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Dulce Locura — capítulo 15

Sentí como si el tiempo se frenase en ese momento, todo se reducía a escasos dos metros alrededor de nosotros. Manteníamos un gesto serio, los dos, como si no fuéramos más que dos extraños en una posición muy comprometida; pero podía sentir cómo mis orejas se volvían de un rojo intenso, como el hielo que poblaba mis ojos se derretía y yo me sentía un ser muy pequeñito en un mundo tan grande.

Y yo sostenía su mirada, más especial que antes, si cabe, gracias a la luz de la luna y las estrellas; sonreía con un brillo especial en su mirada, un tono azulado, ensombrecido debido a los brazos que se acercaron a mi rostro, acariciándolo como hacía mucho que no experimentaba, apartándome el rebelde flequillo de la frente, que se escapaba de detrás de las orejas, y caía sobre mis ojos.

-¿En serio… nunca habías besado… a nadie? -rompió el silencio que se interpuso entre nosotros.

Estábamos tumbados en forma antiparalela, de forma que sólo llegábamos a mirarnos a los ojos y poco más. Sonreí ante su pregunta y asentí, sin articular palabra.

-Siempre he sido muy solitario y frío, y casi nunca desarrollo afecto por las personas… -callé unos segundos, tragué saliva y continué-. Además, soy muy directo con la gente, por eso muchos me evitan; me consideran raro por mis gustos, desde el cine, la literatura y la música…

-¿Te gusta ser diferente? -inquirió ella.

-No es que me guste, es… es como si fuera parte de mí. Nunca me han gustado las convicciones, siempre apoyo a las minorías y pocas veces me conformo con lo que tengo delante… No sé si…

-Muchas veces me ha ocurrido lo mismo

-¿Como qué? -me levanté y me apoyé sobre el brazo izquierdo, mirándola de forma inquisitiva, probando su aguante ante mi fría mirada.

-Tengo un hermano, se llama Fernando… Y es la definición personificada de "conservación". Todo lo que sea algo diferente, algo mínimamente extraño a lo normal, es malo y hay que destruirlo.

-Entonces… no creo que nos lleváramos bien -bromeé, aunque no tenía ni pizca de gracia en realidad-. Es un mente cerrada, ¿no?

-Totalmente. Por eso me fui de casa con 17 años.

Se fue de casa con 17 años, pensé. Ya era mayor que yo… me faltaban un par de meses para llegar a esa edad. Y ahora, ¿cuántos tendría? Porque yo… un simple adolescente de 16 años… ¿y si la edad que nos separaba era demasiado grande? ¿Y si… cuando supiese mi edad, se alejaba de mí? Estaba contrariado, sentía una lucha interna en mi interior. No quería mentirle, la quería demasiado como para ello… pero no quería perderla, y para ello, la única arma que tenía era la mentira.¿Qué tiene de especial la verdad?, esa frase de Closer, nunca le había encontrado tanto sentido… como ahora. Así que callé, escuchándola a ella, como su confidente, su hombro en el que llorar, la piedra en la que apoyarse cuando más lo necesitara… porque yo no quería verla sufrir, y lo estaba viendo en ese momento… y no podía evitarlo, sólo podía dejar que dejase caer las lágrimas y se tranquilizara, que dejase caer todo lo que tenía guardado desde hacía tiempo, desde que se fue de casa… y mucho antes.

Pasamos un rato callados ambos, mirando el reflejo del sol en la luna. Los sonoros sollozos se fueron apaciguando con el tiempo, hasta quedar como esos reflejos que te golpean cada vez que menos lo deseas, y después… silencio. Silencio absoluto… porque ella, tan cansada y tan dolida, había caído presa de los poderes de Morfeo.

-Desde la primera noche en que te vi, no he podido olvidarte. Permanecías en mi mente día y noche, bloqueando cualquier palabra, reacción y enseñanza que debiera estar ahora mismo en mi conocimiento -me sorprendí a mí mismo diciendo estas palabras, pero estaba solo, y quizá sería la única oportunidad que tendría… y no me podía permitir desaprovecharla-. Sé que soy frío, muy frío… y solitario. Nunca confío en nadie… hasta que llegaste tú. Todo a tu alrededor es tan… tan especial, que me embriaga y adormece, me hace perderme y no ser yo… ¿Tienes idea de lo que daría por un beso tuyo? … Porque yo… nunca había sentido nada parecido, y tengo miedo… Tengo miedo de ti, de perderte y de que te alejes de mí… Porque soy tuyo, tuyo hasta la médula… en cuerpo y alma.