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En Llamas. ¿Qué pasaría si...? — capítulo 30
No reacciono, no me doy cuenta de que tengo a mi familia delante de mí, hasta que Prim me rodea con sus pequeños bracitos. Yo la cojo en brazos, y compruebo tranquila cómo pesa algún kilo más que la última vez. Aprecio también otros detalles, como el olor a lavanda de su pelo rubio, o que ha crecido un poquito desde que abandoné el Distrito 12.
-¡Cómo te he echado de menos, enana!-exclamo yo, mientras la abrazo, ya desde el suelo.
Ella ríe y me vuelve a abrazar. El resto de la sala observa la escena con cariño.
A continuación dejo a Peeta y a Prim saludándose y me dirijo hacia mi madre. Ella me da un beso en la frente y me abraza con fuerza. Yo le devuelvo el abrazo. Cuando nos separamos, me mira de arriba abajo, y al final, da su aprobación con una sonrisa.
-Estás muy guapa, cielo.-me dice, sonriendo.
-Tú también lo estás, mamá.
Presento Cinna a mi madre y a Prim, y enseguida caen rendidas ante su encanto. Haymitch coge a Prim y la sienta en sus rodillas, le hace cosquillas y hablan de las cosas del cole. Effie también empieza a hablar con Prim, y Cinna y mi madre charlan. Yo me acerco a Peeta, que está jugando con Sunny en una esquina de la habitación. Yo me siento a su lado, y él, al principio no nota mi presencia. Sonrío y acaricio a Sunnyhasta que mis manos se encuentran con las de Peeta, que también le estaba acariciando.
Él pone cara de sorpresa y sonríe.
-Este ha sido el mejor cumpleaños de mi vida, Peeta. Gracias. De verdad, eres el mejor.
Él sonríe de nuevo y le quita importancia a mi comentario con un gesto de su mano.
-¿No tienes hambre, Katniss? Porque yo estoy hambriento, en la fiesta no he podido comer nada…
-Ahora que lo dices, sí, me rugen las tripas.
Así, todos decidimos tomar algo para cenar. Mientras Haymitch y Prim ponen la mesa, los demás vamos a la cocina del centro, cogemos cosas y las llevamos al salón.
Cuando empezamos con la cena, no desperdicio tiempo en hablar, ya que tengo muchísima hambre, y ya habrá tiempo. Sólo capto detalles sueltos de la conversación de los demás; me entero de que Buttercuptambién está aquí, pero han tenido que dejarle en la habitación porque ha tenido un encontronazo con *Sunny,*me entero también de las ganas que tiene Prim de visitar el Capitolio, o de cómo van las clases de Prim en el colegio.
Cuando terminamos de cenar, Prim y Peeta me sorprenden trayendo una tarta hecha por Peeta desde la cocina del centro. Al igual que en la de la fiesta, hay 17 velas encendidas. Sin embargo, en esta tarta disfruto de hasta la última nota mal afinada del "Cumpleaños Feliz" entonado por las personas a las que más quiero.
Cuando terminamos con todo, Peeta les pregunta a todos si me prestan para él sólo durante unos minutos. Yo le miro sorprendida y él me dice que aún no me ha dado mi regalo. Todos acceden a dejarnos unos minutos a solas y Peeta, como siempre, me lleva a la azotea del centro. Me pide que espere allí unos minutos, y él vuelve a bajar.
Es una noche fría, aunque me viene bien para despejarme.
Al cabo de dos minutos, Peeta vuelve a subir. Trae una bolsa grande de color verde claro, y está adornada por un lazo azul.
-Feliz cumpleaños.-me dice, sonriendo, y entregándome la bolsa.
Yo sonrío también y saco una caja de tamaño mediano, que también está atada con un lazo. Adjunto a éste, hay una nota escrita por la caligrafía de Peeta, que dice "Espero que este haya sido un día especial".
Deshago lenta y cariñosamente el lazo, y abro la caja. Dentro, hay una cámara igual a las que usaban los fotógrafos que estaban en mi fiesta de cumpleaños.
Yo abro la boca de la sorpresa, y él sonríe.
-Peeta…esto te debe haber costado una millonada…no, tienes que devolverla…
-Sorprender a Katniss Everdeen no tiene precio.-me interrumpe él.-No es una simple cámara fotográfica, Katniss. Lo que estamos viviendo…hay días aquí contigo que son mágicos. Que son perfectos. Y aparte de tenerlos aquí.-dice, señalándose la cabeza.-Quiero conservarlos. Porque de alguna forma, sé, que por cualquier razón, por cualquier motivo, no tengamos muchos más…
-¿Qué…qué quieres decir?-pregunto yo, temiéndome lo peor.
-Creo que ya sabes lo que quiero decir, Katniss.- replica él, mirándome a los ojos.
De hecho, creo que sí sé a lo que se refiere Peeta. Cuando acaben los Juegos…¿Qué pasará cuando acaben los Juegos, cuando Gale muera? Yo caeré en una profunda depresión, y la culpa de no haber hecho lo suficiente me perseguirá de por vida. Todas las noches mi mente se sumergirá en pesadillas recordando su muerte. Nadie podría soportar a una persona en ese estado, ni si quiera Peeta Mellark. Además, año tras año, habría que volver a revivir la pesadilla, y acordarme de momentos, momentos como esta azotea ahora mismo, la noria, mi cumpleaños… estos momentos sólo traerán dolor, y recuerdos, recuerdos malos. Tal y como Haymitch, sólo encontraré respuesta en el alcohol, que hará que olvide todo, al menos por unas horas. Quizá Peeta me soporte un par de años, incluso tres, pero me acabaría dejando.
-Pero, eh…-continua él, sacándome de mi ensimismamiento y acariciándome la mejilla.-Aún nos quedan muchos momentos. Por eso, quiero que todos los días, hagas al menos una foto de un momento que quieras recordar.
-Es que Peeta…quizá no quiera recordar esto.
-¿Tú y yo? ¿No quieres recordarnos?
-A lo mejor…no estamos en nuestro mejor momento.-respondo yo, vacilante. Pensar en el hecho de que Peeta me vaya a abandonar después de los juegos me ha quitado todos los sentimientos que tenía hacia él.-Además, ¿por qué estás dando por hecho que va a haber algo que recordar? Estás asumiendo que cuando me traigan el cadáver de Gale en una fría caja de madera me volveré tan loca que tomarás la opción fácil y me abandonarás, ¿no es eso? ¡Claro que lo es! ¡Es la mejor opción! Toma tu cámara de los recuerdos, no la quiero.-le espeto, devolviéndole su regalo.
Él tarda en reaccionar. Ante su silencio, yo opto por lanzarle una última mirada acusatoria y empiezo a caminar hacia la puerta. Sin embargo, cuando estoy a punto de salir, él coge mi mano, tan fuerte que no soy capaz de soltarme.
-Yo no te voy a dejar jamás. Voy a estar contigo siempre, no importa cuál sea tu situación.-dice, lentamente.
-¿Entonces a qué viene lo de la cámara, eh? ¿Cómo es que ya no nos quedan muchos momentos?
-Como bien has dicho, el fin de éstos juegos, Katniss, supondrá el fin de lo nuestro.-yo, al oír esas palabras de sus propios labros, forcejeo para librarme de su mano, pero sin éxito. -Pero no por mi parte, sino por la tuya. Piénsalo un momento. Si Gale gana, vas a estar con él para siempre, te casarás con él, formaréis una familia…Y si él muere…no lo vas a soportar. Ahuyentarás a todo lo que te recuerde los juegos de Gale, nos apartarás a Haymitch, a mí, a todos. Aunque eso no significa que yo me vaya a rendir sin luchar. Me dirás que me odias, me agredirás, me alejarás de ti y yo no tendré más remedio, Katniss. Te conozco, y sé que eso pasará. De una, o de otra forma, lo nuestro es demasiado bonito para ser para siempre, ¿no? Aunque odie decirlo, Snow tiene razón. El hecho de que los dos saliésemos vivos de los juegos del hambre, no significa que hayamos sobrevivido a ellos completamente. Si no morimos en esos juegos del hambre, otros juegos nos matarán, tal y como están haciendo estos juegos. A corto, o a largo plazo, como en nuestro caso sólo una persona sale viva de los juegos del hambre, y, aunque luchemos por hacerlo, no podemos alterar eso.
-Y entonces… ¿ya está? ¿se acabó, Peeta? ¿se ha acabado ya?-voy hacia él y compruebo que tiene lágrimas en sus ojos.
-¿Crees que podemos cambiar lo que he dicho? Sé sincera, por favor. ¿Crees que lo soportarás? ¿Crees que podrás casarte conmigo, sin culparme por la muerte de tu mejor amigo?
Yo tardo en contestar. Las lágrimas empiezan a resbalar por mis mejillas. Ambos nos sentamos, observando las estrellas de la noche de Panem.
-No, no lo creo.-contesto, finalmente.
-Yo tampoco, Katniss.
-¿Estamos rompiendo, Peeta?-me atrevo a preguntar.
-¿Acaso hemos empezado?-responde él, con tono triste.
-No del todo. Quizá sea mejor así.
Él asiente.
-Ponte esto, hace frío.-dice, colocándome su chaqueta sobre mis hombros.-Lo siento. Siento haberte amargado el cumpleaños.
-No lo has hecho, tranquilo. Creo que voy a ir a dormir ya, Peeta.-digo, levantándome.
Él sigue sentado. Yo vuelvo a caminar hacia la puerta, y cuando estoy a punto de salir, oigo cómo él dice:
-Te quiero muchísimo, Katniss.
-Yo también. Pero parece que el quererse no es suficiente.-digo yo, con lágrimas en los ojos aunque él está de espaldas y no las puede ver.
Bajo a los dormitorios sin encontrarme con nadie, y en mi cama encuentro a Prim, que ya está dormida. Sonrío ligeramente y acaricio su pelo rubio.
De repente, las lágrimas que llevan guardadas de varios días empiezan a salir sin control de mis ojos. Prim acaba dándose cuenta de ello, y sin preguntar, va al baño, coge unos pañuelos, me limpia las lágrimas y me abraza.
-Todo va a salir bien, Katniss. Todo está bien.-me dice con su dulce voz al oído.
Si supiera lo difícil que me resulta creerlo…
Nota del autor: No me matéis, ¿vale?, jaja