieron las buenas noches y desaparecieron por las escaleras que llevaban a los dormitorios de las chicas. Rose espero unos segundos más. Pocos minutos más tarde, Claudio y Lorcan también se levantaron y se despidieron de Rose. La muchacha pudo escuchar como Claudio preguntaba por James mientras subían las escaleras. Rose se puso de pie enseguida y se encamino hacia la salida de la sala común. Sin embargo cuando el retrato se abrió, descubrió para su frustración que ni su hermano ni su primo se encontraban en el pasillo.
-¿Van a estar toda la noche saliendo y entrando de la sala común? - Pregunto la dama gorda con voz indignada - Necesito siete horas de sueño para tener mi cutis perfecto, mi piel es muy sensible en estas épocas del año - Murmuro con voz chillona. Rose arqueo las cejas, frustrada.
-Déjeles pasar cuando regresen.
Murmuro Rose sin mirarla y entrando de nuevo por el hueco del retrato. Ignoro por completo los comentarios indignados de la dama gorda y se encamino hacia las escaleras que llevaban a los dormitorios de las chicas. Se giro un momento, antes de subir por la escalera. La entrada de la sala común continuaba silenciosa y solitaria. Suspiro, dio media vuelta y desapareció.
James y Hugo caminaban agazapados dentro de la capa de invisibilidad. Los pasillos se encontraban desiertos, silenciosos, solo se escuchaba el viento aullar al otro lado de los muros del castillo. El corazón de James latía con fuerza, deseaba que los pasillos se hicieran más cortos y las escaleras menos largas. Su mente se centraba en aquella puerta fantasma de séptimo piso que llevaba a la sala de los menesteres y donde se encontraba Scorpius Malfoy. Malfoy el traidor, el que había entregado a su hermano, traicionando su confianza, su amistad. James sabía que tenía muchos defectos, una gran lista de innumerables defectos, algunos más graves que otros pero de algo estaba seguro, él jamás hubiese entregado a un amigo, habría dado su vida antes de traicionar a alguno de los merodeadores. Sus ojos se entristecieron, sabía que debía escuchar a Malfoy, sabía que debía mantener la calma, no debía caer en el rencor, en el odio, eso no iba a ayudar a encontrar a Albus.
-Ya estamos llegando - Susurro Hugo señalando con la cabeza el muro de piedra del séptimo piso. El corazón de James se acelero.
Se quitaron la capa y observaron el muro de piedra en silencio. Ante sus ojos una puerta apareció de la nada invitándoles a entrar. Hugo se adelanto primero y puso su mano sobre el pomo. James le siguió receloso y espero que su primo abriera la puerta. Hugo se giro y lo miro con seriedad.
-Prométeme que vas a mantener la calma James…
-Lo prometo - Contesto James.
Hugo asintió y presiono el pomo de la puerta. La madera crujió y cedió al peso del muchacho, la puerta se abrió y ambos jóvenes entraron en el recinto. Caminaron por las estanterías llenas de libros, utensilios muggles y mágicos, capas, escobas y objetos olvidados en el tiempo. Hugo paró en seco y señalo una esquina de la habitación. En un colchón, escondido entre mantas, se encontraba un Scorpius Malfoy muy distinto al que James recordaba. Su pálida piel se parecía más a la de un cadáver que a la de un ser vivo. Tenía unas grandes ojeras y había perdido una gran cantidad de peso. El corazón de James se ablando al darse cuenta de su aspecto. Scorpius alzo los ojos al darse cuenta de la presencia de ambos muchachos. Intento ponerse en pie pero Hugo se lo impidió con una mano tranquilizadora.
-Potter…-Jadeo Scorpius tosiendo con fuerza. James compuso una mueca burlona, le alegraba que Malfoy siguiera entendiendo sus diferencias y lo llamara por su apellido - Las mariposas…-Jadeo de nuevo volviendo a toser - James lo observo con el ceño fruncido, el cuerpo de Scorpius sudaba en gran cantidad.
-Estas enfermo Malfoy - Contesto James tocando su frente sudorosa - Necesitas comer algo, estoy seguro de que no has comido desde hace siglos, no nos sirves así - Hugo lo observaba con pesar.
-¿Qué deberíamos hacer? ¿Lo llevamos a la enfermería?
-¿Te has vuelto loco? La mitad del ministerio lo está buscando -Contesto James arrugando el ceño. Suspiro y negó con la cabeza, sabia cual era la solución - ¡Kreacher! - Unas milésimas de segundo más tarde, un elfo de larga nariz aguileña y delgados huesos apareció en la sala de los menesteres haciendo una enorme reverencia.
-Si señor.
- Hola Kreacher, perdona que te moleste a estas horas - Susurro James sonriéndole a su elfo con jovialidad.
-Kreacher está a sus órdenes…-Contesto el elfo.
-Si no te importa, necesito que me traigas algunas sobras de la cena de esta noche, un poco de sopa caliente y pan, quizás algo más, lo que encuentres…-Kreacher asintió
- Y también una palangana de agua fría con un paño, necesitamos bajarle la fiebre - Kreacher hizo otra reverencia para luego desaparecer con un chasquido.
-Las mariposas - Jadeo de nuevo Scorpius medio delirando. Había cerrado los ojos y se tapaba el sudoroso cuerpo con las mantas. James se acerco al colchón y observo el tembloso cuerpo de Malfoy.
-¿Malfoy sabes donde están las mariposas?
-Está demasiado débil, no sabe lo que dice - Murmuro Hugo.
-Creo que tendré que quedarme con él esta noche - Hugo abrió los ojos con sorpresa y lo miro - ¿Qué? - Pregunto al darse cuenta de la inquisidora mirada de su primo - Necesitamos que se ponga bien lo antes posible, es el único que sabe donde esta Albus y al parecer sabe algo de las mariposas - Murmuro James excusándose - Solo lo hago por eso…-Hugo sonrió y le dio unas suaves palmaditas en la espalda.
-Si tú te quedas, yo me quedo.
A la mañana siguiente, Scorpius aun seguía muy débil. Ambos jóvenes se habían pasado la noche en vela intentando bajarle la fiebre y alimentándole con pequeñas cucharadas de sopa y pequeños trozos de pan. Unas pocas horas de sueño no bastaron para hacer desaparecer el cansancio de sus rostros. Al despuntar la mañana, James pidió a Kreacher que se quedara al cuidado de Malfoy y ambos jóvenes se marcharon a la sala común a cambiarse. El día continuo con normalidad, las clases seguían su curso, los estudiantes iban y venían con su taciturno caminar. La tristeza seguía impregnando las aulas y los pasillos, la clausura del colegio era inminente. James se paso todo el día con la mente lejos de las aulas y los libros de texto, su único pensamiento se dirigía al séptimo piso y su mente solo era capaz de adentrarse en la sala de los menesteres. Rose Weasley sabía que ni su hermano ni James habían dormido en sus habitaciones y los había estado observando de cerca durante el desayuno, la comida. En la cena, Rose se dio cuenta de que ambos jóvenes se habían levantado poco tiempo después de que esta empezara. Rose arrugo el entrecejo, James y Hugo tenían un apetito voraz y siempre esperaban al postre. Los merodeadores también se habían percatado de aquel extraña actitud pero James solo daba indirectas diciendo que tenía mucho que estudiar. Aquella misma noche, Rose, volvió a intentar seguirlos, pero muy a su pesar, le fue imposible, la capa de invisibilidad no dejaba rastro. Así fue durante toda la semana, el extraño comportamiento de James y Hugo, las sospechas de Rose que se iban acrecentando con los días y las idas y venidas de la sala de los menesteres que culminaban con las largas noches en vela junto al colchón de Malfoy, que con lentitud comenzaba a mejorar a base de paños de agua fría, mucho sueño y sopas calientes.
El viernes por la noche, Hugo y James arrastraban sus pies por el suelo. Habían salido como cada noche, resguardados por la capa invisible para dirigirse a la sala de los menesteres. Ambos jóvenes bostezaban exageradamente y sus ojos mostraban un enorme cansancio. Caminaron con más lentitud que los días anteriores, pero finalmente, llegaron junto al muro del séptimo piso. La puerta apareció ante sus ojos, volvieron a abrirla como tantas veces aquella semana y entraron en la habitación. Para su sorpresa, Scorpius Malfoy se encontraba sentado en la cama con una bandeja de comida vacía a un lado. A pesar de que aun tenía el rostro más pálido de lo normal y de que seguía muy delgado, el color había vuelto a sus ojos y al parecer, la cordura a su cabeza. James y Hugo lo observaron y lentamente se acercaron al colchón para quedar frente a él.
-Gracias - Dijo Scorpius con ojos tranquilos y la cabeza bien alta. James y Hugo no contestaron a las primeras palabras cuerdas de Scorpius. Seguramente porque tampoco sabían cómo contestar a el simple gracias de un Malfoy. Era demasiado raro, demasiado irreal, así que prefirieron mantenerse callados.
-Primero quiero dejarte claro que si no te estoy moliendo a puñetazos es por respeto a mi hermano y porque te necesito de una pieza para que me aclares lo que está pasando - Murmuro James dejando claro los términos de aquella charla.
-Me parece del todo entendible que quieras molerme a puñetazos Potter, yo en tu lugar no habría mostrado tanta…
-¿Cómo está Albus? ¿Dónde está Albus? - Le interrumpió James.
-Bien, Albus está bien, dentro de lo que cabe - Murmuro Scorpius bajando la mirada - ¿Permites que te explique todo desde el principio? - Pregunto alzando la cabeza y manteniéndose firme frente a ellos. James se quedo observándole unos segundos y asintió.
Scorpius comenzó la historia desde el principio, explico sobre sus padres, sobre su regreso en navidades y como se entero de lo que estaba sucediendo. Hablo de Maro y de sus esbirros, de cómo lo amenazaron en asesinar a su familia si no cooperaba, hablo del profesor Schneider y James le explico quien era en realidad y su parentesco con Hero. Scorpius explico como Nero, Marcus y Scipio se habían unido a Maro con la promesa de que este liberaría a sus padres presos en Azkaban. Nombro al profesor Dalton y sus experimentos en los sótanos de su casa, también a su hija que se encontraba encerrada con Albus. Hablo de las mariposas y de cómo Marcus le había dicho indirectamente que buscara en las cañerías del colegio. Narro como dejo a su familia tras de él. Relato su huida y su regreso a Hogwarts. Y finalmente su plan de acabar con las mariposas y de ir a rescatar a Albus antes que fuese demasiado tarde. Cuando finalizo, se hizo el silencio durante unos minutos. James lo observaba de forma extraña, con una mezcla de recelo y a la vez de sorpresa. Hugo tenía la boca abierta y observaba completamente anonadado el rostro de Scorpius que esperaba impaciente una reacción.
-¿Te das cuenta de que todo esto es tu culpa? - Murmuro James con voz rasposa - Si hubieses confiado en Albus y en Rose desde el principio nada de esto abrí pasado. Ahora tu familia está en peligro, el mundo mágico odia tu nombre más que nunca y…-Hugo le dio un suave codazo. James paro e hizo un ruido rasposo con la garganta.
-Si, soy consciente. He vuelto para solucionar las cosas, antes de que sea demasiado tarde, es lo único que puedo hacer ahora, no puedo cambiar el pasado…- Contesto Scorpius - Se que te estoy pidiendo demasiado Potter, pero, necesito que confíes en mi…
-¿Por qué debería hacerlo?
-Por Albus y porque he sacrificado a mi familia.
Minutos más tarde, Hugo y James salieron de la sala de los menesteres con el rostro pálido por la impresión. Tanta información había sido agotadora después de aquella semana. Solo deseaban meterse en la cama y dormir hasta bien entrada la mañana. Pero James percibió como aquella llama de esperanza crecía en su interior. Albus estaba bien y Scorpius podía guiarles hasta él. Pero primero, tendrían que deshacerse de esas mariposas y era algo que requería mucha preparación. Mañana mismo iba a ponerse con ello. Acabar con las mariposas significaba que Hogwarts tenía la posibilidad de mantenerse abierto, de que no habría más ataques a estudiantes y del pequeño Ralph volvería a reunirse con ellos y a deleitarles con las más amables de las sonrisas.
-Me siento orgulloso de ti - Bromeo Hugo con una sonrisa picara - Tu autocontrol para mantener una conversación civilizada ha sido memorable - James arqueo una ceja cínicamente.
-No eres el más indicado para hablar…
-¡Aha!
James y Hugo pegaron un brinco, sacaron la varita con rapidez y apuntaron en la dirección en la que habían escuchado aquella voz victoriosa. Sus rostros palidecieron aun mas cuando se dieron cuenta de quien se encontraba frente a ellos. Rose Weasley los observaba con una sonrisa triunfante y mirada inquisidora, como si hubiese pillado a dos ratoncillos en un almacén de queso. Hugo y James bajaron la varita, el sudor frio comenzó a recorrerles de pies a cabeza.
-Rose
-¿Qué haces aquí?
-¿Qué hacéis vosotros aquí? - Contesto Rose alzando una ceja - Yo soy prefecta, tengo derecho a estar en los pasillos a estas horas, cosa que vosotros dos no, así que quiero una explicación de porque esta noche y todas las noches anteriores habéis estado saliendo de la sala común a altas de las horas, incluso sabiendo que está altamente prohibido - James y Hugo no contestaron - Bueno, si no me decís a mí, tendré que llevaros al despacho e la directora…
-Rose - Rose paro de hablar y se fijo en su hermano. El rostro de Hugo nunca había presentado tanta seriedad. La muchacha sintió un cierto temor - Tenemos algo que decirte…
-¿Qué sucede?
- Pregunto temerosa.
-Él está aquí…-Susurro James bajando la mirada. Rose se quedo unos segundos observándoles sin entender lo que estaba pasando.
-¿Él? ¿Quién es é?
-Malfoy.
El rostro de Rose palideció repentinamente y por un momento sintió como su cabeza se nublaba. Estuvo a punto de caer al suelo de la impresión pero Hugo la agarro a tiempo. La muchacha intento abrir los labios para decir algo pero las palabras no salían de su boca, solo podía mirar a James y a Hugo alternativamente con ojos interrogantes, sin comprender lo que estaba pasando.
-Esto es una broma - Susurro al fin. Ambos jóvenes negaron con la cabeza. Con lentitud e intentando mantener a Rose tranquila, resumieron todo lo que Scorpius les había explicado unos minutos antes. Ella se quedo unos segundos en silencio, asimilando lo que su primo y su hermano acababan de relatar. Solo había algo que necesitaba hacer con urgencia -Necesito verle…-Hugo cerró los ojos, había estado esperando esas palabras desde el momento en que el nombre de Malfoy había salido de sus labios.
-Pero Rose…
-Necesito verle ahora…-Jadeo suplicante.
Hugo y James se miraron. El menor de los Weasley asintió con la cabeza y James suspiro resignadamente.
-De acuerdo.
James se coloco frente al muro y la puerta volvió a aparecer. Rose la abrió de un tirón, se quedo unos segundos en el umbral, observando el interior mientras sentía como el sudor frio caía por su nuca; después de unos segundos eternos, entro en la sala de los menesteres. James y Hugo no la detuvieron, se quedaron en el pasillo, observándola, hasta que la puerta se cerró tras ella. Su corazón palpitaba con fuerza, su entrecortada respiración expulsaba un vapor caliente de su boca. Observo a su alrededor inquieta, nerviosa, deseosa de encontrar aquella silueta tan familiar. Camino entre los objetos amontonados hasta llegar a una de las esquinas de la habitación. La sala se encontraba en penumbra; los muchachos habían encendido varias velas, hechizándolas para que flotaran en el aire. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscura silueta de las sombras, fueron capaces de percibir aquella figura acurrucada sobre un simple colchón en el suelo, tapado por varias mantas de lana. Era él, no había duda, Rose podría haber reconocido aquella larga silueta entre una multitud de personas. Scorpius Malfoy estaba en Hogwarts, Scorpius había vuelto a ella. Rose sintió como se le paraba el corazón y dejo de respirar por unos segundos. Scorpius alzo la cabeza y palideció al verla. Sus ojos contactaron y la joven sintió como el mundo se desmoronaba a su alrededor. La delgadez de Malfoy, sus ojos cansados, sus ojeras, su pelo sucio y aquel brillo esperanzador en la mirada, provoco un agudo pinchazo de dolor en el pecho de Rose.
Rose…
La débil voz de Scorpius llego hasta los oídos de la muchacha. No pudo soportarlo más y corrió hacia él, cayendo de rodillas junto al colchón y abrazándolo con fuerza mientras el llanto hacia presa de su tembloroso cuerpo. Scorpius respondió al abrazo con suavidad y escondió su rostro entre los cabellos color borgoña de Rose, cerrando los ojos con rabia, varias lagrimas rebeldes se deslizaron por los ojos de él, rodando por su piel hasta caer en el jersey de uniforme de ella. Se quedaron así una eternidad, abrazados, sintiendo el contacto del otro después de tantos meses de dolorosa separación. Mezclando las sensaciones; mostrando las vivencias con simples gestos, sin palabras, las palabras eran demasiado dolorosas. Lentamente, Scorpius se separo y alzo el rostro de Rose con una mano. Las manos y los labios de la muchacha temblaban. Él intento mantener la calma, pero su propio dolor se acrecentó al ver aquella frágil imagen.
-Perdóname…-Susurro Scorpius con arrebatadora tristeza - Quisiera borrar cada instante en el que te sentiste sola, traicionada, decepcionada, triste….-El joven se atraganto con sus palabras, emocionado por el momento mientras acariciaba el rostro surcado de lagrimas de Rose - Llevo esperando y temiendo este momento, pensé tanto en lo que debería decirte, explicarte, pero simplemente no sé por dónde empezar, no sé si debería decirte lo mucho que he deseado viajar al pasado para remediar todo el daño que te hice, a ti y a Albus, la tristeza que me produce pensar que perdí vuestra confianza, que quizás también pierda tu amor…-Jadeo el joven mientras la observaba
- Solo quería protegerte aun sabiendo que eres una de las brujas más talentosas y brillantes del mundo mágico. Pero ya entendí, ya sé que ese no fue la decisión acertada….-Una lagrima silenciosa rodo por su mejilla y la emoción hizo que su voz vibrase repentinamente - Rose…-Acaricio la mejilla de ella con suavidad, observándola como si todo aquello se tratase de un sueño.
-Te quiero Rose Weasley y te estaré toda la vida agradecido, porque me has salvado, en todas las formas en las que se puede salvar a un ser humano - Trago saliva - Solo pido tu perdón, por haber sido un cobarde…-Rose continuaba con el rostro húmedo por el llanto pero ya no lloraba, lo observaba en silencio - Voy a arreglarl….-Rose coloco un dedo sobre sus labios.
-Shhh…-Cerro los ojos unos segundos - Lo haremos juntos…-Susurro Rose, abriendo los ojos de nuevo y observándole a pocos centímetros de su rostro - Juntos…- Scorpius la observaba sorprendido.
Y acto seguido, Rose aparto el dedo de la boca de Scorpius y lo beso. Aquella milagrosa sensación nació de nuevo, aquella conexión tan entrañable y única los recorrió de arriba abajo, sin miedo, sin dudas, Rose lo beso, abriendo sus corazón de nuevo de par en par, para él, solo para él, porque era un hombre bueno y había vuelto a su lado para levantarse de nuevo y enmendar sus errores. Lo beso con una intensa dulzura para curar esas heridas internas que habían sufrido los dos. Ya no tenía miedo a sufrir, si es implicaba luchar por algo que mereciese la pena y él le había demostrado que así era. Amor, sufrimiento, todo se encuentra en la misma caja y no hay que tener miedo a amar ni a sufrir. Ella se había abalanzado sobre un sorprendido muchacho que al sentir su cercanía contesto con la misma necesidad, tomando el rostro de ella entre sus manos y atrayéndola hacia su cuerpo, pegándola fuertemente, rodeándola con sus brazos. Durante semanas, habían soñado con aquel momento tan intimo, tan suyo, que nada ni nadie les podría robar. Y así, acompañados por el silencio sordo de sus besos, se tendieron juntos en aquel triste colchón y pararon el tiempo.
Continuara...
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¡Good afternoon, Guten Abend, Buenas tardes!
Hola a todos mis queridos y maravillosos lectores, que ya somos 348. Madre mía de mi alma, me resulta extrañísimo pensar que 348 personas leen mi historia, personas tan distintas, de tantos países diferentes que tienen un pequeño punto en común. Déjenme decirles que siento mucho vuestra eterna espera, pero espero que este capítulo os llene de alegría y felicidad. Como os prometí, aquí actualizado esta y espero que pronto pueda traeros otros capítulos nuevos.
Quería agradecer con todo mi amor a , , ¸esas cuatro maravillosas lectoras que me comentaron a pesar de llevar tanto tiempo desaparecida. (Tuve que borrar ese capítulo de disculpa) Simplemente me parece increíble que a pesar del tiempo tengan tanto entusiasmo por esta historia y os agradezco muchísimo todo el cariño que le tenéis a estar historias, así que espero de verdad poder colmar vuestros deseos. Gracias por manteneros fiel a mi historia, os mando muuucchoooooossss besos donde quiera que estéis. (Querida Vicky desgraciadamente no tengo Twitter!!!!)
Que mas puedo deciros, ya sabéis que vuestros comentarios son una alegría para mi joven alma, así que no tengan miedo, comenten, háganme saber que están ahí y que vibráis con mi historia, una escritora no es nada sin sus lectores, digan lo que digan.
Os mando un beso enorme y espero veros muy pronto.
Vuestra fiel.
Pluma Cisne
Irene.