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En Llamas. ¿Qué pasaría si...? — capítulo 13
Mientras Emily y Gale van hacia el centro de entrenamiento, Haymitch cree que es hora de que Peeta y yo conozcamos al resto de mentores con los que vamos a formar alianza en la arena.Nos deja unos minutos para que nos duchemos y preparemos, ya que seguimos en pijama, desde que Effie nos llamó. Después nos reunimos con ellos en una sala grande del centro, con una gran mesa circular en la que siete de las once sillas ya están ocupadas. Muchos de los mentores me suenan de vista, otros, de verles en los Juegos, pero enseguida me fijo en Finnick Odair, mentor del distrito 4, el chico que me ofreció un azucarillo en el desfile de tributos. Al lado de Finnick se encuentra la inconfundible Johanna Manson, distrito 7. Demostró tener una gran inteligencia en sus juegos. También están Cecelia y Woof, mentores del distrito 8. No sé mucho sobre ellos. Representando al Distrito 10 se encuentra Charlotte Jonhson, una mujer de unos cuarenta y tantos que se muestra seria. También se encuentran los mentores de los distritos 5 y 11. Todos nos saludamos educadamente y Haymitch, Peeta y yo ocupamos nuestros sitios.
Comenzamos el consenso de mentores especulando qué nos podemos encontrar en la arena. Haymitch asegura que Gale sabe defenderse en terrenos boscosos. La mayoría de los otros tributos no tiene habilidades de supervivencia en ningún tipo de terreno. Finnick nos cuenta que sus dos tributos se mueven bien por el agua, pero es bastante improbable tener un bioma acuático. Los mentores del distrito 11 nos cuentan cómo sus tributos están más acostumbrados a ambientes secos, saben cómo sacar agua y sembrar. No puedo evitar sentir un nudo en el estómago, porque lo que describen los mentores del 11 es exactamente igual a lo que solía describir Rue cuando las dos estábamos en los juegos.
También hablamos de los regalos que conseguiremos durante los juegos. Algunos defienden que como grupo y alianza, los regalos deben de estar destinados a todos, si hacemos una alianza hay que hacerla bien. A otros como a Johanna Manson, no les entusiasma la idea. Siendo realistas, nuestra alianza es un grupo de chavales que sin alguien a quién seguir como Gale, estarían muertos en dos días, y eso no es atractivo en absoluto para los patrocinadores.
-¡Por eso mismo nos interesa que compartamos los regalos, Johanna! Con estos dos.-exclama Haymitch, señalándonos a Peeta y a mí, que no hemos abierto la boca durante toda la reunión.-Los patrocinadores se nos rifarán. ¡Todos querrán patrocinarnos! En cualquier caso, si queréis dividir los regalos por distritos, a mí me parece bien, todo será para Gale y Emily, y vosotros os quedaréis sin nada.
-Haymitch tiene razón.-comenta Charlotte.-Si esto va a ser una alianza tenemos que olvidarnos de qué distrito es cada uno y pensar en nuestro grupo como una solo distrito del que todos somos mentores. Tendremos que tratar a los chicos de otros distritos como si fueran del nuestro y si no va a ser así no sé por qué nos estamos molestando en hacer esto. Así es como trabajan los profesionales, y así es como tendremos que trabajar nosotros.
Muchas personas de la sala asienten. Yo también lo hago. El trabajo en equipo se basa en ser uno solo con la ayuda de muchos, ¿no?
-Bien.-continúa Haymitch.-Entonces en eso estamos de acuerdo, los regalos por parte de los patrocinadores irán encaminados a ayudar a todo el grupo, no importa quién sea el mentor que los consiga, y así mantendremos las cosas hasta que el grupo se disperse. ¿Entendido?-todos asentimos.
-¿Qué instrucciones debemos darle a los chicos para que sean capaces de encontrarse después de La Cornucopia?-pregunta Cecelia.
-Ese es un punto interesante, y debemos prepararlo muy bien.-explica Haymitch.-Aún no hemos pensado nada respecto a eso, pero creo que todos estamos de acuerdo en una cosa; no pueden reunirse en la Cornucopia. El encuentro debe de realizarse suficientes horas después del baño de sangre.
-Sí, si se esperaran unos a otros en la Cornucopia no nos quedarían ni la mitad vivos.-coincide Johanna.
-Además, los profesionales si lo ven sabrán que están aliados, ¿no? Tenemos que mantener ese factor sorpresa, que no sepan que están juntos.-me atrevo a decir yo.
Algunos me dan su aprobación y me siento algo integrada. Sin embargo, creo que muchos mentores me miran por encima del hombro, por mi edad, o por mi forma de haber sobrevivido a los juegos, no lo sé.
-Cada tributo deberá correr en cualquier dirección, y luego deberán encontrarse de alguna forma. ¿Cómo lo hacemos, si aún no conocemos el estadio ni sabemos ningún posible punto de encuentro?-añade Finnick.
-En realidad…-titubea Peeta.-Sí que hay un punto de encuentro que habrá fijo en el estadio. De hecho, es el que los profesionales siempre utilizan. Si no hay Cornucopia no hay Juegos, ¿no?
-Demasiado arriesgado.-dice Haymitch, desechando la idea.
-Ya, pero puede ser la única opción mientras no sepamos nada del estadio.-insiste Peeta.
-Lo único que se me ocurre son fogatas para determinar su posición. Pero claro, la verían todos los tributos, incluso los que no son de la alianza. Al igual, estarían muertos en dos minutos.-Interviene la anciana, que junto a Finnick es mentora del distrito 4. Aunque no se le entienden la mitad de las palabras.
-Podríamos utilizar las fogatas, sí, dentro del estadio es la única forma de determinar una posición. Pero hay que hacerlo de forma inteligente. De todas formas, mientras no sepamos nada del estadio es muy, muy difícil establecer un punto de encuentro.
-Se está haciendo tarde.-dice Haymitch, mirando su reloj. Han pasado ya dos horas y ni si quiera me había dado cuenta.-Los chicos estarán a punto de salir del entrenamiento. Mañana nos reuniremos aquí, a la misma hora y concretaremos los últimos detalles, como el punto de encuentro. Contadle a vuestros chicos lo que hemos acordado, ¿de acuerdo?
Así concluye la reunión. Haymitch se da la mano con todo el mundo, al igual que Peeta. A mí algunos me dicen "adiós" y, Finnick Odair, en particular, me guiña un ojo, a lo que respondo con una risa nerviosa.
Peeta y yo ya estamos saliendo de la habitación, pero nos damos cuenta de que Haymitch sigue hablando con Charlotte, la mentora del Distrito 10. Los dos se ríen, y puedo ver que Haymitch está contento. Contento de verdad.
-¿Has viso eso?-le pregunto a Peeta, riendo.
-Vamos a dejarles intimidad, anda.-contesta él, esbozando una sonrisa y cogiéndome de la mano.
Cuando salimos al pasillo, nos damos cuenta de que aún queda media hora para que finalice el entrenamiento.
-¿Sabes qué podemos hacer?-me pregunta él.-Podemos sacar a pasear al perrito, el cual aún no tiene nombre, Katniss, por cierto.
-¡Se me había olvidado completamente, Peeta! ¿Cómo está?
Él se ríe con ganas.
-Está bien. Le gusta el centro, está muy a gusto. Le saco a pasear bastante a menudo.
-¿Has pensado en algún nombre?
-En realidad no. Estaba esperando pensarlo contigo.
-Pues vamos a pasear a ese bichillo, y hasta que no encontremos un nombre no volveremos, ¿de acuerdo?-propongo yo, muy animada.
-Me parece muy bien, señorita Everdeen.
Así, acompaño a Peeta a su habitación, recogemos al perro y le ponemos la correa.
Salimos a la misma calle en la que salimos en nuestra cita. Él coge la correa del perro con la mano izquierda y coge mi mano con la que le sobra. Caminamos de arriba abajo, no queremos alejarnos demasiado. Hablamos sobre la reunión y el resto de mentores. Nuestra relación o nuestra cita no salen a relucir para nada en la conversación.
Cuando pasan 25 minutos, aún no tenemos un nombre para el perro.
-¿Alguna idea?-me pregunta él.
-Nada. ¿Tú?
-Cero. Sentémonos.-dice invitándome a sentarme en un banco de la calle un poco apartado.
-Piensa algún nombre que te guste, Peeta, incluso si no tiene ningún sentido.
-Sunny. Me gusta Sunny. Soleado, como un atardecer. Como una tarde de verano. ¿Qué te parece?
Lo primero que quiero decir es que Sunny es un nombre más para hembra, que para macho, pero no quiero quitarle la ilusión. Además, yo no tengo un nombre mejor.
-Sunnyes perfecto.-digo yo sonriendo. Él acaricia a Sunnyy le dice que ya tiene nombre. El perro, aunque no entienda, ladra y mueve la cola de alegría.
Cuando volvemos al centro, Gale y Emily ya han vuelto del entrenamiento. Están sentados con Haymitch, Cinna y Effie en el sofá negro circular, viendo algo en la televisión.
Entonces me doy cuenta de que aún estoy dándole la mano a Peeta, y la suelto inmediatamente.
-Qué, ¿de paseo otra vez?-pregunta Gale con tono recriminatorio, mientras señala a la pantalla de la televisión.
Ahí salimos Peeta y yo, abrazados y montándonos en la noria. Puedo ver reflejado el dolor de Gale en sus ojos, que me miran como a una traidora, como a una desconocida. Ahora mismo estoy siendo mirada por unos ojos que me odian.