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En Llamas. ¿Qué pasaría si...? — capítulo 27

El resto del día se desarrolla sin problemas para Gale y sus aliados; el máximo entretenimiento de hoy es el encontronazo de Philippe con los profesionales. Éstos siguen colgados de árboles y atrapados en hoyos, y por lo que parece, van a estar así mucho, mucho tiempo.

Sin embargo, algo me extraña. Al caer en las trampas de Philippe, las armas que llevaban los profesionales cayeron al suelo. Philippe podría haberlas cogido y acabar con ellos rápidamente. Le planteo la situación a Haymitch, ya en la sala de mentores, que sigue casi vacía.

-Es un chico listo. Quiere ganarse el aprecio del público, de los vigilantes y de los patrocinadores, claro. Sabe que unos juegos sin profesionales no son tan divertidos. Es como una demostración de su valía, ¿entiendes? En plan "puedo matar a todos los profesionales en cualquier momento si me apetece, no les tengo miedo". No es seguro, pero el hecho de no haber matado a los profesionales agradará a los vigilantes, y tener el favor de los vigilantes es crucial. Y, respecto a lo de no haber cogido sus armas, no lo sé, supongo que no las necesita.-me explica Haymitch.

"No las necesita". Son unos juegos del hambre, por supuesto que necesita armas, son fundamentales si quiere…ganar. Finnick y Maggs, que están al otro lado de la sala, cuchichean y señalan la pantalla que muestra a Philippe. A continuación, me acerco a una de las pantallas, selecciono el distrito 4 y pulso el botón azul. Lo primero que veo es un pequeño paracaídas que lleva sujeta a él una gran bolsa negra. El paracaídas cae directamente en las manos de Philippe. Él se asegura de que está solo, y abre con cuidado la bolsa. Dentro de ella se encuentran hilos, muchos hilos. Al principio no sé lo que es, después voy relacionando todo y caigo en la cuenta de que se trata una gran red hecha con hilo muy fino, pero que estoy segura que es resistente a todo tipo de armas. Una trampa para atrapar a sus presas. Claro que Philippe no necesita armas, con un trozo de cuerda atado le vale.

Por la tarde, Johanna, Garry e Isabella nos relevan, y Peeta y yo salimos para ayudar a Haymitch a preparar su cita con Charlotte. Por el camino, Peeta intenta animarme y distraerme. Actúa como si no hubiera pasado nada entre nosotros, como si no me hubiera dicho que me quería. Yo intento ignorar todo lo sucedido esta mañana, pero cada vez que le miro a la cara, sólo puedo ver reflejado ese "te quiero" en sus ojos.

Haymitch está nervioso. Lo único que hace es ladrarnos y gritarnos. Peeta sigue proponiendo cosas, yo ya me he rendido y me he tirado en su cama, intento ignorar todo lo que sucede a mi alrededor.

Para Haymitch todo es negativo. Su ropa, su pelo, el restaurante al que van…le pone pegas a todo.  Cuando entra a cambiarse de ropa al baño por quinta vez, Peeta aparta un montoncito de ropa y se tumba conmigo en la cama.

-¿Cómo le aguantas?-le pregunto yo.

-Le comprendo.-responde, sonriendo.-Está nervioso, quiere que todo salga bien. Además, él me ayudó con nuestra cita, se lo debo. Quiero que salga bien, quiero que Charlotte y Haymitch estén juntos. ¿Tú no?

-Supongo.  Así no refunfuñará tanto, ¿no?

Haymitch sale del baño, refunfuñando y malhumorado. Viste un pantalón muy oscuro y una camisa negra. Muy elegante.

-Vas muy guapo, Haymitch.-digo yo, levantándome para aderezarle la camisa.

Él no responde, sólo se mira al espejo arrugando el entrecejo.

Unos minutos después, Peeta se marcha a la sala de mentores para comprobar que todo va bien. Haymitch y yo nos quedamos solos, mirando al espejo.

-¿Algún último consejo?-me pregunta él.

Yo sonrío, porque es exactamente lo último que le pregunté yo antes de salir a los Juegos.

-Sigue vivo.-respondo yo, con voz dramática.

Él se ríe, y se le relaja un poco el rostro.

-Sé simpático, Haymitch. Sé agradable. Ella ha aceptado salir contigo, ¿no? Pues entonces, sé la misma persona que le preguntó si quería salir a cenar. No te olvides de decirle lo guapa que está y lo bien que le va el vestido que lleve. No se te ocurra dejar que ella pague en la cena. Si por la noche hace frío, ofrécele tu chaqueta, da igual el frío que tengas tú. Por mucho que ella no sea la típica mujer romántica y cursi, a todas, incluso a mí, que ya sabes cómo soy, nos agradan esas cosas. Llévale un regalo, una flor. Sólo…enamórala, ¿vale?

Él asiente y respira profundamente. Yo le propongo posibles temas de conversación, y le convenzo de que todo irá bien. A los pocos minutos vuelve Peeta, y nos dice que todo va como antes. Sin embargo, sé que esa situación no durará mucho.

Las siete de la tarde llegan antes de lo previsto, despedimos a Haymitch y le deseamos buena suerte para su cita. Peeta y yo nos quedamos solos en la habitación.

-¿Te apetece volver a la sala de mentores?-me pregunta.

Yo niego con la cabeza, y él parece aliviado con mi respuesta.

-¿Qué podemos hacer entonces?

-Podemos subir a la azotea y pasar allí la tarde. ¿Qué te parece?

-No suena mal.-respondo yo.

Así lo hacemos. Cogemos pasteles, zumos, etc de la cocina del centro para merendar arriba. Peeta va a buscar a Sunnypara subirlo con nosotros y yo voy a buscar los materiales de pintura de Peeta.

Hace un día agradable, y de vez en cuando, corre el viento. En la azotea, comemos hasta hartarnos, y nos tumbamos, buscando nubes que tengan formas graciosas. Después, yo me pongo a jugar con *Sunny,*mientras Peeta me dibuja.

Un rato después, le pregunto a Peeta si vio a Cinna cuando fue a buscar a Sunny. Me responde que no, y le cuento lo sucedido esta mañana.

-No sé, Katniss…yo tampoco lo entiendo. Pero es Cinna. No sabemos mucho sobre él…Mira, no te preocupes por nada. Seguro que se le pasará, ¿vale?-me dice, rodeando mis hombros con su brazo.

Las horas pasan como minutos, y cuando empieza a anochecer, Peeta propone ir al vestíbulo a esperar a Haymitch.

Recogemos todo y dejamos todo en su sitio, las pinturas, Sunny… y nos reunimos en el vestíbulo 20 minutos después. Haymitch tarda en llegar una hora, en la que Peeta y yo hablamos, sorprendentemente, de Prim, de lo mucho que la echo de menos, de qué estará haciendo etc…

Charlotte y Haymitch entran en el vestíbulo sin ir agarrados de la mano o del brazo. Peeta y yo nos escondemos detrás de una planta. Ella lleva puesto su abrigoy viste un bonito vestido rojo.

-Muchas gracias por esta noche, Haymitch.-dice ella.-Lo he pasado de maravilla.

-Me alegro de que lo hayas pasado bien, Charlotte. Yo también lo he hecho.

-Bueno… Aún tengo tu chaqueta.-continua ella, quitándose la chaqueta y entregándosela a Haymitch.-Muchas gracias por ofrecérmela, hacía mucho frío.

-Oh, no es nada.

-Bueno.-repite ella, acercándose más.

"Bésala" pienso. "Bésala ya, Haymitch, maldita sea".

-Creo que es muy tarde.-comenta Haymitch, alejándose un poco.-Buenas noches, Charlotte.

Entonces pasa todo, muy despacio. Haymitch vuelve a acercarse a Charlotte y le da un beso en la mejilla, sin embargo no se aparta de inmediato. Cuando Haymitch se va a separar, Charlotte mueve la cabeza ligeramente de manera que son sólo unos pocos centímetros los que los separan. Observo cómo Haymitch la mira a los ojos, se acerca a ella, y junta sus labios con los suyos. Ambos labios sólo se presionan un poco, y se acarician los unos a los otros, pero Haymitch se separa enseguida. Charlotte sonríe, y Haymitch está rojo de la vergüenza. Me pregunto cuándo fue la última vez que besó a una chica.

-Buenas noches, Haymitch. Y gracias.-dice Charlotte, cogiendo la mano de Haymitch y acariciándola. A medida que Charlotte avanza hacia la habitación, sus manos se van separando, pero antes de desaparecer por un pasillo, Charlotte le dedica una última sonrisa a Haymitch.

Peeta y yo nos miramos y nos reímos nerviosamente, como niños pequeños. Haymitch se acaricia sus propios labios y sonríe con incredulidad. Entonces, yo no puedo evitar levantarme de mi escondite y gritar: "¡Eh, Haymitch! ¿A eso llamas tú un beso?"