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Dulce Locura — capítulo 7
Colgó las llaves en el llavero de la pared, y pude distinguir un nombre. Me reí sutilmente y avancé por el piso. Nada más entrar, a la izquierda, estaba la cocina, donde se había metido ella a preparar algo caliente, viendo el frío de una noche de finales de noviembre y el extraño color que mis manos habían mostrado. Delante, y ocupando casi todo el espacio, estaba el salón, con dos sillones dispuestos en L, un armario empotrado recubría toda la pared de enfrente, donde habitaba un gran desorden, y en medio una mesilla baja, al lado, una mesa verdaderamente dicha; y ya al fondo, dos habitaciones, una de matrimonio y otra individual, separadas por el baño.
Solté la guitarra a un lado y me senté, puse las manos bajo las piernas para calentarlas más rápido, truco habitual en mí, efectivo, pero con efectos secundarios. Poco a poco, la sangre volvía a fluir por mis manos. Estaba mirando mayoritariamente al suelo, lo que me permitía mi incómoda posición. Entonces alcé la vista, y vi una taza humeante frente a mí.
-Bébetelo, te hará bien -me ofreció.
-Gracias -la cogí, y agradecí el calor que ese chocolate caliente me ofrecía. Me quedé absorto unos momentos-. Oye… ¿qué te parece si me dices tu nombre? -inquirí, la verdad, habíamos llegado a esa situación sin ni tan siquiera saber cómo demonios se llamaba el otro-. Es un poco extraño estar así… y no saber cómo te llamas. Yo me llamo Rubén, ¿y tú?
-María
-¡Lo sabía! -aclamé. Ella me miró con gesto raro-. Aquí donde me ves, soy capaz de leer la mente de la gente… No, es broma…, lo vi en el llavero.
Durante un rato estuvimos hablando de temas intransigentes, mundanos, divertidos, serios, locos… Cuando mis manos se recuperaron totalmente, y el frío no era más que una anécdota que añadir a mi biografía, saqué la guitarra de la funda y comencé a hacerla sonar. Buscaba tonos y notas correctas; cuando ya lo había revisado todo, me aclaré la garganta.
-Bueno… originalmente, sólo está acompañada de piano, pero yo no tengo idea de cómo tocarlo en condiciones… así que tendrás que apañarte con mi guitarra… ¿Conoces a Benny Ibarra? -ella negó-. ¡Bien! Ya somos dos -ella rió, y yo le acompañé-. Hace un tiempo escuché una versión, no muy buena, de una de sus canciones, y… simplemente me enamoré de la canción. Hoy te la regalo.
Miré hacia el suelo, buscando las notas correctas. La miré un segundo, pero me bastó para volverme extremadamente tímido. Comencé a emular al cantautor mexicano.
"Hoy desperté, te busqué// me hizo falta estar contigo// Quise rozar tu mirada// Hoy te pensé, te extrañé// Añoré sentir tu mano sobre mi piel y mi alma// Tú viajando por la adversidad// Yo volando sin poder asimilar// que detrás de cada límite estoy// Hoy, sin querer, te miré// vi tu foto y me transporté// al calor de tus besos y te acaricié// te tomé, te llené, paso a paso cada espacio// pude esquivar la contrariedad// tu alma sabe// Mientras viajas por tu adversidad// Mientas vuelo sin poder asegurar// Que a pesar de cada límite// estoy siempre seguro// que más allá de toda lógica// salvo a toda reconciliación// Y detrás de cada límite, estoy…// Hoy , desperté, te busqué// me hizo falta estar contigo… hoy
Sentí como si al acabar la canción, las fuerzas me abandonaban por completo. Mi cuerpo no me obedecía, sólo obedecía al enorme peso que soportaba. Me derrumbé en el sofá donde estaba sentado, y la oscuridad invadió mi mundo.