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Dulce Locura — capítulo 4
Recuerdo que la vida en Bachillerato era muy dura. Nuestros profesores nos animaban, pasaban de nosotros, o incluso nos detestaban y hundían en la miseria del suspenso.
Siempre había dicho burradas acerca del instituto, y lo que yo haría con él cuando ya fuese adulto. Ahora… no lo tengo tan claro. Sin embargo, no negaría nunca que realizaría una enorme reforma, tanto a nivel estructural como a nivel humano.
Pero, ¿qué tiene que decir un simple alumno? Nuestras quejas y pedidos no llegan más allá de un nombre en un inútil folio, unos cabreos y palabras malsonantes resonando por el aula. Tarde o nunca son la mayoría de las respuestas, a lo que hay que eliminar alguna que otra que tiene rápida solución.
Me pasé seis años de mi vida estudiando en el mismo lugar, el mismo instituto con tan mala fama. Me ofrecieron cambiarme de instituto, pero me negué. Acepté el reto de quedarme hasta la Universidad en ese tugurio de edificio, y no sé si hice una buena elección. En parte, fue por la comodidad de no cambiar de ambiente ni forma de estudio; en parte fue por los conocidos que allí tenía.
Muchos de esos conocidos ni tan siquiera recordaban ya mi nombre, aunque eso era algo que no me importaba lo más mínimo. Cuanto más lejos estuviera de ellos, mejor.
No soy un diccionario andante, aunque más de una vez he grabado a fuego los significados de las palabras. Recuerdo que cuando empecé con todo esto, cuando me volví oscuro y siniestro, cuando la oscuridad se hizo mi elemento, junto al frío, silencio y soledad, me empeñé en memorizarla. Decía así: **amistad:**Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.
Año tras año, semana tras semana, día tras día, me di cuenta de lo que me separaba de ellos, de todos aquellos que perecieron bajo mi yugo. Era reservado y callado, pero me sometisteis a tal autismo que no me dejasteis otra opción.
Soy de polos opuestos, lo sé. Y no tengo problemas con ello. Soy blanco, o soy negro. Soy luz o soy oscuridad. Soy un ángel o soy un demonio. Vivo entre el fuego o entre el hielo.
Cuando mi autismo autoimpuesto comenzó, yo tenía 15 años, poco me faltaba para los 16. Sí… ya era lo suficientemente mayorcito como para elegir con quien me juntaba. Pero mis inseguridades de pequeño, mis miedos absurdos, mi incapacidad para tener un trato normal con las personas, me hicieron perderme por el camino.
Me volví la sombra de lo que fui, me convertí en el silencio de mis palabras, la oscuridad hecha persona. Definición de siniestro. Mis ojos perdieron ese mágico toque marrón que les daba un aspecto vivo y extraño, para quedarse con el frío, calculador y peligroso mote grisáceo.
Mi vida se frenó, se quedó en posición de stand by, se rayó en un tal día 13 de abril de 2010. Un martes de abril, en el que me quedé frenado en el tiempo, cuando mi yo interior despertó, y clamó por aquello que creía suyo.
Pero había alguien, había algunos… que se lo habían arrebatado todo.
Y decidió vengarse.
Sin remordimientos, sin pesadillas, sin demonios interiores… nada, sólo silencio, paz, tranquilidad… y manos manchadas de sangre culpable.