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Dulce Locura — capítulo 5

¿Cómo comenzó todo esto? La verdad, mi mente ya ni lo recuerda. Hace ya tantos años de ello… Pero aún así, conservo retazos del momento en que mi parte oscura, siniestra, peligrosa, fría y certera apareció.

Siempre he sido muy callado, vergonzoso. Me sentía tan pequeñito en un mundo tan grande… Pero su actitud hacia mí de esas personas se fue distanciando poco a poco… Día a día desconocía los temas de los que hablaban, permanecía en mi mundo donde las historias que solía escribir tomaban forma, movimiento y vida. Se hilvanaban en mis conversaciones del silencio.

Pillé la falsa indirecta. Me lo dijeron a la cara. Sin remordimientos, directamente. Y yo, lloré. Lloré sin lágrimas. Gritaba, gritaba sin voz, sin palabras para describir el odio que sentí en ese momento. Me rompí en mil pedazos. Fue un dolor parecido al ataque de ansiedad que me dio años atrás, cuando sentía que cientos de agujas se me clavaban en el pecho y me impedían respirar. Aunque esta vez respiré; el odio que emanaba de mí me enseñó a comer, a beber, a respirar… creí que me moriría con todo ese odio en mis venas. Y sí, morí… y renací en ese mismo instante. En el instante en que una fría sonrisa se posó en mi rostro, y aún permanece al recordar todos estos años.

Comencé a desconfiar de todo el mundo, mis palabras eran irónicas, cargadas de sentimientos y palabras frías que los asustaban y les hacían temerme ante una respuesta tan bien pensada. El hielo y el oscuro se hicieron mis elementos. Puede que en ese momento mis ojos perdieran el mínimo color de calidez que ese tímido castaño aportaba. El gris se apoderó de todo él, clareándose hasta un azul hielo como lo son hoy en día.

Me volví nocturno, me alejé de mis padres, me escabullía cada vez que me lo podía permitir. Hacía equilibrismos a la medianoche; caminaba con las manos, me atrevía por unos pasillos demasiado angostos para cualquiera, me subía por los bloques de hormigón y me divertía imitando a Álex DeLarge y su grupo cantando "Singing in the rain". Claro que mi repertorio era más amplio, lo que también lo convertía en más vulgar y mundano. Quizás me acercaba más al corrupto Norman Stanfield respecto a la forma de escuchar música, sin embargo, mis gustos musicales distaban mucho de la música clásica que el personaje interpretado por Gary Oldman gustaba de oír.

Me pasaba las noches tirado en la hierba del parque municipal mirando las estrellas, deseando ser una de ellas… alejándome de este cruel y despiadado mundo, donde prima la hipocresía y el egoísmo con grandes dosis de egocentrismo en su estado más puro.