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En Llamas. ¿Qué pasaría si...? — capítulo 16
Emily tiene que sujetarme para que no caiga al suelo. Lo siguiente que veo es cómo Peeta se acerca a Alix a grandes zancadas. Jamás había visto ese tono en su cara, está enfadado, enfadado de verdad, su cara está transformada. Cuando llega a la posición donde se encuentra Alix,Peeta es empujado y apartado por Brutus, el mentor del distrito 2, antes de poder pegarle un puñetazo en el estómago a Alix.
A continuación, Haymitch sale corriendo para detener a Peeta, mientras Caesar llama a la chica del distrito 2, que se llama Daphne. Alix se parte de risa al ver cómo Brutus detiene a Peeta sin ningún esfuerzo mientras Peeta intenta apartarlo. Haymitch llega y coge a Peeta por el brazo, y lo arrastra hasta aquí. Brutus y Alix ríen con ganas.
-¿De verdad quieres que me quede mirando mientras se ríen en nuestra cara, Haymitch?-exclama Peeta, incrédulo.
-No podemos buscarnos más problemas de los que más tenemos. Tú, ¿estás bien?-me pregunta Haymitch.
Yo asiento, aunque Emily sigue sujetándome.
Aunque mañana empiecen los juegos, sigo sin conocer a muchos de los tributos. Recuerdo a la chica del distrito 2, Daphne, de la Cosecha, es la chica de la risa estridente. Ésta también hace aparición durante la entrevista. Daphne obtuvo un 10 en las sesiones y afirma que no puede esperar a mañana para empezar a matar gente. Un encanto de chica.
El chico del distrito 3, Leo, es un chico bastante callado para tratarse de un profesional. Él obtuvo un 9 en las sesiones privadas y aunque lo intente, Caesar no consigue sacarle demasiadas palabras.
Sin embargo, la chica es todo lo contrario. Suelta risitas tontas y parece estar obsesionada con su pelo rubio. Se llama Janette y cuenta cómo los juegos del hambre cuanto más sangrientos, mejor. Se gana el cariño del público enseguida.
Comienza el distrito 4. El primero en entrevistarse con Caesar es el chico que se negó a formar alianza con Gale, Philippe. Sacó un 11 en el entrenamiento, y, juzgando su entrevista parece un buen chico. Habla más de las posibles técnicas de supervivencia que podría utilizar durante los juegos de cómo eliminar a sus enemigos. Sonríe mucho, y cuando lo hace se le marcan los hoyuelos de la cara.
-Éstate atenta a este.-me susurra Haymitch.
Yo lo hago. Le hago una fotografía mental en mi cara y me propongo vigilarle de cerca en el campo. El público se enamora de él.
Resulta simpática y el público la acepta. Demuestra mucha inteligencia al hablar, aunque no obtuvo demasiada nota en el entrenamiento, aunque no le da demasiada importancia. Me gusta. Creo que será buena aliada. Durante las dos entrevistas del Distrito 4, me fijo en Finnick y en Maggs, sus mentores. Sobre todo en Finnick, que en pocos minutos se ha transformado de un ligón sacado del capitolio a un mentor que haría todo lo posible por sus tributos.
Pasan los minutos de entrevista y tras unos cuantos tributos más es el turno de Marcy, una de las Gale.
Viste un bonito vestido plateado con adornos brillantes que le dan un aspecto muy atractivo e interesante. También resalta su cabello rubio recogido en una cinta de color plateado.
Son demasiados nombres y demasiadas entrevistas, sólo puedo recordar pequeños detalles de cada tributo. Como me esperaba, los tributos aliados de Gale son chavales jóvenes que no obtienen más de un 6 en las sesiones privadas.
A medida que pasa el tiempo, el corazón me late más deprisa. Un ayudante viene a buscar a Emily, y ella respira hondo. Comienzan las entrevistas del distrito 12.
-Bueno, Emily, eres tributo del distrito ganador del año pasado, ¿crees que eso supone una ventaja?-pregunta Caesar, sonriendo.
-Sí, pienso que supone una ventaja. Pero no quiero desperdiciar mis tres minutos hablando de mis mentores.
Caesar se queda algo cortado. Así que ese es el enfoque que Haymitch ha diseñado para Emily, antipática y letal.
-¿Qué nos puedes contar con la estrategia que vas a seguir mañana?
-Muy fácil; voy a seguir viva.-responde Emily, firme.
Los tres minutos pasan demasiado rápidos y es el turno de Gale. Mi corazón late con violencia.
Gale entra en el escenario, y la gente aplaude aunque no con emoción, son demasiadas entrevistas y ya están cansados. Le da la mano a Caesar y se sienta cómodamente en su sillón.
-Buenas noches, Gale. Distrito 12, ¿verdad?
-Así es.
-Bueno, Gale. Tengo ganas de preguntarte por tu mentora, nuestra vencedora del año pasado. ¿Cómo es que reaccionó así el día de La Cosecha?
Gale se mantiene en silencio durante unos segundos.
-Somos primos. Tenemos una relación muy estrecha. Eso es todo.
El resto de la entrevista es un verdadero desastre, y ahora entiendo por qué Caesar me ha pedido perdón por adelantado. Su actitud en la entrevista es contraria a su actitud de siempre, no intenta ayudar a Gale ni relajarle, si no todo lo contrario. Menciona su 1 en las sesiones repetidas veces y le pregunta mucho por mí. El resto de preguntas sólo admiten respuestas de "sí" o "no" o, algunas ni si quiera admiten respuestas. Supongo que el Capitolio le habrá obligado a comportarse así. No le culpo.
Cuando acaba la entrevista Gale aparece tirando el micrófono y marchándose hacia su habitación.
Hoy, todo el mundo se va a dormir antes de lo normal. En la cena ni si quiera hablamos.
Cuando yo estoy a punto de ir a mi habitación a dormir, decido ir a ver a Emily a su cuarto. Emily me abre la puerta de su cuarto sin decir nada, y las dos nos sentamos en el borde de su cama.
-¿Qué tal?-pregunto yo, sin saber bien qué decir.
-Mal.-responde ella, sin mirarme.-No veo por qué tendría que mentirte diciéndote que estoy bien. Como si no pasara nada.
-Aprecio tu sinceridad.
Ella asiente.
-Emily, escúchame. Mañana…supongo que Haymitch te habrá dicho que salgas de la Cornucopia lo antes posible, ¿no?
-Así es.
-A mí me dijo lo mismo. Pero si no le hubiera desobedecido, ahora mismo no estaría aquí, Emily.
-¿Quieres decir que me arriesgue a coger algo de la Cornucopia?
-Sí. Intenta coger algo, lo que sea. Lo vas a necesitar. Si ves que es imposible…déjalo. Pero inténtalo. Después, intenta encontrar agua. Yo casi muero deshidratada el año pasado. Escóndete. Y…sigue viva. ¿Vale? Yo voy a hacer todo lo que esté en mi mano para salvarte. Aunque quiero que comprendas que es complicado.
-Complicado.-repite ella, mostrando una sonrisa triste.-Gracias.
-De nada.-digo yo, mientras me levanto de la cama y le doy un abrazo muy rápido.-Suerte.
A continuación, salgo de la habitación lo más rápido posible. No podría soportar estar un minuto más con Emily, sabiendo lo pronto que va a morir.
Ahora queda lo peor, supongo. Gale. Por tercer día consecutivo vuelvo a su habitación y llamo suavemente a la puerta.
Me sorprendo cuando la puerta se abre casi al instante. Ahí se encuentra Gale, con los ojos hinchados y ojerosos. Está más delgado, parece débil y la tristeza está reflejada en todo su rostro. No puedo estar enfadada con él. No con ese aspecto que demuestra lo mal que lo ha pasado estos días.
Suspiro, y le miro a los ojos una vez más. Después, no puedo evitar tirarme a sus brazos y agarrarlo con fuerza. Él hace lo mismo. Quiero decirle que siento está situación. Que siento haber sacado las bayas. Que siento que esté aquí. Y que siento que vaya a morir. Sin embargo, el abrazo es suficiente, y ninguno de los dos dice nada. El cierra la puerta, y me mete dentro de la habitación. El cuarto está completamente desordenado, y los conjuntos del desfile, entrevistas y entrenamientos están desperdigados.
Nos mantenemos unos minutos más en silencio, dándonos la mano y sentados en el borde de la cama, al igual que hacía con Emily hace unos minutos.
-Lo siento, Katniss. Siento haber sido tan estúpido.-me dice. Su voz tiene un tono triste y no es firme.
-No pasa nada.-respondo, y le acaricio la mano. ¿Sabes? Creo que deberías dormir. Mañana lo agradecerás.
-¿Te quedas conmigo?-me pregunta, con un tono al que es imposible decir que no. Me recuerda a mí misma pidiéndole a Peeta que se quedara conmigo.
-Claro que me quedo contigo.
Así, los dos nos tumbamos en la cama, en la oscuridad, y él me acerca para que le abrace. Nos mantenemos en silencio durante unos minutos.
-Haymitch te ha dicho que no cojas nada de la Cornucopia, ¿verdad?-susurro yo.
-Así es.
-No le hagas caso, Gale. Coge algo, lo que sea. Tienes que tener algo, ¿me entiendes?
-Te haré caso
-También tienes que encontrar agua lo antes posible. Y necesitáis un reufgio y…
-Lo sé, Katniss, lo sé.-me interrumpe, mientras me da un beso en la frente.
Pasamos unos minutos más en silencio, y él me coge la mano.
-Te quiero.
-Oh, vamos, Gale, no te despidas de mí, por favor…ahora no.-respondo yo. No estoy preparada para despedirme de Gale.
-Si no me despido ahora no lo haré nunca. Ambos lo sabemos.-continua. Me alegro de que la luz esté apagada, porque sé que en estos momentos mis mejillas estarán rojas.
-Te voy a sacar vivo de allí, Gale.
-No lo harás. Y cuanto antes lo asimiles mejor. Mira…-vacila un poco.-Quiero que cuando pase…quiero que no sufras cuando pase. No quiero que llores. Un indeseable como yo no merece tus lágrimas. Quiero que seas fuerte, Katniss. Quiero que seas la Katniss que conocí hace unos cuantos años y que me cambió la vida para mejor, para muchísimo mejor.
-Si no fuera por mí ahora no estarías aquí.-le interrumpo yo.
-Exactamente. No estaría aquí, porque podría estar muerto. Si no fuera por ti, me hubiera suicidado en el tren sin ninguna duda. Si no hubiera sido por ti, Katniss, jamás hubiera sabido cómo es la verdadera felicidad. Te quiero. Lo llevo haciendo desde bastante tiempo, y siento muchísimo no habértelo dicho. Siento que te lo esté diciendo ahora, cuando sólo nos quedan unas pocas horas para estar juntos.
¿Está esperando a que le diga que yo también le quiero? Claro que le quiero, pero no sé de qué manera lo hago. De todas formas, ya todo da igual, nada tiene sentido respecto a Gale y a mí.
-Yo también te quiero, Gale.
A continuación, noto como se mueve, y aunque no pueda verle debido a la oscuridad de la noche, siento cómo está a escasos centímetros de mí. Entonces es cuando me besa. Es un beso dulce, aunque dura. Él lo intenta alargar al máximo y yo no me resisto, porque es una sensación agradable.
Cuando nos separamos, yo me aferro a él más que nunca, rodeo su cuerpo entero con mis brazos para que mañana no me lo quiten. Para que mañana nadie se lo lleve. Lo sujetaré con tanta fuerza que a todo el mundo le será imposible arrebatármelo.
Mientras pienso en mañana, no puedo evitar mojar la camisa de Gale con unas pequeñas lágrimas. Me pregunto si él ya estará dormido, y, esperando que así sea, me incorporo y le doy otro beso en los labios.
A los pocos minutos, oigo cómo me dice:
-No me sueltes nunca.
Pero yo ya estoy demasiado adormecida para contestar.
La intensidad de los rayos del sol artificial del Capitolio que entran por la ventana me despierta. Sigo abrazada a Gale, que sigue durmiendo.
Unos minutos después, oigo cómo alguien llama a la puerta. Ha llegado el momento de dar comienzo a los Septuagésimo quintos Juegos del Hambre.